Capítulo 1| Ciudad Slateport
No había una sola nube en el cielo de Ciudad Slateport, el sol brillaba con fuerza y había una ligera brisa que mecía el follaje de los árboles con suavidad y que traía consigo el fresco aroma del mar. Era un lindo día, el clima era perfecto para entrenar al aire libre y él sabía que Roserade apreciaba un buen baño de sol de vez en cuando; era una lástima que no podría hacerlo.
Mientras caminaba por las calles del centro de la ciudad notó que el flujo de gente había aumentado desde ayer, pero eso no era realmente una sorpresa, después de todo ellos estaban aquí por la misma razón que él. El primer concurso pokemon del circuito tendría lugar mañana por la tarde en el Auditorio Pokemon de Ciudad Slateport y ese era un evento bastante popular y que atraía mucha atención, especialmente de los medios. Evadir reporteros se convirtió en una misión complicada para Drew Hayden desde que puso un pie en la ciudad, afortunadamente había logrado mantenerse lejos de ellos hasta ahora.
Por supuesto, pudo haberse evitado todas esas molestias si tan solo hubiera tenido un poco de autocontrol y no se hubiera anotado impulsivamente en el concurso. Francamente, Drew no tenía idea de dónde venía toda esa nueva actitud, él no solía hacer las cosas sin pensarlas al menos tres veces, él no era alguien que tomaba riesgos.
Él no era así.
Drew no sabía qué estaba haciendo en Slateport, nunca en todo su tiempo como coordinador había siquiera considerado en entrar en un concurso de apertura, siempre lo había considerado un movimiento descuidado y el hecho de que estaba haciendo algo por lo que había criticado a otros coordinadores estaba irritándolo de una manera que no podía empezar a explicar. Estos últimos meses simplemente no había estado sintiéndose como él mismo y eso no le agradaba, para nada. No era sorpresa que la gente lo evitara cuando caminaba por las calles, su rostro realmente debía estar reflejando lo que sentía.
Para compensar su falta de racionalidad, tenía la mente enfocada en ganar y solo en ganar. Si realmente iba a hacer esta locura, iba a sacarle el mejor provecho. Ganar no sería difícil, ya que a pesar de que este concurso era uno de los más populares, también era uno de los concursos donde más novatos había, todos esperando hacer su "gran debut". Ja. Les vendría bien un poco de realidad, y él iba a proveérselas cuando reclamara el listón de Slateport como suyo mañana por la tarde.
En fin.
Siendo el día antes del concurso pokemon, Drew pensó que sería bueno practicar un poco y terminar de pulir su presentación para la ronda preliminar. Ayer, Roserade había logrado hacer funcionar la combinación, pero aún no estaba satisfecho con el efecto visual del poder oculto. El hecho de que les estuviera tomando más tiempo del que esperaba lo molestaba un poco, pero sabía que no era culpa de Roserade, el poder oculto era relativamente reciente para ella y aun así estaba muy cerca de dominarlo, Roserade estaba en su mejor forma y su presentación era impecable, como siempre; el problema era él. Drew siempre había sido exigente en cuanto a la perfección de sus presentaciones, pero últimamente nada parecía complacerlo completamente y no le gustaba sentirse de ese modo, era como regresar a aquel día del Gran Festival de Kanto, había tratado muy mal a Absol y no quería que eso se repitiera.
Drew sacudió su cabeza levemente, el recuerdo dejándole un mal sabor de boca.
En su camino al Centro Pokemon, Drew observó a muchos coordinadores que tuvieron la misma idea que él. Como predijo, la gran mayoría eran novatos; había muchos Zigzagoon, Pochiyena y Shroomish, ataques sencillos y sin ritmo combinados sin ninguna clase de armonía. Admitía que había algunos que lucían prometedores, pero el resto no tenía esperanza.
Además, ¿practicar tu exhibición en frente de la competencia? Error fatal. Los parques nunca eran una opción para entrenar y él aún no caía tan bajo como para hacerlo. A primera vista la playa privada de su hotel parecía la mejor opción para su sesión de entrenamiento, pero por alguna razón le parecía mil veces más atractivo el área de entrenamiento del Centro Pokemon. No es que estuviera evitando poner un pie en la playa por alguna razón en particular - simplemente no le apetecía.
Roserade notó a su entrenador chasquear la lengua, irritado, y suspiró. Honestamente, ella tampoco entendía qué estaban haciendo allí, sabía que a Drew le gustaba observar el primer concurso de cada temporada (como cualquier otro concurso, en realidad), pero mantenía una fuerte opinión contra quienes participaban en ellos. Esto no era algo que Drew haría y sin embargo, ahí estaban. Era desconcertante, claro, pero tristemente no era una sorpresa.
Drew había cambiado a lo largo de la temporada pasada, tal vez para el resto mundo eso había pasado inadvertido, pero para quienes realmente lo conocían era imposible no notarlo y Roserade lo conocía como a los pétalos de su mano. Ella tenía sus suposiciones, pero Drew realmente nunca hablaba mucho de eso y hoy parecía particularmente más irritable que de costumbre. Era preocupante ver a su entrenador de esa forma, pero ella sabía que si quería ayudar a su entrenador debía encontrar una manera en la que no pudiera negarse, Drew no apreciaba los consejos, era así de obstinado. Así que hasta entonces intentaría animarlo como pudiera, y eso, por el momento, era entrenando duro.
Drew y Roserade pasaban por un pequeño parque solitario cuando escucharon un pequeño grito que atrajo su atención.
—Zigi, ¡atrápalo!
Una chica lanzó con fuerza un objeto amarillo, un frisbee. El frisbee salió volando hacia donde estaban ellos, pero segundos después fue atrapado por un veloz Zigzagoon. El Pokemon regresó hacia su entrenadora con el frisbee en el hocico y recibió mimos y pokeblocks como recompensa.
Drew inhaló con fuerza y se fue de ahí metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón. Era increíble como un objeto tan insignificante logró aumentar su mal humor de esa manera.
Malditos frisbees. Drew se mordió la lengua, resistiendo sus ganas de gruñir. Estaba comenzando a detestar Slateport.
No recordaba que el Auditorio Pokemon de Ciudad Slateport fuera tan intimidante. Tenía muchos recuerdos en este lugar, pero para ser honesta, nostalgia era lo que menos sentía justo ahora.
Estuvo preparándose para su viaje desde el momento en el que el Comité del Gran Festival dio a conocer la fecha y el lugar del primer concurso del circuito. Se supone que debía haber llegado hace una semana, pero el mundo conspiró en su contra y su viaje estuvo lleno de contratiempos, sin mencionar las sesiones de entrenamiento para el concurso pokemon. Honestamente, durante todo el camino se concentró tanto en llegar a tiempo que olvidó totalmente sentir nervios por regresar al mundo de la coordinación Pokemon después de todo un año de ausencia. Y ahora que por fin estaba frente al Auditorio no podía encontrar el valor para entrar. Ya nada estaba deteniendo a sus nervios de echar raíces en su pecho, dejándole apenas espacio para respirar.
No pisaba un escenario desde el fiasco del Gran Festival de Johto. Había pasado mucho tiempo sin estar frente a una audiencia y ahora... volver a concursar le resultaba casi aterrador.
Acercó una mano a su pecho para sentir los latidos de su corazón y la volvió un puño cuando lo sintió desbocado.
Su confianza no era la que solía ser cuando concursó en el Gran Festival. Ese día, en esos cuartos de final, su autoestima había sido totalmente destrozada y una buena parte se quedó en ese campo de batalla. Si hoy estaba aquí era porque los pocos pedazos que logró rescatar aún luchaban por seguir adelante y le exigían no rendirse.
Exacto, y por eso no puedes acobardarte ahora. Sacudió su cabeza y golpeó sus mejillas. No estás aquí para deprimirte, estás aquí para ganar.
Cierto. Sus Pokemon habían trabajado duro y estaban en su mejor forma, confiaba en ellos y ellos confiaban en ella. No podía fallarles ahora, tenía que salir del caparazón.
—Tienes esto, May —se dio ánimos y por fin pudo dar un paso al frente.
El Auditorio Pokemon estaba vacío, May se dio cuenta con alivio. Era mejor así, no sabía cómo podría reaccionar la gente cuando la vieran después del escándalo que hicieron los medios después de su "desaparición" ―los tabloides lo hacían ver como si la tierra se la hubiese tragado cuando en realidad lo único que hizo fue evitar los concursos y las cámaras (y al mundo en general). Los primeros meses habían sido muy problemáticos.
En fin, tenía suerte de que el Auditorio estuviera vacío.
Caminó hacia el mostrador con los nervios haciendo nudos en su estómago, pero esta vez no permitió que la hicieran retroceder. La encargada de las inscripciones la miró con curiosidad y una sonrisa cordial. May le devolvió la sonrisa, aunque las comisuras le temblaban un poco.
—Hola, quisiera inscribirme al concurso pokemon, por favor —se recargó levemente contra el mostrador para evitar balancearse nerviosamente sobre sus pies y parecer impaciente.
La encargada agrandó su sonrisa con entusiasmo.
—Por supuesto, ¿tienes tu pase de concursos? —May negó. La encargada tecleó algo rápidamente en su computador y luego regresó a mirarla—. Necesito tu nombre y tu ciudad de origen, por favor.
—Mi nombre es May Maple y soy...
La encargada soltó un grito ahogado que la interrumpió e incluso la espantó un poco. May miró sobre su hombro, buscando lo que había sorprendido a la mujer, pero no encontró nada, en cambio, la encargada tenía sus ojos fijos en ella, mirándola como si no creyera lo que estaba mirando.
—¿Su-Sucede algo? —preguntó, luciendo perdida.
—No, yo… lo siento —la mujer se aclaró la garganta, tenía las mejillas rosas—. Es solo que luces muy diferente… wow, no puedo creer que realmente eres tú. Todo el mundo piensa que desapareciste.
May puso una sonrisa incómoda. Ese era exactamente su punto cuando decía que esa palabra era problemática.
—A veces los medios exageran un poco —y eso era un eufemismo, pero estaba intentando ser amable.
—Debe ser tedioso ―el comentario hizo reír a May. La encargada comenzó a teclear rápidamente en su computador, al parecer ya no necesitaba que May le diera la información para el registro.
En poco menos de cinco minutos ya estaba inscrita en el concurso pokemon y tenía su pase de concurso en su posesión. May no entendía cómo una cosa tan pequeña y ligera podía pesar tanto en sus manos.
―Listo, bienvenida al primer concurso del circuito. Ya quiero verte participar en el concurso May ―la encargada le sonrió genuinamente y May le devolvió la sonrisa, aunque con un poco menos de entusiasmo.
―Gracias, haré mi mejor esfuerzo.
May salió del auditorio despidiéndose de la encargada con su mano. Recogió su bicicleta de donde la había dejado, pero antes de montarse en ella se detuvo un momento a observar su pase una vez más con el vestigio de sus nervios todavía revolviéndole el estómago.
Bien… ya estaba dentro, ya no había marcha atrás.
Sintiendo que estaba empezando a abrumarse, May decidió guardar su pase de concurso dentro de su mochila y comenzó a andar hacia el Centro Pokemon. Con algo de suerte ahí también lograría pasar desapercibida.
Drew salió del área de entrenamiento del Centro Pokemon con una sonrisa satisfecha en el rostro. Entrenar siempre lograba mantener su mente ocupada, un buen día de entrenamiento nunca fallaba en arreglar su humor. Hoy especialmente se sentía muy satisfecho, Roserade había dominado por completo el poder oculto y por fin habían logrado el efecto que deseaban para su exhibición. Por fin estaban listos para acabar con el concurso de mañana.
Roserade era increíble y no dudó en hacérselo saber, prometiéndole una buena recompensa por su duro esfuerzo. Roserade iba a enseñarles a todos esos novatos que no tenían oportunidad contra ella. Nadie iba a interponerse entre él y su listón, ni siquiera el maniático de Harley.
Ugh, ese tipo.
Drew hizo una mueca cuando recordó su encuentro con Harley hace apenas dos días atrás, cuando daba un corto paseo por el mercado de la ciudad en busca de bayas para PokeBlocks. Encontrarse con el sujeto en la ciudad no había sido una sorpresa placentera. Es decir, era consciente de que Harley residía en Slateport, pero, honestamente, Drew estaba esperando que el tipo decidiera participar en cualquier otra región. No hacía falta decir que no era agradable saber que estaría viendo su rostro durante todo el año. La temporada pasada, en Kanto, tuvo que lidiar con él en un par de concursos, y estaba seguro de que si hubiera decidido participar en el Gran Festival habría tenido que lidiar con él y con sus estúpidos jueguitos mentales también allí.
No era un secreto el hecho de que el tipo jamás le agradó, desde el momento en que lo conoció supo que su presencia significaba problemas; era una persona manipuladora y retorcida a quien solo le gustaba causar problemas y llamar la atención. Además, quienquiera que se atreviera a hacer trampa en un concurso era detestable y no merecía llamarse a sí mismo coordinador, era un insulto para los concursos Pokemon. Soportaba a Harley solo cuando Solidad o M… cuando Solidad estaba presente, de otro modo tenía 0% de tolerancia a sus payasadas y en más de una ocasión había pensado en golpearlo. El tipo era un tormento, pero ni siquiera él iba a arruinar su victoria.
Drew sacudió su cabeza y decidió dejar de pensar en Harley, tenía la teoría de que traía mala suerte; cosas extrañas sucedían al invocar ese nombre. Por suerte, Drew era bueno ignorando la existencia del sujeto.
Llegó a la sala de espera del Centro Pokemon, esperando poder dejar a Roserade para un chequeo de último minuto antes de regresar a su hotel. Ella se merecía un buen descanso después de su productivo entrenamiento y el hotel donde estaba hospedándose tenía un buen spa para personas y Pokemon. Drew estaba seguro de que sus Pokemon apreciarían una buena tarde de cuidados; sin embargo, al poner un pie en la sala de espera, lo primero que Drew notó fue la conmoción que había en la entrada. Eso sin duda reafirmó su teoría: el nombre de ese coordinador maniático estaba maldito.
Un grupo de chicas bloqueaban la entrada del Centro Pokemon y comenzaron a gritar el nombre de Drew en cuanto lo vieron. Al menos aún tenían el pudor de quedarse afuera del lugar y no acorralarlo ahí mismo, en la recepción. Suspirando pesadamente, Drew se evitó un dolor de cabeza y las ignoró.
A pesar de que se sentía halagado de saber que había personas que lo admiraban por su talento como coordinador Pokemon, la verdad nunca le había gustado la atención, no estaba interesado fama ni en todos los problemas que venían con ella, y Drew absolutamente odiaba cuando grupos de chicas que se llamaban a sí mismas sus admiradoras lo perseguían a donde fuera que iba. Él valoraba mucho su privacidad y esas chicas disfrutaban de transgredirla constantemente. Muchas veces había intentado razonar con ellas, pero era inútil.
Dejó a Roserade con la enfermera Joy y se sentó en una banca cerca del mostrador. Sacó su PokeNav para matar el tiempo. Sabía que tenía unos cuantos mensajes sin leer de hace unos cuantos días y una notificación de la página oficial del Comité del Gran Festival que no se había molestado en revisar esta mañana. Los mensajes eran de su madre y de Solidad. Contestó brevemente el mensaje de su madre y luego abrió el de Solidad, el cual no era más que una cara sonriente.
Ya habían pasado dos semanas desde la última vez que había hablado con Solidad, su único contacto en ese tiempo habían sido un par de mensajes casuales. Drew hizo una nota mental de llamarla cuando terminara el concurso pokemon, tal vez esta vez sí lograría convencerla de que le dijera en qué circuito planeaba participar esta temporada. ¿Tal vez Johto, o Kanto de nuevo…? ¿Tal vez quería seguir descansando? Con Solidad nunca estaba seguro. Esperaba conseguir algunas respuestas mañana, aunque honestamente el solo hablar con Solidad era agradable y reconfortante y Arceus sabía que él necesitaba de eso últimamente.
Drew continuó revisando su PokeNav mientras esperaba por Roserade.
Había una multitud obstruyendo la entrada del Centro Pokemon.
Por un momento temió que se tratara de reporteros, pero cuando se acercó lo suficiente se dio cuenta con alivio de que solo se trataba de un grupo de chicas. Sus brinquitos y risitas le eran muy familiares, no le costó mucho advertir que se trataba de un grupo de fans.
May suspiró, aliviada.
Sabía que era normal encontrarse con fans a pocos días de un concurso pokemon, ella misma se había encontrado varias veces rodeada de una multitud emocionada; francamente, nunca se acostumbró a toda esa atención, aún le parecía algo surreal, pero igualmente disfrutaba de interactuar con ellos. La mayoría de las veces sus fans eran muy agradables y aprendía mucho de ellos y se divertía, pero también sabía que había otro tipo de fans que eran un poco más… agresivos.
Esperaba que las chicas que bloqueaban la entrada fueran de las agradables.
Nadie le prestó atención cuando se acercó a la pared humana, la atención estaba concentrada en lo que sea que había detrás de las puertas del Centro Pokemon. May se hizo paso entre las chicas por medio de disculpas y ligeros empujones, pero cuando casi llegó a la entrada se topó con un grupo de chicas indispuestas a dejarla pasar.
May tocó ligeramente el hombre de una de ellas.
―Eh… disculpa, ¿podrías dejarme pasar?
La chica le echó una mirada despectiva por sobre su hombro y en ese momento May supo que no eran de las fans amigables.
―Si querías tener una mejor vista debiste llegar más temprano, nosotras llevamos aquí dos horas, no vamos a movernos.
―¿Mejor vista? ―repitió May, confundida―. No, no. Yo solo quiero entrar, necesito usar el área de entrenamiento ―explicó pacientemente.
La chica alzó una ceja y se giró hacia ella completamente, las otras chicas que bloqueaban la entrada también se giraron a encararla. Todas tenían la misma mirada altanera en sus ojos.
―Espera, ¿vas a entrar al concurso? ¿Tú? ―dijo la misma chica de antes, sus ojos castaños registraron a May groseramente de pies a cabeza―. Bueno, es obvio que no vas a ganar. Entonces, ¿para qué intentarlo? Mejor vete por donde viniste, niña.
May escuchó risas desdeñosas y eso consiguió hacer su sangre hervir. Su sonrisa nerviosa se transformó en un ceño fruncido y sus manos se volvieron puños a sus costados. ¿Quiénes se creían que eran para hablarle de esa manera? May no iba a permitir que nadie se burlara de ella, en especial este grupo de chicas que al parecer creían que podían elegir quién era digno de entrar en concursos y quien no. Oh, esas chicas la iban a escuchar.
May puso sus manos en sus caderas, había fuego en sus ojos.
―Pues lamento decírtelo, pero no es así como funcionan los concursos pokemon; el mejor coordinador ganará el listón. Y ya que estamos compartiendo opiniones, una persona que ni siquiera participará en el concurso no tiene el derecho de decirle a un coordinador que no debería participar, así que con tu permiso, gracias y adiós ―con sus codos, May se abrió paso entre las furiosas fanáticas y entró dignamente al Centro Pokemon, sus pasos airados haciendo ruido al chocar con las baldosas blancas del suelo.
No podía creerlo, ¿qué demonios sucedía con esas chicas? Diciéndole a un coordinador que no debería entrar al concurso porque ellas creían que no merecía la oportunidad de ganar, ¡ja! Ya les demostraría de qué estaba hecha, Blaziken iba a arrasar con el concurso pokemon de mañana y esas chicas se tragarían sus palabras.
Estaba hecha una furia mientras caminaba hacia la recepción y gracias a eso no midió su fuerza cuando golpeó el timbre de mesa, el ding sonó más fuerte de lo que esperaba. May se arrepintió al instante y se encogió con vergüenza, su enfado pronto pasando a segundo plano. Cuando la enfermera Joy apareció, May le sonrió a modo de disculpa.
―Lo siento, no quise tocar de ese modo.
―No te preocupes ―la enfermera Joy le restó importancia con una sonrisa amigable―. ¿En qué puedo ayudarte?
Aún un poco avergonzada, May le regresó la sonrisa y colocó su id de entrenador sobre el mostrador. La enfermera Joy miró la identificación con curiosidad.
―Quisiera usar el área de…
―Espera, ¿May… Maple? ―la enfermera leyó su nombre en un susurro, interrumpiendo a May, y de pronto sus ojos se iluminaron y regresaron a mirar a la coordinadora con una sonrisa tan grande que lucía incluso dolorosa―. ¡No puedo creerlo! ¡May! Has cambiado muchísimo.
May se encogió con un poco de timidez y rascó su mejilla con una sonrisa extraña en los labios.
―No pensé que fuéramos a verte este año, las noticias decían que habías desaparecido completamente del mapa. A decir verdad, estaba un poco preocupada ―la sonrisa de la enfermera Joy se transformó en una mueca de preocupación―. ¿Está todo en orden?
May se recargó en el mostrador y su sonrisa se volvió un poco incómoda.
―Todo está genial, gracias por preguntar.
―Me alegro mucho ―la enfermera Joy regresó la vista a la identificación y luego de vuelta a May con una expresión apenada―. Lo siento, ¿puedes decirme de nuevo lo que necesitas?
May abrió la boca para responder, pero un repentino escalofrío que le recorrió la espalda y le erizó los vellos de la nuca la interrumpió. May se tensó ligeramente, de pronto tenía la sensación de estar siendo observaba muy intensamente.
Ignorando las miradas interrogantes de la enfermera Joy, May echó un vistazo sobre su hombro y descubrió que la sala de espera del Centro Pokemon estaba más concurrida de lo que pensaba y que todas las miradas estaban en ella. Regresó rápidamente la mirada hacia el frente y tragó con dificultad, de pronto sintiéndose muy incómoda. De alguna manera ahora también era consciente de los susurros que invadían la sala de espera. Una sonrisa nerviosa le nació en los labios.
Acababa de cambiar de opinión acerca del campo de entrenamiento, justo ahora no necesitaba entrenar, justo ahora lo que necesitaba era salir de allí inmediatamente. Los susurros de pronto se habían convertido en un ruido que no podía soportar. Adiós a su intención de pedir un cuarto en el Centro Pokemon, un hotel no sonaba como una mala idea justo ahora…
―D-De hecho, acabo de recordar que tengo algo muy urgente que hacer ―May tomó su identificación de las manos de una muy confundida enfermera Joy y retrocedió torpemente―. Lo siento, debo irme. La veré en el concurso.
Y antes de que la enfermera Joy pudiera hacer alguna pregunta, May ya había comenzado su retirada. Podía sentir todas las miradas que estaban en ella, siguiendo cada paso que daba. No se atrevió a levantar la mirada del suelo y casi suspiró con alivio cuando por fin consiguió salir de ahí.
Oh Mew, eso era exactamente lo que temía que pasaría.
May se abrió paso rápidamente entre la multitud de chicas que bloqueaban la entrada, ignorando sus quejas cuando ocasionalmente chocaba a alguien con su hombro. En otro momento tal vez se habría disculpado con ellas (a pesar de lo groseras que habían sido antes), pero justo ahora no podía importarle menos, justo ahora lo único que quería era alejarse de ese lugar cuanto antes.
May sabía que las miradas y los rumores iban a ser inevitables, pero por un momento se había permitido tener esperanza en que su anonimato durara solo un poco más.
Entre la legión de admiradoras May por fin pudo ver su bicicleta, pero antes de que pudiera alcanzarla para montarse en ella y pedalear lejos de ahí hasta que sus piernas no pudieran más, una voz la congeló en su lugar.
―Sigues siendo una terrible mentirosa.
May sintió su respiración atorarse en su garganta, hielo corrió por sus venas. No. No, no, no. Ella… ella no estaba lista para este encuentro, no aún.
Escuchó pasos lentos acercándose y otros más rápidos alejándose, no necesitaba voltear para saber lo que estaba sucediendo y la verdad, tampoco quería hacerlo. May podía sentir su corazón martilleando en sus oídos y de pronto tragar saliva era difícil. Contempló la idea de terminar alcanzar su bicicleta y seguir con su retirada, solo tenía que dar unos cuantos pasos más… pero no lo hizo. Los pasos se detuvieron y ahora solo había silencio.
May cerró su mano con fuerza alrededor de la comisura de su cárdigan rojo, tomó una respiración profunda y entonces lentamente se dio la vuelta.
Una sonrisa que no llegó a sus ojos se deslizó por sus labios, su corazón latía como loco. No estaba preparada para esto.
Ojos verdes chocaron contra ojos azules. May se tragó el nudo de su garganta.
―Hola, Drew.
Él no regresó su sonrisa.
