Holaaa!

SORPRESA!

Actualización más rápido de lo que seguramente esperaban. No los voy a aburrir más con tanto comentario esta vez. Solo quiero decirles que se lo merecen por la larga espera...

Ah! Y que hay una sorpresa más en el capítulo. Disfruten de la lectura.

Gracias por leer! Los quiero! ;)

CAPÍTULO 31 – DETERMINACIÓN

– Sasuke. Oye ¡Sasuke! Despierta. Ya has dormido demasiado hermano – agregó Naruto cuando vio que comenzó a abrir los ojos.

– ¡Rayos! – exclamó al ver a su molesto amigo, al tiempo que daba vuelta su cara y volvía a cubrirse con las sábanas para no verlo.

– Sí que te pasaste anoche – comentó para sacarle tema.

– ¿Qué pasó? – Preguntó incorporándose al fin mientras se tomaba la cabeza con una mano.

– Toma, te hará falta – dijo tendiéndole una aspirina y un vaso con agua.

El pelinegro los aceptó sin dudar. – ¿Qué hora es?

– Son exactamente las – miró el reloj en su muñeca – tres menos cuarto de la tarde. ¿Cómo te sientes?

– Como si me hubiera arroyado un tren – contestó quejoso.

– Eso lo puedo ver. Pero me refiero a… ¿cómo – resaltó esa palabra – en verdad te sientes? – aclaró llevándose una mano al corazón y dando palmaditas.

– Estoy bien – respondió Sasuke rodando los ojos, pues ya estaba acostumbrado a la preocupación excesiva del rubio.

– Escucha, no quiero que hagas cosas por compromiso, si de verdad no te sentías cómodo, debiste haberme dicho, no quiero que te presiones.

– Digo la verdad, no voy a suicidarme, si eso es lo que te preocupa.

– Hablo enserio Sas...

– También yo – lo interrumpió. – Ayer no me pasé de copas, solo… – Hizo una pausa. ¿Qué había pasado? No podía ser que el alcohol le jugara tan mala pasada nuevamente, su cuerpo ya se había acostumbrado lo suficiente como para soportar una buena cantidad de tragos. Hizo un esfuerzo por empezar a recordar todo lo pasado la noche anterior. Entonces, a su mente finalmente llegaron las imágenes: nostalgia, gente bailando, la barra, el tequila… – Suigetsu – susurró.

– ¿Qué? – Namikaze no entendía.

– Suigetsu – dijo nuevamente más claro que antes y elevando un poco el tono de voz. – Suigetsu – repitió cayendo en la cuenta y para rectificárselo a sí mismo. – Estaba en el "Dream" anoche, estoy seguro. El muy infeliz…

– Un momento. ¿Sui qué? – preguntó incrédulo, mirándolo como si el pelinegro se hubiera vuelto loco.

– El desgraciado que se salvó gracias a Sakura y luego nos abandonó – aclaró con profundo odio.

La mirada del rubio se ensombreció, rápidamente apretó los puños, con el profundo deseo de destrozar algo, aunque fuera su amigo por no decirle en el momento oportuno. – ¿Por qué no me avisaste? – inquirió con furia contenida, quería desquitarse, golpear a Sasuke por dejar que ese maldito se le escapara porque, aunque no estuviera implicado en el secuestro, era en parte responsable por la muerte de su hermana por haberlos abandonado a su suerte y haber huido cobardemente. – ¡Grrraaaaa! – gruñó tirando todo lo que había sobre la cómoda del Uchiha.

– Naruto espera – pidió aún haciendo memoria, más calmo de lo normal. – Hay más…

El rubio lo miró expectante.

– Creo que… alguien me golpeó para dejarme inconsciente.

– ¿Por qué lo haría?

– No lo sé, pero tiene que haber sido él.

– De seguro le dio miedo que lo reventaras a golpes.

– No estoy seguro… – susurró, con el sentimiento de olvidarse de algo. La noche anterior había tenido la idea de seguir a una completa desconocida solo porque tenía el cabello del mismo color que su difunta novia, definitivamente estaba volviéndose loco; lo único que le faltaba era que lo acusaran de acosador, pero no podía decírselo a Naruto o se preocuparía aún más. Debía dejar a Sakura donde estaba: solo en su corazón. – Bueno, ya no importa – se encogió de hombros restándole importancia y se dispuso a levantarse para darse un baño. – Ahora si me disculpas, preferiría estar solo.

– De acuerdo, pero trata de divertirte, aprovecha que no tendremos misiones en unos días. Cualquier cosa me llamas, preocupas a tu prima – agregó divertido desde la puerta al saber que lo exasperaba.

No quería admitirlo pero el rubio tenía razón, necesitaba despejarse un poco, y qué mejor para ello que visitar a su familia.

– Itachi – pronunció un par de horas después usando el manos libres de su auto. – ¿Qué dices si le hacemos una visita a nuestros padres? ¿Te sumas? Sé que estrás libre estas semanas, así que pensé...

– Me encantaría hermanito – lo interrumpió. – Pero Izumi no se ha estado sintiendo muy bien y no creo que sea conveniente que esté viajando demasiado.

– Aaah… – suspiró. – Es verdad, el pequeño Uchiha debe de estar haciendo estragos en su cuerpo.

– Jaja… Ni te imaginas, creo que será de los nuestros por cómo patea.

– Hmp – sonrió de lado. – Me saludas a mi cuñada y al inquieto demonio de mi parte.

– ¿Sabes que si Izumi te escucha de nuevo llamarlo así te cortará los testículos cierto? Ya te lo advirtió una vez – le dijo divertido al recordarlo.

– Jaja… Está bien, me los saludas, pero no le digas cómo llamé a mi sobrino.

– Así será – correspondió de igual forma el hermano mayor: feliz. – Susuke.

– ¿Qué? – preguntó como si fuese un niño chico a punto de ser regañado.

– Cuídate. Y dile a mamá que pronto iremos a verla – agregó más enérgico.

Después de todo por lo que habían pasado, no solo había quedado el dolor y la angustia que penetraban en las paredes de la casa, sino la culpa y la desesperanza. Pero ahora, a pesar de eso, no había duda, Itachi era feliz, toda la familia lo era. Ese niño que venía en camino era la luz que no habían podido ver y que les había hecho falta desde hacía más de tres años. Kazuki Uchiha, el nuevo miembro de la familia era la esperanza y la fuerza que les mostraba que debían seguir adelante.

Mientras iba camino a casa de sus padres, cunado colgó con su hermano comenzó a recordar cuando este último le había dicho que iba a ser papá. Aún no podía creerlo, ¿Itachi padre? Ese día lo había invitado a practicar en la pista de carreras, más bien a competir. Lo había notado muy estresado pero enseguida lo asoció con el trabajo, en donde no siempre salían las cosas como uno quería; sabía que en ese momento su hermano seguía una pista de Akatsuki, así que pensó que se trataba de eso. – ¿Quieres hablar de lo que pasa? – preguntó entonces con cautela por el intercomunicador mientras se posicionaban en la línea de salida.

Pero no obtuvo la respuesta que esperaba. – Concéntrate – dijo frío, serio mirando al frente. Y él, como buen hermano menor, hizo caso. – A la cuenta de tres. Uno…

– Dos…

– ¡Tres! – gritaron al unísono apretando los aceleradores al máximo y saliendo a toda velocidad.

Iban por la vuelta número doce cuando Sasuke decidió romper el hielo. – ¿No crees qué es suficiente? ¿Qué es lo que pasa Itachi?

– Voy a ser papá – soltó sin más.

Posterior a esas palabras solo se escuchó el chirrido del auto de Sasuke al frenar de golpe. Itachi lo imitó, quedando unos metros más adelante.

– ¿Hablas enserio? – preguntó incrédulo. Aún no asimilaba las palabras que había escuchado, ni siquiera sabía si había escuchado bien.

– ¿Crees que podría jugar con algo así? – Seguían en sus asientos, inmóviles hablando aún por el intercomunicador. – ¿Qué voy a hacer Sasuke? – suspiró cansado unos segundos después. – ¿Qué haré con un bebé? – Preguntó más para sí recostándose en el asiento. Mas un golpecito en la ventana lo interrumpió. Miró a través del vidrio con una ceja alzada pero no cambió su postura.

– Vamos, sal de ahí – incitó el otro abriendo la puerta. – Ven grandísimo idiota – dijo sacándolo de un brazo para ponerlo de pie y darle un efusivo y fuerte abrazo. – Serás un excelente padre Ita. Lo sé – le susurró. – ¡Felicidades!

Pero parecía que solo necesitaba dar la noticia para caer en la cuenta, porque enseguida se puso manos a la obra con todo lo referente al bebé: el cuarto, la ropa, los muebles, los juguetes y hasta pañales comenzó a comprar con demasiada antelación. Era tremendamente feliz y todo se lo debía a la mujer con quien se había casado cuatro meses atrás. Aunque todo había sucedido muy rápido, ya que al poco tiempo de encontrarse se enamoraron y contrajeron matrimonio, él e Izumi se habían conocido en primaria.

Sasuke no pudo evitar sonreír al recordar la historia de los Hilos Rojos que siempre le había hecho su madre. "…Si estás destinado a estar con esa persona, tarde o temprano se reencontrarán. Sus vidas están atadas por cada extremo del hilo, hijo... Solo debes creer" le decía una y otra vez cuando era niño para tranquilizarlo si extrañaba demasiado a Sakura. Y la regla no falló, así como tampoco lo hizo para Itachi y su esposa: se reencontraron. Pero entonces… – encontré el otro extremo, pero mi hilo se quemó, madre – susurró para sí mismo, melancólico, haciendo una mueca con la boca.

Jamás olvidaría ese momento, nunca había visto a su hermano tan vulnerable como ese día, pero no había duda de que Izumi lo hacía muy feliz. A pesar de que le gustara hacer rabiar a su cuñada, debía admitir que él también había llegado a quererla y agradecía que formara parte de su familia.

Finalmente llegó a la mansión Uchiha, aparcó en la entrada y antes de que bajara vio a su madre casi corriendo hacia él. Hacía casi un mes que no visitaba a sus padres, de modo que era obvio que debía esperar esa efusividad al saludarlo; para Miko, él y su hermano siempre serían niños.

– ¡Oh! Sasuke, querido, cuánto tiempo sin verte. Estaba tan preocupada. ¿Cómo has estado? Solo mírate, estás más delgado y…

– Mamá – la frenó tomando sus manos para luego besarlas cariñosamente. – Estoy bien, es solo que la comida comprada no es tan rica como la tuya.

Mikoto sonrió complacida. – ¿Lo juras?

– Lo juro – respondió poniendo los ojos en blanco. – Pero ya extrañaba demasiado esa lasaña tuya con salsa de tomate extra.

En ese momento salía Fugaku a recibirlo con un fuerte abrazo, sonriendo ante lo caballeroso y bueno que era Sasuke con su madre; sus dos hijos lo eran. Si había algo que les habían enseñado desde pequeños era a tratar bien a las mujeres, a ser caballerosos, y los Uchiha habían aprendido a la perfección. Ambos padres, próximos a convertirse en abuelos estaban muy orgullosos de sus hijos.

– Karin. Vamos ábreme la puerta. – Golpeaba la pelirrosa en la habitación de su amiga que no parecía dar señales de vida. – ¿Qué pasó? ¿Suig…

Pero no pudo terminar la pregunta, la puerta se abrió y una mano tiró de ella hacia adentro. – Ssshh… ¿quieres callarte?

– Sasori no está en casa, salió muy temprano.

– No quiero que nombres a Suigetsu – bajó extremadamente la voz al decir su nombre – ni a ninguna otra persona dentro de esta casa.

Sakura arqueó las cejas y la miró extrañada, sin entender, pero se sentó a su lado en la cama para poder hablar más tranquilas. – ¿Qué tiene de malo? Es tu novio ¿no?

Pero la pelirroja no contestó. – No lo sé – dijo al fin, con una mueca de disgusto ante la cara inquisitiva de su amiga.

– ¿Te hizo daño?

– No – suspiró. – Más bien yo lo decepcioné a él.

– ¿Cómo podrías? Eres perfecta – le sonrió amistosa para darle ánimos. – Eres una de las mejores personas que conozco y…

–Ahí está el punto – la cortó. – No soy lo que crees, dices eso porque en verdad no me conoces. Crees que soy una de las mejores personas que conoces porque no recuerdas a nadie de tu pasado; pero no lo soy Sakura, y Sasori tampoco. Deberías odiarnos.

– ¡¿Qué te sucede?! ¡¿Te volviste loca?! – expresó molesta poniéndose de pie. – ¿Dónde estaría yo si no fuera por ustedes? Muerta – contestó por sí misma al tiempo que Karin formulaba la respuesta en su mente: "con los tuyos, con la gente que de verdad se merece tu amor" pensaba. – No quiero que vuelvas a repetir algo como eso ¿me oíste? – le dijo enojada.

La chica de ojos jade suspiró para calmarse y se volvió a sentar. – ¿Y bien…? ¿Por qué no quieres que lo nombre dentro de la casa? ¿Qué tiene de malo qué tengas novio?

– Nada – negó Karin abrazándose las piernas, agradecida de que aquella conversación pudiera tomar otro rumbo. – Lo malo es que sea Sui. Sasori lo odia – aclaró. Sopesó por unos segundos una posibilidad y luego agregó: – y creo que es mutuo.

– Entonces ya se conocen – comentó la pelirrosa dando pie a que su amiga continuara el relato.

– Así es – afirmó la otra. – Salí un tiempo con Sui cuando empecé la secundaria; para ese entonces mi hermano era muy celoso. Ahora no me cela tanto, tú eres el sujeto de adoración de turno – bromeó, pero la sonrisa no llegó a sus ojos.

– Tarde o temprano se va a enterar, ¿no es mejor que seas tú quien se lo diga?

La pelirroja tembló al pensar en esa posibilidad, recordó el momento en el que le dijo que no sería parte de la mentira en la que enredaban a la chica que tenía en frente y creyó que le faltaba el aire de nuevo. El joven Akasuna siempre había tenido problemas emocionales y nadie querría verlo enojado, de eso estaba segura. Pero… ¿Qué haría? Tenía tanto miedo, además estaba Suigetsu, no quería perderlo, lo amaba. Pero su hermano… Sakura le hacía bien, nunca lo había visto tan estable. ¿Y Sakura? Ella no se merecía esto, nadie se lo merecía.

– Oye. Karin, te estoy hablando – protestó zarandeándola al ver que la aludida se había ensimismado en sus pensamientos.

La chica asintió. – Pero aún no es el momento – se limitó a decir. – Prométeme que no dirás nada.

– ¡Claro que no! – contestó ofendida. – ¿Por qué me tomas? ¿Acaso no confías en mí? No me refería a esto cuando dije que se podría enterar por otro lado, sino a que podría verlos o escucharte hablar con él, o algún vecino podría chismosearle algo. Tonta – agregó cruzándose de brazos. Entonces se acordó de algo. – Ya entendí el por qué no hablar de tu novio, pero ¿por qué me dijiste que no puedo nombrar a nadie? ¿No te parece demasiado extremo?

– Es una tontería, claro que nombrarás gente, todo el tiempo, solo te recomiendo que no para que mantengas sus celos controlados.

La Haruno largó una carcajada. – Estás tan loca como él ¿lo sabías?

Mas esas palabras la tomaron por sorpresa y quedaron haciendo ruido en su cabeza. ¿Ella igual a Sasori? Tragó grueso. No, no podía ser; no debía ser así. ¿Acaso se estaba convirtiendo en la misma clase de persona? Quizá tenía problemas psiquiátricos que desconocía. No, ella era diferente, conocía lo que estaba bien y lo que no… Frenó el curso de sus pensamientos. ¿Lo sabía? Si era así, ¿por qué justificaba a su hermano? Lo que hacían estaba completamente mal, se lo mire por donde se lo mire. ¿Qué tal si el que estuviera en lugar de Sakura fuera Suigetsu y ella lo creyera muerto? Agradecería que lo ayudaran a encontrarla, a recordarla. ¡Por Dios! ¿Qué había hecho? ¿Qué estaba haciendo? No hacía más que alimentar la locura de su hermano, eso no estaba bien y Sasori lo tendría que comprender y asimilar tarde o temprano. La situación era peor para ella, no tenía antecedentes psiquiátricos, lo que significaría cárcel por secuestro, durante muchos años y exclusión total de por vida de parte de todos aquellos que conocía, de eso estaba segura, la odiarían. Se vio acorralada, sola, desprotegida, necesitaba ayuda, no podría enfrentar todo sin un apoyo a su lado.

Temblaba, aunque no se hubiera dado cuenta. Comenzó a sudar frío y cuando se quiso acordar le estaba faltando el aire una vez más. – Kar, ¿estás bien? – escuchó a lo lejos.

– No le digas a mi hermano nada de lo que ha pasado. – Respondió poniéndose de pie y yendo al ropero para buscar qué ponerse, pues estaba de pijama. Sakura la miraba asustada. – Si te pregunta por mí solo dile que fui a encontrarme con una compañera de la Universidad para preparar un trabajo.

– ¿Irás a verlo?

Giró a verla mientras sostenía una percha que contenía una camisa suya en la mano. Finalmente se dio cuenta del miedo que estaba causando en su amiga con sus reacciones. – Debo arreglar las cosas – le dijo dulcemente para tranquilizarla.

– Me gustaría amar como tú, encontrar un amor tan profundo como el que se tienen ustedes – divagó sumida en sus pensamientos. – Aunque creo que eso nunca me pasará – sonrió desesperanzada.

– ¿Por qué lo dices?

– Porque ni siquiera sé quién soy.

Esas palabras estrujaron el corazón de Karin pero lograron que su determinación creciera; ya no estaba sola, ahora sí podría arreglar las cosas y Suigetsu la ayudaría. Debía hacer lo correcto.

– ¡Rayos! Maldición, contesta. – Vociferaba mientras iba a paso rápido por la acera rumbo a la casa del Hozuki luego de salir del subterráneo.

No tuvo la suerte que hubiese querido. El peliblanco nunca le atendió el teléfono ¿Qué tal si a estas alturas ya la hubiese denunciado? pensaba. ¿Y si había ido a hablar con Sasuke? Imposible, ni siquiera sabía dónde vivía. Sabía que esa era una excusa tonta para no encontrar a alguien, pero de todos modos intentó calmarse.

Cuando llegó, se detuvo frente a la puerta, observando con determinación su destino. Inspiró hondo y caminó a paso lento, subiendo por los escalones de la entrada. Golpeó una vez tímidamente, no se escuchaban ruidos provenientes del interior. Golpeó nuevamente con más fuerza, nada. Llamó a la puerta tres veces más, aparentemente el lugar estaba vacío. La desesperación comenzó a aumentar en su cuerpo, mas solo se limitó a sentarse en uno de los escalones a esperar; en algún momento el dueño de casa tendría que volver.

Casi una hora había pasado y su estómago comenzó a crujir, solo entonces se dio cuenta que había salido como una loca, sin siquiera desayunar. No había comido nada, ni una galletita, ni un vaso de agua, nada. De pronto se sintió más desdichada. Pero en ese instante una sombra proyectada sobre su cuerpo la sacó de su ensoñación.

– Ayúdame a abrir la puerta. – Pidió el chico que estaba cargado de bolsas de supermercado tirándole la llave.

Ella lo miró sin comprender pero obedeció sin decir palabra.

– Sabía que vendrías – le sonrió el joven.

– Ah… – se sorprendió. – ¿Sí?

– Sí, eres muy predecible Kar. Bueno, no tanto – agregó haciendo una mueca al pensar que nunca se habría imaginado que su novia pudiera ser cómplice de Sasori de esa forma. – Pero no eres mala – prosiguió cerrando la puerta tras de sí con el pie. – Conozco a tu hermano y sé que te manipuló.

La pelirroja se sentía como creyó que nunca lo haría, como una nenita indefensa ante un hombre con el que salía. Suigetsu dejó las bolsas de compra sobre la mesa y tomó sus manos. La guió hacia el sofá y la sentó a su lado.

– Sui yo… no quiero ser más parte de esto – comenzó tímida, con un hilo de voz. – Sé que todos van a odiarme, incluso mi hermano. Pero no puedo más…

Como no podía ser de otra forma, Karin comenzó a llorar. Necesitaba desahogarse y finalmente, después de tanto, se sentía protegida en los brazos de su novio. La persona en la que podía confiar y que la sacaría de esa cárcel en la que estaba encerrada junto al Akasuna.

– Lo sé, lo sé – intentó calmarla, abrazándola y dándole palmaditas en la espalda.

– Tengo miedo Sui – dijo incorporándose y mirándolo a los ojos, – Sasori es peligroso.

Él asintió, serio.

– Pero eso ya lo sabes… – concluyó ella.

– Creo que es hora de que nos sinceremos los dos.

Muchas gracias nuevamente por sus comentarios!

DULCECITO311: Esta rápida publicación es una retribución por todas las veces que te hice esperar demasiado, sé que eres una de mis lectoras fieles que está a la espera de que actualice y siempre me dejas reviews, me encantan, así que muchas gracias. Estos días estoy inspirada, ya quiero que se reencuentren yo también, pero debo ir con cuidado. ;) Respecto a lo de Suigetsu, se los debe, tiene que hacer las cosas bien. Te confieso algo? Yo tampoco creo que Sasuke pudiera olvidar a su pelirrosa. Muchas gracias por seguir apoyándome!

Kasumy: Esta es una sorpresa, esta vez no te hice esperar tanto. ;) Amo tu entusiasmo, siempre. Me encanta lo que provoca esta historia en tí, porque no hay nada más lindo que eso y cómo lectora que soy, entiendo y comparto también el sentimiento. Me refiero a eso que sentimos cuando no damos más, cuando lo que sienten los personajes nos traspasa y no podemos dejar de leer. Si puedo provocar eso en aunque sea una persona, este fic habrá valido la pena. Suigetsu reconoció a Sakura pero aparentemente Sasuke no la llegó a ver, solo el recuerdo presente de su imagen en su mente le hizo susurrar su nombre. Muchas gracias por tu apoyo incondicional!

HiNaThItHa.16241: Muchas gracias por tu nuevo comentario. Me encanta que sigas la historia y tener tu apoyo capítulo tras capítulo; para mí es muy importante. Creo que Suigetsu se siente muy culpable y quiere redimirse, de modo que tiene la mejor oportunidad para hacerlo. Es increíble cómo descifras los posibles escenarios; no estoy segura de cómo se den las cosas pero lo que sí creo es que Karín es una bomba de tiempo y tiene que decidir de qué lado está. Aparentemente en este capítulo tomó una determinación, pero no sé con exactitud cómo vaya a actuar. En fin, capítulo 31 listo, seguramente antes de lo que esperabas. Muchas gracias por tu apoyo!