Lo prometido es deuda y aquí rápidamente les dejo el capítulo 20, dicho sea de paso, un poco más largo de lo habitual. Espero lo disfruten!
AngelZafir0 en este capítulo se va a revelar la pregunta que me hiciste en un comentario, espero sea de tu agrado. ;)
CAPÍTULO 20 – REVELACIÓN
– ¿Dónde está Sasuke? – le preguntaba Hinata a su novio después de saludarlo bajo la atenta mirada de su primo. El pelinegro carraspeó para llamar su atención haciendo que Naruto temblara al mirarlo a los ojos, sabía lo letal que era ese Uchiha y precisamente a él no le tenía la misma consideración o aprecio que a "su hermana", es más, a veces pensaba que lo veía como un rival que reclamaba el puesto de hermano como suyo. – Oh sí, lo siento. Itachi, ellos son amigos de Sasu, Naruto es mi novio, y Sai, el novio de Ino – presentó señalando a cada uno. – Chicos, él es mi primo, el hermano mayor de Sasuke – presentó sonriente.
Cuando se estrecharon la mano se sentía la testosterona en el ambiente que de pronto se había vuelto algo tenso. El rubio sintió ganas de quejarse por el fuerte apretón a sus dedos pero se mantuvo firme como todo un hombre. – Te estaré observando – advirtió Uchiha.
– Ya Ita, no seas celoso – calmó su prima.
– Uuyy – tembló Ino, ahora sí veo el parecido. – Todos rieron ante el comentario, esa chica tenía la gran capacidad de cortar con los momentos incómodos y alegrar a los que la rodeaban, cosa que se había opacado en ella cuando estuvo con Deidara.
– ¿Y Saku? – preguntó Namikaze de pronto. – Creí que había accedido.
– Sí, dijo que nos alcanzaría más tarde.
El rubio suspiró – en una de esas se encuentra con el Teme. Él nos dijo que necesitaba ir a un lugar antes.
– ¿Puedo hablar un momento contigo? – Pidió Itachi a lo que él asintió previo a seguirlo hacia la puerta de afuera.
– No lo atormentes primo – le gritó Hinata. – No tiene por qué escuchar tus sermones.
– Tranquila, te lo devolveré en una pieza. – La pelinegra puso los ojos en blanco.
– ¿Por qué lo dejaron solo? – exigió.
– Lo seguimos, es seguro dónde está. Dejamos algunas cámaras en la zona, si hay movimiento cerca Lee me lo informará de inmediato – aclaró señalando un minúsculo intercomunicador en su oreja cubierto por su cabello.
– Entiendo – pareció calmarse. – ¿Qué intenciones tienes con mi prima?
El chico se tensó por la sorpresa de aquella repentina pregunta. – Puedes estar tranquilo – respondió más firme de lo que se hubiera imaginado, pero sin poder confesar aquellas palabras.
– ¿La quieres?
Naruto levantó la mirada y se la sostuvo – la amo – dijo.
– Eres consciente del peligro que correrá a tu lado ¿cierto?
Asintió pudiendo apenas tragar el nudo de saliva que se le había formado en la garganta. – Lo sé pero…
– Es el mismo que corre en este momento por ser una Hyuga, por eso sé que la cuidarás. – El rubio lo miró perplejo. ¿Qué le quería decir? – Lo dejo enteramente en tus manos. Si la dañas, una sola lágrima que salga de ella por ti y te las verás conmigo Namikaze, yo mismo me encargaré de que te manden a hacer misiones al Congo si es necesario.
– No lo será – aseguró dándole tranquilidad a su compañero.
– Ya está oscureciendo – susurró la pelirrosa sobre su pecho, bajo su abrazo. – Creo que es mejor que vayamos o los chicos se preocuparán.
El joven asintió y se puso de pie. – Ven, iremos por la carretera – le dijo indicándole otra salida. – Dejé la motocicleta a unos doscientos metros hacia allá – agregó señalando al frente.
– Wow… no imaginé que tuvieras una Kawasaki 1400 GTR. ¡Es preciosa!
– ¿Sabes de motos? Chica lista – exclamó, ganándose una mirada de odio por parte de ella, que había considerado aquel comentario como una ofensa machista.
Cuando estaban a mitad de camino los interceptó un BMW M5 Sedan negro con tres personas adentro. – Veo que se habían puesto de acuerdo – sonrió Itachi provocando que la pareja se sonrojara.
Sasuke bufó. – ¿A dónde van? – inquirió.
– Vamos por unas cervezas, además queremos darle una sorpresa a las chicas.
– ¿Por qué no vienes? – incitó Sai. – Sino tu noviecita será la única sin sorpresa.
Sakura no pudo evitar reír, definitivamente ese chico ya le había dado un muy buen regalo en el día, y vio a esos cuatro amigos como niños eternos queriendo darle un regalito de escuela a su madre. Su piloto la miró.
– Ve con ellos – le dijo segura.
El arrugó el ceño, ¿le decía enserio? – Vamos, Saku puede con eso – le dijo Naruto. – ¿No es así?
Su nuevamente novia le puso una cara de desafío y confianza que le encantó, ¿qué más era capaz de hacer? Quería descubrir todo de ella. – ¿Segura?
Ella asintió – estoy ansiosa de que te bajes – bromeó.
– ¿Lo ves? No la molestes tonto hermano menor – dijo para fastidiarlo.
El Uchiha menor hizo caso y le dio un tierno beso en los labios entre abucheos y gritos del trio de idiotas que lo esperaban en el auto de su hermano.
Cuando arrancaron, la pelirrosa se colocó el casco y salió a toda velocidad. "Esto es fantástico". Extrañaba correr en carreras, le encantaba sentir la adrenalina por la velocidad y el viento en la cara la hacía sentir más libre que nunca.
Al llegar a la casa fue recibida por sus amigas y una sonriente y ansiosa (pues su pequeño nunca le había presentado una novia) mujer, alta y delgada de larga cabellera negra. Se quedó viéndola, la tía de su amiga era hermosa, ahora entendía el por qué de la belleza de los hermanos Uchiha y la suerte que habían tenido al recibir sus genes. Para su sorpresa, su ahora suegra le resultaba extrañamente familiar.
– ¡Saku, al fin llegas! – exclamó Hinata. – Ella es mi tía Mikoto – le presentó a la pelirrosa.
– Tu suegra – agregó Ino con malicia apareciendo en el recibidor, haciendo que le corriera un escalofrío, pues no sabía cómo le caería a aquella mujer.
– Tía ella es la amiga de la que te hablé.
– Es un placer – se adelantó la chica tendiéndole la mano. – Mi nombre es Sa...
– ¡¿Sakura?! ¿Eres Sakura? ¿Sakura Haruno? – gritó la mujer tomándola de los hombros. La pelirrosa no tuvo tiempo de responder, solo atinó a asentir con la cabeza mientras sus amigas miraban la escena con los ojos salidos de órbitas por la sorpresa, ninguna de las tres entendía qué pasaba. – ¡Estás preciosa! – gritó. – ¡Solo mira cómo has crecido! Pensé que nunca te volvería a ver – dijo ahora abrazándola casi sollozando. – No puedo creer que Sasuke no me haya dicho… A lo mejor quiso darme una sorpresa – concluyó. – ¡Cielos! No puedo creer que se hayan reencontrado, lo sabía, lo sabía y se lo dije. ¡Estoy tan feliz!
Sakura estaba algo aturdida y confundida. ¿Qué estaba pasando allí? ¿Por qué esa mujer la conocía y de dónde? ¿Por qué a ella también le había resultado familiar su rostro? Y sobre todo ¿qué era lo que le tendría que haber dicho Sasuke?
– Emm, tía – titubeó Hinata.
La aludida se alejó de la ojijade y la observó. – Lo siento, creo que puedo ser un poquito impulsiva a veces – sonrió.
– ¿La conoces?
– Creo que nos perdimos de algo – agregó Ino.
Sakura estaba algo nerviosa, un extraño temblor se expandía por su pecho por pensar de dónde podría conocer aquella mujer. La adulta de aquel lugar suspiró – ¿no me recuerdas cierto? – recibió un gesto negativo con la cabeza de su parte como única respuesta. – Es entendible, eras muy pequeña la última vez que me viste – le sonrió maternal. – ¿Por qué no mejor vamos a la cocina y tomamos algo? así podemos hablar tranquilas antes de que vuelvan los chicos.
– Sí vamos porque no tardarán – apuró la rubia, quien tenía la suficiente confianza con la mujer, ya que prácticamente había criado a Hinata después de la muerte de su madre.
Una vez en dicha habitación, el trío de amigas se sentó en las butacas alrededor del desayunador, mientras Mikoto sacaba vasos para servir refresco. – ¿En verdad no te parezco siquiera familiar? – preguntó por última vez con un deje de esperanza en su voz.
– Lo siento, no – dijo apenas audible. ¿Cómo iba a recordarla si no la conocía? ¿O sí? Aquello la desorientaba, era tan extraño.
Mikoto sonrió mirándola con ternura y nostalgia. – Yo era amiga de tu mamá. – Sakura sintió una puntada en el pecho al escuchar la mención de su madre, no se esperaba aquello tan de repente, pero su interlocutora no se percató de ello, y ella quería escuchar su historia. – Te conocí apenas naciste – mostró su perfecta dentadura al recordarlo. – Fui a verte al hospital ni bien me enteré de que Mebuki había entrado en labor de parto. Eras una monada con esos dos bochones verdes que curioseaban todo a su alrededor. Recuerdo que en cuanto tu madre se enteró de que serías una niña, enseguida te vimos casada con el pequeño Sasuke que había nacido meses antes. Nunca creí qué tan perfecto podría resultar aquello…
Las chicas la miraban extrañadas, ninguna entendía a dónde quería llegar. – ¿A qué te refieres tía?
– Nunca había conocido a unos pequeños que fueran capaces de amarse tanto – respondió. – Desde que los presentamos parecían estar destinados, parecieron congeniar de una forma que no parecía posible. Con Mebu nos divertíamos observándolos juntos en el corral, tenían largas conversaciones entre balbuceos, era algo que nunca habíamos visto. Cuando cumpliste un año… les obsequiamos a ambos una pulsera como símbolo del hilo rojo del destino, a ti una con sus iniciales y a él una con las tuyas. Cosas tontas que hace una madre – agregó sonriendo y restándole importancia a aquello.
De pronto Hinata dio un brinco en su asiento. – ¿Tía, ella es...? – La Hyuga conocía la historia de una chica que había amado su primo cuando niño y había sido testigo del dolor de éste por su separación.
La mujer asintió pero continuó hablando. Ahora su amiga también la miraba fascinada y con ternura. "¿Qué le pasa a estas dos?" pensó la pelirrosa. – Todo el tiempo querían estar juntos, Sasuke en más de una ocasión llegó del jardín con sangre en el rostro o sus pequeñas rodillas por defenderte porque...
– ¡Un momento! – dijo, estaba atónita ¿por qué no lo recordaba? – ¿Te refieres a que en verdad nos conocíamos de antes?
– Así es. – Continuó con lo que había venido contando – otros niños se metían contigo por lo bonita o tímida que eras, o los peleaban a ambos cantándoles que eran novios. – Sonrió divertida al recordar, sin darse cuenta todo lo que eso significaba para la joven. – Eran adorables – expresó – una adorable combinación a decir verdad.
Repentinamente su rostro se volvió triste. – Cuando tu mamá falleció y te fuiste con tus tíos, cuando los separamos – aclaró – Sasuke se derrumbó…
Esas últimas palabras abrieron una puerta que había permanecido desde hace tiempo cerrada en la mente y corazón de Sakura. Como si de magia se tratase, miles de imágenes y recuerdos comenzaron a agolparse en su cabeza como si fuera una película. Dos niños tomados de la mano frente a una mujer de cabello y ojos negros "Nos vamos a casar mami" decía el pequeño haciéndola sonreír. "Así es señora Mikoto, Sasuke y yo nos casaremos". "Qué lindos, pero van a tener que esperar un poco para eso" "¿Por qué? Nosotros ya queremos vivir juntos para jugar todo el tiempo". "Ya lo creo, sé que lo harán" dijo aún más divertida.
– Lloraba todas las noches, lloró tanto, era difícil creer que un corazoncito tan pequeño albergara tanto amor. Cuando él estaba contigo irradiaba felicidad, incluso con apenas cinco años me decía que cuando crecieran te haría su esposa – seguía hablando la pelinegra, sin darse cuenta que prácticamente había dejado de ser escuchada. Para la chica era tan solo como un murmullo lejano, detrás de los recuerdos que estaba reviviendo.
"Ita, yo soy con Saku y tú serás el malo que nos sigue". La pequeña reía feliz por los juegos que inventaban. Tres niños jugando, corriendo, saltando, escondiéndose, cantando, haciendo desastres en la cocina o jugando guerrillas de agua. Tres niños siempre juntos, dos de ellos haciendo más travesuras que el mayor que los cuidaba e inventaba juegos cuando se aburrían.
–… Pero después de eso comenzó a pelear en la escuela, ya no quiso hacer amigos, estaba negado a todo…
A Sakura le salían mares de lágrimas, lágrimas de dolor que se arrastraban porfiadas por sus mejillas. Se hundía, sentía una opresión enorme en el pecho mientras le contaba aquello. Desde que había mencionado la muerte de su madre, a su mente habían acudido infinitas imágenes y recuerdos de ese niño tan especial para ella, de ese niño al que amaba con locura. Desde el mismo instante en que habló del estado anímico de su hijo menor por su separación, todo lo que Mikoto decía, la forma en que había descrito al pequeño, sentía que de la persona que hablaba fuera ella porque se había sentido exactamente igual que como lo describía: perdida, sola, devastada, enojada, con un fuerte dolor en el pecho y un constante nudo en la garganta. Ella también había llorado tanto. Creía vivir todo nuevamente, revivía todo lo que había sentido estando con Sasuke y cuando los separaron.
Los niños de cabello azabache desaparecieron y en su lugar apareció un niño rubio de ojos celestes; frente a él una niña de unos ocho años de edad que lloraba desesperada. "¡No los recuerdo Naruto! Estoy olvidando sus rostros. Mis amigos desaparecen… ¿Dónde están?" "Saku por favor, cálmate". "Nooo, ¿por qué? ¿Por qué?" decía más débil. "Sasuke me dijo que siempre me cuidaría, él prometió que siempre estaría a mi lado…"
– Sakura tranquilízate – pidió Hinata asustada. Hasta ese momento no se había dado cuenta del estado de trance en el que se encontraba, ni siquiera era consciente si le habían estado hablando antes de que su amiga interrumpiera sus pensamientos.
De pronto sus recuerdos se estancaron en ese día, aquel fatídico día que cambiaría sus vidas para siempre…
Todo la aturde, no sabe qué hace. Solo escucha los pasos y voces de mucha gente que nunca antes había visto. ¿Qué hacían todas aquellas personas en su casa? ¿Por qué estaban allí? ¿Por qué lloraban? ¿Dónde estaba su madre que no estaba con ella en ese momento? Sentía una tristeza inmensa, aún sin conocer el motivo de todo ese circo tétrico que se había formado. No solo estaba asustada sino que se hallaba contagiada del negro ambiente que envolvía todo a su alrededor.
Sabía que su padre estaba lejos por motivos de trabajo, pero quería ver a su madre; o que él viniera a explicarle qué era lo que pasaba, porque la única que se encontraba a su lado era la empleada doméstica que no había sido capaz de tranquilizarla ni un poco; eso sin contar que no era muy expresiva y no había pronunciado otra cosa que no fuese que se tranquilizara que pronto vendrían a buscarla. Sakura no entendía, ¿quién vendría a buscarla? ¿Por qué? ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué no le decían lo que pasaba? Quería ver a su madre, o a su padre o a Sasuke, su mejor amigo, el niño que le dijo que la cuidaría y protegería siempre; ese niño especial de intensos ojos negros y cabello azabache que ella adoraba. ¿Pero por qué no estaban con ella? Entre tanta gente se sentía sola esperando sin saber qué.
Fue en ese momento cuando el corazón le dio un vuelco al ver a su tía Tsunade atravesar la puerta de entrada. Sintió paz y alegría porque por fin alguien conocido y querido se acercaba a ella, alguien que podría contarle qué era lo que pasaba. Tras Tsunade apareció Jiraiya, Sakura no pudo contener el impulso que la hizo correr hacia ellos, sin embargo, algo en sus semblantes provocó que se detuviera. Algo no andaba bien, estaban muy tristes y eso preocupó más a la pequeña, ¿por qué nadie le decía lo que pasaba? ¿Por qué eran sus tíos los que acudían en su ayuda y no sus padres? ¿Dónde estaban? ¿Por qué sus tíos estaban tan tristes? Los pensamientos de la niña se arremolinaban en su cabeza a una velocidad increíble, y el no recibir respuesta comenzaba a desesperarla
De pronto algo la saca de sus cavilaciones, la rubia había llegado a ella y la sostenía fuertemente bajo su abrazo. Nunca se esperó que la fuerza de aquel gesto la hiciese tastabillar tanto, había estado reteniendo la angustia que le provocaba todo aquel alboroto en su casa por horas. – Estaba muy asustada tía… – sollozó.
– Ven pequeña, vayamos a hablar a un lugar más tranquilo. – Le dice con voz dulce secándole las lágrimas para luego tomarla de la mano y llevarla a su habitación. Todo bajo la atenta y triste mirada de su marido.
– ¿Dónde está mamá? ¿Qué pasa? – La niña no se aguanta y vuelve a romper en llanto. – ¿Por qué nadie me habla y todos están tristes? ¿Y papá? Quieeero a mi mamáaaa... – Tsunade hacía fuerzas por serenarse y no dejarse arrastrar por el llanto de la pequeña que sería de ahora en adelante su responsabilidad, debía permanecer fuerte para ella y ayudarla a afrontar todo lo que se le vendría encima a partir de ahora. Su hermana había muerto en circunstancias sospechosas y ellos, además de su padre, que se encontraba trabajando de incógnito en un caso bastante peligroso y de extrema seguridad, eran lo único que le quedaba. – Cariño... – comenzó mientras su sobrina se iba calmando para dejarla hablar, la rubia contuvo el aire antes de proseguir. – Temo decirte que... – aquello era tan difícil, no se sentía capaz de hacerlo. Tragó saliva. La angustia y la incertidumbre eran crecientes en Sakura, que estaba cada vez más asustada. – Tu… tu mamá ya no volverá, pequeña.
A la niña se le salieron los ojos de las órbitas, ¿había escuchado bien? ¿Cómo era posible que aquello sucediera? ¿Su madre la había abandonado? No, eso jamás sucedería. ¿Entonces? Fue en ese instante que lo comprendió, no, no era posible, aquello no podía ser cierto; sintió que su corazón se detenía y cómo los órganos que tiene en el pecho caían hacia su abdomen. – No. – dijo en un hilo de voz negando una y otra vez con la cabeza. – ¡No tía, no! No, no, ¡mamá no puede estar muerta! No. Dime que es mentira por favor... Noo, mamá noo... – El llanto de la pequeña salió con más fuerza, era desgarrador, tanto que provocó que la rubia no resistiera más y se le escaparan todas las lágrimas que había estado intentando retener mientras contenía a su sobrina.
– ¿Dó… dónde está mi papá? – Reaccionó después de varios minutos un poco más calmada, reincorporándose del abrazo protector que no la dejaba caer. Pero antes de que la rubia pudiera responder, su marido entra en la habitación para apoyarla en ese infierno. – Cerecita, a partir de ahora vendrás con tus tíos favoritos. – Dijo intentando ser gracioso para alivianar el dolor de la pequeña. Sin embargo una sombra cubrió sus ojos casi al instante. – Tu papá tuvo que salir de viaje urgente por trámites que debe realizar – continuó – pero pronto se volverán a reunir. Me pidió que te dijera que te ama, que te verá ni bien termine con todo, que eres su princesa y que tanto él como tu mamá siempre estarán contigo. – Jiraiya era un "viejo pervertido" según su ahijado, pero siempre encontraba las palabras de aliento justas. A pesar de su forma jovial, divertida y despreocupada de ser, era un hombre honorable, con un enorme corazón y de una sabiduría impresionante. Sakura se tiró a sus brazos; a pesar de que le desagradaba la idea de que su padre no estuviera con ella en esos momentos tan duros y la enojaba un poco, estaba agradecida de que sus tíos estuvieran allí.
– ¿Qué pasa mami? ¿A dónde se llevan a mi amiga? – Decía un pequeño niño de ojos negros y cabello oscuro como la noche tirando de la blusa de su madre.
– ¡Sasuke, ven aquí! – gritó de pronto Mikoto corriendo tras el niño que se dirigía a toda velocidad hacia la pequeña.
Desde que había visto a sus tíos entrar por la puerta de su casa hasta este momento, todo había parecido irreal, había perdido la noción del tiempo y no era capaz de pensar en nada, aún no asimilaba todo lo que estaba pasando. Se dirigía lentamente a la camioneta de sus tíos, tras Jiraiya que llevaba una maleta con toda su ropa, mientras Tsunade le daba las instrucciones necesarias a la empleada de sus padres y le liquidaba lo correspondido por todos sus servicios.
De pronto siente una corriente de aire, una pequeña y fugaz ráfaga que la hace detener en seco. Levanta la vista y... – Sasuke... – susurró, haciendo fuerza para no llorar.
Él la miraba precavido, el mundo pareció detenerse entre ellos, Jiraiya se volteó a verlos, Tsunade, que salía de la casa, paró en seco, esperando a ver cómo se desarrollaría aquella escena y Mikoto permaneció a una distancia prudente de los chicos después de haberle dado el alcance suficiente a su hijo para que no escapara de su vista.
Los pequeños se miraban con amor, dolor y terror en sus rostros... ¿Los separarían? ¿No volverán a verse jamás? La niña se arrojó a sus brazos, soltando el llanto que tanto había hecho por salir, Sasuke se sorprendió pero enseguida correspondió el abrazo con fuerza derramando también lágrimas de dolor.
¿Por qué la tenían que alejar de él? Pensaba el niño. – Sakura, quédate con nosotros. – Le dijo al fin buscando la mirada de su madre para obtener su aprobación.
A la niña la sorprendió aquella petición y buscó la mirada de su tía interrogante, aquello no le parecía una mala idea, ella no quería separarse de su amigo y hasta ese momento no había caído en la cuenta de que no lo vería más. No quería alejarse de él, sentía que moriría si su amigo también desaparecía de su vida. No se creía capaz de ser tan fuerte como para soportar una pérdida más.
El tiempo pareció volver a la normalidad y los adultos reaccionaron. Tsunade intervino para borrar la incomodidad generada ante la desesperación de los niños por la separación que sufrirían. – Vamos Sakura, ya es hora de irnos – dijo tendiéndole la mano. La niña dudó y miró a su amigo. – Tía – dijo dubitativa – ¿ya no volveré a ver a Sasuke?
Ambos niños la miraban con expectación, pero en su ayuda acudió Mikoto – ven Sasuke – dijo tomándole la mano. – Dejemos a Sakura con sus tíos.
– Pero le prometí que siempre la cuidaría mami. No quiero que nos separen. – Una lágrima porfiada comenzó a resbalar nuevamente por su mejilla. Estos niños hacían temblar sus corazones, les partía el alma a todos tener que separarlos.
– Va a ser por un tiempo pequeños, no se preocupen – intervino Jiraiya salvando la situación. Ese pareció ser el único consuelo que pudieron recibir. Ambos se miraron y se abrazaron fuertemente entre lágrimas, aquello no era justo, primero sus padres ¿y ahora él? Sentía cómo su pequeño corazoncito se terminaba de romper. Los adultos finalmente terminaron separándolos, y ese sería el último día, en que aparentemente se verían, el triste adiós de dos niños destinados a estar juntos, de dos niños que se amaban puramente y con locura.
– Yo... yo... – no podía hablar, se tomaba el pecho fuertemente. – Pensé que no lo vería más... aaahh... – el llanto era desgarrador, tanto que todas comenzaron a sollozar con la chica... – Noo... ¿por qué?...
– Tranquila pequeña, ya están juntos nuevamente, pronto estará aquí.
– Yo... – intentó serenarse. – No... no creo ser capaz...
– Sé de buena fuente que eres capaz de mucho. Sus sentimientos siempre contagiaron a todos a su alrededor. El recuerdo de ustedes dos despidiéndose lo tengo siempre muy latente, y créeme si te digo que no fui el único adulto del momento al que hicieron derramar lágrimas.
En ese instante algo llamó la atención de Sakura, no dio tiempo a que reaccionaran, se secó las lágrimas y salió como un rayo vestirse, pues había estado todo el día con el traje de baño y la pollera atada al costado.
– ¿Sakura? ¿Pasa algo? – preguntó una preocupada voz de mujer al otro lado de la línea.
– Dímelo tú Tsunade. – Ordenó mientras recogía sus cosas a una velocidad increíble. La rubia se dio cuenta de que algo no andaba bien, que su sobrina la llamara por su nombre solo significaba una cosa. – ¡¿Sabías perfectamente quién era el chico al que custodiaba cierto?! – el silencio que obtuvo como respuesta le confirmó lo que pensaba.
– ¡Sakura tranquilízate!
– No puedo creer que me hayas hecho algo así…
– Intenta calmarte, pones la operación en riesgo.
– Me importan un comino la maldita operación – casi gritó.
– ¡Sakura! – llamó su atención la mujer al otro lado del teléfono. Las demás habitantes de la casa habían decidido darle su espacio y esperarla abajo, sin estar seguras si lo mejor era esperar a que Sasuke llegara o ir a su encuentro en ese instante. – Escucha – decía lentamente Tsunade meditando las palabras. – Sé que significó mucho para ti y lamento no haber podido evitar su separación.
– ¿Por qué tía? – sollozó. – Confiaba en ustedes…
– Cuando supe que se trataba de él a quien debías cuidar pensé en la oportunidad que les daba la vida, en las posibilidades que podrían tener – prosiguió. – Su amistad era algo mágica ¿sabes? Nos paralizaban, era hermoso verlos juntos, todos sufrimos su separación, créeme…
– ¿Por qué no me dijeron? – preguntó débil.
– Si no fuera por Naruto aún estarías sumergida en el pozo en el que caíste al separarte de él. Debíamos cuidarte, tus ataques de pánico y tus crisis necesitaron de años de terapia. Finalmente tu mente aisló parte de los recuerdos de tu infancia para poder continuar. Éramos conscientes del cuidado que debíamos tener al decirte.
– Una inútil, la misma consentida y sobreprotegida de siempre – exclamó furiosa.
– Sakura por favor…
Las palabras pronunciadas anteriormente por su tía retumbaron de pronto en su mente. – ¿Itachi es parte de esto? – pero no se atrevió a esperar respuesta. – ¡¿Quién más sabía?! Soy una idiota… – farfullaba.
La chica respiró hondo. – Lo siento, ahora no. Necesito aire, ya hay suficiente niñeros aquí – colgó rápidamente, le dejó las ampollas con antídoto abajo del mueble a Naruto y le mandó un mensaje programado, para dentro de diez minutos y así tener el suficiente tiempo de salir sin que él supiera, informándole de ello.
Estaba sola, no podía confiar en nadie. Sentía que toda su vida había sido una mentira, desde muy chica había tenido contacto con uno de sus mejores amigos de la infancia sin saberlo, seguramente habría podido tener acceso a estar con Sasuke y se lo impidieron. Sentía impotencia, ¿quiénes más sabrían? Claro, ahora entendía el trato especial de Itachi, él sabía. Lloró, desamparada como nunca, se sentía desprotegida porque aquellos en quienes más confiaba le habían mentido. ¿Naruto sabría? Él era amigo del Uchiha menor antes de entrar a la misma preparatoria que ella. ¿Sasuke la había reconocido? Si era así ¿por qué no le había dicho nada? Sentía que la separación de ellos no había sido cosa del destino sino del hombre.
Secó sus lágrimas y bajó las escaleras. – ¿Qué haces? – preguntó Hinata.
– Me voy.
Mikoto comenzó a llorar. – Arruiné todo… yo… lo siento pequeñ…
– No se preocupe, no es culpa suya. En verdad le agradezco que fuera sincera.
– ¿Pero a dónde irás? ¿Cómo? – Preguntó preocupada Ino.
– No puedes irte caminando a esta hora desde aquí – inquirió su pelinegra amiga.
– Descuiden, estaré bien.
– De ninguna manera jovencita, espera a que Itachi traiga el auto y si quieres yo te llevaré.
– Gracias, pero necesito estar sola. – Contestó tajante, sin dar lugar a réplica.
"Chicos deben venir. Pasó algo con Sakura, se quiere ir." Leyó dos veces el mensaje de su novia para constatar que el algo que pasó con su "hermana" no implicaba daño físico. – ¡Rayos! – exclamó llamando la atención de los otros tres en el auto.
– ¿Qué sucede Naruto?
El chico tragó, – algo pasó con Sakura.
Lo miraron extrañado. – Mamá – concluyó finalmente el Uchiha mayor.
Sasuke abrió los ojos por la sorpresa. – ¿Mamá está en la casa?
– De seguro la reconoció – contestó preocupado, pues a diferencia de su hermano él conocía a la perfección la situación con los ataques de pánico de la chica.
– ¿De qué hablan? – preguntó el rubio comenzando a molestarse por el rumbo que tomaba la conversación. ¿"La reconoció"? ¿A qué se referían con aquellas palabras?
– Sakura era nuestra mejor amiga cuando éramos pequeños – contestó el joven al volante.
– Un momento, ¿cómo es que sabes…? – comenzó su hermano.
– Ahora no. No hay tiempo.
Namikaze estaba atónito. ¿Sasuke e Itachi los niños por los que ella lloraba? ¿Itachi? – ¡Eres un maldito Uchiha! – todos, excepto el antes nombrado creían que las palabras iban dirigidas al menor, pero no. – ¡¿Cómo pudiste hacerle esto?! ¡Tú sabías, siempre supiste y no le dijiste nada!
– Maldición – vociferó Sasuke molesto pensando únicamente en su pelirrosa. – ¡Apúrate Itachi!
– Cálmate Naruto – pidió Sai, algo perdido con la situación.
– ¡¿Cómo es posible que esto esté pasando?! – masculló el conductor.
Se colgó la mochila al hombro y cuando salió hacia el patio vio a cuatro chicos entrando a toda velocidad. Los recorrió con la mirada fija e impasible, retuvo el aire y avanzó. – ¿Lo sabían? – Itachi le mantuvo la mirada. – ¿Lo sabías? ¿Todo el tiempo? – Agregó dirigiéndose a él. Sasuke los miraba extrañado, no entendía por qué le hacía ese reclamo a su hermano, ¿acaso se conocían de otro lado? Lo mismo pasaba con Sai pero se debía a que estaba ajeno a todo.
Tragó grueso, sin saber cómo empezar a explicarle sin descubrirse a sí mismo y a sus compañeros frente a su familia y los amigos de su hermano menor. No encontró palabras, de un momento a otro la chica se dirigía suplicante y con dolor marcado en el rostro, a Namikaze.
– ¿Naruto…? – preguntó indecisa, rezando porque él no fuera parte del engaño. Lo hubiera esperado de cualquiera pero de él, su adorado hermano jamás. – Por favor dime que tu no… – suplicó. El chico negó con la cabeza, haciéndole volver el alma al cuerpo, cerró sus ojos e inspiró profundamente. – ¿Me lo habrías dicho?
El rubio quedó más paralizado todavía, no conocía los motivos por los que se lo habían ocultado pero, más allá de su enojo sabía que debía tratarse de algo importante. Para su alivio, Sakura pareció percatarse de su debate interno. – Sasuke… – lo miró sorprendiéndolo.
– Yo… – tardó en reaccionar, tampoco encontraba palabras.
– Entendí – dijo fría, pasando por su lado rápidamente hacia la salida. Estaba furiosa, triste, no podía confiar en nadie y lo único que quería era alejarse de ese lugar, alejarse de todos, pensar. Necesitaba estar sola y caminar por esa ruta hasta que se le gastaran las suelas de los zapatos.
– ¡Sakura! – unos minutos después sintió el grito de alguien que corría detrás de ella. – Sakura por favor detente. ¡Sakura!
– Dame solo un motivo para no escupirte la cara – dijo volviéndose con violencia.
– Lo siento, yo…
– ¡¿Lo sientes?! ¿Crees que se solucionará todo con un "lo siento"? ¿Por qué Sasuke? Confié en ti…
– Tenía miedo de perderte, tu parecías odiarme desde el principio y…
– ¿Y qué? ¿No se te ocurrió pensar que si me decías quién eras eso podría cambiar? ¿Qué en vez de ver al déspota, arrogante y mujeriego popular Sasuke Uchiha vería a mi amigo? ¡¿Al amigo que ansiaba ver desde el día en que nos separaron?! Nooo… era más divertido jugar ¿cierto?
– Escucha, tú tampoco me reconociste y al principio no sabía si era eso o simplemente me habías olvidado… o me odiabas por no estar a tu lado como te prometí.
– Eso es estúpido. ¿Perderme por decirme que eras tú? ¿Qué por fin estarías conmigo…? – comenzó a suavizarse. – Te amo Sasuke, más que a mi vida, pero ahora necesito estar sola. – Se dio media vuelta y retomó la marcha.
– A menos déjame llevarte – lo ignoró. – O llévate mi moto si quieres pero no llegarás a la ciudad caminando.
Antes de que pudiera contestar, el chirrido de una camioneta negra con vidrios polarizados frenando a gran velocidad los interrumpió.
Quiero confesarles que lo que recuerda Sakura del día en que su madre falleció iba a ser el primer capítulo, pero luego decidí darle un poco más de dramatismo y misterio y lo agregué aquí. ¿Qué piensan al respecto?
