Notas:

Siento mucho la tardanza uxu. Entre otras cosas, porque el capítulo no termina de convencerme. Lo veo como un relleno necesario para continuar en adelante.

Muchas gracias por los rw, apoyo y paciencia nwn.


º Amor vendido º


º.ºLlegamos a casaº.º

Así como la igualdad es necesaria, recordar que los demás son personas también es puro.

Nunca olvides que los aprecias.

Algún día dejaran de estar ahí.


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Hinata se acomodó la bufanda mientras caminaban, deteniéndose cuando uno de los "vigilantes" se detuvo en escanearles y sintiendo el corazón latirle con fuerza cuando lo hizo con ambos hombres. El "vigilante" escaneó ambos rostros y Sakura y ella intercambiaron una mirada de duda. ¿Habría dado tiempo a que sus datos llegaran a la base?

—Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki. Números 7558224 y 7599621. Varones en perfectas condiciones y sanos. Recién adquiridos. Tienen permiso para continuar.

Tanto ella como Sakura suspiraron aliviadas y ante el desconcierto de ambos varones, tiraron de ellos en dirección a su hogar.

Ambos parecían cachorros abandonados que han sido recogidos. Miraban todo con curiosidad, con cierto miedo escondido, y especialmente tensos. La visión a su alrededor para ellos tampoco es que fuera la más tranquilizante.

En navidad, muchas hembras humanas se volvían demasiado… descaradas. O mejor dicho, en cualquier festividad. Muchas solían jactarse de sus machos y qué mejor modo que simplemente llevarlos desnudos por la calle y una correa al cuello. Hiciera frio o calor. Se quemasen los pies con el calor desprendido del asfalto o se congelaran de frío.

Hinata no había comprado al suyo con esa idea. Ni mucho menos. Pero tampoco terminaba de comprender del todo por qué lo había hecho. Quizás fuera esa forma tan dulce y suplicante de mirarla en aquel momento. Fue como si con tan solo mirarle hubiera conectado con él.

—Mejor entremos pronto— indicó Sakura cuando su edificio se mostró ante sus ojos. Hinata asintió y miró a ambos chicos, que todavía miraban con el ceño fruncido hacia el hombre que habían visto momento antes, maniatado y con una cadena al cuello mientras de su sexo colgaba un pendiente en forma de u—.Vamos, chicos.

Sakura sujetó la puerta tras abrirla y todos entraron. Tras ella cerrar, Hinata buscó el botón de la luz y después, el del ascensor que las llevaría hasta su piso.

Los cuatro, apretujados en el ascensor, parecía que les costara quitarse de la cabeza la imagen de ese pobre hombre. Seguramente, ambos, podrían estar pensando que Sakura y ella les hicieran esas atrocidades, pero de tan solo pensarlo se le revolvía el estómago.

Al contrario que Sakura, que quería estudiar salud humana y ambiental, ella se había decantado más hacia la historia mundial. Y cada vez las preguntas eran más grandes y peligrosas. ¿Realmente tenían que vivir de ese modo? ¿Existiría una razón tras todo para que los hombres fueran violentos?

Se quitó la bufanda y los guantes mientras salían del ascensor y esperó a que Sakura presionara su huella dactilar contra la cerradura inteligente. Esta dijo su nombre y después, todos entraron. La cámara seguramente estaría detallando los datos de ambos chicos a medidas que entraban.

Amos jóvenes se detuvieron en la entrada, mirándolas con cierta desconfianza.

—Por favor, pasad— pidió—. Esta será vuestra casa a partir de ahora. Bienvenidos.

—Bienvenidos— añadió Sakura rodeándole la cintura fraternalmente y sonriendo.

Naruto fue el primero en entrar, sonriendo y mirando todo con sumo interés. Desde luego, llevaba tiempo sin estar dentro de una casa, porque se movía como si todo aquello fuera a romperse ante cualquier contacto. Sasuke fue más tranquilo, mirando con curiosidad pero sin cercanía. Con las manos en la espalda y el ceño fruncido.

Hinata cerró con llave y ambos la miraron, tensos.

—Tranquilos. Es por seguridad. No por vosotros, si no por… normas.

Sakura se quitó el abrigo, abriendo el perchero de la pared y mostrándoselo.

—Podéis colgar los abrigos aquí. Mañana os traerán más ropa para vosotros. Por ahora, en las bolsas encontrareis pijamas, mudas y algo de ropa de calle— explicó. Hinata le entregó su abrigo, viendo con satisfacción que ambos hombres hacían lo propio.

—N-Naruto— nombró nerviosa—. Ven, te enseñaré la casa.

El rubio sonrió de aquella forma tan arrebatadora y Hinata tuvo que hacer un esfuerzo por no desmayarse. Quizás no había sido tan buena idea comprarlo. Se giró para enseñarle la cocina y explicarle dónde iba a poder encontrar comida.

Naruto miró la nevera como un niño su regalo de navidad que más deseaba. Hinata parpadeó, confusa.

—¿Qué ocurre? — cuestionó.

—Creía que la comida la tendríais en cajas y sería tan fea como la que nos daban. Pero esto es limpio y de aspecto fresco.

La joven rio entre dientes y asintió.

—Más tarde te haré algo de comer— se ofreció.

Él la miró como si acabara de prometerle la luna. Enrojeció, sorprendida.

—¿Lo prometes?

Ella cabeceó y cerró la nevera antes que la llenara de babas. Pasó junto a Sakura y Sasuke, donde la chica de cabellos rosas intentaba explicarle qué era una televisión y guió a Naruto hacia el cuarto de baño, pero este ya sabía qué era y cómo funcionaban las cosas, así que siguió pasillo abajo, mostrándole los armarios y asegurándole que uno de ellos lo dejaron para los chicos, hasta su dormitorio.

Empujó la puerta para que pudiera verla bien.

Ambas habitaciones constaban de una litera y Hinata ocupaba la parte de abajo. La cama estaba hecha, pero todavía quedaba su figura tras su momento íntimo. Carraspeó con deseos de olvidarse de ello y entró más para dejarle sitio.

—Ahm… pu... Puedes quedarte con la cama de arriba sin problemas.

Naruto se volvió hacia ella, incrédulo.

—¿Dormiré en una cama? ¿En serio?

Fue el turno de Hinata de sorprenderse.

—Por supuesto. ¿Dónde ibas a dormir si no?

Naruto guiñó los ojos de una forma divertida, como en forma de zorro.

—Pues no sé. Generalmente dormimos en los mismos bancos que nos sentamos.

Hinata pareció horrorizada, se acercó a él y señaló la cama.

—Pues se acabó. Dormirás en la cama. En esta.

Y golpeó el colchón con los dedos, como si quisiera asegurarle que era de verdad. Naruto sonrió y la imitó, tanteando las formas, como si de un crio se tratara. Parecía ir a hacer aman de subir a la cama, cuando algo llamó su atención. Hinata pensó que se trataría de cualquier tontería, pero cuando él extendió la mano y aferró lo que llamaba su interés, casi se muere del susto.

—¿Esto que es? — cuestionó el joven mostrándole el juguete de su propio placer.

Hinata enrojeció, palideció y sintió hasta que las piernas le fallaban. Tiró del consolador con todas sus fuerzas contra sí, escondiéndolo entre su vientre y sus senos.

—¡N-nada! ¡Eso no es nada! ¡Ponte cómodo!

Se giró y echó a correr hacia el cuarto de baño, encerrándose ante una mirada atónita de Sakura y Sasuke.

¡Qué bochorno más malo! ¡Y qué descuido por su parte!

(..)

Sakura miró atónita la puerta del baño cuando se cerró y, preocupada, llamó dos veces.

—¿Hinata? ¿Ha sucedido algo?

Escuchó un murmullo apenas inaudible.

—No he podido escucharte bien.

Hinata abrió la puerta levemente y Sakura tragó. Tenía el rostro como un tomate y con un movimiento de la mano la invitó a pasar. Hizo una seña hacia el moreno y entró, apoyándose contra la puerta. Hinata se removía por el baño con nerviosismo, con las mejillas ardiendo y los ojos anegados de lágrimas.

—¿Te ha hecho algo? — cuestionó pausadamente.

Hinata la miró con los ojos abiertos como platos, negando. Algunas lágrimas resbalaron por sus mejillas.

—No, no. Para nada. Más bien ha sido error mío. Yo…— dudó. Luego mostró el consolador que ambas habían comprado tiempo atrás.

—Oh— exclamó Sakura cruzándose de brazos y comprendiendo.

Hinata era lo más tímido y adorable del mundo. Que un chico hubiera descubierto su consolador, podía parecerle el fin del mundo. No era algo que se pudiera publicar a los siete vientos.

—No digas solo "Oh", Sakura— suplicó angustiada—. ¿Qué va a pensar de mí ahora? Su ama es una perver… perv…

—Pervertida— ayudó. Hinata la miró acusadoramente—. Vale, vale. Lo siento. Pero, tienes que pensar una cosa. Nosotros hemos comprado a esos dos hombres por ese mismo hecho. Un consolador no va a ser nada comparado con lo que ellos pueden hacer. Incluso eso puede formar parte de ciertos juegos. Al menos, eso leí por internet— reconoció.

Hinata la miró preocupada, con las manos apretando su falda y los hombros temblorosos.

—Yo… en realidad no le he comprado con esa intención.

—¿No? — Sakura enarcó una ceja.

—No. Yo… bueno… cuando le compré… o mejor dicho; cuando me decidí a comprarle, no fue simplemente por… eso del hombre para acompañarnos y esas cosas. Es que… bueno, fue como si de algún modo demandara mi ayuda. No pude resistirme.

Sakura se frotó el ceño, confusa.

—¿Quién demonios puede resistirse a esos ojazos y tipazo, Hinata? Te comprendo perfectamente, aunque los rubios no sean mi tipo de hombre exactamente, al parecer, no negaré que esté de pan y moja. No obstante, tienes que tener en cuenta que si… no seguimos las reglas nos exponemos a que pase algo malo. ¿Recuerdas de qué regla te estoy hablando?

Hinata hizo memoria, frunciendo el ceño. Sakura la ayudó.

Siempre tenerlos alimentados y saciados sexualmente para evitar que sean agresivos hacia otras personas— citó.

Su compañera de piso asintió, mordisqueándose la uña del pulgar, nerviosa.

—No… no puedo. Oh, Dios, me costó muchísimo acceder al consolador, imagínate a eso… con un hombre. Tú has estudiado el cuerpo humano, Sakura. Sabes mejor que yo la de cosas que pasan y… los hombres…— Fue bajando la voz a medida que hablaba, llegando a susurrar—, sueltan... fluidos raros.

Sakura echó la cabeza hacia atrás y rió, sin poder controlarse. Hinata se ruborizó, tocándose las mejillas y mirándola ofendida. Haruno no pudo evitar estrecharla entre sus brazos y suspirar entre las risas.

—Ay, Dios. ¿Por qué no seré lesbiana para amarte y convertirte en mi mujer? Hinata, querida— dijo lo más amablemente que pudo—, todo ser humano derrocha fluidos. Los hombres quizás de otro modo, pero las mujeres también. Nos han querido enseñar tantos tabús que hemos terminado creyéndonoslo al pie de la letra. Además—, añadió— para eso hemos comprado los llamados condones. Ellos saben qué hacer con ello, porque para eso los han educado. No te preocupes tanto. Y créeme, Naruto no sabe qué es eso. — Señaló el consolador mal religado en una de las toallas de Hinata—, no te preocupes tanto. Solo muéstrale que eres una buena ama.

Hinata asintió, no muy convencida del todo, pero Sakura sabía que ahora solo necesitaría tiempo. Quizás unos minutos.

La dejó a solas para darle intimidad y salió. Sasuke estaba apoyado en la pared frente a la puerta, con los brazos cruzados en el amplio torso. Sakura se lo quedó mirando un instante y entrecerró los ojos. Aquella sensación en su vientre no desaparecía desde que le había visto por primera vez. Y al tenerlo tan cerca, era todavía más intensa.

Fuera de una vidriera y vestido de esa forma, junto a esa postura tan despreocupada, era todavía más arrebatador.

—Ven, te enseñaré el resto— indicó con la cabeza.

Tras explicarle los armarios, se dirigió hacia su dormitorio, deteniéndose al ver a Naruto sentado en la cama de Hinata, con las manos colgando entre las piernas y el ceño fruncido. Al verles, se levantó, acercándose.

—¿He dicho algo malo-ttebayo?

Sakura se sorprendió con su gesto de cachorro abandonado y con la perplejidad con que trataba el asunto. ¿Habían sido educados para eso?

—No— negó sacudiendo la cabeza—. Simplemente, tendrás que tener paciencia con Hinata. Es una buena ama, pero muy tímida. ¿No os han enseñado cómo tratar chicas tímidas?

—No— respondieron ambos a la vez. Sakura los miró atónita.

—¿No? — Ambos negaron con la cabeza esta vez. Sakura suspiró, rozándose el ceño con el pulgar—. Solo… ten paciencia.

Pero al parecer, pedirle eso al rubio era casi como pedirle a un perro hiperactivo que se sentara. Se volvió hacia Sasuke y le hizo un gesto para que la siguiera hasta su dormitorio.

Al igual que Hinata, tenía una litera y un escritorio. La diferencia es que el suyo estaba desordenado y con ropa por todos lados. Hasta interior.

Sasuke entró, mirando con el ceño fruncido el lugar mientras Sakura recogía con nerviosismo todo cuanto encontraba mientras hablaba.

—Puedes cogerla de arriba. Está libre y las sábanas son limpias, no te preocupes— explicó. Rodó los ojos al ver una bolsa de compresas sobre los pies de la litera de arriba—. Cielos—. Lo recogió y lo echó sobre su maleta—. Suelo pasar muchas horas aquí preparando mi tesis, así que está un poco… desordenado— añadió, aceptando el sujetador de encaje que él le entregó mientras arqueaba una ceja—. Lo siento.

Guardó la ropa de cualquier modo en el cesto de ropa sucia y lo mandó a lavandería. Él observó el proceso en callado silencio, hasta que se volvió hacia la cama, tocando con curiosidad el colchón. Sakura sintió cierta preocupación.

—¿Prefieres la de abajo?

Él negó.

—No. Es suficiente. — Se volvió hacia ella y la miró fijamente—. ¿Cómo he de llamarte?

Sakura asintió. El reglamento antes que nada, por supuesto. Ellos también tendrían sus reglas y órdenes para con sus compradores.

—Sakura. Sakura estará bien— ofreció.

Él no lo debatió. Le dio la espalda para mirar por la ventana y al instante, un vigilante entró en su campo de visión, escaneándolo. Sasuke no se movió hasta que terminó de hacerlo y esperó, pero el robot se marchó.

—Mientras estés en casa y no rompas ningún toque de queda, todo irá bien. No darán alarma de ti ni nada.

—Bien.

Se volvió hacia la cama, dejando la bolsa y empezando a sacar ropa. Sakura le observó, apoyándose contra el quicio de la puerta y preguntándose qué demonios debía de hacer ahora. Era obvio para qué lo había comprado, pero, ¿cómo se empezaban esas cosas entre un hombre y una mujer? Podía intentar darle clases y consejos a Hinata, pero ella era tan virgen como Hyûga en esas cosas.

Sasuke miró el pijama que le habían dado. Una sudadera fina con las letras Soy hombre para placer en negras y detalladas, junto a unos pantalones de chándal. Lo miró un instante antes de empezar a desnudarse.

Un momento antes lo había visto completamente desnudo en un cristal y se había beneficiado de la bendición de verlo. Pero en esos instantes, se sintió tremendamente avergonzada y aunque en su interior algo le gritaba que no perdiera detalle y hasta que se lanzara sobre él, decidió darle la espalda para otorgarle algo de intimidad.

—Sabes lo que somos, ¿verdad? — cuestionó entonces él. Cuando se miraron, parecía sorprendido de que le diera la espalda.

Ella asintió.

—Lo sé. Hombres. Eso es lo que sois.

Él frunció el ceño.

—Estamos para que nos montéis hasta que reventemos si es necesario— recordó. Ella se encogió de hombros, ignorando su deseo interior y ese molesto cosquilleo que pareció aumentar ante esas palabras.

—¿Y? Es mi decisión decidir cuándo y cómo. Al fin y al cabo, es mi primera vez. No creas que compro hombres todos los días.

Volvió la cara, dándole la espalda. Él continuó mirándola un instante. Después solo fue el sonido de las ropas al ponérselas.

(…)

Por supuesto. Ella era la que decidía, cómo, cuándo y dónde debía de montarla. Eso era lo que le habían enseñado durante toda su vida. La mujer mandaba. Tú escuchabas y obedecías. Especialmente, cuando de satisfacerla sexualmente se trataba.

Su compradora parecía realmente capaz cuando hablaba con su amiga, pero cuando era ella la que tenía que afrontar el tema, se mostraba tan perdida como la otra. Ambas parecían haber hecho simplemente una locura. Y esa locura habían resultado ser ellos dos.

Pese a todo, aquello era mejor que estar sentado en esa dichosa cárcel de cristales, expuesto y condenado. Ellas les estaban dando lujo. Una cama con un colchón blando. Algo en lo que no había dormido desde años atrás. Recordaba con cierto anhelo la última vez, una de las últimas veces que fue libre.

El contacto de la ropa aunque molesto, era reconfortante. Siempre había escuchado a su vendedora reírse cada vez que lo miraba y alegar que la persona que lo comprara le gustaría tanto que querría tenerlo desnudo a todas horas. Sin embargo, su compradora le daba no solo un lugar donde dormir, si no ropa.

Aunque fuera un desastre ordenando su habitación, aunque la ropa estuviera tan por medio como los libros, cuadernos y hojas, aquello era asimilable comparado a la mierda donde había vivido ese tiempo atrás. Cuatro paredes más anchas, con calor, no iba a ser una mala idea.

—¿Ya estás listo?

La voz de la joven le hizo volver a la realidad. Continuaba de espaldas a él, con los brazos cruzados y pasaba el peso del cuerpo de un pie a otro, incómoda. El cabello había sido recogido en una coleta y caía sobre su espalda en pico hasta los riñones. Parecía suave y curioso el color.

—Sí— respondió antes de que sus ojos bajaran más allá de las puntas de su cabello.

Ella se volvió y le miró con aprobación. Extendió las manos para coger la ropa de él, tanto la usada como la sin usar y le dirigió una mirada de invitación. La siguió, confuso. Pensaba que iba a tenerlo ahí encerrado hasta que le dieran ganas de montarlo.

Dejó la ropa usada en el mismo cesto donde anteriormente había metido ropa de ella, viendo como la cesta se la tragaba y al parecer, se la llevaba a algún sitio. La otra, la cargó en sus brazos y caminaron por el pasillo hacia el armario que había indicado como el suyo y el de Naruto.

Abrió la puerta con la cadera y presionó un botón en la pared, iluminando el lugar. Ropa de mujer se mezclaba entre mantas y mantelería. Su compradora se detuvo frente a un cajón y le miró.

—Ábrelo, por favor.

Así lo hizo, acercándose a ella lo suficiente para que un ligero aroma a flores le llegara. Quizás fuera de la ropa. La vio dejar la ropa interior y calcetines dentro y luego alargó una mano hasta las perchas libres, colgando la ropa adecuadamente. Algo increíble, teniendo en cuenta cómo tenía su dormitorio momentos antes. Al finalizar, sonrió.

—Este lado será el tuyo y el otro de Naruto, ¿te parece bien, Hinata?

La susodicha había sido descubierta mientras salía del baño, dando un respingo y mirando hacia el interior, asintiendo.

—C-claro. Mañana no tengo clases, así que sacaré yo la ropa y demás para que ellos se sientan a gusto.

—Gracias— agradeció su Compradora sonriendo a su amiga. Esta se alejó al escuchar que Naruto la llamaba.

Por su nombre. Directamente. Con esa confianza. Pero es que Naruto siempre había sido lo opuesto a él. O, quizás debería realmente de hacerse a la idea de que su compradora debía de ser Sakura hasta en sus pensamientos*.

Quitándose esa idea de sus pensamientos, asintió cuando le indicó cómo abrir y cerrar el cierre si era necesario y luego la siguió al cuarto de baño. Cuando lo había visto la primera vez sintió un tremendo alivio. Estaba harto de esa forma tan horrible de tener que hacer sus necesidades. Pensar que podría sentarse como Dios manda y olvidarse del dichoso cubo, era casi como tener un orgasmo ahí mismo.

—A ver… creo que teníamos cepillos de dientes sin usar.

Durante un rato, la chica se dedicó a buscar cepillos de dientes, toallas y demás para él. Le invitó a darse una ducha cuando quisiera, y casi estuvo a punto de ceder. El deseo de volver a sentir el agua caliente caer por su cuerpo era a tal punto que sentía un cosquilleo por toda la piel. Pero había aprendido a abstenerse.

Al salir del baño, se encontró con su mirada, fija en la de él y arqueó una ceja, interrogativo.

—Los que valen tanto dinero como tú, dicen que sabéis hacer muchas más cosas. Odio hablar de este modo— añadió, chasqueando la lengua como si escupiera las palabras—. Pero, ¿puedo saber qué fue lo que te enseñaron?

Sasuke la observó durante un instante. ¿Odiaba hablar de él como si fuera mercancía?

—En la cama lo verás— soltó abrupto.

La escuchó gemir un suspiro y sacudir la cabeza.

—Aparte de dotes de cama. ¿Qué más sabes hacer?

—Ah.

Sasuke lo sopesó. Le habían dado clases de cultura para que tuviera comprensión. Le habían enseñado lo básico como matemáticas y lenguaje, tanto hablado como escrito. Los modales en una mesa y hasta a cocinar un poco, pero no demasiado, solo lo suficiente como para saber que la comida que le daban era una completa basura. Y como especial, todo había sido en cosas de cama.

Quizás el plus fuera que tuviera nociones de pelea. Pero no creía que fuera algo que ella debiera de saber.

—Nada especial realmente.

Sakura chasqueó la lengua, frotándose el puente de la nariz.

—Supongo que todo tiene publicidad engañosa. Bueno, no importa. Al menos espero que no quemes la cocina si algún día decides hacer de comer.

Sasuke no pondría la mano en el fuego porque no.

(..)

Naruto estaba nervioso. Al contrario que a Sasuke, la chica que le había comprado era tan adorable y jodidamente dulce que tenía ganas de estrecharla entre sus brazos. Pero al parecer estaba siendo muy patán con ella. Pareciera que todo lo que habían enseñado hubiera desaparecido de su mente como por arte de magia, con simplemente tenerla a ella ahí.

Era como si algo encajara tan bien entre ellos que no necesitara recordarse de quién era. Pero a la vez, una barrera invisible le recordaba que no debía de hacer nada que a ella le preocupara.

Se había quedado esperando como un dichoso perro a que ella regresara, preocupado por lo que hubiera hecho. Sakura simplemente había dicho que tuviera paciencia. ¿Cómo iba a tenerla? No quería volver a ese lugar o peor, ir al matadero. Ya había experimentado lo que era tener un poco de libertad. Aquello estaba siendo como ponerte un caramelo delante para que luego él mismo lo echara todo por la borda.

La chica le mostró sus enseres personales para el aseo a una distancia prudente y sin que sus ojos apenas se encontraran. Quizás fuera por haber tocado antes sus cosas sin permiso lo que le había descolocado y por eso estaba enfadada. Él era un desconocido. Suyo, sí. Pero un desconocido.

¿Quizás también llegara a querer ponerle esa cosa extraña que llevaba colgando aquel tipo de su pene? Se veía realmente doloroso y las ganas de un castigo así, era… horripilante.

—Hinata— nombró.

Ella levantó la cara, sorprendida.

—Ah, no me diste permiso para llamarte así. — Cayó en la cuenta, rascándose la nuca—. Lo siento.

Ella negó y sus cabellos ondularon de una forma preciosa sobre su espalda y hombros.

—Puedes llamarme así, por favor— confirmó jugando con sus dedos en un acto de timidez.

Él sonrió, aliviado.

—Lo de antes… no tenía que coger tus cosas sin permiso. Lo siento también.

El rubor regresó todavía más brillante a las mejillas femeninas. Hinata levantó las manos, meneándolas en señal de negación.

—¡No, no! Fue culpa mía por dejar eso ahí. No era su lugar y… claro que tampoco tenía pensamiento de tener visita y… pues… después de usarlo… pues lo limpie y… Madre pura, ¿qué estoy diciendo? — se escandalizó abanicándose el rostro.

Naruto no había entendido absolutamente nada. Bueno, quizás lo único fue que ese objeto había sido utilizado. Nada más. Fuera lo que fuera. Aunque si lo pensaba, tenía una forma… ligeramente extraña y familiar.

—Hinata, Naruto. — La voz de Sakura llegó desde el otro lado, haciendo que su coompradora diera un respingo y asomara la cabeza—. Vamos a ver qué cenamos, no tardéis, ¿vale?

Hinata asintió y él solo alcanzó a escuchar comida. El estómago le rugió en demanda, como maravillado de haberse librado de estar en ayunas por el castigo. Además, la promesa de comida deliciosa por parte de ella todavía era un dulce más que aumentaba sus ganas de comer.

Cuando la joven entró, le sonrió.

—Voy a ayudar a Sakura con la cena, ponte cómodo mientras tanto. Tienes ropa en la bolsa. Luego la colocaremos en el armario.

Hizo una inclinación de cabeza y salió, dejándolo un instante, volviendo a entrar después.

—N-no tardes en venir.

Asintió, sonriente y esperó a que ella cerrara para dar un salto y estirarse cuan largo era. Libre. De algún modo, se sentía así.

Se cambió rápidamente de ropa y acudió junto al resto, frotándose los cabellos. Sasuke y su compradora ponían la mesa mientras la suya estaba inclinada en la cocina, trasteando entre cacerolas y demás. Al verle, le sonrió.

—¿Puedes alcanzarme la sal?

Asintió, alargando la mano para cogerla y, cuando se la entregó, fue como un electrizante roce en el que la sal casi termina dentro de la olla, de no ser por los reflejos de Sasuke, quien había ido a buscar servilletas al parecer.

—Tsk, Dobe. Hemos comido ya suficiente comida salada, ¿no crees?

Naruto sintió la chispa arder.

—¡Maldita sea, Teme, ya lo sé!

Sasuke dejó la sal sobre el pollo hornilla y luego miró hacia él con enfado. Ambos entendían perfectamente que el sabor de la comida era una completa basura en aquel lugar. Y ambas chicas parecían completamente dispuestas a hacerles sentir como en casa. Aunque en realidad, ambos hubieran sido comprados con fines de pura satisfacción. Al menos, los rumores de que nada más llegar a casa de tu compradora era tirarte en una cama para tan solo bombearte el sexo, no eran del todo ciertos. Tampoco les habían llevado en bolas para mostrar su nueva y reluciente compra de carne.

—Mira entonces lo que haces, Usuratonkachi— remarcó Uchiha clavando su oscura mirada en él.

Era una advertencia, pero a él le sentó como una patada en el trasero. Lo aferró del cuello de la sudadera, pegando su frente a la de él.

—¡Basta!

La voz llego desde la entrada la cocina. La compradora de Sasuke les miraba con el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Se volvió hacia Hinata, sorprendiéndose de que tuviera los ojos abiertos, escandalizada y hasta asustada.

—Es suficiente, chicos— repitió la mujer de cabellos rosas como advertencia.

Sasuke gruñó, pero dio un paso atrás. Naruto le soltó, frotándose los cabellos y esperando algún tipo de castigo. Miró a Hinata con las cejas inclinadas en una mueca de tristeza. Hinata suspiró y miró hacia la comida.

—Siéntate en la mesa— demandó y añadió—: por favor.

Pese a todo, aquel no era el castigo que había creído que recibiría. Pero arrastró los pies hasta la mesa, sentándose frente a Sasuke, quien sufrió el mismo tipo de castigo. Ambos intercambiaron una mirada de "esto no se queda aquí", pero guardaron sus puestos. No era plan de tentar al diablo.

(…)

Hinata se lamió el inferior tras probar la comida, mirando hacia Sakura preocupada, quien revisaba que ambos hombres hubieran obedecido y no se estuvieran tirando los cuchillos a la cabeza. Cuando regresó, la escuchó suspirar y cruzarse de brazos.

—Son como cachorros que hubiéramos comprado, Hinata.

La muchacha la miró en súplica. Sakura se disculpó, consciente de lo mucho que odiaba Hinata la venta y compra de los animales. Algo en lo que empezaba a ser fuerte el hecho de comprar personas. Era cierto. Algo que la habían enseñado desde niña, una cosa que estaba bien para el mundo que regía en ese momento. Pero viendo las caras de sorpresa de Naruto y las cosas que se habían perdido, empezaba a pensar que había hecho algo sumamente horrible.

Pero los ideales de su gobierno… las vidas de tantas mujeres… las drásticas noticias… el hecho del pasado…

—Seguro que están nerviosos por ser el primer día— opinó—. Tú misma has dicho que tenemos que pensar que son hombres. Los hombres son violentos de por sí.

Sakura la miró, como si estuviera sopesando eso. Sin embargo, no atisbó ningún rastro de miedo o angustia, si no más bien, curiosidad. Su amiga parecía haber despertado un viejo instinto de mujer en ella que Hinata no sabía si poseía.

—No todos tienen por qué ser así. Muchos hombres famosos por ejemplo…

—Casi todos gracias a guerras— intervino pasándole el platillo para que probara la comida—. ¿Recuerdas?

Sakura rodó los ojos, llevándose el platillo a los labios y después entregándoselo.

—Perfecto— puntuó, luego siguió—. Se me olvidaba que tú eras de historia y yo de cuerpos humanos. Pero dado a mis estudios, puedo decirte que muchos hombres de ese tipo, en sus historias que dejaron atrás, la gran mayoría serían improbables por su cuerpo. Su naturaleza humana no les habría permitido hacer equis cosas.

—Pero eso no quita que tengamos a… dos Pitbull peleándose en nuestra cocina o nuestra mesa de comedor.

Sakura sonrió entre dientes.

—¿Tienes miedo, Hinata?

Hinata pareció sorprendida.

Si lo pensaba, realmente Naruto no le había dado miedo en ningún momento exactamente. Se había sentido nerviosa y preocupada cuando les vio discutir. Nunca había visto a dos hombres en ello y la sorpresa fue inmediata. No sabía qué hacer, hasta que Sakura intervino. Pero miedo… no.

—¿Tienes miedo de que te coma? — canturreó la chica dejando los platos y ayudándola a servir. Hinata enrojeció e hizo un mohín.

—Sea como sea que se haga eso, no— expresó con pura inocencia—. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de ti. Pareces ansiosa en… algo.

Sakura la miró fijamente, deteniendo el plato que estaba por ofrecerle en el aire.

—¿Te digo la verdad, Hinata? — La susodicha asintió—. Tengo un cosquilleo extraño en la barriga desde que lo he visto. Y por lo que más quieras, no me digas que son gases. Estando aquí contigo no los siento. Solo con él. Es algo… como de necesidad. No sé explicarlo— bufó, entregándole por fin el plato.

Hinata lo relleno, pensativa. Ella no había sentido eso con Naruto. No es que no pensara que era atractivo. Demonios, era un puro bombón, pero algo faltaba. O quizás es que la que fallaba era ella.

Si le había costado mucho usar el consolador… ¿cómo iba a asegurarse de que su hombre estuviera complacido? ¿Y si ella no llegaba a sentir ese cosquilleo que decía Sakura y aseguraba que no eran gases?

Cogió los dos platos que le correspondía y siguió a Sakura, con sus dudas y todo, al salón. Sasuke y Naruto estaban ambos cruzados de brazos y mirando a otro lado, con el ceño fruncido. Cuando la comida apareció, ambos parecieron confusos y sorprendidos.

—¿Qué… es? — cuestionó Naruto.

—Cocido— respondió Hinata sorprendida—. Es algo caliente y típico en navidad para calentar el cuerpo.

Le puso el plato frente a él y se sentó. Sakura hizo el mismo gesto con Sasuke que parecía perplejo. Empezó a pensar si sería una terrible cocinera como para que ellos vieran de esa forma su comida. Sakura era de las que en la cocina tendían a errar, pero siempre se comía con gusto todo lo que ella cocinaba.

Escuchó un sollozo extinguido junto a ella, fijándose en el hombre a su lado. Naruto miraba su plato como si estuviera viendo un objeto que no debiese de tocar. Tenso, con las manos aferrando cada lado de la silla y tragando, como si babear no fuera suficiente. Se fijo en que el moreno tenía el mismo dilema e intercambió una mirada con Sakura.

—¿No os enseñaron a comer?

—Eso lo aprendemos de nuestros padres— gruñó Sasuke sin apartar la mirada del plato.

—El problema es: ¿Cómo queréis que lo comamos? — cuestionó Naruto mirándolas.

Clavó la mirada en ella, penetrante, profunda y azulada. Hinata sintió algo extraño dentro de ella y alerta, buscó la mirada de Sakura, preguntándose si sería lo mismo que ella sentía.

—¿Cómo? — repitió Sakura enarcando las dejas—. Tenéis cubiertos y manos.

Hinata se afano en asentir.

—Exacto. Comer con naturalidad.

Ambos chicos continuaron mirándolas con atención, como si esperasen algo más.

—¿No queréis que comamos encima de vosotras o cosas así? — inquirió Sasuke.

Hinata dio un bote en la silla y miró hacia Naruto casi como si deseara que ni él mismo estuviera pensando en eso. Pero la mirada que le devolvió era claramente de que ansiaba una respuesta. Y estaba segura de que si le pedía que comiera la comida de su vientre, o de sus mismos pies, él lo haría.

—¡En el plato! ¡En el plato! — jadeó angustiada, con los colores subiéndole al rostro por su ardida imaginación—. ¡Por favor!

Finalmente, ambos asintieron y con una elegancia que no esperaba que tuvieran, comieron en silencio. Sakura y ella se miraron azoradas y descubrió así que su compañera de piso había llegado a imaginar del mismo modo que ella una situación la mar de vergonzosa.

Justo cuando terminaban de comer, las campanas de la catedral resonaron y una pequeña canción navideña llegó desde el pasillo. Las luces tintinearon un instante y después, todo fue silencio.

—Ha terminado la hora libre— suspiró Sakura echándose hacia atrás en la silla—. Los hombres deben de regresar a sus casas. Por otro lado— los miró a todos y sonrió—, feliz navidad.

Hinata le devolvió la sonrisa.

—Feliz navidad, chicos— felicitó.

Ambos chicos la miraron perpleja, sin comprender, pero aún así, respondieron. Al parecer, la navidad ya no significaba nada para ellos.

Sakura se levantó y miró hacia Hinata.

—Es mi turno. Anda, ves a descansar.

—Pero tú mañana tienes que ir a clases y yo no— objetó preocupada. Sakura sacudió una mano.

—Con Sasuke aquí será más rápido. Anda ve. Todavía tienes que terminar de acomodar a Naruto, ¿verdad?

Asintió, mirando de reojo al chico, que las miraba sin comprender, excepto que Sasuke iba a tener que recoger y eso pareció divertirle, ganándose una mirada punzante del moreno como respuesta.

Se levantó y tras hacer una leve reverencia, casi tuvo que tirar de Naruto para que la discusión entre ambos no aumentara, llevándoselo hasta el pasillo.

—¿Qué haremos ahora? — cuestionó Naruto mientras la seguía.

—Prepararnos para dormir. Mañana nos queda un día bastante largo… y seguramente agotador y…

Él la retuvo repentinamente, sujetándola del codo y haciendo que le mirase. Sus ojos azules fijos en los suyos.

—Me refiero ahora mismo. ¿Necesitas de mí? — inquirió.

Hinata sintió que el corazón se le detenía en la garganta. Enrojeció y tragó. La mano de él le ardía ahí donde la tocaba y el aliento parecía haber olvidado que tenía refugio en sus pulmones.

Se mordió el labio, nerviosa.

—Vamos a dormir. Dormir normalmente— recalcó—. Yo… no necesito un hombre…. Ahora mismo.

Balbuceó eso último, con las palabras entorpeciéndose en su boca. Inquieta, esperó mientras él parecía estudiarla y, con suavidad, la liberó finalmente, dejando que pasara antes que ella a la habitación.

Hinata recogió su pijama de debajo de la almohada y le miró azorada.

—Iré al baño, ya vuelvo.

Sin darle tiempo a decir nada más, salió corriendo, entrando y echándose agua al instante. Si las preguntas iban a ser de ese tipo frecuentemente, dudaba que su corazón pudiera sostenerlas.

No necesito un hombre…

Bueno, eso creía que era cierto y que había sido claro, pero…

Ahora mismo.

Eso ya no ayudaba tanto. Había dejado las puertas abiertas a un probable futuro. Pero esa condenada regla traía consigo ese dilema. La pregunta era: ¿Cuándo necesitaba un hombre tener sexo?

Porque eso nadie se lo había enseñado nunca, teniendo los valores masculinos como algo que debían de ver siempre inferiormente y nunca más cerca de lo necesario a la reproducción. Se preguntó si Sakura tendría una idea acerca del tema o si su compañero le haría la misma pregunta.

Agitada, se dio prisa en prepararse y salió, tirándose de los pliegues del pijama y preguntándose cómo demonios iba a encarar al rubio. Pero para su sorpresa, cuando entró, se lo encontró todo espatarrado en la cama y roncando, completamente feliz. Como si hiciera años que no durmiera.

Y quizás era así…

(..)

Una vez todo listo, ambos habían pasado a la habitación. Tras que Hinata saliera, ella se había ido a cambiar de ropa rápidamente y cuando regresó, se lo encontró inclinado sobre sus bocetos para la tesis. Justamente, sobre uno en que había tenido que dibujar la parte superior de un hombre, a imaginación.

Mirar sus tesis era volver a sentirse aburrida. Y lo peor de todo era tener clases después del día de navidad. Mientras todos estaban divirtiéndose, riendo por ahí, ella tendría que estar hincando codos en una clase de anatomía humana.

Por un lado, le preocupaba dejar sola a Hinata con ellos, pero por otro lado, no podía dejar de ir a clases.

Aferró su mochila y se acercó, empezando a meter cosas cuando él se retiró y desvió su atención hasta la estantería repleta de novelas románticas, algunas, nada aptas para menores. Le vio escoger una del montón y se preparó para verle hacer una mueca de desagrado mientras la volvía a colocar. Sin embargo, se dio la vuelta y se sentó en su cama, pasando las páginas lentamente mientras ella recogía. Cuando terminó, ya iba por la quinta y tenía el ceño fruncido.

—¿Esto quieres hacer? — cuestionó mirándola. Sakura le miró sin comprender.

Se acercó para poder leer y sujetó el libro mientras leía.

"Mientras que su lengua perfilaba cada parte de su sexo y sucumbía a las sensaciones del placer minúsculo otorgado por tal travesura en su intimidad, apretó sus labios alrededor de su pene y con su lengua, acaricio en zona circular mientras su boca chupaba y sus dedos apretaban sus testículos con fuerza, cada vez más dolorosa, notando que aquella clase de dolor era agradable para él, hasta el punto en que su simiente rebotó sin previo aviso contra su boca".

Sakura cerró el libro de golpe, tensa como un resorte. ¿Qué clase de libros había estado leyendo hasta ahora? Le miró de reojo mientras posaba sus labios sobre el lomo del libro, avergonzada.

—¿Te gustaría hacer esas cosas? — contrarrestó apurada.

Él la miró fijamente y suspiró.

—Eres tú la que me ha comprado, ¿recuerdas? — indicó con un gruñido—. Tú dices: Cómemelo. Eso es lo que tendré que hacer.

Sakura sintió temblor en las piernas y la loca idea de pedírselo. Pero sacudió la cabeza y dejó el libro en la estantería, con la promesa de deshacerse de esos libros. Al menos, meterlos en una caja. Respiró ruidosamente por la nariz, sintiendo aquella sensación de nuevo en el vientre, bajando hacia su sexo, caliente.

—Mejor vamos a dormir. No comeremos nada hasta el desayuno. Vamos, Sasuke*.

Movió las manos, nerviosa y esperó a que subiera a la cama para hacer lo propio en la suya. Conectó el móvil para la alarma y luego miró hacia las tablas de la parte superior de la litera, donde se ahuecaban ahí donde estaba el acostado.

Mordiéndose el labio inferior, sopesó lo que había hecho. Todos los ahorros de su vida estaban yendo a parar a él.

Antes lo había calificado como haber comprado unos cachorros. Ahora empezaba a ver que eso no era exactamente así. Se había agenciado un hombre, totalmente dispuesto a hacer las cosas que aparecían en sus novelas románticas.

Y joder. Cada vez estaba más dispuesta a ello.

A completar su locura.

—Sasuke.

—¿Mhn?

—Bienvenido a casa.

Continuará...


Aclaraciones:

*Se refiere a pensar en Sakura como Sakura y no como "su compradora". Si os fijáis, él la cataloga como eso, de ahí su duda.

*Aquí Sakura llama Sasuke, por su nombre completo y no por el kun que la caracteriza al ser un AU.