Holaaa! LLegó uno laaargo...

Espero que lo disfruten, me costó escribir las escenas y hay detalles que no me convencen mucho pero en definitiva creo que el producto final es bueno.

CAPÍTULO 18 – LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA.

Esa tarde fue llamada desde la base y felicitada personalmente por Hashirama Senju después de darle el producto de su investigación a su tía. Al parecer había conseguido un par de direcciones claves que no tenían, entre otra información sumamente relevante para ellos. Según los mails descifrados planeaban un atraque grande a la escuela desde hace semanas y en los mismos había detalles sobre las armas que tenían bajo su poder, venenos y explosivos que pensaban utilizar; eso, además de comentarios sobre algunos planes frustrados, como el secuestro de Hinata Hyuga o la separación de ella y Sasuke para poder atraer al chico indefenso y en lo posible sin vigilancia.

Se metió al baño a darse una ducha entre el mar de pensamientos que la azotaban. Dejó correr el agua caliente pensando en su avance, en que había merecido la pena su sacrificio si de esa forma podían desbaratar algunos de sus propósitos, pensando en ese chico de mirada oscura, profunda y sumamente desesperada que horas atrás le había pedido perdón y le había dicho que la amaba. Hubiera dado cualquier cosa por darse vuelta, abrazarlo y corresponderle; pero su trabajo aún no terminaba y con Sai apoyándolos no podía desaprovechar la cercanía que había generado con Sasori, solo ella podría seguir sacando provecho de ello por más que lo detestara. Salió del baño envuelta en una toalla, como si todo el peso que había estado sobre sus hombros todo ese tiempo estuviera haciendo presión, haciendo estragos en su cuerpo, aplastándolo contra el suelo, oprimiéndola y quitando sus ganas de levantarse. Con la mente aún en el motivo principal de su angustia se dejó caer de espaldas en su cama. "¿Qué diría Sasuke si se enterara? ¿Pensaría que se acercó a él por su misión?" No, él veía el amor que sus ojos le profesaban ¿o no? No podía decirlo con exactitud, había desconfiado tan fácilmente de ella… Suspiró, no podía culparlo, los Akazuna se habían encargado de borrar cualquier voluntad de confianza que él pudiera tener para con ella.

Su celular sonó interrumpiendo sus pensamientos. – ¿Hola?

– ¡Chica! ¡Excelente trabajo! Esto merece fiesta.

– Temari ¿cómo estás? – No pudo evitar sonreír por la efusividad de su compañera y amiga.

– Con ganas de bailar, así que por favor no me niegues la posibilidad de salir hoy ¿siiii? – imploró con su pregunta.

– Eres una loca ¿lo sabías?

– ¡Oh vamos! Te mereces algo de diversión.

– No Tem, no tengo ánimos…

– En media hora paso por ti. Ponte castaña chica. Jajaja…

– No tienes remedio – suspiró. Definitivamente la rubia le había cambiado el ánimo, no podía evitar sonreír estando con ella. Y debía admitir que salir sin que la reconocieran era algo que simplemente le encantaba hacer. Sentía que podía ser ella misma sin llamar la atención o tener que esconderse de que la descubrieran. – No me esperes tía, vuelvo tarde – se despidió al salir. Pues conocía cómo eran sus juergas con su amiga.

– Lo sé, tengan cuidado – gritó Tsunade mientras se subía al auto.

– ¿Cómo la llevas con Neji? – preguntaba la pelirrosa ya instalada en la barra.

– Pues ya sabes, yo no tengo tanta paciencia como tú o Ten. Así que de primera dejé claras las reglas creo.

– Pobre Hyuga, le tocó la chica de peor carácter de toda la Organización.

– Pues Tenten tampoco la pasó tan bien a su lado. Ese niño es algo pedante.

– Creo que le gusta, además he hablado con él, no es malo, solo… – tragó grueso, no puedo evitar pensar en el chico de mirada y cabello azabache – orgulloso.

– Ya, ya – comentó la rubia. – Vinimos acá para divertirnos ¿recuerdas? Algunos de tus compañeros iban a venir hoy, los escuché en la cafetería. – Jade abrió los ojos sorprendida y algo asustada. – No seas tonta, no te reconocerán.

– ¿Quiénes…? – quiso preguntar, pero de seguro Temari no sabría sus nombres, puesto que había empezado la preparatoria esa semana.

– Mira, ahí están – dijo señalando con la cabeza. La sorprendió ver a quienes se refería. En el grupo estaban Shikamaru, a quien siempre había creído demasiado vago como para asistir a cualquier fiesta, Choji, que no podía creer que estuviera sin un paquete de papitas, lo cual le dio gracia al imaginar la situación, Gaara, más relajado y cómodo de lo habitual, con una actitud que dejaba claro que ese era su terreno, parecía ser un cazador nato, Kiba, animado y entusiasta como de costumbre; y finalmente, detrás de él surgieron Sai y Sasuke. Sakura sintió cómo su corazón se detenía antes de comenzar a latir desbocado, lo anhelaba, lo extrañaba tanto…

Miró a su compañera con sospecha que se alzó de hombros excusándose – al parecer querían subirle el ánimo al hermanito menor de Itachi – sonrió culpable. – Creo que podrías colaborar… – le guiñó un ojo.

– ¡Tem! – regañó golpeándole el brazo.

– Como si no quisieras hacerlo – La pelirrosa puso los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza.

– Aún así – entrecerró los ojos – no creo que me hayas traído aquí solo por él ¿o sí? – La rubia se sorprendió.

– Olvidaba que eras "Jade" – le dijo la última palabra al oído.

– ¿Qué es? – preguntó curiosa. – ¿Quién es?

– El inteligente. No sé qué tenga, pero quiero taparle la boca con cada una de sus contestaciones ingeniosas, ¿cómo puede ser que alguien como él, y con eso me refiero a un adolescente que no está preparado como nosotras, tenga respuesta para todo?

– Shika es un genio nato – aclaró, tomando un sorbo de su trago con una sonrisa divertida.

La mirada de su amiga se transformó en una de felina mientras lo observaba. Ese grupo de chicos había irrumpido en el boliche para romper la noche. Esos jóvenes marcaban presencia, con solo haber pasado por la puerta y las féminas a su alrededor los miraban como si fueran estrellas de una banda de rock.

– Debí haberme imaginado que planeabas algo.

– Tranquila, recuerda que en este momento no eres Sakura Haruno.

– Dios. Vienen para aquí. ¿Por qué lo provocas? – Esto último fue más un reproche que una pregunta. – Hola. No sabía que vendrías. – Saludó seductor Shikamaru con las manos en los bolsillos al tiempo que la pelirrosa se daba vuelta hacia la barra. Él la miró extrañado – ¿llegué en mal momento?

– Olvídalo, solo es un poco tímida. Rose – llamó. Su amiga se volvió hacia ella con una ceja alzada "¿Rose?" La mataría por ese nombre. La rubia pareció leerle el pensamiento y mostró una amplia sonrisa, definitivamente Jade era adorable cuando se molestaba.

Debido a que no solo se había puesto la peluca, sino también lentes de contacto y una fina goma que cambiaba las facciones de su rostro, para el Nara o cualquiera de sus acompañantes les fue imposible reconocerla. – Es un placer Rose. – La aludida asintió en respuesta, correspondiéndole el saludo. – ¿Bailas? – le dijo a la rubia tendiéndole la mano. Los demás, excepto cierto pelinegro ya se habían dirigido hacia la pista luego de pedir sus tragos.

– Seguro – dijo dejando el vaso en la barra.

Sakura escuchó cómo Kiba se burlaba de Sai por pedir un pomelo y no algo más fuerte como ellos, a lo que él solo respondió que alguien tendía que encargarse de dejarlos a salvo en casa. Algo que tranquilizó a la pelirrosa, puesto que además de eso, ella sabía que había otra razón por la que él debía mantenerse sobrio. Ya al salir de ese modo se exponían demasiado como para agregarle alcohol al agente que se encargaría de custodiar al chico que amaba. – Un whisky por favor. – Se tensó al oír aquella voz sumamente cerca.

– ¿Eres mayor de edad jovencito? – Preguntó el hombre de la barra.

– Por supuesto – respondió tendiéndole su documento.

Haruno se sorprendió pero no pudo evitar sonreír, Sasuke era una caja de sorpresas. – ¿Documentos falsos? – se encontró preguntando de un momento a otro sin darse cuenta, recibiendo por parte de él una sonrisa ladina, de esas que tanto la enloquecía.

– ¿Qué te hace pensar eso?

– Pues… que según mi amiga son todos de secundaria.

– Eso no tiene nada que ver.

– Oh… entonces, ¿estás cursando algún año de secundaria siendo mayor? ¿O eres la niñera del grupo? – Comenzó a sopesar las opciones en voz alta – ¿O eres el hermano mayor de alguno?

El chico alzó una ceja y suspiró rendido, después de todo no volvería a ver a esa chica. – Mi hermano me enseñó a hacerlo. – La chica frunció el ceño, definitivamente Itachi estaba abuzando de sus dotes y conocimientos. – No es un delincuente si eso es lo que te estás preguntando. Él me enseñó a hacer una buena falsificación de mis documentos cuando me descubrió robando el suyo para entrar a un baile. – Sonrió sincero por primera vez en días al recordar la situación que acababa de contar y porque el gesto de la chica le había hecho recordar a su adorada pelirrosa; se terminó su bebida de un trago.

– ¿Mal de amores? – preguntó sacándolo de sus pensamientos, ese impulso fue más fuerte que ella, solo quería saber cómo estaba.

– ¿Qué eres? ¿Adivina?

Negó con la cabeza en respuesta. – Solo observadora. No es común que un chico guapo como tú se instale a beber solo mirando a la barra, por lo general alguien con tus características vendría de cacería.

– ¿Cacería? – repitió sin entender. – ¿A caso esto es una selva?

– Casi. – El chico alzó una ceja. – Mira – se dio vuelta hacia la pista y él la imitó. – Ese grupo de chicas – señaló a un grupo de cinco féminas que estaban en medio de la pista con su trago en la mano moviendo a penas los pies al ritmo de la música mirando hacia todos lados, casi sin prestarse atención entre sí – son como gacelas, atentas a los depredadores de alrededor. – El chico rió por la comparación, no pudo evitar estar de acuerdo. – Ellos – señaló a su grupo de amigos, liderados por Gaara – son los felinos, cazadores natos buscando el momento justo para lanzarse contra su presa. La única diferencia con la selva de verdad es que aquí las gacelas quieren ser cazadas.

Definitivamente su ánimo estaba mejor, se volvió hacia la chica. – ¿Qué me dices de ti? ¿También esperas ser cazada?

Se le heló la piel cuando lo escuchó decirle aquello, quería decirle que sí y entregarse a sus brazos y al placer de sus besos, pero el pensar que él podría estarle coqueteando le hizo sentir celos de sí misma, señal clara de que estaba volviéndose cada vez más loca. – Supongo que tengo el corazón roto – se encogió de hombros y él suspiró aliviado.

– Lamento decirlo, pero me alegro de que no esperaras nada de mí. Este felino ya no tiene garras. Una botella de tequila para dos – ordenó.

El corazón de Sakura comenzó a latir desbocado, definitivamente no se esperaba aquello. – ¿Cuál es tu historia? – quiso saber. Estaba llevando la conversación a un lugar peligroso pero quería saber qué pensaba Sasuke de ella.

– Creo que ni siquiera nos hemos presentado.

– Rose Hatake – respondió tendiéndole la mano. El apellido de su maestro fue lo primero que se le vino a la mente en ese momento.

– Sasuke Uchiha. – Una electricidad recorrió a ambos al estrechar sus manos pero decidieron ignorarlo. Por primera vez la pelirrosa deseó poder conocerse con un chico siendo una chica normal, así, de aquella forma, sin tener que ocultarse tras una máscara; deseó volver a empezar. – Soy el rey de los imbéciles – confesó con un suspiro, interrumpiendo sus pensamientos, definitivamente no se esperaba aquello. – Perdí a la chica más increíble de todas por mi estúpido orgullo y mis celos – tomó dos tragos de tequila. – La empujé a los brazos de un maldito enfermo solo porque creía que no confiaba en mí o que me engañaba.

– ¿Y no fue así?

Él negó con la cabeza. – La estúpida de mi ex y su hermano nos tendieron una trampa.

– Ya veo – susurró antes de caer en la cuenta. – ¿Y cómo te enteraste de eso?

– ¿De qué nos tendieron una trampa? – Ella asintió. – Fue hablando con un amigo, él es como un hermano para nosotros y nunca nos engañaría. – "Naruto" pensó Jade. – No fue hasta que mencioné lo que me había dicho mi ex que él me hizo ver lo equivocado que estaba.

– Entonces – comenzó a atar cabos – ¿ahora confías solo porque alguien tuvo que venir a abrirte los ojos?

El pelinegro quedó serio, dándole a entender que su respuesta era afirmativa, lo cual la decepcionó un poco; ahora entendía su cambio de actitud de esa tarde, solo creía por la intervención de Naruto. – No – respondió. – Yo siempre creeré en ella.

– Pero…

– Solo estaba algo perdido y enojado conmigo mismo por creer que no era suficiente para ella. – Una horda de culpabilidad inundó a la agente, no quería verlo tan devastado. – Una y otra vez me pregunté por qué no confiaba en mí, por qué tenía que ocultarme la razón que había tras su tutoría, y la presioné.

– Fue entonces cuando comenzaste a buscar tus propias justificaciones – concluyó.

Él aceptó con la cabeza. – En el fondo sabía que no era cierto, pero es que estaba tan enojado, me sentía impotente… Aaahhh… – suspiró. – Fui un tonto… ¿Qué hay de ti?

– Oh… digamos que soy demasiado cobarde como para hablar de frente con mi chico.

– ¿Lo harás verdad? – No puedo evitar encontrarle doble sentido a sus palabras; asintió en respuesta dando por hecho que le contaría todo en cuanto llegara el momento.

– Tú… ¿la amas?

– Más que a mi vida. – Esa fue la respuesta que necesitaba para saber que su decisión sería la correcta.

Esa noche Sasuke se había decidido a ahogar sus penas en alcohol, Sai lo vigilaba desde la distancia y Sakura estaba dispuesta a acompañarlo todo el tiempo que fuera necesario, todo lo que le fuera posible. Ella lo siguió en sus bebidas pero fue él quien se había terminado casi todo el tequila, logrando un estado bastante lamentable. Cerca de las tres de la madrugada el chico ya estaba completamente ebrio y su acompañante decidió que sería hora de llevarlo a casa. – ¿Tú puedes…? – le preguntaba a Temari, que asintió sin darle tiempo, arrojándole las llaves de su auto.

– Yo consigo quien me lleve – sonrió mirando a Shikamaru. – Iré por él mañana, más te vale que no tenga ni un rasguño o vómito de Uchiha porque te patearé el culo Rossie – agregó burlona. Sai dio un paso hacia adelante al desconocer a la acompañante de su custodiado, pero Temari lo frenó; poniéndole una mano en su pecho negó con la cabeza. – Estarán bien – le dijo haciendo que el chico desistiera, pues sabía la posición que tenía la rubia.

– Sí viejo, no seas aguafiestas. – Dijo apareciendo un escandaloso Kiba abrazándolo por los hombros. – No creo que quieran tenerte con ellos. Jajaja… – Todos lo acompañaron en las risas, pues estaba casi tan borracho como el recién retirado.

– Además nos tienes que llevar a casa – agregó el Nara.

– Eres el único sobrio – le recordó Choji.

– ¿Acaso Naruto no te había dicho que nos alcanzaría Shika?

El aludido sonrió de medio lado. – Solo se me vienen a la mente dos situaciones posibles que lo hayan impedido. Uno: lo encontró algún Hyuga con su princesa mayor y lo estranguló. O dos: no lo encontraron y se quedó con la princesa. – Les guiñó un ojo al terminar.

– Uuuy… – un escalofrío recorrió al chico de cabello castaño. – Si lo encuentra Neji es hombre muerto. – La familia Inuzuka era amiga de la Hyuga y por eso él los conocía desde pequeño, de esa forma sabía exactamente a qué se atendría el rubio si era encontrado por el celoso hermano mayor de Hinata y Hanabi. – Bueno… ¡a bailar! ¡Aún queda noche chicos! – dicho eso desapareció por la pista.

Horas antes, a unos veinte minutos de ese lugar de reunión, una feliz pareja volvía de pasar una amena tarde de picnic en el parque central de aquella ciudad. Naruto podía ser muy romántico cuando quería y en ese momento no quería separarse por nada de su adorada novia, por alguna extraña razón tenía miedo de perderla o de que algo le ocurriera. Él siempre había sido demasiado intuitivo y perceptivo, lo cual volvía la situación aún más aterradora; estaba nervioso, no sabía por qué pero sentía un escalofrío casi constante que le indicaba que algo no estaba bien. Todo estaba demasiado tranquilo para su gusto, igual que la calma antes de una tormenta. – ¿En qué piensas? – Le había preguntado su novia recostada en su pecho. El rubio estaba sentado contra un árbol y entre sus piernas bajo su abrazo se encontraba la delicada chica de cabello negro observando las estrellas, al igual que él.

– Mn… – negó, apretándola contra sí y besándola detrás de su oreja. – Solo veo el cielo – mintió. – ¿Sabes? Cuando era pequeño había temporadas en las que me quedaba en la casa de mis padrinos mientras mis padres trabajaban. Muchas veces, cuando los extrañaba o me enojaba con ellos, subía al techo y me quedaba horas mirando las estrellas, hay algo en ellas que me hipnotiza, algo que no puedo explicar con claridad. Es como… si cada una de ellas fuera un guía que nos alumbra y protege.

Hinata lo miraba maravillada, él nunca se había abierto de esa manera con ella y el hecho de que pensara de tal forma simplemente la hacía amarlo más. Cuando lo conoció no se imaginó que ese chico avasallador y popular fuera una persona tan madura y sensible, tan atenta; no creyó en la luz y bondad que su amiga le había dicho que él emanaba. Siempre había pensado que eran exageraciones de Sakura, pero verlo así, escuchar sus palabras bajo su tierno abrazo, mirar su perfil con sus ojos embelesados por el cielo nocturno la hacían pensar en todo el peso que él estaría cargando sobre sus hombros, un peso del que aún evitaba contarle, parecía nostálgico, casi suplicante y desesperado. – ¿Te encuentras bien? – insistió.

– Un verano – prosiguió – mis padres se ausentaron por más de dos meses. Fue ese verano cuando conocí a Sakura – la pelinegra se sorprendió, no por la historia, sino por el hecho de que sacara aquello a colación en ese momento. – Admito que al principio le caí muy mal – rió – y era muy divertido cuando se enojaba. Ella había perdido a su madre y su padre estaba desaparecido, me hizo ver que todo lo que tenía podía desaparecer tal y como le había sucedido a ella y me aterré; antes que eso yo no era consciente, no valoraba nada, solo me comportaba como el chico rebelde y travieso para llamar la atención todo el tiempo. Pero en ese tiempo comencé a extrañar a mis padres, lloraba a cada rato, hacía fiebre, y a pesar de todas nuestras peleas siempre estaba ahí para mí, a pesar de que se enojaba y me regañaba como si fuera mayor que yo, me cuidaba junto a mi madrina cada vez que estaba mal. Luego, cuando apareció Kakuzu, fue mi turno de protegerla – al chico se le infló el pecho al decir aquello. Mas su novia parecía algo ¿triste? – Éramos como hermanos, imbatibles, intrépidos, temerarios…

A la chica le costó un poco imaginarse a su amiga de la forma en que él la describía. – ¿Saku? –preguntó curiosa sin dar crédito a lo que oía.

Namikaze asintió. – Ella aprendió a defenderse y nos convertimos en un dúo imparable, espantaba a las chicas que me acosaban – se carcajeó al recordar un par de situaciones – porque yo sería incapaz de levantarle la mano a una mujer, desde niño, además mi madre me hubiera matado de ser así – agregó.

– Oh… Y supongo que tenías muchas admiradoras… – comentó juguetona Hinata incorporándose para verlo a los ojos y encontrarse con unos orbes azules llenos de nostalgia y pasión.

– Algo así – contestó siguiéndole el juego.

Su novia lo escuchaba con atención, feliz de que pudiera compartir aquello con ella pero algo la inquietaba. – ¿Pasa algo? ¿A qué viene todo esto? – Meramente no entendía a dónde quería llegar.

– Siempre nos tuvimos uno al otro, pero ahora siento que es diferente, ella se aleja y me estoy quedando atrás; ya no puedo protegerla como antes…

– Ya veo, el hermano mayor ve a su pequeña hermanita convertirse en mujer.

Él la miró sorprendido antes de poder continuar. – Supongo que hay cosas que simplemente no se pueden evitar… Nunca creí que pudiera estar cómodo con una chica como lo estaba con ella – continuó y la pelinegra no pudo evitar sentir una punzada en el corazón al oír aquello, quizá lo había mal interpretado y Naruto estaba sufriendo por amor. – Pero luego te conocí – dijo tomándole el rostro y mirándola a los ojos – y juro por lo más sagrado que nunca me había sentido tan desestabilizado y cómodo al mismo tiempo. Tuve miedo al principio, no sabía qué me pasaba; comencé a observarte, a ver cómo te sonrojabas por mis comentarios estúpidos o cuando me acercaba demasiado, aunque no me daba cuenta el motivo – sonrió. – Comencé a necesitar escuchar tu voz, quería estar cerca tuyo todo el tiempo, me desesperaba pensar qué estabas haciendo y me ponía celoso cuando Kiba se te acercaba demasiado. – La chica aún lo miraba con sorpresa. – Nunca me había sentido de esta forma hacia una chica, estaba aterrado. Pero ahora… te has convertido en la razón que más me impulsa a moverme, Hina yo… no soportaría perderte.

– Na… Naruto – susurró.

– Te amo – le dijo él uniendo sus labios a los de ella en un tierno beso.

– Te amo – volvió a susurrar besándolo nuevamente.

– Es tarde princesa – observó cuando se separaron, no era muy seguro estar allí solos más tiempo. Ella asintió y se encaminaron hacia la mansión Hyuga.

– Quédate – le pidió abrazándolo en la puerta de entrada, pero en respuesta recibió un largo y apasionado beso.

– No puedo princesa – respondió muy a su pesar, odiando la cara de decepción de ella.

– Entiendo – le dijo. – Hasta mañana, te estaré esperando. – Y luego de un último toque de sus labios, entró a su casa. Se recostó a la puerta apoyando su cabeza completamente aturdida, ella tampoco quería separarse de él.

– ¡Al demonio! – vociferó el rubio a mitad del camino hacia su auto. Bordeó la casa hasta la ventana de la habitación de la chica y haciendo uso de sus ágiles dotes, brincó hasta quedar colgado del porche trasero para, impulsándose hacia arriba y llegar a su balcón. Golpeó suavemente la ventana.

Hinata entraba a su habitación cuando escuchó un ruido, caminó hacia el lugar del que provenía y no pudo evitar percibir el galopar nervioso de su corazón contra su pecho al verlo. Ahí estaba él, el chico que le robaba el sueño desde la primera vez que lo vio, ese chico dulce, atento y protector que tanto amaba, solo ahí, con y para ella…

– Hinata, Hinata – una dulce vocecita irrumpió en el ambiente abriendo la puerta de golpe. – Te estaba esperando, demoraste mucho – demandó. – Na… ¡cuñado! – gritó cuando reparó en su presencia dando un brinco hacia la cama para luego arrojarse a sus brazos.

La Hyuga mayor sonrió ante aquella escena, su novio era muy tierno con su pequeña hermana. – Ssshh… Hana, vas a despertar a todos – le dijo.

– ¿Peli y palomitas? – le preguntó al rubio ignorándola. Hanabi adoraba ver películas y adoraba a Namikaze, de modo que tenía en su casa la mejor combinación.

– Seguro – susurró guiñándole un ojo, pero no debemos despertar a nadie.

– ¿Te encargas? – pidió su novia. – Los hombres de la casa tienen el sueño bastante pesado, no despertarán.

– Déjalo en mis manos – sonrió, algo que no la dejó muy tranquila.

– Bueno, en ese caso, voy a darme un baño mientras se preparan para ver la película, empiecen sin mí – agregó. – De seguro ya la vi.

Su hermana le echó la lengua en cuanto escuchó aquello, algo que hizo reír a los más grandes de aquella habitación, pero ignorando sus reacciones, la pequeña tomó de la mano al chico y lo guió hacia la cocina.

Hinata tomó una larga ducha para relajarse, se quedó un rato dejando correr el agua caliente por su cuerpo antes de salir del baño con la ropa para dormir. Mas nunca se esperó encontrarse con aquella tierna escena mientras salía secándose el cabello con una toalla. Sonrió enternecida al verlos dormidos en su cama, su novio con un brazo por debajo de la cabeza de su hermana cuya respiración era acompasada y otro extendido con el control del DVD en la mano, su expresión era tranquila, se notaba que estaba agotado. Lentamente caminó hacia ellos enternecida para tomar el bol con las palomitas de maíz que estaba volcado sobre su cama y el control para apagar la película que aún no había terminado, pero ante el contacto la mano del rubio se tensó haciéndola sobresaltar. Él despertó algo confundido, mas rápidamente reconoció el lugar en el que estaba y el rostro alegre de su novia así que solo pudo sonreír en respuesta.

– ¿Me ayudas? – le preguntó ella señalando a Hanabi con la cabeza. Él asintió y se puso de pie rápidamente para llevarla a su habitación. La acostó donde correspondía y se retiró, observando cómo su novia arropaba a la Hyuga menor. Estaba perdido, atrapado por ella, era tan perfecta, bondadosa y atenta ¿qué pensaría de él si supiera la verdad? ¿Se alejaría? Negó con la cabeza ante esa posibilidad, quitando esas ideas de su mente, no quería pensar en algo así. Cuando ella se incorporó y viró hacia él casi lo tomó por sorpresa, sus miradas se encontraron pero fueron desviadas rápidamente.

Caminaron en silencio hacia la habitación de Hinata y cuando se cerró la puerta a espaldas del rubio, nuevamente se encontraron en los ojos del otro. Naruto no parecía haberse percatado de que su novia estaba con pijama casi hasta ese momento; su mirada zorruna se volvió más intensa hasta quedar completamente vidriosa de lujuria viéndola de esa manera, parada a un lado de la cama observándolo inocente, solo a él con una fina tela cubriendo su cuerpo, debajo de la cual aparentemente no había nada. Recorrió cada detalle, sus piernas desnudas hasta los muslos, sobre las que había un corto short de algodón, una musculosa suelta de tirantes, debajo de la cual no existía sujetador… Comenzó a caminar hacia ella, lento, con movimiento felino. Por su parte, la pelinegra no pudo evitar retroceder, no asustada de él, al contrario, le encantaba, ella misma le había pedido que se quedase y no se arrepentía, pero tenía miedo de sí misma, de no agradarle, de no ser suficiente, de decepcionarlo.

Namikaze tragó grueso al sentir el contacto de su mano tímida sobre la mejilla de ella; esperó respuesta temiendo que fuera negativa. Era tan linda, suave y delicada que se sentía como un niño sin saber qué hacer. Ella cerró sus ojos cuando lo sintió, entregándose a él, esa era la señal que había estado esperando, la observó estremecerse por unos segundos, extasiado con su figura antes de juntar sus labios con los de ella que lo anhelaban impacientes.

El vapor de sus respiraciones que los separaba, desapareció; el rubio avanzó con una mano en el cuello de Hinata y la otra en su cintura, guiándola hacia la cama. Cuando las piernas de ésta se toparon con dicho mueble, se dejó caer lentamente de espaldas, sin cortar el beso que aumentaba cada vez más en pasión, seguida por su novio, que se posicionaba suavemente sobre ella, cuidando de no aplastarla. La chica jadeó al sentirlo contra su cuerpo, él se separó, la observó ruborizarse y sonrió. – Te amo – le dijo acariciándole el cabello. Volvió a besarla, sus lenguas comenzaron a danzar en un roce constante, haciendo aumentar sus temperaturas y el latido de sus corazones. Naruto dejó su boca para besar su mentón, siguió por su cuello hasta el lóbulo de la oreja haciéndola soltar pequeños gemidos de placer, ella se estaba entregando a él. Dejó un río de besos sobre su piel hasta llegar al hueco entre su hombro y clavícula, haciéndola erizar y provocando temblores de goce. Se detuvo frente a su corazón y buscó aprobación en su mirada.

Ella lo entendió. – Estoy lista – susurró apenada, apenas audible.

– Solo necesito que me digas que pare si así lo quieres. – Ella negó determinada. Eso fue suficiente para concretar aquel acto; Naruto era un príncipe, suave, delicado, cuidándola a cada momento, procurando que fuera placentero para ella también, su primera vez debía ser especial y él quería que fuera perfecta para ella tanto como lo era para él.

– ¡Uy Uchiha, ayúdame un poco! – chillaba una castaña intentando ayudar al chico a bajarse del auto de su compañera. Un sonido gutural salió del pelinegro al tiempo que se cerraba la puerta de aquel vehículo tras él. – Iuggg… estás podrido – exclamó asqueada antes de suspirar, pues agradecía que se hubiera aguantado a estar fuera, sino moriría a manos de Temari.

Él comenzó a reír, era una carcajada estruendosa como nunca había escuchado antes, eso la hizo seguirlo, era muy gracioso verlo en aquel estado. – ¿Quién eres? – le preguntó con el entrecejo fruncido de pronto serio. ¿Era enserio? No la reconocía, estaba tan perdido que no sabía con quien había llegado a su casa.

Sakura tuvo que morderse el labio para contener la risa que amenazaba con salir. – Rose ¿recuerdas? Nos conoci…

– No – respondió erguido dejándola atónita antes de darse vuelta para entrar a su casa. Mas cuando quiso subir el escalón de la entrada, sus piernas se enredaron y calló sentado en el mismo.

La pelirrosa suspiró. – Estás hecho un desastre Sasuke Uchiha, ven aquí – ordenó, pasando un brazo de él por encima de su hombro y agarrándolo por la cintura para ayudarlo a levantarse. – ¿Dónde tienes las llaves? – La miró desconfiado. – ¿Quieres entrar a tu casa o no? – El chico no le contestó ni cedió a darle las llaves para que pudiera abrirle la puerta, por lo que decidió que lo mejor sería tocar timbre y que alguien de su confianza lo ayudara.

– No haaay… nadieee – le dijo arrastrando la voz al ver sus intenciones. – Jajaja… sólo… – se carcajeó.

– Entonces dámelas si no quieres que te deje aquí – reprendió algo molesta, ya cansada de aquella situación. Por momentos le había dado gracia, pero lo cierto era que no le gustaba verlo así, él estaba mal y la mayor culpa era suya. Tragó el nudo formado en su garganta al pensar aquello.

Lo ayudó a subir las escaleras hasta su habitación, agradeció que no hubiera nadie, de lo contrario la odiarían por llegar con su hijo en ese estado, porque si había algo seguro allí era que Sasuke habría despertado a todos los habitantes de ese lugar. – No te muevas, ya vengo. – Le ordenó al dejarlo sentado sobre la cama antes de salir corriendo hacia el baño.

Sabía que el chico estaba demasiado metido en sus pensamientos como para prestarle atención, pero cuando volvió a su habitación no pudo evitar sonrojarse y… reírse, no aguantaba, era demasiado para ella ver al serio Uchiha menor de aquella manera. Lo hubiera esperado de Naruto o Itachi, pero ¡¿Sasuke?! Era demasiado… El chico bailaba en bóxer delante de un espejo de cuerpo entero que tenía al lado del armario y cantaba usando como micrófono un frasco de desodorante. – Porque te quiero así… y muévelo, muévelo nena oh… ah, ah… yo te quiero… – sus movimientos de caderas con cada "oh, ah, ah" eran monumentales, pero la escena era exageradamente graciosa.

– Jajaja… jajaja… – La risa era demasiada, no la podía controlar, hasta el punto de dolerle la panza, si se lo hubieran contado nunca lo hubiera creído. El sonido de sus carcajadas le llamó la atención al pelinegro y giró hacia ella, que apretó fuertemente los labios al verlo encararla con una ceja alzada, como si se acabara de percatar de que no estaba solo y con la mirada exigía saber qué hacía esa intrusa en su casa y quién era. Sakura estalló de nuevo en carcajadas, él la miraba ahora con sus manos en jarra. – Lo… jaja… lo… siento… – apenas pudo hablar.

Parecía que había cortado con toda su inspiración, el Uchiha caminó lentamente hacia su cama y se dejó caer boca abajo con los brazos y las piernas extendidos. La pelirrosa se acercó, sigilosa y algo impactada por el cambio tan brusco que había tenido, sin embargo se sorprendió al ver que parecía dormido. – Sas…

– Sakura – suspiró él. – Sakura no me dejes… – dijo más fuerte, haciendo que su corazón se encogiera de dolor. ¿Estaba llorando? Sasuke estaba llorando dormido… La desesperación comenzó a recorrer su cuerpo desde el pecho, quería abrazarlo, decirle que no lo dejaría, que estaba ahí para él, cuidándolo. No pudo evitar retirar un mechón de cabello de su rostro y acariciarlo, parecía tan vulnerable, definitivamente lo protegería. Alzó una manta que estaba doblado hacia los pies de su cama para cubrirlo, pero cuando llegó a la base de su cabeza, una mano firme la detuvo. No pudo evitar abrir los ojos por la sorpresa, la cual se intensificó cuando mirándola le dijo. – Sakura… quédate conmigo. – La jaló hacia él y la abrazó fuertemente al tiempo que la cubría con la manta. La chica quedó abajo suyo, él comenzó a besarla con pasión y no pudo evitar corresponder, tembló ante el contacto con su piel desnuda y por los besos que comenzó a regar a lo largo de su cuello y pecho.

– Sa… Sasuke – jadeó arañando su espalda. Sus manos se enredaron en el cabello azabache y fue su turno de besar el terso cuello de él, haciéndolo rugir de placer, estaba excitado y en su estado no creía parar, no con Sakura abajo suyo. Ella giró, quedando arriba, sentada sobre sus caderas, sintiendo sus intimidades, listas para la acción, arder con los roses que se daban sobre la tela de sus ropas. Fue su turno de dejar un camino de besos por el pecho fuerte de su amado, pero la culpa comenzó a consumirla sabiendo que él no estaba del todo consciente; estaba convencido de que era Sakura, pero estaba tan borracho que la hubiera visto en cualquier persona que se le hubiera acercado en ese momento y no quería aprovecharse de él. Quería que cuando estuvieran juntos los dos fueran completamente conscientes de lo que hacían. Se quedó observándolo mientras él acariciaba su cintura y abdomen, se acercó a su rostro y le dio un tierno pico en los labios. – Te amo Sasuke – se colocó a un costado de él, con la cabeza apoyada en su pecho – descansa – besó su mejilla, él la miró con súplica y angustia. – Tranquilo, me quedaré hasta que puedas dormir. – Eso no parecía consuelo suficiente, pero era lo mejor que podía obtener en ese momento, ella lo volvió a besar y acarició su rostro, sonriéndole angelical y maternal. Lo amaba, lo amaba como nunca antes había amado a nadie y eso dolía, dolía pensar en separarse de él, que la abrazaba con fuerza queriendo evitar que se fuera de su lado. Finalmente calló rendido en un sueño profundo, aún sin aflojar su agarre, parecía un niño asustado y ella no pudo evitar quedarse observándolo hasta entrado el amanecer.

No quería irse, pero debía hacerlo, cuando salió de su lado besó sus labios y frente como despedida, cuando se iba a levantar de la cama sintió un firme agarre en su mano, giró, pero seguía dormido. Era como si sus almas estuvieran conectadas, les dolía separarse aunque estuvieran inconscientes, Sasuke dormía y aún así sentía la angustia de su ida o la calidez de su amor.

¿Yyyyy? ¿Qué les pareció?

Me cuesta escribir las escenas románticas, espero que se hayan reído algo aunque sea y "llorado" con estos personajes. Me sigo rompiendo el corazón y a ustedes, no me maten... :( los adoro!

Quiero saber qué emociones sintieron al leer, si es que sintieron alguna. ¿Rieron con las escenas cómicas?

Muchas muchas gracias a todos por seguir esta historia! Hasta el próximo! ;)