Quiero aprovechar para decirles que éste es el primer capítulo de la segunda temporada. La separación de la historia en dos grandes partes se da a partir de la "¿muerte?" de Sakura. Está toda esa primera parte en la que nuestros personajes se conocen y Sasuke y Hinata se enteran de todo y está esta segunda parte en la que los acontesimientos y el hilo conductor de la historia serán un poco diferentes.
Pido disculpas por no haberles dicho que el capítulo anterior era final de temporada, la cosa es que lo hice con un propósito y éste era no causar infartos.
Los quiero mucho! Espero que les guste!
CAPÍTULO 27 – TRES AÑOS
Tres años después…
– Aquí Zorro llamando a Águila ¿me escuchas?
– Zorro-dove te escucho.
– Teme – regañó Naruto – sabes que no puedes usar ese tipo de palabras.
– Lo siento pulgoso.
– Al diablo ave sin cerebro.
– Chicos atentos – regañó Kakashi llamando su atención. – El objetivo se mueve.
– Pajarito idiota – siseó el rubio.
– Voy tras él – dijo cierto pelinegro.
– De acuerdo, ten cuidado – aceptó lobo.
Sasuke había ingresado a la organización, se había adaptado fácil y en este tiempo se habían dedicado a desmantelar todas las guaridas de Akatsuki posibles. Aún no habían dado con el laboratorio principal pero la mayoría de sus guaridas ya no existían, al igual que sus adeptos. El pelinegro había entrado en una profunda depresión después de lo ocurrido en la cueva con Sakura pero ese trabajo y la adrenalina que corría por sus venas cuando realizaba una nueva operación, era lo único q lo devolvía a la vida. Capturar a los que la habían hecho sufrir y vengarse era su principal objetivo y lo q le daba fuerzas para seguir, la euforia que sentía en sus misiones era la sensación más grata que tenía en el último tiempo, de otro modo cuando se encontraba en su casa se abandonaba a su suerte, entre comida chatarra y alcohol.
No había sido fácil, claro que no, volver cada uno a sus respectivas casas sabiendo que no la volverían a ver. Viendo sus fotos, sus cosas, su cuarto vacío al que sus tíos decidieron cerrar tal y como ella lo había dejado, su casillero en el colegio, su butaca vacía en el salón de clases, la silla libre en la mesa de la cafetería o su gabina en la agencia de la Hoja. Un espacio vacío había quedado en todos esos lugares y en los corazones destrozados de compañeros, amigos y familiares. Sakura Haruno se había ido y eso era algo que no podían cambiar.
Tsunade comenzó a beber con más frecuencia y Jiraiya decidió que sería hora de que ambos se retiraran, por lo menos por tiempo indefinido, nada volvería a ser igual. Naruto estaba hacho añicos, había sido revisado por los paramédicos en el lugar del incidente por el estado de shock en el que parecía encontrarse. Poco después de lo de su hermana se había enfocado meramente en atrapar a todo terrorista de Akatsuki y más que le fuera posible, se convertiría en el mejor agente que haya existido y llevaría paz y justicia a tantos lugares como pudiera. Deidara, Kabuto, Kakuzu y Sasori dejaron de asistir a la preparatoria inmediatamente, desapareciendo de la faz de la tierra, con suerte alguno de ellos también había muerto en aquellas cuevas. De Kakuzu estaba casi seguro porque según todo lo que le había contado su amigo, Sakura lo había dormido para escapar, pero a Sasori y a los otros no los había visto y Karin no era alguien con la que pudiera hablar. Al parecer estaba algo triste por la repentina mudanza de su hermano mayor que se había marchado fuera de la ciudad nuevamente, pero no daba señales de saber nada más.
Los días siguientes al derrumbe de la cueva los agentes de la Hoja y Suna se habían dedicado a investigar, a buscar indicios de otras ramificaciones del laberinto que los llevara a otro sitio, documentos o incluso cuerpos, pero considerando que se trataba de un lugar muy antiguo y de enormes dimensiones, ese trabajo se iba posponiendo cada vez más debido a que además surgían misiones de mayor urgencia que hacían que las atenciones debieran ser redirigidas dejando esa exploración varias veces de lado. Nunca se pudo dar con el cuerpo de la joven pelirrosa, pero los técnicos lo atribuían a que seguramente había sido aplastado y completamente consumido por las llamas, cosa que dolía en lo profundo de sus compañeros, se trataba de una muerte horrorosa y desesperante desde cualquier punto de vista.
En la preparatoria habían sido informados de la muerte de la chica, se habló con el director alegando que la señorita Haruno había sido objetivo de un secuestro que salió mal, así nada más, sin más detalles. Luego de que dicha autoridad informara de lo ocurrido a los estudiantes y profesores se declararon tres días de duelo para respetar el dolor de todos y darles tiempo de asimilarlo. Todos estaban conmocionados con la noticia, pero su grupo de amigos estaba sumamente perdido y triste ¿cómo era posible que hubiera ocurrido algo como aquello? Ino, Hinata y Naruto ni siquiera se habían presentado a clase ese día por estar demasiado devastados como para dar cara a la vida. – ¡Rayos! Ellos sabían qué era lo que estaba pasando. Por eso se comportaban tan extraño – había concluido la mente brillante de Nara mientras intentaba asimilar la cruel noticia.
– Pobre Naruto – apoyó Gaara. – No quiero ni imaginar por lo que tuvo que pasar.
– ¿Y Sasuke? Hinata me dijo que había sido secuestrado junto con ella. Debe ser horrendo estar en esa situación – agregó Kiba.
– Creo que fuimos unos idiotas el otro día – concordó un enojado Shikamaru.
Todos bajaron sus cabezas, abatidos.
Sasuke por su lado había abandonado la preparatoria, sus padres no estaban muy de acuerdo con ello pero debido al trauma y la enorme pérdida que había sufrido se lo permitieron, siempre y cuando prometiera dar los exámenes libres al próximo año. Quería venganza y en esos momentos solo podía pensar en ello, quería destrozar con sus propias manos a los que le habían hecho daño a Sakura, le habría encantado arremeter contra el principal tormento de la chica pero a su entender Kakuzo seguramente estaba muerto. Habló con su hermano, él sabía que lo había entrenado, su novia se lo había dicho, quería cooperar en las capturas y por lo tanto quería entrar a la Organización de la Hoja. – No puedo – le había dicho Itachi. – Te he mantenido lejos de esto por años, que entres no cambiará nada.
– Sí lo hará – dijo tácito. – Necesito vengarla – agregó firme.
– ¿Y así intentas convencerme? ¿Por venganza? Tú no tienes ni idea lo que es trabajar ahí para empezar, no elegirás tus misiones, y no sueñes con que te envíen a alguna peligrosa, mucho menos al principio.
– Itachi – intentó replicar por enésima vez.
– Está fuera de discusión – contestó éste dando un portazo para salir de casa.
Con Naruto había sido distinto, él lo entendía y lo apoyaba un poco más, no estaba tan de acuerdo con la venganza pero admitía que era un sentimiento que por momentos a él también lo llenaba, quería desmantelar de una vez por todas a Akatsuki.
La mirada del rubio se transformó para siempre, no quedaba ni rastro de ese brillo en sus orbes azules tan característico. Al igual que él, el menor de los Uchiha también estaba en estado de depresión, cuando salió del hospital todos atribuían la falta de interés por salir de su habitación principalmente a su pierna quebrada, pero no fue así, se empezó a encerrar en sí mismo, aunque estuviera recuperado físicamente no salía, no comía, solo se levantaba a tomar una lata de cerveza y regresaba a la cama. Eso asustaba a sus padres y su hermano comenzó a hartarse de aquella situación.
– Sasuke cariño, te traje el desayuno – había dicho una mañana Mikoto entrando con una bandeja con tostadas con mantequilla y café. – Sasu vamos, anda debes come algo cielo – insistió al ver que el adolescente la ignoraba olímpicamente.
– Gracias mamá, no tengo hambre.
– Escucha… – comenzó, sentándose a su lado y corriéndole un mechón de cabello del rostro.
– ¡Qué no quiero nada! – gritó el chico interrumpiéndola y arrojando la bandeja con lo que le llevaba. La mujer emitió un alarido de dolor al quemarse con el café caliente, provocando que su hijo se incorporara rápidamente para ver que estuviera bien. – Oh… Mamá, lo siento, no quería.
– Lo sé mi niño – lo acarició suavemente en la mejilla. Él bajó su mirada, culpable. – Sé que estás mal, todos lo estamos. – Mikoto comenzó a llorar – esto es mi culpa, si tan solo hubiera…
– No, sabes que eso no es cierto – calmó tiernamente. – Solo hay unos culpables y son los que tramaron todo esto. – Bajaron rápidamente a la cocina para que la mujer se mojara el brazo con agua fría. – Yo… de verdad lo siento.
– Sé que es difícil cariño, pero por favor haz un esfuerzo. Busca un motivo, algo que te dé fuerzas y aférrate, ella así lo habría querido, ella dio todo de sí para que vivieras, no hagas que su muerte haya sido en vano. Estamos felices de que tú estés vivo. – El chico no dijo nada pero ya estaba harto de todo ese tipo de palabrerías, a él no le importaba que ella lo hubiera querido vivo, él la quería viva a ella, eso era lo único que quería: a ella y no podría tenerla nunca más.
– De acuerdo – dijo Itachi entrando en el dormitorio dos días después interrumpiendo el sueño de su hermano menor a la una de la tarde, cerrando tras de sí para hablar seriamente. Se había enterado de lo sucedido tras insistirle a su madre que le contara qué era lo que le había sucedido en el brazo, eso sin contar que la había visto muy triste. Susuke no entendía, lo miró con la luz molestándole en sus pupilas sin poder abrir del todo los ojos. – Hablaré en la agencia para que entres pero por lo que más quieras deja este estado lamentable, ya han pasado tres meses. Yo también la amaba, Naruto, sus tíos, muchas más personas de las que conoces lloraron su muerte pero todos seguimos adelante, por ella, sabes que lo hubiera querido así, no verte convertido en esta piltrafa humana que eres ahora.
"…Prométeme que vivirás, pase lo que pase encontrarás cada mañana un motivo para levantarte" habían sido sus palabras y él bajó la mirada, triste, sintiéndose mal por ello. – ¿Cómo se hace? – preguntó en voz alta dirigiéndose a lo que ella le había dicho.
Pero su hermano lo escuchó y lo mal interpretó – debes buscar fuerzas para seguir viviendo Sasuke, por ella que te amaba, por nosotros, y tus amigos que te amamos; mamá y papá están sufriendo mucho por verte así. Sé que lo que pasaste fue horrible pero debes hacer un esfuerzo.
– No, no lo sabes. No sabes la impotencia que sentí al estar allí y no poder defenderla de que esos malditos le pusieran las manos encima.
Itachi lo miró con horror, temiendo lo peor. Nunca había querido saber los detalles pero, tragó grueso antes de poder articular palabra… – ¿La vi…?
– No, pero esos… – apretó con fuerza los puños sobre sus rodillas – Mn – se interrumpió negando con la cabeza. – No vale la pena recordarlo pero no sabes lo inútil que me sentí, lo malditamente miserable al verla de esa manera. Por favor – lo miró directo a los ojos, suplicante. – Necesito sentirme vivo, necesito la adrenalina en mi cuerpo. Solo pruébenme, no fallaré.
El mayor sonrió nostálgico y se sentó a su lado. – Eres más bueno de lo que crees Sasuke, solo deberás recibir algo de entrenamiento adicional, detalles que yo no te he enseñado. Sé que no tendrás problemas, pero prométeme que te cuidarás. Estoy feliz de que estés vivo… – agregó alborotándole el pelo como cuando eran pequeños. – Hay algo que no te he dicho – Sasuke lo miró atento. – ¿Recuerdas el día de tu última carrera? – Al ver que así era prosiguió. – Esa fue la primera vez que te salvó – respondió mirando hacia el techo. – Ella era excelente en lo que hacía y amaba su trabajo, pero era amante de la adrenalina igual que tú. ¿Aún estás intentando recordar si la viste no es cierto? Ella fue la que te dio una paliza ese día hermano.
– ¿Qué… qué intentas decir?
– Nunca se enseñan ese tipo de maniobras, pero con tal de salvarte ella condujo en medio de una carrera marcha atrás. Fue gracias a ello que no quedaste atrapado en las bombas que había colocado Akatsuki en el campo. Nunca fallaba en sus misiones y quedó invicta… lo que quiero decir es que tú tampoco debes fallar, debes ser ágil e ingenioso, dar todo de ti para completar tu trabajo con éxito y más importante aún: no dejes que te maten ¿me oíste?
Después del apoyo de Itachi, el menor de los Uchiha entró rápidamente a la Organización de la Hoja y casi tres años más tarde se había vuelto un agente de primera, tal y como su mejor amigo. Desde su misión inicial había trabajado con él y juntos resultaron ser un equipo implacable, el mejor. Prácticamente no tenían que hablarse para darse órdenes, se entendían con solo mirarse y su coordinación era perfecta. No había duda del gran entrenamiento que tenía Sasuke y ese día, junto a Naruto, Kakashi y Lee, estaba desmantelando el último centro de redistribución de droga de una poderosa banda de narcotraficantes que se hacía llamar "Los siete espadachines de la niebla".
Amaba esa adrenalina, sabía desde lo más profundo de su ser que así era, pero al llegar a casa la soledad lo invadía. No había nada que extrañara más que aquella mata de cabello rosa que le había hecho la vida a cuadritos cuando la reencontró en la secundaria, aquella que le había dado tantas alegrías, esas enormes piedras jade que lo miraban con el más sincero amor. Hubiera dado cualquier cosa por poder salvarla, pero ahora solo podía vivir con su recuerdo, un dulce recuerdo que le recalcaba su ausencia, su injusta partida. Hacía un año que se había ido a vivir solo a un departamento, pero se encontró esa noche burlándose con ironía de su monótona vida, una noche más solo con una lata de cerveza en la mano, sentado en el sillón del living frente a un televisor que no veía.
Al día siguiente, se levantó más temprano de lo habitual, se dio un baño y desayunó cereales con leche, todo tranquilamente. Hasta que fue interrumpido por el sonido de su teléfono. – Diga…
– Mm ¿Sasuke? – escuchó una melodiosa voz al otro lado del auricular.
– ¿Quién más sino?
– ¿Cómo estás?
– Bien Hina, ¿puedes quedarte tranquila? Estoy bien. – Agradecía que se preocuparan tanto por él, sabía que su prima lo quería mucho pero lo cierto era que estaba cansado de que estuvieran detrás de él como si temieran a que se suicidase o algo por el estilo.
– ¿Vas a ir hoy?
– ¿Tú cómo…? – suspiró cayendo en la cuenta. – Es verdad: Naruto – concluyó.
– No lo culpes, él se preocupa por ti, ni siquiera has querido salir con nosotros y los chicos.
– Sabes que no estoy de ánimo como para eso.
– Nunca lo estás – replicó la pelinegra. – Deberías hacer un esfuerzo.
– Además ustedes buscan conseguirme una novia y yo ya les he dicho que no tengo interés alguno ni tiempo para salir con nadie.
– De acuerdo, admito que nos creemos cupido a veces pero queremos que estés bien.
– Y lo estoy, de verdad, no se preocupen.
– Está bien, pero si necesitas algo llámame, si quieres llorar o alguien que te escuche yo te acompaño.
– Lo sé, gracias.
– Después de todo vos siempre estuviste ahí para mí. Bueno chau, besos.
– Adiós – se despidió antes de salir a toda prisa hacia ese lugar en el que había terminado todo.
– Imaginé que vendrías. – Estaba parado frente a la entrada por la que él había escapado junto con Sai cuando escuchó la voz de su amigo que aparecía desde atrás.
– Supongo que es lo menos que puedo hacer, ni siquiera tengo una tumba para llorarla.
– Hoy hace tres años ¿quién lo diría? – dijo el rubio bajando su mirada con puños apretados.
– El tiempo pasa muy rápido ¿cierto? – suspiró, pensando en lo vacía y rutinaria que era su vida después de su partida.
Los amigos se quedaron un rato en silencio, respetando el dolor del otro, cada año era lo mismo: cuando hacía fecha del fallecimiento de Sakura iban a ese lugar y lo contemplaban como si de esa forma estuvieran un poquito más cerca de ella.
– Saaasori – dijo una dulce voz cantarina. – Ya llegué.
– Oh, aquí estás mi pequeña flor de jardín, ya te extrañaba – respondió el pelirrojo besando su frente.
– Saso, eres un exagerado ¿lo sabías? – contestó riendo.
– Te has tardado más que de costumbre Sakura, sabes que no hace mucho que estás recuperada, debes ir con cuidado.
– Sí, como digas papá.
