Hola amigos! Fue lo más rápido que pude actualizar, espero que lo disfruten!

Muchas gracias a todos por sus comentarios, (a MKJess-23, DULCESITO311, alicia-diezm, Kasumi y Joan)! Pido disculpas por no poder responderlos debidamente pero quiero que sepan que los leí todos, uno por uno. Gracias a todos los que siguen el fic.!

Los quiero!

CAPÍTULO 36 – NUEVO COMPAÑERO

– Sé que se estarán preguntando a qué se debe esta pequeña reunión antes de comenzar su jornada...

"Como ustedes ya saben nuestra institución ha ido creciendo año a año, aumentando el número de niños y con ello la ampliación de programas para contenerlos cada vez más. Puesto que muchos de ellos tienen padres que trabajan demasiadas horas en el día. En estos años se ha logrado agregar inglés, música y dibujo, pero necesitamos alimentar algo más que solo su mente: su cuerpo."

– Los alimentamos todos los días señor. Si va al comedor a la hora del almuerzo sabrá de qué le hablo. – Bromeó Kurotsuchi, maestra de nivel cinco y compañera de trabajo de Sakura.

– Será como entrar a un rio lleno de pirañas – advirtió divertido Akatsuchi, el cocinero.

El director, un hombre entrado en edad, sumamente bondadoso pero con muy poca paciencia y estricto por demás, se tapó el rostro exasperado. – No me refiero a eso. Sino a que los niños necesitan un espacio en donde gastar más energía, juegos en intervalos de media hora de mañana y de tarde no parece ser suficiente.

– ¿Entonces que sugiere señor Onoki? – preguntó Sakura.

El hombre la miró satisfecho, como si esa fuera la pregunta que había estado esperando. – Hace unos días un muchacho vino aquí a pedir trabajo, tiene un currículum sorprendente y él mismo me habló de los beneficios que los niños tendrían y de la importancia del deporte en sus vidas.

– Al parecer sabía de lo que hablaba – dijo pícara Kurotsuchi. – ¿Cuántas veces le hemos mencionado que sería bueno agregar algo de ejercicio a esos niños y no nos hacía caso?

Onoki la miró acusador. – Sus argumentos eran débiles, a diferencia de los suyos, profesional y perfectamente fundados.

La maestra pareció ofenderse.

– He analizado los horarios que tenemos y los recursos y creo que será sumamente beneficioso para esta escuela...

– ¿No nos llamó para pedirnos opinión o sí? – Preguntó Sakura con descaro.

Sin embargo él le sonrió, la chica siempre se adelantaba a los hechos. – No. Solo quiero informarles que a partir de mañana tendremos un nuevo compañero trabajando con nosotros. Aquí está su nueva planilla de horarios – dijo tendiéndoles unas hojas. – Háganlo sentirse como en casa, no estaré para presentarlos, tengo una reunión con los dirigentes de enseñanza mañana, ya saben cómo es eso – agregó con un gesto de la mano, restándole importancia.

– ¿Cómo crees que será el nuevo integrante del equipo eh? – preguntó la maestra de cabello corto color negro codeando a Sakura en las costillas con una sonrisa pícara.

La pelirrosa sonrió levemente y negó con la cabeza. – Vamos, ya están por entrar los niños.

– Solo piénsalo por un momento – insistió. – Profesor de gimnasia… debe tener por lo menos buen trasero, la mayoría se mantienen en forma y salen a correr; quizá hasta sea musculoso.

– ¡Kuro! – Reprendió Sakura. – Ya basta – rió, ubícate, tienes marido.

– Pero tú no – contraatacó antes de desaparecer por una de las aulas.

La pelirrosa le restó importancia al comentario de su compañera y se dirigió a la entrada a esperar a que sus niños llegaran. La Haruno enseñaba a niños de nivel cuatro y le encantaba tratar con ellos y escuchar las alocadas historias que solían contarle.

Se encontraba sumida en sus pensamientos cuando un llamado agudo la interrumpió. – ¡Señorita Haruno! – gritaba un pequeño niño, rubio y de impresionantes ojos verdes, mientras corría sonriente hacia ella con un ramo de flores en la mano.

– ¡Akemi! – exclamó devolviéndole la sonrisa. ¿Cómo has estado? Veo que tu herida está totalmente curada – agregó analizando su frente mientras recibía las flores.

– No me va a quedar ninguna marca – dijo él contento levantándose el cerquillo para mostrarle mejor.

– Eso es muy bueno Akemi – respondió contenta.

– La doctora dijo que gracias a que la herida fue tratada correctamente a tiempo no quedará cicatriz. – Fue el turno del papá del chico de dar aquella explicación. Era un hombre guapo, alto y en forma, al parecer su hijo había heredado sus rasgos, color de cabello y ojos.

– ¡Oh! Buenos días señor Minagawa – saludó haciendo una leve reverencia.

– Por favor, solo llámeme Takao – pidió él.

– De acuerdo, Takao. ¿Así que el pequeño Akemi ya está recuperado del todo?

– Así es. Dijo en el hospital que extrañaba demasiado a su maestra para que le dieran el alta médica – explicó el hombre tapándose la cara con una mano y haciéndole un giño a la Haruno, pero sabiendo que su hijo escuchaba.

Akemi se puso colorado y rápidamente miró amenazante y avergonzado a su padre. – ¿Enserio? – preguntó Sakura para mitigar la vergüenza, yo también te extrañé Akemi, de hecho todos lo hicimos. El pequeño había faltado casi una semana después de haberse cortado la frente cuando se cayó jugando en el patio de la escuela y aterrizó directamente sobre el borde del arenero.

– ¿De verdad? – los ojos del niño se iluminaron.

– Así es. ¿Ahora por qué no vas al salón de clases? – sugirió. – Estoy segura de que tus compañeros estarán contentos de verte.

Antes de que pudieran decir más, el chico le entregó las flores y salió corriendo hacia el aula. Ambos adultos se pusieron más serios. – ¿Cómo lo llevan? – preguntó Sakura. El rostro del hombre mientras veía correr a su hijo era desolador.

– Aki es fuerte, pero temo que no pueda superarlo, es muy apegado a su madre, pero aún no entiende lo que está pasando, es demasiado inocente y pequeño para pasar por algo así.

– ¿Has pensado en buscar ayuda?

– Toda la que he podido, hemos visto tantos especialistas como nos fue posible pero todos dicen lo mismo…

– No, es decir… Me refiero a ayuda para Akemi y para ti, alguien que los ayude a afrontar ese momento, alguien que pueda ir preparándolo.

Takao la miró por un momento, luego suspiró. – Ni yo mismo sé que haría sin ella, ¿cómo podría cuidar yo solo de Aki? Me siento perdido, ya no sé qué voy a hacer… Su vida se desvanece cada vez más entre mis manos y no puedo hacer nada, me siento tan impotente…

La pelirrosa se sentía sumamente conmocionada y conmovida, nunca había visto a un hombre sufrir tanto por su amor. Pero más allá de eso, se sentía triste e impotente, no le gustaba ver mal a nadie, y definitivamente esa familia no se merecía lo que les estaba pasando. Era sumamente injusto que Akemi tuviera que perder a su madre tan joven. Pero el maldito cáncer que tenía, le afectaba cada vez más los huesos y ni siquiera le estaba permitiendo levantarse para poder disfrutar sus últimos momentos con su hijo.

– Lo siento – dijo Minagawa al fin. – Creo que necesitaba hablar con alguien.

– No hay problema Takao, estoy para lo que necesiten. De verdad, pueden contar conmigo para lo que sea.

– Gracias. Es usted muy buena señorita Haruno.

– Sakura, por favor.

– Sakura – repuso el hombre, despidiéndose con una reverencia.

– Maestra se demoró mucho. – Se quejó una niña rubia, de ojos celestes, muy inquieta.

– Estaba hablando con el papá de Akemi, Ruri. Pero ahora que estamos todos, por qué no le cuentas qué hemos estado haciendo en su ausencia.

– ¡No puedo creer! – chilló Naruto. – ¿De verdad van a mandar a Sasuke a convivir con un montón de mocosos? Matará a alguno del susto antes de que pueda completar su misión – sentenció cruzándose de brazos.

– ¿O sea que según tú Sasuke es malo con los niños? – preguntó burlona Temari.

– Pues tendrá que practicar, pronto será tío – sonrió Itachi, que había ido a acompañarlo.

– Hmp. Ni pienses que me enchufarás a tu demonio todas las noches para escaparte con su madre.

– ¡Ey! Eso no se hace. – Protestó el Uchiha mayor. – Serás un mal tío y un peor hermano si no cuidas a Kazuki de vez en cuando.

– ¿Lo ven? – insistió el rubio señalándolo. – No es bueno con los niños.

Ya harto, Sasuke se volvió hacia él. – Puedo jugar el papel que yo quiera – le dijo arrogante. – Seré el más tierno maldito profesor de peluche que pueda existir para esos mocosos.

– Sí claro – dijo sonriendo cruzada de brazos Temari.

– Eso tengo que verlo – concordó Itachi.

– ¿Sasuke rodeado de un montón de niños? Será divertido – agregó Naruto cambiando su actitud mientras seguía a los demás hacia la salida de la base.

Sasuke estaba sumamente nervioso. No había podido pegar un ojo en toda la noche anterior. El pensar que finalmente vería a Sakura de cerca, que podría interactuar con ella y hasta sentir su aroma o su voz lo hacía temblar de expectación. Quería hacer todo bien para ella, caerle bien, ser agradable, pero no estaba seguro de qué tanto se podría contener, no sabía qué tan bien podría actuar cuando la viera y de dónde sacaría la fuerza para no tomarla entre sus brazos, besarla y llevársela lejos. Mientras se dirigía en su auto hacia su nueva misión recordó que ella le había contado que le habría gustado conocer a alguien de manera normal, en un bar como cualquier otra chica, como si la chica por la que se había hecho pasar, esa que no existía fuera real y lo conociera sin más, de una manera corriente y normal. Y eso haría, haría que lo conociera, que fuera normal; que no tuviera que preocuparse por nada más allá de qué ponerse para una cita o qué perfume era más rico o si por estaba bien peinada. Haría que todo fuera perfecto para ella. La amaba y quería enamorarla otra vez, de mil formas diferentes, si es que aún no lo recordaba.

Aparcó lentamente en el estacionamiento, sabiendo que debía ir a registrarse a administración sin ningún recibimiento por parte del director, pues el hombre le había dicho que no estaría en su primer día de trabajo. Cuando llegó a la oficina indicada, reconoció a la señorita Haku, que Onoki le había presentado el día anterior. La joven le sonrió amistosamente y le indicó unos papeles para que firmara. Parecía un lugar agradable, pero si de algo estaba seguro era de que su amigo tenía razón, aunque nunca se lo admitiera. Él no tenía ninguna experiencia en niños y salvo por algunos consejos e indicaciones de Tenten y Tsunade, no sabía a qué se enfrentaba. – Muy bien, esta es la planilla de horarios – dijo tendiéndole un papel. – A las diez es el primer recreo, a las tres el segundo y la hora del almuerzo es de doce a una – explicó. – Los más pequeños, de tres y cuatro años, tendrán clase una hora antes de que termine la jornada y los de nivel cinco a primera.

Sasuke frunció el ceño. – ¿Qué sucede? – preguntó ella al notarlo.

– ¿Por qué los más pequeños van de último y los de nivel cinco a primera hora de la mañana?

Haku se encogió de hombros. – ¿Cómo saberlo? Cosas del director, yo solo paso la información. Ven – indicó poniéndose de pie, – te llevaré al gimnasio.

El pelinegro la siguió como le había indicado, bajaron unos escalones ubicados a la derecha del edificio, unos veinte metros de la puerta principal para dirigirse hacia el pequeño lugar destinado para deportes, cuando un resplandor rosa captó su atención a lo lejos. Se le encogió el estómago por las ganas de correr hacia ella y el vacío que se le formó al verla tan indiferente a todo.

– ¿Sucede algo profesor Uchiha?

– ¿Eh? – preguntó volviendo a la realidad. – No, vamos – dijo poniéndose en marcha nuevamente.

– Como le decía, puede hacer uso de cualquier parte de la edificación cuando no esté dando clases; incluso puede planificar jornadas fuera del gimnasio…

– De acuerdo, ya entendí… – comenzó él, pero antes de que pudiera seguir, Haku lo cortó.

– Comenzará con las clases mañana debido a que hay algunos padres que no vinieron a la reunión donde se les informaba de la nueva materia y no están al tanto de la vestimenta y accesorios de higiene personal que deberá traer su pequeño o no han traído su ficha médica que lo abale a hacer ejercicio sin riesgo alguno. Pero puede quedarse el día de hoy para conocer al equipo y sus futuros alumnos.

Algo pareció revolotear en el estómago de Sasuke cuando escuchó esas palabras "¿Conocer al equipo?" eso era lo que más quería, "conocer" a su Sakura, estar frente a ella nuevamente. Esta vez no la dejaría ir, nunca más. Con la emoción y la adrenalina corriendo por sus venas no pudo más que asentir. – Bien, pues recuerda las horas de los recesos, ahí es donde todos salen a jugar y los maestros salen a vigilarlos. El almuerzo es en la cantina, siguiendo el pasillo de la izquierda desde la entrada – dijo señalándole hacia el fondo de la puerta por la que habían salido. – Allí estarán todos juntos así que podrás conocer a los que falten, eres bienvenido. – Y sin decir más, volvió por donde habían venido.

Sasuke miró hacia alrededor, dándose cuenta de que tendría trabajo que hacer. Pues el "gimnasio" que habían destinado a su tarea como profesor no era más que un galpón que funcionaba como depósito de muebles al parecer inservibles. Él no era muy bueno reciclando, pero ¿qué podría hacer con todo eso? Pensó por un momento que lo mejor sería hablar con el director, pero inmediatamente se acordó de cuánto le había costado convencerlo para que lo tomara, por lo tanto, lo que menos necesitaba era agregar problemas.

Se cambió rápidamente de ropa y comenzó a apartar todo lo que se podría restaurar de lo que parecía absolutamente obsoleto y se concentró de lleno en su tarea. Aunque no quisiera admitirlo, se había sumido tanto en lograr que todo quedara en condiciones que no se percató del paso del tiempo.

– Creí que hoy comenzaba el profesor de educación física… – comentó algo confundida Sakura a su compañera en el almuerzo.

– Así es – respondió Kurotsuchi con gesto aburrido apoyando su mejilla en la palma de su mano. – Pero al parecer es un trabajador compulsivo, que aburrido – exclamó decepcionada haciendo un mohín.

– ¡Kuro! – regañó la pelirrosa – no seas así. El lugar que le asignaron es un desastre, a lo mejor se está organizando.

– ¿Por qué no vas y lo ayudas? Pensé que por lo menos vendría a conocer a sus futuros compañeros de trabajo. ¿Lo menos que uno puede hacer en su primer día es presentarse no? Quizá solo sea un engreído fanfarrón – agregó a su divague mental.

– De acuerdo – dijo la Haruno poniéndose de pie. – Iré a darle la bienvenida y le llevaré algo para comer, pero por favor cambia esa actitud tan ridícula; a lo mejor solo se le pasó la hora o se perdió por ahí.

La maestra de cabello corto sonrió con picardía. – Ve por él, chica – animó gritando en un susurro, a lo que su compañera negó con la cabeza algo exasperada. Kurotsuchi todo el tiempo trataba de conseguirle novio, y la novedad del profe de educación física no sería la excepción.

No necesitó dejar en claro que se ocuparan de sus niños porque Kuro ya sabía de su momentánea ausencia, así que solo tomó un sándwich y una gaseosa y se dirigió al "gimnasio".

Cuando llegó no pudo evitar mirar todo el desastre fuera del galón; partes de mesas infantiles, sillas, polvo y telas de araña se encontraban apiladas a un costado. Entró lentamente, siguiendo el ruido de golpes de lo que parecía ser un martillo y no pudo evitar detenerse en seco cuando lo vio. De espaldas a ella se encontraba el profesor de gimnasia, su futuro compañero de trabajo, bañado en polvo y sudor, exhibiendo un cuerpo que cualquier mujer estaría encantada de tener encima, con unos fuertes brazos y un trasero en forma casi apuntando hacia ella, puesto que él estaba inclinado al parecer martillando una silla para volver a fijar la pata en el lugar.

Sakura seguía estática, admirándolo y respirando con dificultad; se mordió el labio por la imagen, que provocaba sensaciones que no creía haber tenido antes. Incluso antes de que pudiera darse cuenta, ya estaba teniendo fantasías sexuales con él. Sacudió levemente la cabeza para serenarse y dio un paso al frente, tropezando torpemente con una silla rota que estaba en el camino.

Sasuke se sobresaltó al instante y enseguida se irguió dándose vuelta. Sus miradas se encontraron y él parecía entre horrorizado y sorprendido, pero a ella enseguida se le tiñeron las mejillas de rosa. – Qué torpe… – se regañó a sí misma. – Yo emm… Lo siento, no fue mi intención asustarte – quiso disculparse intentando dejar la silla como antes, con una sonrisita que más parecía un mohín por lo avergonzada que estaba.

El Uchiha creía escuchar los propios latidos de su corazón. Creía que se le iba a salir del pecho, pero en cambio se obligó a serenarse. Había planeado tanto su reencuentro; qué diría, cómo, cuál sería el mejor lugar o él mejor momento y nada lo convencía, no se ponía de acuerdo consigo mismo, nada era suficiente. Pero ahora, ella lo había hecho por él y era perfecto. Su niña había hecho que no pensara más en ese momento, todo por lo que había estado nervioso de pronto no importó, ya estaba hecho, se habían encontrado, ahora solo debía ser él.

Se colocó las manos en las caderas y le envió su típica sonrisa marca Uchiha, sabía que ella estaba nerviosa, la conocía demasiado bien y al parecer su Sakura aún seguía allí en alguna parte.

– Bienvenido – le dio tímidamente tendiéndole lo que había llevado para él.

– Muchas gracias – dijo acercándose a ella para tomar lo que le ofrecía. No podía apartar los ojos de la chica, pero se obligó para disimular. – Creo que me entretuve tanto que olvidé la hora – dijo mirando su reloj en la muñeca.

– Oh – susurró cayendo en la cuenta. – ¿Entonces no fuiste al comedor porque se te pasó la hora?

– Así es. Soy Sasuke Uchiha – se presentó tendiéndole la mano.

– Sakura Haruno – lo imitó aceptando el gesto. Cuando lo aceptó y sus pieles entraron en contacto una extraña corriente pareció correr por los dos.

Sasuke estaba eufórico, gritaba en su fuero interno pero debía contenerse de ir más allá, y estaba haciendo uso de toda su fuerza para ello. Sakura, por su parte se sentía reconfortada, tranquila y segura, quería pasar más tiempo con él; le gustaba y le hacía sentir cosas extrañas que nunca había sentido.

Ninguno soltó al otro enseguida. La pelirrosa miró sus manos unidas y luego a sus ojos, él la observaba. No pudo descifrar qué era lo que veía pero se perdió en sus ojos, en su mirada parecía haber anhelo, admiración, dolor, pasión, amor… No sabía qué, pero estaba segura de que no le importaba perderse en él; por más extraño que pareciera sintió que lo conocía de toda la vida y por algún motivo, a segundos de encontrarlo, estaba completamente segura de que podría confiarle su vida.

– ¿Estás bien? – Esa pregunta la sacó de su ensoñación.

– Oh. Sí. Lo siento – se disculpó algo apenada retirando su mano. Mas antes de que el profesor pudiera decir algo, sonó el timbre que indicaba la entrada. "Salvada por la campana" pensó Sakura soltando un suspiro. – Bueno, tengo que irme – dijo señalando hacia la puerta. – Espero que te encuentres a gusto, mañana puedes almorzar con nosotros si quieres.

Sasuke solo asintió y en cuanto ella salió, miró lo que le había llevado. Evidentemente Sakura aún estaba ahí, aún era ella aunque no lo recordara, y eso lo animó más que nunca. Haría cualquier cosa por recuperarla, no por él, sino por ella, porque se merecía recuperar todos sus recuerdos. Estaba enloquecido, se miró la mano con la que la había tocado y se convenció aún más de que era real. La amaba demasiado, no quería dejarla ir, no quería que volviera a su clase con un montón de mocosos y mucho menos a su casa; la quería para él, todo el tiempo.