Amor vendido.

Lo perdido y lo ganado

No ceses de buscar que un día aparecerá

Si esperas, una sonrisa resplandecerá.

Otra puerta se abrirá.

.

Sakura dejó que el agua acariciara cada recoveco de su rostro y aun así, no sintió que el calor que emanaba en ella se apaciguara. Movió el cierre hacia el lado más frío, preguntándose sí así ayudaría en algo. Pero no. Cada vez que cerraba los ojos lo veía y su cuerpo se estremecía una vez más por el recuerdo, por la necesidad que no había conseguido aplacar y que por un momento le había dado miedo.

Sasuke era aún más increíble de esa forma. No podía negar que fuera un buen espécimen.

Había comenzado como curiosidad y necesidad para su historial y había terminado como algo que se le escapaba de las manos.

Desde luego, podía confirmar que los gifs no eran nada semejante a un hombre frente a sus narices, masturbándose, llenando la habitación con sus siseos y provocándola tal calor en el cuerpo que ni siquiera se iba con agua fría. El miembro masculino perdía mucho en las cámaras o quizás era que Sasuke era especial. Tendría que preguntarle, por supuesto, como fines científicos como doctora que iba a ser.

Pasó su mano por encima de su vientre, bajando hasta aquel recoveco femenino. Acarició los rosados rizos y se detuvo ahí donde comenzaba a separarse. Sasuke había metido su miembro entre sus piernas, rozado contra sus pliegues y le había provocado un orgasmo fulminante que ni siquiera el dichoso consolador había sido capaz de otorgarle.

Y, dios, de sólo pensar que podría haber profundizado más, que podría haberla poseído ahí mismo, su vientre entraba en un letargo de llamas que palpitaba en la zona más sensible de su cuerpo.

Y luego, él había… Sí. Fue extraño. Escandalosamente mezclado entre la satisfacción del conocimiento y el placer y el terror y el asco dado su educación.

¿Por qué nunca le habían explicado lo que se sentía cuando un hombre eyaculaba sobre ti? ¿Cómo sería dentro? Sí, su madre jamás le había dado una charla sexual. No la encontraba necesaria. Y sus clases de la universidad no le habían otorgado esa oportunidad conocedora. O quizás, es que Sasuke era diferente.

Tampoco podía comparar más que con su aparato a pilas. Y debía de reconocer que había sido mucho mejor y de sobras.

Del techo, la luz de advertencia de gasto de agua se encendió. Dio un respingo y cerró el grifo, saliendo. No servía de nada estar bajo el agua si seguía pensando en todas esas cosas.

Sabía que Hinata debía de estar igual por el rostro que había puesto cuando se habían cruzado por la mañana el pasillo. No sabía bien cómo habían pasado la noche ellos, teniendo en cuenta que la chica era muy vergonzosa.

La suya, sin embargo, había sido muy tensa y rara. Compartir una cama era algo extraño. Siempre se lo había parecido. Al fin y al cabo, estabas compartiendo tu espacio con otra persona y aunque casi siempre había sido con chicas, Sasuke no era lo mismo.

Al principio, lo había mirado con duda, como si fuera a dejarlo fuera. Cuando dio unos golpecitos en la cama invitándolo, saltó fácilmente dentro de ella y se recostó de espaldas a ellas tras preguntarle si iba a querer usarlo.

Sakura se había negado tapándose la cabeza, con los calores por muchas partes de su cuerpo. Sasuke se quedó dormido enseguida, de espalda a ella y sin arroparse. Sakura se volvió lentamente y aprovechó el momento para observarle.

Al menos, hasta que se quedó dormida para despertar con él rodeándola con un brazo y su cara demasiado cerca. Roncaba y olía de maravilla. Era curioso como el mismo champú mezclado con el olor propio podía cambiar el aroma.

Pero había tenido que levantarse y darse una ducha al instante, para nada. Descubría que continuaba demasiado sensible en lo referente a él.

—Al menos, ya hemos rellenado el dichoso bote y los datos —murmuró secándose el cabello con la toalla y mirándose al espejo.

Había leído que las mujeres solían cambiar bajo la mano de un hombre. No lo comprendía exactamente y tampoco entraba dentro de su ciencia, así que algo se le escapaba. Lo único que recordaba era que su cuerpo se había amoldado al masculino y que las manos de Sasuke parecían perfectas para encajarse en los puntos en que lo hicieron.

Manos grandes, por cierto.

Se miró el busto, pensativa. ¿Quizás si él los tocaba cambiarían? ¿Cómo se sentiría que lo hiciera más a fondo, con mucha dedicación? El primer encuentro había sido apenas, aunque lo suficiente erótico como para que su cuerpo reaccionara.

¿Cómo se sentiría su boca sobre ellos?

Sacudió la cabeza y se dio unas palmadas en la mejilla.

Era suficiente. Si continuaba con esos pensamientos perversos iba a terminar realmente mal.

O sin salir del cuarto de baño y acaparándolo de forma que los demás se preocuparían demasiado o yendo en busca de Sasuke. Y ninguna de las dos era demasiado buena a esa hora.

—¡Sakura-chan!

La voz de Hinata llegó desde el salón. Tras ponerse el batín y abandonar la bata en el cesto de la ropa, salió. Estaba en la puerta de entrada, en pijama, con el cabello alborotado por la almohada y miraba sin comprender unos papeles que sostenía entre sus dedos.

—¿Qué ocurre? —cuestionó acercándose. Hinata le tendió uno de aquellos papeles.

En la puerta, un vigilante oscilaba en el pasillo en espera.

Miró el papel, leyendo atentamente.

—Ah, vaya.

—¿Qué es? Ni siquiera conozco esa palabra.

—Tranquila. Tú firma. Después te lo explico.

Extendió la mano y aferró el sello con su apellido que colgaba del quicio de la puerta, sellando la nota y entregándosela al vigilante. Hinata la imitó y después, ambas se miraron. Sakura le sonrió con tranquilidad.

—Iré a buscarla en el diccionario —murmuró Hinata.

—No lo necesitas —negó—. Es necesario para ellos. Nosotras vamos a ginecología y ellos a urología. Es sencillo.

Hinata abrió la boca como un pez. Por un instante, estuvo tentada a pellizcarle las mejillas de lo adorablemente rojas que se pusieron.

—Tenemos cita programada para ellos y también para nosotras. La nuestra nos la organizaron sin nuestro consentimiento, así que no esperaba menos que hicieran lo mismo hacia ellos. La diferencia es que es un trámite legal muy diferente. Ya que ellos son hombres, deben de ir a un especialista concreto. A las mujeres no nos dejan tomar esos lugares en medicina, pero sí nos lo enseñan de pasada.

—¿Quién lo hace entonces?

—Un hombre. Es la única medicina que le dejan tomar y siempre está bajo vigilancia. Sólo trata a hombres, por supuesto y nunca cambia de turno con nadie hasta que se jubila.

Hinata arrugó la nariz al entender qué quería decir con la jubilación.

Suspiró.

—Como sea. Por suerte tienen el mismo día y ninguna de las dos tiene que ir a clases. Así que no habrá ningún tipo de problema.

—¿Nosotras entramos a esa consulta?

—Que yo sepa, no —sopesó—. Porque prefieren dejar en la incógnita el rostro del médico. Como imaginarás, tiene un ama y no creo que esta quiera que se sepa quién es la que ha pagado estudios a su macho.

Hinata asintió con la cabeza.

—Pero, espera. ¿No te daban educación sexual de hombres?

—La básica —respondió azorada. Claramente, nada de lo que Sasuke había hecho se lo habían mostrado en la universidad—. Te digo que es una asignatura que sólo vemos de pasada. En realidad, los hombres están ahí para que veamos la diferencia entre ellos y nosotras.

—Comprendo.

—Si queréis conocer más diferencias, sabéis que estamos nosotros. ¿Verdad?

Ambas se volvieron hacia el pasillo.

Naruto asomaba la cabeza con curiosidad, despeinado y bostezando ruidosamente tras hablar. Sasuke estaba detrás de él, con el cejo fruncido y mirando sus hombros, como si esperase que por la fuerza de su mirada fuera a dejarle pasar.

Ambas dieron un respingo.

—¡No es necesario! —respondió bufando—. Iré a vestirme.

Hinata se vio a solas con los chicos, dio un respingo, siguiéndola.

—Yo a ducharme. He de ir a la universidad hoy.

Sakura se detuvo en seco.

—¿Qué? ¿Me toca entonces cuidar de ellos hoy?

—Sí —confirmó Hinata mirando el reloj—. Y he de darme prisa.

Se metió en el baño antes de que pudiera si quiera protestar. Decidió que mirar la puerta no serviría de nada y que Hinata ya se había quedado a solas con ellos anteriormente sin que fuera el fin del mundo. Podría sobrevivir a ello.

O eso esperaba.

Porque cuando Hinata se marchó, Naruto entró en un bucle de ansiedad.

—¿Seguro que ha ido al sitio ese que llama universidad? ¿Qué eso, por cierto? ¿Hay más hombres, ttebayo?

Sakura se había quedado con la boca abierta por un rato antes de darle un buen pescozón. No podía, pero al cuerno. La tenía de los nervios.

—Ha ido a estudiar. Ambas somos estudiantes de universidad en nuestro último año. Si logramos sacar todo, estaremos más tiempo en casa. Y claro que hay hombres en la universidad. Están los sujetos de prueba para medicina, aquellos que usan para arreglar asuntos de carga y los que sus dueñas llevan consigo para no dejarlos a solas en casa.

Intentó darle un buen resumen de qué consistía la universidad, pero Naruto guiñaba los ojos sin comprender y hubiera pensado que era sólo cosa de su idiotez, si no fuera porque Sasuke básicamente tenía una ceja alzada mientras intentaba comprender cada cosa que les contaba.

—Y ya que estamos hablando de todo un poco, ttebayo —dijo repentinamente Naruto rascándose la nuca—. Nos han educado para comprender a las mujeres sexualmente, pero no comprendo del todo por qué cuesta tanto. Es decir, generalmente cuando nos compráis es para poseernos y sin embargo, vosotras no queréis sexo rápido. ¿Es que nosotros hacemos algo mal?

Sakura estuvo a punto de caerse del sofá.

—No sé a qué te refieres exactamente —trató de dispersar la conversación ofreciéndole más pan de la mesa.

—Por ejemplo —continuó él aceptando el pan—, ayer visteis cómo lo hacíamos y aunque ambas estabais excitadas, huisteis de cualquier tipo de sexo posible.

Sakura desvió la mirada hacia Sasuke, quien comía de forma indiferente pese a que, claramente, tenía la oreja puesta en el tema. Le habría gustado que con la mirada entendiera lo que estaba pasando, pero parecía más interesado en sus tallarines que en ella.

—Sólo hicimos algo necesario para vosotros —respondiendo restándole importancia—. Estáis bajo nuestro cuidado. Todavía hemos de aprender muchas cosas, sí, y vamos sobre la marcha.

—Lo comprendo —aceptó Naruto cabezonamente—. Sin embargo, nos han educado para dar placer a nuestras amas y no lo hemos logrado.

—Habla por ti, Dobe —gruñó Sasuke clavando la mirada en ella.

Sakura sintió que los calores regresaban. Apretó los palillos entre los dedos con tanta fuerza que estos se rompieron.

—¡Vale ya del tema! —ordenó—. Esa charla tenla con Hinata cuando regresa. Ella te dirá por qué sí y por qué no. En cuanto a ti, grandullón, levanta el trasero. Hemos de hablar. Naruto, recoge la mesa cuando termines.

Se puso en pie para caminar a zancadas hasta el dormitorio. Sabía que Sasuke odiaba dejar el plato a medias de comida, pero igualmente la obedeció.

Nada más que entrara, cerró la puerta a su espalda y casi lo empujó más al interior de la habitación.

—¿Qué diablos me he perdido? —cuestionó cruzándose de brazos porque no tenía ni idea de dónde poner las manos—. ¿Es que os lo contáis todo?

Sasuke dudó por un instante.

—Nos intercambiamos información.

Sakura no sabía si abofetearle o qué. Tampoco entendía por qué sentía esa clase de ofensa. No era raro que las mujeres se lo contasen todo, es más, estaba deseando quedarse en el sofá con Hinata y charlar mientras tomaban un café o té de toda esa locura.

Y, sin embargo, que Sasuke fuera por ahí proclamando las cosas con Naruto la enfadaba.

Se frotó los cabellos, confundida.

—Necesito que definas eso mejor —demandó apoyándose contra la pared.

Sasuke pareció sopesar antes de responder.

—Sois complicadas. Ambas. Hasta ahora sólo hemos conocido mujeres que fácilmente se han entregado o han querido todo de nosotros. Es la primera vez que hago lo que hicimos ayer sin que me monten o quieran más. Por lo visto, Naruto igual. Sois confusas.

—¿Y? —apremió.

—Naruto y yo intercambiamos opciones. No queremos ir al matadero o de nuevo a la jaula.

Clavó sus ojos oscuros en ella y aunque su voz sonó lenta y forzada por el esfuerzo al hablar tanto y expresar esas partes que lo aterraba de algún modo, Sakura supo que no mentía.

—Es aterradora la idea. Por ello, hemos de comprender y pensar qué hacer para que estéis satisfechas sexualmente.

Hubo un momento de silencio en el que trató de calmarse.

—Vale —comenzó tomándolo de la mano para que se sentara a su lado a los pies de la cama—. Tenemos que hablar de esto muy seriamente, pero no quiero que te lo tomes como algo de regaño o una orden explícita. Sólo quiero que lo comprendas y que cierta parte te la metas bien en la cabeza.

Sasuke frunció las oscuras cejas. Claramente, con toda su atención puesta en ella.

—Hay cosas que… —se ruborizó sin poder evitarlo—, me gustaría que no le contaras a Naruto. Porque son cosas entre nosotros dos. Estamos educadas de un modo muy diferente a las mujeres que hasta ahora han ido a buscaros con la idea de compraros, darse un festín con la vista o lo que esas locas mentes depravadas estuvieran pensado.

Se aseguró de que él iba entendiéndola.

—Esto quiere decir que no hemos conocido a ningún varón hasta ahora. Que nos cuesta comprenderlo del todo y que no vamos a…

—Follaros —interrumpió él seco.

—Vale, eso —concedió—, como las demás harían con tanta libertad. Yo… no sé Hinata, pero creo que sí, quiero comprender o experimentar poco a poco porque si no, siento que explotaré. Siendo sincera, me cuesta horrores olvidar lo de ayer, lo que he estado sintiendo durante este tiempo y mentiría si dijera que no quiero acostarme contigo…

—Hazlo. Soy para eso.

Sakura negó, suspirando.

—Ahí está de nuevo. Es a es la diferencia entre nosotros, Sasuke. —Le tomó la mano, besándole los dedos lentamente—. Tú quieres acostarte conmigo porque es tu deber y yo quiero explorar las cosas contigo porque te deseo de un modo distinto.

—Es lo que las mujeres suelen sentir hacia nosotros —reflexionó él sin perder detalle de sus gestos.

—No —negó soltándose—. No de la misma forma que Hinata o yo.

Le dio la espalda para ir a salir, deteniéndose.

—Por favor, no hables de cosas íntimas con Naruto. Podéis hablar de sexo y demás, es natural, pero no habléis de nuestros cuerpos o de las opciones que tenéis para hacer que queramos estar con vosotros. Porque es inútil y, además, insultante. No sois trozos de carne. Nosotras tampoco.

Abrió la puerta y le sonrió.

—Piénsalo.

.

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Sasuke no podía hacer otra cosa. Estaba dándole vueltas a la dichosa conversación sin cesar. Si él no conseguía cuadrarla, contarle a Naruto nada no serviría de nada, además, el chico estaba en un rincón agazapado junto a la puerta, esperando porque su ama regresara como si de un perrillo abandonado se tratara.

Naruto no le había contado todo con lujos de detalles como él tampoco exactamente. Simplemente estaban pensando juntos cómo satisfacerlas o conseguir que decidieran dejarse llevar por sus instintos sexuales en vez de controlarse y contenerse.

Sakura había dejado claro que no es que no quisieran acostarse con ellos, cosa que claramente, ya sabía. Joder, se había corrido con él, para él, más bien. Algo que era muy diferente hasta ahora de todas las cosas que había hecho. Y eran muchas. Generalmente, cuando hacía que una mujer sucumbiera bajo alguna parte de su cuerpo, era para quitársela de encima y, sin embargo, con Sakura no había querido exactamente ese alejamiento.

Y por la forma en que Naruto se comportaba o hablaba, parecía cada vez más apegado a esa chica tímida y que le estaba costando de controlar.

Quizás ese era el fallo, el culpable. Quería controlarla, quería que se entregara con suma facilidad, como las demás. Sakura había ido que quería experimentarlo poco a poco, así que eso se consideraba un poco tortura. No era nuevo, desde luego. Al fin y al cabo, uno de los muchos caprichos de su vendedora siempre había sido mantenerles erectos y cerca del orgasmo para la clientela, por más que sintieran que sus pelotas estaban muy cerca de explotar. Muchos hombres habían muerto por eso, desde luego. No eran máquinas.

Hasta ahora había experimentado un panorama diferente y estaba completamente perdido.

¿Por qué unas mujeres que claramente querían acostarse con ellos rehuían a la vez de ellos? Era un completo misterio.

Por más vueltas que le diera, sólo podía ver los términos que le habían enseñado y que muchas de las cosas que sabía con ellas no funcionaban. Pero sí que sabía cómo ir poco a poco, hacer que una mujer deseara más de él. Pequeños sorbos.

Observó a Sakura, que iba de un lado a otro de la casa mientras la ordenaba y limpiaba. Le había permitido estar bastante tiempo sumido en sus pensamientos y a Naruto le dio por perdido cuando tras gritarle varias veces, este continuó sin moverse, mordiéndose la uña del pulgar.

Pero no era él quien llamaba su atención, desde luego.

Se levantó para acercarse a ella, tomándola lentamente de la mano y sorprendiéndola. Le costaba mirarle siempre sin levantar la cabeza hacia él y aprovechó esa diferencia de estatura. Posó su pulgar sobre su palma, acariciando.

—¿Sasuke?

—Creo que lo entendí.

—¿Crees? —cuestionó ella lamiéndose los labios. Frunció el ceño—. No, creo que no lo entiendes. No del todo al menos. Pero lo has intentado.

Sasuke subió por su brazo en una lenta caricia.

—Entonces, tendrás que educarme. Para eso eres mi ama.

Sakura suspiró, separándose y le entregó el palo de la fregona.

—Por ahora, limpia. Aprende eso.

Se marchó airada mientras él miraba el palo y Naruto estallaba en carcajadas.

—Cállate, carne de matadero.

—¡Vete al cuerno, teme!

Justo cuando se levantaba con intenciones de golpearle, la puerta se abrió e Hinata dio un respingo al verle encima.

—¿Naruto? —exclamó mirándolos sin comprender.

—¿Qué ocurre? —cuestionó Sakura desde el pasillo, asomándose—. Ah, Hinata. Bienvenida.

—Volví —anunció mirándola en busca de respuestas—. ¿Qué pasa?

—Naruto ha estado todo el tiempo empecinado en esperarte ahí donde estaba y no hubo manera de convencerle de que no estabas pensando en abandonarlo o que ibas a comprar otro macho —explicó. Al menos la parte que ella era consciente, porque para él, simplemente había estado haciendo el imbécil comportándose como un perro.

Hinata miró a Naruto con cierta ternura. ¿Maternal? No lo comprendía del todo. ¿Quizás lástima por su pasado? ¿Por su comportamiento?

El caso es que él había pasado de ser un alma en pena a parecer que meneaba la cola como un perro. Cuando sus ojos se encontraron, Sasuke enarcó una ceja en espera y Naruto simplemente sonrió, feliz.

—Idiota —acusó.

—¡Ey, que solo estoy feliz! Un día más sin ir al matadero. Eso es para alegrarse mucho, dattebayo.

Sasuke estaba muy tentado de levantarle el dedo corazón pero Sakura interrumpió su intento al avanzar hacia el pitido del teléfono. La mujer descolgó y tras responder en cortos monosílabos y mirarle, colgó.

—¿Qué ocurre? —se interesó Hinata.

—Vamos a ir al médico ahora, lo han adelantado —explicó mirándole —. Ves a asearte, en un rato nos iremos.

Dejó el palo a un lado y se dirigió hasta el armario para recoger su ropa. Naruto le imitó un momento después, probablemente enviado por Hinata. Tenía una mueca de desagrado en la boca.

—Odio esa maldita revisión.

Sasuke tenía que reconocer que estaba de acuerdo con él.

—Ten fe en que no será igual.

Intentó evitar recordar lo que les hacían durante el tiempo que estuvieron en la tienda. La vergonzosa situación y el dolor.

Sacudiendo la cabeza, se dirigió al baño.

.

.

Hinata no las tenía todas consigo. Básicamente porque era la primera vez que iba a un lugar así. Las mujeres sin hombres en su posesión no tenían permitido acercarse a ese lugar ni siquiera por curiosidad o información.

Por otro lado; Naruto.

No había cesado de removerse, inquieto, casi chocó contra otra mujer, que tras emitir un gritito echó a correr y por suerte, ahí terminó. Pero hasta que no entraron en la consulta no mostró algo más de tranquilidad, basando su ansiedad en morderse la uña del pulgar o tirarle revistas a Sasuke para que le hiciera caso, sacando gruñidos de advertencia del otro, que parecía algo más pálido y estar a punto de estallar.

—¡Bienvenidas! —saludó la primera mujer a la que vieron.

Estaba en el centro de la sala sosteniendo una carpeta oscura contra su pecho. Sus ojos brillaron emocionada al verlas y luego, a ambos chicos.

—¿Sois Hyûga y Haruno?

—Sí —respondió dando un pellizco en la cadera a Naruto para que no tirase el jarrón a su espalda.

La mujer emitió una risilla.

—Tranquilas, todos los machos actúan así la primera vez que vienen. Es natural en ellos. Después de todo, van a mirarlos completamente. Quien lo hará será otro hombre —explicó indicando el camino para que la siguieran—. Soy la única enfermera y él es mi macho, así que no tenéis que preocuparos por nada. Por otro lado, preferimos que las dueñas no estén presentes por intimidad hacia ellos, pero dado que sois las jefas, vosotras decidís. Sé que esas cosas pueden crear cierto placer a algunas mujeres.

Hinata dio un respingo. Mientras iban de camino, Sakura le había explicado un poco el tema, pero estaba segura de que no quería entrar si se ponía en el lugar de Naruto y fuera a la ginecóloga, no querría que nadie más entrara.

—No, no queremos —negó Sakura al notar su nerviosismo—. Ambos entrarán solos.

—Perfecto —acepto la mujer—. Entonces, os llamaré cuando que salga este cliente.

Los cuatro ocuparon los asientos vacíos. Una mujer esperaba y al verlos, sonrió y dio un buen vistazo de ambos jóvenes.

—Vaya, son dos buenos ejemplares —felicitó.

Ambas se miraron y asintieron en agradecimiento, mientras que Naruto meneaba las rodillas de brazos cruzados y Sasuke simplemente la ignoraba.

—¿No os interesaría hacer un evento? —cuestionó.

Sakura e Hinata se miraron sin comprender.

—Me refiero a hacer una orgía o un intercambio con ellos. Mi macho también es un clase alta y está sano. Os lo garantizo.

Hinata no esperaba esa clase de ofrecimiento. Jamás. Nunca. Ni siquiera lo habría pensado. Y también recordaba que la mujer que se los vendió dejó en claro que no era adecuado hacerlo, al menos, sin permisos.

—No, gracias —descartó Sakura—. Todavía estamos aprendiendo cosas de ellos y creo que no es algo en lo que nos sentiríamos cómodas.

Le dio la razón con un asentimiento.

—¿Qué hay que aprender? —bufó la mujer con gesto airado—. Comen, duermen, hacen sus necesidades y luego follan como conejos. Así de simple. Y dada su naturaleza, los hombres tienden a ser cabezones, así que se les fustiga como castigo. Es sencillo. No necesitan muchos cuidados.

Hinata apretó los labios, preguntándose cómo se tomarían los chicos aquella forma tan baja de hablar de ellos.

Pero Sasuke se había enfocado en una revista y Naruto simplemente parecía más concentrado en lo que estaba por sucederle que en esa mujer. Era una suerte, desde luego.

Existían personas, desgraciadamente, a las que había que lavarles la boca con jabón y lejía. Y aún así, seguramente continuaran igual de sucias.

—Bueno, su chico ya está listo —interrumpió la recepcionista—. Si me acompaña, le prepararé la factura y le daré el historial.

Les dedicó una sonrisa complice y alejó a la mujer.

Sakura y ella suspiraron aliviadas.

—No dejes que me convierta en eso —suplicó Sakura tomándola de la mano.

—A mí tampoco.

Ambas se sonrieron.

—Vosotros podéis ir entrando —anunció la mujer desde lo lejos.

Hinata le dio unas palmaditas de ánimo a Naruto, quien casi tropezó con la mesa y entró a su vez con Sasuke por la puerta, gruñéndose ambos por el hueco de entrada.

Cuando la puerta se cerró, suspiró aliviada.

—Espero que vaya bien.

—Claro que sí, tranquilas —dijo la recepcionista sentándose frente a ellas en la mesita de café tras apartar las revistas—. Todos los hombres actúan igual cuando vienen por primera vez. Debido al trato que recibieron en las tiendas de venta, claro. Pero mi chico los tratará bien.

—¿Tu hombre es el doctor?

—Sí, correcto —afirmó ella dando una palmada—. La verdad es que yo no lo compré. Lo adopté.

—¿Se puede hacer? —cuestionó Sakura.

—No lo sabía —confirmó ella. Aunque dado que la compra de su ejemplar no había estado pronosticada, no podían culpar su ignorancia.

—En pocos casos —explicó la mujer—. Este era una caso especial. Su primera señora murió y como pertenece a una clase alta y un clan importante, pues le dieron otra oportunidad antes de enviarlo al matadero. También era bastante joven y he de confesar que tuve una pequeña ayuda. Una amiga mía trabaja para recursos humanos de hombres.

Hinata parpadeó. Los tres clanes importantes de aquella ciudad era algo que conocía bien. Ella misma pertenecía a uno. Los otros dos, fueron extintos y, casualmente, ellas poseían a esos dos chicos que habían nacido de las entrañas de tales clanes.

—¿Tu hombre es del clan Hyûga?

—¡Sí, eso mismo! —confirmó la mujer—. Ahora que recuerdo. ¿Tú no te apellidas Hyûga?

—Sí —balbuceó—. Soy la hija heredera de la casa principal. Aunque es mi hermana la que se encarga de todo y aceptó llevar las riendas en mi lugar.

—Ah, vaya. Mi chico es de la rama secundaria. Su padre, según me contó era hermano del hombre que vive junto a la líder del clan. Falleció hace mucho tiempo y…

Hinata se puso en pie como un resorte.

—¡Por favor, déjame verlo!

La esperanza le latió en el corazón.

.

.

Naruto se cerró el pantalón mientras salía de detrás de las cortinas verdes. No quería estar más tiempo ahí dentro. Aunque fue mejor que otras veces, la vergüenza y el malestar no se lo quitaba nadie. Sasuke estaba sentado en una silla cercana y miraba hacia el médico de la misma forma en que lo llevaba haciendo desde que habían entrado.

No era para menos.

—Creíamos que te habían enviado al matadero —dijo mirando al hombre que escribía detalladamente sobre el teclado sus datos.

—Estuve a punto —respondió simplemente.

—¿Te compraron?

Que Sasuke preguntara debió de ser tan sorprendente para él como para Naruto, porque apartó la mirada de la pantalla para mirarle.

—Sí. Una mujer a la que le gustaban los jovencitos. Murió al poco tiempo de un ataque al corazón. Iban a enviarme al matadero y me encontró mi nueva dueña. Tuve frente a mis ojos la oportunidad de convertirme en médico y lo hice. Siempre es mejor que otras cosas.

Naruto comprendía a qué se refería. Tampoco quería indagar en cómo fueron las cosas con su anterior dueña. Una mujer que comprara jovencitos en vez de hombres de su edad o adultos no necesitaba una carta de presentación para las perversiones que debió de hacerle.

—Neji.

La puerta se abrió y las tres mujeres entraron. Primero la mujer del mostrador y después, Hinata y Sakura. Esta última se detuvo junto a Sasuke, pero su dueña avanzó hasta quedar cerca del escritorio. Neji había palidecido y se levantó lento y torpe, como si fuera repentinamente un chiquillo. Rodeó el escritorio y levantó las manos, deteniéndose para mirar hacia la primera mujer.

—¿Tenten?

Ella asintió. Se limpió una furtiva lágrima.

Neji rodeó entonces a Hinata con sus brazos, estrechándola con fuerza contra él.

Por primera vez en su vida, Naruto experimentó ciertos sentimientos complicados. Posesión, celos, ira, incomodidad.

Dio un paso atrás, mirándose las manos y preguntándose por qué diablos sucedía.

Pero bueno, la respuesta más lógica era simple: Hinata era su dueña.

Suya.