Hola queridos lectores y lectoras! Mis más sinceras disculpas por la demora, sé que no hay excusa pero tenía la compu rota y estaba escribiendo a mano, recién este fin de semana pude pasar un capítulo. Espero que les guste. Dejen comentarios si quieren, es una forma de saber si la historia les agrada. :D

CAPITULO 12 - SOSPECHOSO

– ¿Y bien? ¿Qué novedades tenemos? – La siniestra reunión se llevaba a cabo nuevamente ese fin de semana.

– La Hyuga está siempre con el novio y este idiota no pudo retener a la rubia, ya no podremos utilizarla para acercarnos a la chica.

– Ya quiero verlos explotar por los aires – expresó sádico el rubio, cuya mirada era ahora más seria de lo normal.

– ¿Qué sugieren? – preguntó el jefe ignorándolo.

– ¿Qué tal enamorarla?

– Mmm… no es viable, parece estar muy bien con Namikaze. Kabuto está trabajando en ello, pero creo que la única alternativa será tomarla por la fuerza.

– No olviden que los tienen custodiados.

– En ese caso ¿no sería conveniente atacar apuntar hacia otro Hyuga?

– ¿Qué hay de sus hermanos?

– La pequeña solamente sale a la hora de ir al colegio y aparentemente está fuertemente custodiada.

– ¿Hay posibilidades de sacarla de allí?

– Los guardaespaldas que la llevan se quedan en los alrededores hasta que salga.

– ¿Y qué hay con eso? Podemos con unos matoncitos de cuarta.

– ¿Qué parte de que "aún no queremos llamar la atención" no entiendes Deidara? – rezongó su compañero.

– ¿Y el mayor?

– Ese se hace sus escapaditas – sonrió perverso uno de los Akatsukis, cuyo físico era bastante fornido y tenía voz gruesa.

– Interesante – dijo pensativo el jefe tomándose el mentón. – Mandémosle un mensaje a Hiashi – finalizó con una mirada sumamente aterradora, intimidante y sádica.

– ¿Acaso no puedes dejar de seguirme?

– Eso depende. ¿Quieres morir? – respondió burlona.

El chico alzó una ceja; – es incómodo – se limitó a decir, dirigiendo una mirada hacia un banco de aquel parque donde lo esperaba una chica de cabello negro y ojos celestes. – Estoy harto de esta tontería, ¿no crees que ya estoy grande para tener niñera? Es insoportable tener a una insufrible como tú siguiéndome todo el día.

La chica se sorprendió, completamente dolida y furiosa por sus palabras. ¿Acaso aún no entendía el peligro en el que se encontraba? ¿Por qué la odiaba tanto? – ¡Mira niñito rico…! – comenzó perdiendo la paciencia. – No me interesa en lo más mínimo lo que te suceda o lo que quieras, yo estoy aquí solo porque es mi trabajo. Así que si te disgusta mira hacia otro lado, sabes bien que puedo no ser la única que te está vigilando – dijo esto último casi en un susurro. – ¡Vete! – agregó. – No sea cosa que tu noviecita se te vaya a ir.

El chico la miró con furia – ojalá mandaran a alguien más a custodiarme y sacaran a una persona tan insoportable y odiosa como tú. – Escupió esas palabras como si fueran veneno, pero hizo exactamente lo que le había dicho, se dio media vuelta y se marchó junto a la chica que lo aguardaba en el banco, sin importarle la reacción de su protectora. ¿Por qué lo hacía sentir así? No quería que lo viera con otras, le enojaba dejarla siempre en la misma situación.

– ¿Qué sucede Neji?

El aludido negó con la cabeza. – Creí ver a un amigo que hace mucho no veía – explicó, ya que prácticamente se había parado de golpe para ir hacia el agente que está custodiándolo por sentirse molesto ante aquella situación.

– No es eso, has estado serio últimamente.

– No es nada linda. Solo estoy un poco cansado. Sabes que he estado ayudando a mi padre en la empresa, y entre eso y el estudio ya me tienen algo exhausto. – En realidad no podía decirle del agotamiento mental que tenía por el peligro que corría su familia. – ¿Quieres dar una vuelta antes de ir a tu casa? – sugirió, pues ya se estaba haciendo tarde y en algo más de una hora, oscurecería.

– De acuerdo – contestó entusiasta. – ¡Vamos! – dijo, tirando de su brazo para que la siguiera.

Caminaron un buen rato por aquel parque, tomaron un helado y finalmente él la acompañó a su casa, siempre seguido de cerca por Ama, que aún estaba enojada por la discusión que habían tenido. Sabía que odiaba ser seguido todo el tiempo por alguien y ella lo entendía, pero la exasperaba que fuera tan cabeza dura como para no aceptarlo de una vez, aceptar que no tenía alternativa si quería mantenerse a salvo. Además, debía reconocer que seguirlo en sus citas era lo que menos le gustaba, se sentía incómoda, molesta, no quería verlo en sus momentos de romance. Por todo ese combo de emociones negativas provocadas por su custodiado, decidió no caminar a su lado como acostumbraba a veces, tal y como lo haría una amiga, sino que iba casi media cuadra detrás de él hablando tranquilamente con Shino. – Aaahh… esto es muy aburrido – suspiró. – Este niño es un fastidioso arrogante…

– Vamos Ten, no puede ser tan malo – la animó.

– ¿No has visto nada raro en las cámaras de la ciudad? – preguntó ignorándolo.

Ya era prácticamente de noche cuando pasaba cerca de un callejón rumbo a su casa cuando alguien encapuchado, vestido de negro con una pequeña nube roja en su pecho, se interpuso en su camino. Paró en seco sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Hasta ese momento, todo el tema de las amenazas le había resultado irreal, como si de una película se tratase; nunca creyó que se enfrentaría a una situación así.

El hombre sonrió sádico; se llevó la mano derecha a la cintura y sacó una piña americana con pinchos en la parte de los nudillos. Sin decir absolutamente nada, sin siquiera darle tiempo a formular palabra alguna, se abalanzó con fuerza hacia él, pero el antebrazo de una chica bloqueó firmemente el ataque. Neji se sorprendió por su destreza; en ese momento su protectora le lanzó un piñazo directo a la cara, el cual el atacante esquivó lanzándole una patada de costado. Tenten pudo bloquearla, se agachó, tomó impulso y giró ágilmente dándole por fin en el rostro. A pesar del golpe, el agresor atinó a tomarla por la pierna pero no lo logró, mas cuando ella la apoyó en el suelo nuevamente, la golpeó con brutalidad en el estómago, haciéndola sangrar por los pinchos que tenía su arma y dejándola sin aire. La pelicastaña se dobló de dolor y en ese preciso instante la tomó del cabello. El Hyuga no sabía qué hacer, estaba desesperado y paralizado por el miedo…

– La idea era darle una paliza a él, no estaba en mis planes golpear a una mocosa – sonrió el hombre. – Aunque debo admitir que eres buena y me estoy divirtiendo contigo. – Alzó el puño para darle de lleno el golpe final en el rostro.

– ¡Basta! – casi gritó el chico de ojos grises, saliendo de su trance. – La cosa es conmigo – agregó, inseguro.

El hombre lo miró al instante. – Veo que alguien está tomando valor – canturreó.

– Neji no… – apenas pudo decir. Pero cuando vio cómo aquel hombre había mirado a su protegido y se dio cuenta de sus intenciones, llevó su mano a su espalda baja y sacó una especie de navaja, algo parecido a un kunai que utilizaban los ninjas en el antiguo Japón, y cortó el brazo del Akatsuki, que la soltó y retrocedió al instante. – No dejaré que le pongas un dedo encima. – Lo miraba desafiante, pero para su desgracia, en ese momento apareció otro enemigo a su derecha.

– Ríndete. No tienes oportunidad contra dos de nosotros. – Neji se sentía impotente, finalmente lo había comprendido, estaban perdidos, iban a morir y no podrían hacer nada para evitarlo; la chica estaba muy lastimada y él se creía un completo inútil en esos momentos. No podía dejar que aquella chica que parecía tan frágil y delicada, aunque ya hubiera demostrado todo lo contrario, pereciera por su culpa. Tenten respiraba con dificultad, incluso era probable que tuviera alguna costilla rota. No lo pensó más y se le unió; aunque ayudara en poco, no la dejaría sola; aún recordaba alguna cosa de las clases de karate que había tomado cuando niño, no la dejaría morir por él.

– Neji no te metas – jadeó.

– Sí Hyuga, escucha a tu protectora – dijo burlón el que recién había hecho su aparición, recibiendo una mirada de odio de parte del aludido. En eso avanzó hacia él con una navaja, pero la joven lo vio por el rabillo del ojo y, haciendo caso omiso a su dolor, giró rápidamente y, apoyándose en los hombros del ojigris, alzó su cuerpo para patear en el rostro al nuevo agresor.

– Necesito apoyo – pidió apretando el intercomunicador en su oreja al ver que aún no llegaban refuerzos. Estaba segura de que en la base estaban al tanto porque ella venía hablando con el experto en vigilancia cuando vio que un ambu se había interpuesto en el camino del pelicastaño, pero le parecía que había pasado una eternidad peleando y aún no aparecía nadie. Se apretaba el pecho con fuerza, no podía respirar bien, el dolor era insoportable y su visión estaba algo nublada; si aquello seguía así pronto se desvanecería. Vio como el agresor que había aparecido primero golpeaba en el rostro al chico de cabello largo que intentaba defenderse mientras el otro se abalanzaba hacia ella. No le quedaba otra opción, sacó una pistola del mismo lado que su arma anterior y disparó en la pierna del primer Akatsuki, escuchando un alarido de dolor de su parte. En la organización una regla básica era no usar armas de fuego a menos que sea estrictamente necesario, debían dejar eso como último recurso. – Ni lo pienses – dijo apuntándole al otro que atinaba a imitarla, colocándose como podía delante de su protegido. En ese momento llegaron dos aliados, haciendo que los hombres retrocedieran rápidamente dispuestos a huir; avanzaron velozmente para evitar que lo hicieran, pero una bomba de humo los detuvo, impidiéndoles la visión. Tenten, aliviada de que Neji estuviera a salvo, por fin aflojó tensiones y cayó inconsciente, pero el chico no la dejó llegar al suelo, rápidamente la detuvo en sus brazos observándola angustiado y sumamente preocupado.

– Diste una buena pelea Ten – dijo su compañera sin quitarse su pasamontañas ni la capucha.

– Bicho – dijo el otro, dirigiéndose al chico de la base. – Todo está bien. – Neji observaba a la chica, no podría estar tranquilo si algo le pasaba. – Vamos Hyuga, te llevaremos a casa – lo sacó de sus pensamientos la agente Temari, colocándole una mano sobre su hombro. El chico solo se limitó a asentir, aún estaba en shock por lo que había ocurrido.

No dijo nada en todo el trayecto a su casa, solo cuando bajó de aquella camioneta en la que lo escoltaban pudo formular: – ¿ella estará bien cierto? – Apenas pudo preguntar antes de que se marcharan, no podía evitar que la culpa lo abordara por lo que le había sucedido y más después de haber discutido con ella como lo había hecho. Estaba comenzando a sentirse un completo idiota, no quería que la chica pensara que la odiaba o algo por el estilo, la verdad era que lo ponía algo nervioso y ansioso, y después de esa noche, había comprendido que no quería que saliera lastimada bajo ninguna circunstancia.

– ¿Así que ella era una de la Organización? – aquello parecía más una afirmación. – Muy bien, estén atentos a cualquier ingreso en el instituto, deberán suplantar su custodia. Presten atención a todo, profesores, alumnos y cualquier otro trabajador nuevo, no quiero fallas.

– Jefe. ¿Qué haremos con el mensaje?

– Creo que a Hiashi le quedó claro que no estoy jugando.

– Aún así deberíamos hacer algo, esos malditos se salieron con la suya – dijo enfadado un hombre con un moretón en el rostro, que tenía un tatuaje de guadaña en la parte superior de su mano derecha.

– Estoy de acuerdo con Hidan, debemos demostrarles que podemos pisarlos como cucarachas si quisiéramos. Apoyó Kizame apretando los puños.

– ¿Alguna idea?

– ¿Qué hay de Uchiha?

– Su punto débil es su novia, podríamos utilizarla como cebo en medio del alboroto, solo por si acaso, sería un buen plan be.

– Y dime genio, ¿cómo lo harías? Te recuerdo que ellos están casi siempre juntos.

– No me subestimes – sonrió malicioso.

– Por ahora solo síganlos, cuando encuentren oportunidad háganmelo saber inmediatamente – concluyó el jefe.

En otra parte de la calurosa ciudad, una triple cita se llevaba a cabo. Hinata no estaba enterada de lo sucedido la noche anterior, a diferencia de Sakura y Naruto, que estaban más alerta que nunca. Ya les había quedado demasiado claro que Akatsuki se estaba moviendo, y era muy probable que sus objetivos estuvieran siendo vigilados. No podían evitar estar algo tensos por la situación, pero les daba tranquilidad saber que estaban juntos, ellos se conocían a la perfección y hacían un muy buen equipo, se entendían con solo mirarse y eso era una gran ventaja.

Aparentemente, mientras Tenten estuviera bajo observación, Temari se encargaría de la seguridad de Neji entrando como estudiante de intercambio, puesto que habían arreglado las cosas para que en esa fecha ingresaran varios alumnos y de esa forma poder camuflar mejor a la rubia. En cuanto a la Hyuga menor, decidieron reforzar la vigilancia después de la desastrosa noche anterior, enviando a Lee como celador en la primaria a la que asistía.

– Creo que debemos hacer un esfuerzo por nuestras citas – le dijo la pelirrosa a su amigo en cuanto tuvo la oportunidad, ya que ambos estaban con la cabeza en la misión y no podían ocultar su preocupación. El rubio solo se limitó a asentir.

Cinco jóvenes se encontraban sentados en la fuente del Centro Comercial esperando a cierto pálido pelinegro que aún no llegaba y estaba logrando que Ino se deprimiera.

– ¿Seguro dijo que vendría? – susurró Sakura nerviosa, recibiendo como respuesta solo un asentimiento de cabeza por parte de su novio.

Las chicas se habían arreglado muy bonitas para esa salida, mostrando a su vez un look casual y natural, maquilladas de la misma forma, con colores suaves. Sakura se había puesto un pantalón chupín blanco y una musculosa color salmón con una franja negra atravesada que marcaba su figura, y unas "Converse" del mismo color que el detalle de su prenda superior. Debido a su ajustado atuendo, solo había podido guardarse una pequeña pistola en el bolso y una navaja en un estuche oculto debajo del cinturón que llevaba en el pantalón, algo que no le daba mucha seguridad. Por un momento había pensado en llevar una chaqueta pero el calor era infernal y a diferencia de su amigo, no podía ocultar su arma en su espalda baja por lo justa que le quedaba la ropa; otra de las ideas que había tenido fue llevar pollera, pero se arrepintió antes de salir de su casa, así que no tenía más opciones. Por su parte Ino vestía una minifalda de jean, una musculosa blanca con volados debajo del busto y unas chatitas en el mismo tono. Hinata llevaba un pantalón de jean, gastado en los muslos, una musculosa violeta con encajes en la parte inferior y unas chatitas color negro, haciendo juego con su cartera.

Sasuke y Naruto también estaban muy guapos. Ambos llevaban pantalones de jean, el del pelinegro era más oscuro, y remeras holgadas, azul marino con un diseño en blanco, y blanca con detalles anaranjados respectivamente.

– Tranquila, ya vendrá – le decía la Hyuga a una nerviosa rubia.

– Si se atrevió a dejarme plantada…

– Mira, ahí viene – señaló su otra amiga.

Sai vestía un pantalón negro y una remera de igual color pero con detalles en blanco. – Lamento la tardanza, tuve un imprevisto – se disculpó.

– Qué sea la última vez que me haces esperar – expresó Ino algo ofendida fingiendo enfado.

– Lo siento. ¿Qué puedo hacer para que me perdones? – preguntó algo dudoso pero seductor.

La chica negó con la cabeza. – Te perdono solo porque me has salvado, no es necesario que hagas nada, pero será solo por esta vez.

– ¿Les parece si vamos a comer algo? – sugirió alegre la ojijade tomando la mano de su novio.

Las parejas se miraron entre sí – por mi genial.

– ¡Vamos!

Los seis se encontraban charlando amenamente, contando anécdotas, hablando de cosas triviales como gustos, hobbies y experiencias; Sai les estaba mostrando otra faceta suya, expresando su pasión por el arte y la pintura y hablando sobre cómo era su vida en su antigua ciudad, no parecía un chico de diecisiete años, sino al contrario, se mostraba como una persona sumamente madura; incluso algo en su aparente sabiduría llamó la atención de Sakura. – Si me disculpan, debo ir un momento al baño – informó, poniéndose de pie. Sus amigos se sorprendieron ante aquella acción repentina, pero le restaron importancia rápidamente. En ese entonces, un celular sonó.

– Lo siento – era ahora el turno del chico pálido, quien se alejó del resto de los comensales hacia el baño de hombres. – ¿Sí…? ¿Y bien? ¿Qué tienes? No, aún no estoy seguro de que sea alguno de ellos… Sería demasiado ¿no lo crees?

Sakura no podía creer lo que escuchaba, ¿de qué hablaba ese chico? ¿"alguno de ellos"? ¿A qué se refería? No podía tratarse de otra cosa que no fuera… No, no puede ser. ¿Acaso su amiga era un imán para ese tipo de hombres? Su cabeza iba a mil por hora, todo tenía sentido, pensó. ¿Era posible que este chico y Deidara estuvieran confabulados? "Eso tiene lógica, Ino no quiere más estar con ese patán y otro debe suplantarlo" pero no se lo permitiría, no permitiría que alguien más dañara a su amiga. Apretó los puños con fuerza, ¿por qué tenían que aprovecharse de ella? La rubia era buena y jugaban con sus sentimientos. Algo nuevo vino a su mente, deberían tener sumo cuidado de lo que hablaran delante de él, cualquier información podría significar un riesgo para los Hyuga o para su novio. Decidió alejarse del baño de los hombres, lugar al que lo había seguido al escucharlo, escribió rápidamente a Aburame "Averigua todo lo que puedas acerca de Sai Takahashi, proveniente de Suna". Volvió a su papel alegre y despreocupado y continuó su camino hacia la mesa donde estaban sus amigos, minutos más tarde, se les unió el pelinegro.

– ¿Todo bien? – le preguntó la rubia a éste.

– Sí, solo era mi tío de Suna. Quería saber cómo estaba porque hace mucho no me ve.

Naruto fue el único en darse cuenta de la tensión en su amiga; la conocía demasiado como para saber que algo andaba mal, pero sabía que si era así, ya se lo contaría.

– ¿Cómo están mis primos? Hace mucho que no hablo con Neji, ¿es verdad que tiene novia?

Los chicos dieron un vuelco ante aquella salida repentina.

– Ya sabes que a mí no me cuenta nada – respondió su prima. – Creo que todavía me ve como una pequeña niñita.

Todos sonrieron ante las palabras de la chica. – La ternurita debe ser Hana… ¿cómo está ella?

– Hanabi es muy linda – dijo el rubio de pronto, haciendo que su amigo se arrugara el ceño confundido y su novia le diera un codazo. Se suponía que ellas no podían salir y las iba a delatar.

– ¿Y tú cómo…?

– La conocí por casualidad – se excusó, alzándose de brazos.

– Es verdad, creo que Hana lo ama. Jajaja…

– Y yo, creo que tendré que intervenir. ¿Qué te ven mis primas eh? Si sigues así terminarás enamorando a Neji también…

– ¡Sasuke! – regañó la Hyuga arrojándole un trozo de pan. Los primos estallaron en carcajadas y Naruto rio algo nervioso por esa idea. Lo cual provocó que los demás se sumaran a la diversión.

Ante todo aquello, la agente había observado por el rabillo del ojo a la cita de su amiga, el chico estaba serio, prestando mucha atención a aquella conversación.

– Hace mucho calor ¿no creen? – Su amiga la sacó de sus pensamientos. Todos estaban de acuerdo con Hinata. – Sasuke… ¿La casa de la playa está libre este fin de semana?

El aludido no pudo disimular su sonrisa y asintió mientras pensaba en la buena idea de la pelinegra.

– ¡Awww!... Síiii… ¿Vamos? – preguntó emocionada la rubia. A todos les encantó la propuesta. Naruto también apoyaba escandaloso dando saltitos, Sai solo le sonrió a Ino en señal de aprobación, y la pareja restante solo cruzó miradas alegres.

– Mmm… – bajó la mirada Hinata al percatarse de que algo les faltaba. – Pero no trajimos nuestros trajes de baño.

– No importa, iremos por unos. – Exclamó una enérgica chica de ojos celestes poniéndose de pie y arrastrando a sus amigas con ella. – Nos vemos en media hora en la fuente chicos. – Dejó a tres hombres completamente pasmados, aún sin poderse creer lo impulsivas que podían ser esas mujeres.

– Creo que nosotros también deberíamos ir por bañadores, ¿o acaso nos prestarás los tuyos Teme?

– Ni lo sueñes – respondió cruzado de brazos con una sonrisa de medio lado. – Vamos Sai, sino terminaremos bañándonos en calzones.

– Dobe reprendió su amigo, pues no soportaba la idea de que Sakura viera a otro hombre en ropa interior y no era el momento para que su prima también lo viera de esa forma.

– Sí, sí, ya sé, compraremos algo.

Pasó media hora y los chicos esperaban en la fuente a que diez minutos más tarde aparecieran sus acompañantes. Las tres se habían comprado trajes de baño de dos piezas. Sakura uno de color verde manzana, armado tipo strapless, fruncido entre medio de los senos y un bikini en la parte inferior; el de Ino era de color rojo, del mismo estilo pero en lugar de estar fruncido tenía una argolla y además dos finas tiritas para atarlo por detrás del cuello; Hinata se había comprado uno de color azul marino, con detalles en verde agua, pero en vez de bikini la pieza de abajo era culote y la de arriba en copas triangulares, resaltando sus grandes pechos.

– ¿Por dónde queda la casa? – quiso saber la pelirrosa.

– A unos veinte kilómetros de la ciudad, pasando un pequeño bosque. Es lo más tranquilo que mis padres pudieron conseguir para evitar las miradas curiosas – explicaba su novio.

No sabía por qué aquello le daba mala espina, lo que menos necesitaban en ese momento era alejarse de toda la ayuda posible, y menos con un sospechoso entre ellos.