¡Finalmente!
AVISO: COCHINADAS!
Amor vendido
Complicadas
El placer está en tu mano.
Tómalo. Retuércelo. Disfrútalo.
Hazme llegar al cielo y caer.
Más.
Más veces.
Más.
Sakura fue la que abrió la puerta para dejar entrar a las dos mujeres y los dos hombres. Cuando Ino les había hablado de ellos no había dicho que ambos eran dos buenos especímenes. Hasta Shikamaru, al que había catalogado como un vago en la cama, no estaba mal. Aunque esa coleta no fuera lo más sexy. El hermano de Temari, sin embargo, era exótico. Pelirrojo y de ojos aguamarina.
—Bienvenidos —saludó haciéndose a un lado para que entraran—. Muchas gracias por venir, Temari.
La mujer lo descartó con un movimiento de la mano y se señaló hacia la mujer a su lado.
—Ella es Matsuri, mi cuñada.
La muchacha parecía de su edad y de sonrisa juvenil. Le estrechó la mano vivamente.
—Y estos son Shikamaru, mi hombre y Gaara, mi hermano y el hombre de Matsuri. Falta otro hermano, Kankuro, pero se ha quedado en casa con su mujer, que está embarazada. Es una chica —recalcó.
Sakura entendía lo importante que era eso.
—Ino me comentó que necesitabas algo de ayuda de nuestra parte. Ya que le debo algunos favores, no tengo problema. Además, es bueno que los chicos vean a otros machos para que no se vuelvan tan ariscos.
—Sí —confesó suspirando—. Pero no os quedéis ahí. Pasad y sentaros. Iré a avisar a Hinata y los chicos.
Mientras ambas mujeres se posicionaban en el sofá, Sakura fue hasta las habitaciones. Hinata leía sentada en su puff y Naruto permanecía sentado a los pies de esta, con la espalda apoyada contra sus rodillas mientras jugaba con un peluche en forma de zorro al que Hinata había nombrado Kurama muchos años atrás. Parecía algo incómodo.
—¿Han llegado? —cuestionó Hinata cerrando el libro.
—Sí. Están en el salón.
Hinata se levantó tras darle unas caricias en los cabellos a Naruto, quien se puso en pie a su lado.
Ella se volvió hacia el dormitorio. Sasuke estaba recostado sobre la nueva cama de matrimonio que habían traído esa misma mañana. Había sido tan sencilla de montar cómo la de Hinata y terminaron de colocar las sábanas en nada. Después de eso, le había dejado a solas y no había tardado en probarla.
Era enternecedor que cosas tan cotidianas como esas para ellos fueran un mundo maravilloso. Y era increíble mirarles y pensar que no habían vivido nada de aquello. Triste. Aunque claramente, ella había tenido que amortiguar las terribles ganas que le habían entrado de ponerse a saltar en la cama como una niña. Claro que, si lo reconocía, Sasuke era capaz de decirle que a simple vista iba a ser óptima para algo más que dormir.
—Sasuke —nombró. Él levantó la cabeza hacia ella antes de ponerse en pie como si acabara de haberle pillado haciendo algo malo—. Tenemos visita. ¿Puedes venir?
—Sí —respondió arreglándose la ropa.
Salió frente a ella totalmente engallado y se unieron a los demás. Hinata había sacado varias tazas de té y ya se escuchaba la tetera silbar.
Naruto se había acercado enseguida a los otros dos chicos y estaban sentados en la mesa del comedor hablando. Sasuke hizo una leve reverencia hacia las mujeres invitadas, que casi se lo comieron con los ojos, antes de unirse a ellos al confirmar con ella su disposición.
—Guao —exclamó Temari—. El moreno no está nada mal.
—Temari-san —regañó entre risas Matsuri—. No podemos negar que te gustan los morenos entonces.
Temari se encogió de hombros y esperó a que sirvieran el té para preguntar.
—¿Y bien? ¿Qué es eso que os preocupa? Ino me explicó por encima, pero como tiende a irse por las ramas, me tuvo al teléfono casi tres horas sólo para contarme cosas maravillosas de su espécimen.
Sakura apenas pudo evitar reírse.
—Ino-cerda realmente no cambia.
Hinata le dedicó una sonrisa amable.
—Verás… nosotras los hemos comprado hace poco —explicó Hinata ofreciéndoles azúcar—. Y nos asustamos cuando repentinamente comenzaron a discutir. No es raro que pase entre ellos. Cualquier chispa los enciende. Se lo comentamos a Ino y nos dijo que tú tendrías más experiencia en estas cosas por tener tres hombres en casa.
—Sí —confirmó Sakura—. También nos comentó que era normal porque ellos siempre querían ser el mejor para sus amas por temor a que los cambiemos o enviemos al matadero.
Temari se llevó la taza a los labios y miró por encima del hombro después hacia los hombres en la mesa. Naruto reía abiertamente, mientras que los otros apenas parecían poder seguir su ritmo.
—Quizás porque dos de ellos son mis hermanos y no tienen que marcar tanto terreno, pero sí hubo discrepancias cuando traje a Shikamaru conmigo. Mis hermanos se volvieron territoriales hacia él y de algún modo, creo ciertas incomodidades.
Se inclinó hacia ellas.
—Antes de que Matsuri apareciera en nuestras vidas, acostarme con Shikamaru era imposible. O que Kankuro encontrara a su mujer. Una vez, enterraron a Shikamaru dentro de la arena para niños que teníamos cuando éramos pequeños y otra vez, lo colgaron como si de una marioneta se tratara.
Sakura e Hinata intercambiaron una mirada asustadas.
—Es su forma de ser, como hombres que son —explicó Temari encogiéndose de hombros—. También afecta mucho el tema de ser el alfa. ¿Sabéis los lobos y esas cosas?
—Sí —afirmaron ambas a la vez.
—Pues es algo como eso y me da a mí que habéis metido a dos dominantes alfas en la misma casa.
—Eso me temo —confirmó Hinata frotándose los brazos preocupada—. ¿Se puede hacer algo?
—¿Qué tal cansarlos? —cuestionó Matsuri.
Temari clavó la mirada en ella, enarcando una ceja, haciendo que la muchacha enrojeciera.
—Sólo es una idea. Al fin y al cabo, cuando eso empezó a pasar cambiaron. Tú misma lo has dicho. Yo entré en la vida de Gaara y cambió. Dejó de enterrar a Shikamaru en la arena.
Temari suspiró y se frotó el cejo.
—Puede sonar a patarata, pero es bien cierto —concedió—. Necesitan agotarse hasta el punto de que no sientan ganas de pelearse cuando estén juntos. O distraerse. Dado que ya os tienen a vosotras para distraerse, podéis probar con lo de hacer que se cansen.
—¿Cómo? —se interesó.
Temari guiñó los ojos y Matsuri soltó una risita.
—Sexo, por supuesto —respondió la segunda recibiendo un codazo.
—Eso no hace falta que lo digas, Matsuri. Ellas ya lo saben de sobras. Sabrán hasta qué punto pueden aguantar ellas mismas. Pero si no es suficiente —añadió mirándolas—. ¿Por qué no os pilláis unas máquinas de correr o de ejercicios? No les vendrá mal tampoco para mantener su físico. Si solo comen, tienen sexo y duermen, terminaran poniéndose fofos.
Por supuesto, Temari no sabía que ellos no habían practicado absolutamente nada de sexo. Y si Sasuke y ella no, menos Hinata y Naruto. Tampoco habían llegado rumores de que pasara, así que podía apostar por ello.
A su amiga se le notaría en la cara, como siempre.
Aunque algo parecían haber madurado después de haber visto a Naruto tan sumiso y algo más alegre por los rincones. Como si no tuviera tanto miedo. Y sin embargo, ella lo máximo que había descubierto era que su macho había tenido una infancia dura y que sabía besar como un dios.
Hinata soltó un murmullo que obligó a las tres echarse hacia delante para escuchar. Entre las voces de los hombres y que ella parecía hablar a veces para sus adentros, costaba mucho escucharla con claridad.
—¿Qué has dicho? —cuestionó.
—Pregunté… si la parte del sexo es necesaria —murmuró.
Temari se echó hacia atrás al comprenderlo.
—Lo es. Así como llevar un registro de la cantidad de su semen y de cuántas rondas son capaces de aguantar. ¿Has comprado un macho sin comprender su uso? Espera… ¿No lo has…?
Hinata enrojeció hasta las puntas, negando repetidas con la cabeza.
—Hmm… eso ya es otra cosa —dijo Temari cruzándose de brazos—. ¿Tú tampoco?
—No —confesó rascándose la nuca.
—Increíble. ¿Tenéis a dos hombres de rango S con vosotras y los tenéis a pan y agua? ¿Ni siquiera les habéis tomado la toma de semen?
—Eso es algo vergonzoso de hacer, Temari-san —regañó Matsuri cubriéndose el rostro.
—Sea vergonzoso o no, es necesario. Si no completáis la ficha de vuestro espécimen durante un tiempo, tendréis un buen problema. Y os podrán quitar a los chicos incluso por mal cuidado. Por no contar que necesitan hacerlo.
Sakura se mordió el labio inferior con culpabilidad. Sabía por dónde iban tirando los tiros.
—Los han educado de forma que eyacular sea para ellos una necesidad natural. Más que para un hombre normal. No sé cómo podría explicároslo exactamente. El caso es ellos necesitan más veces de la norma general. Si no, se pondrán enfermos. Les dolerá un montón la acumulación.
—Él me dijo que… puede hacerlo por sí mismo… —balbuceó Hinata.
Sakura no supo en qué momento había pasado aquello, así que no pudo evitar mirarla con la boca abierta por la sorpresa.
—Sí, es correcto —afirmó Temari volviendo a echarse hacia delante—. Pero os juro que verlos es… muy excitante. Una vez lo probéis, querréis mirar siempre. Os lo garantizo.
Sakura miró hacia la espalda de Sasuke, quien se había apartado para quitarse de encima a Naruto, que lo amenazaba con pegarle un moco en la cara.
¿Acaso sería capaz de hacerlo? Observarle mientras lo hacía, le parecía algo sumamente intrigante, misterioso y… excitante hasta el punto de que aquel cosquilleo regresó a su vientre una vez más.
—Yo os confirmo que eso es cierto —se animó Matsuri—. Hinata. ¿Cierto? —Hinata afirmó—. Yo soy un poco como tú en esas cosas y he de reconocer que me afectaba muchísimo según qué cosas. Arrancar, vamos. Pero poco a poco fui avanzando y la timidez dejó de ser un problema. Ver a Gaara hacerlo es…
Dio un gritito y se echó hacia atrás, abrazando un cojín para taparse la cara. Parecía una chiquilla en el concierto de alguna cantante famosa.
Se fijó en el hombre en cuestión. Escuchaba las bromas de Naruto con una paciencia que parecía infinita. Era atractivo, ya lo había pensado antes, pero no podía imaginárselo desnudo o haciendo algo con su armamento entre las piernas. Sin embargo, si pensaba en Sasuke…
Los calores regresaban.
—Bueno, eso es lo que hay con ellos. Tenéis las soluciones ahí, así que o las tomáis o vais preparándoos para que os los quiten. Eso es todo cuanto puedo hacer por vosotras.
—Temari —llamó al ver que se levantaba—. Ino dijo que Shikamaru era vago en la cama. ¿Es correcto?
Se había atrevido a preguntar por curiosidad científica y para ver si su amiga podía ser tan acertada en todo como ella se creía.
Temari esbozó una sonrisa de medio lado.
—Ino es una buena mujer, corazón, pero te diré una cosa: cada pie necesita su zapato.
Comprendió y no volvió a preguntar.
Había aprendido gracias a sus clases que el cuerpo de las mujeres era muy complicado y que a veces no encajaban a la perfección con un hombre por más que lo intentaran. Shikamaru no había funcionado con Ino, pero sí con Temari.
Por eso, ella no funcionaba con otro hombre más que Sasuke, al parecer.
Aunque todavía no había probado en la cama.
—Temari —dijo Hinata—. ¿Cuánto tiempo pueden estar sin medidas?
—Poco. Sí o sí una vez a la semana como mucho. Si ya va a hacer una semana que no ponéis notas ni ellos hacen nada, vais a tener que tomar medidas. Son hombres, no lo olvidéis.
Ambas asintieron y se dirigieron con las demás hacia la mesa. Gaara y Shikamaru se levantaron a la vez y las ayudaron a ponerse los abrigos.
—Gracias por venir, Temari.
—No hay de qué. En realidad, no he sido de mucha ayuda. Aunque ya sabemos cuál es el problema para empezar a solucionarlo —respondió encogiéndose de hombros—. De todas maneras, tienes mi contacto, así que cualquier otra cosa o cuando quieras que ellos jueguen un rato, nos podéis llamar tranquilamente.
—Seguro que sí —aceptó Hinata estrechando la mano que Matsuri le había tendido mientras le daba ánimos.
—Oh, cierto. ¿No os dieron medidores? —cuestionó Temari antes de salir—. Debieron de dároslo con sus pertenencias.
Sakura recordaba haber visto algo parecido en su momento, pero no estaba demasiado segura ya que al final, fue Hinata quien se ocupó de ellos. La vio asentir mientras sus mejillas se tildaban de aquel color adorable.
—Bien, acordaros de usarlo. A veces nos empanamos y no nos da tiempo a ello. Pero si se lo decís, ellos se acordarán.
—Vale, muchas gracias.
Los cuatro se marcharon y el silencio reinó en la sala. Sakura e Hinata se miraron. Hinata enrojeció más. A veces parecía poseer diferentes niveles de vergüenza. Y era porque sabía el motivo de subida emocional. Ella misma se sentía con el corazón a mil por hora, pero al volverse, comprendieron que, si querían seguir teniéndolos ahí con ellas, iban a tener que esforzarse en ciertas cosas.
Hasta en tomar ciertas medidas.
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.
Hinata colocó ambos envases sobre la mesa, temblorosa, ante los ojos de ambos chicos que los miraron con interés hasta comprender. Sasuke fue el primero en levantarse.
—¿Dónde? —preguntó tras hacer una pausa.
Sakura dudó a su lado, tragando. Intercambiaron una mirada más y sintió que la cabeza iba a explotarle.
—Nuestro dormitorio, por supuesto.
Hinata asintió con la cabeza y tomó el frasquito a la vez que Naruto se ponía en pie. No podía mirarle a los ojos. Temblaba como un flan y cuando Sakura cerró la puerta tras que ambos entraran, se detuvo un instante ante la puerta de su dormitorio, sabiendo que Naruto estaba a sus espaldas, esperando.
Tomó aire y entró.
—¿Cierro?
—S-Sí —pidió.
Esperó a que lo hiciera y le tendió el botecito. Él lo tomó con sumo cuidado y esperó. Hinata no comprendió hasta que vio la duda en sus ojos.
—Ah, yo…
Apretó los labios, humedeciéndolos.
—Ponte… en la cama —ofreció—. C-creo que así estarás cómodo.
Naruto dudó.
—¿No tendrás problemas después para dormir? Si quieres, puedo hacerlo en el baño —ofreció. — ¿O quieres participar?
Negó con la cabeza y levantó las manos.
—No. Está bien. Por favor.
Si la presionaba más, iba a terminar por echar a correr.
Él no volvió a decir nada y caminó en silencio hasta su lado de la cama. Durante el día, la barricada se levanta y después de la noche anterior, había sopesado la idea de quitarla. Al fin y al cabo, ella misma se la había saltado antes de desmayarse.
Miró hacia las cortinas corridas para desviar su atención de él. Se había quitado la camiseta y desabrochado el cordel del pantalón, dejando a la vista la parte del bóxer. Tragando, caminó hacia ellas para cerrarlas.
—¿Hinata?
—Las… las vecinas podrían ver —explicó. Luego lo sopesó y empezó a bajar la persiana—. C-creo que será mejor a oscuras.
—¿A oscuras?
—S-sí —confirmó volviendo a tientas. Encontró el escritorio y se sentó —. Yo… necesito hacerte unas preguntas y si te miro a la cara, no podré hacerlo…
—Vale —accedió él.
Escuchó el colchón crujir cuando se sentó y notó que la vergüenza empezaba a hacerle un nudo en la garganta.
—Esto… te… ¿te es suficiente con un bite de esos? Quiero decir… Ay, dios —balbuceó llevándose las manos a las mejillas —. Ni siquiera sé cómo va esto o… cuanto echáis en una…
Gimió avergonzada, dejándose caer sobre el puff. Estaba muerta de vergüenza.
—Pues… —Escuchó el chasquido de la cinturilla del bóxer al bajarse —. Allí lo que hacían era masturbarnos varias veces frente a las clientas, pero cuando querían tomar nuestras medidas, lo hacían sólo una vez y nos dejaban un día sin hacer nada. A veces era doloroso.
—¿Qué? —masculló sentándose lo más recta que pudo —. Si te va a doler…
Le escuchó reír.
—Dolerá, pero no como crees —explicó —. Comparado a eso… esto es un alivio, ttebayo.
—No quiero que te hagas daño —dijo lo más autoritaria que pudo.
El sonido de su risa volvió a llenar la habitación.
—A la orden, señorita.
Iba a protestar por su formalidad, pero el tono de su voz detonaba humor. Luego, fue silencio. Hinata se mordió el labio.
—Llena sólo lo necesario —pidió amablemente.
Él gruñó en respuesta. Escuchó las sábanas crujir bajo su peso.
—¿Segura que no quieres mirar?
—Dios, no —exclamó cubriéndose los ojos pese a que no podía verle.
—Bien.
Hubo un momento de silencio.
—¿Has… comenzado…?
—Sí —respondió roncamente —. Hace un rato.
¿Mientras hablaban? Si hubiera sido una monja se habría santiguado.
Lejos de lo que conocía del consolador, los hombres eran un completo misterio para ella. La forma quizás no tanto, al fin y al cabo, el consolador era una representación del miembro masculino y, aunque no tenía ni idea de qué talla era, Sakura le había recomendado empezar por cosas pequeñas antes de aumentar el tamaño. Al final, no había terminado cambiándolo y empezaba a dudar de cómo sería él.
Del mismo modo que comenzó a preguntarse si apagar las luces realmente había sido lo correcto. Porque el sonido era más excitante al no poder ver.
Fricción. Gemidos. Roces húmedos. Siseos.
Tragó, abrazándose las piernas.
Apartó la mirada de sus rodillas para dirigirla hasta la cama. Sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y que la perdonaran, pero había empezado a vislumbrar la figura masculina.
Naruto estaba recostado contra el cabezal, con las piernas separadas. Su mano se movía por encima de su miembro. No podía verlo con claridad, pero no era necesario.
Ahogó un gemido en la boca que él expulsó entre dientes. A medida que el roce de sus alrededor del miembro aumentaba, su respiración se entrecortaba. La brusquedad con que lo hacía, o cuando se detenía en la base para bajar hasta sus testículos, la estremeció de los pies a la cabeza.
Apartó la mirada abanicándose.
Unos segundos después le escuchó tantear con el bote, emitir un gruñido ronco y llenar la habitación de jadeos. Ella misma se unió al percatarse de que había estado conteniendo la respiración.
Intentó moverse, ponerse en pie para salir de ahí, pero dio de bruces contra los pies de la cama.
—¡Hinata!
Él había levantado la cabeza hacia ella. Dejó el frasco sobre la mesita de noche y reptó por la cama hasta ella. No la tocó.
—Ah, mierda. Estoy sucio.
No, pensó, la sucia era ella.
Porque en ese momento más que nunca estaba excitada y sabía que aquel dichoso aparatito que tenía para aliviarse no sería lo suficiente para lo que deseaba en realidad.
Lo tenía frente a ella. Naruto estaba de rodillas y todavía no se había subido el pantalón. Podía ver que continuaba erecto.
¿Para qué diablos había apagado la luz y cerrado las cortinas y persiana si de todas maneras su visión iba a establecerse hasta el punto de notar sus formas?
Tampoco, si alguien le hubiera preguntado alguna vez que esa pregunta iba a salir de su boca, ella lo hubiera creído.
—Naruto… —murmuró.
—Dime —dijo él.
—¿Puedo tocarte?
Escuchó cómo retenía la respiración y cuando respondió, aquella afirmación había sido completamente casi una súplica.
.
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Aquella pregunta lo había descolocado por completo. No esperaba algo así y, desde luego, tampoco iba a negarse. No le habían educado para eso. Pero tampoco para desearlo como nunca en toda su vida.
Había necesitado con muchas ganas masturbarse y no le había sido difícil llegar a culminar. Puede que quizás ella no lo supiera, pero las persianas estaban preparadas para cubrir la cama, pero no del todo la parte donde ella había estado sentada.
Así que había sido completamente consciente de su escrutinio y eso le había ayudado como nunca a correrse. Se había permitido recrear una escena tras otra en su mente con ella y luego, al sucumbir, no cesaba de preguntarse si no habría sido descarado por su parte.
Al fin y al cabo, era experto en dejarse llevar por la efusión del momento siempre.
Pero cuando había preguntado si podía tocarle, su corazón había dado un vuelco y estaba completamente seguro de que hasta podría haberse corrido de nuevo. Tuvo que hacer su mejor esfuerzo para controlarse.
—Siempre —respondió.
Hinata emitió un gemido. Había querido levantarla, pero dudaba que ella se sintiera feliz con que un tipo que acababa de masturbarse la tocara. Así que simplemente se quedó quito, esperando.
Suponía que ella querría tantear su cuerpo, tocar su vientre marcado o subir por su torso. Quizás quisiera bajar más abajo y…
Cerró los ojos para contener las pulsaciones y los deseos de correrse una vez más.
Hinata se movió inesperada. Tan rápido que no fue capaz de reaccionar hasta que le atrapó.
¡Y por todos los huevos que había en la nevera! Que Dios los tuviera en su gloria. Porque los suyos se los acababan de partir.
Vio el mundo girar a su alrededor y caer hacia atrás.
Había sufrido muchas vejaciones a lo largo de su vida, pero siempre se habían asegurado de que el género no se hiriera de más ahí. Y le habían preparado para aguantar cierta dosis de dolor. Un dolor que tendría que resultar placentero… no un cascado de huevos.
—¡Oh, dios mío! ¡Naruto!
Le dio la espalda, encogiéndose y cubriéndose sus partes. Sintió sus manos en su espalda, intentando girarle.
—Lo siento, lo siento muchísimo —exclamó pegando su frente a su brazo —. No estoy acostumbrada a estas cosas. ¿Quién me manda a mí a tocar lo que no debo? ¿En qué estaría pensado? ¡No debí de hacerlo!
—No —negó entrecortadamente —. No se trata de eso. No sabes cómo hacerlo… no es culpa tuya.
—Es mi primera vez —confesó angustiada —. Pensé que era tan duro como mi… quiero decir… yo… —balbuceó.
Naruto comprendió. Recordaba el aparato que había encontrado el primer día. Sasuke le había dado una colleja cuando le habló de ello y tras darle una pista, recordó de qué se trataba.
Se quedó mirando la pared por un momento. Los odiaba a muerte. Especialmente, porque lo habían probado con él. Con Sasuke también, porque lo pasaron juntos. Había sido doloroso y descuidado por parte de sus entrenadores. Pero a las mujeres les gustaba. Él lo había bloqueado de su mente como si jamás hubiera pasado.
Claro que una cosa no era parecida a la otra.
Le sostuvo la mano antes de que huyera, volviéndose hacia ella.
—¿Me dejas que te muestre cómo?
Pensó que correría o que gritaría. Podría hasta castigarle por su atrevimiento. Por eso no esperó que cabeceara afirmativamente.
La vio cambiar la postura para arrodillarse a su lado. Estaba tensa y su mano ya estaba rígida en la suya.
Se puso boca arriba y la colocó sobre su vientre, dándole tiempo y oportunidades. Ella sólo se lamió los labios.
Bajó un poco más.
Los abrió lentamente.
La punta de sus dedos rozó la mata de rizos rubios. Evitó adrede la punta y el tronco, bajando lo más que pudo y volvió a subir lentamente. Esa vez, no la esquivó.
—Piensa que me acabo de correr —avisó.
Hinata no se movió más que para morderse los labios.
Esta vez, sí llegó a la punta e hizo que fuera rozándole poco a poco hasta que ahueco su miembro dentro de su palma y la cerró con cuidado, indicándole la cantidad de presión a ejercer.
—Ni demasiado ni poca —explicó ronco.
Bajó más hasta la base para que pudiera sentir sus testículos.
Ella tuvo que inclinarse más hacia su altura para hacerlo y notó que desprendía calor, le costaba respirar y podía asegurar que por la forma en que apretaba sus muslos, estaba excitada.
Le habían educado para notar eso.
Le soltó la mano para darle más confianza. Todavía estaba algo dolorido, pero el dolor menguaba a medida que sentía la mano femenina. Hinata no la había retirado cuando la dejó a solas. Es más, parecía estar cada vez más atraída, curiosa por ello.
—Es… sorprendente… —farfullo —. No hace falta humedecerlo con mi boca. Mis dedos se humedecen contigo mismo y…
No logró reprimir el gemido. Ella dio un brinco y cuando quiso apartar la mano, la retuvo.
—No me haces daño —aclaró rápidamente —. Si sigues… volveré a hacer lo mismo que antes.
Ella tragó. Notó la duda por su cuerpo. La curiosidad y el miedo.
—Si… si te dejará ahora así…
—Sería una tortura —aseguró —. Pero, recuerda que eres tú quien decides en mí.
—Ya te dije que… —protestó —… que eras… libre de…
Sus dedos rodearon la punta y el pulgar rozó por encima. Aquello fue mortal. Como un golpe directo directo.
Jamás se había corrido tan rápido en las manos de una mujer. Generalmente, tardaba su tiempo. Muchas veces hasta tenía que fantasear a su modo para no recibir el castigo de después.
—Lo siento… yo —musitó cuando pudo controlar su respiración.
Pero ella no le prestaba atención. Estaba más concentrada en descubrir que era aquello que había manchado sus dedos y parte de su pecho. Lo frotó entre sus dedos y hasta lo olisqueó. Estaba a punto de llevárselo a la boca.
Tuvo que apartar la mirada o iba a terminar necesitar aliviarse una vez más.
—¡Dizz!
La miró.
Su gesto se había torcido en una mueca amarga. Apenas pudo reprimir la carcajada.
—Tenía que haberte avisado de eso —dijo limpiándola con su camiseta, que estaba más a mano —. Lo siento.
—No… es decir… no es que sea… pero… tampoco es…
—Lo sé. A muchas les pasa la primera vez que lo prueban. Entre otras cosas —explicó —. Lo único que puedo decirte que nuestra vendedora lo que hacía era darnos alimentos o vitaminas que ayudaban al sabor cuando alguna clienta que le gustaba probar iba a ir. Se anticipaba. Dijo que durante el tiempo que el mundo era tiempo, los hombres habían podido ser capaces de regular eso.
Ella pareció interesada. Luego recordó que le había dicho querer ser una profesora de historia.
—Buscaré eso —dijo para sí misma.
Naruto se apoyó sobre las palmas. Preguntándose si querría más de él. O si le permitiría aliviarla.
—¿Estás bien? —cuestionó —. ¿Puedo encender la luz?
Ella dio un gritito, girándose. Lo supo porque parte de sus cabellos le dio en la cara y tuvo que cerrar los ojos.
—N-no… seguro que estoy haciendo una cara muy rara…
Naruto lo dudaba. Le puso las manos sobre los hombros. Ella tembló y las apartó por si acaso. Decidió dejar su barbilla apoyada sobre su hombro.
—No. Estoy seguro que lo que ocurre es que estás excitada, ttebayo.
La escuchó soltar aire, nerviosa.
—Eres una mujer, Hinata. No un mueble. Tienes que tener deseos y has estado tocando a un hombre.
Ella se puso en pie de golpe.
—Hasta ahora he estado bien sin un hombre. P-puedo seguir. Yo sé cuándo lo necesito y…
Carraspeó.
—Ves a la ducha —ordenó extendiendo el brazo hacia la puerta —. Y-yo rellenaré los datos.
Naruto obedeció. Recogió la camiseta, se subió los pantalones y salió.
Estaba completamente seguro. Ella no era inmune a él.
Y tampoco él era inmune a ella. Más allá de lo que le hubieran enseñado.
.
.
Sasuke miró el bote vacío por sexta vez. Ella continuaba en la silla, de espaldas a él mientras tecleaba algo en el ordenador. Continuaba buscando algo que él no terminaba de entender exactamente.
Creía que habían ido ahí para llenar ese frasquito y quizás, para algo más. No había esperado que, tras cerrar puerta y cortinas, ella se entretendría en buscar en ese dichoso aparato.
Cuando le preguntó si lo hacía por su cuenta, ella le dijo una claro no por respuesta.
—No quiero perderme algo tan emocionante —añadió antes de empezar a escribir.
Empezaba a estar algo harto.
Se echó hacia adelante para poder ver la pantalla y se quedó estático. ¿Por qué no se había asomado antes?
—¿Qué estás haciendo?
Sakura dio un respingo y extendió las manos con intenciones de cubrir la pantalla. Un esfuerzo inútil, porque ya lo había visto. Eran imágenes cortas de hombres masturbándose.
—¿Por qué lo buscas ahí si voy a hacerlo? ¿Quieres que lo haga de alguna postura en concreto?
—No, no, no —negó firmemente. El rubor había subido a sus mejillas, cubriéndolas de un rosa precioso —. No se trata de eso. Es que…
Tomó aire, apartando las manos y dándole la espalda a la pantalla.
—He estudiado perfectamente la anatomía masculina como la femenina. Sé más cosas de las que Hinata sabrá, por ejemplo, pero en cuanto a práctica… Llevan manos a clases para que veamos como son, así que no es que sea el primero que vea. Sin embargo… nunca he visto ninguno siendo… ya sabes.
Sasuke no comprendía del todo a qué se refería.
—Me refiero que nunca he estado cerca de uno y que vaya a ser… fruto de una masturbación. Vamos, que lo mínimo que sé de sexo es lo que he leído en esas novelas y lo que acabo de ver.
Miró de reojo hacia atrás.
—Tú vas a… ¿Frotarte de ese modo?
Sasuke suspiró.
—Depende de lo que quieras. En teoría he de llenar el bote. ¿No?
—Sí, cierto —recordó dándose toques en los labios —. El bote… es para eso.
Se llevó las manos hasta la cintura y las levantó tirando de la camiseta. Lentamente. Quería sus ojos concentrados en él, no en la dichosa pantallita. Iba a mostrarle en primicia cómo era un hombre de carne y hueso y las cosas que sucederían.
Dejó la camiseta a un lado y se llevó las manos al cinturón. Ella se adelantó, tomándole la hebilla y quitándoselo para sostenerlo. Al principio pensó que le fustigaría con él, pero se lo quedó para apretarlo entre los dedos.
Continuó, bajando los pantalones hasta los tobillos y quedándose en bóxer. Se pasó una mano por encima de la tela, remarcando su masculinidad, frotándose lentamente, como si la hipnotizara.
Su sexo fue tomando forma lentamente hasta que quedó completamente marcado bajo la tela. Separó las piernas.
Metió la mano dentro.
Lo aferró entre sus dedos para acariciarse.
—Quiero ver — suplicó comiéndoselo con los ojos.
Sasuke deslizó el bóxer hacia abajo un poco más, dejando ver la punta humedecida. Tiró más hacia abajo, lentamente, torturándola con su visión hasta que finalmente los tuvo por debajo de sus testículos. Los bajó del todo y dejó expuesta su masculinidad.
Sakura ahogó un gemido, inclinándose un poco hacia delante. No sabía bien si era curiosidad científica, pero sus ojos brillaron con el hambre que una mujer poseía. Una que había visto en muchas anteriormente, pero opacada con una dulzura de inocencia que le sorprendía.
Se acarició los testículos, apretándolos y retomó el rumbo desde la base a la punta, dando pequeñas fricciones de arriba abajo. Se detuvo en la punta, pasando el pulgar por encima y humedeciéndose la palma para bajar más.
En un instante, su miembro quedó húmedo, hinchado y enrojecido. La piel se deslizaba para volver a su lugar y la tensión aumentaba a medida que el ritmo también.
Se inclinó para asir el bote entre los dedos, sin detener su mano. No era la primera ni la última vez que tenía que hacerlo, así que estaba acostumbrado a eso.
Ella apartó la mirada para clavarla en su rostro, a sus ojos. Cuando gruñí y los entrecerró, volvió a deslizarlos y vio con sorpresa cómo eyaculaba dentro del bote. Era frio, asqueroso y molesto. Algunos de los hombres que los cuidaban se habían quejado alguna que otra vez, demandado que sería más sencillo si les dieran juguetes en forma de sexo femenino. Recibieron latigazos por, según su vendedora, rebeldía y ofensa al género femenino.
Le entregó el bote, sentándose en la cama. Se pasó una mano por la barbilla para limpiarse el sudor y utilizó la camiseta para limpiarse los restos de su sexo.
Sakura dejó el bote tras mirar las medidas.
—¿Una vez es suficiente?
—Sí.
—Bien.
La vio cerrar la pestaña de gifs y abrir su ficha. Tras adentrar sus datos, una nueva pestaña de aviso apareció.
—Gracias por su información. Por favor, asegúrese de enviarnos más detalles la próxima semana —leyó —. Por favor, responda el test antes de marcharse.
Clickeo en una flecha para darle a siguiente y otra pantalla se abrió con un test rápido.
Varias preguntas acerca de su "utilización", "método" y "forma". Sakura la respondió impasible y al terminar, cerró. Dio unos toques al bote con su índice y luego le miró.
—¿Cuántas veces podéis hacerlo al día? —cuestionó.
—Eso depende.
Ella enarcó una ceja.
—Explícame más.
La curiosidad de esa mujer a veces lo asustaba.
—Depende de la dieta que sigamos, el ejercicio y el entrenamiento que hayamos recibido o cuánto tiempo llevemos sin tener sexo o como en este caso, masturbarnos. Llevamos sin nada de sexo desde que nos comprasteis, así que creo que podría aguantar perfectamente los asaltos de una principiante.
Sakura hinchó los mofletes, molesta.
—Perdona por ser una principiante —gruñó sarcástica.
Sasuke no comprendía su enfado.
—Claramente, una mujer que es primeriza no va a soportar el mismo trajín que una experimentada.
—Espera —calló levantando una mano —. ¿Piensas que soy virgen?
Dudó.
—¿No es así?
—Claro que no —espetó ofendida. Se levantó para abrir el primer cajón de la mesita de noche para sacar un consolador —. Con esto perdí mi virginidad. Bueno, no éste en concreto. Me refiero… ¡Ya me entiendes, demonios!
Sasuke miró el consolador agriamente. No por ella, si no por los recuerdos que le traían a la mente.
—Eso no es lo mismo que sentir a un hombre —recalcó —. No vas a gastar la misma cantidad de energía con un consolador que conmigo.
Sakura miró el consolador y hacia sus caderas.
—La forma es básicamente parecida.
Él negó con la cabeza y se puso en pie, superándola en altura. Ella dio un paso atrás al no esperárselo. Se detuvo, dudando si eso sería bueno o no.
Sus labios no se abrieron en una negativa, así que avanzó más y aferró la muñeca de la mano que sostenía el objeto, haciendo que bajara hasta su pecho. Ella le miró con curiosidad. Lo pasó por encima de uno de sus senos, demorándose un instante hasta que vio el pequeño botón resaltar bajo la ropa, y descendió hasta su cintura.
Levantó los ojos hacia ella, bajando más hasta que lo coló entre sus piernas. Ella las cerró, sorprendida, dando un respingo.
—Oye… qué… —masculló.
Él lo movió, usando la mano femenina bajo la suya, acariciando por encima de la ropa. Delante atrás. Delante atrás. Presionó en la zona más intensa hasta que logró que escapara un gemido de su boca. Retirándolo.
—Has usado tu mano, tu brazo —dictó acariciando las zonas. Dio un paso más y pegó sus caderas a la de ella.
De la sorpresa, se aferró a él, clavándole las uñas en el brazo izquierdo. Desplazó esa misma mano hasta la espalda femenina y metió un pie entre los de ellas, profundizado la unión de sus caderas hasta el punto en que su miembro ocupó el lugar donde anteriormente había estado el vibrador.
—Ése aparato tiene autonomía para moverse por sí solo una vez dentro de ti —continuó oscilando sus caderas, rozando su entrepierna con la de ella —. Aquí, sin embargo, vas a moverte tú.
Empujó suavemente sus caderas y ella obedeció, arqueando su cuerpo, volviendo hacia atrás a la par, imitándole en su baile, cerrando un poco más sus piernas para apresarlo, para sentirlo.
—Aquí, conmigo, con uno de verdad, vas a tener que moverte, que recibirme, que desearme. Pedirás más. Porque quieres más. ¿Verdad?
Ella cabeceó. Tenía la mirada nublada y los labios entreabiertos.
—¿Qué quieres que haga? —ronroneó —. Tú no eres tan tímida como tu amiga. Conoces mejor tu cuerpo. ¿Qué hago?
—N-No pares —suplicó.
Esa vez, ella movió las caderas por sí misma y su sexo rozó más profundo. Guiñó un ojo al notar el roce ardiente de la ropa.
Se detuvo pese a eso. La miró.
—N-no…
Miró hacia sus pantalones y tiró de ellos, haciéndolos caer. Ella dio un respingo y ahogó un grito contra su hombro. Temblaba.
—El pantalón estorba —explicó —. Lo haré sobre la ropa interior. ¿Sabes que va a pasar lo mismo que en el bote?
—Sí —reconoció turbada.
—¿Quieres que pare?
—No —negó con firmeza —. Hazlo.
Cabeceó una afirmación y nuevamente, volvió a acercarla a él, ahuecándose entre sus piernas. Ella ronroneó básicamente, frotándose contra él como respuesta. La ropa interior era más suave y húmeda cada vez más. Podía sentir cómo se pegaba a las formas femeninas y como su sexo buscaba el lugar correcto, la cueva de la felicidad.
Se detuvo en buscar el lugar exacto, en presionarlo contra su punta, en abarcar hasta el final, sintiendo su vientre chocar contra el contrario y cómo lo buscaba cuando se alejaba.
Se estremeció contra él, con la respiración cada vez más agitada y los ojos brillantes. Su boca se abrió y su lengua apareció por un instante. Después, llegó el gritito ahogado en bocanadas mientras su cuerpo se sacudía y sus ojos se cerraban.
Había visto a muchas mujeres llegar al orgasmo. Era la primera de la que no podía apartar la mirada, mientras se retorcía contra él y aferraba como si de un salvavidas se tratara.
Se movió un par de veces más hasta buscar su propia liberación. Sakura abrió los ojos de par en par al notar su simiente entre sus piernas y humedecer su ropa interior. Tardó en recuperarse y, mientras lo hacía, se dejó caer sobre la cama, sujetándola de las caderas para que no cayera. No se sentó sobre él en busca de más.
Más bien, parecía estar a punto de entrar en pánico.
Tenía los ojos muy abiertos y su cuerpo apenas se movía.
¿Acaso se había pasado? ¿No había sido ella quien le había pedido que continuara? Quizás sólo quería buscar su propio placer y no el de él.
Agachó la cabeza y cerró los ojos, dispuesto a recibir el castigo.
Sakura sólo se movió para colocar una mano sobre su cabeza. Una caricia tierna que no esperaba.
Después le dio la espalda.
—Por favor, ves a la ducha si está libre —dijo tan sólo.
Él tomó la ropa y se subió los calzoncillos para salir.
Justo cuando iba a entrar, Naruto salía, con una toalla en la cabeza y el cejo fruncido. Al parecer, no había ido mucho mejor que él.
—Complicadas —le susurró antes de marcharse.
Sasuke no pudo evitar darle la razón.
Continuará...
Ehm... no tengo mucho que decir... ehm.. ¿Lo disfrutaron como para no odiarme? 8D
pd: Procrastinación, espero que te suene lo de la imagen xD.
PD2: ¡Gracias por leer y los rw hermosos!
