Amos a continuar con otro capítulo.


Amor vendido

Alfas, celos y suerte

Puede que no lo sepas

Puede que no lo valores

Pero es algo que te ha caído del cielo.


Neji estaba vivo. Su búsqueda finalmente había dado fruto y como menos esperaba. O mejor dicho, cuando menos lo esperaba. Si no hubiera comprado a Naruto y tenido que hacer esta revisión jamás se habrían reencontrado.

No podía detener las lágrimas.

Su primo no estaba en el matadero ni unas manos horribles, porque Tenten parecía ser una chica dulce y que, aunque no lo expresase abiertamente, apreciaba a su primo. Incluso les había dado permiso para abrazarse. Claro que la sensación era muy diferente. No era el chico escuálido y delgado. Ahora era un hombre hecho y derecho y además, doctor.

No podía creérselo pero se alegraba mucho. Hinata no tenía palabras para expresar su felicidad y aunque Neji parecía sorprendido y también afectado por su encuentro, enseguida se retiró para mantener una adecuada postura entre ellos. Al fin y al cabo, eran un hombre y una mujer, aunque fueran familiares.

—Me sorprende mucho verla aquí, Hinata-sama —dijo mientras se acomodaba contra el escritorio—. No esperaba que usted…

—Lo sé —interrumpió sintiéndose repentinamente avergonzada.

Buscó con la mirada a Naruto y algo en él la hizo sentarse. Era la forma en que sus ojos los observaban a ambos, la postura de su cuerpo y la forma en que sus manos se mantenían cerradas en puños. Sasuke, como si presintiera lo que ocurría se movió para agarrarlo del cuello con una de sus manazas.

—Con permiso, esperaremos fuera —susurró.

Hinata dio su consentimiento y Sakura también. Una vez la puerta se cerró la tensión pareció menguar. Tenten soltó una risita entre dientes.

—Perdón, no recordaba que esto podría llegar a suceder cuando di mi permiso —se excusó.

Hinata la miró sin comprender pero fue Neji quien respondió.

—Es un alfa. Un macho dominante. Así que obviamente ha reaccionado como es su naturaleza hacerlo. El otro también es de esa clase. Si hubiera abrazado a su dueña, incluso con permiso, habría reaccionado.

Hinata no lo comprendía del todo.

—Celos —especificó Sakura.

—Así es —confirmó Tenten—. Los machos alfas o dominantes, como quieras llamarlo, actúan de ese modo ante la cercanía de otro macho a su ama. Si él me hubiese abrazado a mí, Neji habría reaccionado.

—No tiene sentido. Somos primos —recalcó.

—Mhn… —Sakura dudó—. En realidad no es un problema. Para ti lo ves como algo familiar pero en realidad, están permitidas las relaciones fraternales de ese modo después de que diversos factores aseguran la no reproducción en caso de un feto corrupto. La creencia de que los primos podían engendrar hijos enfermos se redujo gratificantemente y muchos han sido capaces de fecundar con permisos y demás. Así que sí, en teoría Neji es una opción de hombre para ti.

Hinata apenas podía cerrar la boca mientras que su primo solo se sentaba tras el escritorio y revisaba los papeles.

—¿Cuál es el tuyo, Hinata-sama?

Parpadeó al caer en la cuenta.

—Ah, cierto. Naruto —se respondió el mismo—. Es un chico sano, así que puedes hacer uso de él libremente y todo lo que quieras. Analizaremos las pruebas que hemos tomado pero te aseguro que está bien.

—Espera, espera —demandó acercándose hasta la mesa—. No quiero que ahora me cuentes eso. Sí, me alegra de saber que Naruto está sano, pero…

Neji levantó la mirada hacia ella y la desvió hasta Tenten. Ésta asintió y Neji suspiró echándose hacia atrás.

—Cuando mi padre murió me llevaron al mismo lugar que Naruto y Sasuke. Me compraron cuando era un niño para una mujer que más tarde murió de un ataque al corazón. Tenten —nombró con un deje más cariñoso del que jamás habría pensado escuchar en él—, me adoptó. Me dio la oportunidad de sobrevivir.

—En mi casa hay libros de medicina por mi tía abuela, que tenía de ellos. Neji se interesó y decidí pagarle los estudios para que pudiera trabajar de lo único que puede hacer, claro —explicó Tenten encogiéndose de hombros.

—¿Por qué no buscaste la familia? —cuestionó—. Yo… te estuve buscando como loca. Creía que habías muerto o…

Neji cruzó los brazos sobre el pecho antes de responder.

—La familia sabía perfectamente dónde estaba, Hinata-sama. Su madre, mi tía, lo sabía.

A Hinata se le cayó el corazón a los pies. No podía ser cierto. Muchas veces había tenido conversaciones con su madre, preguntas que ninguna encontraba respuestas y aunque se había alejado totalmente de ellos para seguir sus deseos, no esperaba que llegaran a esa clase de crueldad.

—Por lo que tengo entendido, tu padre quería nombrarle su sucesor y esperaba que se convirtiera en tu hombre para eso —indicó Tenten—. Imagino que a tu madre no le hizo mucha gracia esa parte.

—Imagino que no —balbuceó.

Era una parte oscura de su familia que podía creer que existiera. Al fin y al cabo, aunque su padre continuara ahí quien mandaba realmente era su madre.

—Aunque me pregunto qué dirá ahora —dijo Tenten—. Te has comprado un chico por tu cuenta. Igual estaba pensando en casarte con un hombre de su elección o… con una mujer.

Hinata sabía que esa última posibilidad siempre la barajó. Aunque Hanabi se encargaba de todos sus asuntos dudaba que su madre le permitiera sólo estudiar y marcharse en busca de seguir su destino y deseos sin nadie. Al fin y al cabo, continuaban siendo importantes y la importancia de los matrimonios seguía existiendo para continuar teniendo hijas.

Habrían usado un macho cualquiera si fuera necesario.

Esperaba que la loca decisión que había tomado no perjudicase demasiado a Naruto. No lo había sacado de esa jaula para que terminase sufriendo de nuevo.

—Creo que sería bueno ir a hablar con ella, Hinata —supuso Sakura.

Hinata la miró un instante antes de asentir.

—Iré.

Neji pareció asustado por un momento.

—Tranquilo —aseguró Tenten—. No puede tocarte. Eres mío.

Hinata no pudo evitar sonreír ante la ternura demostrada. Neji inclinó la cabeza sumisamente, algo que seguramente iría en contra de su orgullo pero que parecía estar dispuesto a hacer por Tenten.

—Yo tampoco se lo permitiré de poder —añadió pese a sentirse fuera de lugar.

La pareja la miró en agradecimiento.

—Bueno, entonces, si los chicos están sanos y no tenemos nada más que hacer. ¿Qué te parece si damos un paseo por tu vieja casa? —propuso Sakura tomándola de la mano en una clara promesa de no dejarla sola.

—Sí.

Salieron todos menos Neji.

Naruto y Sasuke se habían sentado en la sala de espera y nada más verla salir, el primero se puso de pie con un brinco. Continuaba tenso y miraba hacia atrás como si esperase ver salir a Neji. Hinata no sabía exactamente cómo iba a tratar con eso.

Hasta ahora, lo que conocía de historia, describen al hombre y a la mujer como seres celosos y posesivos y que a causas de estos mismos, muchas desgracias acontecieron llenando de sangre y muerte un largo historial.

No quería que Naruto fuera por ese camino. Los celos no era algo que hubiera vivido nunca así que no podía comprenderlos y tampoco aceptarlos. Al fin y al cabo, la cultura que las educó demostraban que los hombres no tenían permitido sentir algo así por sus amas.

Miró a Tenten de reojo mientras pagaba y pactaban otra cita. Le guiñó un ojo como si pudiera entender qué pensamientos oscurecían su mente y suspiró aliviada. Al menos tenían una cómplice.

Después quizás tuviera una charla con Naruto sobre ello. No tenía la misma mirada de cachorro de siempre, preguntándose si iba a enviarle al matadero o cambiarlo. Más bien parecía que había algo más irracional que no le hacía pensar claramente.

Decidió alejarse un poco mientras Sakura pagaba y movió una mano.

—Naruto, ven aquí.

Él obedeció, por supuesto.

Cuando estuvo a su altura estiró lo más que pudo del brazo para acariciarle los cabellos. Naruto pareció perplejo por ese acto y levemente, su rostro fue relajándose.

—Eres un buen chico. Sano y fuerte —alagó—. Vamos a ir a mi casa ahora, así que tendremos que caminar un poco.

Retiró la mano lentamente.

—¿Tu casa? —cuestionó—. ¿No es dónde vivimos? ¿Nos mudamos?

Negó pacientemente.

—Es la casa de mis padres. Y tengo que aclarar unas cosas con ellos. Puede que mi madre diga cosas extrañas e hirientes, así que quiero pedirte algo de paciencia. ¿De acuerdo?

Naruto entrecerró los párpados.

—Lo haré.

Esperaba que realmente pudiera cumplir esa promesa. No necesitaba más problemas pero tampoco podían enviar a los chicos a casa solos e ir directamente. Menos acompañarlos para luego volver a caminar todo lo andado, así que a Sakura y ella no les quedaba más remedio que rezar porque no ocurriera nada extraño.

Tenía muchas preguntas que hacer se percató mientras caminaban ya en el exterior. Se alegraba de ver a Neji pero sabía que las respuestas podrían herirla. Su madre siempre se alegró de tener hijas y aunque su padre tenía beneficios por ser alguien importante continuaba siendo un hombre.

Hanabi fue quien los recibiera con una sonrisa resplandeciente y un hombre que no conocía a su lado. Se sorprendió tanto que no pudo evitar que su rostro lo mostrase. Hanabi se echó a reír.

—¡Madre mía, hermanita! Ni que hubieras visto un fantasma.

—No, pero…

—Lo mismo podría decir de ti. Que has venido a casa con un hombre inesperadamente. Por cierto, no me hagas ser mala anfitriona. Cuánto tiempo sin verte, Sakura —saludó estrechando su mano—. Veo que también te has agenciado uno.

—Sí —murmuró Sakura algo avergonzada—. Digamos que ciertas cosas pasaron y pues… Pero me sorprendete más que tú tengas uno. ¿No eres demasiado joven?

Hanabi sacudió una mano para descartar cualquier duda.

—Qué va. Cuando cumplí la mayoría de edad decidí conseguirlo y como tomé los trabajos de mi hermana y demás para que ella continuara estudiando, mi sueldo aumentó mucho para poder comprarme un S. Su nombre es Konohamaru —presentó.

El chico les sonrió y saludó educadamente.

—¿Mamá no ha dicho nada? —cuestionó mientras se descalzaba e indicaba a Naruto hacer lo mismo—. ¿Está de acuerdo?

Hanabi enarcó una ceja.

—¿Por qué no debería? Es mi decisión. Lo mismo que traer a este chico ha sido tuya. ¿Cómo se llama?

—Naruto —presentó—. Ella es mi hermana.

Naruto sonrió como sólo él podía y Hanabi parpadeó por un instante, como si quedara eclipsada. El hombre tras ella carraspeó y salió del momento deslumbrante.

—Ah, sí, un S. ¿Verdad? —cuestionó. Cuando Hinata asintió se volvió hacia Sakura y Sasuke—. ¿Y él…?

—Sasuke, también un S —respondió Sakura.

—Ya veo —felicitó sonriente—. Y entonces, ¿has venido a ver a mamá?

—Sí, hay algo que necesito hablar con ella —confirmó siguiéndola por los pasillos.

Hasta ahora no se había percatado de la cantidad de hombres sirvientes que había en su casa. Iban vestidos adecuadamente, por supuesto, pero igualmente se mostraba la diferencia entre estatus. Claramente habían sido comprados para el gasto físico más que sexual.

Su madre estaba reunida con su padre y tardó un rato en aparecer. Hinata nunca había querido pensar en las cosas que su madre buscaba en su padre. Era un tema tabú al que no quería pasar y no lo pensó nunca.

Ahora ella tendría que hacer esas cosas con el hombre que había comprado. O al menos, tener conciencia pese a que todavía se le escapaban muchas cosas.

—Bienvenida, Hinata. Sakura —saludó educadamente. Se percató de ambos hombres pero no les saludó—. ¿A qué debo esta visita? ¿Querías presentarme a tu… perro?

Hinata cuadró los hombros, negándose.

—Necesito hablar contigo de algo muy serio, madre —dijo—. Neji-nii-san.

Hanabi se inclinó hacia ella, expectante.

—¿Has encontrado algo sobre él?

La voz de su madre usurpó la alegría de Hanabi, quien retrocedió aunque continuó mirándola con curiosidad.

—He seguido buscando, sí —dijo. Esperaba ver algo en el rostro de su madre, algo que la delatara—. Al comprar a Naruto he comprendido muchas cosas y ha ayudado a fortalecer mi búsqueda.

—¿Lo dices por la página? —indagó Hanabi—. También vi sus datos. Pude moverme mejor al tener a Konohamaru. Pero no decían nada acerca de él.

—¿De qué estáis hablando, niñas? —cuestionó su madre. Podía ver que realmente estaba confundida.

Hinata aprovechó la ocasión.

—Cuando compras un chico te abren pestañas que anteriormente no estaban, como por ejemplo, buscar de forma más fácil el estado de algún macho por el que sientas interés. Puedes pedir permisos para pedírselo a la dueña, etcétera.

Recordaba la pestañita que había visto cuando miraron las fichas de los dos hombres a su espalda. Salía la misteriosa pestaña y después de lo que la mujer del hospital dijera, no le quedaba duda de que eran para esas cosas. Al fin y al cabo, en las normas que les dieron cuando los compraron añadían el hecho de tener permisos para eso.

Su madre, por supuesto, parecía ajena a ese hecho. Se llevó una mano hasta el mentón, dubitativa.

—Hay una foto de él de adolescente, puede que un poco más mayor —añadió.

—Qué sorpresa —exclamó languida. Miró por encima de su hombro hacia uno de los hombres, que dio un respingo y se afanó en continuar limpiando el jardín—. ¿Dice si alguien lo ha comprado?

—No —negó.

Su madre chasqueó la lengua.

—Eso significa que la mujer que lo posee es muy rica. Tendrás que desistir en regresarlo a casa, Hinata. Es lo mejor.

Hinata se miró los pies y sonrió.

—Por supuesto.

Notó la mano de Sakura en su hombro y cuando la miró, sonreía. Hinata le devolvió la sonrisa.

Una hora más tarde, los cuatro abandonaban su casa. No le permitieron ver a su padre, tal y como imaginaba, ni siquiera a través de un cristal. Hanabi le había prometido que ella tampoco tenía cercanía con él desde hacía tiempo.

También, su hermana, se percató de que había algo tras sus preguntas y respuestas, así que los interceptó en la calle, siguiéndoles hasta su casa con la excusa de dar un paseo. Konohamaru caminaba a una distancia prudente de ella, con las manos en la espalda y atento a cualquier orden.

—Ya veo —murmuró cuando le contó la verdad.

Confiaba en ella y Sakura no lo descartó.

—Mamá es buena pero odia a los hombres de la misma forma que muchas mujeres de su edad.

—Eso fue fomentado a base de crianza e historia desinformada —reiteró, convencida de ello—. Aunque siempre ha parecido llevarse bien con papá.

—Porque le dio hijas y no hijos —recalcó Hanabi deteniéndose al llegar a la casa—. Bueno, yo me despido aquí. Pero… Hinata —murmuró—. Creo que será mejor lo de Neji-nii-san. Ya sabemos que está vivo y está bien, así que cuanto menos sepa mamá, mejor.

Estuvo de acuerdo con ella. Con saber que Neji estaba vivo ya la hacía feliz.

—Además, antes sí podrías haberle salvado convirtiéndolo en tu hombre o en el mío. Ahora ya no.

Ambas miraron hacia Naruto, quien frunció los labios interrogativamente. No parecía gustarle demasiado la conversación a cuenta de otro hombre y menos, de Neji.

Por supuesto, sus celos; se recordó.

—Es cierto. De todas maneras, parece muy feliz —añadió Sakura.

—Sí —confirmó sonriendo al recordar el trato agradable que había entre Neji y Tenten—. Tiene pinta de que sí.

Hanabi y ella intercambiaron una sonrisa y pegaron sus frentes para despedirse. Esperó hasta perderla de vista para mirar hacia los otros.

—Creo que acabo de desbloquear un logro de mi vida —confesó—. No ha tenido un final perfecto, pero bueno…

—Agridulce —indicó Sakura escaneando su retina para poder entrar—. ¿Qué harás ahora?

Mientras se apiñaban en el ascensor lo sopesó.

—Dejarle vivir. Imagino que mi madre no podrá llegar a él ya no tiene que preocuparse, como ha dicho Hanabi, ya que ambas tenemos hombres en casa.

Miró a Naruto con cierta timidez, sonriéndole. Él pareció confuso pero agradado con su gesto. Incluso se atrevió a tocarle el hombro e inclinarse al salir del ascensor. Sakura y Sasuke se adelantaron, así que no llegaron a oírle y después la miraban en busca del motivo de por qué su sonrojo.

Para eso soy tuyo.

Sí, lo era. Y tenía que hacer muchas cosas que le daban vergüenza. Se preguntó si no llegaría a morir de un ataque al corazón.

Y también se preguntó cómo sería besarlo. Sí, porque quería besarlo.

No entendía de dónde venía ese sentimiento exactamente. Quizás se trataba de sus palabras o quizás de algo que nacía de ella. O simplemente necesitaba remarcar que no había otro hombre y no necesitaba preocuparse.

Simplemente era un sentimiento que se amarró a ella repentinamente.

Y estaba bien. Pero que muy bien.

.

.

Naruto no podía dejar de frotarse el pecho. No entendía bien qué diablos tenía ahí desde hacía horas y aunque había intentado calmarse cuando Sasuke lo sacara de la sala, ahí seguía esa espina. Había llegado a la conclusión en ese momento de posesión hacia ella y ahora era espantoso pensarlo, así que decidió darle una vuelta de hoja al tema y le aseguró que él era de ella.

Pero ahí seguía nadando esa palabra posesiva que le extrañaba e incomodaba.

Alguna que otra mujer había devuelvo a su macho precisamente por posesividad, asegurando que estaba enfermo y dañado. Desde pequeños lo educaban para sólo estar pendientes de una mujer y no centrarse en otras. En servirlas en cualquier cosa. Podía imaginarse que si una trataba bien al hombre no podía evitar sentir cierta posesión sobre ella.

—Alfas.

La voz de Sakura lo sacó de su ensoñamiento. Tenía la clavada en él, como si estuviera leyendo entre líneas su alma. Estuvo a punto de abrazarse a sí mismo para cubrirse, pero habría sido una soberana tontería. Fue exhibido durante años en una vitrina.

—¿Sois conscientes de ello? —inquirió.

Se habían quitado los abrigos y sentado en el sofá del comedor para tomar algo de té caliente. Sakura estaba sentada frente a ellos, con las piernas cruzadas por los tobillos sobre la mesa y la taza caliente entre sus manos. Sasuke, a su lado, miraba la suya con detenimiento mientras rumiaba las palabras de Sakura. Hinata le miraba fijamente en busca de respuestas.

Incluso le pareció demasiado concentrada en sus labios.

—¿Conscientes de ser alfas? —cuestionó a su vez—. ¿Qué es eso?

—Resumido: dominantes. Creemos que os estáis peleando todo el tiempo por eso y lo de hoy, con Neji, por tu parte podría ser a causa de ello. ¿No os explicaron nada cuando os…?

Apretó los labios sin terminar la frase. Sabía que a ellas las incomodaba del mismo modo que a ellos esas cosas.

Intentó hacer memoria.

Las peleas entre muchos chicos en la edad temprana eran normal. Estaban tensos, no comprendían qué estaba ocurriendo y tenían miedo. Hacerse los fuertes o sobrevivir era lo que los ayudaba. Pero por una mujer, no. Al menos él nunca.

Así que eso era nuevo, completamente.

Desvió la mirada hacia Hinata y de nuevo, se percató de que le miraba fijamente los labios, el cuello, los ojos, bajando por su torso. Básicamente estaba comiéndoselo con los ojos y podía reconocer perfectamente lo que ansiaba.

—Hinata —nombró ronco—. ¿Necesitas de mí?

La muchacha dio un brinco, como si despertara de una ensoñación. Sus mejillas se pusieron de un dulce rojizo.

Pero fue Sakura la que exclamó.

—¡Oh, Santo cielos!

Ambos la miraron y luego siguieron su mirada. Hinata se puso en pie de un respingo y le tiró un cojín contra la entrepierna. Naruto no comprendía qué estaba pasando, ni por qué Sakura se esforzaba en desviar la mirada.

—Al baño, al baño —ordenó Hinata dándole empujones.

Naruto se levantó con las ingles tirantes y caminó hasta el lugar, siendo empujado dentro. Antes de que ella cerrase la puerta, logró tirar de ella para meterla.

—Espera… yo… quiero que te alivies sólo, pero… —balbuceó desviando la mirada de un lado a otro.

Se llevó la mano hasta la entrepierna, remarcando su excitación por encima del chándal.

—¿Segura que quieres eso? —cuestionó en voz baja—. Hace un momento estabas necesitándome. Lo puedo notar. Hemos sido entrenados para eso.

Hinata abrió la boca. La cerró. Sus ojos continuaban sin conectar y eso le molestó. Necesitaba leer sus sentimientos, buscar alguna pista. Si se propasa con ella… la cosa no terminaría bien.

—Hinata… —nombró en súplica.

Como si aquello hiciera efecto, ella movió sus ojos hasta clavarlos en sus labios. Naruto se los lamió, incitándola.

—Yo sólo… quería besarte. No sé por qué tengo esa necesidad ni deseo, sólo pensé que quería hacerlo y…

Naruto no la dejó continuar. Si es lo que su ama ansiaba, lo que deseaba, quién era él para evitarlo estando más que predispuesto a dárselo.

Le habían educado para eso, para hacer que una mujer fuese capaz de llegar al orgasmo sólo con un beso de ser necesario. Sabía que las había más sensibles que otras.

Hinata resultó ser una de ellas.

Cuando pegó sus cuerpos y remarcó su hombría contra su estómago, tembló, de los pies a la cabeza. Su boca se separó para dejar escapar sus gemidos y tras un parpadeo, se desmayó.

Naruto se quedó estático, con ella colgando de sus brazos.

—Ay, madre, que la he matado.

.

.

Sakura todavía estaba alucinando cuando la puerta del baño se abrió. Naruto cargaba con Hinata en sus brazos y miraba a su alrededor asustado. Se levantó enseguida para ayudarle.

—Creo que hubo demasiada emoción entre ustedes —bromeó. Naruto no sonrió—. No te preocupes. Hinata suele a desmayarse cuando hay demasiada emoción de por medio. No ha sido culpa tuya. Llévala a la cama, anda. Ahora llevaré algo para despertarla.

Naruto asintió y tomó su camino. Cuando salió al salón de nuevo, Sasuke estaba de pie, de brazos cruzados y la observaba. Sakura enarcó una ceja y se detuvo un momento para poder mirarle.

—¿Qué ocurre? —indagó.

—Has tenido una reacción curiosa cuando has notado que estaba erecto.

Oh, no…

—¿Tú también? —murmuró llevándose una mano a la frente—. ¿Vas a estar celoso por eso? ¿Porque me he fijado en cómo se marcaba?

Sasuke entrecerró los ojos como respuesta. Sakura no podía creérselo. Esperaba que Sasuke, pese a ser un macho dominante no llegase a entrar en esos extremos.

—Existe la regla en que no podemos hacer nada con el macho de otra mujer sin pedir permisos y no están permitidos los intercambios —le recordó.

Él desvió la mirada por un instante, hasta que pareció recordar algo.

—Entendí el punto al que te referías —dijo—. Hacerlo cuando quieras, cuando lo deseas, sin presión por parte de lo que yo sea. Porque haya… sentimientos de por medio.

—Sí —reconoció sorprendida de que realmente le estuviera dando vueltas al asunto—, lo hiciste.

—El cuerpo humano puede despertar incluso sin sentimientos de por medio. Nuestros cuerpos fueron entrenados para eso. Naruto ha reaccionado a los deseos de su ama, por eso estaba preparado ya. Y si…

Le tomó la mano tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar hasta que estaba sobre su pecho, bajando un lento sendero hasta su entrepierna. La erección estaba formándose hasta quedar dura entre sus dedos.

—… no reaccionamos de este modo, es duro. Doloroso. Para ambas partes. Hasta ahora nos han adecuado para ello. Demandan que cambiemos algo que nos inculcaron con sangre y dolor.

Sakura hizo un esfuerzo para no pensar en dónde se encontraban justamente sus dedos en ese momento.

—¿Eso quiere decir que si otra mujer te tocase reaccionarías?

Pareció confuso.

—No lo sé.

Como un niño pequeño que hubiera roto algo.

—Sé que tengo que reaccionar a ti —añadió mirándola—. Porque eres la mujer que me escogió entre tantos hombres. La primera mujer que me ha respetado.

Esas últimas palabras Sakura no se las esperaba. Habría esperado algo hiriente de su parte que la marcase como sólo su compradora. Y sin embargo, pareciera que Sasuke la tenía en mejor estima que a otras mujeres. Tampoco era de extrañar, al fin y al cabo, las demás siempre le trataron como solo mercancía.

—Y la primera que te molesta que mire a otro hombre.

Fue Naruto quien habló desde la entrada del salón. Sakura retiró la mano lo más rápido que pudo para mirarle, avergonzada. Naruto ni siquiera se inmutó por la erección de Sasuke.

—¿Te ha molestado? —cuestionó a su vez—. Son celos, Naruto. Dominancia como alfa que eres y…

—No —cortó—. Es porque es Hinata. Estoy seguro. Y tú eres igual —puntualizó señalando a Sasuke.

—Estáis confundidos —reiteró—. Es la primera vez que os tratan como personas, que es lo que deberían de haber hecho desde el principio y por eso pensáis que esto es a causa de un sentimiento amoroso y posesivo. Y…

No sabía qué más podría decir para hacerles entender. Por la información que estaba reuniendo todo inclinaba la balanza a esa parte.

Pero… ¿Y si no era así? ¿Y si realmente estaban creando sentimientos?

—Tengo que hacer una llamada.

Salió de la casa con el móvil en la mano. Sabía que ellos estarían intrigados pero no podía hacer esas preguntas frente a ellos sin hacerles sentir incomprendidos.

—Temari —saludó la otra voz femenina desde la línea—. ¿Sakura?

—Soy yo —confirmó pasándose una mano por los cabellos—. Siento molestarte tan tarde, Temari. Hay algo que necesito preguntarte.

—Soy toda oídos.

Sakura le contó lo que había ocurrido evitando las partes que conciernen a Hinata y Neji. No quería tener más problemas y no estaba feliz de arrastrar a Hinata más.

—Celos —repitió Temari—. Sí, son parte de su característica. Mi hermano tuvo celos de Shikamaru en su momento, por supuesto. Por otro lado. ¿Recuerdas también lo que te dije acerca de que cada pie necesita su zapato?

—Sí, lo recuerdo.

—Pues ahí está el tema. Creo que ellos reaccionan más rápido a ustedes por este motivo. Shikamaru, en su caso, no reaccionaba a la perfección con Ino y conmigo no tiene ningún problema. Se enciende rápido, tal y como lo educaron. Probablemente, si otra mujer tocara a uno de ellos, estoy por apostar que no reaccionaría igual. Té diría que lo comprobaras, pero ya sabes, es ilegal.

—Comprendo… entonces no tiene nada que ver porque los tratemos mejor y esas cosas…

—No del todo —recapituló—. Es cierto que mi carácter es muy diferente al de Ino, así que podría afectar, pero simplemente, ocurre. O quizás no tenemos tanta información como creemos de los sentimientos de los hombres porque no les interesa que lo sepamos. ¿Me comprendes?

—Sí —confirmó—. De eso estoy segura.

Recordaba las palabras de Sasuke, lo que seguramente le costó mucho decirlas.

—Hay muchas cosas que les enseñaron a base de dolor. Si no las hacían, los fustigaban, los dejaban sin comer y… no quiero ni rememorar lo que sé —continuó Temari—. Así que puede que el apego emocional sea nuevo para ellos. Los celos también.

—El problema es que no sabemos qué hacer. Cómo tratarlo o…

—¿Y si les das una muestra de que es él y no otro? —propuso Temari—. Cuando Gaara entra en ese modo, Matsuri suele llevárselo para calmarlo. Es algo que no quiero pensar, pero me imagino lo que hacen. Claro que, mi hermano, ha sido educado más libre que ellos dos.

Sakura había enrojecido ante la idea de qué tener que hacer, el premio especialmente. Si a ella se le subían los colores y los calores, no podía imaginarse a Hinata. La chica se había desmayado por a saber qué cosa. Pero Naruto parecía satisfecho de lo que ocurriera, como si esa clase de cosa bastase para hacerle sentir superior.

—Intentaré ver qué hago. Sólo espero que no lleguen al punto de ser…

—Citando a mi hombre: problemático —terminó Temari desde el otro lado—. Ya me contarás qué tal. Buena suerte, Sakura.

Colgó y regresó. Naruto había desaparecido y Sasuke la esperaba sentado en el sofá. Se puso en pie una vez entrase y esperó. Sakura dejó el móvil sobre la mesa y se pasó una mano por el rostro.

—¿Y Naruto?

Le escuchó gruñir pero respondió.

—Ha regresado con su ama. Dijo que esperaría que se despertara por sí sola.

Sakura asintió y rodeó el sillón hasta llegar a su altura. Siempre tenía que levantar la cabeza para poder mirarle. Buscó su mano y la apretó entre sus dedos. Él se lo permitió, observando sus gestos con curiosidad.

—Tengo que dejar algo en claro. Es la primera vez en mi vida que tengo un hombre conmigo. Nunca quise fomentar algo así y sin embargo, cuando te vi en ese ventanal no podía detenerme, pensaba que ibas a ser más hermoso fuera. Libre. Y no me equivocaba. Así como ese día sigo sin poder quitar mis ojos de ti.

Él parecía conforme con algo así.

—Sin embargo, vas a tener que comprender que siempre voy a sentir curiosidad por todo lo que sea en referente al cuerpo humano de los hombres. Sexo, hormonas, comportamiento. Es mi naturaleza, la base de mi tesis incluso si lo pienso —añadió con cierta desgana al recordarla—, y va a ser inevitable que mis ojos se vayan a lugares que no deberían. En este caso ha pasado con la erección de Naruto.

Sasuke frunció el ceño y desvió los ojos. Sakura puso su mano en su mejilla para que le mirase.

—Eso no significa que piense que es mejor que tú. Lo único que he vivido contigo… bueno, fue increíble —reconoció. Porque lo fue pese al miedo que sintió.

—Si sientes curiosidad, puedes usar mi cuerpo. Para eso soy tuyo. Como hombre —añadió al notar que fruncía el ceño.

Sakura le sonrió con el corazón latiéndole la boca.

.

.

Pero Sakura no lo usó esa noche. Tras preguntarle si su erección continuaba ahí, molestándole y que él negara, dio por zanjado cualquier cosa. Y cuando se ofreció a volver a estar listo para ella, se negó, bostezando.

Se imaginó que quizás estaba entrando en la fase por la que toda mujer pasaba y para lo que en realidad no les habían preparado más que instruido en palabras. Se preguntó si se lo comentaba cómo actuaría ella. Era algo natural de las mujeres y desde su vitrina había logrado escuchar muchas conversaciones de clientas quejándose a cuenta que algunos machos se espantaban con ello. Hubo uno que se quitó la vida al pensar que había herido a su ama. Prefería la muerte que el matadero. Claro que a nadie le importó durante mucho tiempo eso, pero ayudó para que los educaran un poco más.

Al día siguiente, Tanto Sakura como Hinata estaban en pie frente a la puerta, ambas poniéndose los abrigos. Naruto y él se habían acercado, preguntándose qué ocurría.

—Poneros los vuestros también —invitaron.

—Aunque realmente no sé qué vamos a hacer con ellos —confesó Sakura—. Estoy segura de que no les dejarán subir. ¿Qué harán mientras?

Hinata se había encogido de hombros y ambas, al no encontrar una respuesta salieron. Naruto no cesaba de interrogarlo con la mirada pero Sasuke se percató de que estaba tan perdido como él, así que no les quedaba más remedio que esperar hasta llegar a donde fuese que iban.

Resultó ser una clínica de ginecología.

Las chicas estaban avergonzadas e incómodas y se detuvieron en la sala de entrada. Una mujer los esperaba tras un mostrador.

—Lo siento, los hombres no pueden acompañaros.

Hinata y Sakura intercambiaron una mirada aterrada.

—¿Qué hacemos? —cuestionó Hinata.

—Tenemos una guardería para estos casos —explicó la mujer.

Les indicó una habitación con la cabeza y tras que ambas mujeres asintieron, se dirigieron ahí. Era sólo una habitación de paredes blancas y moqueta verde. Un cubo que reconocía esperaba en una esquina y por el aspecto, alguien acababa de usarlo.

Otros hombres esperaban en la sala. Algunos, desnudos, maniatados de brazos y manos. Con piercings atravesando su piel. En algún tiempo algunos debieron de ser apuestos pero en esos momentos estaban cansados, demacrados.

Uno estaba encogido en el suelo y roncaba.

—Es como volver atrás en el tiempo —siseó Naruto a su lado.

Todo el buen humor que ambos pudieran tener se apagó en ese instante. Eran los únicos que estaban medianamente bien vestidos, aseados y sin ningún tipo de laceración en su cuerpo. Tampoco collares. Lo único que los marcaba como hombres comprados eran el chip que llevaban dentro de su cuerpo.

No fue raro recibir miradas de envidia.

Naruto y él continuaban en medio de la puerta cuando alguien los empujó. Era una mujer gorda a la que costaba mucho respirar. Silbó como si llamara a un perro y el hombre que había estado encogido y dormido se despertó de un salto. Se acercó a ella, sentándose a sus pies y jadeando.

—Estúpido perro. Te dije que te mantuvieras limpio y por tu culpa tengo infección —gruñó tirando del collar en su cuello—. Vamos, te llevaré al matadero. Esto terminó para ti.

Todos los hombres retrocedieron. Naruto y él se pegaron contra la pared más cercana, inclinando la cabeza. El hombre abrió mucho los ojos, con lágrimas en los ojos e intentó forcejear a sus tirones. La mujer lo golpeó con el bolso para que obedeciera.

—¿Necesita ayuda? —cuestionó la mujer tras el mostrador.

—Sí, este perro no quiere obedecer. ¿Cuánto tendría que pagar para que se lo llevasen al matadero?

La mujer sonrió y empezó a sacar un libro.

—Oh, tenemos unos precios increíbles.

Tras darle un último vistazo, la mujer más gorda salió. El hombre se dio de bruces contra la puerta e intentó abrirla sin encontrar el pomo. Por supuesto, ellos no podían tener puertas normales de salida. En caso de emergencia nadie se preocuparía por ellos y no tendrían un lugar por el que escapar.

Se volvió a los demás hombres, suplicándoles por ayuda. Todos tenían tanto miedo que no fueron capaces de decir nada. Ni siquiera ellos dos. Naruto estaba pálido. La cantidad de veces que había pensado que sería enviado al matadero parecían estar abofeteando en ese momento.

Y él no se encontraba mejor. Lo poco que habían desayunado estaba revolviéndose en su estómago.

No tardaron en aparecer los gorilas. Dos hombres fornidos y fuertes, más grandes que ellos incluso tomaron al sujeto de cualquier forma, arrastrando su cuerpo al exterior. Lo último que alcanzaron fue a escuchar un grito aterrador de súplica.

No tardaron en llegar los suspiros de alivio y los gimoteos. Y tampoco el odio.

—Odio a las mujeres —susurró uno de ellos—. Las odio…

Naruto y él intercambiaron una mirada cómplice.

Sí, realmente habían tenido mucha suerte.

Continuará…

No podíamos irnos sin recordar que no todo es rosa y que existe esa realidad.

Y por si las dudas; Sí, Hinata se ha desmayado por un orgasmo.