IMPORTANTE: Modifiqué el capítulo 40 que habían leído porque no me convencía del todo y me había trancado. En su lugar, realicé 2 capítulos que me parecen hacen más justicia a la historia (lo que antes era el cap. 40 ahora son el 40 y 41 pero con más contenido)... Espero lo disfruten, de corazón, y pido mil disculpas por esto... Los quieroooo!
CAPÍTULO 41 – ENTRENAMIENTO
Al día siguiente Sakura se levantó sumamente temprano para comenzar a entrenar y para su sorpresa, al entrar al gimnasio, Kakashi la estaba esperando. – Te conozco – le dijo sonriendo, saliendo de donde estaba: recostado a la pared.
La chica sonrió nostálgica – lo sé.
– Supuse que no querrías perder el tiempo, así que pensé que lo mejor sería estar aquí. Es bueno tenerte de vuelta – agregó.
Pasó horas entrenando, hasta que su maestro la hizo detenerse para descansar. – Ya es suficiente por ahora, no has perdido mucha agilidad, solo te hace falta fortalecer los músculos y mejorar un poco más tu resistencia y reflejos, pero el cuerpo…
– Tiene memoria – terminó por él. – Sí, lo sé, ya he escuchado eso.
Hatake sonrió ante su exasperación. – Vamos – dijo. – Date una ducha y ven al comedor, los chicos organizaron un almuerzo de bienvenida – informó antes de dirigirse a los vestidores de hombres. – La fiesta de anoche no fue suficiente – aclaró ante la mirada interrogante de su subordinada.
Sakura se petrificó por un momento ante lo que implicaban esas palabras, pero se dirigió al baño. La noche anterior había sido muy intensa al principio y más distendida después que comenzaron a bailar y a beber. Pero enfrentarse a todos nuevamente, en la tranquilidad de un comedor despejado, iluminado, la puso algo nerviosa. Dejó correr el agua por su cuerpo, pensando. Pensando en todo lo que se había perdido estos años, en todo lo que habían sufrido sus amigos por ella. Apoyó una mano en la pared y no pudo evitar llorar. Lloró tanto como pudo, dejó salir todo el dolor, las dudas, no sabía si sería capaz de volver a enfrentarse a todos. Aquello debería ser bueno y, sin embargo, se sentía tan culpable que le costaba respirar, sentía que se ahogaba por la culpa.
Levantó la cabeza, de modo que el agua caliente le callera en la cara, se concentró en su respiración para intentar calmarse, inspiró hondo al tiempo que miraba hacia el frente, abriendo sus ojos, decidida. Aceptaba su responsabilidad y la entristecía, pero no podía hacer nada con lo que había sucedido, ya no. Lo que mejor podía hacer era volver, ser ella misma nuevamente. Compensar el tiempo perdido, disfrutar de sus amigos, de su familia.
Pasó el resto del día saludando a sus amigos y compañeros, poniéndose al día con lo que había pasado en sus vidas durante el tiempo que no estuvo, revisó algunos expedientes, hizo algo de ejercicio anaeróbico, sin exigirse, más bien para tonificar y reparar sus músculos. Pasó el resto de la tarde con Sasuke, conversando de todo un poco, inclusive de sus trabajos en el jardín de niños. Sonriendo, compartiendo juntos, recordando viejos tiempos, y hablando acerca del plan de acción que llevarían a cabo pronto. Poder hacer eso con él, incluso planificar misiones juntos, era como un sueño para ella.
– ¡No puede ser! – se quejaba un día después, nuevamente en las cabinas de tiro, exasperada, con la mano en la cara. – ¿Cómo es posible que se haya vuelto tan difícil? – protestaba, sin percatarse de que Sasuke la observaba recostado en la puerta de entrada, de brazos cruzados. Ya era lunes y había tenido que ir al jardín de niños para continuar con su fachada, pero ni bien había terminado su jornada, se dirigió a la agencia para ver a Sakura.
El chico sonrió de lado antes de acercarse. "No puede ser más perfecta" pensó, y en ese momento, confirmó una vez más, que ella era su mundo, jamás podría haber alguien que la igualase. – ¿Qué sucede? – preguntó ya muy cerca de ella, aunque suponía el motivo por el que estaba molesta.
– Esto – contestó enseñándole el arma. – Ya no recuerdo cómo lo hacía, mi puntería se volvió un desastre. ¿Es eso posible? – agregó, suplicante por una respuesta que la animara. – ¿Creés que haber estado tanto tiempo en coma haya afectado mi concentración y mis reflejos? – continuó ansiosa.
El chico negó con la cabeza. – Creo que te estás estresando demasiado. Mira la hora ¿desde cuándo no comes? – preguntó, enseñándole su reloj de pulsera.
Sakura se sobresaltó al percatarse de que no había parado en todo el día. Se había levantado a las 5 de la mañana a entrenar porque no lograba dormir más, paró a tomar un desayuno rápido porque comenzaba a sentirse un poco mal por no tener nada en el estómago y continuó con un nuevo calentamiento, suave para seguir entrenando cuerpo a cuerpo con sus amigos, que comenzarían a llegar en el correr de la mañana.
Luego de mediodía almorzó y se dispuso a estudiar y leer expedientes del tiempo que estuvo fuera. Cuando ya no pudo más, fue directo a las cabinas de tiro, estaba ansiosa por volver a disparar, por sentir nuevamente un arma en sus manos, amaba aquello. Pero tal fue su decepción cuando se dio cuenta que había perdido su toque. Antes de su secuestro, era intachable, con todos sus antecedentes impecables y ahora no era capaz de disparar dos veces cerca del mismo lugar. Suspiró, derrotada. – Necesitas despejarte – le dijo Sasuke poniendo un mechón de pelo tras su oreja y abrazándola por la cintura con la otra mano, atrayéndola hacia sí.
– Esto es un asco – protestó, frunciendo el ceño y haciendo un mohín, como buscando respuestas de lo que pudiera hacer para mejorar.
– Y descansar – prosiguió el chico. – Apuesto a que estuviste todo el día entrenando.
La chica desvió la mirada. – Ven – dijo él tomando su mano. – Tengo una idea que te ayudará a relajarte.
Sakura lo miró dudosa, pero sonrió. Para ese entonces ya eran las 6:00 de la tarde. Tomó su mano y ambos salieron del lugar. – ¿A dónde vamos?
– Ya lo verás – sonrió en respuesta.
Cuando llegaron, Sakura no podía creer a dónde la había llevado. – Sé que es un poco tarde y que está por oscurecer, pero confío en nosotros. – Ella lo miró sorprendida. Asintió, algo dudosa, hacía mucho que no hacía aquello y no estaba segura de poder hacerlo. – Tranquila – agregó Sasuke besando su mano. – Solo volaremos un poco y si quieres saltar, lo haremos juntos. Estaría loco si no te atara a mí para hacerlo.
La pelirrosa no cabía en su asombro. Nunca imaginó poder realizar aquellas experiencias con él. Finalmente lo miró y sonrió otra vez, llena de felicidad. – Es perfecto.
– Vamos – contestó correspondiéndole de la misma forma. Sasuke sabía que ella era amante de la adrenalina como él y tirarse en paracaídas era algo que siempre lo hacía sentir vivo. Imaginarse hacer eso que tanto amaba con ella era un sueño y por ello había arreglado todo con Yagura que en ese momento era su piloto.
Abordaron la avioneta y este los miró sonriente – ¿Listos? – preguntó, contento de tener a la joven agente de vuelta.
– Listos – dijeron al unísono, también sonriéndole.
Comenzaron a ascender y Sakura cerró los ojos por un momento, respirando hondo, disfrutando de las sensaciones que le provocaba aquello; la felicidad, la paz que sentía, nada más importaba. Volar, no recordaba lo que significaba, y hacerlo con él era mágico. El pelinegro puso una mano sobre la manija de la puerta por la que saltarían luego de haberse puesto el equipo necesario para tirarse juntos, con un solo paracaídas. – ¿Quieres hacerlo? – preguntó para estar seguro de que estaba bien. La chica asintió, casi sin poder mirarlo por la posición en que el paracaídas los dejaba. – ¿Necesito darte instrucciones? – agregó con sorna, lo cual la sorprendió un poco.
Pero enseguida se repuso. – No bromeés – le contestó, sonriendo de lado y colocando su mano sobre la de él para abrir la puerta.
Sentir el viento en la cara la revivió nuevamente, tener a Sasuke firmemente sujeto junto a ella en ese momento, hacía que aquello fuera todavía mejor. Miró hacia abajo, admirando parte de la ciudad – ¿Lista? – gritó Sasuke, apoyando sus pies sobre el borde.
– Lista – concordó.
– A la cuenta de tres. Uno…
– Dos…
– Tres – gritaron al mismo tiempo, dando el impulso para finalmente saltar y girar en el aire.
– ¡Aaaaahh! ¡Iujuuuu! – gritaba Sakura mientras bajaban en caída libre con brazos y piernas extendidas. – ¡Sasuke esto es fantástico! – exclamó una vez que se abrió el paracaídas.
Él besó su cabeza mientras bajaban lentamente, pareciendo flotar en el aire – Lo es – dijo satisfecho.
– Había olvidado lo bien que se sentía. Gracias.
– No hay de qué princesa. Sentir este tipo de experiencias hace que todo lo malo quede atrás.
Ella no pudo evitar estar más que de acuerdo. – Volar es genial.
– Sakura – comenzó algo dudoso, no quería arruinar el momento.
– ¿Mmm?
– Te amo.
La chica no respondió, parecía un poco absorta en sus pensamientos, cosa que le inquietó un poco, pero se limitó a disfrutar el resto del descenso.
Una vez en tierra, y con todo ese equipo fuera de sus cuerpos, Sakura decidió encararlo. – Sasuke yo… también te amo. Sé que no esperabas que apareciera nuevamente y entiendo si rehiciste tu vida. Yo no quiero interferir en tu felicidad – divagaba con la cabeza baja. Había evitado llegar a esa conversación por miedo, porque después de tres años, sería normal que Sasuke hubiera rehecho su vida, quizá hasta se hubiera vuelto a enamorar y no estaba lista para escucharlo, no quería hacerlo. Sentía que, para ella, ahora que había recordado, el tiempo casi no había pasado y la vida con Sasori parecía algo lejano, pero él, Sasuke era joven, apuesto, bueno… perfecto y no suponía que se hubiera quedado todo ese tiempo solo. Levantó la vista y lo que vio la dejó de piedra, él sonriendo, estoicamente parado, cruzado de brazos mirándola. Alzó una ceja – ¿enserio? – inquirió. – ¿Te burlas de mí?
– Sakura – dijo dando un paso al frente.
"Una pantera" pensó ella. – No, enserio. Lo entiendo y está bien, solo… no quiero hablar de eso ahora, no estoy preparada.
– Sakura – continuó avanzando.
– No – repitió, dando un paso hacia atrás con la mano en alto.
– Sakura – nombró ya exasperado, llegando a ella. – Te amo – posó las manos en sus mejillas. – Tengo novia… – comenzó.
– Sasuke no… – empezó, sin querer escuchar aquello.
Pero el chico hizo caso omiso y la interrumpió – y está justo delante de mí.
Los ojos verdes se abrieron ante la sorpresa para luego llenarse de lágrimas. – Claro, si aún me aceptas – agregó.
Sakura asintió apenas, sin poder responder más que eso por el shock. – Te amo, no quiero estar con alguien que no seas tú.
– Te amo – correspondió la pelirrosa, cerrando sus ojos para que sus labios se reencontraran con los suyos.
– ¿Aún eres mi novia? – sonrió el Uchiha luego de unos minutos, separándose apenas.
– Lo soy – sonrió la chica en respuesta.
– Todavía me cuesta creer que estés aquí – suspiró, apoyando su frente en la de ella, sin soltarle las mejillas. – Me da miedo despertar y que esto sea un sueño – continuó, colocándole un mechón de pelo atrás de la oreja.
– Naruto me dijo lo mismo, pero no lo es, estoy aquí y no volveré a irme – se entristeció por el dolor y el miedo que hacía sentir a los chicos. – No volveré a alejarme, lo prometo. Te amo Sasuke y pelearemos juntos para que esto se termine de una vez.
Él asintió. – Llevemos a guardar esto. Vayamos a casa – pidió, tal y como lo hizo la noche anterior.
Pero Sakura paró en seco. – Yo… – titubeó, – lo siento. Quisiera quedarme en la base una noche más, necesito entrenar.
– ¿De noche?
– Tal vez – respondió algo dubitativa. – Quizá no pueda dormir mucho y quiero aprovechar la mayor cantidad de tiempo posible. Necesito estar segura de poder con esto. Quiero estar tranquila y confiar nuevamente en mis habilidades.
– Entiendo. Está bien – no quería agobiarla ni mucho menos discutir con ella, necesitaba todo su apoyo y él se lo daría. – También me quedaré ahí por si me necesitas.
A diferencia de la noche del sábado, que se había quedado al finalizar la fiesta de bienvenida, en la habitación que le habían preparado cuando llevó a Sakura a la base, la noche anterior se había ido a dormir a su casa para prepararse para el comienzo de semana de clases en el jardín. Claro que no había sido por cuenta propia, sino que el mismo Hashirama había sido el que se lo había ordenado, alegando una vez más, que lo sacaría del caso si lo desobedecía.
– Mn – negó con la cabeza. – Necesito estar un poco sola, tengo que hacer esto por mí misma. Sé que cuento contigo – agregó. – Pero no es necesario que te exijas de más por mí, debes descansar y concentrarte en tu trabajo, con los niños – añadió. – Yo estaré bien.
– Lo sé – volvió a besarla.
– Además – Sakura sonrió con malicia – serías una terrible distracción.
– ¿Con que terrible eh?
– No te podría evitar – aclaró, casi rozando sus labios.
– Y yo no te dejaría hacerlo. Tienes razón, lo mejor es que me vaya a casa. – Dicho eso, la llevó hacia la base, donde cenaron juntos. Sasuke la acompañó a su habitación y se quedaron rato conversando hasta que finalmente su novia se rindió al sueño. La arropó y con una caricia y un suave beso en la frente se despidió por esa noche – dulce sueños princesa – susurró luego de admirarla unos minutos.
Al día siguiente (ya martes), Sakura se despertó nuevamente a las 5 de la mañana. Se sentía algo más pesada y cansada, tenía todo su cuerpo adolorido por el ejercicio de los días anteriores, pero de todos modos decidió levantarse. Debía tomárselo con más calma, de modo que fue a buscar algo de cereal para desayunar, mientras leía alguno de los expedientes que se había llevado para su cuarto. Estaba fascinada viendo algunas de las intervenciones de Sasuke y leyendo acerca de lo aparentemente bien que trabajaban con Naruto. "Son un buen equipo" pensó satisfecha, decidida a no quedarse atrás.
"Muy bien, ¿por dónde empezaré hoy?" Definitivamente era muy temprano para exigir de más su cuerpo. "Ya sé" se respondió a sí misma orgullosa, "debería repasar algo de primeros auxilios y ponerme al día con las drogas y venenos de los que me estuve perdiendo". "Eso es" se animó, dirigiéndose al área clínica donde atendía su tía.
Estuvo allí entretenida por casi cuatro horas cuando decidió ir a hacer algo de ejercicio. Kakashi le había dicho que ese día no iba a poder estar hasta cerca de medio día, de modo que comenzaría su entrenamiento sola, de todos modos, conocía bien sus rutinas. Sin embargo, cuando entró al gimnasio se encontró con Lee, entrenando a lo que parecían ser nuevos agentes. Los pobres chicos estaban exhaustos. Sakura se compadeció de ellos por el maestro tan entusiasta que les había tocado, pero disfrutó que él la invitara a participar en cuanto la viera. Lee era uno de los mejores en taijutsu, por lo que su entrenamiento sería sumamente enriquecedor y exhaustivo.
– Calentaré un poco antes – le dijo poniéndose a ello.
– De acuerdo – gritó su amigo – estaremos aquí – agregó, refiriéndose a las lonas de combate.
– Como si no lo supiera – sonrió la chica estirando, segura de que Lee estaría un largo rato dando palizas.
– Mejoras muy rápido – felicitaba Kakashi un par de horas después mientras peleaban juntos.
– Lee ayudó mucho, solo necesito más resistencia – continuó, algo agitada. – Debo empezar a salir a correr, es lo que más me va a ayudar para eso.
– Concentración – reprendió su maestro, tirándola a la lona una vez más. – Eso también te hace falta.
La chica quedó acostada, boca arriba, respirando agitadamente – ¿Me puedes culpar? Son muchas cosas en las que tengo que ponerme al día.
Su maestro le tendió la mano. – No te culpo. Es difícil, agotador y no hay tiempo. Debes compensar a tu cuerpo lo que no has hecho en tres años, y debes hacerlo en días, sé que no es fácil. Jamás te culparía.
– Gracias – dijo aceptando su ayuda para ponerse en pie.
– A las duchas – ordenó Hatake. – Ve a comer algo y descansa. Te veo a las cuatro en las cabinas.
La pelirrosa asintió y así lo hizo, después de almorzar rápidamente, se dirigió a su habitación en donde se quedó dormida cerca de una hora. Cuando despertó, se sobresaltó al ver que ya casi era tiempo de su encuentro con su maestro y corrió hacia donde la esperaría. – ¿Cómo lo hago? No entiendo cómo puedo ser tan mala ahora si antes era excelente. Debe haber algún truco que haya olvidado. – se quejaba, casi antes de comenzar.
– Estás predispuesta a que no te saldrá, y estás tensa – agregó intentando que aflojara un poco el brazo.
Había mejorado bastante en relación al día anterior, pero aún no estaba conforme con su desempeño, debería tener un tiro limpio y perfecto. Se acercaba cada vez más, pero cuando a eso le agregaba movimiento no podía acertar como debería.
– Debes pensar más rápido Sakura, calcular dónde va a estar el objetivo de acuerdo a la velocidad con la que viene y la posible trayectoria que realiza.
La pelirrosa se sobresaltó. – ¡Ten! – dijo efusiva, dándole la bienvenida a su práctica. – Lo haces sonar muy fácil.
– Bueno señoritas. Las dejo – se despidió Kakashi antes de salir de ahí.
– Sé de algo que puede ayudar – sonrió pícara Ama.
– ¿Qué? – correspondió de la misma forma Sakura.
– Primero, necesitamos de buenos competidores que se encuentren disponibles – respondió, escribiendo un par de mensajes. – Vamos – indicó, tomándola de la mano y comenzando a andar.
Cuando llegaron a aquel lugar, no supo cómo explicarse de qué manera la ayudaría eso para disparar mejor, qué podría tener que ver el autódromo con su puntería. Pero Tenten pareció leerle el pensamiento. – Tu puntería no ha desaparecido, lo que falta es la práctica y tu capacidad de reacción. Acostumbrarte a la velocidad y a calcular casi instintivamente la trayectoria.
– Eso lo entiendo, pero ¿qué tiene que ver este lugar con…?
– Todo – interrumpió. – Olvida por un momento las armas y concéntrate en la velocidad – alzó las cejas, a la espera de que entendiera, y así fue.
Sakura le mostró una enorme sonrisa. – Velocidad es igual, autos de carrera. Te amo Ten – dijo emocionada.
– Lo sé, debes acostumbrarte nuevamente a las reacciones rápidas, a calcular distancias, maniobrar rápidamente y este es un ejercicio que te va a ayudar porque esto es innato en ti. Y bien… ¿Dónde están nuestros contrincantes? – se preguntó mientras se dirigían a buscar un auto.
– ¿Con quiénes correremos?
– Ya lo verás.
– ¿Subirás conmigo?
Su amiga se sonrojó un poco – en realidad, se lo prometí a mi novio. Hace mucho que me viene pidiendo algo como esto y me pareció la ocasión ideal.
La pelirrosa frunció el ceño, sospechosa. – Creo que te estás aprovechando de mi falta de destreza.
– Solo un poquito – sonrió en respuesta.
– Bien, no importa, siempre y cuando me des mi auto.
– "¿Tú auto?" – repitió. – Jaja… claro – respondió lanzándole las llaves del Lamborghini rojo que tanto adoraba.
– ¿Entonces? ¿Contra quiénes corremos?
Ama se encogió de hombros, – supongo que el que decida sumarse aparecerá – y con ello se dirigió a su auto.
Sakura no esperó para subirse al suyo, colocándose un intercomunicador para hablar con los pilotos que se sumaran ese día, y arrancó para hacer un reconocimiento de la pista. – Hola, probando, uno, dos, moñitos, ¿estás ahí? – quiso molestarla.
Tenten apretó fuertemente uno de sus puños.
– Deberías acostumbrarte – dijo su novio a su lado sonriendo.
– Lo sé – sonrió. – Jade… ¿Estás lista?
– Siempre – sonrió posicionándose en la largada.
– Chicas. No empiecen sin mí – se escuchó en ese momento a Temari, ahora también en posición.
– ¿Y bien? ¿Comenzamos? – dijo Tenten. – A la cuenta de tres. Uno.
– Dos.
– Tres – casi gritaron al mismo tiempo, pisando el acelerador a fondo.
Sakura se sorprendió a sí misma cuando se dio cuenta de la forma en que corría. Hacía mucho que no lo hacía y, sin embargo, tenía todo controlado. En ese momento la rubia la rebasó – ¡Mierda! – exclamó.
– Te estás oxidando Rossie – le dijo burlona, recordándole cómo la había llamado cuando salió con ella disfrazada.
– Este no es mi fuerte – suspiró Ama viendo a los otros dos autos delante del suyo. Neji la miró y se limitó a sonreír. – Solo míralas, están locas. Van directo a una curva – justificó. Y en ese momento un auto amarillo aparece en escena, acercándose detrás de la joven pareja. – Zorro…
– Parece que tenemos compañía – comentó Temari.
– ¿Me extrañaban? Hacía falta un buen contrincante en esta carrera – se burló.
– Apareció el pulgoso – sonrió la rubia.
Sakura, feliz de que llegara su hermano del alma, se concentró aún más. Acelerando como hacía tiempo al llegar a la curva para no dejarse ganar. Temari lo intentó, pero no pudo evitar bajar un poco la velocidad. Fue en ese momento que Naruto la sobrepasó.
– ¿Ves a lo que me refiero? – Le dijo a Neji, que solo se limitó a asentir, divertido.
– Son impresionantes.
– Esos dos siempre han estado a la par, y ahora que Sasuke se nos unió no quiero ni imaginar lo que va a ser. Van a hacer que todo explote.
– ¿Cómo te sientes? – le preguntó Naruto casi a su par.
– ¡Genial! – contestó Sakura acelerando.
– Jade ha vuelto señores – anunció Temari tratando de alcanzarlos, provocando que todos sonrieran, felices de ver que eso era así.
– Gracias por mi entrenamiento de hoy Ten, lo necesitaba – decía la pelirrosa ya afuera del auto, donde estaban los cinco reunidos luego de terminar la carrera.
– Aún no sé cómo lo haces. ¿Estás loca sabías? Hace mucho no corrías y es como si nunca hubieras dejado de hacerlo.
– Mi hermana es genial – expresó contento, pasándole un brazo por los hombros. – No puedo creer que casi empatamos, pensé que ganaría con más ventaja.
– Supongo que funciono bajo presión – dijo encogiéndose de hombros. – De todos modos, debo practicar más. No puedo permitir que me ganes – agregó dirigiéndose a su amigo, frunciendo el ceño. Cosa que hizo reír a todos.
– Jade ha vuelto – volvió a decir Ama.
