Holaaaa! Aquí un nuevo cap. Quiero darle las gracias a HiNa ThItHa, a Carmen y a Guest por sus comentarios en el capítulo anterior, me alegra muchísimo que les guste esta historia. Sus reviews son los que me inspiran y de verdad espero que disfruten la conti: "Suelo mojado".
CAPÍTULO 22 – SUELO MOJADO
Abrió lentamente los ojos, aún aturdida por la droga que le habían inyectado sin estar segura donde estaba. Se sobresaltó al instante al recordar y rápidamente buscó a Sasuke. – Estoy aquí – escuchó su voz tranquilizadora aunque sumamente asustada.
– Sasuke yo... lo siento. Esto es mi culpa – se abalanzó hacia los barrotes de la celda a su derecha, dónde había reconocido que se encontraba el pelinegro. – Si no hubiera reaccionado de aquella forma... – intentaba decir mientras la angustia se acrecentaba más y más en su cuerpo.
Él tomó sus delicadas manos que sostenían fuertemente esos fierros, mientras veía como esa fuerte guerrera por primera vez se derrumbaba ante él. – Saldremos de ésta, lo prometo – intentó calmar besándola con desesperación entre los barrotes. Lo cierto era que él estaba tan asustado y preocupado como ella. ¿Qué querían esos tipos con ellos? Seguramente le pedirían rescate a su padre, sin embargo había cosas que no le terminaban de cerrar. ¿Por qué no lo llevaron solo a él? No era posible que supieran del trabajo de Sakura ¿o sí?
Un horrendo chirrido lo sacó de sus pensamientos y fijó la vista hacia la puerta de entrada. Miró a la chica, ella también se había vuelto hacia los dos hombres que caminaban hacia ellos. – Veo que ya han despertado – dijo uno que tenía una máscara que le dejaba descubierto solo un ojo abriendo la celda de la chica, lo que produjo que el Uchiha se aterrara. – ¿Cómo durmieron? – bromeó antes de comenzar a reírse. Su compañero, sin embargo seguía serio, irascible. – ¿Qué? Aaah – suspiró. – No tienen sentido del humor.
El otro Anbu los observaba en silencio, era un hombre grande que impartía miedo, tenía una sonrisa sádica en el rostro y un tatuaje de tiburón: Kisame. – Sabes muy bien lo que queremos saber ¿no es así? – preguntó mirando a la pelirrosa.
– No – chilló Sasuke. – ¿Qué quieren con ella? Por favor... – desesperado e impotente estaba al ver lo expuesta que estaba la joven y él sin poder hacer nada. Sacudió los barrotes con fuerza al tiempo que la chica le dirigía una mirada que intentaba tranquilizarlo, una mirada que le decía que todo estaría bien. Se volvió para fulminar con furia y odio cargados en sus ojos a los dos Akatsukis, pronto al miedo se le sumó la determinación: ya estaba adentro, ahora solo le quedaba desmantelar aquel lugar. Su prisión debía servir para algo, y se aseguraría de que así fuera.
– Necesitamos que vengas con nosotros – dijo el más serio mientras el otro se acercaba confiado.
– Es muy bonita ¿cierto Kisame? – observó rodeándola como quien estudia una obra de arte. El chico en la otra celda estaba furioso, no le gustaba para nada el rumbo que tomaba aquello. – Nunca habíamos tenido una prisionera así. Será un placer escoltarla señorita – agregó haciendo una leve reverencia antes de acercarse para agarrarla del brazo. Mas antes de tocarla, ella lanzó un golpe directo a su rostro deteniéndose a milímetros de su nariz sin que nadie pudiera siquiera advertirlo por la enorme velocidad.
– Puedo sola – dijo fría sacándolo de su estupefacción.
El hombre rió con ganas. – De acuerdo jaja... Eres ruda, me encanta esta chica, pececito – le comentó a su compañero para molestarlo. – Esto será divertido.
– Si se atreven a ponerle un solo dedo encima...
– ¿Qué harás? – desafió Kisame con burla. – ¿Acaso sabes si ella volverá? – preguntó con malicia.
Los ojos del prisionero se abrieron por la sorpresa al escuchar aquello y enseguida se abalanzó estirando el brazo entre las rejas para alcanzarlo. Su mirada era frenética, roja de furia. – Juro que los mataré – siseó. Sin embargo, las tres personas ya caminaban rumbo a la salida.
– Tranquilo chico. Si la quisieran muerta ya lo habrían hecho – escuchó una voz desde el otro lado del pasillo cuando se cerró la puerta, sumiéndolo nuevamente en la oscuridad de aquella celda.
Frunció el ceño, pero decidió ignorarlo.
– Aunque es cierto que pueden hacerle cosas horribles – prosiguió. – ¿Aún es virgen? – rió, sobresaltándolo y poniéndole los pelos de punta.
– ¡Cállate! – gritó el pelinegro con tono amenazante. – Si le ponen una mano encima juro que yo...
– No seas iluso. No hay forma de salir de aquí. Solo reza para que esos tipos no se quieran divertir un rato con tu muñequita.
Caminaba de un lado a otro como león enjaulado, miles de imágenes pasaban por su mente y no quería pensar más, estaba volviéndose loco ahí adentro. – ¡Aaahh! – un grito de frustración y un golpe a la pared salieron de él, nunca se había sentido tan impotente.
– Soy Suigetsu – dijo el hombre para distraerlo, pues ya lo estaba mareando. Volvió a ignorarlo. – ¿Por qué estás aquí? – Paró en seco ¿por qué estaba ahí? No lo sabía ¿sería por dinero quizá? No, debía haber algo más. – ¿No lo sabes? – frunció el ceño. – Jajaja... ¡Esto ya es demasiado! – exclamó.
– ¿Qué hay de ti? ¿Por qué estás aquí? – quiso distraerse, pensar en otra cosa que no fuera Sakura porque se enloquecería.
– Aaahh – suspiró. – Yo era uno de ellos. – El pelinegro alzó una ceja sin entender. – Querían que hiciera una de sus pruebas con niños – la cara de horror que puso su escucha no le pasó desapercibida. – No soy tan jodido ¿sabes? Ese maldito de Kabuto adora hacer sus experimentos con personas. Es un genio en química le encanta ver las reacciones que tienen los cuerpos al inyectarles sustancias o someterlos a radiaciones de distinto tipo; igual que a Sasori, solo que él prefiere los venenos paralizantes. El muy maldito goza de ver los rostros de miedo congelados en ese instante. Tenemos un selecto grupo de locos sádicos y psicópatas – agregó con gracia y desprecio.
– ¿A dónde vamos?
– Tranquila nena, solo queremos hacerte unas preguntas.
– Podrían haber preguntado en esa maldita jaula, no tengo nada para decirles.
– ¿Segura? – insinuó Kisame abriendo una puerta de metal que daba paso a lo que parecía una cámara de tortura. Sakura se horrorizó viéndose nuevamente invadida por el miedo, unas ganas inmensas de vomitar la abordaron. ¿Qué estarían dispuestos a hacerle a una adolescente ese grupo de hombres?
– Calma. Si nos dices lo que necesitamos nada de esto será necesario – dijo el más jovial señalando una pared llena de cortes, pinzas y látigos, así como una mesa cuyo centro se arqueaba hacia arriba y tenía cadenas para atar los cuatro miembros de una persona. La chica tragó grueso, pues sabía que ella no les diría absolutamente nada que pusiera en riesgo a sus compañeros y amigos.
– Toma asiento querida – indicó el aparentemente mayor, pues el de la máscara hablaba como un chico que se divertía con su juego. Fue entonces cuando lo entendió, los hombres encargados de los interrogatorios: el bueno y el malo. Hizo caso temiendo cómo seguiría aquello. – Será mejor que no te resistas, no soy muy paciente pero tenemos todo el tiempo del mundo para jugar – un brillo aterrador pasó por sus ojos al decir aquello mientras su compañero le llevaba las manos atrás y las esposaba.
Se resistió un poco – si solo quieren hablar no creo que todo esto sea necesario, no entiendo por qué lo hacen.
Los ojos del hombre que tenía en frente se abrieron un poco por la sorpresa, extasiado con esa actitud que le encantaría quebrantar, cualquier adolescente estaría temblando y rogando por su vida en un momento como ese, pero esa chica definitivamente no era corriente, era fuerte, los desafiaba. – ¿Quién eres y por qué estabas armada? – Comenzó directo con el interrogatorio.
– ¿Secuestran gente al azar? – cuestionó con burla en respuesta, lo que le costó una severa cachetada.
– ¿No eres consciente de la situación en la que te encuentras o sí? – preguntó frío apoyándose en los posa brazos de la silla en donde estaba atada.
Se incorporó al tiempo que la chica fingía pensar – Mmm... ¿Con dos idiotas que no saben a quién se llevan? – Eso bastó para que recibiera otro golpe con la palma, pero esta vez del otro lado y bastante más fuerte.
– Espero que empieces a cooperar sino...
– ¿Sino qué? – Definitivamente estaba loca, había perdido todo sentido de la supervivencia al provocarlos, el de la máscara rió, pues sabía que su compañero era de poca paciencia – Estoy frente a dos imbéciles demasiado cobardes como para amarrar a una chica de dieciséis años por miedo a que les patee su sucio culo.
Un nuevo golpe llegó, ahora de puño cerrado haciéndole sangrar el labio. El hombre con el tatuaje de tiburón se estaba enojando y se lo hacía saber. Acercó su rostro al de ella nuevamente – Por tu bien espero que colabores, no colmes mi paciencia porque soy capaz de despellejarte viva si así lo quisiera. – Sakura escupió con sangre su cara, el agresor cerró los ojos con furia y respirando hondo, como intentando calmarse o cavilar la mejor solución posible, se limpió con la mano. – Creo que no he sido lo suficientemente claro – explicó haciéndole señas a su compañero. En ese instante un balde de agua helada con hielo calló sobre ella, entumeciendo su cuerpo por completo y provocándole un dolor profundo en sus extremidades, su mirada pareció suavizarse, los espasmos por el temblor no se hicieron esperar. – Muy bien... Ahora dime ¿quién eres y para quién trabajas?
No contestó y el segundo balde de agua casi la hace chillar de dolor por el frío punzante que no la abandonaba. No podía permitirse morir, no así, no dejaría a Sasuke. – Mi... mi nombre es Sa... Sakura – dijo entre temblores.
– Parece que no eres tan tonta después de todo. ¿Sakura qué?
– Haruno. – Él ya sabía eso, pues su jefe la había mandado a investigar, sin embargo, debía ir despacio si quería más información.
– ¿Por qué estabas armada?
– Protección. Hoy en día la calle está peligrosa – sonrió de lado jadeante.
– Veo que no aprendes mocosa – le tiró el pelo hacia atrás. – Tobi, desátala.
– Pero...
– ¡Ahora! – Su tono de voz no daba lugar a réplica, era tajante y determinado, de modo que el enmascarado no tuvo otra elección que obedecer.
– Está bien, qué aburrido – se quejó.
La chica no podía dejar de temblar. – Allí – señaló una de las cadenas para atarle las muñecas de manera que quedara de pie y casi colgando de las mismas, tocando a penas el piso. – No eres tan valiente ahora ¿eh preciosa? – siseó pasando un dedo por su columna vertebral. – Córtalo – indicó señalando a su musculosa.
– No... – se le escapó en forma de gemido.
Kisame alzó la mano indicándole a su compañero que se detuviera. – Muy bien, escuchamos.
– La… la pistola la… obtuve del mercado negro, soy una aficionada, lo juro – mintió entre espasmos de frío. – Me gusta entrenar en el centro de tiro pero es todo por seguridad.
– ¡Mientes! – exclamó furioso arrebatándole el rebenque de la mano a Tobi para darle en el medio de la espalda. El quejido de dolor salió casi al instante en que se escuchó el ruido del cuero rompiendo el aire antes de cortar la tela de su blusa y su delicada piel.
– Lo juro. Es verdad – afirmó casi en tono de súplica. – No entiendo qué quieren que les diga. Me gusta estar segura, por eso tengo mi arma. Cuando era más chica un imbécil trataba de propasarse conmigo cada vez que podía y fue lo único que se me ocurrió. Juré que lo mataría si el maldito se atrevía a ponerme una mano encima. – Dudaba de si hacía lo correcto en decir aquello, pero era lo primero que se le había venido a la cabeza y el dolor en todo su cuerpo, fundamentalmente en la reciente zona mal herida no la dejaban pensar con claridad. Estaba agotada, no había comido en todo el día y la pelea la había dejado exhausta, incluso el somnífero la había afectado atontando sus músculos, pero debía resistir, por sus amigos, por Sasuke; una y otra vez se repetía a sí misma que no podía dejarlo solo, no en ese lugar.
Otro golpe – ¡¿crees que somos idiotas?! – y otro más, provocando que el dolor le quitara la conciencia. – Pasarás la noche aquí, a ver si reflexionas un rato.
– Creo que te pasaste pececito, solo es una niña.
Dos horas más tarde, cerca de las cuatro de la madrugada hacían acto de presencia dos Anbus en la cámara de tortura – Hidan ¿sabes por qué el jefe ordenó que la lleváramos de vuelta a los calabozos?
– No seas imbécil. Podría morirse de hipotermia y por las heridas podría entrar en estado de shock. Aahh... qué desperdicio. Déjale el botiquín al chico, que él se encargue de curarla.
– Dejémosles disfrutar un rato juntos, parecían discutir bastante cuando los encontramos.
– Maldición, maldición – vociferaba Sasuke dando vueltas como loco dentro de su celda. – ¿Por qué no la traen? ¿Por qué demoran tanto? Esto es un asco – se dejó caer rendido contra la pared, tirándose de los pelos de la cabeza en señal de desesperación.
– No lo entiendo, nunca demoran tanto – dijo Suigetsu poniéndose de pie y apoyándose sobre las barras que daban al pasillo. – ¿Quién es ella? – inquirió curioso.
Mas cuando el Uchiha estaba a punto de contestar con alguna grosería, el sonido de la puerta de entrada abriéndose y la luz que se filtraba de la misma llamó toda su atención. – ¡Sakura! ¡¿Qué le hicieron?!
– Eso no importa, agradece que podrás curar sus heridas – dijo frío el acompañante de Hidan abriendo la celda de Sasuke y lanzándole un paquete de algodón y alcohol. – Esperemos que no grite tanto cuando se lo coloques – agregó burlón.
– Hijos de... – vociferaba un furioso peliblanco.
La chica estaba inconsciente y ellos la arrojaron con fuerza, pero los brazos del Uchiha la detuvieron haciendo que callera hacia atrás con ella encima. – Mi amor – susurró viendo su lamentable estado. – ¿Qué te hicieron? – lloró abrazándola con delicadeza. Fue en ese momento que vio sangre en sus manos, las heridas en la espalda estaban completamente abiertas y sangrantes.
Los Akatsukis ya se habían ido. – Sasu...ke yo...
– Sshh... No digas nada, curaré tus heridas.
– Son unos malditos... No sé quién sea o qué haya hecho pero definitivamente hizo enojar a Kisame.
La pelirrosa sonrió dándole ánimos y se acostó sobre la manta que les habían puesto en el suelo para dormir, como si fueran perros. El pelinegro apretó fuertemente la mandíbula al ver la espalda de la joven, definitivamente mataría al maldito que le hizo eso.
– Tranquilo, ya no duele tanto – intentó apaciguar su dulce y débil voz.
Sasuke tragó con dificultad la saliva acumulada en su boca. – Solo aguanta un momento sí – pidió sin querer hacer aquello pues sabía cuan doloroso sería.
– Adelante – animó antes de morder parte de su musculosa. Un fuerte quejido de dientes apretados inundo los oídos de los dos jóvenes en aquel calabozo un total de tres veces para que al final la chica callera totalmente rendida nuevamente.
Una hora más tarde temblaba y aparentemente su temperatura era alta. – Por Dios Saku, dime qué hago – la despertó el chico. – No te duermas, no me dejes... – imploraba. Sus ojeras eran enormes pues desde que estaba ahí no había podido hacer otra cosa que no fuera estar pendiente de la ella.
– Solo perdóname por hacerte pasar por esto, es mi culpa que estemos aquí – susurró entre sus brazos a penas sin fuerzas abriendo los ojos.
– No, no tengo nada que perdonarte. Perdóname tú por ser tan idiota y cobarde. – La besó – y por no entenderte…
– Te amo Sasuke. Tengo que... decirte algo.
– Está muy entretenida la novela pero nunca vi que se ensañaran así con una mujer. ¿Qué les hiciste chica?
Sakura miró hacia dónde provenía la voz y luego a su amado.
– ¿No sabes quedarte callada cierto? – susurró este sonriéndole.
– Sabes que no soy tan fácil de convencer – respondió devolviéndole el gesto.
– ¿Qué hago? Tu temperatura es alta… – lo decía más para sí sopesando qué posibilidades tenía, pero se sorprendió al escuchar la solución de parte de su novia.
– La temperatura es solo por el shock de – no se atrevió a decir las palabras que pasaron por su mente "heridas", "latigazos", "golpes", "dolor" – ya sabes – explicó. – Solo necesito descansar un rato, pero antes – intentó ponerse de pie. – Ayúdame – pidió y luego caminó hacia los barrotes. Los abrazó de modo que el frío metal tocara sus axilas y su frente para que bajara la fiebre. – Así estará mejor – inspiró mientras un espasmo recorría todo su cuerpo, se volvió hacia el chico de cabello y ojos azabache que la miraba algo sorprendido y maravillado y añadió – ahora solo necesito tu abrazo para dormir un poco…
– ¿Qué haremos? No puedo permitir que te lleven nuevamente – susurró después de un rato.
Ella le acarició la mejilla. – Lo harán – la miró asustado – ellos quieren información. Yo estaba armada ese día y me descubrí al atacarlos. Escucha Sasuke, sé que Naruto – susurró muy bajo su nombre – te dijo algo, pero no es todo. No fuiste el único en ocultar algo, mi misión por encima de buscar información era cuidar de ti y… he fallado – agregó bajando la cabeza.
Él le levantó el mentón – no has fallado. Saldremos de esto y cuando terminemos la preparatoria me casaré contigo – quiso soñar.
– Quiero que no haya más secretos entre nosotros. Juro que aunque sea lo último que haga te sacaré de aquí porque es mi culpa que estemos en esto – insistió. Le contó todo: por qué Akatsuki lo había secuestrado, que su hermano había sido su maestro, su misión con Sasori y que incluso había más agentes a donde iban para cuidarlos a él y a los Hyugas mayores, aunque no reveló quienes.
– Ahora entiendo por qué te referías a él cuando descubriste quiénes éramos – dijo procesando lo que le había dicho. – Juro que mataré a mi hermano cuando salga. No puedo creer que haya estado siempre en contacto contigo y no me haya dicho.
– Parece que todos tenían sus razones, yo era muy débil, solía tener ataques de pánico luego de nuestra separación. Y creo que Itachi habría tenido que introducirte a este mundo para reunirnos, cosa que obviamente no quería.
– Aún así hubiera preferido enfrentarme a cualquier peligro con tal de tenerte a mi lado… Creo que él me entrenó – añadió dubitativo. – Ahora que lo pienso toda la vida estuvo preparándome para ser uno de ustedes, desde artes marciales hasta deportes extremos o uso de armas... No puedo creerlo – sonrió apoyando el codo en la rodilla y alborotándose el cabello, se encontraba en ese momento sentado contra la pared con Sakura entre sus piernas, cubierta en su abrazo.
– Aún así no quiso que te pusieras en riesgo. Itachi es un gran hermano, también para mí.
– Pues más que hermano es cuñado – corrigió.
– Sasuke – dudó al llamarlo para continuar con lo importante – en verdad lo mejor es que me vuelvan a llevar. – Sintió como se tensó bajo su cuerpo pero prosiguió. – Cuando mi madre falleció mi padre se fue con ellos, según mi tía esa era la única manera de tenerlos controlados. Kizashi Haruno era un científico de renombre en sus mejores años, el mejor ingeniero en química y bioquímica del momento, algo que lo convirtió rápidamente en el blanco de esta organización: Akatsuki. Mis tíos también son agentes especiales de O.N.H: la Organización Ninja de la Hoja – aclaró. – Ellos me introdujeron en esto y al parecer mi padre se infiltró no solo para pasar información, sino para retrasar y desmantelar sus planes lo más posible, pero corre peligro, porque aparentemente ya no les está sirviendo demasiado…
– Buscan que Fugaku trabaje para ellos… – concluyó Sasuke dándose cuenta de la idea.
– Exacto, tu padre o Hiashi Hyuga son sus objetivos, por eso sus familias corren peligro. Y por eso estás aquí. – La chica se puso de pie y él la siguió.
– Ahora entiendo…
– Que me saquen de aquí para interrogarme es la única oportunidad que tendremos para escapar.
– Es demasiado peligroso, mira cómo te han dejado…
– Escucha – se volvió hacia él y puso ambas manos sobre sus mejillas – si nos quedamos acá tarde o temprano dejaremos de servirles y nos matarán, debo intentar hacer algo con la ventaja de estar adentro. Y cuanto antes estemos fuera será mejor, van a pedirle a tu padre que colabore con ellos para mantenerte con vida y una vez que esté dentro, será imposible que salga.
– Pero… – intentó decir.
– Hablo enserio Sasuke, mi padre se ha convertido en un completo desconocido para mí, no dejaré que pierdas al tuyo.
– Esto es una locura – se exasperó revolviéndose el cabello.
– Lo sé, pero es nuestra única opción.
– Déjame colaborar.
Su cara de sorpresa lo dijo todo. – ¡¿Eh?! ¿Te has vuelto loco? Esto no es un juego.
– Tú misma admitiste mi entrenamiento.
– Pero no es igual, el hecho de que sepas usar armas o pelees bien no es suficiente; no se trata solo de eso.
– Si no me dejas, entonces no permitiré que te lleven – advirtió tajante.
– Está bien – desistió. – Pero haremos esto a mi manera. Si te doy una orden, sea cual sea, si te digo que huyas o que corras sin esperarme, lo haces. ¿Entendido?
– Estás loca si crees que…
– No tienes opción – lo interrumpió – sé lo que hago, he estado en esto desde hace mucho. Promete que obedecerás, de lo contrario podrías arruinarlo.
Asintió no muy convencido – solo si tú juras que te cuidarás.
– Te doy mi palabra – respondió alzando la mano izquierda.
– Están locos si creen que pueden escapar de aquí. Créanme, no hay forma de burlarlos.
Los quiero! Muuuaaaa! No olviden dejar su opinión!
