Notas de autora:
¡Wa! Se acabó. He luchado con este capítulo desde que el principio. Primero cuando casi estoy por terminarlo el archivo se volvió corrupto. Después, no encontraba una información que necesitaba y tuve que cambiar el tema (en lugar de litera iba a ser otra cosa). Y para remate, no recordaba nada del anterior capítulo (el corrupto), así que tuve que revisarlo varias veces para ver que no me dejo nada de la trama.
ºAmor vendidoº
º.º Manazas º.º
El miedo de que me abandones es tan grande que temo perderme a mí mismo.
No me dejes caer en la oscuridad.
Sasuke despertó de un salto en la cama al mismo tiempo que la alarma sonaba. Por un instante, no comprendió donde estaba. De dónde provenía el calor que sentía, la comodidad y la ropa que llevaba encima. Luego, una cabeza rosada apareció por el lado de la cama y una mujer bostezó junto a él. Cuando sus ojos se encontraron, ella le miró con sorpresa, como si intentara al igual que él, recordar qué hacía ahí.
Cuando lo hizo, le sonrió a modo de disculpa.
—Lo siento, Sasuke— se disculpó—. Te desperté. Puedes seguir durmiendo si quieres. He de ir a clases, así que te quedarás con Hinata el día de hoy. Hazle caso. ¿De acuerdo?
Dio unos toques sobre su manta y se volvió para recogerse el cabello en una horquilla azul. Recogió sus cosas y salió.
Sasuke se quedó mirando la puerta sin saber qué hacer. Era la primera vez que estaba a solas en una habitación, sin cadenas, sin miradas… libre.
Se sentó en la litera tras quitarse las mantas y se quedó un momento con las piernas colgando. Desde su altura, podía ver la ventana. Mujeres que empezaban a despertar. Hombres que ya las acompañaban. Alguna que otra que parecía borracha y era cargado por su compra.
Sakura salió del edificio y desde su posición, pudo verla. Esperó a que el "vigilante" pasara por ella y después, se estiró y bostezó. Tras sonreír, continuó hacia delante. No tardó mucho en perderse entre la gente.
Saltó al suelo con agilidad y miró a su alrededor. No quedaban objetos sobre el escritorio. La cama de Sakura estaba sin hacer como la suya propia. La ropa había desaparecido dentro del cesto misterioso.
La moqueta le cosquilleó los pies desnudos y fue una sensación agradable. Ya no tenía que pisar paja mojada con las duchas esporádicas y sus propios fluidos. Dentro del desorden que podía ser su compradora, aquello era agradable.
Caminó hacia la puerta, deteniéndose antes de posar sus dedos.
Ella había dicho que se portara bien. Que obedeciera a Hinata. Una orden era una orden. Pero necesitaba ir al cuarto de baño con todas sus fuerzas.
Miró la puerta con el ceño fruncido. Cambió el peso de un pie a otro. Buscó un cubo o algo.
Entonces, escuchó la voz de la mujer tras la puerta. Abrió y se encontró con ella de bruces.
—Ah, buenos días, Sasuke. ¿Dormiste bien? — cuestionó.
Él asintió y miró hacia el pasillo mientras tragaba. Hinata sonrió.
—Perdona, seguro que quieres usar el baño. — Él asintió—. Ves. Ves.
Y así lo hizo, echando a correr.
—
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Hinata miró de nuevo hacia el interior de su dormitorio antes de cerrar la puerta. Naruto dormía a pierna suelta en la litera, con una pierna sobresaliendo por un lado, la ropa liada de cualquier forma sobre sí mismo y roncaba. En realidad, Hinata se había despertado más temprano de lo usual precisamente por sus ronquidos. Pero pese a todo, al ver su cara durmiente, fue como ver a un niño en el cuerpo de un hombre.
Decidió dejarlo dormir más en su primera noche de libertad.
Lo primero en lo que pensó fue en darles un desayuno que les diera fuerza. Iba a necesitarles. O al menos, iba a necesitar su fuerza y, para no negarlo, su altura. Ambos hombres eran altos y musculosos. Podrían cargar perfectamente cajas y demás.
Se remangó el cabello y las mangas y empezó a cocinar.
Unos minutos después, Sasuke apareció en la cocina y la miraba tan fijamente que temió cortarse.
—¿Necesitas algo, Sasuke? — cuestionó.
Él negó. Hinata se sintió intranquila.
—Puedes dormir un poco más si lo deseas.
—No, gracias— negó descartándolo.
Continuó observándola en el trascurso de preparar el desayuno y hasta que no lo envió a poner la mesa, no se apartó. Hinata recordó cómo los habían relacionado con unos cachorros. Sonrió para sus adentros y asomó la cabeza para poder verle, pillándole curioseando el mando de la televisión.
—Sasuke, ¿puedes ir a despertar a Naruto? El desayuno ya está listo.
El moreno cabeceó una afirmación y tras dejar el mando nuevamente sobre la mesita de café, caminó por el pasillo hasta la habitación. Hinata pudo verle entrar sin llamar si quiera y al girarse, escuchó un grito de sorpresa seguido de un golpe.
Corrió hacia ellos, pálida.
¿Se estarían peleando de nuevo?
—
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Naruto se frotaba la cabeza con sus manos. Se había despertado asustado al primer llamado de Uchiha. Su cabeza dio de lleno contra el techo, demasiado bajo para él y una litera. El sonido fue tan doloroso como parecía contra su cabeza. Sasuke se quedó ahí de pie, mirándole cual perro que se busca la cola.
Estaba a punto de insultarle cuando Hinata apareció. Con su carita llena de preocupación y sorpresa a la vez. Su boca se abrió en forma de una o perfecta cuando le vio.
—Cielos. ¿Estás bien?
Se puso de puntillas para poder ver mejor por encima de las barras de seguridad de la litera y alargó una mano. Naruto se la apretó suavemente entre sus dedos antes de saltar de la cama.
—Estoy bien. Créeme cuando te digo que hemos recibido peores golpes.
Por la mirada que Sasuke puso comprendió que estaba recordando. Aquellos momentos en que el cuero contra su piel marcaba un camino de heridas rojizas y moratones. Cuando pasaron a ser hombres de lujo, los golpes cesaron, pero llegó el agua.
La mano de Hinata tembló dentro de la suya antes de apartarse lentamente. La chica miraba la cama con el ceño fruncido.
—Tenemos que buscar camas adecuadas.
Naruto enarcó una ceja.
—¿De matrimonio?
La chica enrojeció de una forma adorable. Tartamudeó y se volvió sobre sus pasos. Sasuke suspiró.
—¿Qué dijo? — cuestionó confuso.
Uchiha le dio una palmada en la nuca que él protestó al volver el dolor de cabeza.
—Que vayamos a desayunar, Dobe.
Naruto asintió y arrastrando los pies, siguió al otro hasta el salón donde la mesa y la comida esperaban para él. Con las mejillas enrojecidas de felicidad y hambre, se sentó en la mesa para disfrutar del manjar. Solo una silla permanecía vacia.
A él no le importó en demasía.
—
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Después de desayunar y tras vestirse y acicalarse, Hinata los esperaba en el pasillo con las mangas remangadas y una sonrisa en los labios. Señaló hacia la entrada donde diez cajas de cartón esperaban junto a la puerta. En cinco de ellas estaba su nombre y apellido plasmados junto a su número de identificación. Las cinco otras tenían el mismo rótulo pero con el nombre de Naruto plasmado en él y en letras pequeñas, el nombre de Hinata más su dirección.
En las suyas, las de Sakura, su compradora.
—Ya han llegado. Pero antes de empezar a sacar nada. Colocaremos el armario. ¿Quién de los dos es más alto?
Ambos se miraron y arquearon una ceja.
—Yo— respondió levantando una mano.
Naruto hizo un gesto con el labio y siseó.
—Solo por tres centímetros, maldito Teme.
Sasuke levantó el mentón. Tres centímetros o no, era más alto. Naruto sonrió perversamente.
—Puedes ser todo lo alto que quieras. Pero sabes que para una mujer siempre será más importante lo que tienes entre las piernas.
Hinata soltó un gritito que resultó ser el nombre del Uzumaki. Naruto se tensó a su lado, tieso como un hierro y mirándola en espera de su castigo. La mujer se había puesto como un tomate y se pellizcaba las mejillas completamente aturdida.
—Tú, al armario. — Lo señaló mientras carraspeaba—. Y Naruto… tú desmontarás la litera de nuestro cuarto. Vamos, vamos.
Hinata rodó los ojos avergonzada mientras se giraba para frotarse el rostro con ambas manos. Sasuke se encaminó al armario sin prestarle más atención de la necesaria. Le habían educado para tan solo prestar atención a su compradora. Era Naruto quien tenía que percatarse de que según qué, haría que su dueña muriera de un ataque al corazón.
Desde luego, eso sería complicado. Naruto podía estar a un pie del matadero a ese paso.
Hinata regresó con varias cajas vacías que dejó a su lado.
—¿Te importa ir metiendo las mantas de ahí arriba aquí? No tardaré. Quiero hacer una compra por internet.
Sasuke asintió y la vio salir en dirección al salón. Alargó las manos para coger las mantas y una a una, las metió en las cajas. Naruto asomó un rato después la cabeza por la puerta, metiéndose con él y hablando en susurros.
—Oye, oye— murmuró. Sasuke solo gruñó mientras cerraba una caja completa—. ¿Crees que Hinata me devuelva?
Levantó la mirada hacia él, arqueando una ceja.
—Creo que se está arrepintiendo de comprarme.
—Yo lo haría— sentenció para molesta de Uzumaki.
—Lo digo en serio, Teme.
Uchiha aferró una manta que tiró dentro de una caja. Clavó la mirada en él a continuación.
—¿Qué te hace creer que yo no?
—
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Hinata no podía creerlo. La rapidez con la que la base de datos de su ficha personal había sido actualizada era su quebradero de cabeza en ese momento. Con la mirada fija en la pantalla, no podía creer que aquellos datos ya estuvieran bajo su barra de "Datos importantes".
Y bajo estos, el nombre de Uzumaki Naruto, su edad, su rango de valía como macho, su grupo sanguíneo, su capacidad para fecundar y mil cosas más, estaban ya apuntados.
Todo aquello estaba bien. Era bueno que tuvieran conciencia de dónde estaba un espécimen de hombre catalogado como para ser capaz de crear un regimiento de minis rubios adorables que fueran sus hijos. Pero a Hinata le molestaba en otra tarea.
Comprar una dichosa cama.
Al introducir los datos de su nueva adquisición, había pasado de ser soltera, a ser "Ama". Con lo cual, todas las cosas habían cambiado. Ya tenía citas preparadas para un ginecólogo. Citas para reuniones sociales con otras dueñas. Y cada cosa que implicara intimidad, venía con apartado doble. Incluso los anuncios de internet pasaron de ser de macramé a ser consoladores múltiples incluso.
Aturdida, se frotó las sienes. Lo mejor sería avisar a Naruto y detenerle en desmontar la cama. Podría encontrar otro método de evitar que el rubio se dejara los sesos contra el techo.
Como si mala suerte estuviera en su contra, el sonoro ruido de tablas romperse la estremeció. Se levantó de golpe y corrió pasillo adentro, rezando porque no fuera lo que creía.
Pero sí era. Naruto estaba desmontado la litera, sí. Pero a base de arrancar las maderas. Había quitado los colchones y de algún modo, roto las vigas. La cama era un completo desastre.
—Oh, no. Naruto— murmuró pálida—. ¿Por qué has roto la cama?
Naruto le devolvió la mirada sin comprender.
—Tu dijiste que la desmontara, Hinata— explicó.
Sasuke apareció tras ella y se asomó. Al ver el desastre se golpeó la frente.
—Que la desmontarás, Dobe. No que la rompieras.
—¿Qué? — exclamó Uzumaki poniendo los brazos en jarras—. ¡Eso hice! ¿O es que conoces otro método, Teme?
Hinata se agachó para coger uno de los trozos de madera. Algo brillante sostenía la unión entre ambos trozos de madera.
—Existe algo que se llama bisagra, Usuratonkachi— puntualizó Sasuke señalando la mano de Hinata con la mano.
Naruto miró con espantó el trozo. Retrocedió y como un gato asustado que no sabe dónde meterse, clavó la mirada en Hinata.
La chica suspiró y dejó caer el trozo, dándole la espalda.
—Por favor, recoger todo y terminar.
Ambos chicos asintieron. Ella regresó al ordenador. En la parte donde la oferta de una cama de matrimonio todavía brillaba en la pantalla, apretó el botón para llevarla al carrito de la compra.
—
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Estaba harta de tantos problemas con la universidad. Sus horas se habían alargado de más y no veía el momento de llegar al edificio que era su hogar para deshacerse de todo hasta el siguiente turno de clase. Después de navidad ir a clases era como tirarse en paracaídas sin él.
Las profesoras eran las típicas viejas amargadas que no disfrutaban de las fiestas y desde luego, jamás habían comprado un macho o conocido algo de él más que sus padres. Y aún así, Sakura estaba segura de que fueron criadas con un tubo de esperma en vez de carnalmente.
Parecían viejas avinagradas y aliñadas con el peor vinagre del mundo. Rancias y secas.
Se había detenido para comprar algo de comida para Hinata y ella justo cuando recordó que ahora, eran dos más. Sin saber exactamente qué gustos tendrían, había querido llevar un poco de todo, pero su tarjeta de crédito estaba vetada a solo tres personas. Ella, Hinata y Sasuke.
Con espanto, había tenido que comprar comida de más para ella para usarla con el rubio macho de Hinata. La mujer había hecho la vista gorda, conociendo sus intenciones y facilitó la compra. Aún incluso intentó que su compañero masculino le llevara las compras. Sakura lo denegó y huyó antes de que empezara a preguntarle qué tal funcionaba su hombre.
Sintiendo las mejillas arder, corrió hasta la entrada y dejó que el sensor leyera su retina para subir por las escaleras y llamar al timbre. Junto a la puerta, estaban restos de lo que parecía ser una cama. Por un instante, la idea de que Naruto o Sasuke se hubieran peleado la espantó, pero al ver a Hinata abrirle la puerta, suspiró algo aliviada hasta que se fijó en su ceño fruncido.
—¿Qué ha pasado? — cuestionó mientras entraba.
Hinata le cogió las bolsas para que pudiera quitarse el abrigo.
—Digamos que… un atentado contra una cama— dulcificó Hinata encogiéndose de hombros—. He tenido que… comprar una cama de matrimonio. Naruto ha roto la litera.
Sakura la miró con espanto y buscó con la vista a ambos chicos. Sasuke giraba justo en ese momento la esquina del pasillo, cargando dos cajas para dejarlas justo a su lado. Sus ojos se encontraron y de nuevo, aquella sensación extraña hacia él se ahincó en su vientre.
—¿Va todo bien? — inquirió.
Sasuke asintió y alargó las manos para coger las bolsas que Hinata sostenía y tras olisquear por encima, las llevó a la cocina por deducción. Sakura miró hacia Hinata y esta sonrió.
—Es un buen chico. Me ha ayudado mucho— aseguró—. Tenemos todo el armario ya montado. Hasta sus cosas. Trajeron cinco cajas para cada uno. Luego miras a ver si te parece bien.
—Estando bajo tus manos, seguro que sí— felicitó besándole la mejilla. Hinata se ruborizó y dio un respingo al escucharse un quejido proveniente del pasillo.
—Ay, Dios— masculló Hyûga corriendo hacia el lugar.
Sakura la siguió con la mirada y tras asomarse un poco, pudo ver cómo tomaba el dedo de la mano de su macho y lo guiaba hacia el botiquín, haciéndole meter la mano dentro del agujero de sanidad para curarse. Naruto estaba tenso y dio un respingo al notar, seguramente, el famoso spray que ahogaba los dolores. En su otra mano, sujetaba un martillo, así que claramente, había sido un mal cálculo de distancias.
Se volvió hacia la cocina y nada más entrar, se encontró a Sasuke sacando las cosas del interior de las bolsas. Se acercó para ayudarle y sacar los enseres para la mesa.
—Gracias por el trabajo— susurró al coger una bolsa para doblarla. Él enarcó una ceja interrogativo—. Por ayudar a Hinata con las cosas mientras estaba en clase.
—Tú lo ordenaste— aclaró cogiendo las servilletas y los palillos para ir al salón.
Sakura se quedó mirando la pared mientras repetía sus palabras. Le siguió con los platos y los vasos.
—¿Siempre va a ser así? — cuestionó.
Sasuke le sujetó los vasos y empezó a ponerlos mientras ella hacía lo propio con los platos.
—¿A qué te refieres?
—A esto. Yo te doy órdenes y las cumples. No vas a dar tu opinión ni hacer lo que quieras especialmente. Parece que sigues entre esos cristales.
Sasuke se puso rígido, levantando el mentón hasta que Sakura casi tuvo que echar la cabeza ligeramente hacia atrás para poder mirarle a los ojos.
—Te recuerdo que solo soy un perro comprado. He de obedecer lo que quiera mi dueña.
—¡No eres un…!— Cerró la boca con fuerza. Sus ojos clavados en él y pese a su gesto altivo, sus ojos esperaban un castigo. Sakura dejó el último plato y pasó de largo de Hinata y Naruto, quienes miraban la escena con incredulidad. Antes de que la puerta se cerrara, exclamó: — ¡No comeré!
Una hora más tarde, Hinata y un plato de comida aparecieron por la puerta. Sakura suspiró al verla y entendió que sus cejas fruncidas en preocupación y la puerta cerrada tras ella no aceptarían una negativa para hablar.
Sakura se dio cuenta de que estaba muerta de hambre y que la comida sabía más deliciosa cuando alguien te la llevaba en medio de una crisis emocional.
—Supongo que de vivir conmigo se te han pegado muchas cosas, Sakura— murmuró Hinata metiéndole unos mechones tras la oreja. Sakura solo masticó con más fuerza su carne y asintió—. Escuché las palabras de Sasuke. Naruto también las dice. Parece que se las quemaron con fuego en la mente. Para ellos todo esto es… confuso y nuevo. Si le hubieras visto arreglar el armario sin rechistar, coger las cajas pesadas y ayudarme con Naruto…
Sakura tragó.
—¿Has tenido problemas con Naruto?
Hinata asintió, luego negó. Se frotó el ceño y las sienes y se encogió de hombros.
—No sé bien si llamarlo problema. Es que… quizás no me expreso bien. Muero de vergüenza cada vez que lo tengo delante, Sakura— confesó abanicándose la cara—. Solo pensar lo que se espera que tengo que hacer con él… ¿Has revisado tus datos online?
Sakura negó pero señaló su cartera.
—Ahora tengo un tope de compra. Solo puedo comprar cosas para ti, para mí y Sasuke. Casi no puedo traer comida para Naruto con mi tarjeta. ¿Por qué? ¿Debería de mirarlo?
Hinata asintió, incitándola a hacerlo.
Sakura dejó el plato a un lado y mientras sacaba comida de su muela con la lengua, sacó su móvil para entrar en su base de datos.
—¿Qué demonios? ¿Por qué tengo cita con mi ginecóloga el día siete a las diez?
Hinata movió las manos desesperada.
—Ahí esta— murmuró con la vergüenza anidándose en sus mejillas—. Yo también tengo cita. El mismo día, diez minutos después. Ellos creen que los hemos comprado para eso.
Sakura lo sopesó. Continuó mirando sus datos.
—Es lo obvio, seguramente. Lo que se espera de esto. Tendremos que ir y abrirnos de piernas para demostrar que no todo es sexo y brutalidad con ellos.
Hinata asintió ante sus palabras, tocándose los labios. Si Sakura no la conociera, ese gesto podría habérsele pasado por alto.
—¿Qué ocurre?
Hinata dio un respingo.
—Estaba pensando en eso último. Lo de la brutalidad… creo que el mío sí tiene mucha de eso. Se ha cargado una litera a base de arrancarla. Con bisagras y todo, Sakura. Ha sido bestial.
—Ya he visto los trozos junto a la puerta— recordó mordiéndose el labio—. ¿Qué le dijiste que hiciera?
—Que desmontara la cama. Estoy segura.
Sakura suspiró.
—Creo que vamos a necesitar mucha más paciencia de la que creía.
—¿Y si no podemos hacernos con ellos? ¿Tendríamos que…?
—Me niego.
Sakura se puso en pie y apretó los puños.
—Me niego rotundamente a ello. ¿Enviarlos al matadero? No. Además, ambos son de buena casa. Estoy segura que tras torturarlos de alguna cruel forma volverían a ponerlos tras un espejo. ¿Tanto miedo le tienes?
Hinata negó y la imitó jugando con sus dedos.
—Aparte de mi primo, nunca tuve contacto con hombres. Estoy verdaderamente perdida. Más que miedo… ¿quizás no le di la orden adecuada? ¿Será realmente malo tenerlos sin… tener sexo?
Ante esta pregunta Hinata se ruborizó de aquella forma que ansiabas morder sus mejillas. Sakura lo sopesó durante un instante, suspiró y poniéndose una mano en la cadera, levantó su móvil hacia ella.
—Tendremos que pedir consejo. Solo ellos pueden dárnoslo…
Hinata miró la pantalla sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. Tragó y cogió aire con un gemido de dolor.
—
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Naruto miró impaciente hacia el pasillo mientras secaba el plato. Hinata los había dejado con la orden de recoger la cocina y la mesa. Era el tercer plato que tenía en sus manos y esperaba que no se rompiera con los dos anteriores, pero es que estaba más preocupado por lo que pasaba entre aquellas dos féminas que en las tareas del hogar.
Sasuke lo miraba de reojo en el fregadero, estropajo en mano y delantal en la cintura. Uzumaki se había reído un buen rato, hasta que frito de tantas risas, Uchiha decidió recordarle que su cuello estaba pendiente de una Soga. Si Hinata llegaba a la conclusión de expulsarle, el destino que le esperaba era…
Negó con la cabeza, no queriendo pensar si quiera en eso.
—Oye, Teme. ¿Qué crees que estén hablando? ¿Mi expulsión?
Sasuke se encogió de hombros y cerró el grifo, quitándole el plato antes de que terminara convertido en más porcelana destrozada. Naruto se puso las manos tras la cabeza, inquieto.
—Estas chicas son buenas. Aunque tú también has hecho enfadar a tu compradora. ¿Por qué?
Uchiha pareció sopesarlo. A veces, sacarle algo a ese chico era más difícil que sacarte una astilla de la muñeca. Naruto temía por su cuello y estaba histérico perdido. Sasuke, aunque sus cojones pendieran de una palabra femenina, estaba como si nada.
La puerta se abrió en el pasillo y Naruto casi dio un respingo. Sasuke le dio con el trapo y tras dejarlo colgado, ambos salieron para encontrarse con ellas. Hinata caminaba tras la mujer de cabellos rosas, arrastrando los pies en una lentitud que fue insoportable para él.
Tanto, que terminó corriendo hacia ella y escuchándola emitir un gritito de sorpresa, la secuestró hasta su habitación. Cerró la puerta tras él, dejándola con suavidad en el suelo. Hinata retrocedió rápidamente, bajándose las ropas que por su agarre se habían subido hasta el comienzo de sus senos. Un vientre blanquecino con un ombligo adorable que…
Sacudió la cabeza, mirándola a los ojos.
—Hinata— nombró moviendo las manos nervioso—. Sé que no he sido el mejor chico, pero he sido algo torpe arrancando la litera en vez de quitado las bisagras esas. Pero… de verdad, que no lo hice queriendo, ttebayo— masculló.
Hinata parpadeó mientras detenía sus pasos. Naruto hizo una reverencia y luego la miró fijamente.
—¿Vas a… devolverme?
La joven le miró espantada, negando con la cabeza y manos. Sus cabellos moviéndose al compás de sus movimientos.
—No, no. ¿Cómo puedes pensar eso? — exclamó.
—He metido demasiado la pata.
Señaló el hueco vacío de la cama y resbaló por la puerta, suspirando. Apoyó las muñecas sobre sus rodillas y apretó los puños, temblando. Él no era de sentir miedo. De echarse atrás. Pero la sola idea de ir a ese oscuro lugar… le aterraba.
Cerró los ojos con fuerza… hasta que sintió la suave mano sobre su cabeza. Al abrirlos, descubrió a Hinata de cuclillas frente a él, sonriendo mientras sus dedos le acariciaban como si de un niño pequeño se tratara.
—No voy a abandonarte. Ni a revenderte ni a llevarte a ese lugar horrible, Naruto. Tú…— tragó y sus mejillas se incendiaron con el rubor—, tú eres mío.
—
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Sakura suspiró y se apoyó contra la nevera mientras le veía terminar de fregar. Espaldas anchas y una altura considerable. Podía pensar en muchas cosas incómodas para su necesidad de él. Pero había algo que impedía del todo comprender la situación.
Era ilógico pensar que se había gastado un gran dineral para tirarlo por la borda y tampoco podía enfadarse por algo que les habían inculcado desde niños.
Se acercó a él ante una duda y levantó su camiseta por la espalda. Él se quedó quieto, con el estropajo en la mano y la mirada clavada en la pared. Sakura pasó los dedos por su espalda. Ni una sola marca.
—Imagino que os hicieron muchas cosas. Muchas dolorosas. Pero se cuidaron de que no dejaran marcas. ¿Verdad?
Sasuke volvió a fregar y tras enjuagarse las manos, sacudió los dedos.
—Nos dejaron. Más de las que crees.
Cuando se volvió, había clavado la mirada en ella.
—Y no solo en el corazón.
Sakura se mordió el labio inferior, poniéndose de puntillas y besando la mejilla masculina. Uchiha no se movió, se quedó mirándola y esperó.
—Te daré una buena vida. Te lo prometo.
Sasuke entrecerró los ojos y Sakura no supo si realmente esas palabras eran de un hombre que luchaba por su libertad o de alguien que se había rendido.
—Cuídame bien.
Continuará...
