Salió un nuevo capítulo, espero disfruten de leerlo tanto como yo de escribirlo.

CAPÍTULO 14 – PELEAS

– Estás muerta – escupió furioso, haciendo presión en la zona afectada.

– Chicos… ¡Sai! ¿Qué sucedió? – preguntó alarmada la rubia yendo rápidamente a socorrerlo al verlo sangrar.

– Nada linda, – sonrió falsamente. – Cuándo iba a salir, Saku entraba y me chocó sin querer con la puerta.

La pelirrosa lo miraba atenta, preparada para lo que sea que tuviera planeado. – ¿E… estás seguro de que estás bien? – escuchó decir a su amiga.

El chico asintió para tranquilizarla. – No es como si nunca hubiera recibido un golpe antes – bromeó.

– Creo que deberíamos volver. Ya hemos disfrutado bastante de este paraíso – interrumpió Sakura.

Ino suspiró derrotada, ella tampoco quería que se terminara su estadía en ese lugar con ese chico que prácticamente la había hecho olvidar a Deidara. – Ven Sai, debemos cortar esa hemorragia – dijo saliendo de la habitación seguida por el aludido, quien descargó el arma de la agente con la mano que tenía libre, se la arrojó a la cama para que no hiciera ruido y se quedó con las municiones.

De la misma forma en que habían ido a esa casa en la playa, volvieron a la ciudad, la rubia con el chico que había recibido un golpe en la nariz y las otras dos parejas en el auto de Sasuke. La única diferencia era que la chica de ojos jade le había implorado a su amiga que le avisara en cuanto llegara. – No seas paranoica – le había dicho ésta. – No todos son como mi ex, Sai es bueno, lo sé.

– Solo… ve con cuidado ¿sí? No te apures con él, no quiero que vuelvas a sufrir. Promételo.

– Eres una amiga muy sobreprotectora ¿lo sabías? – preguntó abrazándola, provocando que ambas sonrieran.

– ¡Amor de chicas! – exclamó Naruto interrumpiendo la escena, uniéndoseles en la muestra de afecto. – ¡Qué lindas!

– ¿Qué hacen? – Una dulce voz sonó en el lugar, haciendo que el rubio soltara a las amigas, algo nervioso.

– Hi… Hina… – En ese momento todos comenzaron a reír por la expresión de culpabilidad del chico, no quería que su novia pensara algo que no era. Pero la pelinegra confiaba plenamente en él y por ello no pudo evitar sonreír cuando vio cómo se había exaltado al oírla.

– Bueno ¿vamos? – sugirió Ino ansiosa ya de volver a su casa. – Hasta pronto – se despidió subiendo a la motocicleta del pelinegro. – Te veo mañana en la preparatoria mamá – agregó con burla.

– ¡Esto es un asco! Él sabe quién soy. ¡¿Cómo pudimos ser tan ciegos?! Todo este tiempo estuvo tras ellos y no lo vimos. – Vociferaba una alterada pelirrosa en la base.

– Cálmate Sakura – se impuso firme Kakashi.

– ¿Qué haremos? – preguntó Naruto.

– De momento solo sean prudentes y traten de no estar tan cercanos para evitar que sospeche de ti también.

– ¿Qué tal si ya lo sabe?

– Puede que lo crea posible, pero aún no tiene nada certero. Deben tener mucho cuidado. Especialmente tú – agregó, señalando a su subordinada. – Como ya dijiste, saben quién eres, así que no solo deberás cuidar la espalda de Uchiha, sino también la tuya, ¿entendido? – la escrutó con la mirada por conocer exactamente como era la chica, pero ésta asintió con confianza. – Shino ¿pudiste averiguar algo de Takahashi?

– Nada señor, es un fantasma. Takahashi Sai no existe en la base de datos de nacimientos de ninguna ciudad del país.

– Entiendo… – dijo pensativo, con una mano su el mentón.

– Hay algo que yo no. – Irrumpió de pronto la voz de la única fémina de la habitación, provocando que los presentes, excepto Hatake que aparentemente pensaba igual, la miraran confusos pero expectantes, pues siempre los guiaba por buen camino en las investigaciones. – ¿Cómo es posible que no haya nada? ¿Qué ni si quiera se pueda conectar su nombre de pila con una identidad como en los otros casos? Eso es extraño. – Kakashi asintió y los demás concordaron con ellos.

Dieron por finalizada la reunión pero antes de marcharse tres de los jóvenes se quedaron conversando. – ¿Cómo sigue Tenten? – le preguntó Naruto a Lee, pues el chico era más cercano a ella y estaba al pendiente.

– Una de las costillas perforó el pulmón, pero se está recuperando – respondió algo triste.

– ¿Lo ven? Esto es un desastre – habló casi para sí misma. – Estamos haciendo las cosas mal. Ten en el hospital, Akatsuki acechando, una de mis amigas con un maldito psicópata y yo descubierta… Tonta, tonta, tonta – se reprendió, dándose golpecitos en la frente.

– Tranquila jade, ya lo resolveremos – habló cariñosamente el pelinegro tomándole la mano para que no siguiera agrediéndose. – Nuestra compañera está viva, eso es lo importante.

El domingo por la noche en otro lugar, un pequeño grupo de personas se hallaba reunido. – ¿Por qué no nos dejó atacarlos en esa casa?

– Es verdad, en medio del bosque no hubieran tenido escapatoria.

– No quiero a dos chicos al mismo tiempo, necesito que Fugaku y Hiashi se desesperen, que teman cada vez más por la seguridad de sus hijos. Además no es seguro, prefiero persuadir primero a uno y si eso no funciona probar con el otro, sería muy complicado secuestrar a dos muchachos al mismo tiempo.

– De ese modo hubiera sido una masacre – agregó otro concordando con su superior.

– ¿Qué es mejor, secuestrar a Uchiha o ir por algún Hyuga?

– Iremos por el primero que quede a nuestro alcance – concluyó con aire siniestro.

– ¿Cómo están chicas? – Naruto había aparecido por detrás de su novia abrazándola por encima de los hombros y apoyando su barbilla sobre el cabello de la chica. Acto seguido, se sentó a su lado y la besó apasionadamente.

– Bueno melosos, los veo en clase – se despidió su amiga poniéndose en pie. Iba por el pasillo rumbo al salón cuando escuchó a Sasori en un aula vacía hablando en voz baja por celular. Se quedó en silencio, con el oído agudizado para poder escuchar. "Aún no es momento... Sí, sí como digas..." agregó enfadado antes de cortar. En ese momento Sakura no dudó en llevar a cabo la idea que se le había ocurrido días atrás mientras tomaba una ducha, era el momento perfecto para poner en marcha su plan, – ¿Sasori? ¿Te encuentras bien? – preguntó con cautela fingiendo preocupación al ver su abatido rostro.

– ¿Ha… Haruno…? – se extrañó. – Sí, gracias por preguntar.

– Bien – le sonrió. – He querido buscarte para confirmarte que podemos empezar cuando quieras, ya tengo claros los temas y estuve controlando mis apuntes, ahí tengo todo resumido así que puedo ayudarte.

– ¿Uh? Oh… sí, la verdad es que estoy un poco perdido – dijo sonriendo. – Espero no haberte causado problemas con el mensaje de la otra noche – se disculpó. – No fue mi intención, cuando me percaté de la hora ya lo había mandado – excusó.

La chica negó con la cabeza. – No te preocupes pero solo procura ver la hora la próxima vez – bromeó. El pelirrojo parecía haberse salido de su papel de galán y ser él sinceramente, pero no podía dejarse engañar, además a lo mejor estaba abatido por problemas con su misión, ya que en Akatsuki eran conscientes de que Hinata tenía vigilancia y era probable que sospecharan que Sasuke también. "¡Rayos!" pensó, en realidad también sabían quién era ella, realmente había enloquecido por hacer lo que estaba haciendo. ¿En qué diablos estaba pensando para arriesgarse de semejante manera? Cierto, solo pensaba en terminar toda aquella porquería de A-K-T-K y proteger a los suyos. Debía actuar con cautela y por ello sabía que mostrar mucho interés de golpe sería sospechoso. – Bueno, nos vemos luego – se despidió sonriente saludándolo con la mano.

Tenía que informarle a alguien lo que había escuchado y cuáles eran sus planes a partir de ahora. Ellos estaban al tanto de quién era ella pero sacaría ventaja de eso, puesto que lo que ignoraban era que ella sabía perfectamente en qué situación se encontraba. "Aún no es momento" había dicho Akasuna, era seguro que esa maldita organización estaba cada vez más cerca de su siguiente golpe, de modo que no podía quedarse quieta. Era casi seguro que Sasori trabajaba para los terroristas de la nube roja, todas las pistas apuntaban a que era el titiritero que mantenía a Deidara a raya en la Secundaria, así que aunque el pelirrojo se convirtiera en su víctima si resultaba ser inocente, Sakura sabía que no podía desaprovechar el hecho de que él mismo había sido el que se acercó a ella. Más allá de la protección de su amiga o de Sasuke, o la liberación de su padre, deseaba ponerle fin a Akatsuki salvar a la gente que había sufrido o estaba sufriendo por culpa de esos malditos sin escrúpulos.

Milagrosamente el profesor de la próxima clase ya se encontraba en el salón. – Sensei – le dijo disimulando. – Necesito que me aclare una duda del trabajo que mandó – siguió. Ambos se miraban cómplices, actuando en todo momento sus papeles.

Kakashi comprendió que la chica debía trasmitirle algo y extendió una mano a la carpeta que ella le entregaba. – ¿Tuviste problema con algún ejercicio Haruno?

– No pude terminar el ejercicio ocho ni el nueve. – (ochocientos nueve era el código que habían acordado por si surgían novedades de alguno de los sospechosos).

– A ver... veamos – dijo para sí el peligris abriendo la carpeta de la chica. Comenzó a explicar el ejercicio, mientras observaba una sombra detrás de la puerta, en realidad trazó "¿quién?" en un papel.

Fingiendo escribir lo que no entendía del otro ejercicio, explicando por qué supuestamente se trancaba al intentar resolverlo, respondió " " "cl" " " ("Sasori Akazuna", "celular", "yo plan") eran las abreviaciones que había escrito la chica, cosa que preocupó de sobremanera a su superior, principalmente la última parte, algo no le daba buena espina. Los genios se entendían, ambos eran brillantes para los mensajes en código, además muchos eran básicos y se los enseñaban en la Academia Ninja. – Cielos, no puedo creer que me estancara con algo así – agregó finalizando su actuación al tiempo que entraban algunos de sus compañeros. – ¡Gracias profesor! – terminó satisfecha. Acto seguido, fue a su asiento para que la clase comenzara.

Los tortolitos se separaban intercambiando miraditas. – ¿Dónde está Ino? – preguntó al fin Hinata extrañada.

– ¿Yamanaka? – preguntó Kakashi pasando lista cuando llegó a ella.

– Aquí estoy profe – dijo entrando a toda velocidad, sonriente. – Siento la demora – agregó yendo a su asiento. Sakura, que se había sobresaltado por la pregunta de su amiga, volvió a respirar al ver a la rubia entrar seguida de Sai.

Cuando estaban saliendo del aula un mensaje hizo sonar el móvil de la joven agente, a lo que su novio, que caminaba junto a ella, frunció el ceño observándola. La chica no esperó a que la abordara y respondió sin que él formulara su pregunta en vos alta. – Solo es Sasori. Debemos coordinar las clases de tutoría – explicó, con una mirada algo abatida. Realmente le resultaba incómoda la situación y por nada del mundo quería hacer aquello, pero era consciente de que era lo mejor para él, para todos. Era la única forma que se le ocurría en ese momento de acercarse a Akatsuki y no la desaprovecharía aunque se enojaran con ella. – Entiende Sasuke, es solo estudio. No puedo rechazar una tutoría.

El aludido alzó una ceja encarándola. – ¿No puedes? Claro que puedes delegar si justificas.

– ¿Y de qué manera se supone que argumente? ¿Por qué no podría ayudarlo? – increpó, algo molesta por la autoridad que él le exponía.

– Tsk. Olvídalo – dijo dándose media vuelta y marchándose rumbo al comedor.

– Lo siento Sasu – expresó para sí, triste, convencida de que no podría hacer lo contrario. En ese instante fue alcanzada por sus amigas.

– ¿Está todo bien? – preguntó la pelinegra. La ojijade por su parte solo se limitó a asentir antes de comenzar a caminar junto a ellas.

– Haruno. – Una voz de hombre la hizo parar en seco.

– Adelántense chicas, las veo en un momento.

– Por favor, solo llámame Sakura, Akazuna.

El joven sonrió. – Ok, ok, ya entendí. Suena horrible que te llamen por tu apellido. ¿Ibas a almorzar?

– Sí, pero no te preocupes, ¿puedes…?

– De eso nada, vamos. – La interrumpió, tomándola de la mano para ir a la cafetería.

– Sasori aguarda, no creo que sea buena idea… – demasiado tarde, en ese instante entraban al gran salón bajo la atenta y furiosa mirada de un Uchiha prácticamente en llamas. La pelirrosa tragó grueso cuando sus ojos se cruzaron con los de él y no pudo evitar dar vuelta la cara. Una vez más debía recordarse a sí misma el motivo por el que hacía todo aquello.

– Oh… Lo siento – dijo con culpa fingida el pelirrojo, con una media sonrisa triunfal que ella no llegó a ver pero su novio sí. – No sabía que era tan celoso.

– Simplemente tiene que entenderlo – contestó sin darle importancia sirviéndose su almuerzo. La verdad era que quería correr hacia él y contarle toda la verdad, le dolía el pecho y sentía unas enormes ganas de llorar. No quería perder a Sasuke, cielos, lo amaba, estaba perdidamente enamorada de él y por culpa de esos malditos bastardos lo estaba haciendo sufrir. Odiaba su situación, maldecía mil veces por dentro, pero lo entendía, no podía echarse para atrás aunque lo quisiera, no ahora. Solo le quedaba esperar que él confiara en ella, que no comenzara a dudar.

Se sentaron en una mesa bajo la atenta mirada de todos. Las chicas rápidamente le restaron importancia, al igual que Choji, Shikamaru y Kiba que continuaron su charla animadamente. Sai, que había comenzado a sentarse con ellos los escrutaba con la vista, atento a cada movimiento y gesto de ambos; pero Naruto, su mejor amigo y Gaara miraban a esos dos con un evidente enojo. "¿En qué rayos estás pensando?" se preguntó el rubio apretando fuertemente los puños.

– Creo que te están serruchando el piso Uchiha – bromeó el castaño poniendo una mano en su hombro como dándole ánimos, solo para molestarlo. Pero se retiró rápidamente, como si esa extremidad hubiera tocado fuego al ver la expresión asesina del pelinegro.

– Mi primo es un idiota – dijo con rencor el pelirrojo, llamando la atención de los presentes.

– ¿Pri… primos? – preguntó de pronto el rubio. Claro, que tontos habían sido. ¿Cómo se les pudo escapar ese detalle? Tenían el mismo apellido, sus facciones eran similares… y Gaara era su amigo, eso podría servir de algo. El chico asintió y la nueva pregunta que se había formulado en la cabeza del chico de ojos de cielo fue planteada por uno de sus compañeros.

– ¿Por qué si es hermano de Karín tienen diferentes apellidos? Siempre se lo preguntaba a ella pero me evadía el tema.

El pelirrojo suspiró derrotado, – es una larga historia – se limitó a decir. – Mi tía escapó de él y el hermano de mi padre cuando mis primos aún eran pequeños y decidió ponerle el apellido de ella para ocultarla hasta que fuera un poco mayor. – Sasuke se levantó de su asiento y salió de aquel lugar, no quería seguir viendo la escenita de su novia almorzando con otro. – No sé bien que pasó, solo sé que mi tía les tenía bastante rechazo y siempre decía que eran unos malditos retorcidos.

– Debe ser algo verdaderamente aterrador para que alguien hable así de su propio hijo – comentó Hinata.

– ¿Qué podría ser tan espantoso? – preguntó Ino curiosa. Todas las miradas se centraban en el chico de ojos verde agua, todos querían saber.

– Solo son rumores – dijo restándole importancia.

Por fin las clases de ese día finalizaban, no sabía dónde se encontraba su novio, puesto que el pelinegro se había saltado las clases de la tarde y eso la preocupaba. Le mandó un mensaje, intentó llamarlo, pero nada. Le escribió a Shino para que lo buscara en las cámaras, no podría permitirse volver a tener un descuido semejante por estar con Sasori, de ninguna manera. Para su suerte el pelinegro se había quedado entrenando en las canchas y ella agradecía aquello más que nada, que él estuviera bien era lo más importante, así que decidió que lo mejor sería hablar y darle la seguridad que necesitaba. Fue a buscarlo a donde le dijo su compañero que estaba. Caminaba lentamente por las gradas mientras lo observaba encestar una y otra vez, tomó asiento, aguardando. – ¿Vas a quedarte mucho rato ahí observando? – preguntó el chico sin cambiar su atención de la pelota de basquetbol. La pelirrosa no respondió, en cambio se acercó a él y le extendió las manos para que le pasara el balón. Cuando lo tuvo, lo lanzó hacia el aro, encestando así un triple perfecto. Su novio la miró asombrado. – Eres buena. Prueba otra vez. – Volvió a lanzarle aquel objeto.

– No fue suerte si eso es lo que estás pensando – respondió altanera, haciendo que él sonriera de medio lado, orgulloso de la novia que tenía. Y ahí estaban los dos nuevamente, armoniosamente acoplados, disfrutando del juego, tranquilos. Parecía que todo lo sucedido horas atrás había sido algo irreal y ficticio que nunca había existido. – ¿Sabes que no pasa ni pasará nada con Akazuna cierto? – Tenía que aclarar las cosas si no quería perderlo, no quería que el dudara de su amor.

El pelinegro se tensó al oír ese apellido pero no podían escapar al tema aunque quisieran, debían hablar. Él la miró y luego volvió a lanzar el balón.

– Ese tipo no me gusta nada.

La chica suspiró. – A mí tampoco…

Sasuke parecía confundido, pero debía admitir que esas palabras le habían agradado. – ¿Entonces por qué simplemente no delegas? Puedes alegar que no te sientes cómoda con él y listo – sugirió acercándosele.

Su novia hizo una mueca. – No es tan simple, la tutoría me serviría para mi promedio final.

El chico lo pensó un momento, frunció el ceño. – Tienes un excelente promedio – rebatió.

– Sasuke por favor, debo hacerlo. Sé que no lo entiendes pe…

– No, no lo entiendo. ¿Quieres hacerlo?

– No, pero…

– Entonces no lo hagas – terminó tajante.

– Debo hacerlo – la chica estaba casi al borde de las lágrimas, deseaba más que nunca contarle toda la verdad, decirle quién era ella en realidad.

– ¿Por qué? – su voz sonó firme, exigente. Quería un motivo lo suficientemente fuerte como para justificar que ella no pudiera negarse a ayudar al pelirrojo, y lo quería ya.

– Yo… – titubeó. – Yo… no puedo decírtelo. – El chico soltó un gruñido de frustración y lanzó la pelota fuertemente contra el suelo, haciéndola picar lejos. – ¡Tienes que confiar en mí! – casi imploró. – Te aseguro que te contaré todo en cuanto me sea posible.

– ¡¿Que confíe en ti?! – gritó el pelinegro. – ¿Por qué lo haría? Tú no estás confiando en mí ahora ¿por qué yo habría de hacerlo?

La pelirrosa bajó la mirada, abatida, con las lágrimas acumuladas en sus ojos jade. – Po… porque yo…

– No. Basta, no quiero oír más. Me largo, se terminó.

Levantó su mirada, aterrada mientras lo veía marchar. – Sasuke… – sollozó desplomándose de rodillas al suelo abrazándose fuertemente el pecho para evitar que los fragmentos de su corazón destrozado cayeran. La opresión en su pecho la dejaba sin aire, una vez más perdía lo más amado por ella, una vez más se quedaba sola. La sensación de perder a su madre cuando murió, a su padre, y a sus amigos cuando tuvo que irse con sus tíos le pasó por encima, uniéndosele a la desesperación de ese momento; se sentía caer en un pozo nuevamente, un pozo oscuro y sin fondo...

– ¿Sakura? – Escuchó a lo lejos que alguien decía su nombre. – ¿Sakura estás bien? – ¿Quién era? No reconocía aquella voz pero no tenía más fuerzas para luchar, había perdido a Sasuke.

– ¿Sa… Suke? – susurró. Pero no, no era su amor; hubiera reconocido su voz en cualquier circunstancia. Su pecho partido en mil pedazos y la angustia que no podía controlar la habían dejado débil, haciéndola caer absorbida por la oscuridad, quedando inconsciente.

Quiero agradecerles a todos los que siguen la historia. AkimeMaxwell, cinlayj2, jbadillodavila y carmen, muchas gracias por sus alentadores comentarios.