Hola lectores y lectoras hermos s!
Muchas gracias por la espera, por seguir la historia y sobre todo por el aliento. Espero que disfruten el capítulo.
CAPÍTULO 29 – AMOR PARA SIEMPRE
Y ahí estaba él, una vez más frente a la imponente casa de la niña de sus ojos, esperando por ella para llevarla nuevamente a Tokio, donde actualmente se encontraba estudiando bioquímica en la Universidad de ingeniería ubicada en esa ciudad. Hinata era excelente estudiante y muy buena hija, una muy responsable a ojos del gran Hiashi y por ese motivo le había alquilado un lindo apartamento cerca de donde estudiaba, aunque cada vez que podía volvía a Konhoja, al lugar en que había crecido, junto a su familia. Naruto la amaba y después de la tragedia que sufrieron, después de la dolorosa pérdida de la pelirrosa, su vínculo se fortaleció increíblemente, ella estaba al firme siempre para él, y él simplemente no podía hacer más que amarla y cuidarla, tratando de devolverle todo el amor y dedicación que ella le daba.
Los Hyuga ya no corrían el peligro de tres años atrás, pues las amenazas habían dejado de llegar y Akatsuki parecía casi haber desaparecido; seguramente estaban más centrados en intentar mantener las pocas bases que les quedaban que seguir exponiéndose a que los atraparan. El excelente grupo de agentes de la hoja, entre ellos Sasuke y Naruto estaban haciendo un estupendo trabajo al desmantelar cada una de las guaridas que lograban localizar y al apresar a cada uno de sus integrantes. Lamentablemente nunca habían podido vincular a Danzo con esa organización, el hombre era tremendamente astuto y el hecho de que había perdido a su adolescente hijo Kakuzu, quien supuestamente había sido víctima de un secuestro, había sensibilizado a las personas que lo rodeaban y lo seguían. La noticia de la terrible pérdida había sido portada de todos los diarios por varios días, incluso semanas en algunos casos, dando cada detalle de la búsqueda de los responsables, cosa que hacía rabiar a todos los que sabían cómo habían sucedido las cosas ese día; Kakuzu había sido un maldito bastardo con Sakura y si no hubiera muerto aplastado, seguramente habría sido víctima de la furia de Sasuke y Naruto que no hubieran dejado oportunidad para que otros intervinieran.
A pesar de todo, eso ahora ya no importaba, ellos seguirían hasta terminar por completo con los de la nube roja y sabían que tarde o temprano el viejo Danzo también daría un mal paso. Pero por ahora Namikaze solo se permitiría ser feliz junto a la chica que amaba: Hinata Hyuga y la protegería con su vida si fuera necesario para evitar que algo le pase. Aún si eso implicaba vivir con ella, cosa que no le costaba ningún esfuerzo; no lo hacía oficialmente pero sí se quedaba en su departamento gran parte de la semana, exceptuando cuando tenía alguna misión o si ella tenía que reunirse para hacer algún trabajo para la universidad, en ese caso se iba para no molestarla, por todo lo demás se podía decir que estaban conviviendo juntos.
Ya eran una pareja estable y madura basada en el amor, la confianza, la completa entrega y compromiso con el otro. Aunque claro que no siempre fue así, pasaron por muchas situaciones para llegar a donde estaban, tuvieron sus problemas, incluso fue muy difícil para la pelinegra al principio conseguir que el rubio la dejara acercarse, puesto que no hacía más que apartarse del mundo y sentía tanta rabia y culpa que estaba enojado todo el tiempo, no con ella sino consigo mismo, se veía responsable por lo sucedido, y no hacía otra cosa que desquitarse con todos y descargar su ira y frustración en cualquiera que se le acercara e intentara ayudarlo.
Sin embargo, esos casi berrinches no duraron mucho. Estaban en la cafetería a la hora del almuerzo un día cuando un golpe seco resonó llamando la atención de los pocos estudiantes que se encontraban ahí en ese momento. – Yo también la amaba – expresó la chica con lágrimas en los ojos, consumida por un profundo dolor. El chico de ojos azules la miraba atónito, como si de ese fuerte cachetazo lo hubieran despertado de un largo sueño, o más bien una larga pesadilla. – Ya no seas un idiota, no fue tu culpa. – Al decir aquellas palabras no pudo más que salir corriendo del lugar, no soportaba más aquella situación, le dolía ver cómo su novio se consumía por causa del dolor, pero no había algo más que pudiera hacer, él simplemente rechazaba cualquier ayuda que le pudiera dar. Y ese había sido el colmo, hasta la cantinera había tenido consideración con él y le había preparado su plato favorito, pero Namikaze simplemente se limitó a tirar bruscamente la bandeja con comida ante la insistencia de ella.
– Si sigues así la perderás viejo – le dijo tranquilo Shikamaru, con las manos cruzadas detrás de su cabeza tirándose hacia atrás en la silla en la que estaba sentado por la reacción que finalmente había tenido su amiga. Sus palabras resultaron ser como un resorte para el rubio que salió de su estupor y decidido corrió tras de ella.
Cuando la alcanzó, ya se encontraba de camino hacia el portón de salida, la tomó de la muñeca y la giró suavemente hacia sí. – Lo siento nena – susurró acariciando su mejilla con una mano mientras que con la otra la abrazaba por la cintura. – De verdad que no fue mi intención, nunca quise…
Pero la pelinegra negó con la cabeza alejándose levemente de su agarre, lo miró a los ojos con sus perlas empañados en lágrimas. – Naru yo te amo e intento ayudarte, pero no puedo hacer nada si no me dejas. Debes dejarla ir – agregó luego de unos segundos, ahora era ella la que posaba su mano en la mejilla de Naruto – y guardar toda tu rabia para cuando encuentres a los que nos la arrebataron. Ellos… son los únicos culpables.
Después de ese incidente todo comenzó a ir de maravilla entre los chicos, a pesar de las recaídas de ánimo que tenían en determinadas ocasiones superaban cada prueba juntos, acompañándose y dándose valor y fuerzas para continuar.
– ¿Lista? – preguntó cuando la chica llegó a él.
Ella lo miró algo confusa pero se limitó a responder. – Andando, ya quiero llegar a casa.
– Mn – negó aferrando el volante. – Quiero llevarte a otro lado antes – le sonrió.
– ¿A otro lado? ¿A dónde iremos?
– Es una sorpresa – le sonrió haciendo que sus ojos brillaran por la emoción ante la expectativa.
– Mmm… ¿una pista? – pidió cruzando sus manos frente a su rostro.
– No seas ansiosa, ya lo verás – contestó sin poder evitar reír. Su novia hizo un puchero, algo a lo que no podía resistirse, le era imposible ser inmune a sus expresiones, que aún con el paso del tiempo la hacían verse tremendamente inocente y dulce.
Al cabo de unos cuarenta minutos aparcaron en un pequeño muelle frente al océano. Bajaron del auto y caminaron hacia el borde de la rambla, a centímetros de donde se encontraban atados diferentes clases de barcos y las lanchas, que iban desde el más pequeño y humilde al más colosal. Hinata abrió los ojos por la sorpresa, inmersa en el celeste del mar que se perdía en el horizonte – es hermoso – susurró sin despegar la vista de aquel paisaje.
– Tú lo eres – contestó el chico girándola hacia él para besarla tiernamente.
– Te amo.
– Gracias – suspiró ates de volver a juntar sus labios con los de ella. – Te amo – correspondió. – Ven, quiero enseñarte algo – agregó tomándola de la mano para luego dirigirse a un pequeño barco que a pesar de su tamaño aparentaba estar en perfectas condiciones hasta el punto de parecer prácticamente nuevo.
– ¿Es enserio? – preguntó deteniéndose en seco con una expresión que era mezcla de sorpresa y miedo.
Naruto se limitó a darle su mejor sonrisa para proporcionarle la confianza necesaria y volvió a tenderle la mano para ayudarla a subir. Ella simplemente se dejó hacer, aceptó con gusto su agarre y aunque con cierta torpeza, lo siguió.
– ¿Alguna vez has navegado? – quiso saber mientras soltaba las cuerdas que los mantenían en ese lugar.
– No que yo recuerde, no de esta forma – agregó.
– Pues me agrada que tu primera vez sea conmigo. – Al terminar su frase miró directo a la pelinegra completamente avergonzado, consciente de lo que acababa de decir. Sonrió nervioso rascándose el cabello en la parte de atrás de la cabeza. – Lo siento, no fue mi intención que sonara…
Pero la carcajada de la chica lo sorprendió. – Te vez muy gracioso todo sonrojado. – La verdad que ella también había quedado algo colorada, pero ver ese rojo furioso que cubría a Naruto hasta las orejas fue algo que le resultó sumamente cómico, jamás hubiera pensado que él, que siempre solía hacer comentarios que incomodaban a los demás haciéndoles sonrojarse, lograra quedar de esa forma por algo que él mismo había dicho. – Jajajaja… lo siento. Jaja – se disculpaba agarrándose la panza por la risa. – Pero es que… jaja… pareces un tomatito.
– ¿Ah sí? – preguntó de pronto serio, acercándose con peligrosidad hacia ella. – Pues déjame decirte – entonó seductoramente mientras la arrinconaba contra la baranda, colocando sus brazos a los costados aferrándose a la misma; llevó sus labios hasta rozar su oreja izquierda y susurró: – que te apuesto lo que sea que, al igual que este tomatito, recordaste otra situación en la que tu primera vez fue conmigo ¿no es así? – Un leve suspiro se escapó de la pelinegra ante la sensualidad de esas palabras y el tono de voz con el que las había pronunciado, fue cuestión de segundos para que adquiriera un tono tan rojizo como el que había tenido él.
– Nar…
– Soy su capitán señorita y a partir de ahora exijo el resto de todas sus "primeras veces" Hinata Hyuga – continuó él, dándose cuenta de la reacción del cuerpo de su novia bajo el suyo, ella lo anhelaba tanto como él a ella. Pero aún no, decidió; jugaría un poco más. Acarició con su nariz su cuello, inhalando suavemente su aroma impregnándoselo en lo más profundo de su alma, memorizando una vez más cada curva de esa zona.
La chica volvió a suspirar dejándose llevar por el placer pero al oír aquello, el rubio se separó, deleitándose con su rostro de goce. El barco se había comenzado a mover lentamente, arrastrado por las corrientes del inmenso mar, se había dejado llevar al igual que ellos, en completa armonía. Recién cuando el cuerpo de ese hombre dejó de aturdir al suyo y logró salir de su ensoñación, Hinata se percató de que estaban en movimiento; Naruto le tendió la mano nuevamente y la guió escaleras abajo, donde se encontraba un pequeño camarote.
En su rostro no cabía la sorpresa, ¿acaso aquello era real? No podía creerlo, aquella habitación, completamente reconfortante, perfumada y repleta de pétalos de rosas rojas, le parecía la más hermosa que alguna vez haya visto; el joven había puesto suma atención a cada detalle y no había dejado que nada se le pasara por alto. Un camino de pétalos se extendía desde el pie de la escalera donde estaban parados hasta una cama de dos plazas y media cubierta con sábanas blancas debajo del decorado de aquellas flores, a la vez que desde el techo colgaba un delicado tul que bajaba hacia los costados del lecho. Más allá de la cama, en un rincón había un yacusi con espuma, aparentemente preparado con sales de baño con un exquisito aroma a rosas, pero por si fuera poco, entre ambos se encontraba una pequeña mesita repleta de frutas frescas sumamente apetitosas. La pelinegra había quedado petrificada en el lugar, admirando semejante belleza e intentando caer en la cuenta de la sorpresa tan linda que le había preparado su novio. – Feliz aniversario mi amor – dijo sacándola de su estupor, sonriendo de felicidad al ver su reacción. – ¿Te gusta? – preguntó conociendo la respuesta que se reflejaba en la expresión de su rostro y la tensión de su cuerpo ante la sorpresa, mientras la guiaba junto a la cama.
– Es lo más hermoso que he visto en mi vida – suspiró aún sin creérselo, su novio era todo un romántico.
– Yo sé que soy demasiado inestable – comenzó, – mi trabajo y mi forma de ser no hacen que esté mucho tiempo quieto o callado y eso suele incomodar a las personas a veces; mi dieta básica consta de ramen, soy escandaloso, impulsivo y en ocasiones suelo enojarme con facilidad, hay días en los que me gusta dormir hasta tarde y es imposible que me puedan despertar pues me vuelvo muy perezoso – aclaró. – Sé que soy un pésimo partido para ti, y que a pesar ser consciente de eso, tú has estado siempre para mí. Sé que te preocupas mucho cada vez que se me presenta una misión y que no te gusta cuando me tengo que ausentar más de un día por ese motivo y sabes que yo odio estar lejos de ti y me pongo sumamente ansioso cuando no te veo. Pero aún así y a pesar de todo, a pesar de saber que no soy lo mejor para ti, que no soy tan bueno como te merecieras que fuera, porque he de admitir que en ocasiones Sasuke tiene razón y me comporto como un niño irritable – sonrió. – Aún así – retomó – hoy – hizo una pequeña pausa para infundirse valor – quiero ser egoísta y, a pesar de saber todo lo no bueno que soy para ti y a pesar de que mi trabajo es riesgoso – apoyó una de sus rodillas en el suelo mientras que doblaba la otra de la forma más clásica y formal – quiero pedirte que te cases conmigo – finalizó abriendo ante ella una cajita con un anillo hermoso que tenía un pequeño diamante dentro de un círculo que podría fácilmente asemejarse a la luna. – Me aprovecharé de que me amas porque te amo más que a mi vida y no soportaría vivirla lejos de ti.
Hinata no reaccionaba, solo se le caían lágrimas de la emoción pero no articulaba palabra, Naruto se puso de pie y sin soltarle la mano sonrió de lado – como te dije, soy egoísta.
En ese momento la chica reaccionó y se lanzó a sus brazos colgándose del cuello de su ahora prometido. – Sí, sí, sí, sí… – exclamaba dándole besos por todo el rostro al tiempo que por el impulso caían hacia atrás sobre la cama. El rubio no hacía más que reír de felicidad y por la repentina efusividad de la Hyuga. – Te amo Naruto – suspiró ella. – Quiero que seas siempre egoísta y no te separes de mí.
– ¿Está segura de lo que me pide señorita Hyuga? – preguntó con tono de voz meloso incorporándose hasta quedar sentado con la joven sobre sus piernas.
– Muy – se limitó a responder sacándose la musculosa para enseguida comenzar a besarlo.
– ¿Aunque deje de ser Hyuga para llamarse Hinata Namikaze? – inquirió entre besos para seguir provocándola.
– Aunque me cambie el nombre mil veces – respondió decidida. – Te amo – volvió a arremetir contra su boca y esta vez ya no pudieron parar, se entregaron al placer en ese lugar de ensueño una y otra vez hasta que estuvieron agotados.
Tenían provisiones para tres días, de modo que durante ese tiempo estuvieron aprovechando al máximo, nada de misiones, ni celulares, ni ningún tipo de comunicación más que la radio del barco; solos ellos dos en ese mundo aparte, solas sus almas unidas una con la otra amándose y jurándose amor para siempre.
¿Y bien?
Sé que soy un poco mala al dejarlos con el suspenso de los dos primeros capítulos de la segunda parte de esta historia y salirme un poco del SasuSaku aquí, pero todo tiene su por qué y a pesar de que Sakura y Sasuke son hermosos, Naruto y Hinata no se quedan atrás y creo que se merecían un capítulo especial después de tanto.
Gracias por leer! Los quiero!
