Como prometí, no tardaba en actualizar, pensé en dividirlo más pero, ¿para qué? Ya, alv, debería ser más corto.

Espero les guste este capítulo.

Agradezco mucho sus mensajes, me leo tres veces cada uno y es tan lindo cuando te ponen hasta letras de canciones ahí (inserte corazones), lindas recomendaciones, pero sobre todo, lindo su apoyo, por cada uno de ustedes, ¡elsanna vive para siempre!

Capítulo 11.

―Eras tú… ―murmuró la rubia ―todo este tiempo fuiste tú…

Anna siguió la dirección hacia donde los ojos de Elsa se enfocaban, con la paciencia volviéndosele trizas.

―Kai dijo que me estabas buscando… ¡Elsa! ―gritó la menor, renuente a ser ignorada ―. Si tienes cosas más importantes qué atender deberías decírmelo.

Hasta entonces Elsa fue consciente de la presencia de Anna, giró la cabeza hacia ella y se encontró con una atractiva pelirroja de mejillas encendidas y labios cereza. La mirada azul de la rubia se oscureció ante la imagen de su hermana recién llegada de montar, con las trenzas revueltas y un hilillo de sudor recorriéndole el pecoso rostro. La mente, hasta entonces dispersa de la reina, vagó hacia recuerdos de una noche de amor y sexo donde en nada ayudaba la respiración agitada de la princesa. Elsa quiso gemir ante la imagen de sus pecados encarnados en esa mujer, el aspecto de Anna después de montar, sumado a los recuerdos de su placentera noche eran la peor combinación para una mujer de su clase, a tan temprana hora.

―Lo siento, no tuve la intención de…

―Por favor, Elsa, basta solo con decirme que tienes asuntos más importantes qué atender, puedo comprenderlo, ¿sabes? ―Elsa la escudriñó, todavía con ojos oscuros ―. Solo deja que me vaya.

―Dije que lo siento ―profirió la rubia, sujetándola del brazo para impedir que se marchara, y con un tono grave de voz que cosquilleó en la piel de la joven. La mente de Elsa trabajaba a gran velocidad para apartar cada recuerdo donde su hermana le mordía los pechos y le arañaba la espalda mientras ella gritaba su nombre―, estaba concentrada en otra cosa y no me di cuenta cuando apareciste.

―Ya te dije que no importa, Elsa. Ahora déjame ir, necesito darme una ducha.

Elsa estuvo tentada a decirle que no, que se quedaría ahí y la escucharía por orden estricta de la reina.

Pero la reina no sabía qué decir, así que derrotada, lentamente la soltó de su fuerte agarre.

―Disculpa ―dijo ella, desviando los azules ojos hacia su objetivo anterior.

Anna siguió la dirección de su mirada perdida, a lo lejos, un par de mozas se sentaban en el césped a compartir una canasta llena de frutas, y fue testigo de la decepción reflejada en el rostro de su amada hermana mayor, la northuldra se había ido y la reina parecía librar una cruenta batalla que le exigía permanecer en dos lugares al mismo tiempo.

―No sé lo que te pasa, Elsa, estás… diferente, me gustaría que confiaras en mí y me lo contaras pero, no puedo obligarte, tú eres… tú, encerrada en… ti misma. Y yo solo soy yo.

Las palabras de la princesa cayeron como el corte fino de una espada de guerra atravesando su cuerpo, y por más que Elsa intentaba encontrar un punto de retorno para dirigirse a Anna sin que mediara entre ellas lo que la mayor sentía, le resultó imposible separar las emociones de la razón.

―Entiendo ―expresó la pelirroja en un tono seco de voz ―. Supongo que ahora que encontraste con quién pasar el tiempo ya no te hago falta. Solo espero que la persona que te está dejando notas sea lo que tú necesitas, yo ya me cansé de tocar a tu puerta y encontrar solo hielo.

El único sonido que Elsa pudo escuchar, además del irritado tono de voz de su hermana, fue el de su corazón partiéndose en pedazos. Anna sabía su secreto y, por si las cosas no podían ponerse peor, lo odiaba. Se preguntó si su padre habría tenido qué lidiar con semejantes situaciones y de ser así, cómo es que se mantuvo cuerdo para no inducirse a un suicidio voluntario.

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De regreso en su oficina la atribulada reina se dejó caer sobre la histórica silla que tantos reyes ocuparan antes que ella, en ese lugar y frente a un ventanal con una amplia y hermosa vista al fiordo se tejieron numerosos acuerdos políticos y planes de guerra.

Tal vez las batallas de la reina Elsa no demandaban de un ejército que peleara por ella contra alguna nación enemiga, pero sin duda, las que libraba en su cabeza podían verse mucho peor que todas juntas, pues peleaba contra sí misma, y parte de ella quería vencer y al mismo tiempo, darse por vencida.

Pasaron dos días antes de que Anna le volviera a dirigir palabra alguna, y solo para comunicarle la finalización de sus clases y la aprobación de sus notas, además de requerirle nuevas lecciones. En el papel de hermana mayor Elsa firmó cada nota sobresaliente de su hermana, nunca tuvo duda de sus capacidades, la pelirroja poseía una mente ejemplar y era muy astuta para resolver problemas matemáticos y de argumentación lógica. Cada vez Elsa estaba más convencida de que si ella optaba por dejar el trono, la princesa sería una perfecta sucesora.

El único problema de Anna, es que se le mimaba demasiado, y no podía deshacerse tan fácil de esas costumbres. Elsa fue notificada por Gerda que Anna le prohibió encarecidamente a Kristoff solicitarle audiencia a la reina, cualquiera fuera su necesidad, de modo que los desayunos se tornaron incómodos para cada integrante a la mesa. Y a eso se le sumó el temprano regreso de Honeymaren, quien apareció junto al resto de las mozas para servir el desayuno de la reina.

La mirada sorprendida de la rubia se clavó en la northuldra cuando esta se acercó a llenar su taza de té.

―Regresaste ―manifestó la arendeliana, olvidándose del resto de los comensales ―, si apenas te marchaste.

―Me ocupé de atender mis pendientes antes de irme, pero mi maestro dijo que me encontraba en excelentes condiciones y que las competencias anuales se suspendieron por contingencia en la sede de este año, así que no hay motivo para que yo participe en ningún entrenamiento antes de lo requerido.

―¿Para qué te hicieron ir entonces?

―Creo que ni mi educador tuvo entero conocimiento de mi llamado, argumentó algo sobre rendir demostraciones públicas y, un desfile, o una cosa de esas y, bueno, como no lo tenían bien definido, me excusé explicando que tenía órdenes estrictas de ocuparme personalmente en los servicios de la reina, así que heme aquí, su majestad, a sus órdenes de nuevo.

Elsa le expresó una gentil sonrisa mientras aceptaba conforme la explicación de su moza.

A unos metros de distancia, la mirada de soslayo de Anna fulminaba la interacción entre las dos mujeres.

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Cuando Honeymaren entró a su oficina esa tarde, Elsa había ensayado varias formas de abordar el tema con la joven mujer, pero hasta entonces no definía por dónde comenzar. En sus manos sostenía otro trozo de pergamino de su amante, quien demandaba encontrarse con ella esa noche.

"… Y si no le resulta la petición imprudente, mi amada señora, ¿tendría usted la bonanza de llevar puesto ese lindo vestido de noche? Pues he de confesar que estos días de ausencia mi mente no ha dejado de nadar entre aquél pronunciado escote que se roba mis suspiros…".

Como toda mujer, a Elsa le atraía la idea de sentirse deseada; después de tantos años de autocensurar sus sentimientos, finalmente se sentía libre de ser quien ella quisiera ser, y de amar como ella quisiera amar ―dentro de lo permitido―, siempre y cuando el sentimiento resultara mutuo, así que por lógica, Anna quedaba fuera de eso. Y estaba bien.

―Lamento haberla dejado sola, su majestad, después de jurarle mi eterna compañía.

―Yo instauré la educación en Arendelle ―respondió la rubia, ordenando una pila de papeles ―, no puedo negarle a mi moza personal su enseñanza.

Elsa estaba más nerviosa que otras veces, por eso evitaba alzar la mirada y solo estaba ahí, fingiendo ocuparse en cualquier cosa. Honeymaren le ayudó a colocar uno de sus libros con la portada al revés. La rubia se rascó la cabeza, sintiéndose tonta.

―¿Se encuentra usted bien, majestad?

―Sí ―dijo ella ―, yo solo… he descubierto algunas cosas que… no son fáciles de admitir.

Honeymaren esperaba paciente en tanto la arendeliana conseguía desenredar las frases que correteaban por su cabeza como si de un conejillo en persecución se tratara. La reina se preguntaba si debía empezar por decirle que le parecía hermosa, y que esos pequeños bíceps se le veían muy bien y seguramente se mantenían en excelente forma dada su… facilidad por sostener un peso de cincuenta y cuatro kilogramos. ¿Eso le gustaba a las mujeres? ¿A ella le parecería atractivo que le hablaran así?

―¿Sabes? Yo nunca pensé que… algún día… iba a encontrarme en una situación tan… ¿A ti te gusta el color morado?

Las cejas de la moza se alzaron, confusas.

―Es un color hermoso ―atinó a decir la muchacha ―, distintivo de la realeza, de usted, ¿por qué no me gustaría?

Elsa sacudió la cabeza eliminando la idea de que Honeymaren lo dijera en ese tono coqueto que empleaba siempre al hablar con ella. ¿Pero le gustaba entonces el vestido de noche de Elsa? ¿Por eso le había pedido que lo usara de nuevo?

―¿Por qué me lo pregunta, majestad?

Hasta entonces la rubia se dio cuenta que se encontraba arrinconada sobre un mueble de madera donde archivaba documentos de trabajo, con Honeymaren a solo medio metro de distancia. Se irguió y su altura sobrepasó a la northuldra por diez centímetros, la joven tuvo qué mirar hacia arriba para encontrarse con la mirada aterrorizada de Elsa.

―Yo por…

―Me encanta el morado tanto como el violeta de ese lirio.

Señaló la atleta, el lirio violeta descansaba sobre el escritorio de la soberana, a plena vista. Elsa no sabía cómo introducir el tema de los lirios a la conversación, por lo que fue a lo seguro.

―¿Te… te gustan los lirios?

―¿A quién no? Son hermosas flores que se acostumbran dar entre enamorados.

Dijo la joven, acercándose para tomar cuidadosamente el lirio entre sus manos y aspirar su aroma.

―Tal vez usted lo ignoraba pero, ayudo con la jardinería del castillo, mi pueblo vive de la naturaleza y desde que muchos de nosotros llegamos a Arendelle, nos hemos ocupado en aquellos oficios que aprendimos a dominar desde pequeños, por eso sabemos confeccionar telas, cuidar animales y sembrar plantas, de manera que tenemos conocimiento ancestral sobre sus propiedades. ¿Sabe qué significa este?

Se dirigió de nuevo a la soberana, quien sorprendida mintió negando con la cabeza, acababa de cerrar un grueso libro donde ya había investigado todo acerca de los lirios.

―Significa pasión ardiente, y que su enamorado está dispuesto a seducirla hasta la locura.

Siseó la joven, cuando la distancia entre ella y la reina se cerró a menos centímetros de lo permitido, lo que provocó un cosquilleo en el cuerpo de la arendeliana que recorrió cada nervio de su ser. Era la primera vez que Honeymaren le confesaba el significado de su obsequio en persona, el simbolismo de aquello, sumado a la cercanía de la joven sosteniendo la flor en sus manos, le pareció a la reina por demás romántico y encantador.

―Honey…

En ese momento, Kai llamó a la puerta anunciando la presencia de Kristoff.

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No esperaba al montañero, de hecho se había olvidado de él, estuvo tan sumida en sus propios asuntos que la figura de Kristoff solo aparecía en su mente como una sombra maligna que le constreñía el corazón. El joven regresó a sus sencillos ropajes, pantalones y chaleco de cuero, y los zapatos de trabajo que tanto le desencantaban a Elsa.

Su rostro se veía cansado.

―Dime, Kristoff, te escucho.

La soberana tomó su lugar invitando cortésmente al muchacho a seguirla, luego de despedir a Honeymaren prometiendo verla después. A pesar de que la visita de Kristoff estaba ahí para complicarle la vida, por lo menos le serviría de distracción para continuar preparando su conversación con la northuldra.

―Gracias, Elsa… quiero decir… reina.

Elsa le habría corregido en otras circunstancias, el trato entre ambos siempre había sido informal, más amistoso que otra cosa, pero vaya que ahora disfrutaba haciendo sufrir un poco al chico.

―Yo… estoy aquí para… ya sabes… amo a Anna, a… a la princesa Anna y, después de mucho tiempo he pensado que… es… Creo que ya es tiempo de… quiero pedir tu aprobación para casarme con ella ―soltó sin espacio para respirar.

Elsa ni siquiera parpadeó, las palabras de Kristoff la molestaban por muchas razones, comenzando por el hecho de que no tenía ninguna excusa para negarse, él hizo las cosas bien, era un hombre trabajador, honesto y fuerte, su hermana estaría bien con eso, aunque sin duda quedándose con ella estaría mucho mejor. No obstante eso no es lo que Anna quería (y con sobrada razón, ella jamás lo querría).

Kristoff podría tener sus defectos pero demostró amar y respetar a la pelirroja y peor aún, Anna lo amaba a él, así que por mucho que le molestara el hecho de que hasta la forma de solicitarle su aprobación fuera correcta, reconociendo su autoridad para ser aprobado no solo como la reina de Arendelle, sino como hermana mayor de su prometida, Elsa no podía negarse, y por supuesto que reconocerlo le fragmentaba el alma.

La reina suspiró.

―Hace tiempo demostraste ser un hombre digno ―comenzó ella suavemente, como una auténtica soberana que obligó al muchacho a corregir su postura y sentarse derecho ―, y a pesar de que la repugnante figura de Hans junto con sus malévolas acciones todavía prevalecen en mis memorias, estoy convencida que no soy yo la que debe aprobarte, sino Anna. Confío en que ha aprendido la lección y esta vez supo esperar y elegir al hombre correcto. Te di mi permiso para cortejarla, y no me fallaste, ni a ella; lo único que me resta es sentarme a esperar que Anna venga a mí para requerir mi aprobación con la confección de su vestido y el ramo de flores más colorido ―en ese momento la voz se le quebró, pero tuvo qué obligarse a permanecer solemne, ya estaba derrotada por su adversario, siempre lo estuvo, ahora solo había qué mantener la dignidad de pie ―. Felicidades, Kristoff, fuiste bendecido con la mejor mujer. Y no hace falta decirte que debes hacerla feliz, si sabes lo que implica ganarte como enemiga a la Reina Elsa de Arendelle.

El muchacho sonrió ampliamente, mientras se secaba una lágrima sincera con la manga de su camisa ruñida. Luego se puso de pie y sin pedir anuencia se acercó a Elsa y la abrazó, como hiciera tantas veces un amigo.

―Mi señora me conoce, soy un hombre que respeta el hielo, jamás dañaría lo que me mantuvo vivo desde niño. Agradezco la benevolencia mostrada, majestad ―expresó con una formal reverencia, antes de marcharse y dejar a la reina sumida en sus más depresivos pensamientos.

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Mientras se daba tiempo para lamer sus heridas, Elsa continuó sus investigaciones, de ese modo comprobó que la única moza que lavaba telas con menjurjes olor a miel era, en efecto, Honeymaren, no podía quedarse con la duda después de deducir que la northuldra no era la única que se dedicaba a ese oficio y era, de hecho, quien preparaba las soluciones que el resto de la servidumbre utilizaba para las diferentes actividades, y cada día, antes de dedicarse a la confección de las telas, cortaba flores del jardín, de manera que una gran cantidad de lirios de todos los colores se apilaban en una pequeña bodega, listos para ser machacados.

Las evidencias la dirigieron siempre a ella, y no tenía más dudas de que esta mujer era su amante. Sabía leer, escribir y por discretos informantes se enteró que también era hábil con el arte de las letras, lo único que restaba era entablar esa conversación con la joven para discutir sobre su relación, al mismo tiempo que esperaba la petición formal del compromiso solicitado por Anna.

"Simple", se burló de sí misma.

Pero pasaban los días y las noches sin que Anna se presentara ante ella, y tampoco la reina la llamó, mientras más prolongara la pelirroja su compromiso, tanto mejor para Elsa, el enfado de la pecosa le permitía, incluso, mantenerla lejos para no ser traicionada por sus recuerdos sexuales donde Anna le mordía los… pensamientos. Así que se dignó a esperar con paciencia. Ya vendría.

Afortunadamente, durante ese tiempo Elsa pudo meditar su relación con Honeymaren, considerando sabio esperar un poco más para hablar con ella, dado que por alguna razón la northuldra continuaba insegura sobre revelar su identidad, la reina prefería ir ganando su confianza, de manera que a la brevedad, por sí misma la muchacha decidiera finalmente quitarle el pañuelo de los ojos.

Su decisión implicaba que la arendeliana tuviera qué volverse amigable y, en algún sentido, lanzarle señales de que estaba abierta a considerar su propuesta; y entonces tal vez, cuando la confianza se hubiera sembrado entre las dos, Elsa podría tocar el tema de las cartas y los lirios, y esperar a que Honeymaren interpretara su mensaje. Si la moza tenía miedo de las represalias de la reina, entonces la morena se encontraba a salvo.

No obstante, la soberana sabía que había aguas difíciles de navegar, si bien no tenía pensado revelarle al mundo sobre su relación con otra mujer, reconocía que algunas cosas debían mantenerse en secreto, por sin fin de razones, su padre lo hacía, aunque sus razones distaban de ocultar amantes nocturnas, o más bien eso es lo que ella esperaba, porque así como conoció el mundo de la realeza, era ingenuo pensar que solo por tener un rostro y trato bonachón con la gente, un rey podría estar libre de pecados (y vaya que ella lo sabía). Elsa nunca se enteró de ninguna cosa turbia acerca de su padre excepto aquellas que se esperaba de un rey con el poder de una casa tan grande como la de Arendelle, pero sabía que a pesar de que Agnarr la consideró una igual, y la instruyera a descubrir por ella misma los secretos del trono, ciertamente hubo cosas que no le confesó, y solo esperaba que su relación con Iduna se mantuviera fuera porque de ser lo contrario, sería una de esas manchas que ensuciarían el respeto que le guardaba a ese hombre.

Depositó su pulsera sobre el cajón de porcelana de su mesita de noche y cogió la misiva que le dejaron sobre esta.

"El lirio violeta significa que usted me enloquece, y que a costa de todo voy a seducirla hasta que usted no grite, sino suplique mi nombre".

Elsa lamentó lo desafortunado de su poca resistencia por Anna, se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que lograra sacársela de la mente y si de verdad en algún momento, en lugar de gritar su nombre a mitad del éxtasis, gritaría el de Honeymaren.

La reina estaba dispuesta a poner lo mejor de su parte para que eso ocurriera pero, de ser honesta con ella misma, amaba demasiado a su princesa, y el proceso le resultaría por demás complicado.

Mientras meditaba en sus pensamientos, la puerta de su habitación se abrió y en cuestión de segundos, una mano acariciaba su espalda, mientras largos dedos recorrían el borde de su vestido.

Porque Elsa cumplió el deseo de su amante, la esperó con la indumentaria de noche que se le pidió con tan… sofisticada exigencia. Y porque pensaba que se lo debía.

Con el debido cuidado de no volver la vista atrás, la reina se colocó el pañuelo blanco y se entregó a otra noche de pasión.

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Las atenciones hacia Honeymaren se volvieron cada vez más cordiales, de manera que existía una mayor confianza entre ellas. Elsa no se sentía cómoda con la ventaja de un secreto descubierto, pero era también una forma de protegerlas a ambas en tanto encontraba la manera de abordarlo, sin temores de por medio.

El berrinche de Anna se prolongó más de lo que su hermana mayor esperaba, y solo era cuestión de tiempo para que la irritación se le pasara y viniera a ella rebosante de felicidad por su anhelada boda. Y mientras eso sucedía Elsa pasaba el tiempo dedicándose a su trabajo y en sus ratos libres, aprendiendo más cercanamente sobre la cultura northuldra, en lo cual tenía a una excelente maestra.

―Admito que tu poder es asombroso pero, vamos, cuando aprendas a dominar una lanza, sentirás que tienes al mundo bajo tu mano.

―Creí que esto fue un hecho desde que nací.

―Que te hubieran puesto el cetro de la reina en la mano en lugar de una sonaja no cuenta, majestad.

Elsa sonrió, pocas veces jugaba bromas como esa, a su hermana usualmente la molestaban, sobre todo porque Elsa las usaba con aires de insufrible autoridad, a la cual Anna tenía qué someterse.

―Lo dije porque… ―se interrumpió la northuldra ―, porque siempre es bueno contar con una habilidad extra y ser aún… más… sorprendente…

―¿Te refieres a tener algo adicional a mi habilidad con el hielo?

―Exacto.

―Puedo crear lanzas de hielo y lanzarlas con extraordinaria puntería.

―No lo dudo ―respondió la northuldra ―, pero me gustaría que situaras los pies en el mundo de nosotros los mortales, por un momento.

―Lo siento, es solo que…

―No es un regaño, su majestad, no debe disculparse, lo mencioné porque me gusta que usted esté interesada en aprender sobre mi cultura, aunque por lo que me doy cuenta, ya sabe demasiado.

―¿Por el hecho de que mi madre era northuldra?

―Por el hecho de que es usted una mujer muy inteligente.

Elsa convino, le gustaba que le reconocieran las cosas por las que se esforzaba en sobresalir.

Miró a los ojos oscuros de la moza, mientras esta le mostraba la forma correcta de tomar una lanza, situándose a la espalda de Elsa y pasando sus manos alrededor de sus hombros, como si la abrazara, la mejilla de Honeymaren estaba solo a milímetros de distancia de la de la reina.

―Elsa, ¿podemos hablar?

Ambas jóvenes giraron al mismo tiempo la cabeza hacia Anna, quien evitaba mirar directamente a las mujeres en tanto sus manos se movían nerviosas dentro de los bolsillos de su saco.

―Por supuesto, ¿qué necesitas? ―respondió la rubia, bajando la lanza y alejándose de Honeymaren, quien a sabiendas que su entrenamiento había terminado, procedió a recoger sus herramientas ―¿Quieres acompañarme a la oficina?

―No… no es necesario ―dijo ella, volviendo la mirada hacia Elsa ―. Es breve. Solo quiero comunicarte que comenzaré con los preparativos de mi boda con Kristoff.

A Elsa la noticia le cayó como balde de agua fría, se quedó paralizada mientras la lanza todavía se balanceaba entre sus manos.

―¿Tu boda? ¿Vas a comenzar?

―Sé que Kristoff habló contigo y aprobaste concederle mi mano, siempre y cuando fuera lo que yo quisiera, así que sí, Elsa, es lo que quiero, quiero casarme con Kristoff en el menor tiempo posible porque lo amo y no puedo esperar a ser su esposa.

Honeymaren no pudo evitar echar una mirada hacia la reina, su actitud frente a la noticia evidentemente no le cayó en gracia y parecía luchar por conservar la cordura, en todos esos días trabajando tan de cerca con la arendeliana aprendió a reconocer cuándo las emociones hacían estragos en su cabeza.

―Bien, muy bien ―atinó a proferir la rubia, volviendo a la razón ―, si eso es lo que quieres… lo que pides te será concedido, vamos a prepararlo todo.

Si bien no era una experta en animales, Honeymaren era una naturista y supo reconocer el siseo entre las palabras de Elsa, igual al de las serpientes; definitivamente no estaba tomando bien la situación de Anna.

―Su majestad, si necesita retirarse, adelante, estaré en los almacenes ordenando las herramientas.

Elsa volvió la vista a la northuldra, pero su mirada seguía perdida, muy lejos de ella.

―Está bien, Honey, por favor pasa a buscarme más tarde, hay algo muy importante que debo hablar contigo.

―Sí, señora.

Luego la rubia se dirigió de nuevo a Anna.

―Iré a escribir algunas cartas y comunicaré a Anders que nos visite a la brevedad para acordar los presupuestos para gastos. Cualquier cosa ―se volvió de nuevo a la morena ―, estaré en mi oficina. Con permiso.

Elsa pasó en medio de las dos muchachas para retirarse, ambas la siguieron con la vista hasta que su gentil silueta se perdió atravesando el largo corredor que llevaba al castillo. Anna entonces se volvió directamente hacia Honeymaren, ella jamás le había dirigido siquiera una palabra a la atleta.

―Tendrás qué disculparme si la mantengo entretenida por algunos meses, quizá después de eso ella tenga tiempo y, ganas de reanudar tus enseñanzas ―le dijo cortantemente la princesa, antes de darse la media vuelta para marcharse, pero apenas dio unos pasos se detuvo y se volvió de nuevo a la northuldra ―. Solo como consejo, a Elsa no le gusta usar armas, le bastan sus poderes de hielo con los que es capaz de defenderse sola; pero aun así, tiene cierta preferencia por las espadas, pero no te preocupes por eso, le enseñé perfectamente a defenderse con una. Cuando lo necesite, yo seré quien venga a salvarla.

Honeymaren optó por guardar silencio, no era la primera vez que notaba recelo en la princesa por la reina, cortésmente la miró marcharse siguiendo el mismo recorrido que Elsa trazó con sus pasos. Cuando la pelirroja desapareció, bajó la vista a la lanza y con una de sus manos terminó de sacudirle la escarcha de hielo que se formara en ella.

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Elsa no pudo escribir las cartas que prometió, desde que entró en su oficina se encerró bajo llave por largas horas y se quedó sentada frente al escritorio con el papel y la tinta delante de ella, incapaz de plasmar cualquier palabra; el día que más temía llegó sin esperarlo, sin desearlo, aborreciéndolo, y todavía no era la peor parte. Todas las imágenes de Anna probándose vestidos, zapatos, escogiendo las flores, enviando las misivas para los invitados, eligiendo el lugar donde ella y Kristoff compartirían un hogar la dejaba sin fuerzas.

Entendió que nada podría hacer esa tarde, así que le resultó más efectivo prepararse para una larga siesta, hasta que el cuerpo le doliera de tanto dormir.

Sola en su habitación, permaneció un rato dando vueltas por todo el espacio, preguntándose una y otra vez qué haría con sus sentimientos después de que Anna finalmente se fuera. Elsa siempre optó por la soledad y la independencia pero, no era lo mismo saber que Anna dormía en la habitación de al lado, a que ella definitivamente no estaría cuando la necesitara, cuando las pesadillas tomaran forma y ella no pudiera venir a protegerla; o cuando hubiera tormentas y Elsa quisiera ocultar su miedo por los relámpagos bajo el cálido pecho de su hermana. O solo sentarse a la media noche a compartir una taza de chocolate caliente. Nada de eso volvería a suceder.

Y lo más importante, convivió por tanto tiempo con los sentimientos por ella, de forma tan vehemente que no estaba lista para imaginarla en otra cama, abrazada por otros brazos, amada por otro cuerpo.

Se metió al agua fría más temprano que de costumbre y con la cabeza todavía dándole vueltas a los pensamientos que la oprimían. Inconsciente de la delgada capa de escarcha que se formaba en la superficie, tan frágil que se rompía al menor de sus movimientos, justo cómo se rompía su cuerpo, como se quebraba su alma. El hielo poco a poco se derretía.

Las semanas que siguieron se obligó a vivir, dispensándose con todo el mundo por encontrarse poco disponible para cualquier cháchara que no fueran asuntos de trabajo, y siempre que alguien quería tocar el tema de la boda de su hermana, Elsa volvía a centrase en el trabajo.

Aunque intentó hablar con Honeymaren su estado de ánimo no era apropiado para manejar esa situación; muchas veces quiso correr hacia ella para contarle lo que le pasaba, la muchacha la conocía, podía encontrar consuelo en esa mujer, y tal vez le ayudara a liberar su ansiedad con una noche romántica. Pero no podía ser tan despiadada, aunque el mundo le hiciera daño no correspondería de la misma manera, porque sabía lo que era morir por la verdad, y la verdad es que, por mucho que se esforzara, no amaba a Honeymaren, y no debía usarla para sacarse a Anna de la cabeza, el solo pensamiento resultaba maligno, egoísta, perverso.

Así que como Anna amenazó, Elsa se excusó de sus enseñanzas con el pretexto de la boda. Y la northuldra lo entendió porque era buena, más buena que ninguna.

Excepto de Anna.

Porque Anna era perfecta.

Su amante la visitó por algunas noches, Elsa no se vendaba los ojos pero permaneció siempre de espaldas hasta que su secreto se marchaba, o ella se quedaba dormida. No quería tener sexo porque la sensación de la pelirroja le ardía en la piel, y no deseaba volver a gritar su nombre a mitad de un penoso jadeo.

En aquél lapso de varias semanas, Kristoff se le acercó a la rubia en dos ocasiones para preguntarle si todo iba bien con la princesa, ya que la veía poco y al parecer su prometida encontró una fascinación por alejarse del castillo acompañada solamente de su fiel corcel.

"¿Problemas en el paraíso?". Se preguntó la rubia, pero se obligó a quitarse la sonrisa de la cara porque ahora de verdad, más que envidia, sentía pena por el muchacho, al parecer no todo era miel sobre hojuelas y su prometida no lo pasaba tan bien como deseaba aparentar.

Y nadie lograba entenderlo, menos Elsa, quien siempre la veía tan animada a la hora de sentarse a discutir sobre los planes de su boda, e incluso fue testigo de los tremendos besos que le repartía a su novio cada vez que iban a verificar los avances de construcción de su futura casa. Elsa intentaba ignorarlo, por supuesto, y siempre se centraba en hablar con los ingenieros de los planos, y con Anders de dinero, y a pesar de sus esfuerzos la pareja de tórtolos insistía en encontrarla.

Pero sola en su habitación, dejaba fluir los celos que le escocían.

Un día, después de ser ella quien se acercara al montañero para preguntarle por su hermana menor, y él solamente alzara los hombros en señal de incertidumbre, Elsa le prometió hablar con ella esa misma noche.

―Por favor, la he visto poco en estos días, no se ha presentado a sus clases y todavía necesitan su aprobación para los muebles de nuestra recámara.

―Se va a dormir y, ni siquiera se despide.

La carilla apenada y triste de Olaf, del cual ella también se había olvidado, le remordió en la consciencia. Se arrodilló para quedar a la altura del muñeco de nieve y poder abrazarlo.

―Prometo que todo va a estar bien.

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Cuando la noche cayó, la reina dedicó unos minutos para acercarse a la habitación de Anna y llamar desde afuera, la pelirroja tenía puesto el seguro, era definitivo que no deseaba hablar con Elsa.

―Anna, sabes que no podrás ocultarte para siempre, tu prometido está preocupado, Olaf te extraña y yo… yo necesito a mi hermana. Pronto te marcharás de aquí, no literalmente pero, me refiero a que tu vida se centrará en otras cosas y tal vez ya no podamos ir la una a buscar a la otra como solíamos hacer cada noche. Deberíamos resolver esto y, por lo menos los pocos días que nos quedan para que… tú… seas la esposa de Kristoff… podamos disfrutarnos. Solo tú y yo.

Elsa esperó largo rato por una respuesta, sabía que Anna estaba ahí, podía ver su sombra a través de la rendija de la puerta, pero se negaba a abrirla. La reina no podía entender qué es lo qué sucedía con su hermana, todo lo que pidió hasta ese momento, le fue dado, las cosas estaban listas para su boda, pero Anna no quería hablarle y la rubia resolvió que tal vez eran los nervios.

Desencajada por el silencio de la pelirroja, dio la media vuelta y se marchó a su habitación, no sin antes decirle que la amaba, que era su hermana y siempre estaría ahí para ella.

Al dar la vuelta, Elsa alcanzó a ver la figura de Honeymaren atravesando el pasillo, a lo lejos, ya no le parecía extraño encontrarla por ahí, ella era su chica misteriosa y seguramente esperaba que dieran las doce para encontrarla en su habitación.

Elsa entonces, intentando ignorar el vacío por la resistencia de su hermana, se apresuró a regresar a sus aposentos, ya lo había intentado todo para arrancársela de la mente y se convenció a sí misma que tal vez el día definitivo llegaría cuando la realidad la golpeara en la cara, y mientras ella amanecía sola en aquél palacio, Anna comenzaba una nueva vida en los brazos de su esposo.

Solo así, la mujer más importante de Arendelle se sentó a la orilla de su cama con el pañuelo blanco vendando sus ojos, de todo lo malo, por lo menos le quedaba eso, sus noches, sus citas, su amor.

La puerta se abrió y su amante nocturna encontró a la reina sonriendo, como no hacía en muchos días. Varios segundos pasaron antes de que Elsa sintiera aquella respiración agitada en su oído, y una boca caliente repartiendo besos por el lóbulo de su oreja hasta llegar a la suya. Los mechones platinados le fueron peinados hacia atrás y se encontró con la sensación de dientes fuertes mordiendo su mandíbula y después su cuello, sus hombros y, una vez bajando su vestido púrpura varios centímetros, succionó también sus pechos mientras un par de pulgares endurecían sus rosados pezones.

Esta vez su anónima se tomó todo el tiempo del mundo en recorrerla centímetro a centímetro, cada rincón de su cuerpo con las manos y la boca, mordía, besaba, arañaba, gruñía. Enredó su nariz entre sus delgados cabellos y tiró de ellos hacia atrás para apreciar la hermosa y limpia desnudez del cuerpo de Elsa, como si fuera prohibida, y por ser prohibida más exquisita.

La rubia mujer comenzaba por enloquecer con las caricias; la figura de Anna poco a poco se esfumó de su mente y quedó solo ella con sus jadeos, su amante esta vez tenía un olor diferente, familiar también, pero distinto e igualmente delicioso.

Ella quería el cuerpo de Elsa, pero también sus pensamientos, y mientras la reina comenzaba a rogar por más, la mujer fue subiendo la intensidad de sus caricias y sus besos, hasta volverlos necesarios, el candor de la máxima arendeliana rompió el frío de la noche y los gemidos de la rubia acompañaron el hermoso sonido de la caída de las aguas en el fiordo.

Elsa no se resistía más, estaba a punto de llegar al colapso, su mente nublada mientras su amante dejaba el alma entre embestidas de deseo, de coraje, con su cuerpo tendido sobre el pálido de la reina quien, con lo poco que le quedaba de lucidez, no soportó más los misterios.

―Necesito verte ―expresó, con las pocas fuerzas que le quedaban.

Y levantando la mano con la que se aferraba tan obsesivamente a la suave espalda de la luna, la llevó a su rostro y de un solo movimiento se quitó el pañuelo revelando ante sus ojos la identidad de su amante.

―¿Anna?

xxx

Okey, esto iba en el capítulo anterior pero como lo dividí, olvidé incluirlo:

*Me encontré en líos para escribir la palabra "menjurjería", ya que tiene diferentes formas de escribirse, según su regionalismo, y es complicada, la RAE acepta cierta forma con cierto significado, pero en su origen se escribe, suena y significa distinto, así que me fui por esta última, que deriva del árabe y tiene qué ver con preparados de diversos ingredientes para distintos fines, ya sea comida, fragancias, etcétera… y lo encontré en el siguiente enlace, por si les interesa ver porque, fuentes:

: / / w w w . /

A que no se lo esperaban, ¿verdad? ¿O sí? Solo uno de ustedes permaneció firme en su creencia y, realizó tan detallada sospecha que me sorprendí bastante, ja, ja.

Miguel . puentedejesus, por el puntito tu nombre se borró en mi dedicatoria anterior, una disculpa por eso, sí te mencioné u.u

La chica del tatuaje, publiqué antes de leer tu comentario, pero muchas gracias por dejarlo, aunque lo mencione después. ¿Ah que es mejor elsanna que elsamaren? ¿Esa mamada qué?

Apreciados lectores, quiero subir un capítulo de otra historia que comenzaré a escribir, antes de publicar el final de este, tal vez me lleve un ratito subir ambos, pero ya el siguiente termina así que, podemos permitirnos algunas cosas, ¿no? Quizá una semana, o dos, no más. Vuelvo entonces.

Por favor pásenla lindo y de nuevo, gracias por su apoyo.

Saludos desde un lugar recóndito de México.