Hola!

Bueno, aquí les traigo la actualización de este fic que tantas alegrías me ha dado y tantas lindas retribuciones ha tenido. Lean por favor las notas finales, no quiero escribir acá para no adelantar nada del capítulo, de todos modos el título ya dice mucho. Es el título de uno de los capítulos del animé que más me dejó en ascuas por un tiempo, aunque no me aguanté y gracias a ello me terminé leyendo el manga les confieso. Solo quiero decirles que no se asusten por lo que lean y que por favor lean las notas finales.

Los quiero, no los decepcionaré.

CAPÍTULO 26 – EL AUTÉNTICO FIN

Ya era viernes por la tarde cuando el agente Namikaze se despedía de su joven novia luego de ir a buscarla a la secundaria, puesto que ese día él no había asistido a clases. – Entonces ¿aún no han encontrado nada? – preguntaba la chica.

El rubio negó con la cabeza. – Hemos estado revisando las direcciones que figuran a nombre del padre de Kakuzu, pero no hemos dado con un lugar que tenga indicios de su paradero. – Hinata bajó la vista, triste. En ese momento un celular sonó. – ¿Kakashi? – atendió el rubio.

– Shimura se está moviendo.

La mirada del joven agente se dilató un poco ante la sorpresa. – Dime la dirección, voy para allá – dijo determinado. – No lo pierdan de vista en las cámaras en lo que llego.

– Cuenta con ello – aseguró antes de cortar la comunicación.

– Debo irme Hina, el maldito salió de su casa.

– Suerte, cuídate Naruto – dijo devolviéndole el beso que acababa de darle al tiempo que al celular del chico llegaba un mensaje con la dirección a la que debía ir.

– Lo haré, te llamó luego. – Fue hacia la puerta de su auto y volvió su vista hacia ella, entonces antes de entrar caminó hacia la chica nuevamente y la besó con fuerza y ansias, un beso apasionado cargado de esperanzas. – Los encontraré, lo prometo. – Y dicho eso, rápidamente subió a su vehículo y pisó el acelerador a fondo. Se colocó un intercomunicador. – Aquí zorro ¿cuál es la situación?

– El objetivo se mueve hacia el este por la paralela a la avenida principal – comentó Shino.

– Es bueno tenerte de nuevo en el campo zorrito, ya extrañaba tu sentido del humor.

El rubio sonrió de lado arrogante. – Lo sé, soy tu mejor compañero Cejotas.

– Chicos, ¿pueden dejar de ser tan arrogantes? – regañó Temari.

– ¡Oh! Cielos – expresó Naruto – no sabía que Vientito nos acompañaba.

– Idiota – vociferó la chica mientras se escuchaba la estridente carcajada de Lee.

– Es verdad, lo siento – fingió estar pensativo el rubio – ¿cómo era…? Ah sí, Brisa.

En la casa de los Uchihas dos jóvenes no paraban de reír. Tenten ya conocía a sus amigos, pero para Neji toda esa situación era muy extraña y divertida, nunca imaginó esa actitud de niños en poderosos y fuertes agentes capacitados para el combate. – Vamos a intervenir – susurró la chica divertida. Se colocó un intercomunicador y le tendió los auriculares al Hyuga para que escuchara. – Aquí Blanca ¿me escuchan? Ayudaré a Bicho con el monitoreo de las cámaras.

– ¿Blanca? – preguntó su acompañante extrañado. – ¿Sus pseudónimos los eligen ustedes?

– Algo así, por lo general surgen como apodos en la academia o los vamos buscando a medida que desarrollamos nuestras especialidades. Por ejemplo, Naruto es Zorro por su astucia y la picardía tan particular que lo caracteriza, desde niño tuvo talento para meterse en problemas y para salir de ellos aún más rápido, fue instantáneo que lo empezaran a llamar así.

– ¿Por qué tú "Blanca"? – la interrumpió.

– Jajaja… mi especialidad son las armas blancas, antes era ese mi apodo: "Arma blanca", pero era muy largo así que solo me llaman Blanca.

– Si esto que haces ahora no es tu especialidad, no quiero ni saber lo buena que eres lanzando cuchillos.

A la chica se le escapó una carcajada – no se trata solo de lanzar cuchillos – aclaró. – Pero sí, soy buena en ello – sonrió arrogante.

– Tor-nado, idiota. Tornado, no Brisa ni Viento – se escuchó en la línea.

– Sí, sí, de acuerdo, ya entendí. ¿Moñitos aún estás ahí?

Ama se sonrojó de sobremanera. – ¡Uuuy! Este chico – siseó apretando fuertemente el puño en alza. – Sabes cómo sacar de quicio a cualquiera maldito animal pulgoso. – Los agentes masculinos comenzaron a reírse.

– ¿Tú eres Moñitos? – susurró Neji mordiéndose el labio inferior para aguantarse la risa.

La Ama apagó un instante el micrófono del intercomunicador para responderle. Vociferó molesta: – Naruto y la rep...

– Chsh – calló el Hyuga – eso no es adecuado para que salga de tu boquita de niña.

– ¿Adecuado? Yo te diré que es adec… – pero se trancó al ver la expresión tremendamente divertida del chico que no podía aguantar más las ganas de reír, y retener el aire para no largar una carcajada lo estaba haciendo quedar rojo.

La chica lo empujó divertida, verlo de esa manera la había hecho olvidar el fastidio que le había provocado su compañero. – Ya te lo dije, algunos apodos nos los ponen en la academia y nos quedan. Cuando era chica Gai me hacía dos ridículos moñitos como cuernos para ir a entrenar, y Naruto tiene su forma personal de molestar a cada uno.

– Bueno, si de esa forma igual se entienden no veo el problema.

– Neji no me busques – advirtió.

– De acuerdo, de acuerdo, es un idiota.

– Así está mejor – sonrió. – Aunque sabes, es una de las personas más leales que conozco, daría su vida por defender a quien ama. Tienes un buen cuñado – agregó – pero no le digas que te dije – sonrió antes de volver a prender el intercomunicador.

– Aquí moñitos, te romperé la cara si molestas cuadrúpedo.

– Concéntrense chicos – dijo una seria voz sorprendiéndolos a todos.

– ¡¿Cuervo?! – preguntaron al unísono sin poder creer que trabajarían junto a uno de los mejores agentes de la Hoja: Itachi Uchiha.

El chico de ojos celestes sonrió ladino. – Comencemos – dijo desafiante.

– Bien – respondió el resto afirmativamente con miradas que se habían vuelto serias y retadoras.

Tenten se tronó los dedos. – Empieza el juego. – Tecleó rápidamente sumamente concentrada bajo la atente mirada del joven de ojos perla que la miraba embelesado.

– ¿Por dónde? – preguntó Itachi.

– Lo perdí ¿Bicho puedes verlo? La última cámara que lo tomó fue la de la gasolinera que está cerca de los suburbios de la ciudad hacia el sureste.

– Entendido, voy para ahí, estoy cerca – dijo Lee acelerando.

– Paró en un almacén abandonado a cinco minutos de ahí, les estoy enviando las coordenadas a sus móviles.

– Ok, yo buscaré que direcciones de A-K-T-K o de Danzo hay cerca.

– Muy bien, Bicho no pierdas de vista la camioneta – ordenó cuervo.

– Aún no se mueve, puede ser una trampa tengan cuidado. Un momento, alguien se está acercando al vehículo. Se subió en él – iba relatando a medida que pasaban los hechos.

– Estoy fuera – dijo Temari.

– Muy bien, espera refuerzos – indicó el capitán evidente de la misión. – ¿Zorro? – preguntó dudoso al conocer al chico – revela tu posición.

– Acabo de estacionar detrás del almacén, veo a Viento, voy a entrar.

"¿Siempre tiene que decirlo mal?" pensó la rubia bajando del auto rodando los ojos. "Empiezo a creer que de verdad es idiota". Le quitó el seguro a su arma y lo suficientemente agachada como para no ser descubierta corrió hacia la parte lateral del lugar para encontrar una abertura que le permitiera entrar.

– ¿Cejas encontraste algo? – preguntó el capitán.

– Negativo, está despejado.

– De acuerdo, ve con los demás, puede que nos estén esperando.

– Chicos ese lugar figura como propiedad del gobierno, hay tres puntos más adelante a donde podrían dirigirse si siguieran en esa dirección – informaba Ama.

– La camioneta donde está Shimura acaba de entrar al depósito.

– Estamos adentro – informó Namikaze parado detrás de unas góndolas junto a su compañera. Le hizo señas para que fuera hacia la izquierda mientras él caminaba al lado contrario. Oyeron voces, al parecer una especie de pequeña reunión se llevaba a cabo en esos momentos. – Hay por lo menos cuatro personas pero Kakuzu no está entre ellos – susurró por su intercomunicador.

– Un momento – dijo la rubia – ahí está.

– ¿Todos se inyectaron una dosis de antídoto antisomnífero? – Preguntó Tenten recordándoles ese pequeño pero peligroso detalle.

– Afirmativo – respondieron casi al unísono.

– Ya estoy adentro – dijo Lee.

– Tengan cuidado, Deidara siempre lleva bombas de todo tipo encima – alertó el rubio al verlo.

– Los espero afuera – dijo frío el otro pelinegro. – Dos cada uno no es reto ¿cierto? – preguntó desafiante, orgulloso de sus jóvenes agentes. Entre "cierto", sonidos afirmativos y sonrisas arrogantes le dieron a entender que así era. – Procedan – ordenó apretando el volante.

Y así fue, salió cada uno de su escondite apuntando a aquellos terroristas con sus armas luego de haber dado la voz de "alto" aunque supieran que sería en vano y que tendrían un enfrentamiento de todos modos. Mantuvieron las distancias apuntándolos con dos armas cada uno, expectantes a que los Anbus de la nube roja realizaran algún movimiento. Estos intercambiaron miradas, mas nunca mostraron preocupación, Deidara alzó sus manos, como rindiéndose pero sin dejar de sonreír socarrón. Antes de que sus compañeros lo siguieran en aquel juego, cayeron a sus manos desde sus mangas dos especies de canicas grandes a las que hizo estrellar contra el suelo, provocando de esa manera que una espesa nube de humo los cubriera por completo, el gas se expandió impidiéndoles la visión a los agentes que a diferencia de los de Akatsuki no llevaban máscaras de humo y ya comenzaban a arderle los ojos. – Ese olor, ¡rápido busquen una salida, el humo es combustible! – gritó el rubio a sus compañeros.

Al mismo tiempo se escuchaba el ruido de dos vehículos acelerando. – Bicho, Blanca – llamó el capitán. – Sigan a la que viró hacia la izquierda, yo voy tras la otra – ordenó antes de salir a toda velocidad.

– Moños, acaba de salir del almacén una tercera camioneta con Kakuzu dentro, no la pierdas. – pidió Naruto que en ese momento salía con la visión nublada y tosiendo casi ahogado por la inhalación del gas de la bomba de humo, disparó a conciencia intentando darle a alguna rueda pero fue en vano, sus ojos no le permitían enfocarse como debía.

– Entendido. ¿Bicho? – preguntó para confirmar el procedimiento.

– Adelante, yo seguiré a la otra.

– ¡Rayos! – exclamó Naruto pateando un contenedor de basura que había en la vereda, sintiéndose sumamente frustrado por no poder seguirlos en su auto.

– Chicos la perdí – informó triste Tenten.

– ¡No! – volvió a gritar pateando nuevamente la basura ahora desparramada mientras sus compañeros lo miraban con tristeza.

– Tranquilo Naruto, la encontraremos – apoyó Temari con una mano en su hombro en señal de apoyo.

Lee la imitó. – Ella estará bien, lo sé.

– La camioneta siguió rumbo al bosque, ahí no hay cámaras – prosiguió Tenten. – Estuve averiguando y toda esa zona de cerros pertenece al gobierno.

– ¿Podría ser que tuvieran una guarida en ese lugar? – preguntó la rubia.

– Sería un excelente lugar para esconder lo que sea – concordó Rock.

– Más bien yo les afirmaría que así es. Vi el predio por satélite, estoy segura de que algo tienen ahí, quizá con suerte sean nuestros chicos.

– Blanca – dijo el rubio sorprendiéndolos a todos. – Gracias.

– No hay de qué compañero – sonrió comprendiéndolo.

– ¿Debemos enviar a alguien por ustedes? – preguntó Shino.

– No, la ceguera se irá en diez minutos más o menos, no tendría sentido – respondió Cejas.

– Los hice volcar – se escuchó decir a Itachi. – Necesito que envíen a alguien de la base para llevárselos.

– De acuerdo, en este momento estoy viendo tu localización, enseguida le aviso a lobo – respondió Tenten, pues Aburame seguía aún al otro vehículo por las cámaras de la ciudad.

– Los perdí – escucharon decir al hacker. – Entraron a un suburbio da la ciudad donde no hay cámaras. Solo puedo darles un radio de donde pueden estar.

– Muchas gracias Shino – le dijo un peliplata a su espalda cortándolo. – No te preocupes, ahora la prioridad es encontrar a Sasuke y Sakura.

– Omoi fue a ayudar a Itachi, pronto tendremos a dos de ellos para interrogar.

– No te confíes, no será fácil que hablen Rin – advirtió su amigo. – Si es que lo hacen – suspiró.

En cierto lugar, bastante más alejado de la base de la Organización de la Hoja, dos Anbus llegaban a la guarida en dónde tenían a los prisioneros. – Tráiganlos – ordenó furioso el pelinegro. – ¡Ya! Hidán, ve por Kisame, necesito que esa niña nos de toda la información posible, ahora – agregó. – Deidara, prepara este lugar para lo que mejor sabes, no podemos arriesgarnos a que nos hayan seguido.

– Cómo has crecido mocoso, ¿ya te sientes jefe? – expresó Zetsu sombrío, aún así obedeció. – Iré por los novios – terminó, dándose la vuelta.

– ¿Dónde demonios están? – gritaba una rubia irrumpiendo en la sala de juntas.

– Tranquilízate Tsunade, ya se están encargando de interrogarlos Omoi e Ibiki.

– Apuesto a que no serán tan rudos como yo – contestó furiosa. – Cuando los tenga en mis manos…

– Apuesto a que no – respondió comprensivo Hashirama, pero debes dejar que hagan su trabajo.

– ¿Dónde están? – se escuchó preguntar con voz potente a otro rubio dentro de aquel lugar.

– ¿Están seguros de que no comparten la misma sangre? – cuestionó irónico Jiraiya que llegaba detrás de su esposa.

– ¡Ya basta! – contestó exasperado el jefe. – Todos queremos encontrarlos con bien, pero deben respetar sus posiciones. Tengo a dos de mis mejores agentes en interrogatorios haciendo su trabajo ¿por qué demonios creen que a ustedes les dirían algo que a ellos no? – inquirió algo enojado. – Debemos trabajar como equipo, es ilógico que quieras hacer todo tú Naruto, o que vengas tú Tsunade con la esperanza de desquitarte pateando un par de traseros. – Los aludidos bajaron la cabeza, sabiendo que Senju tenía razón, sintiéndose algo absurdos por sus palabras, ellos lo sabían desde antes pero no lograban contenerse por la impotencia y la incertidumbre que crecían a cada instante.

– Hatake, tiene una llamada de Suna – le indicó Karui tendiéndole un inalámbrico, una agente que solía llevar más bien todo lo administrativo de aquel lugar a pesar de estar capacitada como el resto y ser una excelente hacker.

El capitán rápidamente contestó. – Habla Sai. Obtuvimos algo de información de un arqueólogo que trabajó un tiempo para Danzo. Se trata de unas cuevas que se encuentran hacia los cerros del este de la ciudad. Todo el predio es propiedad del gobierno y está cercado como zona de derrumbe, lo cual no es cierto.

– Entiendo – contestó deduciendo a lo que el chico quería llegar.

– Kakashi – el aludido hizo silencio para que continuara. – Hay algo más… – buscó la mejor forma de decirlo. – Al parecer se trataba de antiguas cárceles. – Los ojos del capitán se abrieron como platos al oír aquello y rápidamente se puso en marcha. – Te envié las coordenadas de una de las entradas, yo estoy en camino, los veo allá.

Aún estaba en la sala de operaciones cuando le llevaron el teléfono así que corrió y entró sin golpear en la sala de juntas donde sabía que estaba su jefe reunido. – Los encontramos – dijo sin más, sorprendiendo a todos en el lugar. – No es seguro, pero hay grandes posibilidades de que se encuentren allí.

– Vamos – dijo Naruto iniciando camino nuevamente, seguido de cerca por Lee, Temari y sus padrinos.

– Necesito un médico – pidió el capitán organizando quiénes irían.

– ¿Te crees capaz…?

– Pero la mujer no dio tiempo a que terminara la pregunta, asintió firme en respuesta. – Iré yo – dijo dando un paso al frente sumamente determinada seguida por su esposo.

– Vamos – dijo éste – iremos juntos.

En ese momento aparece Itachi por el pasillo que va hacia la sala de interrogatorios, se quedó estático mirando aquella situación. Y ante la duda reflejada en su rostro, Temari le aclaró: – hay una posibilidad de que los hayan encontrado. – El pelinegro rápidamente se puso en macha; sin decir palabra alguna fue hacia su gabinete y enlistó sus armas para partir.

– De acuerdo – comenzó el capitán al ver que estaban todos. – No hay mucho que organizar, ustedes dos – dijo señalando a Namiñaze y a Uchiha vayan al frente, les pasaré las coordenadas de la entrada a la cueva. – Los siete se encaminaron hacia la salida mientras iban dando y recibiendo las órdenes – Tsunade, Jiraiya, vayan con ellos – salieron enseguida detrás del rubio que ya salía junto al hermano de Sasuke a toda velocidad. – Lee, Temari, nosotros haremos un reconocimiento del lugar y buscaremos otra entrada.

– Pero el terreno es muy amplio – apeló Lee.

Hatake viró su rostro. – Hashirama enviará refuerzos – el jefe le asintió. – Además, agentes de Suna irán a ayudar.

Los primeros en llegar fueron Itachi y Naruto tal y cómo se esperaba, cada cual en su auto deportivo. Manejar a casi doscientos kilómetros por hora los ayudaba a calmarse de modo que no reparaban en los límites de velocidad que debían respetar, cada cual tenía su objetivo claro: Sakura y Sasuke. Dejaron los vehículos algo escondidos y se dispusieron a subir un poco por aquel cerro en busca de la entrada de la que había informado hacía más de una hora Sai cuando un temblor en la tierra casi los hizo caer. Cruzaron miradas y decidieron que sería mejor apurarse. Emprendieron camino nuevamente y cuando llegaron a un claro pudieron divisar una mediana abertura que intentaba ser oculta entre algunas hierbas y enredaderas. No estaban lejos, apenas unos cien metros cuando vieron a Sai salir corriendo con Sasuke casi colgando de su brazo.

Los jóvenes agentes quedaron petrificados mirando la escena un instante antes de reaccionar, fundidos entre la alegría de ver vivo al pelinegro y la desesperación repentina por no ver salir a la chica. Corrieron a ayudarlos – ¿dónde está Sakura? – inquirió el rubio rápidamente mientras su compañero se encargaba de ayudar al hermano.

– Sakura – respondió jadeante el Uchiha menor tomándolo por el cuello de la remera. En ese momento llegaban Tsunade y Jiraiya, seguidos por los otros tres.

– ¡¿Qué?! ¿Qué Sasuke? ¿Ella qué? – preguntó al borde del colapso.

– Ella está adentro. Sálvala – imploró. Pero no hacía falta, al escuchar aquello sus ojos se abrieron de sobremanera por causa del pánico.

– Quedó atrapada por el derrumbe, debemos darnos prisa – agregó Sai, pero Naruto ya estaba corriendo rumbo a la entrada. Mas nunca logró llegar, cuando estaba a mitad de camino una nueva explosión hizo temblar el suelo tirándolo hacia atrás y la entrada a la cueva se derrumbó, dejando solo polvo y llamas que ardían furiosas comenzando a consumir el lugar.

Sus orbes se dilataron de la impresión, quedó estático por unos segundos pero rápidamente tomó impulso para correr nuevamente hacia el lugar. – ¡Nooooooo! ¡Sakuraaaaaa! – gritó con todas sus fuerzas, pero la chica no respondió. Unos brazos alrededor de su cuerpo lo habían detenido y lo sostenían con gran esfuerzo para que no pudiera escaparse. – Sueltame. ¡Saaakuraaa! – gritó más alto.

Todos se habían quedado petrificados al ver la terrible explosión y cómo las llamas comenzaban a consumirlo todo. Sasuke también se habían abalanzado hacia la entrada a pesar de su pierna rota, sin importarle nada más que su novia, Tsunade lloraba en los brazos de su esposo y éste intentaba contenerla mientras de sus ojos también caían lágrimas.

– ¡Saakuraaaa! – gritaba el rubio desesperado mientras gruesas lágrimas caían por sus mejillas. – ¡Sueltame Sai! Sakura está adentro. ¡Saskuuraa! – Y el pelinegro tuvo que agarrarlo con más ímpetu, pues el chico luchaba con furia por soltarse; cuando salió de su estupor, Lee acudió en su ayuda, también lloraba, pero era consciente de que no podrían entrar a ese infierno. – ¡Sakura sal! – gritaba el Namikaze con voz desgarradora, haciendo que el dolor se intensificara en todos los presentes, pues para todos en la organización ellos dos siempre habían sido hermanos, desde que comenzaron juntos en la academia. – Si no sales nunca te lo perdonaré ¿me oyes? ¡Saaakuraaaa! ¡Suél-ten-me! – silabeó al final, cayendo al suelo, rendido. Su pecho dolía, su hermanita se había ido de la peor manera y él no había podido salvarla. "No te preocupes Saku, de ahora en adelante yo siempre te protegeré, ya no estarás más sola" le había dicho de niño y cada vez que ella estaba asustada o lo necesitaba se lo repetía, pero no lo pudo cumplir, él no pudo salvarla; golpeó con rabia el piso, no había cuidado de ella y la había perdido. Cuando sus amigos bajaron la guardia quiso correr nuevamente, pero esta vez fue Kakashi quien lo agarró, abrazándolo con fuerza, cosa que el chico correspondió, dejándose caer sin ahora fuerza.

A unos metros de distancia, Sasuke era retenido por su hermano. – Nooo, nooo – sollozaba casi tirado en el piso. – No puede estar muerta Itachi, Sakura tiene que salir de ahí. Por favor hay que ir a buscarla, estaba muy herida – esas palabras provocaron más dolor en el Uchiha mayor. Como buen agente sabía que la iban a lastimar, pero que se lo confirmaran había hecho que la herida en su pecho se desgarrara aún más. – No va a poder sola Itachi por favor. ¡Itachi suéltame! – gritó harto, zarandeándose. – Saakuraaaa, Saaakuraaa, saaaal, por favor, sal – lloraba desgarradoramente.

– Basta Sasuke. – El aludido miró a su hermano, que negando con la cabeza le dio a entender lo peor. No había vuelta atrás, no se podía hacer nada, no había forma de que alguien sobreviviera a eso.

Su mirada se volvió a congelar, quedó vacía, sin vida. – No – susurró. – ¡Nooo! – gritó zafándose. – ¡Esto es tu culpa! – dijo acercándose casi a rastras a Sai, todos lo miraron, el aludido sin entender que se refería a él, el rubio preparado para escuchar por qué su amigo decía aquello; él mismo lo mataría si le había hecho algo a la pelirrosa. – ¡¿Por qué le hiciste caso?! ¿Por qué? – le dio un piñazo que el chico no esquivó, probablemente pensaba que se lo merecía. – Sakura le dijo que me sacara a mí y él la dejó – gritó intentando agredirlo nuevamente, pero su hermano intervino y lo abrazó, rodeándole los brazos.

– Ya está, por favor, ya cálmate – susurró apoyando su cabeza en el hombro del menor de los Uchiha.

Naruto también lo quiso golpear pero el capitán lo detuvo al darse cuenta de sus intenciones, antes de que pudiera atinar a nada. – Basta, saben perfectamente que es gracias a Sai que los encontramos.

– Ese era su deber – dijo Tsunade sorprendiéndolos a todos con su templanza. – Ella era igual a su madre y así lo quiso, la prioridad era Uchiha en esta misión y ella nunca falla en sus misiones – agregó mirando a Sasuke, tal y como decía su sobrina.

– ¿Su deber? ¡¿Su deber vieja?! – gritó el rubio haciendo caso omiso del dolor de la tía. – ¡Me importa un carajo la maldita agencia y sus reglas! ¡Yo no la hubiera dejado! Hubiera hecho hasta lo imposible…

– Sabes que hubieran quedado atrapados los tres… – comenzó el peliplata a la vez que la rubia se dirigía al chico quebrado para atenderlo, mientras un mar lágrimas seguía cayendo por sus mejillas. Pero no pudo terminar, una nueva explosión llenó el lugar, la doctora cerró sus ojos con fuerza. Ahora todos permanecían tristes, desamparados, abatidos y con desesperanza observando como las llamas consumían todo. Naruto de rodillas con la cara pegada al suelo llorando desconsoladamente, Sasuke igual, pero con el tronco levantado y la vista hacia ese infierno con la mirada perdida.

Lo siento, de verdad siento muchísimo que haya pasado eso. Pero les voy a decir algo que no debería, recuerden que no todo siempre es lo que parece así que no se asusten. Entre las advertencias de este fic no figura "muerte de un personaje" eso es por una razón así que solo confíen y sigan leyendo. Prometo no romper más sus corazones, espero que no se desilusionen de mi extremismo y me abandonen.

Muchas pero muchas gracias por el apoyo, especialmente a los que se toman el tiempo de comentar o marcan a HILOS ROJOS como favorito o como fanfic que siguen! Los quiero!

P/D: Kasumy no pude responderte por aquí directamente, pero agradezco enormemente tu comentario y me alegra un montón que te haya gustado, lamento que éste haya sido triste, pero como dije antes, no todo es lo que parece, no dañaría a nuestra chica... bueno, no más... Muchas muchas gracias por tu apoyo!