IMPORTANTE: Modifiqué el capítulo 40 que habían leído porque no me convencía del todo y me había trancado. En su lugar, realicé 2 capítulos que me parecen hacen más justicia a la historia... Espero lo disfruten, de corazón, y pido mil disculpas por esto... Los quieroooo!

Gracias infinitas a los que siempre siguen este fic, en especial a todos aquellos que se toman su tiempo para dejarme comentarios tan lindos!

CAPÍTULO 40 - REENCUENTROS

– No puedo creer como pude dejarme manipular tanto por ese infeliz de Akasuna. Estoy tan pero tan enojada conmigo misma por ser tan débil – le decía Sakura horas más tarde a Sasuke, sentada al costado de la cama con las piernas colgando.

– No quiero oírte hablar así – le dijo el pelinegro con ambas manos en sus mejillas. – Eres fuerte Saku, la chica más fuerte que conozco; escapaste de la muerte y ahora estás aquí, peleando, con nosotros otra vez.

– Pero…

– Ssshh… si hay alguien con quien tienes que enojarte es con él por haberte hecho lo que te hizo y con todos los de Akatsuki, pero no contigo.

– Lo sé – se rindió al fin. – Sasuke – continuó, poniendo su mano sobre la de él – me arruinaron la vida, primero mis padres y ahora me separaron de todos los que amo, me robaron mi vida por tres años, no se los puedo perdonar.

– Lo sé, y te juro que pagarán por eso – contestó abrazándola, con la mirada fría, en algún punto lejano a través del paisaje que se vislumbraba al otro lado de la ventana.

– Yo, necesito terminar con esto.

– ¿Qué? – el pelinegro la miró horrorizado, temiendo lo que su novia le iba a decir. – No, no vas a acercarte más a nada que tenga que ver con Akatsuki ni a ninguno de ellos.

– Sasuke…

– ¡No!

– Sabes que es lo mejor. Puedo fingir que aún no sé nada.

– No voy a arriesgarte otra vez. Quise morirme cuando no estabas, no puedo. No puedo perderte de nuevo Sakura, entiende.

– No. Tú entiende. Esto es lo que soy, y necesito hacerlo – se puso firme. – No puedo darle la espalda a algo tan peligroso, debemos terminar con ellos de una vez, y sabes bien que es la única forma.

– Por favor – suplicó acariciándole la mejilla nuevamente.

– Sasuke, tengo que hacerlo. En cuanto diga mi plan, sé que Hashirama lo aceptará, si es que ya no pensó en ello. Debes creer en mí.

El chico tragó grueso, sabiendo que el jefe lo aprobaría, de hecho, recordando que había sugerido algo como eso.

– Sasuke, odio esto. Pero Sakura tiene razón – apoyó Naruto entrando en la habitación, había estado escuchando parte de la conversación tras la puerta, deliberando entre las probabilidades. – Confía en ella, es buena en lo que hace.

La pelirrosa lo miró cómplice y sonrió. – ¡Gracias!

– De acuerdo – se rindió el pelinegro. – Pero estaremos contigo. En todo momento – agregó.

La chica ahora le sonrió a él – no podría pensar en un mejor equipo.

Nadie había logrado que el Uchiha esa noche se fuera a su casa, aunque Sakura ya hubiera despertado. Inclusive, a pesar de que le habían preparado una cama para él en uno de los dormitorios de la base, no quiso apartarse de ella y se quedó en un sillón qué había en su habitación, velando su sueño.

No fue hasta ya entrada la noche que la chica se percató de lo realmente exhausta que estaba. Sasuke no podía evitar observarla, su respiración lenta le indicaba que dormía plácidamente. Aquello le parecía tan irreal, que tenía miedo de dormirse y que, al despertar, todo hubiera sido un sueño. Soltó un suspiro de alivio, ahí estaba, nuevamente a su lado, había recordado y lo amaba. Había sido lo primero que le había dicho al recobrar la conciencia. El tiempo no había pasado para ella y su propia agonía parecía extrañamente lejana, aplacada, opacada por la presencia de Sakura, de su ángel. La admiraba en silencio, amaba su fortaleza, su bondad, su espíritu que no se rendía ante las adversidades. Amaba todo de ella y le aterraba, lo desesperaba el terror de que algo pudiera sucederle. Se juró a sí mismo, en silencio, que no dejaría que nada malo le pasase, aunque le costara la vida. Nadie volvería a atentar contra ella, ni la volvería a alejar de su lado. La amaba con el alma, y daría su vida si fuera necesario.

Pasó horas contemplándola, como si fuera la mayor maravilla del mundo, claro que para él lo era, hasta que, sin saber en qué momento, finalmente se quedó dormido.

Sakura se despertó aquella mañana sin entender muy bien en dónde estaba. Cuando abrió los ojos, las paredes blancas y aquella habitación tan iluminada, por un momento le hicieron pensar en si todo lo que había sucedido el día anterior había sido real.

Su vida en casa de los Akasuna había sido una mentira, finalmente estaba con su familia, con sus amigos y con Sasuke. Estaba donde pertenecía, lo sabía, pero… ¿cómo seguiría de ahora en adelante? ¿Cómo haría para mirarlos a la cara después de tanto sufrimiento causado por su culpa? Miró hacia afuera por la ventana, el día estaba hermoso. ¿Cómo enfrentaría a Sasori, a Karín? Esos más de tres años parecían irreales, pero a su vez… había llegado a querer a ese par, a tenerles cariño. Eso lo hacía aún peor, estaba tan dolida, tan confundida. Odiaba a Sasori y a su vez, tenía recuerdos de él siendo su amigo, su sostén; ayudándola a pelear contra su dolor a lo largo de su difícil recuperación. Lo mismo pasaba con Karin, odiaba lo que le habían hecho esos dos y se odiaba a sí misma por no abrir los ojos antes, por permitir que aquellos que amaba sufrieran como lo habían hecho todo este tiempo. Apretando fuertemente los puños sobre su regazo, se juró que haría algo para remediar todo el dolor que Akatsuki les había causado.

Hashirama daba vueltas detrás de su escritorio sopesando todas las posibilidades una vez más, y por más que no le gustara la idea de volver a poner en peligro a una de sus mejores agentes, sabía que no podía desperdiciar esa oportunidad, la mejor que surgía en mucho tiempo. A su entender, solo era cuestión de tiempo para atrapar a los que quedaban de Akatsuki con ese recurso. Lo único que debían hacer era adecuarse perfectamente al plan para que todo saliera bien.

Conocía los riesgos, incluso pensó en esconderlo de Tsunade, pero era consciente de que necesitarían todo el apoyo posible, además de que la rubia lo mataría si se enteraba de que le había mentido con algo así. Al jefe le dio un escalofrío de solo pensarlo, ya que incluso había sopesado en la idea de decirle que su sobrina había ido de vacaciones con Sasuke para despejarse.

Tenía que salir bien, suspiró. Ya todo estaba perfectamente planeado, solo debía reunir al mejor equipo que alguna vez pudiera existir.

Lo primero que deberían hacer antes de comenzar, sería mentalizarse para aceptar que Sakura iría a convivir con el Akasuna, sabiendo toda la verdad. Sería incluso para ella sumamente difícil fingir, cuando, seguramente, estaría odiando que Sasori la hubiera apartado de aquellos que amaba, haciéndolos sufrir aún más.

La pelirrosa se encontraba sentada en la cama, aún cavilando esas cosas cuando su "hermano", que había ido a llevarle algo de ropa para que pudiera levantarse, la interrumpió. – No te tortures más con eso – le dijo suavemente, adivinando en qué pensaba. – Lo importante ahora es que estás bien, y estás con nosotros.

– Es verdad – le sonrió sinceramente. – Lo importante ahora es que estamos juntos… ¿Sabes algo de Sasuke? – preguntó, pues el pelinegro había tenido que salir muy temprano en la mañana, antes de que ella despertara.

– Sasuke, Sasuke, Sasuke, siempre el Teme primero – dijo con burla Naruto para fastidiarla. Era increíble hablar con ella como si no hubieran pasado los tres años. Eran solo ellos dos, igual que siempre, "peleando" como hermanos.

– No te pongas celoso – le sonrió Sakura pellizcándole las mejillas. – Tu siempre serás mi hermano del alma – finalizó, casi con un suspiro, mirándolo a los ojos y posando sus manos en donde segundos antes le estiraba la piel.

Por un breve momento ambos quedaron así, en silencio, mirándose con amor, con ternura. Sakura pensando en todo por lo que el chico había pasado y todo lo que había sufrido por su pérdida, y Naruto admirando aquel instante, en el que veía a su hermana de vuelta, habiendo recordado, viva y con él.

Fue la chica la que rompió con aquel sopor. – ¿Y bien? ¿Cómo es eso de que vas a casarte? Aún no lo puedo creer – exclamó golpeándole el pecho.

– Ni yo – concordó el rubio devolviéndole la sonrisa.

– ¿Cómo es eso posible? Creo que a Hina se le aflojó un tornillo o algo así – bromeó, sabiendo de sobremanera que Naruto la hacía sumamente feliz. El chico la amaba con locura, y era una de las personas más buenas que conocía, cariñoso con los que amaba, divertido, leal, un luchador sin el que no hubiera podido salir adelante nunca.

– Puedo ser muy persistente cuando quiero algo – alardeó el rubio.

– Sí, lo sé. Ya, de verdad, me pone muy contenta por ambos. Me encantaría verla – añadió con nostalgia. Enseguida su semblante volvió a cambiar a uno triste. – Lo siento tanto Naru, no quiero ni pensar por lo que han pasado. Yo… no podría imaginarme la vida sin ustedes.

El rubio suspiró recostándose a la pared, alzó la cabeza, cerrando los ojos, volviendo a recordar. – Fue el peor día de mi vida – confesó. – Nada se compara a ese momento, ningún dolor que haya sentido ha sido tan grande como el que sentí cuando me di cuenta de que no podría sacarte con vida de ese infierno.

Sakura estaba sin palabras, no soportaba ver el rostro de dolor que tenía su amigo. – Yo…

Pero el rubio negó con la cabeza, mirándola finalmente. – No puedo explicarte lo feliz que soy de que estés aquí – dijo sinceramente. – Aún tengo miedo de despertar y que no sea verdad – confesó. A lo que la chica bajó de la camilla y le puso ambas manos en las mejillas.

– Soy real – dijo mirándolo a los ojos. – Estoy aquí y no voy a irme de vuelta, nunca, nunca más voy a dejarlos. No te desharás de mí tan fácil – agregó, queriendo bromear para que se sintiera mejor.

– Debí seguir intentando, debimos buscar tu cuerpo como tú hubieras hecho – no podría nunca sacarse esa culpa, se odiaba por eso.

– Nadie lo habría imaginado, era demasiado – negó ella. – Mírame. No fue tu culpa. No me habrían encontrado, y de todos modos, ya no importa. No quiero que te atormentes más con eso, ya estoy aquí, vuelvo a ser yo, y no los dejaré nunca más. No puedo ver el dolor en tu rostro Naruto – agregó suplicante.

– Entiendo todo lo que hiciste, creo que yo hubiera hecho lo mismo. Solo, prométeme que no volverás a ponerte en peligro de esa forma.

Sakura inclinó la cabeza. – ¿Es broma cierto? – Pero cuando no obtuvo más respuesta que una seria mirada por parte de su amigo, suspiró rendida. – No podría estar en peligro peleando junto a los mejores. En ese entonces me agarraron desprevenida, ese día actué como una tonta sin pensar en el peligro, solo quería irme de allí.

– Estabas sufriendo Sakura, te acababas de enterar de la peor forma de que…

Pero ella lo cortó – nada de lo que sentí ese día se compara a lo que les hice pasar a ustedes durante más de tres años. No me justifiques.

– De acuerdo, no te voy a discutir eso, pero…

– Nada. Vamos a centrarnos en el ahora. Estamos juntos y somos el mejor equipo. Todavía no puedo creer que Sasuke forme parte de la agencia ahora.

– Sí, convenció a su hermano de que era lo mejor. Fue lo que lo sacó adelante después de tu… Entrenó muy duro, hizo las pruebas en tiempo record y comenzó a trabajar.

– No lo dudo, Itachi lo entrenó toda su vida.

– Lo sé. Hablando de eso – dijo señalando su ropa deportiva que le había dejado sobre la cama, – estás fuera de forma hermanita, no deberías perder el tiempo – le sonrió, con esa cara zorruna que siempre había adorado, aunque a veces la irritaba demasiado.

Contrario a lo que imaginaba, Sakura mostró una cara de sorpresa y luego le sonrió. – Es verdad – estuvo de acuerdo antes de empezar a correrlo a empujones de la habitación. – Hace mucho que no hago ejercicio. Vete Naruto, necesito cambiarme para empezar – dijo sin darle tiempo a protestar, ya cerrándole la puerta en la cara.

– ¿Quién va a entrenar conmigo? – le gritó mientras se vestía.

– Itachi te está esperando, está de vacaciones pero quería verte.

– Y de seguro darme una paliza – susurró la chica. – Una bienvenida al estilo Uchiha por mi imprudencia – habló para sí, imitando como si hubiese sido el pelinegro el que dijera aquella última palabra. – ¡Mierda! – expresó ya abriendo la puerta y saliendo de la habitación.

Naruto sonrió antes de seguirla, esa era su hermana en todo su esplendor.

Cuando llegó a la sala de entrenamiento no pudo evitar sentir nostalgia, había pasado muchísimas horas allí a lo largo de su vida. De pronto se sintió ansiosa por ver a Itachi, la última vez que lo había visto casi le había escupido la cara. Él la esperaba en donde estaban las lonas para pelear cuerpo a cuerpo. – ¿Por qué no me extraña? – Dijo para romper el hielo en cuanto lo vio. El joven quedó petrificado en su lugar, casi en el centro de una de las lonas de entrenamiento.

Sakura se acercó lentamente hasta quedar a un par de metros de él, esperando su reacción. Para su sorpresa, él acortó rápidamente la distancia entre ellos para abrazarla fuertemente. – Te extrañé mucho pequeña – expresó rompiéndose finalmente.

– Ita… Itachi – pudo articular luego de unos segundos correspondiendo finalmente el abrazo, también entre lágrimas.

– Aún no puedo creer que estés viva – agregó al fin, separándose para observarla, como si admirara una obra de arte o no diera crédito a lo que veían sus ojos. – No me perdono el haberte dejado marchar ese día. Tú casi pierdes la vida ¡Diablos! creímos que te habíamos perdido todo este tiempo, y Sasuke, Naruto, tus tíos, yo – admitió – creí que no lo superaríamos – balbuceaba.

Sakura se limitó a observarlo, nunca lo había visto perder la compostura de aquella manera. – Itachi – llamó, pero no pareció escucharla. – Itachi – repitió ahora más alto, llamando su atención. – Ya pasó, estoy aquí, con ustedes, estoy VIVA. Cualquier cosa que hubiera pasado en ese momento no tiene importancia.

– Es verdad Ita – agregó Naruto abrazándolos a ambos. – Ahora lo importante es que está aquí y tiene que ponerse en forma – sonrió como solo él solía hacer, contagiándolos a los dos.

– Bien, entonces… veamos qué tan oxidada estás – sonrió su entrenador golpeándose el puño; a lo que, contrario a años atrás, en los que la pelirrosa le hubiera sonreído engreída y desafiante, hizo una mueca pensando en lo que le esperaba. – Tranquila – agregó. – Puede que haga mucho que no entrenas, pero el cuerpo tiene memoria, solo hay que trabajar nuevamente para recuperar musculatura y mejorar tus reflejos. No seré tan duro.

– De acuerdo, comencemos. Confío en ti, en ustedes – añadió mirando al rubio y poniéndose en posición. – No quiero que me tengas una consideración especial. Necesito estar al cien pronto.

– Muy bien, pero antes, deberías calentar.

Y así comenzó su entrenamiento, media hora de calentamiento y reconocimiento para tener una base, trotando, pegándole a la bolsa, saltando la cuerda; luego, algo de abdominales para tonificar, antes de comenzar con movimientos de defensa para aflojar. Cumplida una hora quince de esto siguió por dos horas más en combate cuerpo a cuerpo con Itachi, iniciando suave, reconociendo las llaves y movimientos para luego aumentar un poco su intensidad, antes de volver a aflojar y estirar para luego darse una ducha.

Ya habían pasado unas horas cuando finalmente fueron por algo de comer – Es increíble que hayas entrenado tan duro cuando hacía tanto tiempo que no lo hacías – exclamaba Naruto contento, dándole ánimos mientras se dirigían a la cafetería de la base. Sakura estaba muerta de hambre, puesto que, debido al entrenamiento, se había saltado el almuerzo y solo había desayunado un vaso de leche y una tostada con mermelada antes de que apareciera el rubio en su habitación.

– Aún me falta mucho. No pude golpearlo ni una vez, ¿cómo lo hacía? – preguntó para sí. – Necesito entrenar más.

– Wow, de a poco ¿sí? No puedes exigirte tanto, podrías colapsar.

– No hay tiempo Naru, necesito estar en forma rápido.

– Sí, pero no puedes estar todo el día entrenando, el cuerpo necesita descanso, sino no aguantará. Además, Itachi debe irse con su esposa, sino terminará durmiendo en la calle – rió para distraerla.

– De acuerdo, pero no me puedo quedar tan tranquila. Necesito practicar algo de tiro – agregó, acordándose de aquello.

– Ya eres tú de nuevo – suspiró el rubio. – Tan autoexigente. ¿No podrías esperar un poco?

– ¿A qué? – preguntó girándose hacia él.

– A estar recuperada del todo y a acostumbrar nuevamente a tu cuerpo a esta exigencia física. No es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana.

– Está bien, lo entiendo, prometo tomármelo con calma y no sobrexigirme. Pero por el momento tengo que aprovechar toda esta adrenalina y furia que siento, de todos modos, no creo que pueda dormir – agregó para terminar de convencerlo.

Naruto suspiró rendido. – De acuerdo, tú ganas. Siempre lo haces. Pero promete que te cuidarás, y cualquier cosa que precises me llamas.

– Gracias, lo haré. Quizá te moleste para alguna golpiza nocturna – bromeó.

– Adiós vida íntima – suspiró su amigo dramáticamente, haciéndola reír. La chica negó con la cabeza. – ¿En qué misiones están ahora? – peguntó curiosa de pronto, mientras comían algo. – Es tanto en lo que tengo que actualizarme…

– Ve con tranquilidad, ya vas a poder leer algún expediente. Por hoy ya has hecho bastante.

– Sí claro – respondió con sarcasmo rodando los ojos. – Se han vuelto todos unos holgazanes; es sábado por la tarde y esto está desierto.

– ¿Y qué esperabas? – preguntó una voz conocida a sus espaldas.

Sakura dio un brinco y se giró rápidamente. – ¡Tenten! – gritó corriendo hacia ella.

– Saku – comenzó a llorar Tenten al tiempo que se abrazaban fuertemente. – No lo puedo creer…

– Estoy de vuelta – susurró entre sollozos la pelirrosa para reconfortarla.

– Creo que si siguen así me voy a poner celosa – escucharon de pronto. Temari había aparecido y las observaba desde la puerta del comedor, cruzada de brazos. Las jóvenes se separaron y la miraron, sonrientes, aunque con las mejillas húmedas por las lágrimas.

– ¡Tem! – expresó al fin Sakura, feliz, dando la bienvenida al encuentro, a un nuevo abrazo. Naruto miraba aquella escena enternecido, mientras las chicas lloraban emocionadas. – ¡Las quiero tanto!

– Cuando Sasuke y Naruto se presentaron con aquella noticia, sentí que una parte de todos nosotros volvía a la vida junto contigo – le confesó Temari, limpiándose las lágrimas.

La pelirrosa se limitó a asentir, algo triste por todo lo que habían sufrido.

– ¡Lo importante es que el equipo vuelve a estar completo! – intervino el rubio, enérgico, abrazando por los hombros a Tenten y a Sakura. Los cuatro sonrieron sumamente felices.

– ¿Dónde está Sasuke? – preguntó Temari. – No creí que se fuera a despegar de tu lado.

La chica se encogió de hombros.

– No lo sé, cuando me desperté ya no estaba. Supongo que tendría algo importante que hacer.

– Ese tonto – expresó la rubia apretando el puño en alto, enojada. – ¿Qué puede ser más importante?

– De todos modos, ¿por qué está todo tan desierto? Desaparezco un par de años y ya se ponen todos de vagos – se burló la Haruno negando con la cabeza.

– Sakura – comenzó Tenten. – Eras tú la única loca que venía los fines de semana, tú y el obsesivo de Itachi.

– Nosotros preferimos divertirnos de forma diferente, no nos divierte que nos pateen el trasero como a ti – concordó su otra amiga.

– Bueno, bueno, sí, lo sé, ya entendí ¿sí? Después no lloren si las supero en la lona. Aún después de tres años – agregó engreída. Sin dudas Sakura estaba de vuelta.

Temari puso los ojos en blanco – No hay dudas de que eres tú – dijo. Luego sonrió perversamente – pero tengo una mejor idea para que nos divirtamos hoy – concluyó pícara.

– Tem, tus ideas siempre son las mejores, pero debo levantarme muy temprano a entrenar mañana, y nunca termina temprano una fiesta contigo.

– Nada de eso. Temari tiene razón – añadió Tenten. – Tu regreso es un motivo para festejar. Volviste de entre los muertos Saku, no nos niegues esto – agregó suplicante, sabiendo que ya había ganado esa batalla.

– ¿Cómo hacerlo? – suspiró Sakura, resignada. Era lo menos que podía hacer por ellos.

– ¡Fiesta de bienvenida! – Gritó Naruto, exaltándolas a las tres.

En ese momento las luces se apagaron. Segundos más tarde se prendieron varias luces de colores, provenientes de las esquinas del comedor, al tiempo que una música lenta comenzó a sonar, a no mucho volumen. Instantáneamente miró a su "hermano" que sonreía pícaro y no pudo evitar devolverle el gesto, aunque se sintió algo aturdida cuando aquel lugar se comenzó a llenar de gente. Compañeros, amigos, sus tíos, todos precedidos por Sasuke. Se perdió en sus ojos y eso pareció tranquilizarla.

– Ahora ya sé qué era eso tan importante que tenía que hacer – le susurró Temari, completamente cómplice de aquella situación, al igual que los otros dos.

Sakura los miró con ojos entrecerrados. – Quisimos venir antes para tener toda tu atención se excusó Tenten restándole importancia.

Esos minutos fueron un cúmulo de emociones, con todas latentes, a flor de piel. Sasuke la saludó con un beso en la mejilla, para luego dejar al resto de los chicos para que la saludaran. Apareció Lee, corriendo y llorando a abrazar a "su flor de cerezo" como había gritado, levantándola y dándole una vuelta. Ino y Hinata corrieron a abrazarla y casi se desmoronan las tres entre llantos y risas…

– ¡Chicas! – Chilló de alegría la pelirrosa mientras se fundían en un fuerte abrazo.

Uno tras otro, todos pasaron a saludarla entre emotivas demostraciones de cariño y alegría. A Sakura

la sorprendió mucho que hubieran asistido tantos compañeros, y amigos. Estaban sus tíos, Hinata con Naruto, Ino con Sai, Gaara, Temari, Shikamaru, Kakashi, Yamato, Rin, Shino, Yagura, Yugito, Yahiko, Omoi, y muchos otros camaradas, algunos con los que incluso jamás había trabajado. La sorprendió de sobremanera que también hubiera asistido Hashirama, el jefe de aquella organización, que no parecía muy partidario de aquel tipo de eventos.

Pudo conocer finalmente a Izumi, el amor de Itachi y madre de su futuro hijo cuando él las presentó. Se cayeron bien al instante. En cuanto Sasuke se refirió a su futuro sobrino como "demonio", su cuñada, muy enojada, lo golpeó con el puño en la cabeza y Sakura asintió de acuerdo, "¿cómo se atrevía a hablar así de un bebé? Y más si este era su sobrino. – Aún no entiendo en qué pensaba Hashirama cuando te mandó a convivir con mis niños – le dijo reprendiéndolo ofendida.

El pelinegro la miró asustado e Izumi con ojos iluminados, por fin alguien que le cerrara la boca a ese mocoso que tenía por cuñado. – Gracias Sakura – le dijo.

– No hay de qué – respondió satisfecha. – Entre mujeres nos tenemos que apoyar.

– Más si es contra un Uchiha – concordó Izumi.

– Son todo un tema – finalizó la pelirrosa mirando también a los hermanos, que parecían asustados como cachorros en aquel momento. Se miraron entre sí, seguramente pensando lo mismo: con esas dos actuando juntas, estarían en problemas.

Todos estaban ansiosos por saludar y dar la bienvenida a Sakura. La fiesta comenzó y la tensión que había sentido en principio se fue disipando, se fue soltando cada vez más, el alcohol ayudó un poco para eso, y por primera vez en mucho tiempo se volvió a sentir ella misma, completa, sin ese vacío que había tenido a menudo sin saber por qué.

– ¡Mi niña! – la sobresaltó un grito de entre la multitud un par de horas más tarde. No tuvo tiempo a reaccionar cuando un torbellino rojo la llevó por delante. – Saku… – lloraba una muy emocionada y expresiva Kushina, sin dudas Naruto había heredado esa espontaneidad de su madre. Detrás de ella, Minato intentaba calmarla, aunque también estaba inmensamente feliz por su regreso. Minutos más tarde, se calmó y Sakura pudo saludar bien a los Namikaze.

Adoraba a los padres de su amigo, los quería como si fueran sus propios tíos. Habían hecho un esfuerzo enorme por llegar a verla ya que, como de costumbre, se encontraban fuera del país. Era común aquello debido a la experiencia que habían adquirido y a la cantidad de idiomas que ambos habían aprendido a hablar fluidamente. Finalmente, Kushina la liberó cuando divisó a su hijo y a su futura nueva, desviando su atención a ellos, felicitándolos y logrando que sus rostros quedaran del color de los tomates cuando expresó abiertamente que no quería ser una abuela muy vieja, y puso el ejemplo de Mikoto, que estaba en una edad ideal para serlo, al igual que ella.

– ¡Mamá! – había logrado decir Naruto, nervioso. – Izumi e Itachi son más grandes… – se excusó entre dientes, avergonzado. Su padre lo miraba comprensivo, pero no podía hacer nada contra la determinación y las ocurrencias de su mujer.

Sakura miraba aquella escena divertida, al igual que Sasuke, que apareció a su lado de repente. – Vamos – le dijo, y la tomó de la mano una vez más para ir hacia la pista. Sasuke bailando, eso sí que era una novedad. Se limitó a disfrutar de aquello, más adelante pensaría en su entrenamiento y Akatsuki. Sonrió feliz, lo amaba, adoraba a sus amigos y familia, en ese momento no podía pedir nada más, estaba completa.

Gracias zerezito100pre por avisarme que había quedado mal subido