CAPÍTULO 11 – ACECHADOS

Eran pasadas las once de la noche cuando un grupo de encapuchados llevaba a cabo una reunión muy cerca de un centro de estudio.

– ¿Han descubierto a alguno?

– Solo es teoría el hecho de que los cuiden en la secundaria, no tenemos seguridad de que haya infiltrados allí.

– Los necesitamos pronto – volvía a pronunciar el que aparentaba ser el jefe. – Sus padres no colaborarán si no los presionamos y el tiempo se agota. Tenemos una fecha límite.

– ¿Por qué nos los tenemos que llevar? ¿No los podemos matar? – preguntó un rubio con voz alegre.

– No seas idiota – respondió uno de sus compañeros – son nuestra garantía.

– Pero es que ese Uchiha… – dijo con rencor apretando su puño.

– Uchiha es mío – expresó una grave voz de ultratumba.

– No es justo – reclamó. – ¿Por qué siempre quieren lo mejor para ustedes?

– Puedes quedarte con la chica – concedió su jefe para que dejara de hablar.

– Bien, creo que así está mejor, nos divertiremos mucho mi linda Hyuga. – Dijo esto último más para sí mismo, tal y como lo haría un psicópata.

– Solo recuerda que tiene que seguir con vida hasta que consigamos lo que queremos – aclaró su compañero. – Solo por si acaso – añadió, ante la mirada incrédula que le había dirigido.

– ¿No podríamos eliminar a alguno como advertencia? – Un brillo aterrador cruzó por aquella mirada sedienta de sangre. – Tenemos tres Hyugas para elegir…

– ¿Acaso creen que la pequeña tenga custodia en primaria? – preguntó pensativo otro de los encapuchados.

– Ya basta, de momento no necesitamos realizar ninguna masacre.

– ¿Tienes la droga? – preguntó una voz autoritaria nuevamente.

– Ya casi está lista señor. En un par de días quedará perfecta.

– Muy bien. – Se dirigió ahora al rubio – ¿has preparado las distracciones?

– Todo está listo, no sabrán lo que les pasó.

– No quiero fallas – finalizó dirigiéndose a todos los presentes.

Ya hacía dos días que habían hablado con Ino y que todos en la secundaria se habían enterado de su noviazgo con nada más y nada menos que el "genial, divinísimo y atlético" (así solían llamarlo sus fans) Uchiha. Ella se había vuelto objeto de odio de muchas féminas en ese lugar, pero lo cierto era que en realidad no le molestaba demasiado las miradas nada bonitas que le enviaban. A pesar de sus preocupaciones, ella estaba feliz por estar con Sasuke, le gustaba verlo sonreír, notaba cuan bien se hacían uno al otro, nunca pensó que él pudiera tener ese buen humor con ella y quería que todo siguiera así.

Sakura y Hinata optaron por sentarse en su mesa habitual en la cafetería para poder hablar un poco en privado sobre cosas de chicas. A pesar de que sus novios le habían insistido en que fueran con ellos, las chicas argumentaron que también debían dedicarles tiempo a sus amigos y que debían tener su espacio. Así que nuevamente estaban ellas dos solas, porque aunque habían arreglado las cosas con su amiga, no la veían como antes, Ino se había vuelto un fantasma, estaba totalmente absorbida por Deidara, de modo que ese día tampoco les llamó la atención que no almorzara con ellas.

Cuando pasaron a buscar su comida, la señora que atendía el lugar le colocó una nota en la bandeja a pelirrosa, que la miró con sorpresa. – ¿Quién…? – intentó decir, pero fue interrumpida.

– No lo sé – respondió de mala manera negando con la cabeza para que le dejara el paso a otro.

– Uy… qué genio – susurró dirigiéndose hacia donde siempre.

– ¿Qué dice? – preguntó su amiga impaciente una vez que se sentaron. Abrió lentamente aquel papel, como con miedo, y no se equivocó al pensar lo peor.

Hinata lo notó enseguida al ver su cara de horror, le arrebató la pequeña carta y su rostro adquirió la misma expresión. "Deja a Uchiha o está muerto" rezaba. – No… puede ser – expresó apenas, con la mandíbula algo desencajada. El semblante de su amiga sin embargo cambió, Sakura había adquirido una mirada que ella nunca había visto antes, era de furia y desafío, no parecía que sintiera temor; sino al contrario, ella sería capaz de asustar a cualquiera que se encontrara con sus ojos en esos momentos. La vio observando a su alrededor con disimulo hasta que sus pupilas finalmente se congelaron en un lugar, no pudo más que dirigir su atención hacia donde ella lo hacía y se topó con el chico de cabello negro que la había acosado tiempo atrás, la miraba con una sonrisa sádica y arrogante, dándole a entender que era el responsable de aquella nota. ¿Acaso no le había quedado claro que ella no iba a tener nada con él? Una oleada de furia la invadió, quería ir a golpear a ese chico que amenazaba la felicidad de una de sus mejores amigas y su primo, ansiaba golpear a ese chico que tanto daño le había hecho a su novio. Aún así, era consciente de que no podía armar tal escándalo en ese lugar porque sus amigos intervendrían y los metería en problemas.

– Lo odio – susurró la pelirrosa, sacándola de sus pensamientos.

– ¿Qué vas a hacer? Sabes que no hará tal cosa, no sería capaz… ¿o sí…? – la respuesta que obtuvo fue un movimiento de cabeza negativo, pero algo le decía que aquello era algo un poco más serio de lo que aparentaba. – Tienes que decirle que te sigue molestando.

– No Hina, y tú tampoco debes decir nada. Naruto es muy impulsivo y Sasuke no se queda tan atrás, se meterán en problemas si lo haces. – Al ver que no estaba muy convencida agregó: – te prometo que si vuelve a hacer algo se los diré.

Eso pareció persuadirla. – Bien, cambiemos de tema, necesito contarte algo que me está carcomiendo la cabeza. – Su amiga la miró expectante. – Se trata de… Bueno, Hiromu me ha estado escribiendo, es muy raro ¿no crees? – Al ver que no obtenía respuesta continuó. – Hace unos días me pidió unos apuntes por mail y se los pasé pero…

– ¿Pero qué? ¿Qué sucede Hinata? – La preocupación por la nota que le había llegado había desaparecido por completo. Akatsuki se estaba moviendo y eso era lo más preocupante. – Bueno él… comenzó a decir cosas como "nunca estás sola", "tu novio te absorbe", "ya ni me hablas como antes porque él no te deja tener amigos y siempre está presente con nosotros". Y bueno, no pude evitar pensar en Ino, yo no quiero…

– No puedes comparar tu relación con la de ella – se exasperó al ver por dónde iría su amiga. Kabuto buscaba la forma de que estuviera sola y eso no lo podrían permitir, eso confirmaba sus sospechas de que estaban planeando algo. – Naruto solo te quiere cuidar, en cambio Deidara… sabemos que solo es un patán. No dejes que ese chico te llene la cabeza amiga. – Tomó su mano dándole ánimos, ya que había bajado la mirada algo abatida, conocía perfectamente cómo era su amiga, y sabía que se sentía mal por el "pobre y solitario" nerd de la clase que contaba solo con ella. – Prométeme que no dejarás que te manipule un chico así – pidió.

– ¿Por qué has cambiado tanto respecto a él? – preguntó con sospecha. – No creo que sea peligroso, solo está solo Saku, eso es horrible.

– Pero tú no puedes dejar de lado tu felicidad por alguien que decide apartarse del resto del mundo ¿entiendes? – su amiga asintió en respuesta. – Sé que eres terca cuando se trata de ayudar, solo no te encuentres sola con él o házmelo saber si planeas algo, por favor – pidió – no confío en ese chico.

– De acuerdo mamá, ya no te preocupes – contestó sonriente. – Mira, ahí viene Ino. ¿Qué habrá pasado? – su rostro había cambiado al notar terriblemente mal de ánimo a su amiga.

– Si ese idiota le hizo daño juro que acabaré con él… Ven, vayamos al aula, ahí podremos hablar mejor – comenzó a arrastrarla hasta la entrada de la cafetería por donde acababa de pasar la rubia.

– Chicas las estaba buscando… – No le dieron tiempo a nada, solo la invitaron a ir con ellas para estar las tres tranquilas.

– ¿Qué sucedió? – preguntó la pelinegra.

La ojiceleste bajó la mirada algo abatida. – Nada importante, solo discutimos. Lo normal en una pareja – quiso restarle importancia.

– ¿Para ti qué es lo normal? – inquirió la pelirrosa apoyando las manos en los brazos de la chica, pero…

– ¡Ouch! – exclamó apartándose, sobándose el brazo derecho. Su amiga enseguida la soltó, tan rápido como si se hubiese quemado ante el contacto.

– ¿Qué demonios…? – comenzó tratando de contener su alteración mientras bajaba la manga del saco que llevaba puesto la chica, algo que por cierto era sumamente inusual en ella. – ¡¿Él te hizo eso?! – casi gritó.

– Saku no…

– ¡Rayos Ino! ¡No nos mientas! ¿Desde cuándo te trata así? Tú no te mereces esto. Lo mataré, a ver si es tan gallito de meterse conmigo… – perdió el control, vociferaba en contra del chico. – No puedo creer que te permitas hacerte esto. Ese imbécil ¡¿cómo se atreve a tocarte?! ¡¿Por qué se lo permites?! – su tono de voz era cada vez más alto. No estaba enojada con su amiga, estaba furiosa con su novio y asustada por lo que le haya hecho o pudiera hacerle, tenía que apartarlo cuanto antes. Se maldijo por tratarla así cuando lo que más necesitaba era apoyo pero no lo podía evitar.

– Ya déjalo, no tiene importancia. Hemos terminado. – Aquellas palabras fueron un alivio, no soportaba la idea de que pudiera pasarle algo.

Hinata le acarició el hombro brindándole consuelo. – Tranquila, ya pasó, hiciste bien.

– Yo… yo no… Él fue quien me dejó…

– ¡¿Quéee?! – las chicas no daban crédito a sus oídos. – Ese imbécil… – susurró la ojijade con los puños apretados.

– Dice que soy demasiado prostituta como para estar a su altura – comenzó a llorar. – A él no le gustó nada que fuera a almorzar con ustedes y los chicos el otro día.

– Ya… – consoló Sakura. – No vale ni una de tus lágrimas, tú eres mucho más que eso. Sé que no lo ves ahora, pero te aseguro que eres una persona fantástica, buena, dulce, hermosa, carismática. Vamos que siempre fuiste el centro de atención de todas las miradas, y déjame decirte que no por ser una prostituta, sino por ser tú, eres genial Ino Yamanaka, siempre tienes las palabras justas para sacar a cualquiera del pozo más profundo en el que pudo haber caído. Déjanos mostrarte que ese idiota no vale nada. La rubia bajó la mirada y se limpió las lágrimas pero en ese momento no pudieron continuar porque Kakashi entró al aula seguido de varios alumnos. Las miró interrogante, pero enseguida su subordinada negó con la cabeza, dando a entender que todo estaba bien. A los chicos también les llamó la atención el estado de ánimo de las tres pero decidieron esperar a que ellas eligieran contarles qué sucedía.

Iban por el patio rumbo a sus casas cuando cierto rubio le hace señas a Ino para que se le acercara, miró a sus amigas como pidiéndoles ánimo y comenzó a caminar hacia su ahora ex novio. Las chicas pararon en seco, haciendo que sus parejas las imitaran.

– ¿Qué pasa? – preguntó Sasuke. Naruto quería saber lo mismo.

– Ese idiota se atrevió a ponerle una mano encima – respondió seria su novia. – Lo mataré si la toca de nuevo. – Los cuatro se quedaron observando la escena, de un momento a otro Deidara abrazó a la chica y le dijo algo al oído. La estaba apretando, sin darse cuenta, los pies de Sakura comenzaron a moverse por sí solos hacia ellos, pero era seguida muy de cerca por los demás.

– Ya suéltame, ahora soy yo la que no quiere volver contigo.

– Oh princesa, estás muy equivocada si crees que harás lo que tú quieras… – amenazó con una mirada terriblemente sádica apretando fuertemente su brazo herido.

– Creo que la señorita te pidió que la soltaras. – Dijo alguien apretando con ferocidad la muñeca del rubio para que al fin la liberara. Definitivamente se le había adelantado a la pelirrosa.

– ¡Tú no te metas idiota! – escupió zafándose de su agarre y preparando su puño para golpearlo. El chico lo esquivó fácilmente y le dio de lleno en la boca del estómago, tirándolo al piso y dejándolo sin aire, aparentemente sabía pelear muy bien.

– Hombres como tú dan vergüenza, ¿cómo te atreves a levantarle la mano a una mujer?

– ¡Cállate! – gritó el rubio poniéndose nuevamente de pie para atacar, pero esta vez el chico atajó su puño.

– ¿Qué te pasa? Conmigo no eres tan fuerte… – dijo arrogante.

– ¡Ya basta! Déjalo Sai, por favor – rogó Ino entre lágrimas. Eso lo sorprendió provocando que en su descuido Deidara le propinara un piñazo en la cara, pero enseguida se interpusieron Sasuke y Naruto, evitando que volviera a pegarle. La rubia corrió hacia su defensor – gracias… Él… no vale la pena. – las palabras de la chica hicieron suspirar a los presentes.

– Así que detuviste a Sai por eso y no por proteger al patán cobarde de las bombas – concluyó la pelinegra con tono algo pícaro más para sí misma que para el resto.

– ¿Estás bien? – Le preguntó aquel chico de tez sumamente pálida. – Ya no te molestará más – le dijo abrazándola protectoramente debido a que ahora no podía dejar de temblar.

Las dos amigas se miraron entre sí con un gesto de picardía. – Sai – comenzó la ojijade – ¿crees que podrías acompañarla a su casa? – Sasuke la miró con sospecha, las mujeres eran de temer. – Tengo miedo de que ese idiota la siga.

El aludido buscó respuesta en la mirada celeste de aquella chica. – Seguro – contestó al verla – yo la cuido. – Prácticamente se le habían escapado aquellas palabras.

Las chicas sonrieron satisfechas. – Bueno, entonces nos quedamos tranquilas – dijo Hinata. – Hasta pronto, cuídate Ino.

– ¿Qué fue todo eso? – cuestionó Sasuke tomando de la mano a su novia para salir de allí.

– Hacen una linda pareja ¿No creen? – preguntó Sakura sonriendo.

– Lo que yo creo… – la giró hacia sí y tomó su rostro para besarla – es que mi novia – resaltó aquellas palabras – es toda una casamentera y… una chica muuuy valiente. – Dicho esto, la apretó contra su cuerpo, tomándola por la cintura y le dio un tierno beso.

– Eso, o está completamente loca al querer enfrentarse ella a ese loco – dijo divertida su amiga.

– Te sorprenderías – rió Naruto.

– ¿Quieres ir un rato a mi casa? – susurró el pelinegro algo divertido, intentando ignorar los comentarios de la pareja. – Mis padres y mi hermano están trabajando, no nos molestarán. – La chica se sorprendió; la idea de estar sola junto al pelinegro la perturbada y él pareció notar lo mal que habían sonado sus palabras. – Tranquila, no haremos nada que tú no quieras, solo te invitaba para pasar un rato juntos, pero podemos ir a otro lado si prefieres. – Parecía darle gracia aquella situación, la veía tan inocente y nerviosa por el hecho de estar a solas con él en su casa que eso producía que se le inflara el pecho de alegría.

– Mmm de acuerdo, tu casa está bien. No te burles Uchiha – regañó pegándole un manotazo en el pecho al ver su sonrisa.

– ¡Ay! – exclamó exagerando dolor.

– No seas niño, vamos, alcancemos a Hina y Naruto. Podríamos hacer algo el fin de semana… – comentó pensativa.

– ¿Qué tal si invitamos a Ino y Sai? – sugirió la Hyuga que ahora estaba a su lado y apoyaba la idea.

– ¡Eres una genia! – prácticamente saltó a abrazarla y besar su mejilla, mientras sus novios se miraban divertidos y negaban con la cabeza. Esas dos locas los tenían locos a ellos. – Bueno, ustedes se encargarán de hacer que Sai Takahashi asista mañana, debemos animar a nuestra amiga. – Las dos, tomadas ahora del brazo, los miraban sumamente determinadas y ellos comprendieron que no podrían hacer nada contra aquello.

– Bien princesas – dijo el rubio avanzando hacia su novia – haremos lo que nos piden, pero hoy son nuestras. – Tomó de la mano a su novia llevando su otra mano a la mejilla de ésta para besarla y así emprender camino nuevamente luego de despedirse de sus amigos. – ¿A dónde te gustaría ir? – le preguntó.

– En realidad… – comenzó algo apenada. – Le prometí a Hanabi que la llevaría al cine. Yo… lo siento, pero es que mi padre y mi hermano están medio reacios a que salgamos y hoy era el único día que no estarían, de modo que decidimos aprovecharlo. Puedes venir con nosotras si no te molesta – agregó al ver el semblante serio de su novio. En realidad Naruto estaba preocupado por lo cabezota que era la pelinegra, aunque si se detenía a pensarlo era normal que una chica de su edad, que no conocía el peligro en el que estaba, quisiera salir a divertirse aún si a sus padre y hermano no les agradaba. Sin embargo, él los entendía a la perfección; Neji estaba al tanto de todo, incluso de que Tenten era el agente asignado para protegerlo; se lo habían contado el día que había llevado a Hinata desmayada por el incidente en la biblioteca. En ese entonces no había tenido alternativa, puesto que el chico se alteró mucho al ver llegar a un completo desconocido con su hermana inconsciente en brazos y ver que su padre lo amparaba, algo completamente anormal en Hiashi.

En esos momentos agradecía enormemente que compartiera aquello con él y poder estar a su lado para acompañarla, no quería ni imaginarse en si fuera sola con su pequeña hermana y les pasara algo. – De acuerdo – dijo. – ¿Iremos solo los tres? – Su novia asintió. Él sabía que a la menor de los Hyuga le habían asignado a Konohamaru, pero no conocía si habrían generado algún vínculo; el chico era muy listo, pero se encargaba fundamentalmente de tener vigilado todo su entorno para informar sobre cualquier situación sospechosa y a la chica para asegurarse de que estuviera a salvo.

– ¿Está todo bien? – preguntó dudosa al ver el repentino ensimismamiento en su novio.

– Seguro – respondió apretando su mano y sonriéndole para darle confianza. – Vamos – alentó, para acto seguido dirigirse hacia su auto.

– Aquí estamos – dijo el pelinegro encendiendo la luz y arrojando las llaves al sillón. – ¿Quieres tomar algo?

– Una soda está bien, gracias.

– Ven – la tomó de la mano y la arrastró hacia la cocina. – Veamos… – comenzó a buscar en los muebles después de darle el refresco – tengo hambre, mmm… aquí. ¿Quieres? – Le ofreció un paquete de galletitas que había encontrado.

Aquello le pareció muy tierno a Sakura y sonrió – veo que no tienes idea de dónde están las cosas en tu casa...

Al chico le costó darse cuenta de que su novia se divertía a costillas de él. – ¿Te burlas de mí? – preguntó, al principio incrédulo. Pero enseguida su semblante se volvió serio y sus ojos brillaron con malicia. Comenzó a avanzar hacia ella – ooh… pequeña, creo que no te has dado cuenta de lo peligroso que es embromar a un Uchiha…

La pelirrosa retrocedía con cada paso que él daba, pero suspiró cuando se detuvo y lo imitó. Lo observó algo desconfiada abrir la heladera, aunque le restó importancia a aquello, de seguro buscaría algo más para comer. "¡Plaff!" No pudo evitar desencajar su mandíbula, la había tomado totalmente por sorpresa – ¡Uchiha estás muerto! – casi gritó.

Su novio ya no aguantaba. – Te dije que no te metieras conmigo – se excusó arrogante. – Además… dicen que el huevo es muy bueno para el cabello – No pudo aguantar más y soltó una carcajada, Sakura nunca lo había visto reír así, no podía creer que el chico le hubiera partido un huevo en la cabeza y ahora estuviera descociéndose de risa.

Corrió hacia la heladera y tomó dos futuros proyectiles. Miró a su novio con malicia. – Más te vale que corras – amenazó. Comenzaron una persecución por toda la casa, la chica le lanzó un huevo qué pudo esquivar fácilmente, pero cuando emprendió la huida nuevamente, el otro se lo estampó en la espalda, haciéndolo parar en seco. – Dicen que hace la tela más resistente – se carcajeó.

– Estás perdida Haruno – casi corrió hacia ella, que enseguida se dispuso a escapar. El chico fue hacia la cocina y tomó una bolsa de harina, había visto a su novia correr hacia el patio así que sigilosamente se dirigió a aquel lugar con su nueva arma. Cuando se asomó a la mampara no la vio, pero tenía la seguridad de que había salido, así que hizo lo mismo y comenzó a buscarla, no había mucho lugar donde esconderse de modo que no podría ser difícil. Cuando ya estaba casi por ir a ver al costado de la casa, sintió un fuerte chorro de agua fría en la espalda. Quedó congelado por un momento, pero enseguida viró y marchó hacia su "agresora" que estaba riendo a carcajadas mientras seguía mojándolo con la manguera. Ya estando lo suficientemente cerca, empezó a luchar para evitar que lo siguiera empapando y poder devolverle un poco de agua a ella también. De lo que la pelirrosa nunca se percató, en su afán de conservar aquel objeto, fue del paquete de harina que tenía su novio, el cual le arrojó por completo desde la cabeza, dejándola petrificada y tosiendo por el polvo.

Sasuke no podía más, hacía años que no se divertía tanto, se agarraba la panza por el dolor que le daba tanta risa. – Tú sí… jaja… eres… jaja… mi auténtico pastelito… jajaja… – dijo como pudo. – Jajaja…

Sakura sonrió de lado – ¿pas-te-lito?... ven mi amor – dijo abrazándolo para limpiarse lo más que pudiera en él. Ante el impacto y los forcejeos ambos cayeron al suelo, ella sobre el chico. El golpe pareció hacerlos reaccionar y, divertidos entre tanta harina y agua se quedaron mirándose a los ojos, agitados de tanto juego y risas, se decían tantas cosas con esas miradas. Un brillo particular inundaba sus pupilas, se querían, no querían que nada los alejara del otro.

– Creo que, deberíamos quitarnos esto – sonrió enseñándole el polvo blanco en su dedo que luego pasó por la nariz de su novia.

– Cierto – respondió ella poniéndose de pie y tendiéndole la mano para ayudarlo.

Se quitaron la suciedad más grande en el patio con la manguera. Luego Sasuke le ofreció a Sakura el baño de su habitación para que pudiera asearse tranquila y le prestó una remera suya para que se cambiara la que estaba mojada. La chica aceptó su hospitalidad pero se quedó con su pollera del uniforme, puesto que debajo tenía las calzas con el arma y el estuche de la peluca castaña. La remera que le había prestado su novio era negra y tenía en la espalda el símbolo de las empresas Uchiha, un abanico blanco y rojo, pero al quedarle tan grande y quedarse con la falda, decidió hacerle un nudito al costado, haciendo que le quedara más justa y se viera parte de su abdomen, con lo cual, junto a su cabello mojado lograba un aspecto completamente sexy.

El pelinegro casi se muere cuando salió con ese atuendo de su baño, simplemente el sello familiar le quedaba espectacular y el hecho de que usara una de sus prendas lo volvía loco. No pudo evitar pensar en cómo se vería usando solo esa remera después de que pasaran una noche juntos.

Ella por su parte, adoró el aroma que desprendía la ropa que le había prestado, el mismo que tenía su dueño, ese olor que la transportaba a lugares insospechados, que la hacía pensar en la tranquilidad de la naturaleza y en el placer de un beso suyo, en la calidez que le brindaban sus brazos cada vez que la envolvían, ese olor que le nublaba la mente y la enamora.

Luego de que se cambiaran, limpiaron el desastre que habían hecho y se quedaron un rato abrazados mirando televisión, exhaustos disfrutando de la compañía del otro, hasta que finalmente decidieron que ya era hora de que Sakura se fuera a su casa. El joven la llevó gustoso, además aquello le serviría para conocer el lugar donde vivía, aunque fuera desde el auto. – ¿Tienes pensado a dónde ir mañana?

– Aún no. ¿Qué tal el centro comercial? Podríamos ir a las maquinitas, o al cine… Mmm... No lo sé, después de todo el lugar no es tan importante…

– La pasé muy bien hoy – le dijo sin poder contener el impulso, tomándole el mentón para unir sus labios a los de ella. – Te... quiero – expresó, con un inusual brillo en sus ojos.

– Te quiero Sasuke – respondió con un nuevo beso, solo que esta vez se tornó más profundo y exigente, haciendo danzar a sus lenguas en roces de placer, ninguno quería separarse.