Como me encanta este fic (L)


Resumen:

Sakura y Hinata han comprado dos hombres de los que no tienen mucha idea. Descubren que son de clase más que S gracias su visita con Ino, quien les aconseja hablar con Temari para descubrir cómo evitar que dos machos territoriales se maten entre sí. Ambos chicos están realmente conmocionados con la clase de amas que les han tocado y Naruto, quien más complicado ve que tiene su futuro, no hace más que temer que lo lleven al matadero. Sin embargo, Hinata deja bien claro que no, aunque esto no calme su temor. Por otro lado, Sasuke recibe una pregunta de Sakura que no quiere desaprobechar...


Amor vendido


Vida cruel

Todo lo que fui era un niño.

De ojos asustados, manos pequeñas y corazón delicado.

Todo lo que hice fue nacer.

Y todo lo que ellas hicieron fue arrebatarmelo todo.


Hacía frio y empezaba a notar que se le helaban las manos. Los pasos empezaban a ser más cortos y la mochila en su espalda la molestaba. Comenzó a irritarse, porque mientras más miraba el mapa que había imprimido, menos sabía por dónde debían de ir.

—Esto es frustrante —exclamó sacudiendo el papel frente a sus narices—. Han cambiado tanto las calles que no se parecen en nada al mapa y cuando vamos a coger por una de las calles, no se puede porque están de obras y me cambian todo el trayecto.

Levantó la mirada hacia el hombre junto a ella. Sasuke permanecía fresco como una lechuga y pese a que sus labios dejaban ver el frío que hacía y su nariz estaba enrojecida, tenía el ceño fruncido y miraba al frente con seriedad. Como si viera algo que ella no.

Se puso de puntillas a ver si la causa era su diferencia de altura.

Desde que él le pidiera ir al viejo cementerio de su casa se había mostrado silencioso y de corto vocabulario. Apenas había comido más que pequeñas comidas y se había mantenido sentado por horas mirando el mapa, como si pudiera ver alguna calle que ella no.

Hinata les había despedido con curiosidad en la puerta. Naruto había estado mirando al otro con el ceño fruncido y la boca tensa cuando ella les había explicado a dónde se dirigirían.

Cualquiera podría pensar que pasarse su día libre en una caminata a ninguna parte y cumpliendo una petición de un hombre era estar loca, más con el frío que hacía y las pocas personas que había en el lugar. Si él quisiera revelarse lo haría con mucha facilidad.

Pero ni él tenía motivos para ello —o más bien no hacía gestos de ellos—, ni a ella le molestaba hacer algo de ejercicio. Y era un tipo de ejercicio que le gustaba más en invierno que en verano, con el calor pegajoso y la sed a todas horas molestándole.

—¿Qué ves? —cuestionó cuando no vio nada que le indicara el camino.

Él sacudió la cabeza y retomó el paso. Sakura le miró por un instante antes de recordar que debía de seguirle. Si se perdía por despistada o por estar en pánfila, mal iban a terminar las cosas.

Corrió hacia él y se detuvo cuando el mapa escapó a sus dedos para echar a volar.

—¡Espera! ¡El mapa!

Sasuke la retuvo de la muñeca y tiró levemente de ella hacia su persona. Sakura ahogó un quejido de sorpresa. La oscura mirada se clavó en ella con cierta picardía.

—Ya llevas contigo el mapa.

—¿Qué? —masculló cuando el macho la soltó y avanzó—. Espera. ¿Qué quieres decir con eso?

—Que ya sé dónde estamos.

Lo siguió, costándole a medida que sus zancadas eran más grandes y las suyas más pequeñas. Giraba de modo impreciso y se detenía cuando necesitaba otear —cosa que gracias a su altura era algo más sencillo para él que para ella—, y no parecía necesitar detenerse a tomar el aliento.

A últimas, se detuvo para mirarla, con una ceja alzada y extendió la mano.

—Dame.

Sakura dudó.

—¿El qué?

Sintió un cosquilleo en la mano. Si quisiera tomársela sería algo bastante romántico como descarado por su parte, pero sabía que no se negaría. Pero él desvió la mirada hacia la mochila, indiferente.

—La mochila. Se supone que yo debería de cargar las cosas de la dueña y evitar su desgaste físico.

Toda su imagen mental se fue al traste. Se quitó la mochila por las asas y se la entregó. La verdad es que el aligeramiento en su espalda la reconfortó y le dio unas energías que no sabía que podía tener.

Esa vez no le costó seguir sus pasos y cuando llegaron al lugar indicado, se detuvo más fresca de lo que esperaba. Y también tan sorprendida como asustada.

Estaban frente a un viejo cementerio cuyo cartel colgaba de la pared, como si luchara contra la gravedad y era ilegible. La hierba cubría gran parte de la entrada y atravesarla fue una odisea de hierba aferrándose a sus tobillos e insectos reptando por sus vaqueros a los que espantó a manotazos.

Las tumbas apenas tenían ya color y las letras estaban demasiado borrosas como para descubrir quién estaba enterrado bajo esa tierra que, por suerte, no estaba removida. Sasuke ignoró las primeras, que parecían haber pertenecido a mujeres importantes, pues la forma de la lápida, pese a su deterioro, se descubría con la forma ovalada que se les daba a las personas de suma importancia. Teniendo en cuenta la clase de vida que cultivaban ahora, debía de ser así.

Sakura inclinó levemente la cabeza y siguió a Sasuke a través de los diferentes sepulcros hasta se detuvieron frente a un enorme mausoleo. Dos abanicos japoneses decoraban las argollas, la cual una de ella parecía haber caído bajo el peso del tiempo y el sol.

Las puertas descoloridas estaban medio abiertas y la cerradura estaba rota en el suelo, con trozos de óxido desperdigados por el suelo. Sasuke avanzó y empujó más hasta que cedió con el eco de un crujido chirriante y, el techo, dejó caer algo de polvo sobre su cabeza.

Tres nichos descansaba en sepulcros de cemento y granito.

Sasuke sopló sobre las losas y las letras, menos expuestas que las del exterior, dejaron entre ver diferentes nombres. El de la mujer, grabado con letras más puras y cuya forma dictaminaba su clase. El de los otros dos hombres, leve, sin importancia ni ninguna floritura de más.

Uno de ellos llevaba una cruz sobre el nombre que lo caracterizaba como un macho peligroso. Bastante suerte que lo hubieran enterrado ahí.

—¿Quiénes son? —cuestionó.

Sasuke se tomó su tiempo antes de responder.

—Mis padres.

Al no continuar, Sakura señaló la tumba del varón marcado.

—¿Y él?

—Un asesino.

Sakura ahogó un grito, echándose hacia atrás y alejándose de la tumba lo más que las paredes le permitieron.

—Entonces, Ino tenía razón —confirmó—. Tu hermano asesinó a tus padres.

—A toda mi familia —ratificó él a su vez—. Menos a mí.

Sakura comprendió. Cuando tenían un pasado drástico a sus espaldas, la venta se disparaba. Si tan solo era un niño por aquel entonces, el entrenamiento debió de ser más conciso y brutal. Todo por convertirlo en una clase S especial.

—Lo siento —se excusó.

Él la miró como si acabara de decirle que le ponía en libertad.

—No tienes la culpa.

—No, de lo que ocurrió no la tengo. De lo que te hicieron tampoco —añadió—. Pero ayudé al sistema al comprarte para que otros pasaran por lo mismo que tú. Y Hinata también. Aunque lo suyo fuera para bien, o eso dice, sigue siendo un horror. Tú perdiste a tu familia y te sometieron a un duro entrenamiento para terminar con alguien como yo.

Sasuke se encogió de hombros.

—Hay peores —puntuó.

Y ella recordó a los otros machos que veía en la calle o en la universidad. Tan pocos con posibilidades de ser felices que le dio arcadas.

Pero lo que le dio más asco fue que ella no podía liberarle. No podía dejarle irse, escaparse y vivir una vida de libertad que le habían negado siendo tan solo un niño, asustado, probablemente aferrado a alguna mano con la esperanza de que lo cobijaran. Mientras tenía que ver a sus padres ser cubiertos por granito en el sueño eterno.

¿Y ahora que tenía? Nada. Piedra, granito, cuerpos en descomposición de los que no quedaría mucho. Y la tumba de un hermano que le arrebató la posibilidad de haber crecido un tiempo con sus padres junto a estos, como si nada.

—Un momento —sopesó—. Si tu hermano fue el que los asesinó. ¿Por qué está enterrado aquí y no en una catacumba? —cuestionó.

—Por el dinero y estatus de mi madre —explicó—. Lo último que tenían de ella era su testamento. En él alegaba que si uno de sus hijos quedaba con vida, el otro se enterraría con ella, al menos, para llevarse algo suyo de carne y hueso. Yo estoy vivo.

Esas últimas palabras casi sonaron de amargura, como si quisiera ocupar el lugar de su hermano. Por un momento sintió como si se fuera a algún lado lleno de oscuridad y que ella no pudiera seguirle.

Avanzó los pocos pasos que lo separaban y lo aferró de la mano. Tiró de él hacia el exterior y atravesaron la maleza. Sasuke no forcejeó, la siguió con la mirada clavada en ella y cuando se volvió a verle, los ojos le ardían.

—Quédate aquí. Vivo. Te necesito vivo.

No supo cuánto tiempo estuvieron ahí de pie y en silencio. Con el frio calándole los huesos y el viento sacudiendo las hierbas. El silencio sepulcral de los muertos ayudó.

Cuando Sasuke se inclinó y la beso, Sakura sintió que el corazón se le salía por la boca para meterse en la contraria. Su espécimen era bueno, una clase S, un genio con la lengua.

Hinata dio golpecitos con la uña sobre el ratón mientras intentaba borrar de su mente otros pensamientos y se centraba en buscar la ficha que deseaba encontrar. Ahora que Ino le había enseñado cómo hacerlo, encontrar a su primo era algo que esperaba y sin embargo, estaba ensimismada mirando la ficha de su propio chico, como si buscara un libreto con instrucciones que la ayudara a comprender el cuerpo humano masculino o cómo quitarle las pilas al susodicho.

Se ruborizó, suspiró y frotó el rostro, liberándose la coleta que se había hecho para ver si el riego sanguíneo le llegaba más al cerebro. Se dio un masaje capilar suave y volvió a suspirar, enrojeciendo.

No había suspirado tanto en su vida.

Y es que no era para más. Y todo por culpa de esa dichosa noche. Con una cama de matrimonio nueva y su maldito descaro al pedirle que durmiera con ella. ¡Era una cama de matrimonio, por dios! ¡Dos personas durmiendo en ella! ¡Cubiertos por la misma sábana! ¿Cómo podía haber esperado que no se tocarían?

¿Cómo podría haber pensado que no iba a pasar nada?

Miró de reojo hacia la puerta de su dormitorio. Naruto había sido castigado en el salón desde que había despertado. Más bien, lo castigó echándolo a otra habitación siempre que entraba en una que pudieran compartir. Ni siquiera le había permitido poner la mesa o ayudarla en la cocina.

Casi la había convencido con su mirada de cachorro herido. Pero estaba tan avergonzada que no podía ni verle sin que se sintiera estar a punto de desmayarse. Hasta cuando habían despedido a Hinata le había costado la vida despedirla sin demostrar nada. Aunque estaba preocupada por ella y la seriedad del asunto en su pequeño periplo, no podía quitarse de la cabeza para nada lo vivido.

Se habían ido a dormir en silencio. Lo vergonzoso vino después, al apagar la luz.

Naruto se había acostado boca arriba, pero se volvió al instante y pese a estar oscuras, mientras sus ojos se acostumbraban, notó que la buscaba con la mirada.

¿Quieres hacerlo?

Aquello la descolocó. Lo peor es que ella era demasiado inocente como para comprenderlo la primera vez y cómo una estúpida preguntó el qué. Naruto le había explicado muchas formas de hacerle el amor en ese momento. Le dictó tantas posturas que estaba segura de que perdió la cuenta.

Hinata negó tan fuerte que hasta Sakura entró en la habitación para preguntar qué ocurría y encender la luz e iluminar la habitación. Hinata descartó el peligro, pero cuando volvieron a quedarse a oscuras, sentía latir tan fuerte su corazón que no podía ni pensar.

Naruto se había disculpado y le había dado la espalda hasta quedarse dormido. Quizás porque era una cama, con un colchón nuevo, pero dormía a pierna suelta. Y eso llevó de una cosa a otra.

Cuando quiso darse cuenta lo tenía encima, magreándola y roncándole en la oreja. Tuvo que golpearlo varias veces para despertarlo y cuando lo hizo, la miró, borracho de sueño y le dio la espalda para seguir roncando.

Hinata no comprendía si se había enfadado más porque la ignorara o por haberle detenido. No lo sabía a ciencia cierta.

Lo que sí sabía es que estaba muerta de vergüenza.

Y más acalorada de lo normal. Cosa que no ayudaba.

Volvió a bajar y subir la página web con la ficha de Naruto. Se percató de una pestañita especial que había para usuarios privados. Le clickeo encima y descubrió notas entregadas y firmadas por la mujer que se lo vendió.

Eran sus vacunas, sus enfermedades posibles como resfriados de poca importancia, rubeola o varicela. Cuidados especiales y más abajo, una frase que no comprendía.

Lechadas*.

Había unas fechas y unas medidas que no comprendía. Se rascó la nuca, preguntándose qué serían. Le preguntaría a Sakura cuando regresara, ya que ella era la que estudiaba medicina y no ella.

Así que retomó su tarea y siguió buscando información acerca de su primo. Había una ficha sobre él. Muy escueta y con datos insuficientes. Ni siquiera salía su compra o venta. Estaba completamente perdida.

—¿Realmente vas a intercambiarme?

Dio un respingo al escuchar la voz. Naruto estaba en la puerta. Apoyado con la muñeca en el umbral y la mirada fija en la pantalla del ordenador.

Hinata no entendió a qué se refería hasta que recordó que Ino había cambiado anteriormente de chico. Naruto llevaba preguntándole varias veces si lo cambiaria, si era defectuoso cuando realmente era perfecto, lo mirase por donde lo mirase.

—Oh, no, no. No es eso —negó—. Estaba buscando información.

Naruto no se movió, pero su rostro preocupado no cambión. Hinata suspiró y quitó los pies de encima de su puf, indicándole con un gesto que avanzara y se sentara. Él obedeció.

—Este —dijo señalando la fotografía del que era su familiar—. Es mi primo. Desapareció hace tiempo, probablemente se lo llevaran. Pero nuestra familia es rica, así que estaba bajo protección, pero no sirvió de nada. Su ficha está aquí, pero no encuentro ningún dato que me guie para encontrarle. Solo eso. No hay ningún cambio. Nada.

Naruto la escuchó en silencio y desvió la mirada de ella hacia la pantalla, mirando fijamente la fotografía.

—Le conozco —expresó. Hinata se enderezó.

—¿Qué?

—Estuvo con nosotros. Un tiempo corto, he de decir. Éramos niños y existía cierta rivalidad entre nosotros. Poco más. Era mayor, así que, que se lo llevaran antes, no era raro. Si lo compraron o lo llevaron al matadero, lo desconozco. No te cuentan eso cuando vives en una jaula, ttebayo.

Hinata tuvo sentimientos encontrados. Por su primo y por él.

Alargó una mano hasta tocarle el rostro. Naruto cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia ella. Un gesto íntimo, de confianza, que le alteró el corazón aún más que esa noche movida.

—Tienes que tenerlo, claro, Naruto —dijo lo más firme que pudo—. No voy a cambiarte. Solo si puedo liberarte.

Él abrió los ojos, brillante y sonrientes. Se inclinó hacia delante y le dio un casto beso en la frente que la ruborizó. Él sonrió, apartándose y dándole espacio.

—¿Sigo castigado?

Ella rio avergonzada.

—No, ya está bien. Pero esta noche haré una barricada especial.

Naruto frunció los ojos sin comprender y ella no pudo evitar sonreír.

—Por cierto. ¿Por qué habías venido?

—Oh, tengo hambre y como me has prohibido acercarme a la cocina. Pero si quieres que me quede sin comer, lo soportaré.

Hinata casi tuvo ganas de achucharle. Era adorable con esas ideas.

—Nunca te dejaría sin comer. Vamos a la cocina a ver qué podemos hacer. —Miró el reloj del ordenador—. Seguro que Sakura y Sasuke no tardan en llegar, así que haré algo para todos. ¿Podrás esperar un poco más?

Él le sonrió como respuesta.

Sakura pasó frente a él, sacudiéndose la nieve de los hombros y maldiciendo entre dientes. Al regresar les había pillado tal ventisca que terminaron cubiertos de más nieve y caminar se les hizo difícil. Pero la calefacción del apartamento actuó rápido derritiéndola.

—Cambiémonos deprisa o nos constiparemos —ordenó avanzando hasta la mesa del comedor, la cual ya estaba puesta y de la cocina llegaba un olor delicioso que le revolvió el estómago—. Dios, Hinata tiene una mano increíble para la cocina. ¡Estamos en casa! —anunció.

Hinata asomó la cabeza por el arco de la cocina y les sonrió. Tenía la cara llena de harina y sonreía de oreja a oreja. Naruto apareció por encima de ella gracias a su altura.

—¡Bienvenidos! —saludaron casi a la par.

—¿Qué os ha pasado? —exclamaron los tres a la vez mientras él avanzaba en busca de dos toallas. La euforia no era algo que fuera con él.

Y tampoco estaba de humor para aguantar preguntas inadecuadas de parte de Naruto o sus momentos de terror por ser vendido.

Cargó con las dos toallas y le entregó una a su ama para que se secara. La mujer la tomó y se secó el cabello mientras avanzaba hacia el dormitorio y él se quedaba en el armario que habían preparado para ellos dos.

Se tomó un momento a solas para pensar lo que había pasado, descubierto y recordado. Si cerraba los ojos podía volver a verse siendo un niño, observando con amargura cómo enterraban a su madre, la tapiaban y lo alejaban de ella. Para las mujeres apartar a los niños de sus madres debía de ser normal. Muchas hasta lo hacían antes cuando experimentaban un rechazo natural hacia su progenie.

Para un niño era una brutalidad. No comprendía por qué una madre amorosa lo dejaba atrás. Ni cómo habían llegado a la conclusión que así podían vivir mejor.

Pero ya no era un niño. Era un adulto, capacitado para llevar una vida adelante, bajo el yugo de una mujer como le habían enseñado.

Y esa mujer era suave. Delicada pese a su fortaleza. Y su boca había sido curiosa, diferente a las usuales. Era tímida. Suave. Nueva.

Hasta ahora, las mujeres que le habían besado o se aprovecharon de él con la excusa de comprarle eran desesperadas, con mal aliento y les gustaba llevar el control, al fin y al cabo, estaban educadas para ello.

—¿Todo bien?

Dio un respingo al escuchar su voz. Sakura se había cambiado de ropa y tenía el cabello recogido en una coleta baja.

—No te has cambiado.

—No —negó—. Solo me despisté.

Se tiró de la camiseta y se la quitó en dos rápidos gestos. Desvestirse rápido o lento era algo que a las mujeres les encantaba. Cuando la miró, Sakura estaba embobada, mirándole. Sasuke podía recordarse a sí mismo cuando era niño, que no comprendía el comportamiento ni la importancia que esto tenía para las chicas que le entrenaban —muchas, debía de decir, más pederastas que otra cosa—, y lo que significaría en el futuro. Cuando era niño era lo más inocente del mundo.

Hasta que la vida le dio aquellas bofetadas tan severas.

—¿Todo bien?

Sakura parecía haberse recuperado y aunque su vista oscilaba de su bien formado vientre a su rostro, parecía completamente seria.

—Sí —respondió encogiéndose de hombros.

Ese momento frente a la tumba de sus padres fue algo dulce y una jodida bajada de guardia. Si los que lo "educaron" lo descubrieran, seguro que lo tendrían días sin comer y encima, unos cuantos castigos que no dejaran huellas.

Y, sin embargo, ella no le había juzgado y continuaba ofreciéndole el hombro.

Era irónico.

—Chicos, a cenar —informó Hinata desde el salón.

Sakura le dio un suave toque en el hombro y lo dejó para que terminara de vestirse.

Cuando se reunió con ellos en el salón, los tres estaban sentados en la mesa y esperándole. Hinata y Sakura cuchicheaban de esa forma curiosa que tenían las mujeres para entenderse y él y Naruto solo intercambiaron una mirada y cabezada. El rubio parecía más feliz que antes de irse y la sonrisita de su cara casi le dio ganas de azotarle.

—Oh, cierto. Antes que se me olvide, Sakura —comenzó Hinata repentinamente—. Tú sabes más de medicina que yo, así que seguro que sabes a qué se refiere una cosa que encontré mientras buscaba en la ficha de Naruto. Una palabra y bajo esta había diferentes cifras. Fechas y medidas en litros o capacidad.

—¿Qué era? —se interesó Sakura sin si quiera mirarla, más centrada en su estofado.

Lechadas.

Sasuke casi escupió el trozo de patata que se había llevado a la boca. Naruto levantó la cabeza y se colocó recto a su lado y Sakura, poniéndose colorada y apretando la mandíbula, dejó caer el tenedor.

Clavó la mirada en Hinata y tragó.

—¿Qué? —masculló—. ¿Dónde has…? Quiero decir que…

Hinata, completamente ajena a lo que sucedía, se levantó para coger una pequeña pantallita del sofá en la que la había visto trastear algunas veces. Le mostró la pantalla a Sakura, que la sujetó y tras pasar la vista por encima de lo que la otra indicaba, no pudo soportar más la carcajada.

—Ay, Dios, Hinata. Eres adorablemente inocente.

La susodicha enrojeció, pero sus ojos continuaban mostrando la inocencia de sus palabras. Sakura se levantó y tiró de ella.

—Disculpadnos, chicos, un momentito. ¿Vale?

Ninguno de los dos dijo nada y ambas chicas se marcharon para encerrarse en el baño. Al parecer, de algún modo, las chicas solían encerrarse en el baño para esa clase de cosas. No las comprendía.

—¿No se lo has explicado, Dobe?

—Ni siquiera sabía que tenía esa duda —confesó rascándose la nuca. El grito llegó después y él dio un respingo de nuevo—. Mierda. Seguro que ahora cambia de opinión.

Sasuke enarcó una ceja.

—¿De qué?

—De cambiarme, enviarme al matadero o hasta de hacerme dormir en el sofá. No sabía que tenían una lista de nuestras eyaculaciones. Joder, pensaba que simplemente les gustaba saber si éramos capaces de procrear.

—A saber.

Naruto le miró durante un instante.

—¿La tuya es tímida también?

Sasuke lo sopesó.

—No tanto como la tuya. O más bien, no tiene ese carácter. Ni idea —bufó.

Porque esas dos mujeres eran incomprensibles.

—Hinata es… como si el sexo la asustara o llevara a una meta imposible de alcanzar. Así que eso me convierte en algo defectuoso. La tuya te come con la mirada y la he visto hasta morderse el labio inferior. Sí le sirves.

Sasuke estuvo a punto de soltarle una de las suyas, algo como: es que lo bueno se debe de desear o cualquier gilipollez que provocara que el rubio saltara. Pero se abstuvo de hacerlo. La forma en que Naruto mantenía el ceño fruncido y apretaba el tenedor entre sus dedos le indicó que realmente estaba esperando tener la soga al cuello.

Para ellos, que los enviaran al matadero era lo peor. Tampoco se veía capaz de verse en ese camino y desde luego, que una hembra decidiera cambiarte no era una gloria que llevarías como medalla en el pecho. Al fin y al cabo, es que no le habías servido para nada. Y a saber con el tipo de chica que les tocaría vivir. Y con lo que habían visto viviendo fuera y tras un escaparate, prefería quedarse donde estaba.

—No lo hará.

—¿Seguro, Teme?

—Seguro.

—¿Por qué?

Sasuke intentó encontrar las palabras, cosa que se le era complicado. ¿Cómo animar a alguien? ¿Cómo darle palmaditas cuando igual su destino era ese?

Para su suerte, la puerta del baño se abrió antes de que pudiera decir nada y Naruto se puso en pie, pálido.

—Yo no… ¡No necesito de eso, Hinata! Si tú no quieres no será necesario y…

Sakura levantó una mano ante él para callarle. Primero Naruto dudó, al fin y al cabo, no era su dueña como para obedecerla, pero si algo les habían inculcado bien en el cuerpo, era a obedecer a las mujeres, fuera cual fuera a menos que te pidieran acostarte con ella y no fuera a la que estabas designado.

—¡Es en serio! Esas cifras seguro que están mal y yo no…

—Cállate —ordenó Sakura frunciendo el ceño—. Dale su tiempo, Naruto.

Algo debió de ver en su compañera, por tragó, le dio la espalda y se sentó como un niño bueno en su asiento.

Las demás ocuparon su lugar. Hinata, con la cara colorada y Sakura, suspirando, mirándole directamente a los ojos y con una clara indirecta de que ya hablarían.

Por supuesto, ella también tendría algo que querría saber.

Naruto se secó el cabello rápidamente y salió. Estaba ansioso, preocupado y a la vez, perdido. Cuando Sasuke pasó por su lado para ocupar su lugar en la ducha, casi ni le vio hasta que estuvo encima de él y gruñó.

Ambos se miraron por un instante, estudiándose, pero se dio cuenta de que ponerse a pelear en un sitio tan estrecho no sería gratificante y que seguramente, las dos mujeres saldrían para detenerlos y, por obvias razones, castigarles. Así que ambos se hicieron a un lado para dejarse pasar.

—Oye, Teme —recordó—. ¿Te acuerdas de aquel tipo enorme que tenía los ojos como Hinata?

Sasuke pareció rumiarlo, hasta que pareció recordar.

—Algo. ¿Por qué?

—Era su primo. Está buscándole. Hoy la vi con su ficha abierta, pero está oculta y sin datos.

Sasuke silbó en señal fatídica y Naruto comprendió que su primer pensamiento podría ser cierto. Pero no había tenido corazón de decírselo claramente a Hinata, aunque sospechaba que estaba podría haberlo deducido.

Sasuke se detuvo.

—¿Has pensado que podría haber sido comprado por alguien que sea de alto rango y no pueda demostrar que tiene machos?

—¿Un tipo de monja o algo así? —cuestionó cruzándose de brazos y guiñando los ojos.

Sasuke bufó y rodó los ojos.

—Piénsalo mejor, dobe.

Y se alejó arrastrando los pies hasta cerrar la puerta del baño. Un momento después se escuchó el grifo y un suspiro de alivio. Lo que podía hacer una ducha de agua caliente…

Volvió en sí y caminó hasta la habitación. Hinata, quien hasta ahora le había desviado la mirada, estaba sentada en su lado correspondiente de la cama, junto a unos cojines que llegaban desde la cabecera hasta los pies. Un fuerte a base de almohadas.

Y no podía culparla.

Él siempre había sido un bicho durmiendo y si sabía que había calor a su alrededor tendía a aferrarse a lo que fuera. Almohadas, personas —sin importar el sexo—, y hasta estufas. El día que se quemó con una las mujeres gritaron y suplicaron al cielo porque no le quedara marca alguna. Aunque tuvo la suerte de que no, no dejaron de recordárselo por años.

Y ahora había vuelto a hacerla. Encima, con ella. Que era más delicada de lo que esperaba.

Cuando pensó que alguien le compraría, jamás imaginó a una chica tímida. Siempre había pensado que lo violarían hasta dejarle seco y hasta le pedirían más. Hasta reventarlo. Que seguramente lo lucirían como esas mujeres que no les importaba que enfermaran y tirar de sus partes como si de un buey se tratara.

Hinata estaría en todo su derecho de hacerlo si quisiera. Él no protestaría.

—¿Te has secado bien?

—Sí —respondió sin moverse del sitio—. ¿Prefieres que duerma en el sofá?

—No —negó ella palmeando su lado de la cama—. He puesto una barricada. Podrás abrazar los cojines que no pasará nada.

Luego, apagó la luz de su lado y le dio la espalda, cubriéndose con las sábanas.

Naruto se acostó en silencio, mirando al techo incluso después de haber apagado la luz, dejando que la oscuridad guiara su ver en infinitas ondas oscuras, deseando que el sueño le venciera, rendido a lo ineficiente que era.

—Sakura ha…

Dio un respingo al escuchar su voz. Tímida, casi tenue. Tuvo que enfocarse en ella para poder terminar de escuchar.

—… dicho que vosotros lo necesitáis. Que no sois como las chicas.

—¿El qué? —cuestionó sin comprender.

Ella se removió, como si luchara contra las sábanas de alguna forma.

—Eyac…

—Ah —interrumpió—. Sí. Es malo si se nos acumula. Pero tú estás en tu derecho de decidir —añadió.

—¿Cu… cuánto hace que no…?

Naruto lo sopesó. La última vez fue dos días antes de que le comprara. Generalmente, lo masturbaban cada vez que una clienta entraba y algunas veces era capaz hasta de soportar varias veces con tal de satisfacer a la esperada compradora. Pero siempre algo se torcía. Cuando llevaba tiempo sin ser el interés de alguna clienta, cambiaban. Lo querían libre, sí, pero que fuera capaz de responder si alguien se interesaba. No podían vender un género que no era interesante y duradero.

—Hace cinco días más o menos. Llevo tres aquí y dos desde antes que me compraras.

—En… entiendo. Y... ¿necesitas de una chica para ello?

Su voz sonaba más amortiguada, como si estuviera ocultando la boca contra la almohada.

—No —negó—. Aunque ayuda. En la tienda nos ponían a chicas atractivas o que pudieran atraernos sexualmente para ello. Pero cuando no era necesario nosotros mismos podemos. Es la base principal, ttebayo. Que nosotros conozcamos nuestro cuerpo. Es lo primero que te enseñan cuando ya puedes tener una erección y te han sacado de los brazos de tu madre.

No sabía exactamente qué pensaría ella entonces de todo. La verdad oculta tras cómo eran enseñados o cuando, no todas las mujeres querían saberlo. Incluso había conocido de machos a los que habían comprado y les mutilaban la lengua con tal de silenciarlos.

Pero cuando sintió los delgados brazos rodearle, para su sorpresa, por la espalda y la húmeda cara pegarse a su espalda, tembló. Hinata hipó y frotó su rostro contra su camiseta.

—Dios santo… habéis sufrido tanto… Odio que esto forme parte de la historia. Lo odio.

Naruto tragó.

—Los cojines… —recordó.

—Al cuerno los cojines —protestó soltándole y un instante después la luz de su lado le cegó—. Naruto, tienes permiso para aliviarte cuando quieras y decir lo que te pase. No voy a venderte de nuevo, llevarte al matadero o simplemente pensar en cambiarte. Estoy… estoy estudiando historia. Mi sueño es convertirme en profesora de historia, pero qué clase de horrorosa historia vamos a contar al futuro.

Naruto se rascó la nuca sin comprender y cuando pudo enfocarla, le sonrió, ignorante.

—No sé de qué me hablas exactamente. Desde que tengo uso de razón pasa estas cosas. Siendo adolescente veía entrar más niños y a hombres de cuarenta ser enviados al matadero porque ya no servían o atraían. Pocos eran los que lograban encontrar a una mujer con ese fetiche. Así que es lo que tiene que ser.

—No es verdad. No es lo que tiene que ser. No sé por qué te han metido eso en la cabeza —protestó sorprendida—. Eres un ser humano. No un animal.

Le acarició la mejilla como horas antes hiciera, con ternura, con una delicadeza que le trajo un vago recuerdo familiar.

—¿De acuerdo?

Naruto inclinó los ojos y se miró las manos.

—Como orde…

—¡No! —exclamó ella repentinamente. Le levantó la cara para que la mirase a la vez que se colocaba de rodillas—. No es una orden. Es un sentimiento.

No pudo contener la sonrisa ni la emoción. La abrazó con fuerza y ella expresó un gritito que quedó ahogado contra su hombro, hasta la escuchó reír y darle palmaditas en la espalda con cariño.

Él presionó sus dedos sobre la suave carne de su espalda y subió hasta su nuca, acariciando los suaves y largos cabellos. Era una mujer de tacto demasiado suave y su entrenadora siempre había explicado que eso sucedía especialmente en chicas que eran de buena cuna.

Se apartó lo suficiente como para mirarla a los ojos y le sonrió.

—Gracias, Hinata.

Luego ella parpadeó varias veces.

Y se desmayó.

Continuará...


*: Lo sé, es una palabra muy cochina la que he usado, mas aprovecho el morbo que el fic lleva: prostitución, venta de seres humanos, sexualidad, etc.