Aquí les dejo un capítulo un poco más largo de lo normal. Espero que lo disfruten! Quería darle las gracias a todos los que siguen esta historia, en especial a Prussia Scarlett, Ary Garcioyama, Cinlayj2, AkimeMaxwell, Sakura no tsuki y a UchihaMisha por sus comentarios. :)
CAPÍTULO 13 – FIN DE SEMANA EN LA PLAYA
–… ¿qué hay de Uchiha?
– Su punto débil es su novia, podríamos utilizarla como cebo en medio del alboroto, solo por si acaso, sería un buen plan B.
– Y dime genio, ¿cómo lo harías? Te recuerdo que ellos están casi siempre juntos.
– No me subestimes.
"¿Novedades?" Sakura mandó un mensaje a su compañero, recibiendo como respuesta solo un "Trabajo en ello".
La casa de vacaciones de los Uchiha era preciosa, tenía una bajada directa a la playa, una enorme piscina en el patio trasero, junto a una barbacoa, cinco habitaciones, cuatro en el primer piso y una en la planta baja con baños individuales cada una. Constaba de una sala de estar, una enorme cocina, sala de juegos, gimnasio y todas las comodidades imaginables. Ni bien llegaron, el dueño del lugar les asignó una habitación a las chicas para que se cambiaran tranquilas, mientras él se dirigía a su recámara, seguido por los otros dos.
Como era de esperarse, ellos bajaron primero a la playa, llevaron un balón de futbol y se pusieron a jugar en la arena. Estaban tan concentrados en lo que hacían que no notaron que sus acompañantes bajaban hacia donde se encontraban, hasta que prácticamente pisaron la arena. Dejaron su juego al mismo tiempo, pararon en seco quedando estáticos en sus lugares con sus mandíbulas casi desencajadas. Las jóvenes estaban asombrosas, tenían un cuerpo perfecto y ellos las veían como si fueran los mismísimos ángeles de Charlie. Pero no, no eran los ángeles de Charlie, eran aún mejores, eran sus ángeles.
– Síganme chicas – dijo Ino divertida al ver la reacción de sus amigos. Pasaron por su lado como si de extraños se tratase, ignorándolos por completo mientras hablaban entre risas. Justo entonces reaccionaron descubriendo lo ridículos que habían quedado y avanzaron cual depredadores hacia ellas. En ese instante éstas voltearon a verlos y sin pensarlo comenzaron a retroceder, para de un momento a otro salir corriendo hacia el agua. La verdad era que a ellas se les había caído la baba al verlos tan fuertes, sensuales y con la transpiración cubriendo sus desnudos torsos bien formados, pero como el trío tardó en percatarse de su presencia pudieron disimular.
Sasuke y Naruto intercambiaron miradas volviendo en sí y rápidamente corrieron hacia sus novias. El rubio la atrapó aún en la arena y la levantó, tomándola por la espalda, provocando que ambos cayeran hacia atrás, ella sobre él. La pelinegra enseguida se giró sobre su costado y se recostó en su pecho antes de empezar a besarlo, el rubio le correspondió tomando con una mano su mejilla y apretándola contra sí con la otra.
Sakura era más rápida, de modo que cuando fue alcanzada por el pelinegro, ya se encontraba en la orilla del mar, dentro del agua. La pelirrosa comenzó a salpicarlo, retrocediendo para que no la alcanzara pero fue en vano; él se abalanzó hacia ella y la tomó por la cintura. – ¿Quieres jugar? – dijo adentrándose un poco más al agua. – Yo te enseñaré a jugar. – Dicho eso la arrojó hacia un lado un poco más hondo provocando un grito por parte de ella. – Eso es mojar, pastelito – se burló, empezando a reír más fuerte; después de la guerra que habían llevado a cabo en su casa, había adquirido la costumbre de llamarla así para molestarla, era como un chiste personal entre ambos. La chica sonrió para sus adentros, no lo dejaría ganar; hizo uso de sus dotes de actuación y, fingiendo no dar pie, se hundió de golpe desapareciendo de la vista de su novio; nadie además del chico se percató de ello. – Vamos. No juegues – pidió, pero al ver que no salía se asustó. Mas antes de que pudiera hacer algo, sintió como alguien tiraba de sus tobillos hacia adelante haciendo que cayera de cola en el agua, mojándose así por completo.
– ¿Así? – preguntó, fingiendo inocencia con una sonrisa pícara mientras se lanzaba a sus brazos. Sasuke la abrazó y ella enroscó las piernas en sus caderas. Se miraron directo a los ojos, su conexión con el otro era tan especial y única; nunca habían tenido esa cercanía, el abrazo bajo el agua, con sus pieles desnudas casi por completo, rozándose, les provocaba placer. Comenzaron a besarse, primero lento y luego casi con desesperación, prácticamente se olvidaron de que no estaban solos en aquel lugar. Sus respiraciones se volvían cada vez más agitadas y sus corazones amenazaban con salir, golpeando fuertemente contra sus pechos. De pronto, un grito los volvió a la realidad.
Sai se había quedado petrificado al ver a la rubia. ¿Acaso podría existir mejor obra de arte que ella? Desde que entró a la secundaria había tenido un claro objetivo, pero no había podido evitar fijarse en esa señorita, en lo alegre y bondadosa que era aún cuando no la veían, y en lo que la estaba convirtiendo ese patán de novio que tenía. Él la había seguido varias veces y había sido testigo de su destrato, pero fue consciente de que no podía intervenir mientras ella lo aceptara. Se conformaba con cuidarla a la distancia, hasta ese día en el que ella lo empezaría a notar, en el que empezaría a notar su existencia. Ahora estaba a su lado, disfrutando allí parada como un idiota viéndola nadar sin saber qué hacer. Le vino un hermoso cuadro a la mente, en donde Ino era la figura principal, era su sirena sobre la roca en medio del ajetreado mar…
Todo ocurrió muy rápido, la rubia nadaba tranquilamente cuando fue tapada por una enorme ola. – ¡Ino! – gritó Hinata llamando la atención de la otra pareja que estaba muy acaramelada en ese momento al igual que ella y Naruto. Yamanaka desapareció, Sai había salido corriendo ni bien la vio perderse en el agua y ya se encontraba nadando cual deportista olímpico hacia ella, a toda velocidad como todo un experto.
Los otros cuatro fueron a la orilla mientras veían como el pelinegro salía con la chica en brazos. Estaba inconsciente, al parecer la ola la había golpeado y arrastrado varios metros hacia el mar. El chico la recostó rápidamente en la arena y comenzó a reanimarla. No fue necesario hacerle respiración boca a boca debido a que la accidentada enseguida comenzó a expulsar el agua que había tragado, haciendo que los cinco que la rodeaban por fin soltaran el aire. Lentamente abrió los ojos y su vista se clavó en la persona que tenía en frente, en su salvador. – Parece que tu ángel guardián te salvó nuevamente – dijo sonriente la pelinegra. Estaba algo aturdida debido a lo que le había pasado, pero dirigió la mirada desde su amiga hasta el chico otra vez.
– ¿Por qué no mejor regresamos? – sugirió Sasuke.
– ¿Qué dices? – le preguntó Sai a la rubia, la cual asintió. – Muy bien sirena, creo que deberías descansar un rato. – Agregó ayudándola a ponerse de pie, recibiendo por parte de ella una sonrisa.
– Dime que tienes comida Teme – suplicó Naruto buscando en un armario.
– ¿Debería? Sabes que hace mucho no venimos – respondió fijándose en otro mueble. – Veamos… solo hay latas de comida, y alimentos no perecederos, era de esperarse.
– Cualquier otro tipo de comida se echaría a perder – le aclaró su novia al rubio.
Un rugido proveniente del estómago de éste lo hizo sonrojarse, provocando que los demás rieran. En ese momento hacía su aparición en la cocina cierta pelirrosa.
– ¿Cómo está Ino? – preguntó la otra chica.
– Está bien, Sai se quedó con ella.
– Me alegra de que la ayudara con el asunto de Deidara, la verdad es que este chico cayó como un ángel para ella, ese loco de su ex no la merecía.
Sakura hizo una mueca, pensando en qué tan peligroso podría ser aquel pelinegro si también pertenecía a Akatsuki. – ¿Sucede algo? – preguntó su amigo al ver el gesto que había hecho, provocando un sobresalto en ella.
– Nn-nada… – respondió, consciente de que más tarde le pediría las explicaciones correspondientes, pues él no se creería ese "nada". – Bueno… ¿qué comeremos? – cambió de tema.
Los otros tres se miraron. – Solo tenemos algunas cosas – informó su novio.
– ¿Harina? ¿Azúcar? ¿Huevos? – iban asintiendo a medida que preguntaba. – ¿Levadura?
El dueño de casa negó con la cabeza. – Polvo para hornear – repuso.
– Igual servirá. ¿Salsa de tomate?
El chico abrió la heladera para fijarse. – Sip – dijo enseñándosela.
– Debo creer que verduras no deben tener ¿no es así? Solo alimentos que puedan conservarse con el tiempo – concluyó, atándose el pelo mientras unos sorprendidos Sasuke y Hinata la miraban extrañados; Naruto por su parte sonreía, sabía lo inteligente que era su amiga, ella sabía analizar todo con detalle y usaba lo que tuviera a su alcance para hacer la mejor combinación.
– ¿Qué les parece si nos quedamos hasta mañana? – sugirió de pronto el Uchiha, mirando fascinado cocinar a su novia. – Más tarde se pone muy frío, pero hay suficiente abrigo como para soportarlo.
– Síii – exclamó su prima. – Hacía mucho no venía. Quiero quedarme un día más.
La pelirrosa dio un respingo, aquello la preocupaba, y el hecho de pasar la noche en un lugar tan apartado y con alguien en quien no confiaba para nada, le ponía los pelos de punta. – Iré a avisarle a los chicos que la comida estará pronta – avisó quitándose el delantal que se había puesto para hacer las pizzas.
– ¿Qué sucede? – susurró el rubio dándole alcance y tomándola del brazo.
Ella lo miró con preocupación. – Mm… no sé si sea buena idea Na… – Pero antes de que pudiera contestar, cierto pelinegro apareció en la parte superior de las escaleras.
– Iba a buscar agua para Ino – explicó.
– Íbamos a avisarles que pronto estará la comida, ¿por qué no mejor bajan? – Invitó Naruto. El chico asintió y dio media vuelta.
Minutos atrás… – ¿Ino? – llamó pasando una mano por delante de sus ojos. – ¿Ino? – "Está completamente dormida" pensó. "Es ahora o nunca". Se cercioró de que nadie estuviera cerca y trancó la puerta con cuidado de no llamar la atención. En ese momento aprovechó para buscar cualquier indicio de lo que necesitaba saber, creyó que no podía correr con mejor suerte, las pertenecías de las chicas estaban en esa habitación. Se lanzó rápidamente al bolso de la rubia y, tal como lo esperó: nada, solo cosas típicas que llevan las mujeres; luego buscó la cartera de la pelirrosa, que se encontraba cuidadosamente cubierta por una almohada… nada. No había absolutamente nada que le indicara que alguna de aquellas dos fuera lo que buscaba. De pronto una idea vino a su cabeza, "si es una persona entrenada definitivamente habría escondido el arma en algún lugar; sería muy idiota dejarla en un simple bolso" sonrió ante la idea y se lanzó rápidamente a buscar bajo la cama. Miró en los cajones, en todos los muebles, armario y nada; buscó en el baño, detrás de la cisterna, debajo de la pileta pero no había nada. Justo cuando se estaba por rendir "¿dónde ocultaría mi arma yo?" se preguntó mirando alrededor. Comenzó a repasar algunos lugares en los que había buscado, pero esta vez revisando si había algo pegado por debajo de los muebles o algo por el estilo. Y así fue, justo detrás del primer lugar que había mirado, atado al respaldo de la cama pero colgando hacia abajo, una pequeña pistola pronta para usarse. Sus ojos brillaron con intensidad "te tengo" susurró tomando rápidamente las huellas de aquel objeto. De pronto sintió pasos, corrió hacia la puerta luego de dejar todo como estaba y fingió normalidad. ¿Lo primero que se le vino a la mente? – Iba a buscar agua para Ino – explicó, sin poder evitar mirar con severidad a la chica que para él era su principal sospechosa, ya que una profesional no se ahogaría como la que en ese momento descansaba tranquilamente en la planta superior. No podía descartarlo, pero apostaba lo que fuera a que Haruno era la persona que buscaba.
Ya había anochecido y todos se encontraban comiendo cuando sonó el celular de Sakura haciendo que los presentes se sobresaltaran, pues era tarde como para que alguien le estuviera escribiendo. – ¿Quién podrá ser a esta hora? – Se preguntó, temiendo recibir algún mensaje inquietante de Shino o su tía. Miró el remitente, bajo la atenta mirada de su novio – ¿Sasori? – se extrañó.
– ¡¿Sasori?! – preguntó Uchiha alzando una ceja, evidentemente molesto. – ¿Qué quiere ese idiota tan tarde? – Expresó con un claro matiz de celos en su voz.
–Tranquilo Sasuke, solo seré su tutora para preparar una materia. – Dudó que hubiera hecho bien en mencionar eso en este preciso momento, sabiendo además, cómo lo vería su amigo. Este último se tensó, estaba segura de que no le iba a gustar la idea que estaba formándose en su cabeza.
– ¿Por qué tú? – preguntó el rubio.
– Ya basta chicos, solamente me pidió ayuda.
– Es verdad – apoyó su amiga – yo estaba cuando lo hizo. Vamos Sasu… no seas celoso.
– No sabía que te tomabas tan enserio el papel de hermano sobreprotector – bromeó Ino.
– Tsk.
– Basta, solo me pasó los temas que tiene que preparar. No le den tanta trascendencia.
– De acuerdo, pero a la primera que intente algo le rompo los dientes – dijo su novio.
– Tonto… – sonrió su chica.
– ¿No hubo mucha resistencia para que pasaran la noche aquí?
Hinata hizo una mueca. – Lo imaginé, no le dijiste a mi tío que tu novio se quedaba en la casa ¿cierto? – acusó el pelinegro.
– Él lo sabe.
Su primo la miró con sorpresa. – ¿De… de verdad? – Aún no lo podía creer. – Esto es grave, has embrujado a todos los Hyuga – agregó mirando a su amigo. – Hiashi nunca la dejaría pasar la noche con un chico que no fuera yo, mi hermano o el suyo.
Naruto se encogió de hombros, inocente – ¿Qué te puedo decir? La gente me adora Teme, no como a ti que eres un amargado. Jajaja… – El aludido le lanzó un almohadón del sillón en el que se encontraba recostado junto a su novia.
– Pues déjame decirte amigo, que este amargado se retira junto a su chica en este preciso momento.
– ¿Eh? ¿Pe… pe… pero a dónde van? – preguntó perplejo.
– Eso no es de tu incumbencia. – Dicho eso, tomó a Sakura de la mano y salieron de la casa.
– ¿Por qué no damos una vuelta nosotros también? La noche está preciosa. – Invitó Sai a Ino tendiéndole la mano para que la tomara, provocando así que un brillo que hacía días se había apagado en su mirada, resurgiera al verlo a los ojos. Ella aceptó su invitación y ni bien salieron, los chicos que quedaban cruzaron sus miradas, percatándose del especial clima que se había formado, solo para ellos.
– Parece que quedamos solos – dijo el rubio en voz baja, algo nervioso.
– Mn… – Hinata asintió, sintiendo el calor subir por sus mejillas mientras se perdía en sus brillantes ojos celestes que parecían querer devorarla. Él provocaba que todos sus sentidos incrementaran y que su corazón se acelerara queriendo salirse de su pecho.
Su novio sonrió enternecido y colocó una mano en su mejilla, estaban sentados sobre la alfombra y cojines que había esparcidos por el suelo, al lado de la mesita del living, donde minutos antes se había llevado a cabo la cena. – No te haces una idea de todo lo que te quiero – le susurró rozando sus labios.
– Na… Naruto… – suspiró, pero el chico acortó la distancia que separaba sus rostros, dándole un tierno beso, suave, lento, saboreando solo sus labios, jugando con el placer que los empezaba a invadir. La chica solo cerró sus ojos y se dejó hacer. Un suave mordisco en su labio inferior fue la señal para el siguiente paso, su boca se abrió dejando entrar la lengua del chico que comenzaba a danzar junto a la suya en una perfecta sintonía. Sus temperaturas corporales aumentaban y sus pechos subían y bajaban cada vez más a prisa. Un suspiro por parte de ella, ahogado en su cavidad bucal la hizo observarla, con fascinación. Hinata había enredado sus dedos en los cabellos rubios, lo disfrutaba tanto como él, esa cercanía, esa tranquilidad que tenían, allí los dos solos; esa íntima conexión que habían generado los hacía olvidarse por completo del mundo exterior. Estaba seguro de que esa chica era su ángel, su seguridad en medio de la guerra, un ancla que le evitaba ir a la deriva, su vida.
Volvieron a unir sus labios, pero la ternura fue dejando lugar a la pasión, haciendo que el beso comenzara a tornarse desesperado ante el anhelo del otro. El rubio fue inclinándose cada vez más sobre ella hasta que quedaron acostados sobre los almohadones. Sus cuerpos quemaban y las manos traviesas de él comenzaron a recorrerla con suaves caricias. Un gemido salió de la chica al sentir una mano al costado de su vientre, eso fue suficiente para desearla aún más, si es que aquello era posible. Comenzó a besar su mentón, siguiendo un camino hacia el cuello. Cada contacto de su boca con esa suave y tersa piel era único, saboreaba cada centímetro que tocaba; besó su clavícula, volvió por el cuello hasta su oreja… – Te, te amo – le susurró al oído, para luego volver a sus labios, mientras seguía robándole suspiros de placer.
– Na… Naru yo… – titubeó, entre besos, sucumbida en el goce. Quería continuar, en verdad lo ansiaba, pero su razón se interpuso al deseo.
– Ssshh… Lo sé princesa – besó su frente. – Te esperaré el tiempo que sea – le sonrió.
Hinata no pudo evitar agrandar su mirada ante aquellas palabras, sus ojos brillaban… – Te amo – escapó de su boca, casi sin pensarlo. Estaba completamente segura de ello, no había marcha atrás, se había enamorado perdidamente de Naruto Namikaze.
– Vamos, es por aquí. – Habían estado caminando de la mano descalzos por la arena cuando el Uchiha de repente decidió llevarla a un lugar en específico.
– ¿A dónde vamos?
– ¿Confías en mí? – La chica asintió, segura de ir con él. Caminaron unos cinco minutos más por la playa (habían salido de la casa rumbo a la izquierda) y cruzaron lo que parecía ser la desembocadura del bosque en la misma.
– Sasuke esto es… – pero no pudo terminar de quejarse de los matorrales que la rodeaban y le impedían avanzar con fluidez, o de los bichos que habría que le daban escalofríos.
– Mi lugar favorito en el mundo – terminó él sonriente, ante la deslumbrada mirada de su novia. – Hermoso… – susurró, con cierto brillo en los ojos admirando ese paraíso natural. – ¿Qué es… este lugar? – Sakura apenas había conseguido formular palabra, nunca antes había visto algo parecido y sin embargo un sentimiento de nostalgia pura la embargaba. La última espesura de bosque que habían cruzado, resultaba ser una especie de cortina que cubría aquel claro, donde en el medio se hallaba una pequeña laguna, que recibía el flujo constante de agua desde una altura más alta, formando así una cascada. ¿Cómo no había reparado en el ruido del agua caer? Se preguntó por un momento, la verdad era que iba tan ensimismada en evitar una posible aterradora araña que nunca puso atención en eso. En el centro de la laguna había un montículo de tierra, como si fuera una isla, con un árbol hermoso, idéntico a su parecer al de Wisteria de ciento cuarenta y cuatro años en Japón.
– Es aún más viejo que el que todos conocen – aclaró leyéndole el pensamiento.
Las luciérnagas adornaban el lugar, haciendo parecer que el árbol tuviera brillo propio. Todo ese lugar parecía tenerlo, las luces de esos insectos y las estrellas, al igual que la luna creciente se reflejaban en el agua, dándole un aspecto casi mágico al claro. – Cuando era chico y me encontraba muy deprimido, éste era el único lugar que me calmaba – prosiguió. – Lo había encontrado de casualidad en unas vacaciones después de mudarnos y desde ese momento no pude dejar de venir. Mi madre ya sabía de su existencia, es más, ella también solía venir, ama este lugar tanto como yo. – La pelirrosa escuchaba atenta, nunca pensó que su novio se abriría de aquella forma con ella y eso le encantaba. Sasuke definitivamente era especial, hacía que su corazón latiera a ritmos insospechados y que el calor se generara con fuerza en su pecho. – Recuérdame enseñarte algo cuando volvamos, ahora de noche no lo podemos ver.
– ¿Qué…? – quiso preguntar. Pero su novio negó con la cabeza.
– De esta forma tendremos una excusa para volver. – Aaahh, vamos… – se quejó. – Al menos dime qué es. Sasuke… – reclamó atención. – ¿Por qué lo arruinas? No puedes dejarme con la intriga, quero saber ahora. – El chico sonrió entre enternecido y divertido ante su forma infantil de actuar. Ella arrugó el ceño e infló las mejillas, aparentemente molesta. Se cruzó de brazos, como ofendida – Eres un… – y él simplemente no aguantó más, no pudo resistirse a su ternura, calló sus palabras con un beso y la rodeó por la cintura, atrayéndola hacia sí. – Tramposo – susurró sobre sus labios cuando la falta de aire se hizo presente.
Le devolvió esa sonrisa ladina tan sensual propia de su persona, esa sonrisa que la hacía flaquear. – Vamos… – dijo tomando su mano. – Se pondrá más fresco aquí.
Entraron sigilosos a la casa, dando por hecho que sus amigos estarían dormidos. Pero no imaginaron encontrarse con aquel escenario. La cara de Sasuke se transformó en una de completa incredulidad y molestia al ver a su prima acostada con el rubio en el sofá del living. Él la abrazaba tiernamente por la espalda. Avanzó con instinto de perro guardián protegiendo a su manada, dispuesto a separarlos pero la mano de su novia lo detuvo... – Ssshh... Déjalos... Mira que tiernos... – susurró admirándolos. – Trae algo para cubrirlos – seguía hablando bajo para no despertarlos. Su novio caminó a la recamara de la planta baja y apareció con un enorme acolchado. Frunció el ceño al mirarlos, claramente no le agradaba esa situación; la pelirrosa sonrió acercándosele. – Dame eso – le dijo arrebatándole el abrigo para tapar a sus amigos. – Hinata ya está grandecita ¿no crees? – agregó divertida.
Aquellas palabras lo hicieron salir de su ensimismamiento. Sonrió y tomó a Sakura por la cintura – no es la única – insinuó, provocando que la chica se tensara. – Quédate conmigo esta noche. – Pudo ver el nerviosismo en ella y algo de miedo reflejados en sus ojos. – Solo quiero dormir contigo – aclaró. Como respuesta recibió una mueca, algo que lo hizo reír, quizá más de lo que hubiera querido, solo no pudo controlar la ternura que le provocaban sus gestos. – No es que no quiera estar contigo, puedo esperarte Saku. Sé que aún no es el momento, pero hace frío y ellos me dieron envidia… – bromeó, para darle confianza; lo cual logró, pues ella sonrió y accedió a pasar la noche con él, sellando su respuesta con un corto beso en los labios.
– Iré por mis cosas. – Subió las escaleras, ya en calma pero ansiosa, no quería separarse de Sasuke y la idea de dormir con él le gustaba demasiado. "¿Dónde estarán los otros dos?" pensó, antes de caer en la cuento del posible peligro. Apresuró el paso rumbo a la habitación en la que se habían cambiado, abrió la puerta y nadie, completamente vacío. Se dispuso a buscar en las habitaciones restantes; abrió la primera puerta: nada; cuando abrió la segunda un suspiro de alivio salió sin proponérselo. – Lo siento – se disculpó, apenada por interrumpir. Los chicos se encontraban recostados en la cama mirando una película y comiendo palomitas.
– No hay problema. ¿Te nos unes? – preguntó la rubia con la boca llena.
En respuesta negó con la cabeza. – Deberías dejarle algo a Sai, ¡cerda! – peleó. Su amiga le lanzó un almohadón que dio de lleno contra la puerta que pudo cerrar justo a tiempo. Ese chico la había hecho desconfiar, pero no pareciera que fuera a ocurrir nada, su amiga sonreía al fin después de tantos días, eso era lo más importante.
Se dirigió a retirar sus cosas a la habitación que les había asignado su novio para ellas. Se dio ánimos al recordar que la pistola la había dejado fuera de su cartera, puesto que si era verdad que Sai no era quien decía ser, no podía facilitarle encontrar algo que la descubriera. Tomó su bolso y justo cuando se estaba acercando a la cama… – Señorita Haruno – escuchó una voz sumamente seductora. Volteó a verlo, sus ojos brillaban con pasión mientras su postura de pantera a punto de atacar se mostraba una vez más en él. – ¿Cómo se atreve a hacerme esperar tanto su anhelado cuerpo y alma?
Sakura sonrió. – Estás loco ¿lo sabías? – Ya tendría tiempo mañana de guardar su arma. Avanzó hasta su novio y se dejó guiar por él que ni bien la tuvo a escasos centímetros la tomó en brazos para guiarla hasta su habitación.
Se había despertado alrededor de las diez de la mañana y al ver todo en calma decidió bajar a la playa. Era más fuerte que ella, aquel paisaje era tan puro que la llenaba de paz y tranquilidad, si pudiera elegir se quedaría a vivir allí mismo. Definitivamente era su nuevo lugar favorito, claro, eso sin contar todo lo que había vivido con Sasuke la noche anterior y el lindo día compartido con sus amigos. Se paró en la orilla, dejando que el agua tapara sus pies y que el viento jugara con su cabello y la remera que su novio le había prestado para usar de pijama, solo que había sustituido la ropa interior de la noche por la maya que se había comprado. Cerró los ojos y se dejó acariciar por la brisa, sonrió al ver que dos brazos la rodeaban, uno desde el hombro y otro por su cintura. El aroma de su novio se impregnó por sus fosas nasales mientras él apoyaba el mentón en su hombro y le daba un tierno beso en el cuello.
– Buen día mi lady. ¿Es tan amable de decirle a su príncipe por qué no la vio en sus aposentos al despertar? – fingió nobleza, provocando que su novia no pudiera evitar reír.
– Solo ansiaba ver el mar por última vez antes de irnos mi señor – le siguió el juego, haciendo que él también sonriera, el "mi señor" lo había hecho sentirse orgulloso y honrado.
– La próxima vez que planee un escape semejante, avísele a su futuro rey mi lady – concluyó mientras la giraba para quedar de frente y besarla apasionadamente. Ese fin de semana resultaba tan irreal que todos sus problemas y preocupaciones parecían haber quedado en la ciudad. Pero contrario a lo que todos querían, debían bajar a tierra y volver a la realidad, Akatsuki estaba al acecho y al día siguiente tendrían que volver a la vida en la secundaria.
– Voy al baño, no me tardo – dijo al recordar que debía guardar cuanto antes su pistola. Salió a toda velocidad rumbo a la recámara en donde había dejado su arma. – Quédate aquí – le ordenó al atónito chico, que no entendía su reacción. – Emergencia femenina – se excusó con una sonrisa, girando hacia él apoyada en la baranda a mitad de la escalera, es que literalmente: había salido corriendo. – ¿Por qué no mejor los despiertas para desayunar algo? – sugirió al ver que planeaba seguirla. "Tonta, tonta, tonta" se castigaba mentalmente. "Debí buscar la forma de llevarla conmigo". Se dirigió directo hacia donde la había dejado y el pánico la invadió al ver que no estaba. Buscó mejor "Naruto" trató de tranquilizarse, "eso es, Naruto la debe haber tomado por precaución. No, es ridículo ¿por qué lo haría? Además, no sabía dónde estaba…". Buscaba justificativos que la tranquilizaran, una razón viable de por qué aquel objeto no se encontraba en su lugar, estaba segura de que la había dejado ahí, no la había cambiado de sitio.
– ¿Buscabas esto? – Tuvo que reprimir un grito cuando escuchó esas palabras, que la hicieron saltar, quedando de frente a la puerta de entrada a la habitación para mirar al interlocutor. Estaba petrificada. Sai estaba apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa ladina, triunfal, jugando con su pistola, haciéndola girar alrededor de su dedo que estaba puesto en el gatillo.
– ¿Quién eres? – atinó a preguntar, seria y en guardia, aunque en realidad estuviera desprotegida contra un arma de fuego a esa distancia. Además lo había visto pelear, en caso de que se acercara no le resultaría tan fácil quitársela. Analizaba rápidamente toda la situación, viendo sus posibilidades.
El pelinegro negó con la cabeza y avanzó lentamente hacia ella. – Eres muy astuta Haruno, pero no estás en posición de hacer preguntas. ¿Cuánto tiempo llevas detrás de Hyuga?
Sakura solo lo miraba acercarse mientras seguía jugando con su pistola. – ¿Qué quieres? – preguntó furiosa, sosteniéndole la mirada.
– Esa actitud tuya es muy mala. Deberías corregirla – agregó haciéndole una llave por el golpe que había atinado a darle la chica. En cuanto se percató de su intención, tomó su brazo y la giró estrellándola de cara contra la pared y se apoyó con fuerza sobre su cuerpo para hablarle al oído. – Espero que de esta forma entiendas en qué posición estás – explicó, haciendo presión en su brazo, produciendo un leve gemido por parte de ella. – Así me gusta – sonrió. – Quiero que te alejes de ellos.
– ¿E… ellos? – el pelinegro volvió a hacer presión dándole a entender que estaba seguro de que ella sabía perfectamente a quienes se refería y un leve quejido se volvió a escuchar. – Ni lo sueñes – desafió, dándole un cabezazo que rompió su nariz, haciéndolo retroceder.
– Estás muerta – escupió furioso, haciendo presión en la zona afectada.
