Sorpresa! Esta vez no me demoré, creo que la inspiración me volvió a tocar. Espero que disfruten el capítulo.

Los quiero a todos, a mis lectores de siempre, gracias por aguantarme, y a los nuevos, gracias por darle la oportunidad a esta historia.

CAPÍTULO 39 – OLVIDO

La pelirrosa miró atenta al rival de su nuevo compañero de trabajo. Aún estaba en shock por lo que había visto en la pista, una explosión que evidentemente no había sido real. ¿Qué le estaba pasando? Ya tendría tiempo para pensar en eso, ahora debía intentar pasarla bien y no arruinar su "cita". – Sakura, este es Naruto, mi mejor amigo y rival – escuchó al tiempo que veía una radiante sonrisa. Eso fue lo primero que vio, y lo primero que atrajo su atención, mas cuando se detuvo en sus ojos, no pudo evitar perderse.

El rubio le tendió la mano y después de unos segundos la siguió con la mirada. La imagen de un niño rubio extendiéndole la mano y sonriéndole de igual manera no tardó en aparecer. Sus pupilas se dilataron por la sorpresa y volvió a mirarlo a los ojos. Naruto frunció el ceño confundido.

– ¿Sakura qué sucede? – preguntó Sasuke poniéndole la mano en el hombro.

– Sé que soy feo pero… – intentó bromear el chico, pues la pelirrosa parecía petrificada.

– Naruto… – susurró tendiéndole la mano para estrechársela, mas cuando hicieron contacto sintió una fuerte puntada en la cabeza. – ¡Aaaaahhh! – gritó agarrándose con fuerza el lado izquierdo a la vez que caía de rodillas.

Fue instantáneo, los chicos se tiraron a su lado a socorrerla inmediatamente.

– ¡Sakura!

– ¿Sakura qué te sucede?

– ¡Sakura mírame! – ordenó Sasuke, Naruto parecía estar tan en shock como su hermana hace unos momentos. – Dove no te quedes ahí, debemos llevarla con Tsunade. ¡Rápido!

En ese momento Namikaze reaccionó y corrió hacia el Lamborghini para ir a buscar un auto en el que pudieran ir los tres.

– No – atinó a decir la chica. – Estoy bien, solo necesito un calmante.

– Nada de eso, vamos a que te vea un médico.

El rubio ya volvía con el auto cuando la pelirrosa logró decir algo más. – Sufro de migraña a menudo desde el accidente, solo que hacía mucho que no tenía una tan fuerte.

Los chicos se miraron entre sí, sin estar seguros de qué hacer.

– Estoy bien, de verdad – afirmó poniéndose nuevamente de pie.

– Creo que sería buena idea que de todos modos la vea la vieja – sugirió Naruto rascándose la nuca, gesto que hacía siempre que estaba nervioso o dudaba de algo.

"– Vieja... ¿De casualidad hiciste galletas? – preguntó un inquieto rubio entrando en la cocina de una casa de familia."

Sakura lo miró a los ojos casi asustada. – Naruto… – susurró antes de desmayarse tras otra punzada de dolor.

– ¡Sakura! – reaccionó rápidamente Sasuke para no dejarla caer al suelo.

– ¿Crees que recordó?

– No lo sé – respondió entrando con ella en la parte de atrás del auto para que su amigo condujera. – ¡Maldición! Llevémosla con Tsunade, rápido.

– No hace falta ni que me lo digas – respondió el rubio acelerando. "Aguanta Sakura".

– No reacciona.

– Mierda. Ya tendría que haber despertado.

– ¡Alguien ayúdenos! – Gritó Naruto entrando a la Organización de la Hoja delante de Sasuke.

Los que acudieron enseguida, que estaban más cerca fueron Hashirama y Temari. – ¡Por Dios! ¡Sakura! ¿Qué le pasó? – preguntó la rubia caminando hacia ellos.

– Llévenla a una sala. Temari ve por Shizune, rápido.

– Sí – contestó antes de desaparecer.

– ¿Cómo está? – quiso saber su jefe mientras lo seguía por uno de los pasillos.

– No lo sabemos, sintió dolor en la cabeza y después solo se desplomó.

– De acuerdo. Quédense con ella, iré por Tsunade.

El rubio suspiró. – Pensé que nos pediría un informe o algo así, el viejo ama los informes.

El jefe, que alcanzó a oír aquello sonrió. – Gracias por recordármelo Namikaze. Quiero un informe detallado de lo que pasó. – Sasuke le dirigió una mirada asesina a su amigo por bocón. – Pero ya se hará después.

Ambos suspiraron al escuchar aquello. El pelinegro colocó suavemente a la chica en una camilla al tiempo que la escuchó quejarse de dolor. – Mmm…

– ¿Sakura me oyes?

– Estamos aquí, vas a estar bien – dijo acariciando su frente y tomando su mano.

– Permiso, permiso – apareció una apresurada Shizune. – A un lado niños, necesito examinarla.

– Nos quedamos con ella – contradijo el rubio.

– Nada de eso. Les informaré ni bien sepa algo pero necesito que me dejen trabajar.

– Shizune tiene razón chicos. Deberían hablar con Karin para ver qué le pueden inventar a Akasuna.

– La última vez que perdió el conocimiento fue cuando escuchó tu nombre – le decía una angustiada Karin al otro lado del teléfono. – Iré por algo de ropa a la casa y le diré a Sasori que nos fuimos un par de días para algún lado.

– Ten cuidado.

– Se va a enojar pero lo creerá, después de todo es viernes. Mmm… – titubeó – Sasuke, sé que no lo merezco pero… ¿podrías mantenerme al tanto? La quiero y me preocupa.

– Te llamaré en cuanto sepa algo. Vete con Suigetsu a algún lado, no se queden a su alcance.

– Lo sé. Gracias.

El pelinegro colgó el teléfono al tiempo que veía salir a Shizune de la habitación. – ¿Cómo está? – preguntó a la par de Naruto.

– No hay señales de lesiones. Le tomé unas muestras de sangre y pienso hacerle una tomografía más tarde para asegurarnos de que lo que sea que le hayan hecho no haya dañado nada. Ahora está descansando, pueden pasar si quieren.

Ambos chicos salieron disparados hacia la habitación sin escuchar una sola palabra más de Shizune. – Solo compórtense y no la molesten – les gritó ésta.

– No lo puedo creer. No puedo creer que esté acá con nosotros – sollozó el rubio al costado de la camilla, tomándole fuerte la mano a la chica.

– Tampoco yo – suspiró Sasuke sentándose del otro lado mientras la observaba dormir.

– ¡Maestra! ¡Maestra! – le gritaba una pequeña rubia de ojos azules haciéndole señas con las manos. – Dese prisa, los vamos a perder.

– ¡Ruri! Ruri espera. No corras, quédate con el grupo.

Sakura perdió de vista a la niña por un momento. Frenó en seco, en medio de ese enorme parque buscándola con la mirada. Cuando por fin logró verla de vuelta corrió para alcanzarla. La chica estaba de espaldas a ella, se hincó para estar a su altura. – Ruri, ¿te das cuenta del susto que me diste? – la regañó dándole la vuelta con delicadeza.

Se asustó al ver a la niña con los ojos llenos de lágrimas. – ¿Y tú? – rebatió molesta – ¿Tú te das cuenta del susto que me diste? Me abandonaste – reprochó volviendo a darle la espalda.

La pelirrosa no entendía a qué se refería. – Estoy aquí, jamás te dejaría sola.

La niña seguía sin mirarla. – Se suponía que siempre estaríamos juntos – dijo, con la mirada perdida en algo que había en frente. Sakura la siguió con sus ojos y se exaltó al ver lo mismo que Ruri. Miró alrededor. La gente había desaparecido, el parque se había convertido en bosque y ellas se encontraban al pie de una montaña cuya entrada ardía en llamas.

– ¡Debemos irnos! Es peligroso. – dijo exaltada intentando agarrarle la mano para salir de allí.

– ¿Peligroso? – la miró furiosa. – Tú ya estás adentro.

En ese momento todo comenzó a dar vueltas, el escenario cambió y ya no se encontraba al pie de la montaña, sino dentro. – ¡Ruri! – llamó con todas sus fuerzas. – ¡¿Ruri dónde estás?! – Comenzó a desesperarse caminando por los pasillos de paredes empedradas, aquello era un laberinto. Luego de caminar unos metros se topó con una norme puerta de hierro y decidió intentar entrar.

Tras un fuerte chirrido se vio del otro lado. Se sorprendió nuevamente al ver una especie de cárcel de la edad media. – ¿Hola? ¿Hay alguien? – preguntó, pero no obtuvo respuesta. Avanzó lentamente por ese lugar, observando algo asustada las celdas. Frenó en seco al oír voces provenientes de su derecha. Agudizó el oído y miró hacia ese lugar. – Sasuke yo... lo siento. Esto es mi culpa – decía una chica. – Si no hubiera reaccionado de aquella forma...

– Ssshh… Tranquila, saldremos de ésta, lo prometo.

– ¿Sasuke? – se preguntó. Se acercó un poco más y entonces lo vio. Era Sasuke… y ¿ella? La puerta volvió a abrirse y todo dio vueltas de nuevo hasta que se vio otra vez en el pasillo anterior. "¿Qué está pasando?" – ¡Ruri! – Gritó con desespero. Esto tenía que ser una pesadilla.

– ¿No lo recuerdas? – preguntó una vocecita detrás suyo. Giró rápidamente, su alumna volvía a estar con ella. Aún así no entendía qué le quería decir. – Míralos – dijo señalando a la pareja que corría lastimada y cojeando por el pasillo. – Mírate luchando por salvarlo, aún a costa de tu propia vida. – Sakura miró asustada a la niña. – ¿Lo has olvidado? ¿Has olvidado al amor de tu vida por quedarte con el que les hizo daño?

– Yo… no – una fuerte puntada en la cabeza la interrumpió. – ¡Aaahhh!

– ¡Dime Sakura! ¿Por qué lo abandonaste?

– No, no. ¡Nooo! ¡Basta!

El escenario volvió a cambiar y en ese momento ella se encontraba despidiéndose de un Sasuke que era arrastrado por otro joven fuera de la cueva. – ¡Rápido, váyanse! – gritó.

Sasuke intentó correr hacia ella. – Sai por favor llévatelo.

– ¡No! No te dejaré aquí – gritó el Uchiha.

– Sai por favor… Si se quedan moriremos los tres, ¡llévatelo!

Eso pareció hacer un clic en la mente del chico pálido que hasta ese momento se debatía entre qué hacer. – Vendré por ti – le dijo, ella asintió.

– No. No Sai. No podemos dejarla, está herida.

Por un instante sus miradas se cruzaron, el chico se tiró hacia donde estaba ella. – Por favor, es la única manera, necesito que salgas cuanto antes. Te amo.

– No, no te despidas.

– No lo hago, solo prométeme que vivirás, pase lo que pase encontrarás cada mañana un motivo para levantarte.

– No Saku por favor.

– Promételo. – El chico asintió.

– Ahora váyanse.

– Te amo – le dijo él tomando delicadamente sus mejillas y besándola tiernamente. – Prométeme que vivirás.

– Basta. Por favor, ya no aguanto. Has que se detenga, no quiero ver esto. Duele… – lloraba la actual Sakura tomándose el pecho. – ¿Por qué me haces esto?

– ¿Por qué? Tú nos abandonaste, nos olvidaste.

– No entiendo, ¿De qué hablas? Yo no te conocía.

– ¡Recuerda Sakura! ¡Mírame! – gritó.

La pelirrosa sobresaltada la miró,… lo miró. – Te dije que nunca te dejaría sola – Ya no era Ruri la que le hablaba, era un niño, un niño rubio de ojos celestes que la miraba ahora con comprensión. ¿Era el amigo de Sasuke?

– Por favor, ya basta. Quiero despertar – imploró.

– Saku, mírame – le dijo el niño tocándole la mejilla. Y ella no pudo evitar perderse una vez más en sus ojos. – Soy Naruto, soy tu hermano. Recuerda – le susurró. – Prometimos que siempre estaríamos juntos.

Todo fue instantáneo, infinidad de imágenes volvieron a golpearla. Ella de niña, Naruto, Sasuke, sus tíos, Itachi, sus amigos, escenas que no podía detener la atravesaban como cuchillas una tras otra.

– ¿Vieja qué le pasa? Está hirviendo – preguntaba un preocupado Naruto.

– No lo sé, su ritmo cardíaco también se aceleró. Llama a Shizune, tenemos que estabilizarla.

No hizo falta que se lo repitiera para que saliera corriendo del lugar a seguir sus indicaciones. Volvió a entrar tras la pelinegra pero ambas mujeres lo corrieron inmediatamente de la habitación y trancaron la puerta. – Mierda – exclamó preocupado agarrándose el pelo. Se sentía tan inútil e impotente, golpeó con fuerza la pared. ¿Qué le pasaba a Sakura? ¿Por qué no despertaba? Quería recordar lo que les había contado Karin del episodio anterior pero en ese momento no podía pensar en nada. Tampoco quería preocupar a Sasuke, había ido por más ropa a su casa para "internarse" con la pelirrosa. Solo era cuestión de tiempo para que llegara.

– ¿Qué sucede? – preguntó asustado corriendo hacia él en cuanto lo vio en el pasillo. Mas no le dio tiempo de contestar, siguió de largo para entrar en la habitación, sin embargo no pudo. – ¡No! ¿Por qué? ¿Qué pasa ahí adentro? – preguntó furioso. – ¿Por qué no me llamaste?

– Cálmate sí. Estoy tan nervioso como tú, acaba de pasar – explicó.

– Lo sé, lo siento.

– Mi niña – susurró Tsunade acariciándole la frente. – Tranquila, la tía está aquí – agregó soltando una lágrima. Puedes decirles que pasen, ya se calmó.

– Mmn… – titubeó la pelinegra. – Señora, ¿por qué cree que no despierta?

– Está peleando. Creo que su cuerpo pelea contra lo que le hicieron, por eso la fiebre. Cuando escuchó el nombre de Sasuke por primera vez, reaccionó. Pero la volvieron a intervenir y quedó inmune a él. – Miró a su estudiante. – Es probable que ver a Naruto haya activado su defensa otra vez. Está luchando por recordar. Esa es mi teoría, la más positiva que podría tener y a la que quiero aferrarme. – Volvió a mirar a su sobrina – ella es una guerrera – sonrió.

Shizune la siguió. – Escapó de la muerte, esto no la va a derrotar – afirmó. Y tras decir aquello, le abrió la puerta a los chicos, que entraron inmediatamente.

– Tranquilos. Ella está bien.

– ¿Qué le pasó? – inquirió el rubio preocupado.

– Creemos que está luchando por recordar. Sin embargo, es solo una teoría, no se pongan mal si eso no sucede cuando despierte.

Ambos asintieron. – Deberían descansar, ella los necesita fuerte para cuando despierte.

– ¿Por qué aún no despierta? – quiso saber Sasuke.

– No lo sabemos. Pero sus signos son estables, no se preocupen, estará bien – volvió a afirmar. – Ah. Chicos – dijo antes de salir de la habitación. – Hay una condición para que se queden.

Los jóvenes la miraron cautelosos, esperando qué era lo que tendrían que acatar para poder quedarse, pero la rubia los alivió cuando les sonrió. – Han hecho un buen trabajo, gracias por regresarme a mi sobrina. Pero mi condición es simple, quiero que descansen, túrnense si es necesario pero háganlo, ella está bien cuidada.

Dicho eso, los dos soltaron el aire que habían retenido en sus pulmones. Ninguno estaba cansado en ese momento, no sabían si era a causa de la adrenalina pero no podrían descansar todavía. De modo que se sentaron a cada lado de la cama. Sasuke la besó en la frente antes de hacerlo y tomó su mano. Naruto, por su parte, largó un suspiro y miró hacia el techo.

– ¿Hablaste con Hinata? – le preguntó el pelinegro.

– Sí, ella quería venir. Pero le dije que por ahora era mejor así, que hasta que no despertara no sabríamos a qué nos enfrentaríamos.

– Imagino que debe querer estar contigo.

– Lo sé. También la necesito.

– ¿Por qué no vas a descansar a casa? – El rubio lo miró incrédulo. – Está bien, sabes que no me moveré de aquí, y de todos modos tenemos que turnarnos para descansar, ya escuchaste a Tsunade. Te prometo que si pasa algo te llamaré.

Naruto lo miró con cautela. Lo sopesó un momento antes de asentir. – De acuerdo, confío en ti, pero iré más tarde. Aún no estoy cansado. Solo si tú haces lo mismo – agregó.

– Oh vamos. Yo puedo dormir aquí, para eso me traje ropa. Tú tienes a tu mujer en casa pero mi mujer está aquí.

El rubio sonrió por lo bien que había sonado aquello y tomó la mano de su hermana.

– Recuerda Sakura. Abre tus ojos – le susurró besando su mano. – Saku, mírame – volvió a implorar acariciándole ahora la mejilla. – La chica les apretó la mano a los dos a la vez y se miraron sin poder contener las emociones que los atravesaban. Sasuke lo incitó con un gesto a que le siga hablando. – Soy Naruto, soy tu hermano. Recuerda, prometimos que siempre estaríamos juntos.

Todo fue muy rápido. El pecho de la pelirrosa se elevó arqueándose en la camilla al tiempo que intentaba tomar profundamente aire. La máquina que controlaba sus pulsaciones empezó a pitar cada vez más y más rápido. Los chicos vieron en el rostro del otro su propio reflejo de horror. Aparecieron Tsunade, Shizune y atrás de ellas un Jiraiya que, al igual que ellos, quedó petrificado en la puerta.

– ¡Mierda! – exclamó la rubia. – ¡Entró en shock! Trae una dosis de Lidocaína, ya – le indicó a la pelinegra. – Apártense – agregó a los chicos que miraban la escena asustados. – Vamos Sakura, reacciona – pidió dándole choques con el desfibrilador. – Una vez más – dijo para sí. – Aléjense – indicó antes de volver a tocarla con aquel aparato. – Shizune la Lidocaína – gritó.

La aludida se la administró inmediatamente vía intravenosa. El pitido se volvió uno solo por un instante que pareció eterno antes de volver a la normalidad, con ello todos en la sala volvieron a respirar. La rubia se secó el sudor de la frente, rindiéndose en llanto a los brazos de su marido. – No puedo irme. No la puedo dejar así, ¿qué pasa si se vuelve a descompensar y no estoy?

Su estudiante bajó la mirada con tristeza, sabiendo que quizá ella no hubiera podido reaccionar de esa manera para salvar a la joven. – Lo siento – se disculpó sinceramente.

– Ya, ya… – calmó el hombre de cabello blanco dándole unos golpecitos en la espalda a su esposa. – Hoy nos quedaremos aquí, estos chicos la cuidarán y cualquier cosa que pase te avisarán de inmediato. – Los aludidos a gatas fueron capaces de asentir. – No es tu culpa, estuviste muy bien – intentó animar ahora a la pelinegra. – Es solo que es nuestra sobrina, ella no la dejará tan fácil. Vamos, necesitas descansar.

– Mmnn... No… – escucharon una débil voz. La pelirrosa estaba nuevamente quejándose en sueños. Todos se tiraron prácticamente encima de ella.

– Sakura, ¿Sakura me oyes? – preguntó el rubio.

Sasuke miró su reacción y luego hacia su amigo nuevamente, temeroso de que se volviera a poner mal.

– Está bien chicos. Háblenle – animó Tsunade – estoy aquí.

– Saku. Estamos aquí, ¿puedes oírnos? – habló el pelinegro.

– Na… Naruto, lo… lo siento – titubeó derramado un par de lágrimas.

La cara de sorpresa no se hizo esperar, el aludido se lanzó hacia la cabecera de la cama, la chica abrió lentamente los ojos. Pestañeó varias veces antes de enfocar su vista. – Tiaaa – sollozó, pues fue la primera que vio por estar a los pies de la cama frente a ella.

Ésta corrió a abrazarla. – Mí niña. No lo puedo creer.

El ánimo en la habitación se volvió a uno de completa felicidad, con todos sus ocupantes llorando de emoción. – Lo siento – lloraba Sakura. – Lo siento. Lamento haberles causado tanto dolor.

– Ssshh… tranquila. Trata de no alterarte demasiado. Sé que es difícil pero tu cuerpo acaba de salir de un shock tremendo.

Jiraiya ya se encontraba abrazando a ambas mujeres. Las dos mujeres de su vida.

– Tío…

– No dejas de darnos sustos niña – intentó como era sumar algo de humor.

– Ven querida – dijo después de un momento. – Dejemos a los chicos un momento.

– Estoy bien – le afirmó la joven.

Pero ni bien se separaron los adultos, el rubio se le tiró encima. – Naruto – sollozó abrazándolo con fuerza. – Lo siento tanto. Sasuke, lo siento. – agregó cuando éste se les unió al abrazo. – No imagino por lo que tuvieron que pasar. Soy una idiota. Los amo tanto chicos.

Shizune, aunque estaba enormemente feliz por Sakura, decidió darle privacidad a la familia. Los cinco en esa habitación no podían evitar el llanto, hasta que por fin el matrimonio decidió dejar un momento a los tres jóvenes.

– Durante tres años creímos que te habíamos perdido. Tonta, no nos vuelvas a hacer algo así.

– Lo sé, lo prometo.

– No soportaría perderte otra vez – le dijo Sasuke.

Ella se perdió en sus ojos. – Te amo. Gracias por no rendirse – dijo ahora dirigiéndose a ambos.

Bueno, así termina un capítulo más. Espero que lo hayan disfrutado, creo que fue algo intenso, en lo particular, a mí no me dio respiro.

Si tienen un momento me gustaría saber qué sintieron, si es que el despertar de Sakura les provocó algo.

Una cosa más. Antes de despedirme quiero confesarles algo: la idea no era que nuestra chica recuperara la memoria aún, pero creo que ya todos hemos sufrido demasiado y decidí no alargar más la agonía.

En fin! Los quiero! Mil gracias por leerme! Mil gracias por sus siempre hermosos comentarios!