Hola a tod s! L s extrañéeee! Sé que no tengo perdón, pero me bloqueé, demasiado tiempo diría yo.. No los olvidé nunca y lo que prometo lo cumplo, así que estoy otra vez en el ruedo y dispuesta a terminar HILOS ROJOS...
Aunque demore, no los voy a dejar sin final.
CAPÍTULO 37 – NUEVO COMPAÑERO
El transcurso de la tarde fue tranquilo, más ninguno de los dos pudo dejar de pensar en el otro. Cuando finalizó su jornada, Sasuke vio por el rabillo del ojo a Karin esperando a que Sakura saliera. Según el acuerdo que habían hecho, ella colaboraría en todo lo que fuera necesario, y eso incluía asegurarse de que no hablara de su nuevo compañero con Sasori, y sobre todo, que no dijera su nombre ante él porque eso podía significar su pérdida para siempre. Porque aunque estaban vigilándolos continuamente, debían reconocer que Akasuna era alguien peligroso y podría atacarlos en el momento menos esperado.
– Has estado muy dispersa últimamente – comentó la pelirroja intentando averiguar qué le había pasado a su amiga después de ver a Sasuke mientras caminaban hacia el parque que había cerca de la casa para tomar un helado.
– Mnn – negó Sakura con la cabeza. – Solo estaba pensando en el pequeño Akemi y en sus padres. Me entristece no poder ayudarlos… es decir, me encanta mi trabajo y soy feliz con lo que hago pero, a veces pienso que no es lo mío, que me hubiera gustado estudiar medicina y poder ayudar a familias como la de Akemi… ¿Está mal eso?
– Estás muy extraña amiga…
– He estado pensando mucho últimamente… ¿Qué hay mal en mí?
– ¿Qué quieres decir?
– No lo sé – suspiró rendida, mirando a la nada. – Es solo que a veces me siento una extraña viviendo otra vida.
Karin se sorprendió ante el comentario, pero no perdió la compostura y decidió seguir indagando, ayudando a que su amiga descubriera por sí misma que había algo que no estaba bien. – Te entiendo, no es fácil afrontar una situación como esa pero no puedes hacer nada, es algo que tarde o temprano tendrán que afrontar ellos solos.
– No es justo – se quejó la pelirrosa sentándose en un banco como rendida o cansada mirando hacia el cielo. – Ningún niño debería pasar por eso, nadie debería perder al amor de su vida tan pronto – suspiró.
– A veces suenas como si hubieras perdido al tuyo – inquirió pícara, incitando a su amiga a buscar en sus pensamientos.
Sakura la miró sorprendida, casi asustada de ese significado.
– ¿Qué?
– Nada, a veces siento como si así fuera, como si hubiera dejado pasar al amor de mi vida frente a mis narices y no lo recuerdo… creo que eres una bruja – dijo volviendo la vista hacia el cielo nuevamente.
– ¿Por qué? Estás muy rara… ¿qué es lo que en verdad te pasa?
– Solo no es un buen día, estoy algo triste… ¿Será que nunca volveré a recordar? Si amaba a tu hermano tanto como él dice ¿por qué no siento nada cuando lo veo? Y en cambio… – de pronto se abstuvo de seguir hablando.
– ¿Y en cambio…? – incitó Karin.
– Es raro – comenzó poniéndose de pie.
– ¿Qué es raro? – le preguntó divertida cruzándose de brazos y piernas mientras observaba a Sakura caminar de un lado a otro.
– No te burles – amenazó señalándola con el dedo índice. – Hay un nuevo profesor en la escuela, fue muy de repente, el director a penas ayer nos informó de su llegada. Hoy se suponía que lo íbamos a conocer en el almuerzo pero nunca se presentó.
– ¿Faltó en su primer día de trabajo o es un engreído antipático que no le interesa conocer a sus nuevos compañeros? – preguntó sabiendo la respuesta.
– No, él se entretuvo demasiado arreglando todo para comenzar sus clases.
– ¡Oh! Un trabajador compulsivo…
– Lo conocí cuando fui a llevarle algo para comer y entonces pasó.
Ahora fue el turno de Karin de sorprenderse. – ¿Pasó? ¿Qué pasó? – preguntó incorporándose en su lugar.
– No lo sé.
– ¿No lo sabes? ¡¿Cómo que no lo sabes?! ¡¿Qué fue lo que pasó?! – quiso saber, comenzando a desesperarse.
– Algo, aquí – respondió, señalándose con una mano el pecho – y aquí – agregó indicando la panza. – Es raro, sentí un cosquilleo en todo el cuerpo, anhelo, nostalgia, me sentí segura, un nerviosismo que nunca antes había sentido. Él es tan caliente y
– ¡Wow! – interrumpió la pelirroja riéndose. – ¿Caliente? ¿Qué hiciste con mi amiga?
– ¡Karin! ¡Es enserio!
– Voy a tener que conocerlo entonces. ¿Caliente? Tú no hablas así; debe estar muy bueno para que te haya provocado tal "admiración" – dijo indicando comillas con los dedos al decir la última palabra.
– Ni lo sueñes. Nunca había sentido algo así – suspiró sentándose nuevamente en su lugar. – Creo que estoy volviéndome loca pero, mi corazón latió como nunca y me siento nerviosa, como una adolescente, necesito verlo nuevamente.
– ¿Crees en el amor a primera vista?
– Claro que no, pero por alguna razón, aunque intente evitarlo, no puedo dejar de pensar en él.
– Lo tienes mal hermana, por lo que veo vas a tener que empezar a creer – le dijo riéndose mientras se ponía en pie y le tendía la mano para que la siguiera. – Vamos por ese helado.
Sasuke estaba eufórico cuando salió de su trabajo como profesor de educación física, tanto y tan perdido en sus cavilaciones, que dio rápidamente su reporte en la oficina de inteligencia y enseguida salió a correr. Todo estaba volviendo a su lugar, había recuperado nuevamente la esperanza y las ganas de vivir. Sakura, su Sakura estaba viva, lo había visto y nada más importaba. Aunque no recuperara la memoria se encargaría de enamorarla otra vez, porque, después de todo, lo único que no tenía solución era la muerte y ella estaba viva, eso era lo que importaba.
Ya cerca de las ocho de la noche, salía de bañarse cuando el living de su casa fue invadido por un escandaloso rubio. – ¡Sasuke! ¡Hey, teme! ¿Por qué no contestas a mis llamadas? Te he estado buscando por todos lados.
El pelinegro, que venía solo con unos pantalones deportivos secándose el cabello con una toalla, lo miró por un segundo antes de volver a lo que hacía. – No es justo, yo también quería verla, quiero estar con ella. Por lo menos dime cómo está.
– Es verdad, lo siento. No pensé en ello, de hecho no pensé en nada más que en ella. – Su amigo asintió. – Fue… – no podía encontrar las palabras correctas – ¡increíble! Estoy seguro de que sintió algo. No me reconoció pero aún así le causé alguna emoción, de eso no hay duda.
Los ojos de Naruto se llenaron de lágrimas – no te haces una idea de lo que daría por estar en tu lugar.
– Lo sé. Tranquilo, ya la vamos a recuperar. Pero por el momento es demasiado peligroso que más de nosotros se acerquen.
– Sí, claro. No te creo demasiado esa paz que estás mostrando.
– De acuerdo. Solo hablo para intentar calmarte. La verdad es que estoy ansioso por que sea mañana.
– Es injusto, yo también tengo derecho a verla.
– Sí, pero hagamos esto con calma. Ni bien sea seguro intervendrás.
– De acuerdo. Pero prométeme que me mantendrás al tanto de todo. – El pelinegro asintió en respuesta. – Hablo enserio Sasuke, no me hagas venir otra vez aquí para preguntarte.
– Sí, sí, ya entendí…
A diferencia de lo que pensaba, esa noche también le costó dormir un poco, aunque estuviera cansado por la falta de sueño de la noche anterior. No podía dejar de pensar en Sakura y en cuál sería la mejor forma de acercarse a ella.
Al otro día llegó casi media hora antes de que comenzara su turno para así poder tomar ventaja de la situación y observar las entradas de sus compañeros de trabajo y los niños que estudiaban allí; no quería perderse detalle de Sakura y buscaría la oportunidad para acercarse a ella, que para su sorpresa, no llegó mucho más tarde que él. La vio entrar por el portón principal desde su lugar en el gimnasio. Las ganas de correr tras ella y sacarle cualquier tema de conversación eran fuertes, pero se concentró en su misión, debía hacer las cosas bien si la quería de vuelta. La observaba perdido en sus pensamientos cuando alguien llamó su atención. Un hombre alto y rubio se acercó a hablar con su pelirrosa y en ese preciso momento no pudo evitar la punzada de celos que lo penetró desde el fondo del pecho. "Serénate Sasuke" se dijo a sí mismo un par de veces, recordándose que era normal que una maestra tratara con los padres, lo malo era que no le gustó la familiaridad con la que hablaban pero acordó que más tarde averiguaría de qué se trataba. ¿Acaso el hijo de aquel hombre tendría problemas de conducta? Sonrió para sí al darse cuenta de lo paranoico que estaba siendo. Era una posibilidad, concluyó al fin perdiéndose dentro de su lugar de trabajo y así aprontar todo para comenzar con las clases.
No le resultó fácil en principio, algunos niños lo amaron al instante, pero otros parecían temerle un poco y se mostraban un tanto reservados; a pesar de eso, las clases esa mañana resultaron sin contratiempos, todos lograron divertirse, que era lo que él más quería.
– ¿Son adorables verdad? – Una voz familiar lo sacó de sus pensamientos mientras veía a los pequeños dirigirse hacia los vestidores. La miró y nuevamente se perdió en el brillo verde de sus ojos. Se limitó a asentir sin saber qué decir. – Deberías ayudar a los chicos, pueden hacer un enchastre ahí dentro. Yo iré con las niñas – le sonrió antes de dirigirse hacia ellas.
– Seguro – se sobresaltó un poco al darse cuenta de que había dejado de prestarle atención a los alumnos de Sakura, e hizo exactamente lo que le sugirió.
Cuando todos terminaron de cambiarse, Sasuke salió del vestidor, algo mojado por tener que "pelear" con algunos de los chicos más inquietos que correteaban desnudos jugando con agua. – ¡Mierda! – exclamó sin darse cuenta de que alguien lo miraba muy divertida. Prestó más atención y vio junto a ella a un grupo de niñas que cuchicheaban y reían entre sí. No pudo evitar sentirse avergonzado por no poder controlar a unos niños y verse en ese estado frente a Sakura. – Yo… – titubeó – lo siento, es que….
– Está bien, no te preocupes.
– …los niños pequeños no son mi fuerte – continuó.
– El primer día siempre es el más difícil, lo hiciste bien.
– ¿Enserio? – preguntó sarcástico.
Sakura rió, a lo que él no pudo evitar corresponder. – Sí, solo trata de que no te escuchen maldecir, sería un lío si repitieran eso en casa. Si te sirve de algo, ha habido casos peores.
– No lo imagino – respondió mirándose el cuerpo mojado.
– ¡Oh, sí! Incluía pintura.
– En ese caso, creo que tengo suerte de ser entrenador y estar lejos de los salones de clases.
– Seguro… jaja… Si quieres puedes comer con nosotros en el almuerzo.
– Me encantaría – dijo sin más, perdiéndose nuevamente en ella.
– De acuerdo, nos vemos en un rato. Hay algunas cosas de los pequeños que quizás quieras conocer – lo invitó la pelirrosa, completamente consciente del esfuerzo que tenía que hacer frente a él para no parecer una tonta, y tuvo que reconocerse a sí misma que verlo mojado no solo la había divertido, sino que le había encantado. Nunca le había atraído tanto alguien como él lo hacía.
– Ahí viene el nuevo profesor – susurró Kurotsuchi sonriendo pícara sentada a la mesa en el comedor del lugar.
– Ya Kuro, lo vas a espantar – reprendió Sakura en vos baja.
– Profesor Uchiha. Por aquí – gritó su compañera levantando la mano para que los viera.
– Hola… – saludó educadamente mientras tomaba una silla. – Llámame Sasuke por favor.
– Sasuke, entiendo. Es un placer, mi nombre es Kurotsuchi. ¿Cómo estuvo tu día?
– Ah… – suspiró. – ¿Qué puedo decir? Exceptuando la hora del baño, creo que bastante bien.
– ¿Sí? ¿Qué pasó con el baño?
– Kuro – advirtió la pelirrosa.
– De acuerdo, de acuerdo. Toda la escuela lo sabe. Solo quería saber tu versión.
– ¿Toda la escuela? – Se sorprendió el pelinegro.
Miró a Sakura, quien nerviosa aclaró rápidamente – no, yo no dije nada.
Sasuke rió. – Los niños son una excelente fuente de información – aclaró Kuro – cualquier cosa que sea digna de burla será repartida por toda la escuela en minutos.
– Claro. Creo que hoy fui el número uno en eso.
– Así es. Lo siento, pero eres la novedad del momento.
– ¿Eso será por mucho tiempo?
– Depende.
– ¿Mmm?
– Depende de qué tanto material les des – aclaró la pelirrosa.
– Entiendo. ¿Algún consejo o sugerencia?
– Paciencia. Ellos no son difíciles, solo buscan llamar tu atención.
– Y lo hacen – sonrió el profesor. – ¿Podrías contarme un poco acerca de ellos?
– Por supuesto, pero ahora deberíamos regresar a clases.
– Es verdad – concordó poniéndose también de pie.
– Espero poder llevar a mi clase mañana, aún me faltaba que alguien autorizara a su hijo, por eso no pude ir hoy.
– Así que fue por eso – dijo Sakura mientras se encaminaban hacia el área de aulas.
– ¡Sakura! – llamó Sasuke dándole alcance.
– ¿Sí? – preguntó volviéndose.
– Nos vemos luego – dijo la pelinegra siguiendo su camino.
El pelinegro había dudado mucho si hacerlo o no, no quería resultar invasivo y asustarla, pero al final decidió que esta podría ser su oportunidad. Ella le había dado pie ofreciéndole su ayuda y él no lo podía desaprovechar.
– ¿Te importaría tomar algo después de clases?
Eso la tomó completamente por sorpresa, su corazón se aceleró. – No como una cita, sería una reunión de trabajo. – Aclaró rápidamente al ver su reacción para no espantarla.
– ¡Oh! – reaccionó ella. – Entiendo, de acuerdo, una reunión de trabajo – concordó algo decepcionada forzando una sonrisa. "¿Qué pensabas Sakura? ¿Cómo alguien como él podría querer otra cosa? Ni siquiera te conoce" se reprendió a sí misma.
– No me mal interpretes – agregó de pronto el pelinegro al entender exactamente qué era lo que le pasaba por la cabeza a su amada. – En realidad me encantaría tener una cita contigo, pero temo espantarte por ser muy pronto.
Los ojos jades se agrandaron de pronto mirándolo de par en par.
– ¡Maestra! – gritó una niña de pronto.
– Ya tocó el timbre señorita.
– Lo siento – se disculpó encogiéndose de hombros.
Él asintió, intentando disimular el nudo que se le había formado en la garganta por la emoción que le subió de pronto ante la idea de que ella quería salir con él.
– Nos vemos en cuanto termine el turno – agregó sin más antes de ir a su clase.
Sasuke no lo podía creer, seguía sin caer en la cuenta pero no podía echarlo a perder. Se dirigió rápidamente hacia el gimnasio; puesto que hasta una hora más tarde no tendría que dar clases, decidió llamar a Naruto.
– Sasuke – atendió inmediatamente preocupado el rubio. – ¿Está todo bien?
– Sí, voy a salir con ella cuando terminemos el turno. ¿Puedes asegurarte de que no vaya a haber interferencias?
– Cuenta con ello, yo me encargo.
A pesar de divertirse como entrenador, aunque el darse cuenta de cuánto le gustaba aquello lo sorprendió, la tarde resultó pasar demasiado lenta. Aún así había terminado su jornada. Estaba recostado a su auto mirando salir a los niños mientras esperaba a Sakura; era hermosa, despedía a cada uno con una sonrisa y un abrazo; se notaba que ellos la adoraban. De un momento a otro su mente viajó a cómo sería formar una familia con ella, hacerla la madre de sus hijos.
Se distrajo nuevamente al ver otra vez al hombre rubio, prestó atención para intentar conocer de quien era padre y le extrañó un poco cuando pasó con el pequeño Akemi que, a diferencia de la hora de su clase, parecía algo triste.
– ¿Listo?
Esa voz lo sacó de sus pensamientos. La miró a los ojos, no podría ser más hermosa. – Listo – asintió. – ¿Tienes algún vehículo en el que debas volver?
– No, no vivo demasiado lejos de aquí, así que suelo venir caminando.
– ¿Está bien, ¿conoces algún lugar al que podamos ir? – preguntó dando la vuelta alrededor de su auto y abriendo la puerta del piloto.
– ¿Después de una jornada de trabajo y antes de poder darme un baño? – preguntó tomando su lugar en el auto y cerrando la puerta. – Mmmm… No creo que pueda ser algo mucho más fino que un parque o alguna cafetería de por aquí cerca.
El pelinegro sonrió divertido. – De acuerdo, vayamos entonces.
Sasuke no podía creer qué fácil había resultado estar con ella. Todas sus dudas, sus miedos por espantarla o provocarle una mala impresión, por hacer el ridículo, se habían esfumado. Sakura seguía siendo la misma de siempre, esa chica buena, gentil y sin prejuicios que siempre había sido. Más allá de su falta de memoria, ella y su esencia eran las mismas. La notaba algo nerviosa de a ratos, pues sabía que debía de sentir algo al verlo, aunque no supiera qué. Pero le alegraba que intentara hacerlo sentir cómodo y seguro con su nuevo trabajo.
– Eiji es muy inteligente pero algo arrogante – hablaba Sakura. – Ya te vas a dar cuenta de cómo reaccionan algunos niños, y también las niñas, muchas lo adoran por esa razón, y claro su hermoso cabello castaño y ojos cafés. Fudo – titubeó antes de continuar. – Mmm… ¿Es demasiada información junta?
– Mn… – negó él tomando un sorbo de su café. – Continúa por favor. Esto me ayuda y me divierte mucho a decir verdad.
– De acuerdo. Me alegra oír eso – dijo antes de proseguir. – Fudo es bastante callado y sumamente analítico.
– ¿Fudo es el que tiene ojos grises verdad?
– Así es, cabello castaño y ojos grises. Después está Kenichi, un chico de cabello rojo y ojos color avellana. No creo que te olvides de él.
– ¡Hmp! Como si pudiera. Él fue uno de los que me dio una fabulosa fresca bienvenida.
– Jaja… Lo imaginé; es algo hiperactivo y travieso, pero que no te engañe su actitud temeraria, en realidad es muy gentil y protector con las niñas.
– Ya veo. ¿Sadao y Ryota pueden ser los nombres de los chicos que lo acompañaron en su travesura? – Sí, definitivamente fueron ellos. Son buenos amigos; aunque podría decirse que con Sadao son más como rivales, siempre están viendo cuál de los dos es el mejor.
– Conozco ese tipo de relación.
– ¿Sí? ¿Tienes hermanos?
Sasuke dudó por un momento, pero decidió que lo mejor sería ser sincero, pues Sakura ya tenía demasiadas mentiras metidas en la cabeza. – Tengo uno mayor y un amigo que es como si lo fuera, nos conocemos desde pequeños y siempre hemos "peleado" por ganarle al otro.
– Wow. ¿Los hombres repiten siempre los mismos patrones cierto? Jaja…
– Qué lista – sonrió irónico.
– Es broma.
– De acuerdo, estás perdonada. ¿Qué puedes decirme de algunas de las niñas?
– Que no repiten patrones. Ya, ya, no lo pude evitar – agregó riendo. – Hiriko, la pequeña de cabello castaño y ojos miel que seguramente vayas a ver ahuyentando a Kenichi, es su hermana melliza, es bondadosa y amigable, una buena niña, pero su hermano la desespera, es muy protector. Aratani, una chica de cabello negro, y ojos celestes…
– ¿La que tiene anteojos? – interrumpió.
– Sí, ella es tímida y callada. Ruri por el contrario, la pequeña rubia ojos celestes es muy inquieta y trata todo el tiempo de defenderla de Ayaka. Debes tener cuidado cuando se cruzan, pues Ayaka, la pelirroja de ojos negros es sumamente arrogante y peleadora, le gusta burlarse de las demás, cosa que hace que se enfrenten mucho con Ruri.
– Es increíble.
– ¿Qué es increíble? – se sorprendió un poco ante aquella afirmación.
– La forma en la que hablas de todos y como los conoces.
– Tú llegarás a hacerlo. Además, cuentas con ventaja. Yo no tuve a nadie diciéndome nada acerca de ellos – aclaró al ver la confusión de su nuevo compañero.
Sakura sonrió. – ¿Qué? – preguntó de pronto al sentirse observada.
– Hay algo que me inquieta un poco…
– ¿De qué se trata?
– ¿Qué sucede con Akemi? Es decir – comenzó a aclarar ante la evidente confusión de ella – hace solo un par de días que estoy aquí y vi la preocupación de su padre hoy cuando se lo llevaba, pero él no es un niño problema ¿o sí?
– Aki – suspiró triste la pelirrosa. – Su madre está muriendo, está muy enferma y el señor Minagawa no sabe cómo lidiar con ello. Él habla todas las mañanas conmigo y me mantiene al tanto para intentar ayudar a su hijo, pero es algo que se le escapa de las manos y está destrozado. Aparentemente no hay solución y temo por el niño, es muy unido a su madre y sabe que no está bien, pero aún no entiende lo que pasará.
– Lo siento… es horrible.
– Tranquilo, es necesario que lo sepas. Pero creo que he hablado demasiado. Cuéntame más de ti.
– En realidad, tú tampoco has hablado de ti, sino de los niños.
– Lo sé, pero se me cansó un poco la mandíbula de tanto hablar.
– Tramposa, eso no es posible. Aaahh… – suspiró. – Está bien, te lo debo. ¿Qué te gustaría saber?
Sakura estaba impresionada por lo bien que la estaba pasando y lo fácil que le había resultado hablar con el profesor Uchiha. Era tan sencillo y acogedor, que había logrado que todos los nervios que alguna vez había sentido por hablarle fueran olvidados. Sasuke era auténtico y eso se veía reflejado en su forma de hablar, de mirarla, él no mentía y lo decía con sus ojos.
– ¿Por qué decidiste ser profesor de educación física?
– Fue cosa del destino.
– Por una chica –concluyó ella.
– Algo así – respondió encogiéndose de hombros.
La pelirrosa entrecerró los ojos. – ¿Te gusta lo que haces? No es lindo que uses a los niños para obtener mujeres – acusó.
– Me gusta lo que hago – respondió divertido al ver a su Sakura nuevamente, a esa guerrera que sin importar las posibilidades, defiende aquello que ama. – No utilizo a los niños. Admito que no había trabajado antes con ellos pero me gustan.
La ojijade soltó el aire que había estado reteniendo en sus pulmones. – Bien, eso me deja más tranquila. ¿En qué cosas competían con tu rival?
– De todo un poco.
– ¿Supongo que eso incluye mujeres? – preguntó algo consternada.
El pelinegro no pudo evitar reír. – No, no incluye mujeres. Él va a casarse con mi prima en cuanto vuelva su hermana. La única forma en la que pelearíamos por una mujer es si algún día la lastimara, pero sé que eso no va a pasar.
Sakura volvió a sonreír aliviada y él no pudo evitar amarla más. – ¿Qué te parece si hacemos una pregunta cada uno? – sugirió Sasuke.
– Muy bien profesor Uchiha, me parece justo. Su turno.
– Veamos… – pensó. Debía buscar la forma de encontrar algún punto que pudiera hacerla recordar. – ¿Tú por qué decidiste dar clases?
La joven se sorprendió. – Yo… ¿por qué? – intentó recordarlo. "¿Por qué?" se preguntó para sí una vez más. – No lo sé, me gustan los niños, y creo que, contrario a lo que alguien pensaría, me tranquilizan.
– ¿Te tranquilizan?
– Sí, cuando pienso en ellos, son mi única prioridad, lo demás desaparece por un momento.
– ¿Qué es "lo demás"? ¿Hay alguna otra cosa que te hubiera gustado ser?
– ¡Hey! Eso es trampa – se quejó al darse cuenta, golpeándolo con una servilleta. – Era mi turno.
Pero antes de que pudiera formular una pregunta su celular sonó. – Hola.
– ¿Sakura dónde estás? – preguntó al otro lado del teléfono una molesta voz.
– Salí a tomar algo con una compañera – mintió, haciéndole un gesto de disculpa a Sasuke, quien había cambiado su mirada a una sombría expresión.
– Podrías haberme avisado, estaba preocupado. Siempre estás cuando llego del trabajo.
– Está bien Saso, disculpa, se me pasó ¿sí? Hablamos cuando llegue, adiós – dijo colgando el teléfono.
Cuando giró la cabeza para ver a su acompañante no pudo evitar asustarse. Su mirada se había oscurecido y estaba con los puños apretados. Sasuke sentía que le corría odio por las venas, iba a matar a Sasori por haberle arrebatado a Sakura, lo quería ver sufrir por hacerle lo que le hacía. Ella debería odiarlo y sin embargo ahí estaba, engañada dándole explicaciones.
– Lo siento – se disculpó sin saber qué más decir. – No pensé que te molestara tanto que mintiera.
El pelinegro reaccionó a sus palabras, la estaba asustando e iba a echar todo a perder. – No – trató de serenarse. – No es eso, está bien. No me mal interpretes.
– ¿Estás bien? Creo que debería irme.
– Por favor, quédate – suplicó tomándole la mano. – Es solo que tu conversación me hizo recordar algo. No quise asustarte.
– Está bien – dijo precavida.
– ¿Era tu novio? – tuvo que hacer un esfuerzo para poder preguntar aquello.
– ¿Quién? – cuestionó sin entender. – ¡Ah! ¿Sasori? No. Es… es – titubeó – solo un buen amigo que se preocupa por mí.
– ¿Por qué dudas?
– Mmm no. Mi turno ¿recuerdas? ¿En qué competían con tu rival? Y… ¿quién ganaba más veces?
– Una cada uno ¿recuerdas?
– Y tú fuiste quién rompió esa regla ¿recuerdas?
– ¡Hmp! Buen punto – concordó sonriendo de lado y cruzándose de brazos. La conversación se volvía amena nuevamente y ninguno tenía intenciones de irse todavía. – Yo, por supuesto. Y nuestros favoritos eran los deportes extremos.
– Tendría que escuchar la respuesta de la otra parte involucrada – respondió socarrona también cruzándose de brazos y echándose hacia atrás en la silla. De pronto sus ojos se estrecharon. – ¿Qué clase de deportes extremos? – inquirió apoyándose sobre la mesa.
Él se acercó de igual manera y sonrió. – Carreras de autos – susurró, sabiendo que ella las amaba.
Los ojos jades se agrandaron de sobre manera y brillaron de pronto al escuchar aquello. – ¡Wow!
– ¿Te gustan los autos?
– Me encantan los autos.
– ¿Quieres ir mañana conmigo a correr?
– ¿Sería una cita? – preguntó sospechosa.
– Lo es.
– De acuerdo.
Gracias a todos por seguirme siempre. Espero que lo hayan disfrutado.
