Hola queridísimos lectores, espero que estén muy bien y disfruten de este capítulo...
CAPÍTULO 43 – EN LA BOCA DEL LOBO
– ¿Listos? – preguntó Naruto una vez que estuvieron los tres reunidos, antes de entrar a la casa donde se encontrarían con la pareja que los esperaba.
Ambos asintieron. – Listos – dijeron al unísono, poniéndose en marcha.
Ni bien les abrieron la puerta, los tres pudieron notar el nerviosismo de la pareja, incluso los jóvenes agentes estaban algo nerviosos por la reacción que pudiera tener su amiga.
Cuando entraron, Karín comenzó a disculparse, casi sin pensarlo – Sakura yo… – inició, dando un paso al frente.
– No – negó esta con la mano en alto. – Ya sé todo, pero no es algo que quiera escuchar, no quiero escuchar sus disculpas ahora – dijo conteniéndose. – En este momento no puedo con eso. Estoy demasiado furiosa y necesito concentrarme.
Esa reacción sorprendió a sus amigos, pero confiaban en ella, estaba concentrada y era infalible. A pesar de nunca haber trabajado en una misión con la pelirrosa, Sasuke sabía que era muy buena. Tanto él como Naruto la entendían; Suigetsu y Karín finalmente la habían ayudado, pero no podía negarse la responsabilidad que habían tenido para que las cosas hubieran ocurrido de aquella forma. La pelirrosa los comprendía, estaban seguros, conocía las circunstancias que los habían llevado a actuar como lo hicieron (la chica cubriendo a su hermano y su novio escapando de aquella "cárcel" aquel día). Seguramente aquello le dolía, pero aún no era hora para enfrentarse a sus disculpas.
– Doy por hecho que saben perfectamente cómo va a transcurrir todo desde ahora – dijo seria mirando a la pareja. – Voy a hacer que sea lo más fácil posible para ti – informó dirigiéndose a Karin. – Solo vas a tener que seguir como hasta ahora, yo voy a ser la misma de siempre. En cuanto salga de la casa, si no es que antes, te quiero fuera del alcance de Sasori. Es tu hermano – agregó – pero sabes que puede lastimarte. Nadie quiere eso – finalizó, extrañando al resto y tranquilizándola a ella, que enseguida pensó nuevamente en lo buena que era su amiga, y en que, aunque haya sido tarde, había hecho lo correcto; Sakura se merecía algo mejor.
Sasuke estaba maravillado viendo a su novia en el campo, tan fuerte, tan segura y profesional en su trabajo, adoraba estar junto a ella en esos momentos para deleitarse al verla dirigir aquella misión, dando instrucciones, explicando, llevando adelante todo. En principio Hashirama se había negado a dejar que llevara el mando y había pensado en designar a uno de sus subordinados, pero después de varios minutos de argumentos por parte de Sakura, el jefe desistió, entendiendo que nadie mejor que ella conocía la situación dentro de la casa con Sasori. A pesar de ello, hizo que la chica prometiera que no desobedecería órdenes de ningún superior y le advirtió que, si ponía su vida en riesgo nuevamente, Sasuke quedaría a cargo y ella estaría fuera de la Organización de la Hoja definitivamente.
– ¡Saso! – Llamaba Sakura, sumamente "feliz" por volver a aquella casa. – Hola – le dijo radiante, con una sonrisa en el rostro cuando lo vio salir de la cocina. – Qué bien huele – alagó. – Muero de hambre.
Karín la miraba sumamente extrañada y preocupada, ¿cómo era posible que pudiera fingir tan bien? Se encontraba ausente y bastante callada, pero no lo podía evitar, estaba aterrada y sentía que estaba traicionando a su hermano. – No sabes lo divina que estaba el agua, me hacía muchísima falta – escuchó que conversaba Sakura. – Debiste haber venido Saso. Deberías tomarte unas vacaciones cada tanto. – Seguía sin poder creérselo, su amiga parecía la misma de siempre, Sasori nunca la descubriría. – Sí, voy a tener que unirme en una de sus escapadas a la playa. Me da mucha envidia – le sonrió. – Pero me alegra que hayan pasado bien. ¿Qué le sucede? – Preguntó, señalando a su hermana, que estaba, a su parecer extrañamente callada.
– No lo sé. Creo que desde mi recaída se ha estado preocupando mucho. Por eso la convencí de estas mini-vacaciones. – Quiso quitarle cualquier rastro de culpa a la pelirroja por esa hazaña, dejar claro que había sido solo su idea para que él no tuviera represalias contra Karin. – Las necesitaba.
– Entiendo pequeña – dijo acariciándola. A lo que Sakura tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no quitarle la mano de su mejilla. Se limitó a mirarlo. – Y sé cuan convincente puedes llegar a ser – le sonrió.
– Lo sé – se limitó a corresponder, de la misma forma, encogiéndose de hombros.
– ¿Qué lugares visitaron? Supongo que habrán salido a alguna fiesta.
– No necesariamente. Salimos una noche a tomar algo, pero preferimos pizza y cerveza en el hotel o en la playa por las noches. Sin dudas deberías acompañarnos la próxima vez – agregó.
La cena continuó muy amena, Karin trató de olvidarse de lo que sabía e integrarse a la conversación, con la mayor naturalidad que le fue posible. Las chicas levantaron la mesa entre las dos mientras Sasori las observaba atentamente, antes de dirigirse a la sala de estar para ver la televisión.
– Nos vamos a dormir – le gritaba Sakura unos minutos después mientras subía la escalera.
– Qué descansen – gritó el chico en respuesta, mas cuando la pelirrosa casi había llegado al primer piso, llamó a Karin, pidiéndole para hablar un momento. Las chicas intercambiaron miradas, algo nerviosas.
A Karin la aterraba negarse y Sakura se percató de ello. – Estamos muertas Saso. ¿No puede esperar a mañana? – dijo, consciente de que no podía dejarla sola.
– Lo siento – se disculpó él suavemente – no tomará mucho tiempo. ¿Por qué no te adelantas? – sugirió.
Ella odió hacerlo, pero no quería levantar sospechas, Sasori era listo y solo necesitaría unir las piezas para darse cuenta de lo que ocurría. Echó una mirada a su hermana y ésta asintió, asegurándole que estaría todo bien. – Bien – respondió, encogiéndose de hombros. – Hasta mañana – agregó subiendo el resto de las escaleras. Sin embargo, no pudo alejarse, se quedó detrás de la pared, atenta, escuchando, lista para salir en defensa de Karin si su hermano intentaba lastimarla.
– ¿A dónde fueron hermanita? – Preguntó el pelirrojo en voz baja cuando vio perderse a Sakura en el primer piso.
Karin bajó la mirada, algo asustada – ya te lo dijimos, fuimos a la pla…
– ¿A cuál playa? – preguntó entre dientes, furioso, interrumpiéndola. – ¿Y por qué de repente? ¿Por qué no me dijiste antes? Sabes que no hay que dejar que salga mucho y exponernos a que la vean. Podrías ir a la cárcel – agregó para asustarla.
– Yo… lo siento – titubeó. – Ella quería salir y no pude negarme, me pidió…
– ¿Te pidió? ¿Y desde cuando accedes sin mi consentimiento?
– Estaba mal Saso, muy triste y culpable por sentirse una carga para ti – respondió armándose de valor. – Imagina mi sorpresa cuando llegué esa tarde y no las encontré – prosiguió. – Yo realmente quise matarte – susurró furioso agarrándola de los brazos, con la cara a unos centímetros de la suya.
– Saso – interrumpió Sakura entrando en la sala, el joven soltó rápidamente a su hermana para evitar que Haruno los viera en aquella situación. – Mmm… ¿Está todo bien? – preguntó la chica al ver la tensión. – Solo quería saber si habías subido mi bolsa de viaje, no la encontré en mi cuarto.
– Sí, bien. Dejé todo en la habitación de mi hermana – respondió casi de mala gana. – Solo estoy algo preocupado – agregó, tratando de disimular, revolviéndose el cabello algo exasperado. – Siento que huiste de mí, me asusté Saku, y quiero entender por qué se fueron de la forma en que lo hicieron. Nunca antes habían hecho algo así.
La pelirrosa lo miró comprensiva. – Lo siento – se disculpó. – Es mi culpa, yo insistí. Dolía mirarte a los ojos sabiendo todo el sacrificio que haces por mí. Me has acompañado todos estos años y no he sido capaz de recordar nada, siento que nunca lo haré y eso me asusta, no es justo para ti. Y después de mi recaída me sentí ahogada, mal por ti y quise salir, quiero hacer las cosas bien y necesitaba pensar.
Sasori la miró enternecido, Karín ya no parecía importar en ese momento y eso era algo bueno. Se acercó a ella y colocó un mechón de pelo detrás de su oreja. – Solo tenías que hablar conmigo, siempre lo puedes hacer. Yo te amo a pesar de todo y seguiré esperándote el tiempo que sea necesario.
– ¿Y si nunca recuerdo? Ya pasó mucho tiempo Saso.
– Solo tienes que volver a amarme, el pasado ya no importa.
Sakura desvió su mirada haciendo un mohín, pero odiando realmente todo lo que le decía, ¿cómo podía ser capaz de algo tan enfermo? Se le revolvió el estómago de solo escucharlo y tuvo que hacerse de todo su autocontrol para evitar que su rostro mostrara el shock que habían provocado sus palabras y para evitar golpearlo.
– Me voy a dormir – dijo Karín, sacándola de sus pensamientos. En ese momento ella realmente odió quedarse a solas con él, pero sabía que era lo mejor.
– ¿Por qué no te quedas esta noche conmigo? – sugirió el chico, sacándola de sus pensamientos.
No fue capaz de disimular su sorpresa en ese momento. ¿Realmente se lo había preguntado? "Mierda" maldijo mentalmente.
– No creo que sea una buena idea.
– Yo creo que sí. Tú te sientes mal, y yo he esperado demasiado tiempo, tal y como dijiste. – "Hijo de puta" pensó la pelirrosa, sabiendo que, si no hubiera recordado, probablemente la haría sentir culpable hasta que accediera a hacer lo que él quería. – No tiene por qué pasar algo, solo quiero abrazarte mientras dormimos juntos, como antes. Te extraño demasiado cielo – agregó tirando de su mano.
– ¡No! – dijo soltándose, cuando por fin logró reaccionar. Vio el cambio en su mirada, ensombrecida. – Yo no lo recuerdo, no es común para mí – trató de calmarse.
– Nunca lo será si no lo intentas – replicó. – Aunque no recuerdes lo que sentías por mí, en este tiempo has aprendido a quererme un poco y a confiar en mí… Necesito esto – agregó suspirando. – Solo esta noche, realmente me preocupé – el tipo intentaba manipularla, lo detestaba más en ese momento. – Si no funciona no te lo volveré a pedir hasta que estés lista.
Ninguno de los dos creía eso, pero ¿qué haría? – En verdad no puedo – odió el tono suplicante que salió en su voz, pero no soportaba la idea de dormir con él y que la abrazara o intentara algo peor.
La miró atentamente, finalmente suspiró, rendido. – Está bien. Pero deberías ir considerándolo, quiero que confíes en mí, que volvamos a intentarlo.
– También yo. Pero no quiero forzar las cosas.
– ¿Siempre será a tu manera no es así? Te doy un mes – dijo.
– ¿Qué?
– Te conozco más que tú misma en este momento, y sé que eres muy evasiva e insegura y tienes miedo de aceptar lo nuestro.
"¿Enserio?" pensó Sakura, "tú sí que estás demente", sonrió para sí por su broma personal. – ¿Entonces? – preguntó ansiosa.
– Si en ese mes, haciéndolo a tu manera, esto – señaló con la mano a ambos – no prospera, lo haremos a la mía. ¿De acuerdo?
La chica entrecerró los ojos, ella estaba hecha para los desafíos. – Hecho – concordó sonriendo. Le dio un beso en la mejilla y subió casi corriendo por las escaleras rumbo a su habitación.
– Funcionas bajo presión Saku – le gritó Sasori de la misma forma.
Sakura no podía creer, si en un mes no había avances en su relación, él la sometería quién sabe a qué cosa. "¿Dormir con él? Imposible" se contestó a sí misma. Debía pensar en una forma de zafar de esa situación, y debía hacerlo rápido, entrenaría más duro si era necesario. Un mes, solo tenía un mes, porque si había algo de lo que estaba segura, era de que Sasori no aceptaría más evasivas.
Trató de serenarse, concentrándose y planificando sus próximas clases en el jardín. No se había dado cuenta hasta ese momento, de lo ansiosa que estaba por ver a sus niños de vuelta. Quería saber cómo seguía la mamá de Akemi, la señora Minagawa, qué había pasado con Ayaka… El solo hecho de recordar a su padre y el miedo de la niña, le provocó un escalofrío.
Si bien, en la actualidad Sakura era consciente de que ese no era su verdadero trabajo, su vocación, supo, de alguna manera, que no le desagradaba. Todo el tiempo que había estado viviendo sin sus recuerdos, la hizo ir por un camino que quizá nunca se habría planificado, pero que, aunque no lo hubiera esperado, le gustaba; era sumamente gratificante trabajar con aquellos niños. Tanto así que incluso, como le había dicho a Sasuke cuando se "conocieron", y aunque podría parecer una locura, los pequeños la tranquilizaban.
Cuando recobró el sentido, luego de estar casi dos años en coma, se encontraba tan perdida… Claro que no pudo levantarse enseguida, había perdido mucha musculatura y le llevó meses de fisioterapia volver a caminar. A pesar de eso, no podía estar demasiado tiempo encerrada, y aprovechaba cada vez que podía, a pedirle a alguno de los hermanos Akasuna, que la llevaran al parque que estaba cerca de su casa, aunque fuera en silla de ruedas o con muletas.
Era reconfortante ver a los niños interactuar entre ellos, aunque no se conocieran. Le gustaba verlos jugar, correr, sonreír con sus caritas tan inocentes, ajenos a la tristeza del mundo. Se daba cuenta de que le daban mucha paz. Fue entonces cuando decidió que quería poder trabajar en un lugar donde estuvieran ellos, donde hubiese niños que la llenaran de alegría, de esa energía tan característica que los acompañaba. Hizo un curso intensivo de seis meses desde ese momento para poder trabajar con niños pequeños, decidida a su vez, a caminar cuanto antes sin ayuda de ninguna muleta.
Su determinación provocó que se recuperara físicamente, se graduara y terminara ese curso en tiempo record para poder encontrar trabajo, cosa que la ayudó vivir en la zona del jardín y que justo la maestra que trabajaba con niños pequeños hubiera renunciado. Se sobresaltó un poco al reparar en ello, ¿sería casualidad? Claro que no, suspiró afligida, "qué conveniente" susurró.
Sasori había planificado todo, de esa manera la mantendría contenta y ocupada, se sentiría "útil" al tener trabajo y no se cuestionaría tanto, ni su pasado ni nada. Ahora que lo pensaba, ni siquiera los exámenes que había dado para graduarse de la preparatoria debían ser reales, ya que, por su condición, el pelirrojo había "convencido" a la institución de que fueran a tomarle las pruebas en su casa. Además ¿cómo podrían validarle algo a una muerta? Era obvio que no aprobarían a alguien que no existía, una persona de la que no había registro de que estuviera viva. "Tonta" se dijo una vez más, cuando un golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. – ¿Sí?
– Pensé que estarías durmiendo, ya es algo tarde pequeña.
– Saso – suspiró. – Me entretuve un poco con esto – respondió enseñándole su planificación para las clases.
– Solo quería saber cómo estabas.
La pelirrosa lo miró un momento.
– Soy consciente de que convenciste a mi hermana para irse porque te sentías mal – aclaró el joven.
Sakura se limitó a asentir. – No es justo – se quejó. – Tampoco para ti, no es justo que estés cuidándome todo el tiempo, como si fuera alguien que no puede valerse por sí misma – la chica parecía desolada. – No quiero ser una carga Sasori.
El chico abrió un poco los ojos por la sorpresa ante la mención de su nombre. – Saku, ya sabes que lo hago con gusto, yo elijo esto porque te quiero – consoló, acariciándole la mejilla. – Y quiero que estés bien – prosiguió, tomándole la mano para ponerla de pie. – Trataremos juntos de que vuelvas a recordar – ahora fue el turno de Sakura de sorprenderse un poco. – Y aunque no lo hagas – un brillo malicioso pasó por sus ojos – siempre estaremos juntos, yo siempre estaré ahí para ti pequeña – concluyó finalmente, abrazándola.
Sakura sentía que se asfixiaba con su abrazo, no quería que la tocara, tenerlo cerca le daba náuseas, pero no podía evitar corresponderle, no debía perder su fachada.
Por otro lado, cierto pelinegro, con clave de acceso a todas las cámaras, miraba desde su casa aquella escena, furioso, abatido, asqueado. Quería que la pelirrosa saliera de ahí lo antes posible, sabía que era sumamente difícil para ella, así como para él el verlos, pero debía aguantar. Si todo salía bien, no faltaría mucho para que esa pesadilla se terminase y pudiesen volver a estar juntos libremente.
A la mañana siguiente, y aprovechando que Sasori había salido luego de desayunar, diciéndole que no llegaría a casa hasta la tarde, Sakura decidió ir a la base a entrenar. Entrenó muy duro, no sabía si se debía a que le había estado dando tantas vueltas a su vida antes de recobrar la memoria, su vuelta al jardín, su tener que enfrentar y convivir con Akasuna sabiendo toda la verdad o qué. Pero quería agotar su cuerpo, despejar su mente, no quería pensar en nada más, solo quería entrenar.
Su corazón se llenó de alegría al ver a Sasuke entrar al gimnasio para compartir aquel momento con ella y ayudarla. No pudo evitar sonreír, le encantaba cómo le quedaba su pantalón deportivo, resaltando sus perfectas caderas y su trasero, así como su remera negra de manga corta, que marcaba los músculos del brazo y su tan trabajado abdomen. La palabra en la que pensó cuando lo "volvió a conocer", esta vez como profe de gimnasia, volvió a su mente: "caliente". Definitivamente Sasuke era una obra de arte, el hombre con el que cualquier mujer llena sus noches de fantasía, pero él llenaba más que eso, sin dudas inundaba su corazón, lo amaba. Él correspondió el gesto y la chica se ruborizó un poco por la dirección que habían tomado sus pensamientos, no podía sacarle los ojos de encima, ni evitar pensar en que, sin dudas, verlo hacía que su día siempre mejorara.
Uchiha se acercó lentamente a ella, como solo él solía hacer, elegante, haciéndole recordar siempre a una pantera. – No me veas de esa forma Sakura – le susurró muy cerca, pero sin tocarla. La pelirrosa se estremeció y volvió a mirarlo a los ojos al sentirse descubierta, todo su cuerpo respondía a él. – Te podría tomar aquí mismo – agregó, de la misma forma sensual, esta vez, pasando su mano por la mejilla y parte del cuello, hasta su nuca.
Sakura no pudo más que cerrar los ojos, extasiada, entregada a las sensaciones que el pelinegro la hacía sentir, y que solo él podía. – Sasuke – susurró, para finalmente abrir sus ojos, llenos de un brillo especial, de anhelo, de urgencia, de amor.
Sasuke la atrajo hacia sí con un hambre voraz, devorando su boca con pasión, gesto que su novia correspondió, hasta que finalmente se separaron. Se miraron, los dos entendiéndose con ese simple hecho, se tomaron de la mano, y entre besos comenzaron a caminar hacia los vestidores.
Estuvieron en ese lugar un buen rato, hasta que se vieron satisfechos, siendo consientes después de varios minutos, de que, aunque fuera sábado, alguien podría aparecer. Sonrieron con picardía y amor, odiaban tener que separarse. Pero Sakura admitía que estar con él había sido un millón de veces mejor que el entrenamiento para olvidarse de todo lo malo. Lo amaba, tanto que no podía expresarlo con palabras.
El lunes próximo de su vuelta a la casa de los hermanos Akasuna, Sakura retomó su trabajo en el jardín de niños. Los pequeños estaban sumamente felices de tener a su maestra de vuelta y la pelirrosa se mostraba igual de contenta de estar con ellos otra vez, así como de ver a Sasuke. Ambos debían hacer un esfuerzo enorme para disimular el amor que se tenían. Tanto así, que sus compañeros ya habían llegado a la conclusión de que algo ocurría entre ellos, las miradas constantes y las sonrisas cómplices que se mandaban los dejaba en evidencia.
Sakura prefirió no decirle nada a Sasuke del ultimátum que le había puesto Sasori para que estuviera con él, pensando en que, sin dudas, el pelinegro se volvería loco, y no era necesario agregar más incomodidad a todo ese asunto. Sasuke ya tenía suficiente con verla viviendo bajo el mismo techo que su enemigo como si nada ocurriera.
Ella misma se había metido en la boca del lobo y debía resolver esa situación antes de que el pelirrojo decidiera que ya era tiempo de dar el siguiente paso.
