Capítulo 2 | Encuentros


El túnel de entrada hacia el escenario nunca se había sentido tan largo, podía escuchar el eco de sus pasos rebotar contra las paredes… ¿o era el sonido de su corazón latiendo en sus oídos? No podía dejar de mover las pokebolas de Glaceon y Venusaur nerviosamente entre sus dedos.

Tenía que calmarse, esta no era forma de entrar al campo de batalla.

Un segundo par de ecos se unieron a los suyos y May alzó la mirada. Drew regresaba del escenario con una pequeña sonrisa vanidosa y las manos dentro de los bolsillos. May detuvo el movimiento nervioso de las pokebolas y escondió ambas manos tras su espalda. Ambos se detuvieron a medio pasillo y May sonrió brillantemente.

―¡Estuvieron asombrosos allá afuera! Absol se superó completamente con ese psicocorte.

―Gracias, me aseguraré de pasarle el cumplido ―Drew agitó su flequillo y su sonrisa vanidosa creció. May rodó los ojos y sin quererlo su mirada terminó en el final del túnel. La respiración se le atoró en la garganta, tragó con dificultad. Una mano se posó en su hombro y Drew la miró con determinación―. Solo confía en tus Pokemon, May.

May encontró algo de calidez en el gesto e inhaló profundamente, sintiendo sus nervios desvanecerse… solo un poco. Con nueva resolución, May asintió con firmeza.

―Bien ―Drew regresó su mano a su bolsillo y la esquina de sus labios se elevó solo un poco―. Asegúrate de ganar, Maple. Nos veremos en las semifinales.

―Dalo por hecho.

―Aunque ambos sabemos quién será el ganador al final ―volvió a agitar su flequillo.

―¡Ja! Eso ya lo veremos.


May podía sentir sus uñas enterrándose lentamente en su brazo. Eso era algo que no quería recordar, especialmente no ahora.

No esperaba encontrarse con él tan pronto, de hecho, tenía la pequeña esperanza de no tener que enfrentarlo esta temporada. Pero al parecer el destino amaba contradecirla y le encantaba hacerlos coincidir de este modo.

No había visto a Drew desde el día en que prometió vencerlo en las semifinales del Gran Festival de Johto, el mismo día en el que perdió en los cuartos de final y el mismo día en el que decidió irse sin decir adiós.

Siempre supo que su reencuentro no iba a ser lindo, no presentarse a aplaudir al ganador de la Copa Listón e irse sin decir una palabra ya había sido lo suficientemente bajo, ¿pero rechazar todos los intentos de sus amigos y rivales de comunicarse con ella durante todo un año? Eso era cruzar una línea. Honestamente, no estaría sorprendida si Drew había perdido todo el respeto que sentía por ella como coordinadora.

No había visto a Drew desde entonces. Hoy estaba más alto y algunas facciones de su rostro se habían acentuado; pero fuera de eso, era el mismo Drew de hace un año. Oh bueno, casi.

May comenzó a sentirse incómoda bajo su mirada, había mucha intensidad ahí y el resplandor de algo parecido al enfado, pero no podía deducir mucho cuando su expresión era tan neutral. Drew la estaba poniendo de los nervios y estaba comenzando a sentirse ansiosa. Quería salir corriendo.

—¿C-Cómo has estado, Drew? —preguntó en su pobre intento por romper el silencio, aunque la voz le salió algo trémula y aguda.

Los ojos verdes de Drew se entrecerraron y por un momento May pensó que nuevamente recibiría silencio, pero no fue así. Siendo sincera, hubiera preferido el silencio.

—Confundido, porque no sabía que eras una cobarde.

May se encogió un poco. Ah, seguía siendo abrumadoramente directo. Drew nunca fue alguien que temiera decir exactamente lo que pensaba. Lo esperaba, a decir verdad, aunque no por eso sus palabras dejaban de parecerle dolorosas. Esta vez fue su turno de callar.

No estaba segura acerca de qué debía responder a eso, algo dentro de ella le decía que debía defenderse, pero ¿cómo podría? No estaba preparada para pelear esa batalla, no se sentía lista para dar excusas y evadir no era una opción cuando él no dejaba de mirarla como un Swellow a su presa. Era obvio que él quería una explicación que ella no podía darle, y no había nada más problemático que eso.

Cuando May por fin encontró su voz, lo único que se le ocurrió decir fue:

—Lo siento.

Fue una mala elección de palabras, lo sabía.

Drew ladeó su cabeza con falso desconcierto, una pequeña mueca llena de cinismo torció sus labios.

—¿Por qué lo sientes, May? —ese era un tono de voz que tenía tiempo sin escuchar, era arrogante, burlón y retador, casi despectivo; el mismo que usaba cuando apenas estaban conociéndose—. ¿Sientes haber huido, o sientes haber desaparecido? ¿O tal vez sientes no haberles dado cara a tus problemas? Exactamente, ¿por qué lo sientes, May?

Eso caló profundo. Herida, May mordió su labio inferior y apartó la mirada, una de sus manos apretó con fuerza el borde de su cárdigan.

Poco menos de un metro los separaba, pero para May se sentía como si estuvieran en los extremos opuestos de un acantilado. La última vez que se había sentido tan lejos de él fue esa vez durante el Gran Festival de Kanto cuando lo descubrió presionando a Absol para mejorar su viento cortante y luego dirigió su furia hacia ella.

Furia, eso era lo que había en esos ojos esmeralda.

—Yo... yo no...

No sabía qué responder. La intensidad de su mirada estaba abrumándola y eso no hacía nada por ayudarla a controlar los nervios que aún atenazaban su estómago. Drew quería respuestas y ella se encontraba atrapada en medio de un dilema; no quería mentirle, pero tampoco quería decirle la verdad, y por más que estuviera deseándolo, tampoco podía salir corriendo.

May se tragó un suspiro y juntó una pizca de valor para enfrentar la mirada de Drew. El azul encontró al verde, la intensidad en los ojos verdes chocó con la resignación de los azules.

Al final tendré que recurrir a esto, ¿huh?, May pensó con pesar antes de regresar su mirada a sus pies y abrazarse a sí misma en busca de algo de consuelo. Estaba segura de que iba a arrepentirse luego de tomar esa salida.

—Escucha, en serio lamento lo que sucedió ese día y también lamento no haber mantenido el contacto, eso fue horrible de mi parte, pero creo que la razón por la que me tomé este último año para mí solo me concierne a mí. Así que, por favor, no me pidas respuestas. —May apretó los labios y se abrazó con un poco más de fuerza. La voz apenas le salió en un hilo y no pudo encontrar el coraje para enfrentar su mirada por más de un segundo, sin embargo, sí observó el cambio que hubo en su postura. El semblante de Drew se agrietó por un momento, lo notó en la tensión de sus labios y la lenta respiración que dio. Pero solo hubo eso, porque entonces él dio un paso atrás.

May estaba siendo ingenua al esperar una reacción diferente a esa. Drew no iba a perder el control, no iba a decirle que estaba enfadado porque decidió alejarse de todos en vez de aceptar ayuda, que estaba decepcionado de su cobardía, que era una tonta y que debía enfrentar sus problemas, porque huir no era la solución. No. Drew no era así. Él jamás perdía el control; sin embargo, en ese momento, su mirada tenía mucho que decir y ella no era capaz de descifrarlo todo.

—Tienes razón, no es mi asunto. Buena suerte en el concurso, May, supongo que vas a necesitarla —y con esas últimas palabras, Drew comenzó a alejarse de ella.

May alzó su mano y quiso gritar su nombre para detenerlo, pero el grito se quedó atorado en su garganta y tan solo observó su figura alejarse de ella, porque al final resultó que Drew tenía razón, para variar…

Era una cobarde.


Después de registrarse en el hotel fue directo a recostarse. Estaba física y mentalmente agotada. Tantas emociones en una sola mañana habían logrado consumir toda su energía.

Tuvo suerte de encontrar un hotel modesto que quedaba cerca del Auditorio Pokemon, no era un hotel de lujo, pero tenía la localización perfecta y sus precios eran bastante accesibles. Se dio palmaditas orgullosas en la espalda por eso.

Tenía planes de quedarse ahí durante un par de horas para descansar un poco, luego iría a la playa o a algún claro dentro en el bosque para practicar tranquilamente sin la constante mirada de la gente sobre ella. Era un buen plan. Pero su estómago no estaba dispuesto a seguir la agenda porque se agitó con fuerza y gruñó ruidosamente en protesta. May soltó un gemido lastimero.

Cierto, se había perdido el desayuno. Con tanta conmoción lo había olvidado. Ya pasaba del mediodía, así que los restaurantes ya estarían sirviendo el almuerzo. May no pensaba perderse también el almuerzo.

Se levantó de la cama y alcanzó su mochila, de dónde sacó su dinero, su PokeNav y las pokebolas de Blaziken y Glaceon. Buscaría un restaurante en el que pudiera entrar con sus Pokemon, estaba segura de que los chicos también estaban hambrientos.

Revisó el mapa de Slateport en su PokeNav para buscar un restaurante y casi brincó de alegría cuando vio uno no muy lejos del hotel. Casi corrió al encuentro con su amada comida, ya no podía esperar más.

El restaurante estaba a unas cuantas calles al Este, tenía precios decentes para su bolsillo y al parecer, también tenía muy buenas reseñas. Sin duda era el restaurante perfecto, justo lo que necesitaba para sobrellevar su mañana agitada.

El local olía delicioso y tenía una decoración de lo más linda, en cada mesa que veía había entrenadores compartiendo un agradable almuerzo junto a sus Pokemon. El lugar realmente tenía una vibra pacífica.

Eligió rápidamente una mesa junto a la ventana y sacó a sus Pokemon de sus pokebolas. Blaziken y Glaceon lucieron un poco confundidos al principio, pero luego de echar un vistazo al lugar expresaron su aprobación y se sentaron lado a lado frente a ella.

Si levantaba la mirada del menú, May podía ver que allí también atraían miradas indiscretas. Vaya que los rumores viajaban rápido. Estaba cansándose de eso, es decir, estaban en un restaurante, al menos podían dejar de mirarlos para que pudieran comer en paz.

Se aclaró la garganta cuando una mesera se acercó a pedir su orden. May le dedicó una gran sonrisa y pidió un enorme tazón de ramen y dos platos de comida Pokemon. En cuanto la mesera trajo sus pedidos y ella probó un bocado, todo lo demás desapareció, incluso las miradas impertinentes de los otros comensales.

Arceus, tenía tanta hambre.

La gran porción de comida que había en su tazón desaparecía velozmente y ella degustaba con placer cada bocado. En ese momento solo existían ella y su comida.

May estaba disfrutando mucho de su almuerzo, pero sus palillos quedaron a medio camino de su boca cuando escuchó una voz particular que tampoco le era difícil reconocer y que consiguió ponerle los pelos de punta.

¿Qué tanta mala suerte podía tener una persona?

—¡Lo veo y no lo creo!

May suspiró y sus hombros cayeron en derrota, terminó el camino de sus palillos y masticó con resignación. Se limpio la boca con su servilleta y luego miró sobre su hombro.

—Hola, Harley

¿Acaso Arceus estaba castigándola? Esto era simplemente muy cruel.

—¡May! —Harley corrió hacia ella. La tomó por sorpresa ver a Harley sin su traje de Cacturne y en su lugar con un top verde oliva y un blazer negro y largo con colas que llegaba hasta sus pantorrillas y que parecía una talla más grande. Era muy raro ver a Harley con su cabello atado en una coleta y sin su sombrero puntiagudo, sin embargo, May no podía decir que lucía mal—. ¡Por Mew, no puedo creer que estés aquí! ¿Le hiciste algo a tu cabello? ¡Me encanta! Estás preciosa, cariño.

—Tú también te ves muy bien, Harley —fue lo único que May pudo decir cuando lo vio tomar asiento a su lado con ese entusiasmo sobreactuado.

—Por supuesto que sí, yo siempre me veo fabuloso —presumió sin pena alguna. May se mordió la lengua—. Cuando te vi por la ventana pensé que estaba viendo un fantasma. Nunca esperé encontrarte aquí... quiero decir, no en un restaurante porque todos sabemos que eres una glotona; por cierto, querida, si sigues comiendo de ese modo te convertirás en un Snorlax...

May le dirigió una mala mirada que, por supuesto, Harley ignoró profesionalmente y siguió con su parloteo.

—Me refiero a aquí, Slateport. Después de todas esas noticias sobre tu desaparición pensé que no volvería a verte —May no lució sorprendida por el tono de decepción que tomó eso último—. Asumo que por fin te dignarás a regresar a los concursos. ¿Lo harás, cierto?

—Sí —respondió May vagamente llevándose unos cuantos fideos a la boca. Miró hacia sus Pokemon, quienes habían dejado de comer para mirar recelosos al coordinador. May les sonrió para hacerles saber que podía controlarlo.

—¡Lo sabía! Y eso me lleva al tema que en realidad me interesa hablar contigo —los ojos claros de Harley se clavaron en los de ella con una seriedad espeluznante—. Quiero, no - Exijo saber por qué abandonaste los concursos como si en realidad fueras una niñita llorona, porque estoy completamente indignado de que no fui yo el responsable de hacerte llorar y abandonar lo único en lo que posiblemente eres buena.

» Siempre fuiste fastidiosamente terca y te levantabas cada vez que te empujaba. ¿Por qué ahora huiste a ocultarte entre la falda de tu mami? Cuéntame, quiero escucharlo to-do.

May picó su comida con los palillos, pensativa. Era bastante obvio que si no le había dicho a Drew la razón, menos se la diría a Harley. Arceus sabrá lo que ese tipo haría con esa información. Además, no estaba de ánimo y realmente no le debía explicaciones a nadie, en especial a Harley.

—No hay mucho que contar, solo quería un tiempo para descansar —se llevó fideos a la boca y masticó con aire ausente. Pero a Harley no le gustó su respuesta y decidió que era una buena idea darle una palmada en la espalda cuando aún no tragaba su comida.

—¡No seas mentirosa, mocosa!

May se atragantó y comenzó a toser con fuerza.

¡Blaziken! —el Pokemon le lanzó al coordinador una mirada de advertencia y fuego salió de sus muñecas.

—Ay, no te esponjes, fue solo un golpecito de nada —Harley alzó sus manos con una sonrisa nerviosa.

Glaceon erizó el lomo y le mostró sus colmillos, vapor saliendo de su boca. Harley sudó frío.

—Ya, de acuerdo, de acuerdo. Qué sensibles...

Cuando May consiguió estabilizarse lo miró como si quisiera matarlo. Estaban armando una escena y era bastante seguro que ahora eran el centro de atención.

Estaba mortificada.

—¡Harley!

—¡Qué! Es tu culpa por dar esa respuesta tan vaga.

—¡Es la verdad!

—¡Mentiras!

—Y tú qué sabes, ¿eh? ―discutió, ya enfadada―. Quizás me necesitaban en casa ¡o quizás solo quise tomarme un descanso de ti y tus estúpidos juegos!

Harley se quedó pasmado por un par de segundos, pero después deslizó una sonrisa en su rostro y se robó la limonada de May para darle un largo trago.

―De acuerdo, no te enojes, mocosa. Yo sólo quería saber… ―May bufó y Harley la miró de reojo con burla―. Tanto estrés no es bueno para tu piel, querida.

May trató de asesinarlo con la mirada, pero Harley la ignoró y echó una mirada despectiva al restaurante. May ya podía sentir el inicio de uno de sus dolores de cabeza de marca registrada. Harley en serio lograba sacarla de quicio.

―Bueno, no importa si no quieres contarme, tarde o temprano lo averiguaré ―Harley se encogió de hombros con malicia. May resopló y regresó a comer, ya casi se terminaba el tazón, pero esos últimos bocados no los estaba disfrutando para nada; casi prefería tener las miradas de todos encima que tener que lidiar con la lengua venenosa de Harley―. Todavía no puedo creer que estés aquí, la última vez que te vi salías corriendo del campo de batalla después de perder en el Gran Festival de Johto. Escuché que ni siquiera te despediste y luego cortaste toda comunicación, (algo muy grosero de tu parte, por cierto). Tu noviecito estaba tan confundido porque ni siquiera a él le dijiste adiós…

De repente Harley soltó jadeo que consiguió sobresaltarla tanto a ella como a sus Pokemon y quizás a algunos comensales.

―¡Espera a que tu noviecito te vea, le va a dar algo!

May tardó un momento en entender que Harley se estaba refiriendo a Drew, había olvidado que a Harley le gustaba fastidiarlos con eso. Ni siquiera se molestó en contradecirlo, eso ya era una causa perdida.

Su gesto pasó de la confusión al desánimo y, por supuesto, esto no pasó desapercibido para Harley.

―En realidad ya nos encontramos ―confesó, aunque realmente no estaba muy abierta a hablar sobre el tema precisamente con él.

―No me digas ―el interés de Harley parecía genuino, pero May ya no era tan ingenua, sabía que a Harley no le interesaba realmente su relación con Drew, lo que le interesaba era el drama que irradiaba su situación―. ¿Está molesto contigo, cierto? Lo sabía, ese niñito rencoroso se la pasó de un humor horrible la temporada pasada.

La risita maliciosa de Harley hizo que May frunciera el ceño.

―No te sientas mal por el berrinche de Drew, cariño. Él en realidad solo está herido, lastimaste sus tiernos sentimientos cuando desapareciste sin decir una palabra y te aislaste del mundo, pero el chico tiene las habilidades sociales de una patata y no sabe cómo expresarse correctamente ―se burló y de un sorbo se terminó su limonada. Su rostro se contorsionó con disgusto―. Ugh, ¿cómo pueden llamar a esto una limonada?

May observó a Harley fijamente, absorbiendo sus palabras. Harley tenía razón en una cosa: Drew definitivamente estaba decepcionado de ella e incluso podía ser cierto que se sintiera un poco herido por su desaparición, después de todo su amistad se había vuelto más fuerte esos últimos meses en Johto. Ugh, todo esto solo estaba haciendo que se sintiera peor.

May suspiró y recargó su frente en sus manos entrelazada, sus hombros cayeron. Había olvidado lo agotador que resultaba tratar con Harley.

Arceus, cómo estaba extrañando Petalburgo.

De la nada, Harley depositó el vaso de limonada sobre la mesa con un estruendo y se levantó de súbito, demostrando lo impredecible que podía llegar a ser y, de paso, llamando más la atención. May resopló. Como si no tuviéramos ya suficiente atención. El dolor de cabeza se estaba transformando en migraña.

―Bueno querida, fue lindo verte, pero ya debo irme. Tengo muchas llamadas por hacer ―May apenas le prestó atención y murmuró un «lo que tú digas, Harley» que, estaba segura, él escuchó―. Nos pondremos al día luego, tengo que prepararme para arrastrarte en este concurso.

―Sí, bueno, eso lo veremos ―May sonrió de lado―. Espero batallas limpias, Harley.

Él puso esa sonrisa extraña y enigmática que solo él sabía hacer.

―Eso no puedo prometerlo, linda. Algunas cosas nunca cambian ―soltó una risa jocosa―. Bien, he terminado aquí. Fue un lindo encuentro, nos veremos luego, queridita. Te aplastaré como a una mosca en el concurso. Ciao.

Harley le lanzó un beso, revoloteó los dedos en despedida y salió del restaurante contoneando sus caderas. May lo siguió con la mirada hasta que desapareció, luego cruzó miradas con sus Pokemon.

―Creo que ese encuentro me ha robado años de vida ―su suspiro sonó más como un resoplido.

Sus Pokemon estuvieron de acuerdo con ella.

Después de ese encuentro, el resto del día pasó demasiado rápido. May entrenó durante un par de horas y terminó de pulir su presentación para la ronda preliminar. Blaziken se estaría luciendo este concurso, el Pokemon parecía contento con el entrenamiento intensivo que estaban teniendo y tenía que admitir que ella también lo había extrañado. Ambos estaban entusiasmados por regresar al escenario, aunque los nervios de May casi querían opacar ese entusiasmo.

La noche cayó pronto y, después de cenar, May y sus Pokemon se fueron a la cama. Blaziken y Glaceon cayeron como piedras apenas entraron en la habitación, sin embargo, recuerdos invasivos impidieron que May hiciera lo mismo y su conversación con Drew no dejaba de repetirse una y otra vez en su cabeza. No fue una noche agradable, pero en algún punto, mientras daba mil vueltas a las palabras de su rival, Cresselia por fin se apiadó de ella y consiguió dormir un poco.


La mañana siguiente fue un poco agitada, ya que se había quedado dormida más tiempo del que había estimado. Desayunaron rápido algo de las sobras de la cena de ayer y luego salieron de camino al Auditorio Pokemon.

Una vez más agradeció la localización del hotel, estaba salvándola de llegar tarde.

Faltaba aún poco menos de media hora para que iniciara el concurso cuando May entró en los camerinos, donde ya había bastante gente. Se sintió un poco abrumada por las miradas de los demás coordinadores fijas en ella, pero iba acostumbrándose a llamar la atención por lo que decidió ignorarlos a todos y concentrarse en la pantalla que colgaba de la pared.

Por medio de la pantalla pudo ver que los jueces ya estaban posicionados en sus tarimas y que las gradas iban llenándose poco a poco. Vivian, la animadora, estaba probando el sonido del micrófono.

Por un momento, y si ignoraba saber que era el centro de atención, tuvo una sensación de familiaridad. Este ambiente le era tan familiar, desde los coordinadores llenos de nervios hasta el público emocionado que disfrutaba de las presentaciones. Era como estar en casa. Sentía una calidez en el pecho y al mismo tiempo nervios comiéndose su estómago. Estar de vuelta era tranquilizador y aterrador en partes iguales, pero era un temor del que no quería a huir. No más.

―Vaya, por un momento pensé que no te presentarías ―May se giró y se encontró a Drew con los brazos cruzados y la mirada severa―. No me habría sorprendido, a decir verdad.

Se mordió el interior de la mejilla sintiéndose mal por el comentario.

―Sólo me retrasé un poco, no tienes por qué ser tan rudo ―se defendió.

Drew soltó un sonido despectivo al mismo tiempo que se movía el flequillo, ese fue un gesto que también le resultó muy familiar, pero no era el momento para ponerse nostálgica.

―Sigues siendo muy descuidada, de ese modo no llegarás…

―Drew ―lo interrumpió, ya cansada de su actitud―, sé que estás molesto conmigo, lo entiendo, pero no estoy dispuesta a seguir escuchándote hablarme de esa manera. Estoy aquí y es lo que cuenta.

El par de ojos verdes se entrecerraron y Drew descruzó sus brazos, lanzó un «Hm» al aire y comenzó a alejarse de ella.

May suspiró pesadamente y se sentó en una de las bancas. Al poco tiempo alguien se sentó a su lado y con un vistazo May reconoció a Harley. ¿Por qué no la dejaban ni tomar un respiro?

―Eso fue algo bastante incómodo, sabía que estaba molesto contigo pero creo que rompiste algo más que su pequeño corazón. Oh, cuánto drama. Espero que esto no afecte su rendimiento en el concurso, porque eso sería una pena.

―Ahora no, Harley.

―¡Pero, May… ―ella le dirigió una mala mirada al coordinador, quien calló al instante, pero no borró su sonrisa maliciosa.

May resopló irritada.

―Ambos somos profesionales, yo no dejaré que un asunto personal altere mi presentación y tampoco creo que Drew lo haga, así que puedes estar tranquilo si eso es lo que te preocupa ―respondió, casi fulminándolo con la mirada.

Era extraño volver a ver esta faceta de Harley después de tanto tiempo, creía que ya había quedado atrás cuando por fin comenzó a jugar limpio un par de concursos antes del Gran Festival de Johto. Al parecer no. Como sea, no pensaba dejar que Harley se aprovechara de su situación para jugar sucio.

Harley renunció a su semblante manipulador y colocó un puchero en sus labios, decepcionado.

―No es divertido si no caes en mis provocaciones ―se quejó―. Pero en serio creo que deberían arreglar sus problemas amorosos de una vez, porque ustedes dos están poniendo un ambiente muy pesado por aquí y no quiero que sus malas energías me arruinen el ánimo.

Harley fingió estremecerse y sacó la lengua en una señal de asco, después simplemente se levantó del asiento y como apareció, desapareció.

Lo que dijo Harley le causó curiosidad, por lo que miró a su alrededor sólo para encontrar que media sala la miraba a ella con curiosidad y la otra mitad miraba a Drew del mismo modo, quien estaba al otro lado de la sala.

Cielos, ¿por qué la gente no se podía meter en sus propios asuntos?

Ignoró las miradas como llevaba haciendo desde que puso un pie en Slateport y se llevó las manos a las sienes para masajearlas, gruñendo. Estaba tan mortificada.

Toda esa situación no podía ser un buen augurio para el inicio del concurso, ¿cierto?