Hola bellezas! Primero que nada quiero pedirles disculpas a todos por la tardanza, estuve unos cuantos días sin internet y no pude actualizar. Pero les prometo que en recompensa voy a subir dos capítulos casi seguido, pues no podía actualizar pero no dejé de escribir. En las notas finales agregaré unos comentarios de este capítulo, espero que les guste!
Gracias por seguir la historia y continuar aguantándome! Muuuaaa!
CAPÍTULO 19 – HILOS ROJOS
Abrió los ojos lentamente buscando que el motivo de su felicidad no hubiera resultado en un simple sueño. Estaba feliz, nunca había sentido nada parecido por nadie y verla a ella, descansando sobre su pecho, suave y delicada, relajada, con su cabellera cayendo a un lado, lo hacía sentirse el hombre más afortunado de la tierra. Hinata se removió desperezándose, abriendo primero un ojo por la luz que le molestaba, para corroborar que su chico estaba ahí, mirándola, porque sentía sus orbes cielo sobre ella. – Buen día – sonrió.
Él le correspondió el gesto, adoraba esa tierna expresión. – Buen día princesa. ¿Dormiste bien?
La pelinegra asintió. – Como nunca – dijo estirándose para darle un corto beso en los labios; beso que él profundizó acariciando su mejilla y apretándola fuertemente contra sí. Se encontraban en ese momento en una especie de letargo que les impedía ser conscientes del lugar en dónde estaban o la hora que era. Simplemente disfrutaban de la mutua compañía. – ¿Y tú?
– De maravilla – respondió enseñando su radiante dentadura.
– ¡Hinata! ¡¿Hermana?! – el grito de la pequeña Hyuga los sacó de su ensoñación. – ¡Hina despierta! – golpeaba la puerta algo impaciente, haciendo que el rubio de la impresión cayera de la cama.
Su novia se puso rápidamente de pie recogiendo su ropa y tirándosela para que se vistiera. – Rápido, te tienes que ir. Si te encuentran lo más probable es que pierdas toda tu descendencia. – La chica no pudo evitar reír ante la cara de horror de su novio, pero debían apresurarse, si su padre o su hermano lo encontraban allí estaba muerta, no la dejarían tener novio hasta que cumpliera treinta.
Naruto se vistió como pudo y salió al balcón sin ser visto. – Vengo en unas horas – le dijo dándole un beso fugaz antes de saltar hacia el patio y salir corriendo hacia su auto.
El sol del medio día fue calentando cada vez más su habitación haciéndole insoportable permanecer un solo minuto más en su cama. Se sentía incómodo, pegajoso y sudoroso como si hubiera pasado la noche con fiebre. La saliva acumulada en su boca con sabor a bilis era prueba irrefutable de que había vomitado y el fuerte dolor de cabeza y el malestar estomacal eran el recordatorio de que se había pasado con el alcohol. El cuarto le daba vueltas por la terrible resaca que tenía, no recordaba siquiera cómo había llegado hasta allí ni quién lo había llevado, solo la efímera imagen de una simpática acompañante en la barra del boliche al que había ido o el sueño casi real, exquisito, que había tenido con Sakura era lo que venía a su cabeza, sobre todo esto último. Las imágenes de sus orbes jade penetrándolo con la mirada y el sabor de unos besos que, según creía, no habían existido la noche anterior, lo ponían algo inquieto, nostálgico pero con renovadas esperanzas de recobrar a su pelirrosa; ese cúmulo de sensaciones con las que se había levantado lo impulsaba y estaba más decidido que nunca a recuperarla. El tequila había hecho estragos en su cuerpo como nunca y si no fuera por la insistencia de su amigo para volver a la casa de la playa, no hubiera considerado como opción levantarse de su cama, de la cual prácticamente tuvo que tirarse.
– Veo que alguien no pudo dormir demasiado… – comentó con una sonrisa de lado Tsunade al ver bajar a su sobrina.
– Ni que lo digas, no pude pegar un ojo. – Sakura había salido de su habitación convertida literalmente en un zombi de una película de terror. Estaba pálida, ojerosa, con los labios resecos y los ojos algo hinchados de llorar.
– Ten – dijo la rubia tendiéndole una taza con café negro bien cargado.
– Gracias – se sentó frente a ella en el desayunador de la cocina mientras la miraba buscar algo para comer. Cuando finalmente terminó, tomó asiento del otro lado del mostrador y puso sobre el mismo cuatro capsulas alargadas de tres mililitros. Parecían jeringas, pero en vez de tener la típica aguja tenían una especie de mecanismo que hacía salir un pequeño aguijón al presionar la cápsula de un extremo para inyectarla. – E… esto es… – intentó preguntar sorprendida.
– Así es. Shizune por fin pudo lograr un antídoto eficaz al somnífero que te dieron. Pero debes tener en cuenta una cosa: debes inyectarte ante cualquier amenaza, hazlo si te encuentras en peligro porque después de que el veneno entre en tu sangre no hará efecto. El efecto protector de esta sustancia dura por aproximadamente seis horas. Dale dos a Naruto e infórmale sobre los detalles, es de suma importancia que anden con ellas para protegerse.
– De acuerdo, yo me encargo. – El sonido de una bocina fuera de su casa interrumpió la conversación. Sakura decidió salir para ver de qué se trataba, constatando que Hinata e Ino la esperaban en el auto de la pelinegra, un mercedes Clase A compacto color plateado. – ¡Chicas! ¿Qué hacen aquí tan temprano? Creí que iríamos más tarde a la playa.
– Hace mucho que no hacemos una salida de chicas ¿no crees? – gritó la rubia sacando medio cuerpo fuera del auto por la ventanilla del copiloto.
– Okey – respondió dubitativa – denme un momento para aprontarme. Pasen y espérenme en la casa si quieren. – Dicho eso salió corriendo hacia su habitación, le agradaba la idea de distraerse un rato. Necesitaba dejar de pensar un momento en Sasuke.
La rubia suspiró. – Espero que todo esto termine bien – dijo recostándose en el asiento del auto.
– Niñas entren – escucharon a la dueña de casa que las invitaba a pasar. – Disculpen a mi sobrina, es una muy mala anfitriona.
– ¿Cómo estás Tsunade? – preguntó cariñosa Ino mientras su amiga se sonrojaba, más tímida de lo normal.
– Ho… hola – saludó.
La rubia mayor la escudriñó con la mirada, no entendía por qué se comportaba de aquella manera si ellas ya se conocían y tenían confianza como con Yamanaka. "Qué tonta soy" se golpeó mentalmente cayendo en la cuenta. – ¿Cómo van las cosas con mi ahijado? ¿Te ha dado muchos problemas?
Los colores de la Hyuga pasaron del rosa leve al rojo carmesí en cuestión de segundos al recordar lo sucedido en la noche anterior; cosa que no pasó desapercibida por sus acompañantes que comenzaron a reír. – Tranquila, no tienes por qué avergonzarte, Naruto es un buen chico. ¿Quieren tomar algo mientras esperan?
– Un vaso de agua está bien – contestó la pelinegra más calmada.
– Yo igual.
– Estoy lista – anunciaba media hora más tarde la pelirrosa irrumpiendo en la cocina. Se había bañado, cambiado y aprontado todas las cosas necesarias que un agente de servicio debía tener encima. Vestía una minifalda holgada con volados de color negro, debajo de la cual se escondía perfectamente la funda que solía llevar debajo de su uniforme, con su pistola semiautomática, la peluca por si acaso y su última adquisición, las cuatro ampollas con el antídoto que le había dado su tía. En la parte de arriba se había puesto un buzo de manga corta color lila y llevaba una mochila con elementos que comúnmente lleva una chica en su cartera, además de su maya, toalla, un saco de hilo y ropa para cambiarse por si refrescaba y un botiquín de primeros auxilios. – Y bien… ¿vamos? – apuró al ver que ninguna se movía.
– ¿A qué se debe tan drástico cambio de planes? – preguntaba mientras se dirigían en el auto a un lugar desconocido para ella. – Creí que pasarían la tarde con sus novios y que tú no podías ir Ino.
– Al final pensamos que sería mejor aprovechar ese maravilloso paraíso con ustedes, nuestra salida la podemos dejar para otro momento. Y como pasaremos el resto del fin de semana juntos, con Hina pensamos que sería mejor una tarde de chicas.
– Es verdad, hace mucho que no nos escapamos a algún lado. – apoyó su otra amiga.
– Nos merecemos una charla de chicas.
– Entonces… ¿qué tienen en mente? – quiso saber a dónde irían.
– Mmm… No habíamos pensado en ello. ¿Tarde de campo? – sugirió.
– Suena bien, podremos hablar tranquilas. – respaldó Haruno.
– ¡¿Qué no vamos a estar suficientemente alejadas de la civilización todo el fin de semana como para buscar todavía más tranquilidad?! – Preguntó algo inquieta Ino, provocando risas en sus amigas.
– ¿Y qué sugieres? ¿No te parece que es mejor esa calma que un centro comercial? – preguntó retórica.
– Yo creo que si quieren paz deberíamos ir de una vez a ese mar espléndido y hacer un picnic en la playa las tres solas.
– Suena perfecto – concordó la pelinegra apretando el acelerador.
Una vez que llegaron, bajaron del auto y se dirigieron directo hacia la casa. – Qué extraño… parece que no hay nadie.
Sakura se puso en alerta – ¿qué no dijiste que iban a estar tu tía y tu primo?
– Sí, a lo mejor vienen más tarde.
– Bueno, eso no importa. De momento solo necesitamos estar las tres – dijo Ino desperezándose. – ¿Vamos a cambiarnos?
La joven de ojos grises asintió encaminándose a la habitación que habían usado la vez pasada. Después de cambiarse y aprontar todo para su reunión, desde sombrilla, esterillas para sentarse y un mantel para las frutas, los sándwiches que habían preparado y los refrescos congelados, hasta cepillos para el cabello, toalla y una cámara de fotos, decidieron bajar a la playa. Hinata llevaba esta vez una maya anaranjada de dos piezas y sobre ella un vestido playero con flecos en la parte inferior de color crema. Ino tenía puesta una maya de color negro entera cuya unión entre la parte inferior y superior consistía únicamente de cuatro tiras de tela alrededor del ombligo, y una pollera pareo blanca atada a hacia el frente. La pelirrosa por su parte, se había puesto una maya de color fucsia de dos piezas y llevaba una pollera pareo azul con mariposas y flores en tonos fucsia y verdes con flecos en dorado atada hacia el costado izquierdo.
– Oh mi Dios… – expresó alargando cada vocal de aquella frase la rubia mientras se quietaba lentamente los lentes y se incorporaba en su lugar, pues segundos antes había estado extendiendo la esterilla en la arena para sentarse. Del agua salía en bermudas el hombre más guapo que hubiera visto en su vida: grande, musculoso, bien formado, de cabello negro y sonrisa radiante. Tenía una tabla de surf bajo el brazo e iba directo hacia ellas; parecía que estaban en una escena de Miami Beach en donde el guardavidas sale del agua en cámara lenta, impecable y digno de atenciones. La chica de ojos azules se quedó de pie estática, mordiéndose de manera sensual el labio inferior, Sakura tragó grueso, pues debía admitir que no era común ver a Itachi, su amigo y mentor de aquella manera. Para ella Sasuke era su adonis, pero si bien era fuerte, aún era adolescente y no había terminado de desarrollar su cuerpo como su hermano. Hinata por otro lado, acostumbrada a ver a su primo de aquella forma, solo lo esperaba con la misma sonrisa radiante que él le daba.
– Señoritas – saludó haciendo una leve reverencia cuando llegó a ellas. La rubia le extendió la mano y él besó su dorso cual caballero.
– Hola – saludó la ojijade con un movimiento cortés de cabeza. Eso pareció darle gracia al hombre, pues debía admitir que eran buenos fingiendo no conocerse.
– ¡Itachi! – saltó la pelinegra a sus brazos. – ¡Te extrañé tonto! – Luego del saludo efusivo se dirigió a sus amigas. – Chicas, él es Itachi, el hermano mayor de Sasuke.
– ¿Él es el hermano de Sasuke? – preguntó incrédula Ino.
– Pues… ¿no ves el parecido? – se extrañó la Hyuga.
– ¡Claro que no! – respondió sorprendiéndolos. – Sasuke no sonríe – bromeó. – Solo tiene una mueca arrogante así – agregó señalándose los labios mientras imitaba la sonrisa ladina del Uchiha menor haciendo que todos se carcajearan.
– Me cae bien – dijo Itachi.
– Primo, ellas son Ino Yamanaka y Sakura Haruno, mis dos mejores amigas – continuó con las presentaciones la pelinegra.
– Es un placer. Tienes unas bellas amigas primita – agregó galante, haciendo sonrojar a las chicas, principalmente a la rubia, pues Jade sabía que a su amigo le gustaba molestarla.
– ¿Estás solo en la casa? – interrumpió la chica ignorando su cumplido. – Pensé que estaría la tía.
– Así es, pero me dijo que quería preparar unas cosas antes y vendría de tarde. Bueno, voy para la casa, tengo un hambre que me muero, las veo después.
– ¡No es justo! – protestaba Yamanaka sentándose en su esterilla. – ¡¿Acaso tu familia eligió los genes al momento de la creación de este mundo?! ¿Cómo rayos pueden ser todos tan perfectos? – Sakura y Hinata estallaron en carcajadas por las ocurrencias de su amiga. – No, hablo enserio. Creí que Sasuke era un adonis. Lo siento Saku, sabes que es cierto – repuso. – Pero su hermano ¡o Dios! está fuera de serie.
– Creo que exageras – dijo la pelirrosa mordiendo una frutilla.
– ¡Oh! ¿Enserio? Dime que no te relamiste los labios cuando lo viste venir hacia ti chorreando agua, o la primera vez que viste a Sasuke. – Su amiga se mordió el labio en respuesta, no solo por la imagen de Itachi, sino por la de su ex abajo suyo la noche anterior.
– Es verdad – salvó la pelinegra. – Hasta a mí me gustaban cuando era más chica – confesó encogiéndose de hombros, como si hubiera dicho lo más natural del mundo.
– ¡Hyuga eres una pervertida! – gritó Yamanaka arrojándole un trozo de kiwi a la cara.
– Para mí son como hermanos tonta, solo quise decir que están buenos, pero obvio no para mí, jamás podría verlos así.
– Bueno, bueno, ya basta de hablar de Uchihas por ahora – miró a Sakura. – Quiero contarles algo. – De pronto las chicas dejaron de reír y prestaron atención.
– Qué miedo – se burló la pelirrosa por el cambio de actitud.
– Las cosas con Sai van muy bien y… Yo… mmm, eh…
– Ino – incitó la que se había burlado.
– Creo que… quizás pueda ser… el indicado.
– ¿El indicado?
– Sí, ya saben. El indicado para dar ese paso.
– Oh, entiendo.
– Pero no lo sé, digo… ¿cómo sé si él es el indicado para perder mi… – bajó más la voz – eso? ¿Cómo saber si es el momento?
– No lo sabes, solo se da. – respondió a esto último Sakura. – Creo que es normal sentir miedo – agregó comprensiva. – Aún así debes estar segura al momento que decidas entregarte por primera vez.
– La confianza es muy importante – apoyó la Hyuga – no debes sentirte presionada.
– Pero y si ¿cree que soy una inmadura niña tonta?
– Allá él, si piensa así es un idiota. Si te quiere te esperará. La primera vez debe ser especial, con alguien que tú quieras y te haga sentir querida. – La pelirrosa recordaba la noche anterior mientras pronunciaba sus palabras.
– No es lo mismo hacerlo con alguien que te ama y te cuida, que te protege – Hinata comenzó a hablar con una especie de estado de ensoñación. – No es lo mismo que tu cuerpo vibre por la mera presencia de ese chico, que los dos se pidan a gritos unirse en uno solo. Y no hay nada más lindo que ese sentimiento de pertenencia, ese abrazó posesivo y pasional pero con amor, ese placer de caricias en medio de la seguridad de la persona que amas, ese sentirte amada entre sus brazos, la delicadeza…
Tarde se percató de que sus amigas estaban cada vez más cerca y la miraban con los ojos entrecerrados.
– ¿De qué nos perdimos? – estiró las palabras la agente.
– Hina acaso tu… – La chica abrió los ojos muy grande, dándose por descubierta. – ¡Oh por Dios! –gritó Ino, poniéndose de pie de un salto. – ¿De verdad? ¿Ya no eres vi…?
– Ssshh… Eres tonta ¿o qué? – tapó su boca Sakura para hacerla sentar nuevamente, viendo la cara de su tímida amiga que era completamente del color de un tomate.
– No puedo creerlo – susurró la rubia. – Nunca creí que la perdieras antes que yo.
La chica la miró ofendida. – Cuéntanos ¿cómo fue? – preguntó su otra amiga ignorándola.
– Creo que no pudo haber sido mejor – sonrió. – Lo amo tanto chicas, y sé que él a mí también. – La pelirrosa la miraba enternecida, feliz por ella y por su "hermano". – Me cuidó mucho, en todo momento se fijó que estuviera bien. Fue algo…
– Mágico – terminó la frase la Haruno.
Las otras dos miradas cambiaron de dirección. – ¡¿Tú también?! – gritó Yamanaka.
– No, no, no es lo que creen – se excusó con las manos al frente. No quería contarles que casi había estado con él pero disfrazada de otra persona, eso sería arriesgado, además de producto de muchas preguntas. Por otro lado tampoco podía confesárselo omitiendo esa parte por si en algún momento Hinata le preguntaba algo que obviamente él no recordaría. – Solo creo que la primera vez debe ser así cuando es con alguien a quien amas.
– Saku – titubeó – ¿no crees que mi primo se merece una oportunidad? – aprovechó para intentar ablandarla. – Él te ama, y está sufriendo tanto como tú, yo nunca lo había visto así…
– Lo sé – interrumpió. – Yo ya… lo perdoné. Y admito que tuve gran parte de la culpa de su comportamiento, pero aún siento que no puedo volver con él.
– ¿Por qué no? – inquirió la rubia. – Mira que debe tener un montón de mujeres rondándole, no te puedes descuidar amiga.
Sakura sonrió en respuesta. – No lo perderé, solo necesito tiempo.
– Bueno, a partir de ahora las quiero positivas – dijo la Hyuga poniéndose de pie. – Vinimos a disfrutar así que no quiero nada de tristezas.
– Los chicos deben estar por llegar – agregó Ino secundándola. Estaban tan entretenidas entre risas y confesiones que cuando se dieron cuenta de la hora, el reloj marcaba casi las dos de la tarde.
– Yo… necesito ir a un lugar antes. Las veo en un rato ¿sí?
– Sa… – intentó llamar su tímida amiga, pero ya había dejado sus cosas acomodadas para que las llevaran a la casa y había salido corriendo.
– ¡Sakura! ¿Qué demonios?
No trotó más de unos cuantos metros hasta llegar a donde la arena se vuelve más húmeda y fría por causa del mar y luego unos cuantos más rumbo a aquel lugar tan especial. Porque si había algo de real en ese sitio era la magnificencia y majestuosidad de su follaje o el sonido del agua cayendo en un llanto constante, o las luces propias de los insectos y las estrellas que lo volvían mágico. Tenía que ir una vez más a ese refugio fuera de este mundo que había visto con Sasuke, lo anhelaba sin saber por qué, solo quería ir.
Siguió el camino como recordaba que había sido y finalmente pudo encontrar la cortina de hojas que tapaban esa maravilla natural. Cuando la atravesó, dio un paso hacia el frente y cerrando los ojos aspiró la mayor cantidad de aire que le permitieron sus pulmones, como si de esa forma su cuerpo entero se purificara.
Levantó lentamente sus párpados para encontrarse con un escenario distinto al que recordaba. Igualmente hermoso, pero diferente a aquella vez. Aún había luz del día, impidiendo ver el mar de estrellas y luciérnagas o la propia luna reflejados en el agua. El árbol de la isla en el centro de la laguna dejaba pasar rayos de sol que llegaban hasta el suelo en pequeños círculos de luz y el agua que lo rodeaba invitaba a probarla, a sumergirse en ella cual mayor placer en medio de una calurosa tarde de verano. Se agachó en la orilla y sumergió sus manos, acercó su rostro a las mismas para beber el líquido que había sacado deleitándose así con la frescura del lugar. Se puso de pie lentamente para darle una vista final desde esa perspectiva al paisaje, se desató la pollera arrojándola a la sedosa hierba y se lanzó al agua. Disfrutó unos minutos nadando por todo el lugar hasta finalmente salir a la isla. Recordaba claramente que su ex novio le había mencionado que le quería enseñar algo que había allí, lo único que le hubiera gustado en este momento era que él estuviera a su lado para verlo juntos. Se escurrió el cabello y se caminó hacia el tronco del árbol; para su sorpresa encontró un gravado en él.
"Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer pero nunca romper"
Leyó aquel mensaje en vos baja, más de una vez, como si de esa forma lo asimilara bien. – Si se piensa de esa forma creo que no parece tan mala una corta separación ¿o sí? – comenzó a hablar para sí misma. – Es algo muy lindo – suspiró. "Si mi destino fuera Sasuke, según esto volveríamos a estar juntos". Giró su cuerpo de modo que quedara mirando hacia la orilla, frente a la isla, por la que había llegado, de alguna forma le resultaba tan lejana… "Me pregunto si él y yo... Ya basta Sakura, deja de pensar idioteces" se regañó mentalmente. – Son solo leyendas, solo eso.
– No es muy bien vista una persona que habla sola.
Esa voz la hizo saltar en su sitio, mas no se atrevió a darse vuelta para constatar que no se trataba de una alucinación.
Sasuke se encontraba recostado en el gran árbol de la isla cuando una voz interrumpió su tranquilidad. – Es algo muy lindo. – Silencio… "No puedo estar enloqueciendo" se dijo mentalmente al escucharla. Cuando fue a ese lugar estaba nervioso, necesitaba pensar, reflexionar porque se sentía perdido sin saber qué hacer, con miedo; intentaría recuperar a Sakura a como dé lugar y quería asegurarse de hacer las cosas bien, de ver cuál sería el correcto siguiente paso a dar, cómo actuaría cuando lo viera, qué haría él, qué era lo mejor que debía hacer; no se resignaría a la idea de perderla. Había sido un inútil, tonto y egoísta, pero estaba arrepentido. Nunca pensó que ella iría ahí. – Son solo leyendas, solo eso. – Sonrió como tonto al escucharla en su debate personal. La extrañaba tanto, quería que le permitiera estar cada minuto de su vida a su lado, quería ver sus enojos, sus sonrisas, frustraciones, sus logros y fracasos, la amaba, simplemente la amaba con todo su ser. Era gracioso escuchar su debate por la inscripción en el árbol. Cuando la conoció y su madre le contó la historia, le había parecido tonta, algo irreal, se había enojado porque los habían separado y no le encontraba sentido, no creía en ella, pero a medida que fueron pasando los días, las semanas, se fue aferrando a la idea de que estaban destinados y se reencontrarían. Menuda sorpresa se llevó al verla en su primer día de clases en Konhoja, no podía permitirse por nada del mundo volver a perderla.
– No es muy bien vista una persona que habla sola. – No sabía cómo actuar, se sentía un tonto, pero quería que ella supiera que estaba ahí. Escaneó su perfecta figura, cubierta solo por el traje de baño, desde atrás, la observó tensarse y quedar petrificada al escucharlo, seguramente estaba tan nerviosa como él. Dio un paso hacia ella.
– Yo… Lo siento, no sabía que estabas.
– Eres muy ruidosa – intentó romper el hielo. Ella se dio vuelta con el entrecejo fruncido, algo que el chico se esperaba. – Interrumpiste mi siesta – le sonrió.
– Ya te pedí disculpas y te dije que no sabía que…
– Era broma – le dijo con cierta paz en la voz caminando hacia un costado del gravado que hablaba sobre la leyenda de los hilos rojos. Ella lo siguió con la mirada. – Esta frase es solo una moraleja detrás de toda la leyenda – dijo sin más llamando la atención de la chica. – Según esta leyenda, las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado en sus dedos desde el nacimiento y las acompañará, tensado en mayor o menor medida, más o menos enredado, a lo largo de todas sus vidas. Este hilo no desaparece ni se rompe, permanece constantemente atado a pesar del tiempo o la distancia. No importa lo que tardes en conocer a esa persona, ni el tiempo que pases sin verla, ni siquiera si vives en la otra punta del mundo: el hilo se estirará hasta el infinito pero nunca se romperá.
– Aquí dice: – citó la pelirrosa acercándose a leer – "El Abuelo de la Luna saldrá cada noche a conocer a los recién nacidos para atarles un hilo rojo a su dedo, un hilo que decidirá su futuro y guiará sus alamas para que nunca se pierdan".
– La leyenda original dice que hace muchos años, un emperador le pidió a una bruja que podía ver estos hilos, que buscara el otro extremo del suyo para encontrar a su alma gemela. Cuando lo llevó a ella pensó que se trataba de una burla porque resultó ser una recién nacida; el soberano enfureció y empujó a la campesina que la llevaba en brazos, provocando que la pequeña se hiciera una herida en la frente. Luego de eso mandó ejecutar a la bruja, pero lo más sorprendente es que, varios años después, la mujer que se convertiría en su esposa, resultó ser la misma a la que le había provocado tal lesión.
– Eso es… – no encontraba palabras para describir lo que creía. – ¿Lo que me querías mostrar la vez que me trajiste aquí? – terminó por preguntar.
– Parte – se encogió de hombros. – Ven – dijo tomándole la mano. – ¿Ves esas pulseras que están allí? – Señaló dos cintas rojas que estaban atadas a una rama del árbol y a su vez entrelazadas entre sí. – Son de mis padres. Mi madre es una ferviente creyente de esta historia y las dejó como amuleto y símbolo de su amor. ¿Ves esa de ahí? – Sakura asintió. – Es mía, está esperando a su compañera. – Entrelazó fuertemente sus dedos como muestra de confianza y cariño. A la chica se le encogió el corazón de dolor, realmente deseaba que su compañera perteneciera a ella.
Desde donde estaba no podía lograr distinguir qué iniciales tenía la pulsera debido a su altura, pero imaginó que serían las de él. – Creo que debo irme. Las chicas se van a preocupar.
Cuando se dio vuelta para marcharse, tal y como si fuera un instinto de supervivencia, Uchiha se apresuró a prácticamente pegarse a ella, aún sin tocarla. – Por favor – suplicó con voz ronca – no te vayas.
Sentir la cercanía de su figura por la espalda y su aliento chocar contra su oído, provocó en Sakura una descarga eléctrica por todo su ser, haciéndole erizar cada vello de su cuerpo.
Sasuke al ver que no se movía decidió avanzar, lentamente, posando de manera suave y delicada sus palmas sobre los finos y frágiles brazos de ella, deslizándolas hasta entrelazar sus dedos.
Ella no podía más, lo necesitaba, lo amaba. Por una vez quería dejar de hacer lo correcto por hacer lo que sentía, lo que quería, y en ese momento lo quería a él. Decidió rendirse a sus sentimientos y por una vez arriesgarse; le haría caso a su cuerpo y a su corazón para luego atenerse a las consecuencias. Cuando sintió sus manos sobre las suyas no lo pensó más, se dejó llevar cerrando los ojos y dejando caer la cabeza hacia atrás, entregándose a donde él quisiera llevarla.
El pelinegro se sorprendió un poco al ver su reacción, no se la esperaba pero no se detendría a pensar. Sin soltarla, la rodeó por detrás, abrazándola por la cintura, sin separar los brazos. Comenzó a besar su cuello dulcemente, corrió despacio su cabello mojado para dejar libre su espalda y siguió esparciendo sus labios por su nuca y hombros. La pelirrosa tenía piel de gallina por las sensaciones que él le provocaba, giró casi desesperada de más cariño, totalmente decidida. Y mirándolo a los ojos, con ansias y casi súplica de que la hiciera suya, le dio a entender que estaba lista, que debían aprovechar el momento como si fuera el último.
Por supuesto Uchiha no se hizo esperar, la miró con algo de sorpresa pero enseguida se abalanzó hacia ella con fuerza, besándola con deseo y desespero, mordiendo sus labios suavemente mientras enredaba una mano en las fibras rosas de su cabello para acrecentar la fuerza de los besos y acariciaba su espalda con la otra. Apretó su trasero con fuerza y ansias, la chica gimió excitándolo aún más. La levantó agarrando esa zona ahora con ambas manos y ella enredó sus piernas en sus caderas provocando que ambos gimieran al sentir el roce de sus intimidades a través de la tela. Sasuke caminó hacia el tronco del árbol y la recostó contra éste sin dejar de besarla.
– Aaahh… Sasuke… Yo – intentó decir.
– ¿Quieres que pare? – preguntó entre jadeos.
– No. Yo… te amo.
El chico dejó de besarla para observar sus jades, grandes y brillantes ojos como nada que hubiera visto en su vida, nada tan bello como aquellas dos piedras preciosas que lo miraban, solo a él. – Te amo – respondió acariciando su mejilla y quitando un mechón de cabello de su frene sudorosa. – Quiero que nunca, pero nunca más me dejes, no lo soportaría – agregó besándola encima de los ojos.
Ella negó en respuesta y lo volvió a besar, continuando así con el círculo de pasión. El descendió por su pecho y desprendió la parte de arriba de su maya dejando caminos de saliva por su cuerpo mientras la chica reaccionaba a cada caricia. La recostó con suavidad en el césped quedando arriba de ella, dispuesto a hacerla suya, preparándola para su primera vez, preparándose para no lastimarla. – Te amo Sakura – le susurró al oído antes de mojarlo con su lengua y morder suavemente el lóbulo de su oreja. – ¿Confías en mí?
– ¿Tú… qué crees? – rebatió mordiendo su mentón y girando para quedar encima de él sentada sobre sus caderas. Sasuke pareció tener un dejabu pero le restó importancia, pues había soñado varias veces con ese momento. La pelirrosa comenzó a repartir besos y a acariciar el torso, cuello y orejas del chico con su lengua, provocando que se mordiera los labios y gruñera de placer.
– Por Dios Saku… Vas a matarme. Me vuelves loco. – Sus labios volvieron a unirse en un pasional beso antes de que él volviera a quedar sobre ella.
Quería aclararles que la leyenda de hilos rojos de la que habla Sasuke es real pero yo la modifiqué un poco, a continuación les dejo la verdadera por si quieren leerla.
"Hace mucho mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza. Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente."
