Mi abrazo y mis mejores deseos para cada uno de ustedes, y doble para aquellos que hoy viven la situación mundial en condiciones por las que nadie quiere pasar. Vamos a superarlo, humanos. ¡Fuerza!

Y para salir de las noticias tristes, dividí el capítulo diez en dos, así que en dos o tres días publico la otra parte y restarán alrededor de tres (creo que siempre cambio ese dato).

Oigan, sus mensajes son bien bonitos, les agradezco cada uno de ellos y el tiempo que dedican a ponerme uno, en tiempos de pandemia nos ponen más sensibles, : ' )

Capítulo 10.

Después de realizar una seria inspección entre la perfumería de su baño, la reina Elsa se recostó perezosamente sobre el respaldo de su silla frente al tocador, observando su limpísimo rostro a través del espejo. El sol incandescente seguía penetrando a su recámara por las ventanas abiertas de par en par, y su figura resplandecía a mitad del cuarto.

Con apreciada delicadeza bajó su bata de baño por los hombros y observó las marcas, que no le dolieron hasta que pasó los dedos suavemente sobre ellas. En el instante los recuerdos vinieron a su mente, dientes filosos clavándose en su piel, como si su victimaria muriera por un trozo de carne después de un largo encierro sin comida. ¿Qué fue lo que hizo? ¿Hasta dónde fue capaz de llegar por un segundo de perdición?

Se levantó de la silla terminando de secarse el platinado cabello, sintiéndose avergonzada por caer en tan sobrada debilidad. Pero también feliz. Una reciente misiva descansaba sobre su mesita de noche junto a un lirio color violeta.

Tomó delicadamente la flor entre sus manos y aspiró el dulce aroma que emanaba de ella.

"Anoche morí y volví a nacer en sus brazos, hermosa mujer, monumento a la vida; es usted la fuente que sacia mi sed y al mismo tiempo, la brasa que enciende mi llama. Quiero agradecerle por abrirme su puerta, darme su confianza y amar a su alma, la mía vagaba entre senderos de muerte y horror, sin esperanza ninguna, sin claridad sobre mi futuro, ni a dónde dirigir mis pasos. Pero usted es la luz que iluminó mi penumbra, mi religión y mi fe, a la que soy devota.

Reina mía, jamás experimenté la felicidad como lo hice anoche entre sus brazos, entre la perfección de su cuerpo derretido ante mi toque. Verla gemir de deseo, pidiendo por más revitalizó mis ansias por vivir, hoy puedo seguir adelante, aprovechando que arde en mí la sensación de sus uñas aruñando mi espalda. No sé hasta dónde soy capaz de hacerle entender todo lo que la amo, mi reina Elsa, pero sepa, que el día que usted se marche de este mundo, en el mismo instante partiré con usted, amor de mi vida.

Hoy no puedo verla, estoy necesitando tiempo para meditar en lo que la vida me trajo como regalo, sin merecerlo; jamás imaginé que escalaría tan alto y ahora mismo, mientras le escribo estas palabras el resto de mi cuerpo yace tendido sobre el césped, con cada sensación hormigueando dentro de mí… Reina Elsa, podría vivir haciéndole el amor cada día, porque usted simplemente me encanta.

Y aunque ciertamente soy consciente que mi amor no es correspondido, acepto el reto de continuar seduciéndola, porque no puedo mitigar esta pasión. Estoy tan condenada al cielo y al infierno que estoy dispuesta a ignorar que mientras yo la beso, usted piense en otra mujer.

En breve le escribo de nuevo.

La luna que la ama".

Después de eso la reina se encerró en su despacho con la estricta orden de no ser molestada, había muchas cosas qué meditar antes de mostrarse al mundo como una mujer diferente.

Hubo varios llamados a su puerta que desatendió por medio de Kai, uno de ellos fue de Honeymaren, quien solicitó verla porque así se le encomendó, no obstante la reina continuó renuente a las visitas, sobre todo a la de esa moza.

Anna también la pasó a buscar después de que la reina no se presentara a comer, desde el interior de su oficina la rubia escuchó cuando Kai se disculpó con la princesa por negarle la entrada, a lo que Anna reaccionó molesta.

Luego de la última vez que Elsa cerrara las puertas para la pelirroja, la rubia cumplió perfectamente su parte para que aquello no volviera a suceder, pero esta vez se enfrentaba a un caso extraordinario y Elsa no estaba segura de poder controlar sus emociones si se encontraba con Anna frente a frente, el sudor le recorrió el cuerpo tan solo escuchar su voz y volver a los recuerdos de la reciente noche, ¿sería capaz de volver a enunciar el nombre de Anna con una voz serena en lugar de un grito de placer?

Si había alguien a quien menos quería ver Elsa ese día, era a ella.

―Su majestad, la princesa…

―Sí, Kai, logré escucharla, siento recurrir a ti para que des la cara en mi lugar. Recuérdame aumentarte el salario por eso.

El mayordomo asintió, silenciando con mucha dificultad su sonora sonrisa.

―Estoy para servirle, majestad ―reverenció el rechoncho hombre.

―Lo sé, y gracias de nuevo, Kai… ―murmuró la soberana, buscando entre los documentos esparcidos por el escritorio ―. Solo me tomará unos minutos ordenar algunas cosas y saldré de aquí para que puedas ir a descansar y yo… iré a buscar a Anna a su salón de clases.

―Creo la… princesa mencionó que hoy no tomaría sus clases, mi señora.

Elsa se detuvo en seco.

―¿Cómo?

Kai apretó los labios en su fallido intento por evitar hablar más de la cuenta, pero si esos intentos por ocultar las travesuras de la pelirroja jamás le funcionaron con los padres de las hermanas, menos funcionarían con la reina Elsa.

―Eso fue lo que la escuché decir, y ordenó que tuvieran listo su caballo.

La rubia se llevó la mano a la cabeza y bufó exasperada, saltarse las clases y perderse con su caballo lejos del castillo era justo lo que Anna hacía cada vez que algo la fastidiaba.

―Esa niña ―profirió en un susurro mordaz ―. Está bien, Kai, te agradezco. Ordena por favor que me acerquen la comida y entonces puedes retirarte, yo esperaré a que Anna regrese.

―Lo que ordene, mi señora ―respondió el sirviente, preparándose para salir.

―Oh, y Kai, que la traiga Hilde, por favor.

―Por supuesto.

Elsa mantuvo su promesa y solicitó a Gerda la asignación de Honeymaren para su servicio personal, en cuanto esta regresara de las pruebas a las que había sido llamada de último momento. La soberana de Arendelle convino a favor sobre la solicitud de la northuldra debido a que, además de ser ella misma quien instauró el sistema educativo en Arendelle y no quería negarle la enseñanza a ninguna persona que lo requiriera, le pareció apropiado en tanto evaluaba la forma más pertinente de dirigir su relación con la morena.

Y lo que en el futuro resultara de esto.

Un par de horas después, la máxima arendeliana terminó de ordenar su trabajo y salió de su oficina para ir en busca de la princesa

Mientras caminaba distraída por el largo de un corredor , llamó su atención un peculiar aroma, uno que le resultó familiar, así que se desvió del camino que la conducía a las caballerizas a donde se dirigía para esperar a su pelirroja hermana. Y mientras más se acercaba Elsa al enorme patio trasero donde la servidumbre acostumbraba descansar, más penetrante percibía la reina aquél aroma delicado.

Interrumpió la lectura del pergamino que llevaba con ella y como niña que persigue el olor del chocolate, la soberana siguió el camino trazado por aquella fragancia, llegando pronto a un punto donde se encontró rodeada de telas recién lavadas, y una voz femenina que tarareaba una popular canción de cuna.

Las sábanas que se agitaban con el viento le impedían reconocer la silueta de la mujer que tarareaba el cántico que muchas veces entonara Iduna para mandar a sus hijas a la cama, pero poco a poco, a la par que arreciaba el viento y Elsa agudizaba sus sentidos para reconocer a la dueña de aquella voz, las aberturas entre las telas que se mecían le permitieron finalmente descubrir a la mujer que, colocada de rodillas sobre el limpio césped, sostenía una canasta de mimbre con fundas secas que recogía del tendedero, y que habían sido lavadas con menjurjería* con aroma a miel, a miel del campo.

Elsa palideció, quedándose quieta en su lugar.

Había descubierto a su amante.

―¿Me buscabas? ―Y justo comenzando a dar los primeros pasos hacia la mujer, Anna apareció delante de la rubia, con la carilla deslumbrante y relajada que le duró apenas escasos segundos, cuando sus ojos enfocaron la dirección hacia donde la mirada azul de Elsa se centraba, Honeymaren se ponía de pie con su canasta de mimbre llena de telas para retirarse ―¿Elsa?

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Por leer, ¡muchas gracias! Un día les voy a publicar los diez mandamientos elsanna, estoy armando mi religión, XD.

Chat'de'Lune, estoy escuchando el dueto de LP con la chica francesa (soy mala para los idiomas), y suenan increíbles. Agradezco lo mencionaras.

Belyiva, estoy escribiendo un churro de telenovela, publicaré capítulo antes del final de este. Espero que te guste si lo llegaras a leer.

Dichiro, gracias por el apoyo que me has brindado desde siempre. Un corazón grande para ti.

, agradezco que siempre eres el primero en comentar, se siente increíble que permanezcas aquí y seas tana tento. Un abrazo a la distancia.

Balticbard, eh, bueno, tal vez no lo sea.

Madh-M, prefiero que sea aburrida, soy de esas personas que morirían primero en cualquier apocalipsis, ja… ja… :'1

foxXwings, le puse voz a esa frase de Anna, XD.

Ignis dV, todavía estoy temblando por eso que escribí, y no he querido leerlo de nuevo, no lo haré, /.\

Naomigleekhummel, continuado n_n