CAPÍTULO 10 – RECONCILIACIÓN Y NUEVA PAREJA

Esa mañana se levantó antes de que sonara su despertador, nerviosa por lo que había pasado el día anterior con Sasuke, en lo único que podía pensar ahora era en cómo enfrentarse a la situación, en cómo enfrentarlo a él. Ni siquiera había caído en la cuenta de que era "su novia". Se sentía tan pequeña y vergonzosa, nunca había tenido novio, ni siquiera había pensado en ello, siempre su atención se la llevaba la situación con su padre y las únicas distracciones que tenía eran sus amigas y Naruto. Pero ahora había alguien más, Sasuke Uchiha había llegado a su vida para romper con todos sus esquemas y moverle todas las estanterías, ¿qué tenía él que la hacía sentir así? Se había dejado arrastrar por los sentimientos que le provocaba; lo quería, por más que no quisiera aceptarlo, se sentía como un pedazo de hierro siendo atraído por un imán industrial.

Salió de su reconfortante ducha dispuesta a vestirse en su habitación cuando vio que tenía un mensaje. "Extraño a Ino. ¿Hablamos con ella hoy?". Sakura suspiró, ella también extrañaba a su amiga y aunque era consciente de que era la rubia quien se tenía que disculpar con ellas, sabía que seguramente estaría siendo manipulada por su novio. Por lo que les había dicho pudo darse cuenta de que él le llenaba la cabeza para apartarla del resto y no podía evitar sentirse preocupada, impotente y furiosa. "De acuerdo" escribió, sabía lo difícil que le resultaba la situación a Hinata, ellas habían sido amigas desde siempre, y por más que Hina también se hubiera enojado por lo que les dijo, sabía que Ino no daría el brazo a torcer. La pelinegra no quería estar más enojada, siempre era la mediadora entre su amiga y las locuras que hacía, era muy sensata y anteponía la felicidad suya y de sus seres queridos a su orgullo, de modo que sería ella quien daría el primer paso. Sonrió, cada vez entendía mejor por qué Naruto y ella estaban juntos, tenían más similitudes de las que se pudieran imaginar. Los dos eran la luz que buscaba todo el tiempo solucionar los problemas que los rodeaba.

Cuando Sakura llegó, se encontró con la pelinegra y su hiperactivo novio en la puerta de entrada del Instituto. El rubio, que había llevado a su novia y la acompañaba a esperarla, la saludó y se fue a la cafetería con su grupo de amigos a esperar que sonara el timbre que anunciaba el comienzo de clases. – Bien, busquémosla – dijo la recién llegada.

– No hace falta, ahí viene. – La pelirrosa se giró hacia donde había señalado su amiga con la cabeza, pero no vio a la rubia loca y alegre que había conocido ya que, desde que le habían asignado la misión, casi no había reparado en ella. "¡Por Dos!" ¿A dónde se había ido la modelo de revista? Sintió que su corazón se oprimía, la angustia se hizo presente, se sentía tan mala amiga, algo le pasaba a Ino y ella no estaba ahí para ayudarla, vio como Hinata reaccionaba, seguramente pensaba igual. La majestuosa modelo había sido reemplazada por un zombi de una película de terror. Había perdido el brillo habitual en su mirada, estaba más delgada y su andar era lento y cansino. Cuando pasó por su lado ninguna pudo formular palabra, sin embargo se dieron vuelta rápidamente, como si algo hubiera hecho un clic en ellas, haciéndolas saber que deberían cambiar esa situación. – ¡Inoo! – gritaron al mismo tiempo dándole alcance.

La rubia se dio vuelta al sentir su nombre. En el rostro se le veía reflejada la enorme sorpresa que le había causado que la llamaran. – Chi… chicas yo…

– ¿Por qué no hablamos en un lugar más tranquilo? – la "chica paz" hacía su intervención. Las otras dos asintieron y como si se leyeran el pensamiento, se dirigieron hacia el patio trasero. Caminaron por el costado de las canchas en silencio, siguieron por las gradas hasta que finalmente la pelirrosa tomó asiento a la sombra. Hinata la imitó y la rubia se apoyó en el respaldo de una butaca de la fila de adelante. El timbre que indicaba el comienzo de clases sonó, pero ninguna se movió de su lugar.

– Ino, queríamos hablar contigo para acla…

– Mn, lo sé. Lo siento chicas – comenzó muy apenada. – Las he defraudado, les dije cosas horribles. Las entenderé si deciden no volver a hablarme…

Las escuchas se sorprendieron. – ¿Así que pensabas que rechazaríamos tus disculpas? – Preguntó la pelinegra.

– Tonta – regañó la pelirrosa cruzándose de brazos, con una sonrisa arrogante, la verdad era que sentía un gran alivio por recuperar a su amiga. – Lo único que queremos es que seas feliz. Queremos lo mejor para ti.

– ¡Cielos amiga! Hablas como mi madre.

– Jajaja… Saku puede ser muy tierna cuando quiere…

– No se acostumbren… – dijo frunciendo el ceño. – Además, no estábamos celosas ¿qué te crees? – agregó en tono de broma.

– Pero… en verdad lo siento, – volvió a ponerse seria – nunca quise decirle esas cosas horribles; sé que no son así y sentía demasiada vergüenza como para dirigirles la palabra.

– Ino… – dudó – ¿eres feliz con Deidara? – le preguntó seria la chica de ojos grises.

La aludida pareció dudar, pero asintió tímidamente. – ¿Por… por qué…? – quiso articular.

– ¡Solo mírate! – estalló Sakura. – ¿Qué hiciste con mi amiga? Eres la sombra de lo que solías ser…

– Haruno – advirtió Hinata. Bien, se callaría, sabía lo que significaba que su amiga la llamara por su apellido, la Hyuga iba enserio.

– Lo que Sakura quiere decir es que no te notamos bien. Sin embargo – siguió, antes de que la rubia la interrumpiera – te apoyaremos en lo que decidas. Aún así… queremos que sepas que si te llega a lastimar, juro por lo que más quieras que le meteremos sus dichosas bombas por el…

– ¡Hinata! – regañó la ojijade.

– Sí, ya entendí – dijo riendo Ino con las manos hacia adelante, como atajándose. La verdad era que a las dos las había sorprendido la rudeza con la que su tímida amiga había hablado.

– Creo que el noviazgo con Naruto tiene sus consecuencias… – agregó divertida la que la había regañado.

– Ya, hablando enserio, él no es malo, solo tuvo una infancia muy difícil y quiero ayudarlo.

– Eres una gran persona amiga, solo no dejes que te consuma.

– Promételo – pidió Hinata.

– Se los prometo chicas – respondió contenta. – Son las mejores amigas que cualquiera pueda tener. Las amo tanto – dijo con lágrimas en los ojos arrojándose a sus brazos. Finalmente, la Ino de siempre volvía.

– Nosotras a ti pequeña loca.

– Pero eso no quiere decir que no debas recibir un castigo por tratarnos mal y dejarnos de lado.

La rubia reaccionó haciendo una mueca de disgusto y se apartó lentamente, sabía que no le resultaría tan fácil. – ¡Hyuga! Eres diabólica, creo que también te cambiaron. ¿Qué pasó con mi tierna amiga Saku? – preguntó fingiendo preocupación.

– Pues… creo que su novio es el culpable – respondió encogiéndose de hombros.

– ¡¿Novio?! – preguntó exageradamente.

– ¿Qué no habías oído cuando lo mencioné antes? – la chica negó con la cabeza, no había reparado en ello anteriormente.

– Naruto.

– ¿Eh? Así que al fin… ¡Te felicito amiga! – gritó abrazándola, haciendo que el lado malo que había mostrado segundos atrás desapareciera y en su lugar quedaran unas mejillas completamente enrojecidas.

De modo que para escapar de esa situación, la Hyuga trató de no ser la única en quedar en evidencia. – ¿Y qué dices de Sasuke?

Sakura se sobresaltó. – ¿Qué hay con él?

– Vamos Saku. – Era Ino la que hablaba ahora – todo el mundo sabe que se gustan. Ninguno lo puede disimular por más que intenten repelerse todo el tiempo, los he visto cómo se miran cuando el otro no se da cuenta.

Ahora también la ojijade estaba colorada, ¿tan evidente era? Debía admitir que las observaciones de su amiga la habían sorprendido. – La verdad es que… – el timbre que indicaba el comienzo de otra clase sonó – ahora tenemos clase con Kurenai, y saben lo que pasará si llegamos tarde. – Se levantó de su asiento y comenzó a caminar. Las amigas se miraron y negaron divertidas con la cabeza, pero la siguieron.

Una vez dentro del aula, Sakura recibió una mirada reprobatoria de parte de su amigo, ella no le había avisado que se saltaría una clase y evidentemente él se había preocupado. Se disculpó en una seña alzando los hombros y dirigió su mirada, sumamente nerviosa, hacia su novio que la veía divertido, como una niña que es descubierta en plena travesura. La chica se sonrojó levemente pero le devolvió la sonrisa, no lo podía evitar; la tensión entre ellos había desaparecido y eso era algo que todos sus amigos habían notado. – ¿Qué pasa aquí? – preguntó Naruto codeando a su amigo en las costillas con una mirada deliberadamente zorruna. El pelinegro solo se encogió de hombros mirando profundamente a su chica, tenía tantas ganas de abrazarla y besarla que debía hacerse de todo su autocontrol para no pararse de su asiento y abalanzarse sobre ella. Su novia le mandó una mirada fugaz y sonriente, provocándole cosquillas en la panza y que automáticamente le devolviera el gesto.

– ¿Qué fue lo de hoy? – preguntó Hinata mientras caminaban hacia el comedor.

– Es verdad ¿qué pasó entre tú y Sasuke, Sakura? No nos mientas – advirtió su otra amiga.

Pero antes de que pudiera decir nada, son abordadas por sus amigos; "nuevamente salvada por la campana" pensó. – ¡Hola chicas! – en ese momento el rubio rodea por la cintura a su novia desde atrás y besa su mejilla tiernamente provocando que inmediatamente se le subieron los colores, aún así sonrió con ternura ante el gesto de su novio.

– ¡Uuuhhyy! Pero miren cuánto amor hay aquí… – expresa Kiba divertido.

– Ya, dejen de comer frente a los pobres – expresa Gaara fingiendo molestia y sonriendo de lado.

– ¡Hmp! – exclamó el Uchiha cruzándose de brazos.

– El amor está en el aire… – agregó Shikamaru continuando su camino hacia el comedor, seguido por Choji.

– ¿Por qué no se sientan con nosotros? – invitó Sasuke para sorpresa de todos, Sakura aún evitaba su mirada.

– Bien, no creo que Dei se moleste si un día no almuerzo con él – dijo Ino encogiéndose de hombros.

Todos emprendieron camino nuevamente, sin percatarse de que la nueva parejita, que aún no se había revelado, quedaba atrás. El chico pasó un brazo por los hombros de su novia, atrayéndola hacia sí, provocando que se sobresaltara al principio, mas sin embargo lo siguió gustosa. – Te extrañaba – le susurró al oído. – Sakura se sonrojó, pero sintió una extraña calidez en su corazón.

Por el pasillo abarrotado de estudiantes, los rumores y murmullos no se hicieron esperar. Naruto y Hinata voltearon curiosos a ver el objeto de tanto alboroto y cuando las cuatro miradas chocaron, los dos que iban adelante no pudieron disimular sus caras de asombro. Como ellos se detuvieron, también lo hizo la rubia – ¿Lo ven? ¡Se los dije! Ya veía yo que se traían algo esos dos – expresó feliz.

Naruto solo sonrió. – Es verdad – afirmó la pelinegra alegrandose. – Se lo tenían bien escondido eh primito.

– Hmp. Apenas somos novios desde ayer.

– Sí, pero debes admitir… Mmm, no. Deben admitir, que desde que se vieron hubo algo. – Sasuke se sorprendió, ¿tan evidentes habían sido frente a todo el mundo?

– Jajaja… – soltó una carcajada cierto escandaloso – los muy tontos son iguales, se evitaban todo el tiempo.

– No te pases Namikaze – amenazó la pelirrosa haciendo que todos sonrieran. El pelinegro estaba tan complacido con aquella situación que no reparaba en mantener su habitual seria actitud.

Cuando ingresaron al comedor la tensión se sintió. En la mesa de sus amigos vieron caras de profunda sorpresa, las cuales enseguida fueron sustituidas por sonrisas arrogantes que expresaban "por fin", "ya era hora", "era obvio", "qué lentos", "sí que se tardaron", "espero que no se maten", entre otras, para dar paso a los abucheos escandalosos y las felicitaciones.

En la mesa de las populares se notaba el fastidio, pero fundamentalmente el enojo de cierta pelirroja que miraba con ojos entrecerrados y los puños fuertemente apretados a la nueva pareja. – Me las pagarás – susurró.

Hacia otro lado del comedor, en una mesa algo apartada, cierto pelinegro observaba la escena bastante molesto, más que eso, furioso. – Estás muerto Uchiha – expresó por lo bajo fulminándolo con la mirada, apretando el vaso de vidrio en el que estaba tomando refresco. – Esa flor es mía. – El ruido del cristal partiéndose se oyó alrededor suyo al tiempo que unas gotas de sangre resbalaban por su mano.