En respuesta a la pregunta realizada por Dichiro: ¿estamos todos de acuerdo en que Show Yourself fue la canción icónica de Frozen II? El soundrack es hermoso y llevo escuchándolo una y otra vez, adoro todas las canciones, pero Show Yourself definitivamente me conmueve en lo profundo, las entrañas.

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Capítulo 3.

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El desvelo al otro día la estaba matando, no es que no estuviera acostumbrada a pasar noches despierta, le sucedía a menudo; pero esta vez, además del insomnio innecesariamente provocado, la reina estaba irritada. ¿Cómo es que permitió dar pie a tal insolencia?

Lanzó a la basura la nota que encontró debajo de su puerta esa mañana, "Todavía no soy un soldado caído, su majestad, todavía mantengo la esperanza de abrazar su corazón".

Gerda entró a la oficina acompañada de dos jóvenes mozos, se sorprendió de encontrar a la reina en el estudio tan temprano.

―No sabía que estaría usted aquí, majestad.

―No, está bien, pueden comenzar, yo iba a…

―Su majestad ―Gerda aprovechó el titubeo de la joven para dirigirse respetuosamente a ella ―, ayer usted me preguntó por el personal que entra a su oficina. Ellos son Ryder y Honeymaren, él se encarga de los establos y ella de los vestidos de su majestad y su alteza. Por unos días suplirán a las mozas que usualmente ayudan a ordenar este salón.

La rubia soberana, que escuchaba a medias, se encorvó para prestar atención justo cuando Gerda mencionó a las mozas ausentes.

―¿Por unos días? ¿Por qué suplen a las otras dos?

―Fiebre, su majestad, se encuentran enfermas, Kai les ordenó reposo para que no la contagien a usted o a la princesa. Y estos dos muchachos son hermanos, y son buenos.

Elsa observó a la chica, quien la miraba atentamente, por un momento le pareció a Elsa que la joven bien podría formar parte de su guardia real, si seguía con ese porte militarizado.

―¿Cuánto tiempo llevan aquí?

Normalmente la reina se despreocupaba de esas cuestiones, ella confiaba todo a Kai y Gerda respecto a su personal, pero ahora tenía otros intereses de por medio, y necesitaba comenzar por algún lado.

―Seis años, mi señora, llegaron de Northuldra hace seis años, y son muy eficientes. Ryder sabe todo sobre caballos y renos, es amigo de Kristoff. Y Honeymaren es muy buena para confeccionar telas. Excelentes muchachos, si me permite.

Honeymaren era bonita, tenía facciones recias, como cualquiera de sus congéneres northuldras, pero linda y delicada.

La reina la observó más de la cuenta, hasta que Gerda tuvo que interrumpirla.

―¿Está usted de acuerdo, su majestad?

Elsa volvió la vista a Gerda y se puso de pie, recogiendo algunos documentos para llevarlos consigo, sacó la nota del cesto de basura y la guardó en el bolsillo de su saco.

―¿Qué edad tienes, Honeymaren?

La muchacha tartamudeó, el directo cuestionamiento de la reina le resultó inesperado, ella era simplemente una moza.

―Ve-veintitrés, mi señora.

―Mm ―dijo Elsa, asintiendo ―. No tengo ningún inconveniente. Por favor, Gerda, cualquier nota o… carta que veas, entrégamela de inmediato y en persona. Estaré en mi recámara trabajando, envíame té.

Volvió a fijar la mirada en Honeymaren, antes de asentirle a ambos muchachos cortésmente con la cabeza y retirarse.

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Aunque avanzó con las lecturas de los contratos, la reina se sentía a mitad de otro día improductivo. Honeymaren le llevó dos tazas de té en tanto trabajaba, para la tercera, pidió en su lugar café.

La mucama que atendió el pedido de Elsa recogió la vajilla y salió de la recámara. La reina aprovechó el momento para ponerse de pie y estirar los músculos entumecidos. Se asomó por una de las ventanas y vio a Anna a los lejos, a la orilla del fiordo, con Kristoff, Olaf y Sven, Anna parecía leerlos algo que los mantenía entretenidos. La reina sonrió.

Una hora más tarde, mientras redactaba anotaciones en las copias de los contratos, Anna la visitó en sus aposentos.

―¿La reina pidió café?

Elsa le sonrió a su hermana, siempre le sonreía a Anna, era una acción inherente en su persona.

―¿Cómo estás? ―preguntó la joven rubia.

―Creo que bien, a pesar de que no te he visto en todo el día. Estás trabajando demasiado, Elsa, tú no acostumbras a beber café.

―Lo sé, pero ahora lo necesito.

―Lo que tú necesitas es dormir.

―¿Cómo sabes que no he dormido?

―Por tus… ¿ojeras? Por favor, cualquiera lo nota. Hoy te vas a la cama temprano.

La idea de Anna siendo acosada la obligó a cuestionar a la pelirroja, con sumo cuidado, para no levantarle sospechas. La muchacha pecosa solía ser como un toro difícil de esquivar cuando necesitaba enterarse de algo que le llamara la atención.

―¿Anna… tú conoces a todas las mozas que trabajan en el castillo…? Las… jóvenes, particularmente…

Anna la observó, curiosa.

―¿A qué viene esa pregunta?

―¿Hay alguna que te parezca bonita?

―¿Elsa? ―recriminó la menor, con un tono de voz peligroso.

―Ah… no me lo tomes a mal, es solo que hoy conocí a un par de hermanos que no recuerdo haber visto antes y, parece que han estado en el castillo ya hace un tiempo.

―Ooh… te refieres a que no eras consciente de la gente a tu alrededor. ¿Y así me dices que no necesitas dormir? Já. Pues sí, Elsa, conozco a la mayoría de la servidumbre, y claro que hay mozas muy bellas, Hilde, por ejemplo, una belleza alemana de ciento ochenta y seis centímetros, y Helena, arendeliana que canta como los ángeles y tiene esa larga cabellera negra ―la joven pecosa se sacudió coquetamente el cabello cuando mencionó a Helena ―; o Hanna, atractiva pelirroja como tu hermana menor. Y luego está esta chica northuldra, Honeymaren, creo que se llama. Tiene un hermano y según sé, dos o tres están detrás de sus encantos, de los de Honeymaren, quiero decir, no de su hermano.

―Oh… Ryder…

―Ese. Tal vez deberías darte tiempo para conocer mejor a tu gente, Elsa, nunca sabes cuándo uno de ellos podría poner yerbas venenosas en tu té, o cuál necesita un aumento.

―¿Crees que no les pago bien? ¿Y que alguien intentaría envenenarme?

―Bueno, yo no he escuchado queja de nadie, pero sí creo que, quienes te sirven también son tu pueblo, y deberías conocer algunos nombres además del de Gerda y el de Kai.

―Lo sé, y el de ese chico de los renos y repartidor de hielo… ¿cómo dices que se llama?

―Elsa ―le protestó la chica―, no me pareces graciosa. Ahora como castigo me llevaré tu café.

―No, por favor, de verdad lo necesito.

―Te lo dejo, pero con una condición ―la muchacha usó el dedo índice para exigirle a Elsa una acción que consideraba importante, era uno de esos ademanes que Anna había heredado de Iduna, la fallecida madre de las muchachas. Un gesto adorablemente tierno y familiar, la rubia se obligó a ocultar una sonrisa bondadosa al notarla. En definitiva Anna parecía ignorar cualquier asunto sobre admiradoras y pañuelos.

―¿Cuál es su condición, su alteza? Pídala, y hasta la mitad de mi reino le será concedida.

La pelirroja se sonrojó hasta las orejas; a pesar del humor usado en el tono de la joven soberana, la princesa apreciaba la forma en que su hermana mayor se dirigía particularmente a ella, mimándola, un beneficio al que la menor solía recurrir a menudo, y Anna era una de esas chiquillas consentidas de la realeza.

―Solo quiero que puedas descansar, por favor, prométemelo.

Los labios de Elsa se curvaron, preocupados, recordando que la carta de aquella misteriosa mujer decía claramente que intentaría tres veces llegar hasta ella, y Elsa estaba segura que esa segunda noche tampoco podría dormir, a la expectativa.

―Te diré algo, voy a continuar en esto porque es importante y lo necesito, y después tomaré mi ducha relajante, e iré a la cama, leeré un rato y después dormiré, ¿de acuerdo?

Sabía que no podría dormir, pero no le estaba mintiendo a Anna sobre sus actividades, exactamente las mismas que el día anterior.

―Bien ―aceptó la pelirroja ―, entonces me despido de ti desde ahora, y te veo mañana en el desayuno, temprano, a las ocho.

―Tú no madrugas.

―Gerda va a hacer pastelillos de chocolate, estaré ahí desde las seis.

La rubia rio jovialmente, y comenzó su tortura de nuevo a la espera.

Elsa quería terminar con aquello, resultaba inconcebible que hubiera quién en el reino la mantuviera bajo insomnio. No podía continuar, pero, ¿qué podía hacer por otro lado? O lo enfrentaba, o dejaba que acabara al otro día, esperando que esa mujer cumpliera con su promesa de no volver después del tercer intento.

Cerró el portafolio de trabajo y, exhausta, se dejó caer contra el respaldo de su silla y suspiró, seguía cansada pero sin sueño. Llamó por una mucama para que le preparara el baño en tanto ordenaba su escritorio.

A las once de la noche por fin consiguió recostarse, sintiendo pesados los ojos, le resultaba una tortura esperar una hora más, pero entendía que todo ocurriera a la medianoche, sobre todo cuando "discreción", era una palabra poco conocida entre la servidumbre del castillo.

Observó y releyó las notas encontradas, la caligrafía era diferente, y la tinta también, así como el papel. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué pretendía esta mujer? ¿Acaso actuaba en complicidad con otra persona? Cuánto deseaba Elsa confrontarla, pero la superaba el temor de abrirle su puerta a alguien más, había toda una triste e íntima historia detrás de esta simpleza. Abrirle la puerta a alguien que no fuera Anna, era para Elsa una forma de mostrarse desnuda.

Los minutos se le fueron pensando en aquello. Faltaban veinte. Se levantó y se sentó frente a su mesa, tomando pluma y papel, pero se detuvo dudosa sobre qué escribir, ¿qué podría decirle? ¿Y sería eso lo correcto? ¿O debería ser valiente por una vez en su vida?

Garabateó algunas frases sin sentido, la mayoría de sus notas eran de enojo y sabía que no era la manera de hacer llegar un mensaje. Suspiró, y en medio del silencio fue consciente del sonido del reloj.

Se levantó de un respingo y miró hacia la puerta, la manija se movía, pero ella había puesto el seguro una vez que la última mucama se fue. Con pasos sigilosos se dirigió a la entrada y tomó aire, sabía que la persona detrás de la puerta ya se estaba marchando pero todavía le faltaba valor para asomarse y llamarla, con la autoridad que había practicado… ¿Pero cómo la llamaría, después de todo?

Cuando finalmente consiguió abrir, el pasillo estaba en silencio, dos candelabros colgantes titilaban en la pared de en frente. No había ruido, ni pasos, ni la presencia de nadie, solo ella, descalza y con el camisón al descubierto.

Debajo de su puerta encontró una nota más, escrita con tinta verde y con distinta caligrafía a las anteriores.

"Sé que me ha buscado, su majestad, entre las mozas del castillo, sé que ha estado investigando. La verdad, es que usted sí conoce mi nombre, me ha visto muchas veces, pero es posible que todavía no se percate de mí. También sé que está asustada y la entiendo, lo estaría también en su lugar. Reitero mi postura, no puedo hacerle daño, ¿cómo lo haría de todos modos si lo intentara? Usted es una mujer muy poderosa e infunde mucho respeto. Siento mantenerla en vela estas dos noches, no hay otra manera en que pueda acercarme a usted del modo en que deseo, en otras circunstancias, claro que está. Siempre hay gente cuidándola, los guardias, los sirvientes, los soldados, su hermana… Es la única forma que vislumbro posible y segura para las dos, aunque suene verdaderamente aterradora.

No tenga miedo, majestad, si me permite entrar mañana, le prometo que será solo un instante, un breve momento y después me iré, no pretendo abrumarla más de lo que usted esté dispuesta a tolerar. Sigo en pie, sigo en lucha, puedo continuar por usted, porque vale la pena, porque muero con este amor dentro de mí.

La luna que la ama".

Involuntariamente la reina se asomó por la ventana y, a pesar de los nubarrones, la luna seguía brillante y hermosa.

Elsa suspiró, sosteniendo la carta y el lirio rosa encontrado junto a ella.

Quizá para mañana ya no tendría fuerzas para resistirse.

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Comunidad lectora: por mis problemas técnicos recientemente resueltos, fue que finalmente pude agregar al personaje de Honeymaren en la descripción del fanfic. Mis disculpas por no haber avisado antes que también forma parte de esto, y sé que muchos la odian pero, hey, démosle una oportunidad, aunque sea pequeñita.

Regreso el próximo lunes con otro capítulo. Muchas gracias por leer y comentar esta historia, me fascina leer que les está gustando.