Hola a todos! Aquí les dejo un nuevo capítulo.
Primero que nada quiero pedirles disculpas por la demora, sé que esperaban con ansias la actualización, pero el trabajo y el estudio no me dejan tiempo para nada. Quiero recordarles una vez más que voy a terminar la historia sí o sí, aunque me lleve más tiempo del planeado, no se preocupen. Por otro lado, lamento no responder sus HERMOSOS comentarios como de costumbre, pues a gatas tuve tiempo de subir el capítulo.
Espero que lo disfruten! Los quiero! Gracias por apoyarme!
CAPÍTULO 34 – VIVA
– ¡Sakura está viva!
"Sakura está viva… Sakura está viva… viva…" El tiempo se detuvo de pronto, Sasuke frenó en seco cuando escuchó el grito de Suigetsu. Esas palabras se quedaron haciendo eco fuertemente en su cabeza. "Sakura está viva…" "Nooo…" se dijo de pronto, era imposible. Él vio cómo todo se había derrumbado ante sus ojos, no había forma de que hubiera podido escapar de ese lugar. Apretó los puños con fuerza, con una furia incontenible, casi insoportable.
Giró velozmente sobre los talones y vio a los jóvenes que lo miraban ahora precavidos, aguardando por su reacción. – ¿Te burlas de mí? – acusó colérico, amenazante, yendo a paso firme hacia el peliblanco.
– No, aguarda Sasuke – quiso explicarse Hozuki interponiendo las manos entre sus cuerpos; cosa que no bastó para detenerlo.
– ¿Qué ganas con esto? – inquirió aterrador tomándolo fuertemente por el cuello de la remera. – Dame una sola razón para no hacerte pedazos en este momento – siseó frío.
– ¡Sasuke para! – gritó Karin aterrada, tratando de zafarle el brazo. – ¡Basta! Por favor, lo que dice es verdad. – decía desesperada.
Los ojos del pelinegro se dirigieron por un segundo a la chica, lo que le decían no podía ser verdad. No sabía por qué lo hacían pero ya no importaba; en este momento en lo único que pensaba era en su necesidad imperiosa de descargarse. De modo que sin meditarlo más alzó su puño dispuesto a golpear al cobarde que tenía en frente.
– ¡Nooo! – gritó la chica. Mas en ese preciso momento alguien tomó al pelinegro por detrás, abrazándolo por encima de los brazos con fuerza.
– ¡Sasuke! ¿Qué rayos haces? – cuestionó Naruto forcejeando con él.
– ¡Suéltame!
– ¡Cálmate!
– ¡Que me sueltes te dije! – exigió con una clara amenaza en el tono de voz.
– ¿Te vas a comportar? Estás haciendo un espectáculo en plena calle – regañó, mientras su amigo lentamente dejaba de resistirse a su agarre. – Bajé para ir a comprar algo porque no llegabas y me encuentro con esto – reprochó. – ¿Qué miran? No se queden ahí, entren al edificio y espérenme en el vestíbulo – ordenó firme a la joven pareja.
El pelinegro finalmente se calmó, se quedó quieto, estático, rendido, dándole la confianza a su amigo para que lo soltara. – No puede estar viva Naruto. No puede estarlo… ¿cierto? – Levantó la mirada suplicante, lleno de culpa por haberse rendido tan rápido, por haberse dejado engañar tan fácilmente si lo que le acababan de decir llegaba a ser verdad; y se encontró con unos ojos azules que lo miraban con dolor y miedo.
– ¿Qué… qué estás queriendo decir…?
– Ellos afirman que…
En ese momento el rubio lo comprendió, y Sasuke lo supo por su cara de sorpresa y porque enseguida corrió hacia la entrada del edificio.
Ingresó al vestíbulo y no les dio tiempo a que le dijeran nada, tomó a Suigetsu por el cuello de la remera y lo arrastró hacia el ascensor. – No te mato solo porque necesito respuestas. – Las puertas se abrieron y entraron, seguidos por una aterrada Karin y un aturdido Uchiha. – Y las quiero ya.
– Ya, ya – dijo molesto el Hozuki soltándose de su agarre. – Esto ya es un abuso, yo puedo solo.
Entraron al apartamento que el Namikaze compartía con su prometida y sorprendieron a la chica hasta el punto de no saber cómo reaccionar ante tan inesperada visita y el aire tan tenso que había entre los presentes. Conocía demasiado bien a Naruto y a su primo como para darse cuenta de lo enojados que estaban y lo grave que aparentaba ser aquella situación; pero no conocía el motivo. ¿Qué tendría que ver Karin en ello? Porque de seguro estaba implicada. ¿Y quién era ese otro chico que los acompañaba? Al parecer los chicos no eran nada cordiales con ellos. El rubio se acercó a ella y pasando una mano por su cintura besó tiernamente su cabello antes de guiarla al sofá del living. Esa acción la puso más en alerta, ya que sabía que cuando su casi marido estaba mal, recurría a besar su frente o su cabeza e inhalar en su cabello, como si de un elixir relajante y de fuerzas se tratara.
– ¿Qué sucede? – se atrevió a susurrar mientras caminaba hacia el living rodeándolo por la cintura.
El chico negó con la cabeza y le envió una mirada que no pudo esconder todo lo abatido, triste y desesperado que estaba.
Los demás visitantes los siguieron con cautela y en silencio. Karin seguía aterrada pero era guiada por Suigetsu, que no la dejaría sola. El rubio les indicó que tomaran asiento en el sillón más grande mientras él y Sasuke se instalaban uno a cada lado en los sofás de dos cuerpos. Hinata se sentó en el posabrazo al lado del rubio, expectante y ansiosa, entrelazando fuertemente la mano de su novio.
– Comienza – siseó frío el Uchiha al ver que el ambiente se hacía cada vez más espeso y ninguno emitía sonido. – Espera Sasuke, antes quiero que sepas que…
– No me interesa escuchar escusas – lo interrumpió. – Quiero saber por qué dijiste lo que dijiste allá abajo.
– Porque es verdad – suspiró Karin, resignada a que sucediera lo que sucediera ella debía deshacerse de esa carga. Aunque el mundo entero se le viniera encima. – Sakura está viva.
Hinata ahogó un grito tapándose la boca con la mano. Y a pesar de ya haberlo escuchado antes, los ojos de Sasuke y Naruto, al igual que los de la pelinegra se abrieron como platos cuando escucharon aquella revelación.
– ¿Qué… qué dices? – logró articular la pelinegra al ver a los dos chicos petrificados.
– Ella estuvo viviendo todo este tiempo con mi hermano – comenzó a relatar. Sasuke y Naruto apretaban los puños con fuerza, haciéndose de todo su autocontrol para no interrumpirla.
– ¿Con tu…? – quiso preguntar la Hyuga algo confundida.
– Sasori Akasuna – interrumpió Karin, provocando nuevamente sorpresa en la otra fémina. – Yo no sabía en ese entonces que él la tenía. Lo juro… – decía buscando excusarse mientras comenzaba a llorar nuevamente.
– ¿Cuánto hace que lo sabes? – inquirió frío Sasuke, logrando sobresaltarla.
– Un año – confesó temerosa.
Se hizo un silencio sepulcral en aquella sala, silencio que fue interrumpido por un golpe sordo que dejó a los presentes de piedra. – ¡¿Cómo pudiste?! – gritó la autora del golpe, finalmente liberándolos del estupor y exaltándolos.
Naruto abrazó a Hinata por detrás y la guió hacia él nuevamente, intentando consolarla sobre su regazo.
– Yo… lo siento – sollozó la pelirroja poniéndose de rodillas – en verdad lo siento. La descubrí por accidente y cuando quise enfrentar a mi hermano, él me amenazó y me dijo que quedaría tan implicada como él. Yo estaba muy sola y no sabía a quién recurrir, entonces solo me limité a hacer lo que él me ordenaba. Aunque no lo crean me mandó a cuidarla…
El Uchiha frunció el ceño, a lo que ella aclaró: – Según sé, la rescató de algún lado. Pero Haruno estuvo casi dos años en coma por un fuerte golpe en la cabeza.
El ambiente era sumamente tenso, los chicos repetían en sus cabezas aquel fatídico día. Sasuke veía su mirada jade despidiéndose y Naruto las explosiones que no le dejaban alcanzar a su hermanita.
– ¿Dónde está? – Exigió el primero poniéndose de pie, sin importarle escuchar cualquier otro tipo de explicación. Su amigo lo siguió.
– Esperen – interrumpió Suigetsu. – Primero hay algo que deben saber.
Su novia lo miró y éste le asintió dándole el valor que necesitaba. – Sa… Sakura perdió la memoria. Ella cree que soy su mejor amiga y… – tragó grueso antes de continuar – que Sasori es su ex novio.
Esa noticia fue como un baldazo de agua fría para Sasuke, que por un momento pensó que la pelirrosa no lo había buscado por estar cautiva, no que hubiera sido porque no lo recordara.
La pelirroja vio el terror y el odio reflejados en los ojos ónix del que años atrás había sido su compañero y el miedo le hizo sacudir todo el cuerpo. – Pero no te preocupes, ella pone una distancia considerable con él – repuso de inmediato para tranquilizarlo. – Creo que lo aprecia, pero nunca le correspondió.
– Maldito… – siseó. – Voy a matarlo…
– ¿Dónde está Sakura? – preguntó ahora Naruto con intenciones de salir inmediatamente a buscarla.
– No lo sabemos…
– Aguarden – pidió el peliblanco, respaldando a su novia. – Si hemos venido es porque de verdad queremos ayudar. Pero necesitamos que no quieran matarnos con cada palabra que decimos.
– ¿Cómo te atreves…?
– Cuando te encontré en el bar no sabía nada de esto – comenzó a contarle. – Karin no sabía que los conocía y me la presentó como su amiga. Al principio no estaba seguro pero les seguí el juego, y cuando me di cuenta de que tú la creías muerta y de que ella en realidad no recordaba, la seguí al trabajo y dije tu nombre para ver su reacción; pero Sakura se descompensó…
– No sabemos si haya recordado, pero Sasori se la llevó, y tengo miedo de lo que pueda hacerle. Él me dijo que si ella recordaba se encargaría de remediarlo. No sé qué haya querido decir pero tengo miedo. Quiero salvarla y por eso acudí a ustedes, aunque sea odiada y termine de por vida tras las rejas. Finalmente pude conocer lo buena que es Sakura y la quiero. Quiero que esté bien, aunque me odie, y mi hermano también.
– Tu hermano no se merece que pienses en él – le dijo Suigetsu.
– Aún así sabes que no puedo evitarlo, sigue siendo mi familia.
– ¿Y bien? ¿Cuál es el siguiente paso? – preguntó impaciente Hinata mirando a su pareja.
– Debemos informarlo a los demás – se apresuró a decir Sasuke.
– No. – Expresó Naruto. – Primero debemos asegurarnos de que sea cierto. – Parecía tan irreal el hecho de que Sakura estuviera viva que les cayó mal a todos que cuando empezaban a hacerse a la idea de que la podrían ver de vuelta, el rubio les diera a entender que no debían estar seguros de ello todavía.
– Aparentemente entre hoy y mañana vuelven a la casa de mi hermano…
– Dame su dirección – ordenó Namikaze, más experiente en todo lo que tenía que ver con la agencia y su trabajo, desempeñado desde hacía años. La pelirroja solo asintió y se limitó a hacer lo que le pedía e intercambiaron teléfonos, acordando que ella les avisaría de cualquier novedad.
Esa noche ninguno de los cinco pudo dormir. Karin se encontraba sumamente nerviosa y asustada por lo que pudiera ocurrirle a ella y por cómo estaría su amiga. Suigetsu no dejaba de pensar en el peligro que corría su novia y cuánto le gustaría acompañarla en esos momentos, aunque a su vez estaba tranquilo de poder hacer lo correcto.
Naruto se desahogaba en los brazos de Hinata, que no paraba de abrazarlo y darle cuanto consuelo fuera posible, a pesar de que ella también se encontraba desbordada por la situación.
– No puede ser cierto – sollozaba. – Ella sufriendo todo este tiempo, en manos de un criminal. ¿Cómo pudimos rendirnos tan rápido? ¿Cómo es posible que nos hayan engañado tan fácil? Si hubiera sido al revés, ella no hubiera descansado hasta encontrar el cuerpo, aunque tuviera que quitar piedra por piedra ella misma. Le fallé Hina – agregó mirándola a los ojos. – La dejé sola.
– Ssshh… No digas eso – susurró la pelinegra acariciándolo. – No había forma de que pudieras saber eso, era imposible llegar hasta donde se suponía había quedado sepultada.
– Estuvo dos años en coma y quien sabe qué mierda le metió ese infeliz en la cabeza, o qué porquerías le esté haciendo ahora... Debemos encontrarla. Debo salvarla….
– Y lo harás – confirmó segura. – Lo sé, sé que lo lograrán y ella estará bien.
– Gracias. No sé qué haría si no estuvieras conmigo – susurró, pegando su frente a la de ella antes de besarla tiernamente.
– Siempre. Escúchame bien – recalcó con ambas manos en las mejillas de su novio para que la mirara. – Siempre podrás contar conmigo, cada vez que me necesites ahí estaré.
– Te amo – se limitó a decir, descargando toda su tristeza, miedos y frustración a través de la pasión que le generaba su amada. La besó con fiereza, con fuerza, apartando todas sus dudas, decidiéndose y dejándose llevar para volver a ser él mismo. Se dejaron arrastrar por el placer una y otra vez esa noche… – Te amo – volvió a susurrar, entre jadeos mientras le acariciaba el cabello y la envestía tiernamente, con cuidado, como si se pudiera romper. Haciendo el amor como si de una reconciliación se tratara, lentamente, con cariño, disfrutando de cada movimiento, siendo conscientes de cada roce, de cada caricia y cada beso…
La noche de Sasuke no fue tan pasable como a él le hubiera gustado. Fue de terror, cuando se fue de la casa de su amigo no hizo más que caminar y caminar, sin rumbo fijo, intentando despejar su mente. No sabe ni cómo ni en qué momento llegó al lugar en donde había estado viviendo Sakura todo ese tiempo. Comprobó la dirección que tenía escrita en un papel, sí, efectivamente ahí era. Observó la casa desde la acera de en frente, tan fuerte era el magnetismo que generaba sobre él que había ido a parar ahí sin darse cuenta. Se recostó a la pared, aún sin poder procesar todo lo que había escuchado horas antes. Tal irreal parecía pensar que pudiera estar viva después de todas las horas que había pasado llorándola, tan irrisorio era pensar que había estado tan cerca de descubrirla. Su mente y su corazón le estaban jugando una mala pasada en ese momento, todo era confuso, se sentía girar dentro de una licuadora de la que no podía salir. "¿Dónde estás?" susurró al viento. "Te necesito…"
Como era de preverse no pudo dormir esa noche, lo intentó, por un momento se tendió en la cama con la esperanza de que el sueño lo venciera, pero le fue imposible. En lugar de seguir dando vueltas sobre su cama, decidió levantarse y volver a lo que hacía tiempo lo había ayudado. Bajó a la cocina y revisó el mueble aéreo donde guardaba el vodka. "Tsk" expresó cerrándolo de un portazo y abriendo otra puerta. Nada. Fue a la heladera por una cerveza. Solo una lata fue lo que vio, "maldito Naruto" dijo al recordar que el rubio le había advertido que le tiraría todo. No le quedó más remedio, se terminó lo único que había encontrado, se metió a la ducha, dejando fluir parte de sus emociones, pues seguía tan estático emocionalmente como una estatua, para luego salir a correr. Corrió, corrió tanto como nunca, hasta quedar agotado y acalambrado. Hasta el punto en el que cuando llegó a su casa se derrumbó, literalmente, cayó rendido en su cama y lloró, tanto como sus pulmones le permitieron, derramó lágrimas que hacía tiempo se habían quedado congeladas cubriendo su corazón y luego… cuando ya no pudo más… comenzó a reír. Soltó una carcajada como nunca, parecía un loco psicópata y eso lo hacía reír aún más, estaba feliz porque su pelirrosa estaba viva. A pesar de todo, a pesar de que no lo recordara o de que no estaba con él, estaba viva y eso era lo único que importaba.
Se levantó al rato más decidido que nunca, aunque tuviera que hacerse conocer de vuelta, aunque tuviera que secuestrarla o enamorarla una vez más ella estaba ahí, esperando por él, esperando a que la amara, y él iría por ella.
No pudo aguantar a recibir la llamada de Karin y decidió darse una vuelta por el lugar aprovechando que por unos días no trabajaría, para ya de paso ver si podría agregar algunas cámaras de vigilancia para tenerla monitoreada la mayor parte del tiempo.
Apagó su auto cerca de la esquina y de espaldas a la casa para no levantar sospechas, de modo que tuvo que valerse únicamente de los espejos retrovisores. Permaneció allí cerca de una hora y media, observando cada detalle, cada árbol y construcción aledaña que pudiese darle la oportunidad de instalar el sistema de monitoreo; ya había planificado todo mentalmente para volver esa noche. El problema era que debería pedir equipo extra en la Organización y para ello tendría que exponer el motivo de por qué lo necesitaba. Si bien era cierto que pensaban en no decir nada hasta no estar seguros de que la Haruno estaba con vida, lo cierto era que podrían obtener una buena cantidad de ayuda extra si informaban lo que sabían. Además estaba el hecho de que seguramente serían severamente reprendidos por esconder semejante cosa. Negó con la cabeza, lo que menos le importaba era eso último, pero se estaba dando cuenta de que quizá estuvieran actuando mal, y que más allá de que pudieran despertar falsas esperanzas en el resto, esperanzas que ya se habían plantado el ellos y se habían ramificado por todo su cuerpo con fuerza (se le hizo un nudo en el pecho al pensar en la posibilidad de que su razón de querer vivir de nuevo fuera falsa), lo mejor sería contarles la verdad para que entre todos recuperaran a la chica.
Se enderezó en el asiento del auto, dispuesto a marcharse y aún sumido en sus pensamientos cuando una camioneta negra estacionó frente a la casa. Tragó con dificultad y observó sin quitar la vista del lugar para ver quien bajaba de ella. La puerta del piloto se abrió y pudo ver a Sasori. Sus ojos se achicaron y lo miraban con dureza, con un profundo odio por haberle arrebatado lo que más amaba en ese momento. El joven pelirrojo rodeó su vehículo por delante para abrir la puerta del copiloto. Sasuke se acercó más al espejo sin poder evitarlo, finalmente la vería, ¿sería ella? Su corazón golpeaba ansioso en su pecho y el estómago se le había endurecido como nunca. Vio como el chico le extendía la mano a alguien, la iba a ver, lo sabía. Pero en ese momento un camión comercial pasó por delante. – ¡Maldición! – vociferó golpeando el volante furioso. Sin embargo, el enorme vehículo pasó de largo dejando tras de sí la imagen de una, aparentemente débil, chica pelirrosa siendo ayudada a subir los escalones de la entrada por el Akasuna.
El Uchiha apretó el volante con fuerza, no pudo aguantar el sollozo que ese cuadro casi le saca, nunca creyó que fuera tan difícil verla de esa manera, y no solo eso, ¿qué le pasaba? ¿Por qué estaba tan débil? Quería correr a abrazarla y besarla, tocarla, comprobar que fuera real.
Tuvo que hacerse de toda su fuerza de voluntad para no tener que bajarse e ir por ella, pero no se atrevió a marcharse. Recordó lo que le habían dicho, Sakura no lo recordaba y seguramente le temería si hiciera algo así. Se quedó ahí, pensando, recostado a su asiento sin quitar los ojos de encima de la casa. Suspiró al sentir sonar su celular y ver que era su amigo quien lo llamaba. Tardó unos segundos en atender – Sasuke – llamó del otro lado de la línea el rubio. – Llamó Karin y…
– Lo sé… – suspiró.
– ¡¿Eh?! ¿Cómo que sabes? ¿Sasuke dónde estás? ¿Qué hiciste? – preguntó preocupado.
– Nada, pero no te haces una idea lo que me está costando.
Solo escuchó silencio del otro lado de la línea, entonces agregó: – La vi Naruto. Sakura está en la casa.
– ¿La viste? – preguntó impresionado y exasperado. – ¿Cómo qué la viste? ¿Cómo está, Teme? Por favor, contesta.
– No lo sé, debemos informar cuanto antes a los demás.
– De acuerdo, te veo en la base en treinta minutos.
– Hmp – asintió poniendo en marcha el motor, aunque su amigo no lo pudiera ver.
Cuando Sasuke llegó a la Agencia notó el inusual estado de nerviosismo y la densidad instaurada en el ambiente. No era para menos, pero estaba seguro de que Naruto no podría haber dicho nada aún, no sin él presente. Fue directo a la sala de juntas y al entrar se encontró con el rubio, Kakashi, Yamato, Jiraya y Hashirama esperándolo.
Seguramente su amigo había armado un gran alboroto para reunir a aquellos cuatro en ese lugar, y más después de la tragedia de hace tres años, que había provocado que el tío de Sakura se mantuviera algo distanciado de la O.N.H. Obviamente el jefe de aquella Organización no tenía tiempo para trivialidades, de modo que debió haber hecho uso de todo su poder de convicción. Por otro lado, Hatake y Kinoe eran dos de los superiores que más misiones tenían, por lo que tampoco era fácil convocarlos.
– ¿Y bien? Los escuchamos – dijo el jefe cuando el pelinegro entró. Su experiencia le decía que aquello no era nada bueno. Ya de por sí el hecho de que el joven Namikaze hablara tan serio con él y le pidiera convocar a dos de sus mejores agentes a una reunión de urgencia lo extrañaba demasiado. Sin embargo, lo que escuchó fue algo que superó todas sus expectativas y suposiciones.
– Sakura está viva – dijo Sasuke, adelantándose a su amigo.
La reacción de los tres adultos fue de extrema sorpresa. Se incorporaron rápidamente coincidiendo en que esos jóvenes habrían perdido la cabeza.
– ¡¿Qué rayos están diciendo?! – Casi gritó Hasirama. – ¿Acaso perdieron la cabeza?
– ¿En qué se basan para decir algo así? – preguntó serio Kakashi, queriendo creer que aquello fuera cierto.
– Naruto – pidió lentamente su padrino, con los puños fuertemente apretados – si lo que dices llega a ser un error, juro que te dejaré sin descendencia.
– Lo sé viejo. No hay ningún error, Sasuke lo comprobó hace unos minutos.
Todas las miradas se dirigieron hacia el mencionado, quien tuvo que empezar a explicarles la situación. Entre los dos contaron con lujo de detalles todo lo que les había dicho Karin y Suigetsu para de una vez comenzar a operar.
Cuando terminaron el relato todos estaban aturdidos, los esperaba una nueva y ardua etapa y una misión en donde no podrían fallar.
– Entiendo – dijo el jefe poniéndose de pie. – Necesito hacer una reunión general, debemos informar a los demás del nuevo acontecimiento; todos querrán saber que su compañera está viva. Kakashi, Yamato, ocúpense de agrupar a todos. Jiraya, tú encárgate de Tsunade. – Los tres asintieron al recibir las órdenes y se retiraron del lugar. – Chicos – dijo ahora dirigiéndose a los dos más jóvenes. – Trabajarán juntos, pero si alguno desobedece una orden, está fuera, no me interesa lo que digan. Quiero que quede claro porque sé lo que Sakura significa para ustedes – agregó mirándolos seriamente, primero al pelinegro y luego al rubio. – Solo sepan que es importante para todos nosotros. No se dejen llevar por sus impulsos.
– Lo sabemos – afirmó Naruto asintiendo firmemente. Su amigo lo imitó.
– Bien – sonrió de lado el jefe tronándose los dedos. – Quizá esta sea una de las misiones más difíciles que tengamos, pero cuento con los mejores – animó. – Sasuke, encárgate de las cámaras esta misma noche. Mañana en la mañana recibirán nuevas instrucciones.
