Hola a todos! Les dejo un nuevo capítulo. Espero que lo disfruten!

CAPÍTULO 38 – ¿PRIMERA CITA?

– ¿Cómo estuvo el día hoy?

– Muy bien a decir verdad – respondió Sasuke en la mesa de reuniones de la organización de la Hoja.

– Te tomaste tu tiempo en venir ¿por qué? – preguntó Hashirama.

– Salí a tomar algo con Sakura. No sé cómo se dio, pero me tuvo la suficiente confianza como para ir conmigo después de clases.

– Chicos – sonrió Jiraiya. – Así que… aún sin memoria es probable que le hayas gustado a mi sobrina.

– No hay duda de que fue una buena idea enviarlo – afirmó Kakashi. – Por otra parte, creo que no debemos apresurarnos, Sakura es dulce y buena, quizá solo quiso ayudarlo.

– Sí, te debe haber visto tan perdido con todos esos niños que seguro se apiadó de ti – se burló Temari.

– ¡Basta! – ordenó Hashirama. – Buen trabajo Sasuke, puedes irte.

No comentó en la reunión sobre los planes para la cita que tenía con la pelirrosa. Podría parecer un poco egoísta de su parte, pero quería hacer de esa situación algo más privado y verdaderamente real para ambos.

– Itachi – llamó.

– Hola hermanito ¿alguna novedad? – preguntó el Uchiha mayor al teléfono.

– Necesito un favor.

– Eso sí es toda una novedad.

– Voy a ir al autódromo mañana con Sakura. ¿Alguna sugerencia?

– Mmm… lleva el Lamborghini rojo que usó contra ti en una carrera.

– ¿Lamborghini rojo? – preguntó no muy convencido.

– Creo que es perfecto, se enamoró de ese auto.

– De acuerdo, ese será entonces. Gracias Itachi.

– Estoy para lo que necesites. ¿Vas a decirle a Naruto?

– Temo que se pueda aparecer por ahí.

– Estoy de acuerdo, pero entiéndelo, está desesperado por verla; todos lo estamos – agregó. – No seas tan duro con él.

– Más tarde le hablaré.

– Se lo merece. La verdad es que se ha aguantado más de lo que cualquiera de nosotros hubiera creído.

– Lo sé, nos vemos – se despidió antes de colgar.

Un nuevo día comenzó y estaban tan ansiosos por verse que el tiempo que transcurrió antes de que llegara la hora del turno de los niños de Sakura de recibir educación física se hizo eterna. El día anterior habían probado hacerlo a primera hora puesto que los de nivel cinco no habían asistido porque uno de los chicos aún no tenía su permiso. Pero la verdad es que la clase de la pelirrosa era la última de la tarde. La hora del almuerzo o los recreos tampoco habían servido de mucho, al fin y al cabo la mayor parte de los recreos eran para estar atrás de los niños y en el almuerzo se dio una amena charla entre compañeros que querían conocer más al profesor Uchiha, tanto así que prácticamente no pudieron hablar entre ellos.

En fin, por suerte ya había comenzado su clase y Sakura podía deleitarse mirando al pelinegro entrenar a los chicos, los de nivel tres tampoco habían podido asistir hoy. Decidió prestar atención a lo que sucedía con las niñas y vio algo en lo que no había reparado aún el profesor que se encontraba enseñándoles cómo hacer un circuito. La pequeña Aratani miraba hacia abajo con las mejillas algo enrojecidas, a su lado estaba Ayaka y detrás de ellas una muy aparentemente enojada Ruri. La rubia estaba con los puños apretados y en ese momento comprendió la situación, era cuestión de tiempo para que aquella bomba explotara, solo esperaba que el entrenador se diera cuenta antes.

– ¡Me las pagarás! – Gritó de pronto Ruri saltando sobre la pelirroja. De modo que sí, la bomba explotó antes.

– ¡Ruri! – corrió Sakura para intentar detenerla.

– ¡Niñas! ¡Niñas! – casi gritó Sasuke separándolas. – ¡¿Qué sucede?! ¡No quiero esa clase de comportamientos aquí!

La pelirrosa lo entendió al instante, mas Sasuke parecía confundido esperando una respuesta. Ruri aún miraba furiosa a Ayaka, quien por su parte también había cambiado su postura a una arrogante y enojada mientras se cruzada de brazos. – Y bien… ¿quién va a decirme? – insistió el pelinegro.

– Ayaka hizo llorar a Aratani – dijo Hiriko, la hermana de Kenichi.

– Ruri solo la defendió – agregó otra de las niñas.

– Es una salvaje, siempre hace lo mismo; ve algo que no le gusta y ataca como un animal.

– Cállate Eiji, yo solo quería ayudarla.

El pelinegro no sabía qué hacer, era su primera vez en una pelea de niñas, de modo que la maestra decidió intervenir. – ¿Aratani? ¿Quieres contarnos lo que pasó? – la pequeña solamente se limitó a negar con la cabeza. – ¿Segura? Todo estará bien. De acuerdo – respondió al ver que negó nuevamente. – ¿Ayaka? ¿Qué tal si nos cuentas tu versión?

– Aassh… qué fastidio. Es una tonta maestra. Aún cree que su gatito perdido podría estar vivo. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que no va a regresar.

En ese momento todo volvió a ser un caos, Aratani comenzó a llorar y Ruri intentó agredir a Ayaka nuevamente. – ¡Ya basta! – dijo Sasuke poniéndose en medio.

– Pero…

– Nada de peros, ustedes dos no tendrán clases hoy.

– Es injusto. ¡No puede dejar esto así! – protestó Ruri. – Ella es muy mala con todos.

Sakura suspiró. – ¿Aratani te gustaría quedarte un rato más en la clase del profesor? – La pequeña miró a su atacante. – Ella vendrá conmigo. – Se giró hacia el pelinegro. – ¿Crees que lo puedas manejar? Volveré a la hora del baño. – Sasuke se limitó a asentir. A lo que la pelirrosa se hincó frente a la chica que ya casi dejaba de llorar. – No te preocupes, estoy segura de que tu gatito regresará. Yo tuve uno una vez y se iba por días a buscar novias – dijo guiñándole un ojo y haciéndola sonreír.

– Ayaka, Ruri, vamos – agregó antes de volverse.

– Pero. ¿A dónde? No quiero ir a la dirección – se quejó esta última.

– No vamos a ir allí, solo vengan conmigo.

Dicho eso, se encaminaron las tres hacia el salón de clases. – Muy bien, hay mucho por hacer aquí. Comencemos.

– ¡¿Quéee?! – exclamaron las dos al unísono.

– Lo que escucharon, tienen mucha energía así que… a trabajar – dijo tendiéndole un canasto a cada una para juntar los papeles que estaban tirados. – Vamos a arreglar el salón mientras charlamos un poco.

– ¿Charlar? ¿Con ésta? ¿Se volvió loca señorita?

– ¡Ruri! – reprendió.

– Lo siento.

– No, no me volví loca – sonrió – pero es la mejor forma de arreglar los problemas. Así que bien, ¿qué te llevó a decirle eso a Aratani, Aya?

– ¿Enserio maestra? Alguien tenía que decírselo. Es muy ilusa.

– O sea que según tú ¿le estabas haciendo un favor?

La pequeña se encogió de hombros.

– Eso no es así. Ella disfruta haciéndole mal a otros, sobre todo a Aratani – rebatió la otra.

– ¿Por qué crees eso?

– Le gusta que los demás lloren.

– ¿Es cierto eso?

– No soporto a los debiluchos.

– ¿Y piensas que de esa forma los harás más fuertes?

– No lo sé ¿sí? Solo me provoca fastidiarlos. Me molesta que sean tan llorones.

– Entiendo.

Las dos frenaron en seco. – ¿Lo entiende? – preguntó incrédula la rubia.

– Así es. Ambas son muy pequeñas aún pero Ruri, no puedes reaccionar de esa forma contra un compañero, es preferible que le informes a alguien si ves algo así pero no te metas en problemas.

– Es que… En ese momento yo no me puedo controlar, no lo soporto.

– Debes intentarlo. Ambas deben intentar ser más pacientes. Ayaka, debes entender que no todos tenemos las mismas formas de enfrentar las cosas, no puedes ir por la vida dando lecciones a los demás ni peleándote con todo el mundo, no creo que sea muy agradable ¿o sí? – La pequeña hizo una mueca – lo supuse. Bueno, ya es hora, regresemos al gimnasio.

– ¿Cómo te fue? – susurró Sasuke cuando los niños entraban a bañarse. Las dos castigadas se habían quedado sentadas en un banco cerca de la entrada.

– No estuvo mal. ¿Qué tal tú?

– Deliberamos un poco cuando se fueron, pero estuvo bien.

– De acuerdo, voy con las niñas – dijo poniéndose en marcha.

El pelinegro suspiró antes de imitarla, sabía lo que le esperaba.

Después de que se habían ido casi todos los niños, Sakura decidió lavarse un poco en el baño de profesores y cambiarse a un atuendo algo más adecuado (unos jeans, una linda remera y unos "all star" negros y blancos).

Cuando salió se sorprendió al ver todavía allí a Ayaka con su padre. – Al fin sale señorita. Esto es algo intolerable – protestó muy enojado el hombre.

– ¿A qué se refiere señor?

– Mando a mi hija de cuatro años a la escuela a divertirse, sociabilizar y aprender y resulta que lo que hacen es ponerla a limpiar.

– Ah, era eso. Verá, Ayaka tuvo un pequeño intercambio de opiniones con una de sus compañeras y…

– ¿Pequeño intercambio? – inquirió furioso ahora dirigiéndose a su hija.

La niña lo miró asustada.

– ¿Cómo es posible que me hayas hecho esperar a tu maestra para reclamar por una travesura tuya? ¿Te das cuenta de la vergüenza que esto me hace pasar?

– Escuche, tranquilícese señor – pidió Sakura interponiéndose. – Son solo cosa de niños, no tiene por qué ponerse de esa manera; ni sentirse mal por querer hablar conmigo, al contrario, siempre será bienvenido.

El hombre le frunció el ceño. – ¡Ayaka! Ven aquí – ordenó ignorándola.

La niña salió tímidamente de detrás de la pelirrosa, temblaba. A Sakura la sorprendió aquella acción.

– Al auto. Ahora – señaló.

– ¿Puedo hablar un momento con usted? – le preguntó al padre una vez que la niña subió al auto. Cuando el hombre le dio pie continuó. – No se lo tome a mal pero, de verdad no es algo digno de castigo lo que sucedió hoy. Lo estamos solucionando con las niñas implicadas.

– ¿Está queriéndome decir cómo tengo que criar a mi hija? – desafió molesto dando un paso hacia ella. – ¿Usted? ¿Una chiquilla que no tiene ni idea de lo que es criar un hijo?

– Señor… ¿cuál es el problema? – decidió intervenir un molesto Sasuke, que venía viendo la situación desde hace unos minutos. – Lo que creo que la señorita quiere decir es que su hija parece muy asustada, que tendría que intentar tenerle un poco de paciencia, solo tiene cuatro años.

– Mocoso insolente – balbuceó antes de marcharse.

Los jóvenes suspiraron ni bien lo vieron irse. – Supongo que esto explica el comportamiento de Aya – comentó el pelinegro.

Sakura hizo una mueca, preocupada por su alumna. – Supongo que así es.

– Vamos.

– ¿Qué pasó con las niñas cuando se fueron contigo? – preguntó Sasuke una vez arriba del auto.

– No mucho. Me ayudaron a juntar algunos papeles. – El joven sonrió. – Y hablamos.

– Hablaron…

– Sobre el comportamiento de Ayaka y la poca paciencia de Ruri – rió la pelirrosa. – La conversación de hoy me hizo sospechar que Aya podría estar bajo mucha presión, o ser víctima de maltrato. Al ver a su padre creo que es casi seguro que así sea.

Sasuke asintió – concuerdo contigo, vi su miedo, no es el de cualquier niño que hizo una travesura. Su padre es intimidante.

– Por un momento creí que sería capaz de golpearme.

–Jamás, no lo permitiría – respondió molesto.

La chica lo miró sorprendida. – Gracias – solo pudo decir.

– ¿Qué hay de Ruri y sus argumentos? Tengo curiosidad.

– Ruri. ¿Ella es fantástica no? No me gusta rezongarla pero no puedo hacer diferencias.

– Supongo que no es lindo tener que castigar a ninguno de los chicos, ¿qué pasa con ella? ¿Es especial para ti?

– No. No es eso. Es solo que su sentido de la justicia es admirable, no puede ver que le están haciendo algo malo a alguien porque salta a defenderlo. Además todo el tiempo está tratando de superarse, da su mejor esfuerzo siempre, no se rinde. Me hubiera gustado tener una amiga como ella cuando era niña – agregó soñadora.

Sasuke vio allí una oportunidad. – ¿Cómo eran tus amigas?

– No lo sé – suspiró triste.

El pelinegro le arqueó una ceja. – Es algo largo de contar pero digamos que hay una parte de mi vida que se borró.

– ¿Cómo es eso? – insistió, teniendo que hacer un esfuerzo para no echar todo a perder.

– ¿Recuerdas al que me llamó ayer? – Sasuke asintió, tenso. – Él me salvó de un incendio, pero algo me golpeó la cabeza ese día e hizo que se borrara todo para atrás.

El Uchiha apretó el volante con fuerza, odiaba lo que le habían hecho, le habían robado la vida. – Eso es horrible.

– Horrible es poco. A veces me veo como un envase vacío, como que no sé ni quién soy en verdad. Pero cuando veo a Ruri – siguió antes de ser interrumpida – siento paz, nostalgia… A lo mejor sí tenía un ángel guardián como ella cuando era chica.

– A lo mejor aún lo tienes.

– Puede ser – sonrió encogiéndose de hombros. – Siempre pienso que debería haber alguien más por ahí que me quiera buscándome pero no es así. Sasori ya lo confirmó.

El cólera del pelinegro subió a las nubes. – ¿Tanto confías en él? – no pudo evitar preguntar.

– Me salvó la vida – respondió sin más.

– Y se lo agradezco pero ¿no crees que pueda estar mintiendo con algunas cosas?

– ¿Por qué lo haría? – lo miró ceñuda.

– Lo siento, olvídalo. – No quería estropear el momento, de verdad, pero aquello le costaba tanto que tuvo que hacer nuevamente un esfuerzo enorme para calmarse. Pronto llegarían a la pista de carreras, de modo que le pareció una buena idea cambiar de tema. – Mi hermano nos prestó un auto para que corramos.

La emoción la invadió de repente, cosa que se reflejó en su sonrisa. – ¡Qué confianza te tiene! ¿Qué auto es?

– Es sorpresa – dijo, y sonrió al ver el mohín que hacía su pelirrosa. Era sin dudas ella, aunque no lo supiera, tan auténtica como siempre.

– Espera aquí un momento, voy por nuestro auto – informó dejándola a un lado de la pista, en uno de los estacionamientos. – Estoy seguro de que te gustará – agregó giñándole un ojo.

– ¿Naruto? – Llamó por teléfono una vez que estuvo lo bastante lejos como para ser oído. – ¿Qué tan cerca estás?

– Estoy aquí Teme, en las gradas de arriba.

– Hmp. Lo supuse.

– No puedo creerlo – casi lloró de la emoción.

– Sé cómo te sientes. Créeme, lo sé; pero ahora no es tiempo de llorar; te necesito completo ¿lo entiendes?

– ¿Qué tengo que hacer? – preguntó cambiando su postura a una firme.

– Luego te doy los detalles pero quiero que compitas con nosotros. Déjanos dar algunas vueltas antes de aparecer ¿está bien? Quiero que ella también lo pruebe.

– Entendido. Gracias por permitirme estar cerca.

– Lo mereces más que nadie.

El rubio no estaba muy seguro de ello pero se asintió para sí. – Te veo en la pista.

Sasuke se subió al Lamborghini que estaba en un estacionamiento privado y fue hacia donde esperaba Sakura. – ¡Woow! – exclamó fascinada. – ¿Correremos en eso?

– ¿No te gusta?

– Es… – titubeó intentando encontrar las palabras adecuadas – ¡perfecto! Definitivamente tu hermano te tiene mucha confianza. Eso o está completamente loco.

El pelinegro no pudo evitar reír. – Un poco de las dos, ¡vamos! – dijo subiéndose del lado del piloto.

No podía evitar mirar la cara de la Haruno cuando puso en marcha el motor. Se notaba que aquello le gustaba igual que antes de perder la memoria. – ¿Quieres intentarlo? – preguntó después de un par de vueltas.

Sakura lo miró con una mezcla de sorpresa y horror. – ¡¿Qué?!

– ¿Sabes conducir no?

– Eso creo – respondió pensativa – pero no podría correr como tú.

– ¿Quieres probar? Yo voy contigo, aunque conduzcas como abuelita – la desafió, poniendo la llave en sus narices.

Sakura sonrió de lado, al fin veía esa sonrisa arrogante suya otra vez. – Haré lo que pueda – dijo tomando las llaves y bajando del auto para sentarse del lado del volante. Su acompañante la imitó, demasiado feliz para preocuparse. – Eso sí, si algo sucede tú serás el único responsable.

– De acuerdo – respondió encogiéndose de hombros. – De todos modos no creo que arriesgues la vida de este bebé – agregó dando unos golpecitos a la parte delantera del auto.

– Muy bien profesor Uchiha… el cinturón por favor – ordenó tomando el volante con ambas manos y poniéndose en posición para arrancar.

Después de la primera vuelta, con algo más de confianza en sí misma decidió aumentar un poco la velocidad. Pero antes de comenzar la tercera vuelta, un Ferrari 488 GTB amarillo aparece en escena incitándolos a competir haciendo funcionar el motor. – ¿Eso es un Ferrari? – preguntó sin dar crédito a sus ojos. – No lo puedo creer. Estoy completamente enamorada de este lugar y sus autos.

– Creo que mi rival quiere que compitamos.

– ¿Tu rival?

Sasuke asintió. – ¿Quieres que cambiemos de lugar?

La pelirrosa lo pensó un momento. – ¿Puedo intentarlo?

– Confío en ti.

Los ojos jades se agrandaron por la sorpresa, pero eso hizo que su determinación creciera; no sabía por qué pero se tenía confianza, no lo defraudaría. Miró al frente. – No esperaba conocerlo tan pronto para poder averiguar si en verdad eres tú el que ha ganado más veces.

– Hmp – se cruzó de brazos fingiendo estar ofendido a la vez que Sakura volvía a hacer funcionar el motor.

– ¿Cómo sabremos cuando arrancar?

En ese momento el Uchiha baja la ventanilla y saca la mano. – A la cuenta de tres – dice al mismo tiempo que va marcando los números con los dedos para el otro competidor. – Uno, dos,... ¡tres! – dijo entrando la mano rápidamente y subiendo la ventanilla para que no entrara tierra.

Ambos autos salieron a toda velocidad. Al principio parecían ir parejos pero rápidamente el Ferrari tomó la ventaja. Sakura no dudó en acelerar, dejó de pensar, se concentró solo en ganar, cosa que asustó un poco a su copiloto que empezó a dudar de si aquello había sido una buena idea. Pues por más que ella antes corriera como un profesional, había perdido la práctica y por supuesto lo más importante, no lo recordaba.

La adrenalina que empezó a sentir hizo que le doliera un poco la cabeza, pero no importaba, ya ni siquiera era consciente de que estaba acompañada, tenía que encontrar la forma de ganar. Y ese fue el momento perfecto, se acercaban a una curva, su oponente disminuiría un poco la velocidad por una cuestión de lógica. No lo dudó, aceleró a fondo haciendo chirriar los neumáticos del Lamborghini rebasando a su rival, sonrió. Mas el dueño del Ferrari no era tan fácil de vencer, en segundos logró estar a la delantera nuevamente.

Aún así no se rendiría, volvió a acelerar pero cuando estaba por alcanzarlo nuevamente, viró de golpe para evitar una explosión al frente.

– ¡Sakura! – gritó el pelinegro algo asustado por su reacción, al tiempo que ella pisaba los frenos.

De espaldas al otro competidor que había parado unos cuantos metros más adelante, con el pulso acelerado y un fuerte dolor de cabeza, miró hacia adelante, como en estado de shock antes de dirigirse hacia Sasuke. – Lo siento – dijo a penas sin saber lo que había pasado.

– Sakura ¿estás bien? ¿Qué fue lo que te sucedió?

– Yo… no lo sé. Creí… no, nada – se corrigió antes de que pudieran creer que estaba loca.

– Ven, salgamos. Seguramente esto haya sido muy estresante.

– No te preocupes, estoy bien. A decir verdad hacía mucho que no me divertía tanto – sonrió.

– ¿Chicos están bien? – preguntó el otro competidor que corría hacia ellos desprendiéndose el casco de carreras que llevaba puesto.

– Sí, tranquilo – el rubio entendió el doble significado de esas palabras, no podría lanzarse encima de su hermanita, tenía que fingir que la estaba conociendo en ese momento. – Naruto, te presento a Sakura. Sakura, este es Naruto, mi mejor amigo y rival – presentó al mismo tiempo que Namikaze se sacaba el casco y le regalaba una radiante sonrisa, aunque con unos ojos vidriosos por la inmensa emoción.

Muchas gracias , pchan05 por sus hermosos comentarios, ya las quiero un montón y muchas gracias a mi amiga DULCECITO311 que no me abandona nunca! :D 3

Muchas gracias a todos aquellos que siguen la historia! Especialmente a los que se toman un momento para dejar un comentario, esto es por todos ustedes! Gracias por la paciencia, los quiero. ¡Me inspiran!