CAPÍTULO 42 – JADE ESTÁ DE VUELTA

Habían pasado cinco días desde que Sakura había comenzado a entrenar cuando decidieron que sería conveniente no retrasar mucho más el retorno a "su vida normal" en casa de Sasori, a modo de evitar levantar sospechas por parte de este. Aún le faltaba mucho entrenamiento, pero habían decidido que lo mejor sería encontrar quien la suplantara medio tiempo en su trabajo como maestra, para utilizar por lo menos tres de las ocho horas para entrenar. En la organización se encargarían de todos los detalles, así como de ponerle un remplazo para las horas que necesitaba. Sasuke continuaría trabajando como profesor de educación física en ese lugar solo de tarde, que era cuando estaría Sakura, para respaldarla. Eso sería lo mejor, entrenar de mañana y trabajar allí de tarde por si al pelirrojo se le ocurría ir a recoger a la chica algún día, dado que muy difícilmente la acompañaba por la mañana, y si ese fuera el caso, solo debía simular entrar al instituto hasta que se fuera.

Karín no cabía en su asombro ante la noticia de la pronta recuperación de su amiga y estaba feliz por ella, pero sumamente preocupada por cómo reaccionaría cuando la viera, y qué pensaría de ella. Era su única y verdadera amiga y no quería perderla, aunque tuviera más que claro que no la mereciera. Además de ello estaba el terror que le tenía a su hermano, estaba segura de que, si se enterara de lo que realmente pasó, pronto estaría muerta. Ya estaba lo suficientemente molesto por la supuesta escapada que habían tenido las dos y llamaba todos los días para ver si estaban bien y para saber cuándo volverían. Eso era peligroso, ya que, si sospechaba de más, temían que pudiera intentar localizarlas, aunque hubieran triangulado la señal para que, en dicho caso, mostrara una ubicación en específico.

Por otro lado, Sakura estaba más que decidida. Quería terminar de una vez por todas con esa pesadilla de Akatsuki y sabía que esta vez no podía fallar. Estaba algo ansiosa por su reencuentro con los hermanos Akasuna ahora que había recordado y sabía toda la verdad. Odiaba lo que le habían hecho, lo que habían sufrido Sasuke, Naruto, sus tíos, sus amigos por culpa de Sasori, pero no podía evitar sentir pena por él, y dolor, porque a pesar de todo, todo ese tiempo a su lado, había provocado que lo conociera de otra forma, que lo viera como un amigo. Luchó contra esos pensamientos, él la había cuidado por tres años, pero era responsable de haberle arrebatado su vida y no podía evitar detestarlo por eso. Se sentía sucia por los momentos que habían compartido, por dejarlo influenciar sobre sí de esa manera.

La misión tenía como objetivo principal poder acceder a lo que creían sería una de sus instalaciones principales y para eso Sakura debería simular por un tiempo, por lo menos hasta que estuviera completamente recuperada y en forma, antes de realizar el siguiente movimiento. Además, ahora que habían encontrado a uno de los miembros principales de esa Organización, no podían perderlo de vista; debían seguirlo para, continuar descubriendo y eliminando diferentes operaciones y centros de la "Nube Roja".

La chica estaba tan dedicada que incluso había preferido quedarse esos días en la agencia, estaba tantas horas como le fuera posible entrenando, no solo físicamente, sino poniéndose al día con todo lo que necesitaba saber de Akatsuki, cosas que hubieran ocurrido en los tres años que estuvo ausente; además de practicar su puntería y agilidad con todo tipo de armas.

Sasuke no había podido estar presente como le hubiera gustado en su entrenamiento de días atrás, pero a partir del reintegro de Sakura al jardín de niños, tenía claro que sería uno de los que la ayudaría a entrenar, y estaba sumamente ansioso por ello, quería verla trabajar y trabajar con ella todo el tiempo. No había olvidado cómo la había visto luchar a su par el día que los secuestraron, era fantástica y no quería perderse ningún detalle de todo lo que sería capaz de hacer. Aunque era consciente de que tendría rivales, pues todos estaban sumamente emocionados por el regreso de su novia, querían participar en sus actividades y ayudarla a ponerse al día en su trabajo como agente especial de la Hoja. En esos días según supo, había entrenado con su hermano, con Naruto, y con Lee, en peleas cuerpo a cuerpo; aunque, para su sorpresa, el encargado principal de su preparación física había sido Kakashi, uno de los capitanes que, por su grado, solía encargarse de otras cosas, no del entrenamiento de uno de sus subordinados. No se iba a aprobar el reintegro de su novia a la Organización hasta que Hatake no estuviera de acuerdo, y su superior estaba más que dispuesto a dar todo de sí para que Sakura estuviera pronta para volver lo antes posible.

A Sasuke le encantaba poder compartir con Sakura su trabajo, conocer ese aspecto de ella tan libremente, sin limitaciones, lo llenaba profundamente. Por lo cual, al igual que días anteriores, llegó después de haber entrenado a "sus niños" para acompañarla en una nueva sesión de tiros. A la chica le había costado un poco al principio, pero era increíble, se superó rápidamente, pudiendo finalmente eliminar todas las siluetas de cuerpos en las cabinas de tiros. Se sentía muy orgulloso, y amaba verla determinada y feliz por volver a ser ella misma. Adoraba ver a Sakura en todo su esplendor, sin secretos de "super-agentes" de por medio, más aún, compartiendo diferentes desafíos, y peleando mano a mano junto a ella.

– Estás lista – confirmó Kakashi al día siguiente, dando fin al entrenamiento físico mientras le tendía la mano para ayudarla a levantarse.

Sakura sonrió con suficiencia mientras aceptaba su ayuda, a sabiendas de que había mejorado mucho desde que había vuelto a la base, pero de que aún le faltaba bastante. Aún no había logrado derribar a su maestro, sin embargo, sí había podido hacer que Hatake tuviera que tomárselo enserio, cuando consiguió acorralarlo más de una vez.

– Pero aún hay algo que me inquieta un poco – continuó el maestro. Haruno lo miró curiosa. – Espera a que llegue Uchiha y diríjanse al campo de la antigua base. Saltea el entrenamiento en la cabina – agregó antes de retirarse.

La pelirrosa se quedó estática, sin entender muy bien a qué se refería ni qué tendría en mente Kakashi, pero no le quedó otra opción que esperar a Sasuke.

Su novio se sorprendió de sobremanera ante la orden de Hatake, ni siquiera conocía aquel viejo lugar que usaban antes como agencia, pero en cuanto llegó, los dos se dirigieron a donde se les había indicado.

– ¿Qué es ese lugar? ¿Por qué Kakashi nos haría ir hasta allí? – preguntaba curioso mientras iban en su auto por una ruta desierta, cubierta de abundante vegetación.

– Toma el camino de piedra a la izquierda – guiaba la chica. – Ahora solo son ruinas. No se me ocurre un motivo válido para hacernos venir hasta aquí.

– Supongo que debe tener sus razones.

Sakura suspiró ruidosamente – es Kakashi, todo con él es un misterio a veces.

– Es verdad, pero debes admitir que se tomó muy enserio su tarea de lograr que estés lista cuanto antes.

– Así es, es muy bueno. Estoy segura de que no nos hizo venir hasta acá para perder el tiempo.

Su acompañante se limitó a asentir.

Unos minutos después llegaron a su destino, y tal como le había dicho Sakura, aquello solo eran ruinas. En medio de un enorme campo, entre maleza, se alzaba un edificio viejo de piedra. Parecía que se tratara de una antigua casa, pero Sakura sabía que, en realidad, debajo de aquella fachada, había funcionado la agencia de la Hoja años atrás. Las paredes que habían no estaban enteras, sino que gran parte de la estructura se había derrumbado.

Descendieron del auto y comenzaron a caminar hacia lo que había sido la entrada de aquel lugar, donde los esperaba Hatake recostado a su auto.

– ¿Y bien…? ¿Por qué tanto misterio? – preguntó la pelirrosa.

– ¿Qué hacemos aquí? – secundó Sasuke.

– Esta es la última fase de tu entrenamiento inicial. Debes demostrar que aún eres capaz de trabajar para esta Organización.

Aquellas palabras sonaron como puñales para Sakura, ambos chicos tragaron grueso.

– ¿Para qué tenía que venir Sasuke?

– Alguien te tenía que traer – respondió Kakashi como si aquello fuera lo más obvio del mundo.

– Claaaro, porque tu no podías – respondió sarcástica.

– Yo tenía que preparar todo – suspiró, ya aburrido.

Sakura frunció el ceño al momento que aparecía Yamato y le entregaba un traje negro a cada uno, una especie de mameluco, pero bastante más fuerte. Fue entonces que ambos entendieron.

El capitán continuó como si nada mientras los chicos se colocaban aquellas prendas por encima de su propia ropa. – Deben conseguir el tesoro que está adentro – dijo, mientras le entregaba a cada uno un par de armas con balas de pintura de color rojo. Una de ellas simulaba ser un rifle y la otra, más pequeña, podía pasar perfectamente por una pistola calibre treinta y ocho.

– ¿Cu…? – quiso preguntar la chica.

– No lo sabrán hasta que lo vean, deben averiguar qué es aquello importante que buscan, aquello que les va a hacer ganar la misión.

Ambos asintieron, atentos a las instrucciones.

– ¿Es uno contra otro?

Yamato negó. – El enemigo está adentro, dependiendo de que salgas con vida, se decidirá tu continuación en la agencia. Tampoco puedes dejar que tu compañero muera – agregó.

– Pero… – quiso protestar. Aquello era muy injusto, ¿quiénes estaban adentro o escondidos por los alrededores?

– ¿Cuántos…?

Kakashi negó con la cabeza – No lo sabemos. Es una misión a ciegas.

– ¿Binoculares? – preguntó Sasuke, ya en su papel, agarrando firmemente el rifle de pintura, sabiendo que el futuro de Sakura como agente estaba en riesgo, y también dependía de él. Ella parecía insegura, pero no permitiría que fallaran.

La pelirrosa lo entendió y puso toda su confianza en él, eran un equipo, eso le devolvió la seguridad que necesitaba, seguridad en sí misma y en el hombre que amaba, en su compañero. – ¿Tenemos un plano del lugar? – preguntó seria, segura. Sabía que, si quería volver a formar parte de ese mundo, debía comenzar con un simulacro, si fallaba ahí… no, no fallaría, ella era JADE, y no fallaba en sus misiones.

Su maestro sonrió, percibiendo el cambio en la chica. Les entregó el plano y solo un par de binoculares. – Esto es enserio, no mueran.

Los chicos se miraron primero y luego a sus superiores, ambos asintieron y comenzaron a avanzar, agazapados.

Media hora más tarde se encontraban contra bancos de material, refugiados de una lluvia de balas de pintura proveniente de diferentes direcciones. Habían encontrado el "tesoro" que estaba en medio de aquella casi destruida habitación, pero debían ir por él. Sasuke le hizo señas con la mano y Sakura entendió enseguida hacia donde disparar, alzó su cuerpo y apuntó rápidamente. Dio en el blanco, directo al pecho de aquel sujeto, que dejó de ser un problema. Miró a su novio y sonrió, satisfecha. Éste le devolvió el gesto, feliz de compartir aquello con ella. Si bien era un simulacro, la adrenalina la tenían a flor de piel, y los dos amaban eso.

– Cúbreme – indicó Sasuke, casi entre señas. Sakura asintió, y enseguida volvió a levantarse a disparar al lugar de donde le disparaban a su novio, uno menos.

Las balas de pintura cesaron por un segundo, el pelinegro tomó aquel objeto y corrió nuevamente a refugiarse, esta vez al lado de Sakura para ver cómo proseguirían. Él devolvía los disparos mientras ella repasaba en su mente el plano, para ver por dónde huirían. – Hacia allá – dijo señalando una puerta trampa a su derecha. Devolvieron unos disparos para cubrirse y corrieron hacia aquel lugar.

Salieron al exterior, rodeados de vegetación mientras caía la noche.

– ¿Y ahora hacia dónde? Inquirió el pelinegro escudriñando los alrededores.

– ¿Ya terminó? – preguntó jadeante.

– Kakashi nunca nos dijo otro objetivo, sacar el tesoro y sobrevivir, nada más – respondió algo desconfiado Uchiha.

– Podemos probar llegar a él – sugirió Sakura.

– Supongo que es una buena idea – concordó. Y atenta y sigilosamente se encaminaron hacia el lugar donde los había dejado su superior y donde se encontraba su auto.

– ¡Mierda! – exclamó al llegar. Hatake no estaba al lado de su auto, en su lugar había una nota que decía: "Si quieren volver a ver a su compañero con vida, devuelvan el tesoro".

– Kakashi se toma los juegos muy enserio – dijo Sakura haciendo un mohín.

– Es algo que podría pasar – suspiró el joven. – Pensó en todo ¡Mierda! – Volvió a expresar, aquella "misión" se acababa de complicar. Ya estaba anocheciendo y ahora debían encontrar a uno de sus compañeros.

– Aguarda – lo detuvo la pelirrosa. Sasuke la miró interrogante. – La misión era recuperar el tesoro…

– Es una trampa – concluyó su novio.

La chica asintió. – Aún así… no dejaríamos a un compañero atrás. Nunca.

"Los que rompen las reglas son escoria, pero los que abandonan a un compañero, son peor que escoria" – concordó, recitando palabras que siempre les decía su "sensei".

– Vamos – dijo encaminándose.

Lograron entrar nuevamente al edificio sin ser vistos y comenzaron a andar con cautela, hasta que llegaron a una habitación iluminada por un par de farolas, pues ya se había hecho de noche y estaba todo oscuro.

Como si hubieran estado esperándolos, de las otras salidas que tenía aquel lugar, surgieron varias personas, todas con los rostros cubiertos y con el mismo tipo de armas de pintura, también estaba Kakashi con las manos en la espalda, como si estuviera esposado, pero algo expectante.

La pareja de novios quedó de pie, de frente a los "intrusos", se miraron entre sí un segundo. Eso pareció suficiente para entenderse, porque en el instante en que uno de los agentes que tenían en frente levantó su arma para dispararles, los chicos se tiraron al piso, uno para cada lado, girando hasta quedar resguardados, detrás de unas cajas de madera Sakura, y detrás de un tanque, Sasuke. Los disparos de pintura llenaron la habitación. La pareja debía pensar en algo para rescatar a su superior y salir sin mayores daños de ese lugar.

– Cúbreme – gritó el pelinegro, no dándole tiempo para dudar a Sakura, que, sin pensar, acató su orden, dando en el blanco y derribando a varios "enemigos".

Sin embargo, de un momento a otro, se vieron rodeados. Uno de los agentes apuntó al Uchiha en la cabeza – bajen sus armas – ordenó. Y ambos supieron que se trataba de Yahiko por la voz.

Lentamente Sakura salió de su lugar y bajó el rifle de pintura, pateándola hacia su agresor. – Todas ellas – agregó el mismo. A lo que la chica, tomó su pistola desde su estuche en el cinturón y, contrario a lo que Sasuke hubiera esperado, disparó rápidamente, acertando en la cabeza del que lo estaba amenazando, sorprendiéndolo de sobremanera también – Tsk...

Sasuke no se quedó atrás, tomó su arma, previamente arrojada a su costado y respondió a los disparos que volvieron a llenar el lugar.

– Suficiente – ordenó Kakashi satisfecho. El silencio llenó la habitación. Todos quedaron estáticos observando a la pareja, que también tenía manchas de pintura en diferentes partes del cuerpo. El capitán los inspeccionó, viendo principalmente a Sakura, que tenía una mancha amarilla, pequeña, en el muslo de la pierna derecha, una roja, un poco más grande, sobre un costado, a la altura de la cintura y, otra sobre el pecho. – ¿Y bien? Considerando los daños… – comenzó. – ¿Puedes decir que sobreviviste? – preguntó serio. La chica asintió. – ¿Sasuke?

Sakura lo miró, su novio tenía una mancha de pintura en el tórax, una en el costado, por debajo del brazo y, una más pequeña, en el trasero.

– Cómo sobrevives a estas heridas? – señaló las dos manchas de pintura que tenía en la parte superior del cuerpo. – Eso, sin contar la cantidad de sangre que has perdido – continuó, sin dejarla excusarse aún. – Incluso tu compañero está muerto – agregó señalando al Uchiha. – Una herida en el pecho, otra en el vaso – agregó levantando el brazo del chico. – Muy mal – negó moviendo la cabeza suavemente. – Incluso el rehén debe estar muerto – añadió, señalándose. – ¿Qué puedes decir en tu defensa? – preguntó al fin, curioso.

– Tenemos chaleco antibalas – respondió simple. – Las heridas superiores son, como mucho, moretones.

Hatake frunció el ceño, Sasuke pareció aliviado, solo por un momento. – No tienen chalecos – contraatacó al fin.

El pelinegro comenzaba a ponerse nervioso, no era posible que dejara afuera del equipo a Sakura por el resultado de aquel ejercicio ¿o sí? Si ese era el caso, él también había fallado.

– Podrían haberlos pedido antes de empezar, pero no lo hicieron.

– Son chalecos de mentira – desafió la chica. – Como las balas – justificó, arrogante. Provocando que su novio sonriera, orgulloso.

– Bien. Solo una cosa más: al volver por su compañero, no hay garantías de que hubieran podido completar la misión – dijo triunfante.

– Tampoco de que hubiéramos fallado, porque terminaste el "ejercicio" antes – contraatacó Sakura, que parecía tener respuesta para todo. – Y… tú no tienes ni un rasguño – agregó antes de que pudiera decir algo sobre un compañero caído. – De todos modos, Yamato dijo que mi continuación en la agencia dependía de que saliera con vida junto con mi compañero y con el objeto que debíamos conseguir, eso se logró. Lo que pasó después no aplica.

– Lamento decirlo viejo, pero creo que ya perdiste – se burló Naruto, apareciendo detrás suyo, poniendo una mano sobre su hombro.

– Eso sin contar que me hubiera volado los césos – se burló Yahiko. – Recuérdenme nunca hacer enojar a Rossie – se carcajeó, haciendo que más de uno lo acompañara.

– Aaahhh… – suspiró ruidosamente Kakashi, rendido. – No hay dudas – sonrió, cambiando su actitud. – JADE ESTÁ DE VUELTA – anunció orgulloso, provocando que todos vitorearan y festejaran. – Estás lista – agregó dirigiéndose a ella.

Una hora más tarde, Sasuke llegaba a la base para dejar a Sakura. – Podría quedarme esta noche – insinuó. El jefe de la Hoja le había prohibido que se quedara, pero decidió hacer caso omiso a eso, amaba a Sakura y quería estar con ella con todo su ser. Lo único que debía hacer era irse antes de que él llegara.

Sakura lo miró, sin estar del todo segura. La verdad es que moría de ganas de estar con él, cada noche que pasaba le costaba más tener que despedirse.

– Sé que a partir de mañana volverás a la casa de Akasuna y necesitas estar concentrada, pero no quiero separarme de ti, no puedo – agregó derrotado, mirándola suplicante.

Y su rostro, esos ojos llenos de anhelo y dolor, hicieron que se le estrujara el corazón. – Sasuke… – comenzó. – No quiero…

– Por favor – rogó, interrumpiéndola.

– Sasuke – repitió. – No quiero que te vayas.

Él soltó el aire que había estado reteniendo en sus pulmones, aliviado. – Te amo Saku, prometo que esto no interferirá en tu entrenamiento.

– Es muy difícil dejarte ir cada noche – suspiró, al tiempo que acortaban su distancia para besarse. – Te amo – apenas susurró, conteniendo el aliento.

Después de juntar sus labios ya no pudieron parar, ambos dejaron de reprimir todas aquellas emociones que se arremolinaban en su interior. Sakura rodeó el cuello de Sasuke con los brazos y él la abrazó fuertemente por la cintura, atrayéndola hacia sí. De esa forma se dirigieron al cuarto, como pudieron, dándose contra las paredes. Entraron a la habitación y Sasuke se giró, sin soltarla, para cerrar la puerta, dejando a su novia contra ésta. Se separó un momento para admirarla, para mirar todo su amor reflejado en sus ojos, para deleitarse con su realidad: Sakura estaba viva, estaba bien y era suya, lo amaba tanto como él a ella, nada más importaba. Volvió a besarla, levantándola del suelo, al tiempo que la pelirrosa lo rodeaba con las piernas por la cintura. – Te amo – le repitió entre besos, yendo hacia la cama.

– Te amo Sasuke – correspondió, entregándose al placer.

Cuando el pelinegro despertó esa mañana, aún le parecía irreal lo que había sucedido; era tan feliz, tanto que creía estar en un sueño. Tantas veces había deseado con todas sus fuerzas despertar y tenerla a su lado, que tenía miedo de abrir los ojos y encontrarse solo, temía que aquello no fuera real. Comenzó a tener noción de su cuerpo adormecido, hasta, finalmente, sentir un peso sobre su brazo derecho, solo entonces se atrevió a abrir los ojos, lentamente. Se encontró con su ángel, una Sakura acurrucada sobre su pecho, profundamente dormida. Sonrió dulcemente, quitándole un mechón de cabello que caía sobre su rostro, y simplemente se quedó ahí, observándola dormir, disfrutando de tenerla entre sus brazos y escucharla suspirar.

Finalmente había llegado el tan odiado viernes. Miró el techo, angustiado por lo que les esperaba, no le gustaba nada dejar ir a Sakura una vez más. La vería, sí, pero no estaría tranquilo mientras estuviera viviendo bajo el mismo techo que Akasuna. Suspiró cansado, debía levantarse temprano para evitar ser visto por su jefe.

El día pareció burlarse de él, pasó demasiado rápido para su gusto. Tuvo que ir al jardín de niños antes de encontrarse esa tarde, cuando terminara su turno, con Sakura y Naruto para ir a la casa de Suigetsu, y desde ahí, ir junto con Karin a la casa de Sasori, donde comenzaría su pesadilla.

Y no era el único que sentía esa angustia; por su parte, Naruto parecía en medio de una lucha interna por tener que dejar que Sakura se expusiera nuevamente. Pero debía confiar en ella, lo hacía, su hermanita estaba devuelta, se había recuperado, los había recordado y estaba más decidida y determinada que nunca. Sakura había vuelto, era ella, y era buena en lo que hacía. Había prometido no arriesgarse innecesariamente como antes, había prometido que no volvería a desaparecer y debía creerle. Sakura, Jade, siempre cumplía sus promesas, y había vuelto para quedarse, no la volvería a perder. Jade había vuelto.