Ya sabéis lo que me ha costado escribir esto =(


Resumencillo:

Hinata recuerda el libro que su padre le diera y lo leen, descubriendo así que tras todo aquello hay algo que no cuadra. Creen haber encontrado algo peligroso y sopesan cómo podrían ayudar.

Las cosas entre Sasuke y Sakura van avanzando a pasos agigantados, pero cuando Naruto y Hinata finalmente parecen ser capaces de pasar una barrera, el gas que usan para doblegar a los hombres es lanzado en su casa…


Amor vendido

Otra oportunidad. Libertad.

Te amo libre.

Eres hermoso.

Permite a este ser extraño y complejo caminar a tu lado.


Sentía la vista nublada y los oídos le zumbaban con el sonido de un motor. No estaba segura del todo, pero no estaba sola. Y su cuerpo estaba recostado en la parte trasera de un furgón. Le dolía la cabeza y notaba la anestesia en la boca. Las ganas de vomitar luchaban contra su estómago.

En la neblina de su visión notó que había otros cuerpos a su lado y por la forma en que sus cabezas estaban moviéndose despertaban. Suspiró aliviada y parpadeó. Cerró los ojos.

Recordaba estar en su dormitorio con Naruto, en una escena que podría haber tenido unos resultados muy interesantes. Luego, el gas. Sakura gritando su nombre. Naruto entrando en pánico. Y luego, oscuridad.

—Los tengo. A los cuatro.

Se tensó al escuchar la voz robótica. Había alguien más con ellos. Escuchó unas pisadas. Alguien pasó entre ellos, observándoles.

—A ellas les he quitado el chip rastreador que les implantan al nacer. A ellos se los quitaré cuando pasemos la barrera. Sí. Corto.

No estaba segura del todo, pero le escocía el cuello. Cuando nacían les colocaban un implante rastreador. Los vigilantes solían escanearlos fácilmente. Además de su retina y huellas dactilares.

Intentó recordar lo que sabía de geografía de la ciudad. La única zona con una barrera separadora era el matadero.

El miedo se acomodó en su estómago, subió a su pecho y casi escapó de sus labios.

Había sospechado del vigilante que apareció después de leer el libro de su antepasado. No sabía por qué, pero había tenido una mala espina del asunto. Y ahora empezaba a pensar que tenía razón.

¿Sería esa la cara oculta del mundo podrido femenino del poder? No podía creerse que la historia estuviera tan corrompida. No quería estudiar historia para eso.

Aunque ahora ya no importaba.

Si iban de camino al matadero no iba a poder ni seguir con sus estudios. Sakura no podría terminar su tesis. Y ellos… Sasuke y Naruto iban a terminar en el lugar que siempre habían temido terminar.

Sintió el llanto nacer y se forzó por acallarse.

—¿El otro furgón? —repitió la voz. De nuevo se movía—. Sí, lo veo. Iré.

Hinata abrió los ojos.

Una figura oscura estaba cerca de la puerta. Llevaba una máscara. El viento sacudió su cabello. En un abrir y cerrar de ojos saltó fuera. La puerta se cerró.

Intentó moverse.

—Hinata, quédate quieta.

Se tensó. Era la voz de Sakura.

—¿Sakura? —cuestionó sin poder contener el llanto—. Estás…

—Estoy bien, pero tengo efectos del gas que han usado —explicó—. Y tú también. Si te mueves bruscamente te desmayaras. No te muevas.

—Lo sé, pero… —dudó.

—Lo sé. Lo sé.

La voz de Sakura se rompió mientras lo decía.

—¿Los chicos?

—Creo que también les han puesto de más. Por eso están todavía dormidos. No te preocupes. Tengo a Naruto roncándome en la oreja.

Hinata no pudo evitar sonreír al imaginárselo y el llanto le supo a sal en los labios.

—¿Qué vamos a hacer…? —cuestionó ahogadamente.

—No lo sé —reconoció Sakura—. Estoy atada de manos. ¿Tú?

—También —respondió.

Iba a añadir algo más cuando la puerta volvió a abrirse. Sakura permaneció en silencio y ella la imitó. La figura caminó hasta los chicos. Los movió boca abajo y presionó sus cuellos. No vio claramente qué uso, pero escuchó un pitido.

—Aquí 00-1. Los chips masculinos han sido extraídos con éxito. No quedan más en sus cuerpos. Cancelen el tatuaje de su cuerpo. Os paso las imágenes.

Se llevó la mano hasta la máscara. Primero delante del cuello de Naruto y, al final, en Sasuke.

El furgón cambió de rumbo y por inercia, ella resbaló hacia atrás, golpeándose. La figura miró en su dirección, levantándose y observándola.

—Nada. Sus constantes siguen aturdidas. No falta mucho, sin embargo.

Le dio la espalda y ella apretó los labios con dolor. Y de nuevo, tuvo que reprimirse cuando Sasuke resbaló contra ella, demasiado grande y pesado.

La figura tiró de él para quitárselo de encima cuando el furgón se detuvo. El pánico volvió a aparecer.

La puerta se abrió y otra figura apareció. La luz la cegó, pero juraría que era la forma de una mujer.

—¡Tienes que esperar! ¡El reglamento dice…! —gritó otra persona tras ella.

—¡Al cuerno el reglamento!

La mujer subió y la figura se hizo a un lado para dejarla pasar. La mujer las observó.

—¡Esta está despierta ya! —acusó mirándola—. Empezad a bajarlas. Las mujeres siempre se despiertan antes.

La figura se arrodilló junto a ella, asiéndola de la cara. Ella parpadeó. Llevaba una máscara y, cuando la levantó, demostró ser más fuerte de lo que parecía a simple vista. Sakura también fue sacada por otra persona y lo último que alcanzó a ver, fue a la mujer abrazando a ambos chicos.

Las metieron en una sala aséptica. Les cambiaron la ropa, ignorando sus protestas a media lengua. Sakura le tomó la mano, helada.

—¿Dónde estamos? —cuestionó en un susurro—. Creía que nos traerían al matadero.

Sakura miró a su alrededor.

—Creo que estamos en él.

Hinata la imitó.

—No es lo que pensaba que sería.

—Piensa que sólo estamos en una sala —puntualizó Sakura—. Y no sabemos qué ocurre. Nos han atacado, dormido y transportado a un lugar en que las personas van a morir.

—Los hombres —corrigió amargamente—. Ellos temen este lugar.

Sakura la miró aterrada.

—Sasuke, Naruto. ¡Oh, por favor!

Saltó con torpeza de la cama y la puerta se abrió. Una mujer apareció. Llevaba un mono negro igual que el hombre que la había cargado. Su cabello negro recogido en una coleta y una tablet en sus manos. Las miró con ojos negros y seriedad, hasta que su boca se curvó en un gesto más afable, hasta paternal.

—¿Quién es el ama de Sasuke Uchiha?

Sakura apretó los labios y Hinata la miró.

—No me considero su ama —respondió—. Lo saqué de la inmundicia en que lo tenían y en ningún momento lo he utilizado como esclavo, sino como persona —acusó—. Qué es lo que son.

Levantó el mentón pese a que su mano temblaba en la de suya.

La mujer la estudió un instante con mirada seria. Finalmente, sonrió. Extendió las manos hacia ellas y abrazó a Sakura. Ella la miró sin comprender y cuando se separó, otra mujer entró. La reconoció. Era la misma mujer que saltó al furgón y abrazó a ambos chicos.

—¿Quién? —cuestionó mirando a la mujer morena.

—Sasuke, Naruto —indicó esta señalando a una y otra como referencia. A ella con Naruto y Sakura con Sasuke.

—Bien, las dejaremos que los vean antes y después explicaremos todo.

Hinata y Sakura volvieron a intercambiar miradas dubitativas. Ambas mujeres retrocedieron para abrir paso. La del furgón inició el pasó y la mujer morena fue detrás. Cada vez que las miraban les sonreían.

Hinata se fijó en los pasillos. De material, cada vez más toscos hasta convertirse en piedra. El suelo comenzó a descender y parecía que cada vez se hundían más profundo. Como si pasaran de la ciudad a una cueva. La electricidad era rudimentaria y olía a humedad.

—¿Dónde estamos? —preguntó Sakura.

La mujer delante de ella respondió.

—En las afueras de la ciudad. Lo conocido como matadero. O una especie de anexo lejano a él. Más tarde podréis ver los mapas para guiaros mejor.

Hinata se quedó pasmada. ¿Realmente iban a perder la vida que no les importaba contar la verdad?

—Creo que os debemos una disculpa por la brusquedad con la que os han tratado —añadió la mujer de atrás—. Era necesario actuar rápido antes que…

—Que lo contáramos o quisiéramos cambiar el mundo —interrumpió Sakura sarcástica.

—No, no —negó la mujer.

—Déjalo, hasta que no lo vean no nos creerán —añadió la otra mujer—. No queda mucho.

Caminaron un poco más en silencio, bajaron escaleras, giraron por diversas bifurcaciones y llegaron a una salida. La luz las cegó por un instante, pero cuando entraron, descubrieron una sala de piedra, de unas dimensiones parecidas a las de un parking sin fondo. Diferentes aparatos eléctricos, mesas y sillas. Una mesa con comida, hombres trajeados caminando de un lado a otro.

—Bienvenidas a la madriguera —indicó la mujer morena. Levantó la mano para señalar a un lado—. Ahí están vuestros chicos.

Ambas se miraron, temerosas. Echaron a andar a la vez.

Sasuke y Naruto estaban sentados entre diversas sillas, frotándose la cabeza con gesto dolorido. Sasuke tenía una marca roja en la frente por el golpe en el furgón. Al verlas, parpadearon, levantándose pese a no tener que hacerlo realmente. Sin embargo, ellas se echaron a sus brazos.

—¡Hinata! —exclamó Naruto sosteniéndola firmemente—. ¿Estás bien? ¿Te has golpeado? ¿Te duele algo?

—No, tranquilo —aseguró palpándole el rostro al separarse un poco—. ¿Qué hay de ti?

—Estamos bien —confirmó Naruto mirando a Sasuke de reojo—. Más bien… confusos, ttebayo.

—Para eso estamos nosotras aquí —anunció la mujer del furgón—. Lo primero de todo: no tenéis nada que temer. Aquí estáis a salvo y… ya no sois esclavos.

Hinata y Naruto se miraron, confusos.

—¿Qué? —cuestionó Sakura.

Hinata miró hacia ellos, notando que Sasuke no cesaba de mirar a la otra mujer. La morena, que sonrió hacia él amablemente.

—Parece que tus recuerdos no desaparecieron del todo, Sasuke.

—¿La conoces? —cuestionó Naruto.

Sasuke asintió lentamente, inseguro por un instante. Se separó de Sakura y dio un paso hacia ella. La mujer no se movió, le permitió observarla más de cerca, incluso de una forma que seguramente Naruto pensó que era demasiado descarada, porque le dio un tirón del hombro.

—Sasuke, respeta a…

—Está bien —habló la mujer—. Como os hemos dicho, aquí no sois esclavos sexuales. Sois hombres. Hijos y hermanos.

—Exacto —confirmó la mujer del furgón acercándose más a Naruto—. ¿Qué pasa contigo? ¿Eh?

Naruto retrocedió, confuso.

—¿Qué?

—¿No recuerdas? ¿Ni un poco?

Naruto la miró a ella y Hinata negó al no comprender.

—Nunca fui comprado antes —respondió Naruto—. Hinata es mi primera dueña.

—No soy tu dueña, Naruto —le recordó, sorprendida por su nerviosismo.

Sakura soltó un gritito entre dientes.

—¿Sasuke? —exclamó.

Volvieron su atención hacia él. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, caían por sus mejillas y resbalaban por su mejilla.

—Todos lloramos la primera vez.

Se volvieron hacia la voz. El mismo sujeto que les había traído caminaba hacia ellos. Todavía con la máscara puesta. La mujer morena se llevó las manos a la cintura.

—Máscara fuera —regañó—. Ya sabes que no me gusta que la lleves cuando estés a salvo.

El chico obedeció. Tiró de la máscara, que crujió con sonido de aire. Se la sacó y el cabello suelto, oscuro, osciló por sus hombros. Todos le miraban fijamente, pero fue Sasuke quien soltó un taco nada refinado.

—Oh. ¿A él le recuerdas más? —cuestionó la mujer morena.

—No puedes juzgarle, pasamos más tiempo juntos a causa de las leyes —recordó el chico—. Sasuke, has crecido mucho.

Sasuke parecía atónito, demasiado confuso. Sakura lo asió de la cintura y tiró de él con fuerza para hacerle volver en sí.

—¿Quiénes son? —cuestionó Naruto al final.

Sasuke fue quien respondió.

—Mi madre y mi hermano —dijo. La voz ronca, tomada—. Itachi y Mikoto Uchiha.

Sakura se llevó las manos a la boca, incrédula.

—¡Pero si estaban…! —Miró a Itachi con pánico—. Tú habías matado a tu familia.

Itachi se rascó el pecho, incómodo.

—A cierta parte de mi familia, la corrompida —reconoció.

Mikoto suspiró y se acercó a Sasuke, que se sentó.

—Nos llevó mucho tiempo encontrarte —dijo. Luego miró hacia la mujer del furgón—. ¿No vas a decírselo?

Ella se rascó la nuca, molesta y chasqueó la lengua.

—Parece que heredó mi despiste y la tontura de su padre —protestó mirando a Naruto, que la miró sin poder creérselo—. Soy Kushina Uzumaki. Tu madre.

Hinata estaba tan perdida como Naruto, pero al contrario que ella, cuando Kushina Uzumaki dijo esas palabras, Naruto lloró. Se tocó el rostro, completamente confuso del motivo. Incluso la miró a ella, que no comprendía por qué y sólo alcanzaba a acariciarle la espalda.

—Lloráis porque recordáis todo lo que perdisteis. Son vuestras madres y uno, lo primero que aprende es amar a su madre —explicó Kushina—. Les pasa a todos los chicos que llegan aquí. No todos pueden conocer a sus madres, claro, o hermanas o primas. Siempre hay algo que detona. La libertad pesa mucho sobre los hombros. Especialmente, cuando es algo nuevo.

—Tomaros vuestro tiempo —aconsejó Mikoto—. Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar y también tendremos mucho tiempo para ponerlos al día.

Sasuke y Naruto habían enmudecido. Parecían estar luchando contra sus sentimientos, que se desbordaban. Se aferraron a las manos de sus madres.

—No lo entiendo —dijo Sakura colocándose a su lado para darle espacio a Itachi junto a su hermano—. ¿El matadero no era un lugar aterrador para asesinar a los hombres?

Kushina la miró.

—Lo es —afirmó—. Pero no todos terminan ahí. Llevamos años rescatando a los que podemos. Nuestro refugio fue instalado bajo el nuevo, con los restos del viejo matadero. Lleva hasta las montañas exteriores, que es donde estamos. Nosotros salvamos a aquellos que podemos, que consideramos que son aptos.

—¿Y qué es apto? —indagó Hinata.

Itachi fue quien respondió.

—No asesinos. No violadores. No sin retorno.

—¿Qué son sin retornos? —cuestionó de nuevo.

—Los que su mente está tan deteriorada que no pueden ser salvados ni con terapia —respondió Sakura para su sorpresa—. También hay mujeres que terminan así y las envían al matadero. Así que es una parte que te dejan estudiar en la facultad de medicina.

—Las inútiles restricciones de las leyes —protestó Kushina cerrando un puño—. No puedo creerme que obviasen tantas leyes buenas para crear este funesto lugar.

—Esas palabras van a confundirlas más, Kushina —regañó Mikoto—. Vayamos un poco por partes.

Ambas mujeres se miraron y asintieron.

—En resumen, de lo que estabas preguntando, Hinata Hyûga, ella puede responderos mejor. Contaros las cosas.

Mikoto levantó el brazo para señalar a otra mujer, que se daba golpecitos en los hombros al enderezar la columna y mirar la pantalla del ordenador frente a ella. Como si presentiera que la llamaban, se volvió, subiéndose las gafas.

—¿Me necesitáis? —cuestionó acercándose.

—Sí, por favor, Shiho —confirmó Kushina—. ¿Qué tal si les explicas las cosas? Siempre se te da mejor.

La mujer de cabellos rubios asintió. Hinata y Sakura la miraron con la esperanza de encontrar una explicación más clara. Hasta Naruto y Sasuke se enfocaron en ella, algo más tranquilos y centrados.

—Espera —interrumpió Itachi levantándose. Se acercó a ella, entregándole el libro.

Hinata lo miró sorprendida.

—Oh, sí, el diario —recalcó Shiho—. Es una herencia muy importante, señorita Hyuga. Ahí se explica cómo comenzó todo.

—¿Cómo lo saben? —cuestionó.

Sakura fue quien habló.

—Nos estaban espiando.

—Lamento decir que sí —confesó Shiho—. Desde que conocimos su existencia por medio de Hiashi Hyûga. Permitimos que se lo entregara a su hija con la idea de ver cómo sería el resultado con ella y déjeme decirle, que ha aprobado totalmente. Es usted una buena chica.

Hinata no supo si agradecer o no.

—Lo es —recalcó Naruto mirándola. Hinata sintió que enrojecía.

—¿Por qué ese libro? —indagó Sakura.

—No sólo ese libro —respondió Shiho—. Cualquier otra forma de comprender que fue mal. Es obvio, lo sé, no necesitáis poner esa cara. Pero teníamos que buscar la verdad tras todo y que el sufrimiento de Mito no quede en ascuas.

—Espere. ¿Mito Uzumaki? —cuestionó—. Es la misma que se nombra en el libro, la que fomentó que…

—No es así —interrumpió Kushina rápidamente—. Es lo que se querían que se pensase. Aprovecharon su posición, su pasado duro para fomentar el odio a los hombres. Ella nunca quiso esclavizarlos ni explotarlo y mucho menos, fomentar esta conducta abusadora y horrible que separa a madres de hijos. Ella quería igualdad.

—¿Cómo pueden estar tan seguros? —inquirió Sakura dudosa.

Mikoto miró hacia Hinata.

—¿Estudiabas historia?

—Sí —respondió—. Estaba en mi último año.

—¿Te enseñaron a autentificar? —le preguntó.

Hinata asintió. Recordaba el dolor de cabeza que le dio aquella parte de la asignatura. Mikoto se volvió hacia Shiho.

—Enséñaselos.

La mujer asintió y corrió hasta la otra punta de la sala, cuando volvió, jadeante, traía consigo un viejo libro desgastado. Hinata sintió que se le hacía un nudo en la garganta.

—No puede ser —masculló.

—¿Qué ocurre? —cuestionó Naruto. Ella le miró.

—Los verdaderos tratados de Mito Uzumaki. Sus verdaderos votos para la sociedad. Es como un diario donde ella escribía lo que quería hacer para bien —explicó—. Nos dijeron que se había quemado en un incendio que hubo hace años en el museo de historia. Fue realmente triste, aunque muy poca gente tenía oportunidades de verlo igualmente. Era una exposición escasa. Y, además, siempre permanecía cerrado y con muchas urnas protectoras. Se creía que era para conservarlo. Aun así…

—El museo se incendió a causa nuestra —explicó Itachi—. Se creo una organización para trabajar desde las sombras. Un grupo selectivo para moverse.

—Akatsuki —pronunció Kushina—. Itachi forma parte de él. Claro que no son los mismos que por aquel entonces. Muchos murieron intentando traer ese libro. Podéis imaginaros por qué estaba clausurado.

Hinata lo miró ansiosa. Extendió las manos, dubitativa. Shiho frunció el ceño, pero cuando Mikoto asintió, se lo ofreció.

Con sumo cuidado se movió hasta una mesa cercana y los demás la siguieron. Shiho le entregó unos guantes y ella los aceptó. Las páginas eran viejas y algunas zonas tenía falta ya de tinta.

En él, Mito Uzumaki buscaba la igualdad.

—¿Sabéis cómo murió? —preguntó Mikoto.

—Nos contaron que por vejez —respondió Sakura leyendo por encima.

—Fue envenenada —respondió Shiho como si acabara de decir una blasfemia. Sakura y ella se miraron—. Os engañan como quieren y vuestros cerebros absorben todo sencillamente.

—¿Y cómo estáis seguro de eso? —preguntó esa vez Sasuke.

—Exhumaron el cuerpo.

Shiho miró a Sakura con sorpresa. Esta se cruzó de brazos.

—¿Cómo lo sabes?

—Estudio en la facultad de medicina. Puede que en las noticias no salgan muchas cosas, pero hubo rumores de que el cuerpo de Mito fue robado de su tumba. Muchos cementerios fueron creados en los terrenos familiares, como fue el caso del clan Uchiha que Sasuke y yo visitamos.

—Gracias a que lo visitasteis nos dimos cuenta de que al fin fue sacado del lugar en el que lo tenían —añadió Mikoto.

—¿Cómo? —preguntó Sasuke.

—La tumba de tu hermano es en realidad también una entrada a este lugar. No se habría abierto la tapa, claro, si no sabes cómo hacerlo. También tenemos otra entrada en la casa de los Uzumaki y los Namikaze —añadió Mikoto—. Mito estaba enterrada en el cementerio destinado a los políticos importantes, así que tuvimos que colarnos, sacar su cuerpo y hacerle la autopsia.

—Por supuesto, todo fue hecho por profesionales en aquel tiempo —aseguró Shiho.

—Y todo este clandestino movimiento lo ideó Mito —puntualizó Sakura, dudosa.

—Es correcto —confirmó Hinata—. Aquí lo deja caer. "Puede que mi nombre sea deplorable, de esclava, pero buscaré la libertad en las sombras de ser necesario, bajo una nube roja del amanecer". Y también… aquí. —Señaló con el dedo—. "Mi muerte será precipitada, el destino es cruel y ha movido los hilos negros del mal por el corazón oscurecido. No lo dejaré así. Jamás". La forma de la letra, la tinta e incluso la pluma, es la misma.

Sakura se llevó las manos a la boca en rezo, luego las bajó para mirarlas.

—Vale —dijo—. Para resumirlo: Mito Uzumaki, pese a lo que vivió en el pasado, quería un mundo con igualdad y fomentaba esos principios. Una mano negra ambiciosa de superación y poder sobre los hombres, tergiversó todo para destruir al hombre y utilizó con mentiras a Mito y sus ideales. Cuando esta empezó a estorbar, la asesinaron. Vosotros, que sois Akatsuki, que es lo que se comenta en las páginas de su libro, buscasteis pruebas de ello. Robasteis su libro, le hicisteis la autopsia a su cuerpo y durante todo este tiempo, imagino que con diversas generaciones, os encargáis de salvar a los hombres y mujeres que envían al matadero y que realmente son inocentes o se pueden salvar mentalmente o por sus actos cometidos.

—Un buen resumen, sí —asintió Kushina.

—¿Cómo pudieron comprobar lo del envenenamiento? —indagó Hinata—. ¿No había pasado mucho tiempo?

—No, hubo suficiente para corroborarlo —aseguró Shiho—. Gracias a Mito la tecnología también creció lo suficiente para que entonces pudieran hacerlo. Tenemos prueba de todo y ambas parecéis capacitadas para verificarlo de ser necesario.

—No hace falta —negó avergonzándose. Quizás había sido demasiado curiosa.

—Hasta ahí tenemos una parte resumida —continuó Sakura volviendo al tema—. El libro de Hinata, lo conocéis porque el padre de Hinata estaba en contacto con vosotros. ¿Por qué?

Mikoto asintió.

—Mi marido conocía a tu padre, Hinata —explicó—. Arriesgó su vida para poder hablar con él y Hiashi le contó todo. Luego, colarse en vuestra casa fue sencillo para mi hijo, Itachi.

—Pero era tarde —añadió Itachi—. Los vigilantes ya os habían descubierto, por eso, teníamos que actuar esta noche, antes de que ellos consiguieran hacerse con el libro y con vosotros. No habríais tenido tanta suerte de ser así.

—Y nos echasteis gas, sabiendo lo que ellos lo odian —acusó sin poder reprimirse.

Itachi apretó los labios y Mikoto y Kushina se miraron.

—Ese gas es el único que permite nublar la vigilancia de los vigilantes. Lo necesitábamos. Y tampoco podemos arriesgarnos. Seguramente, no habríais venido de buena fe. ¿Verdad? —cuestionó Shiho—. Así que es lo único que tenemos para estos casos. Además, ellos no iban a ser mucho más amables. Ni siquiera les habría importado quienes erais o si ellos eran S.

—¿Quiénes son ellos de los que habláis? —indagó—. ¿El gobierno? Tsunade Senjû es una descendiente de Mito.

Shiho bufó.

—Realmente no saben nada —protestó. Kushina y Mikoto la miraron severamente—. Vale, vale —gruñó—. Tsunade Senjû está de nuestro lado. Sabe la verdad tras todo y ha estado dando el callo para cambiar los ideales establecidos, pero sin éxito. Sí que algunas cosas se han aceptado, pero otras… no les interesa. Y cuando nos referimos a ellos, es a los Kages (1).

Hinata estaba atónita.

—¿Os referís a los Kages de cada nación?

—Correcto —afirmó Shiho—. En nuestro caso no, porque ella está de nuestro lado. No obstante, muchos enemigos son los que desean ese puesto y si se alían con el resto de Kages, lo conseguirán.

—Mujeres, supongo —dijo Sasuke.

Shiho le miró fijamente.

—Sí (2) —respondió.

—Mi marido fue uno de ellos hasta que murió en extrañas condiciones —explicó Kushina mirando a Naruto—. Tu padre. Era un hombre bueno y quería igualdad.

Naruto se encogió de hombros, indiferente. Sus sentimientos parecían aún confusos y, por supuesto, debían de entrar en diferentes etapas. Aceptación era la más esperada por su madre, al parecer.

—Leí su historial familia —recordó Hinata—. Decía que era heredero de una familia importante, por eso su rango era una S.

—Y así es. Su padre fue Hokage antes de que cayera todo el peso de odio sobre él y pasase a Tsunade. Y yo soy familia de Mito. Pero no pude salvarle.

—Eso me lleva a preguntarme por qué ustedes están aquí —dijo Sakura.

—Bueno, como he dicho, mi marido era Hokage y estaba tratando estos asuntos. El día en que vinieron a llevarse a Naruto murió. Yo fui herida pero los Akatsuki me salvaron —respondió Kushina—. Y luego, Itachi fingió matar a todo su clan para que los que estaban a favor de Mito y sus ideales, pudieran huir. Como ha dicho, la tumba de su hijo es una de nuestras entradas clave.

—Mi marido murió trayéndonos información. La noche que consiguió la verdad de tu padre, Hinata —añadió Mikoto—. Por suerte, siempre llevamos cámaras encima cuando salimos y escuchamos todo. Lo siento, querida, pero tu madre…

—Lo sé —interrumpió mordiéndose el labio—. Intentó matar a mi primo justamente por su alocada forma de ver el mundo. Pero mi hermana y yo somos diferentes. Y Neji también.

—Neji Hyûga está entre los hombres, junto a su mujer, de ser salvados —indicó Shiho subiéndose las gafas—. Algunas de vuestras cercanas, también. Mañana se efectuará su rescate.

Hinata miró el libro de reojo y luego a Shiho.

—¿Por qué nos traen aquí en vez de que ayudemos a cambiar el mundo ahí, donde está el mal? —cuestionó.

Shiho miró a las otras dos mujeres. Kushina asintió.

—Porque dentro de dos meses se llevará a cabo una limpieza.

—¿Qué es eso? —inquirió Sakura—. Hinata, estás pálida.

Estaba aterrada. No pálida.

—Eso es… erradicar a un montón de personas. Dado que las ciudades están confinadas por muros la gran mayoría, una explosión sería catastrófico y letal. No quedaría nadie con vida porque no habría un lugar donde esconderse. Lo que quieren es…

—Lo entendemos —interrumpió Kushina—. Todas las palabras de barbarie que vas a decir es algo que pensamos durante años. Por favor, Hinata. No pienses que no hemos intentado ir por las buenas, intentar cambiar a base de tratados. No ha servido de nada. Ellos, cuando no les gusta algo, lo erradican.

—¿Y eso justifica que también seamos iguales? —protestó Sakura, comprendiendo finalmente la situación—. ¡Asesinarán a muchas personas inocentes! Hombres que no han hecho más que sobrevivir. Mujeres que ni siquiera han tenido un hombre en su vida o niños y niñas que…

—Niños que están siendo esclavizados y torturados —puntualizó Sasuke apretando los labios.

—Y niñas que desconocen ese mal —recordó Sakura mirándole.

Sasuke le devolvió la mirada.

—Tú misma dijiste que desde pequeñas os fomentaban el odio —rememoró él.

Mikoto se acercó a Sakura, sostuvo sus manos.

—Hemos intentado salvarlas también, muchas están más corrompidas de lo que piensas, corazón. En el tiempo que comenzó a cambiar las cosas, nadie preguntó si eras buena, si eras noble de corazón. Si te hacían una pregunta, una simple, cómo: ¿Odias a los hombres? Si respondías que no, te mataban.

—Eso es mentira —negó Sakura aterrada. La buscó con la mirada y Hinata no pudo mirarla—. No puede ser…

—Cuando estudié esa parte tampoco me lo creí —confesó llevándose una mano a la boca—. Ahora veo que fue cierto. Y que también hubo muchas mentiras en el proceso.

—Sí —confirmó Shiho—. Lo triste es que era raro que una niña de siete años odiara a su padre, al que amaba con locura, porque era un hombre. Así que, antes de juzgar nuestros métodos, entender el límite de corrupción que hay tras todo. Llevamos años recogiendo gente "sana" y dándoles un hogar. No podemos salvar a todos, no somos Dioses y esos, sinceramente, no son un buen ejemplo.

Sakura y ella se miraron, afligidas.

—¿Podemos añadir nombres a la lista? —cuestionó sin ocultar su nerviosismo.

Kushina la tomó de las manos y le dio palmadas.

—Como os hemos dicho, desde que nos enteramos que teníais a Naruto y Sasuke, hemos estado siguiéndoos. Viendo cómo luchabais contra todo vuestro enseñamiento. La educación restringida que os dieron. Y hemos visto a mucha gente que os rodeaba que son buenos. No tienes que preocuparte.

—Tengo —corrigió pálida—. Mi hermana… Neji…

—Están en la lista —interrumpió Itachi—. También hay otras mujeres: Temari, Ino, Matsuri… Y sus hombres.

—Temari me interesa en especial —indicó Shiho—. Ella mantuvo a sus hermanos con ella gracias a la importancia de su familia. ¿Es consciente de que su padre es uno de los villanos?

Sakura la miró, sorprendida.

—¿El padre de Temari es un Kage?

—Sí, así, Sakura —confirmó Mikoto.

—No lo sabíamos —reconoció la susodicha enrojeciendo—. Nosotras la conocimos por Ino. Ella y Temari intercambiaron un hombre de forma amigable, que es quien convive con ella.

—Lo sabemos. Estudiamos su historial —confirmó Shiho cruzándose de brazos—. Hay algo que deberíais de meteros en la cabeza, por cierto —añadió—. No son "nuestros, vuestros, mí" hombre. Aquí son libres, tienen sus propias decisiones. Hasta si se niegan a tener sexo con vosotras, como os atreváis a crear un escándalo…

—Shiho —advirtió Kushina dándole a ella un apretón demasiado doloroso en las manos—. Lo entienden desde el principio. ¿Verdad, Hinata?

—Sí —tartamudeó.

—Incluso antes y después de comprarlos, decidimos que ellos tendrían su propia opinión —intervino Sakura.

—Ya. —Shiho torció el gesto en una mueca irónica—. Y lo dice quien sí ha hecho uso de él.

Sakura enrojeció al instante.

—¡Eso no es…! —empezó a defenderse.

—Shiho —intervino Mikoto—. Estás pasando tu rango demasiado.

Shiho se colocó las gafas, nerviosa.

—Lo siento, pero es que me parece realmente hipócrita de su parte cuando ha pasado. Sin embargo, Hinata no.

Hinata se mordió el labio inferior sintiendo cómo los colores se le subían al rostro. Sí, no había tenido sexo con Naruto. No, no sabía hasta qué punto habían llegado Sakura y Sasuke ni quería saberlo. Pero de ahí a que no fuera consciente de cómo era Naruto o de no haberlo tocado con sus propias manos… La tenía en demasiada estima.

—Lo siento… yo también he… abusado de él —confesó.

Naruto se puso en pie al instante.

—¡Eso no es cierto! —gritó—. Hinata es una mujer muy buena. Siempre ha puesto límites a mis torpezas sexuales y no ha hecho las cosas que creen. ¡No hemos tenido…!

—¡Naruto! —exclamó avergonzada y mareada—. Por favor… —rogó.

Naruto cerró la boca, mirándola.

—Y ganas no me faltan.

Hinata se sostuvo contra Kushina cuando escuchó esas palabras. Delante de todo el mundo, tan abierto, sin tapujos, enterrándola en la vergüenza.

Kushina le dio palmaditas en la cabeza mientras reía.

—Como dice aquel, en las parejas un mal tercio sobra —dijo Mikoto—. Tendréis mucho tiempo para solucionar lo vuestro.

Shiho bufó.

—Muchos de los que vienen aquí no terminan regresando con sus parejas ni de broma. Algunos hombres ni se vuelven a fijar en una mujer en la vida y, de hacerlo, es otra —puntualizó—. Están en su derecho de querer.

—¡Ya te entendí la primera vez, joder! —exclamó Sakura cuando se lo dijo en la cara—. Sasuke siempre ha podido negarse, hacer lo que le diera la gana. ¡Sé lo que soy y lo que hice, diablos!

Miró a su alrededor, con los ojos llenos de lágrimas. Cuando vio un resquicio de luz, caminó hacia él. Hinata iba a seguirla, cuando vio la sombra de Sasuke pasar por su lado. Mikoto sonrió, suspirando.

—Shiho —aseveró.

—Sí, lo sé —protestó esta—. Haré horas extras. Es más, supliré a Izumi Uchiha, seguro que a Itachi le da una alegría —ironizó.

Kushina se inclinó un poco hacia ella para susurrarle.

—El hombre que vino con ella no quiso nunca más verla, así que puede que esté un poco resentida. No se lo tengáis muy en cuenta.

Hinata asintió, comprendiéndola.

Puede que Naruto mandara a volar su corazón al confesar que continuaba deseándola, pero eso no significaba que a la larga fueran a fomentar algún tipo de relación. Él ahora era libre. Al fin.

—¿Qué es lo que va a ocurrir? —cuestionó para intentar sacarse esos pensamientos de la cabeza—. ¿Cómo planeáis derrocar o destruir su dictadura? ¿Veneno en el agua? ¿Asesinatos nocturnos?

—Algo más radical y rápido —respondió Itachi señalando hacia los monitores que Shiho había abandonado.

Ella los miró.

—¿Una… bomba? —exclamó con la boca abierta—. ¡Eso es…!

—Ya hemos dicho que no podemos salvar a todo el mundo. Aprovecharemos los muros, como te ha explicado antes Shiho. Y dado que tenemos organizaciones en cada punto del planeta, se hará a la vez.

—Coordinar todo eso conlleva mucho trabajo —añadió Mikoto—. Pero es un plan que lleva años considerándose.

Hinata tragó, sintiendo malestar.

—¿Por qué ahora?

—Porque antes usamos otros métodos más pacíficos y el gobierno se rió en nuestra cara. Fomentando más leyes estrictas y enviando a más hombres al matadero sin motivos. Y te aseguro que hemos usado un sinfín —aseguró Shiho—. La humanidad está podrida.

Hinata se miró las manos y luego a ella.

—Eso no asegura que los que estamos aquí no lo estemos también —indicó—. ¿Y si el poder se sube de nuevo a la cabeza? ¿Y si hay un motín porque algún hombre quedase resentido y quisiera venganza? En lugar de pagarla con quienes realmente les hirieron, que igualmente no es algo bueno, podrían pagarla con los inocentes.

—Un motín —resumió Itachi—. Sí, eso también se ha pronosticado.

—Como hemos dicho, esto no es algo que lleve planteándose de la noche a la mañana —recordó Kushina—. Es de muchos, muchos años. Con mucha sangre derramada. Con muchas lágrimas. Con hijos perdidos. Maridos, padres, hermanos… también hermanas, madres, primas… No es un camino de rosa que nos extendieran y nos dijeran que caminaramos por él que todo iría bien.

Hinata se quedó sin palabras. Se sentía entre la espada y la pared.

Comprendía ambos puntos y entendía la difícil balanza y hacia dónde se inclinaba. Se cubrió el rostro con ambas manos.

—Mi madre y mi padre están ahí.

—¿No lo sabe? —cuestionó Shiho. Hinata la miró—. ¿Tu madre te ha permitido ver a tu padre estos meses?

—No —negó. Naruto le puso una mano en el hombro—. No creerán que…

—No lo creemos, lo afirmamos —aseguró Shiho.

Tomó una pequeña Tablet de la mesa donde estaba antes y tecleó. Después, le mostró la ficha de su padre.

—Murió hace dos meses. No lo enviaron al matadero. Fue muerto a manos de su esposa y ayudada con otros hombres bajo su mando.

Hinata miró la pantalla con el corazón roto. No podía creerse que la crueldad de su madre llegase a tanto.

—Siento decírtelo, Hinata, pero su madre no es apta.

Naruto la estrechó en un abrazo consolador. Hinata se permitió esconder su cara en su pecho.

Y lloró.

Por su padre. Por los demás hombres. Por el pasado. Por Naruto que era libre.

Le miró y él le dedicó una sonrisa afable, cariñosa.

—Está bien, Hinata. Tómate tu tiempo —recomendó.

Kushina asintió y también le puso una mano en la espalda para reconfortarla.

—Mañana tendrás aquí a tu verdadera familia. Te lo prometo —prometió.

Shiho se acercó a ellos, metiendo las manos en los bolsillos.

—Bueno, ya que esta parte ha quedado clara, llega el momento de organizarnos. Tomad.

Lex extendió dos pulseras.

—La negra para Naruto —explicó—. La morada para ti. Ponedla en vuestras muñecas derechas. También tengo la de los otros dos —explicó mostrándoselas a Mikoto, quien las tomó—. ¿Se las darás tú?

—Sí, mejor —aceptó la mujer.

—¿Para qué son las pulseras? —cuestionó Naruto, claramente molesto con ellas—. ¿Es para controlar nuestra lívido o algo?

—Oh, no, no —negó Kushina ayudándola a abrochársela—. Son para abrir la puerta de vuestras habitaciones, comprar comida, pedir lectura, etc. En vuestros dormitorios encontraréis una guía acerca de su uso, pero es más simple de lo que parece.

—¿Con qué pagaremos esas cosas? —volvió a preguntar él—. ¿Con sexo?

Kushina frunció el ceño. Hinata enrojeció.

—No —negó—. Lo pagarás con dinero. Así como tú, Hinata también pertenece a una familia rica. Hemos tomado cuenta de las cuentas bancarias de los familiares que estamos aquí. Como herederos, tenéis acceso a ello. Sin embargo, tenéis que trabajar en el futuro para ganaros el pan, como se suele decir. Por ahora, lo que necesites tú, saldrá de mí cuenta bancaria. Somos herederos tanto de Mito como de tu padre. No tienes que preocuparte.

—¿No se dan cuenta los dueños originales de la falta del dinero? —cuestionó Hinata.

—No, porque se les refleja como si fueran cobros de impuestos. Por eso pedimos moderación —explicó Shiho.

—Comprendo —entendió. Luego cayó en algo—. Espera. Sakura no es hija de nadie importante. Su cuenta bancaria es normal. Recibía pluses por estudiar medicina.

—Podrá seguir estudiando y recibir la ayuda —anunció Mikoto—. Médicos es algo que necesitamos. Y estoy segura de que Sasuke no permitiría que le faltara nada.

Le guiñó un ojo cómplice y Hinata le sonrió agradecida.

—Entonces —continuó Shiho—. Las habitaciones.

—Ya les llevo yo a ellos —se ofreció Kushina.

Shiho suspiró aliviada.

—Perfecto, iré a mi puesto entonces —se despidió.

Hinata no tuvo tiempo siquiera de despedirse que Kushina los tomó a ambos de los brazos. Hinata atrapó su libro de milagro. Naruto caminó a su lado, mirando alrededor del mismo modo que ella: fascinado.

El lugar continuaba siendo impresionante y tenía diferentes salidas y entradas de piedra que se abrían como colas de serpientes. Tomaron una de ellas para empezar a ver puertas con distintos números. Se detuvieron en la 103 y la 104. La pulsera en su muñeca tembló y la puerta crujió al abrirse un cerrojo.

—Cada uno tenéis vuestra habitación.

Hinata miró a Naruto, sonriéndole. Empujó la puerta y sintió su mano.

—Naruto —intervino Kushina—. Deja que se tome un tiempo para pensar. Tú necesitas hacer lo mismo y yo necesito contarte algo.

Kushina le guiñó un ojo y empujó la puerta para llevárselo con ella. Hinata parpadeó y tomó aire, entrando en el que sería su nuevo hogar.

Al menos, hasta que el desastre estallara.

.

.

Sakura tomó aire mientras intentaba controlarse. Todo estaba desbordándose demasiado. La información, la realidad tras la mentira contada durante años y, en especial, su incapacidad para ayudar o hacer algo en esos momentos.

Encima, la acusación de haber usado a Sasuke era lo peor. Se sentía sucia de alguna forma. Pareciera que lo que le había parecido hermoso y fantástico era realmente nauseabundo e inadecuado.

—Sakura.

Se volvió hacia él. Sasuke la miraba con gesto serio y avanzó para intentar abrazarla. Ella retrocedió.

—No tienes que hacerlo —le dijo—. Eres libre, Sasuke. Y has encontrado a tu madre y hermano. Deberías de…

Él la ignoró. La asió de los codos y después, la estrechó entre sus brazos.

—Sasuke —gimió escondiendo su rostro en su pecho—. Lo siento… lo siento tanto.

—Tú no tienes la culpa —descartó él—. No me usaste.

—Lo hice. Quería aprender, comprender, llenar mi mente de conocimiento y… hice cosas. Te pedí cosas.

—No las hice sin quererlo —murmuró él contra su oído.

Sakura levantó la cabeza para poder mirarle. Él le devolvió la mirada.

—Lo disfruté. Por primera vez en mi vida, lo hice.

Ella le miró con los ojos brillantes.

—Lo dices para que me sienta mejor…

—Digo la verdad —aclaró él separándose.

Sakura notó que había alguien más, que carraspeó y se acercó a ellos. Mikoto Uchiha sonrió.

—Siento interrumpiros, chicos, pero vuestros amigos ya han ido a sus dormitorios. Es vuestro turno.

Les ofreció dos pulseras. Una roja para Sasuke y una rosa para ella. Se acoplaron a sus muñecas.

—Esas pulseras serán vuestras llaves, vuestra fuente de ingresos y vuestra información personal. Si la perdéis, avisad para que os den otra —explicó extendiendo el brazo—. Os acompañaré a vuestros cuartos.

Sakura caminó detrás de Sasuke, con la mirada fija en la pulsera. Cuando pasó el dedo por encima, su nombre apareció. Debajo, en letras más pequeñas la palabra medicina y una cifra.

—¿Qué es esta cifra? Se parece a lo que quedaba en mi cuenta bancaria —murmuró pensativa.

—Porque lo es —respondió Mikoto—. Es la cantidad que queda en tu cuenta bancaria. Hinata nos ha comentado que estudiabas medicina y te hemos asignado a esa sección. Hinata continuará como historiadora de quererlo y los chicos podrán ser lo que quieran.

—Somos…

—Olvida lo que eras, Sasuke —recomendó Mikoto—. Si quieres ser profesor, puedes serlo. Si quieres estudios, también. Eres libre. Y si quieres pertenecer a Akatsuki como tu hermano, también puedes.

Sakura se aferró de su manga, emocionada.

—¡Eso es maravilloso! —exclamó. Sasuke la miró tenso—. Puedes hacer lo que quieras. ¡Al fin! ¡Eres libre, Sasuke!

Sasuke se detuvo para mirarla.

—Soy tu hombre.

Sakura enrojeció y le sonrió con cierta tristeza.

—Eres una persona libre. Nadie tiene derecho a ser dueño de otra. Jamás. ¡Menos de ti!

Él levantó una mano y la cerró en el aire, sin llegar a tocarla.

Por un instante, Sakura no estaba segura del todo, le pareció que Sasuke estaba dolido.

—Como sea —terminó retomando el camino.

Mikoto los guió en silencio hasta las habitaciones. Se detuvo frente a la 105 y 106.

—Sakura y Sasuke —indicó señalándolas respectivamente—. Tenéis ropa, algo de comida y un libro informativo. Podéis tomaros el tiempo que queráis.

Sasuke empujó su puerta y se detuvo para mirarla. Lo suficiente para entrar después, seguido por su madre. Sakura se quedó mirando la puerta cerrada, preguntándose si aquello era todavía más complicado incluso que al principio.

Entró en su propia habitación.

Era más grande que su habitación original. Una cama de matrimonio en el centro, una pequeña cocina, dos puertas que llevaban a un armario y el baño. Decidió que eso sería lo primero que usase y después, se pondría algo más cómodo.

Se tomó su tiempo en comprender todo lo que había escuchado. La realidad era una mierda y pensar que había estado viviendo en una burbuja corrompida, más de lo que pensaba, le provocaba náuseas. Si realmente salvaban a Ino, Temari, la hermana de Hinata. ¿Qué quedaba a ella? Nada.

Unos golpes en su puerta la hicieron volver en sí. Se abrazó a sí misma, algo helada. No se había secado el cabello y estaba mirando lo parecido a una ventana que daba a unas piedras que reflejaban el sol. Como si la calefacción presintiera el cambio en su cuerpo, aumentó.

Miró el calefactor con cierto recelo, hasta que recordó la pulsera en su muñeca. Indicaba también su temperatura corporal, que iba aumentando gracias a la subida de temperatura.

—¿Sakura?

—Sí —anunció abriendo.

Era Mikoto.

La mujer esperó a que la invitase y se sentó educadamente sobre el único sofá que había en un rincón. Sakura no sabía cómo tratar con ella. Era la madre de Sasuke y estaba segura de que había muchas cosas de las que ellos debían de tratar.

¿Por qué estaba entonces con ella?

—Necesito hablar contigo —dijo al fin—. ¿Puedes sentarte conmigo? —cuestionó.

—Sí, claro —aceptó obedeciendo—. Pensé que querría estar más tiempo con Sasuke.

—Me gustaría, pero no puedo esperar una aceptación en el mismo día. Esto lleva un proceso de tiempo, igual que os pasa a vosotras para comprender lo que ocurría y lo que ocurre en ese lugar.

Recordaba la forma en que la abrazó tras preguntarle quién era el ama de Sasuke. Era una mujer más cálida de lo que parecía.

—Siento mucho haber fomentado esa crueldad —se disculpó—. Comprar a Sasuke por una locura del momento no estuvo bien.

Mikoto negó lentamente con la cabeza.

—No necesitas disculparte —dijo—. Entiendo que ambas estáis enseñadas por el patrón que ese mundo quiere mostrar. Es normal. Más bien, yo estoy agradecida de que mi hijo terminase en unas manos como las tuyas y no en las de una explotadora abusadora. Pese a que sé que no fue fácil para ellos su pasado, será algo de lo que, me temo, no hablarán nunca. Se llevarán ese secreto a la tumba o, de compartirlo, a partir de este momento, será porque realmente necesiten quitárselo de encima, ver si son aceptados o no, si es que llegan a escoger una mujer con la que convivir.

Sakura apretó los labios. Lo entendía.

—Sé por qué él se ha enfadado —continuó Mikoto dándole una palmada en la mano—. Lo han educado para servir a la mujer y sabe qué eres para él. O eras. Ahora no debería de ser así.

—No lo será —aseguró.

—Pero… —añadió—, también te diré puede que sus palabras no sean las aprendidas por una educación espartana de sumisión. Sinceramente, lo creo. Verás, corazón. Aquí han llegado muchos hombres a los que hemos salvado. Amas y hombres —puntualizó—. He visto hombres preguntar: ¿Realmente somos libres? Y cuando se lo hemos confirmado, escupir a sus amas en la cara y jurar no querer volver a saber nada de ellas.

Sakura apretó las manos en puños y levantó el mentón.

—No me extrañaría que se lo mereciera.

—Alguna te diré que sí —confirmó Mikoto en voz baja—. Nunca he visto a ninguno de ellos dejar una conversación que les afecta y debería de interesar para perseguir a la mujer con la que venían. Y mi hijo se ha ido corriendo detrás tuya cuando te has marchado. Añadiré que Naruto, no ha dudado en dejar en claro su interés en Hinata también. Creo que, dentro de todo, puede que lo que os une sea mucho más que el rol que os inculcaron a los cuatro.

Sakura se mordió los labios, algo avergonzada.

—Y he de confesar que eso me hace feliz y, a la vez, no —explicó levantando su mano para mostrar una rendija con el pulgar y el índice—. Cuando la madre suele vivir, los hombres tienden a querer recuperar esa confianza en la mujer con ellas. Saben que no todas nos queríamos deshacer de ellos. Yo nunca quise —aseguró—. De ninguno de mis hijos. Perdí a mi hijo pequeño aquel día y ahora, lo he vuelto a recuperar.

—Yo no quiero interponerme en… —empezó.

—No lo haces —aseguró Mikoto—. No es lo que quería dar a entender. Sino, al hecho de que, dentro de lo que cabe, ni tú ni Hinata debéis de haberlo hecho mal para que ambos estén encantados con la idea de seguir tras o con ustedes.

Sakura no supo qué decir.

—También, me gustaría que aceptaras algo —anunció—. El pago y los costes de mantenimiento de mi hijo mientras duró.

Sakura se levantó de golpe.

—No —negó. Mikoto la siguió con la mirada—. Ni hablar. Eso sería horrible. Haría que me sintiese más sucia incluso. No.

—Es lo normal devolver lo gastado a la mujer. Así, nuestro hijo quedará libre.

—No, no quedará —exclamó irritada. Se dio cuenta de que Mikoto parpadeaba con sorpresa y por un instante, se le hizo muy parecida a Sasuke—. Devolverme el dinero no hará que Sasuke quede libre de sus demonios. No fue mi dinero quién lo expuso a todos esos tormentos. Lo saqué de ahí, le di un hogar y me gasté dinero en alimentar y vestir, cosa que no me importa en absoluto. De lo único que me arrepiento es de haber fomentado esa esclavitud. Esa no es la libertad que Sasuke aceptará.

Mikoto cerró los ojos, sopesando sus palabras. Sakura se preguntó si se habría pasado. Pero cuando sonrió y la miró, supo que no.

—No esperaba otras palabras. Gracias, Sakura.

—No comprendo… —confesó.

—Veras, como te he dicho, la libertad cambia a las personas y muchas mujeres aceptaron el dinero. Quería recuperar todo lo que habían gastado en él. Puedes imaginar que si han sido escupidas o heridas de algún modo, el resultado.

—Aunque fuera así no lo aceptaría —puntualizó—. Como he dicho, eso no es lo que ayuda a la libertad de Sasuke.

—Y eso dice mucho de ti, Sakura. Para bien —añadió antes de que ella preguntara—. Ahora, esto nos lleva a mi siguiente escenario. Os han educado para que sea la mujer quien gobierne, quien mantenga el poder monetario también. Has mirado tu reloj y no has necesitado mucho para saber lo que ocurre. Mi pregunta está basada en eso: ¿qué harás de Sasuke querer ser quien te mantenga?

Sakura se quedó en ascuas con esa pregunta.

—¿Qué? ¿Por qué debería? —cuestionó.

—Bueno, mi hijo es poseedor de una cuenta bancaria bastante interesante. Podría no trabajar en su vida de quererlo. No tiene que volver a prostituirse para trabajar. Y dado lo que estoy viendo entre vosotros, dudo que quiera dejarte ir tan fácilmente. Dado que él será quien tenga más finanzas, quizás sea un problema para ti, que has sido criada con el orgullo de ser superior a un hombre.

Sakura echó la cabeza hacia atrás y explotó en carcajadas.

—Puede que creciera bajo un yugo que fomentaba eso, pero aprendí a valerme por mí misma sin madre, sin apoyo y ganándome un sueldo por estudiar medicina como el resto de mis compañeros de clase. Trabajé de tutora y ahorré. Lo que gasté en Sasuke fueron extras. Sí aquí voy a poder hacer lo mismo, me volveré a esforzar hasta regresar en donde estaba.

—No entiendo si estás despreciando a mi hijo o…

—Igualdad —interrumpió—. Lo que busco es respeto e igualdad. No quiero que por ser mujer o parecer que lo necesito él tenga la necesidad de darme todo. No. Quiero mirarle como un igual, como he estado haciendo, quiero aprender de él y que él aprenda de mí. En una balanza equilibrada. ¿No era eso, Mikoto, lo que Mito deseaba? —cuestionó decidida.

Mikoto sonrió.

—Bonita respuesta.

—No se trata de una bonita respuesta, si no de…

—Lo entiendo —la interrumpió esa vez levantándose—. Solo quería saber hasta qué punto estás dispuesta a respetar a mi hijo y ya veo que es mucho.

Caminó hacia la puerta de salida.

—Sakura. Este mundo en el que habéis terminado no es fácil y está a punto de cambiar. Para bien o para mal, se avecina mucho dolor, pero también esperamos que se abra una puerta nueva con un mundo mejor y esperamos que esté lleno de justo, ese pensamiento de igualdad. Por favor, ten mucha paciencia con Sasuke si vas a seguir a su lado.

Sakura la miró, nerviosa.

—No creo que tenga derecho de…

—¿No quieres? —interrumpió mirándola con una mueca maternal que ya conocía. Suspiró—. Lo sé, contigo no funciona. Pero esperaba conseguir un sí.

—Sí, quiero —respondió al final, sorprendiéndola—. Pero soy consciente de que Sasuke necesita hacer su propio camino. Yo ya escogí mi vida y voy a continuarla. Él ahora está aprendiendo a caminar. ¿No es verdad?

—Lo es —aseguró Mikoto—. ¿Por qué hacerlo solo de poder sostener una mano?

Sakura enrojeció. Carraspeó.

—Es vuestra decisión, desde luego. En este refugio hay más hombres y mujeres. Quizás es sólo mi intuición como madre. Quizás falle. Pero cuando descubrí que mi hijo mayor estaba enamorado de su prima, Izumi, acerté. A lo mejor estoy equivocada por primera vez.

Mikoto abrió la puerta y la miró antes de cerrar.

—O quizás no, Sakura.

Y cerró, dejándola con la palabra en la boca.

.

.

Sasuke no sabía cómo sentirse. Por más que mirara las paredes esperando una respuesta volvía a sentirse encerrado como cuando estaba en aquella jaula de cristal, expuesto y desnudo. La realidad tras lo que no conocían les había estallado en la cara. Especialmente, a él, el hecho de que parte de su familia, una familia que consideraba extinta, estuviera con vida.

Su madre parecía una mujer encantadora, si es que se le podía decir así. Pero el recuerdo de ella era difuso, así como el trasfondo tras el odio que engendró su hermano. Y sin embargo, ahora lo tenía frente a él, apoyado contra la puerta de su nuevo dormitorio mirándole como si estuviera estudiándole.

Y odiaba eso.

Sólo hubo una vez en que le gusto y fue con Sakura. De igual forma, la primera vez que deseó ser más y más tocado, llegar a más, fue con ella.

Sabía que estaba en la habitación de al lado. Cosa que no cambiaba el hecho de que se sintiera un poco molesto con ella. ¿Por qué le daba tanta libertad como si nunca le hubiera importado? ¿Acaso en ese momento sólo él se sintió de ese modo? No, lo dudaba.

Su madre le había aconsejado paciencia para todo. Para su destino, su presente y su futuro. Y también para con Sakura. Y le había prometido ver otras puertas abiertas en referencia a mujeres. Él no las quería. No podía explicarlo.

No sentía que fuera sólo por su trabajo. No era así. Ese apego emocional era irracional, teniendo en cuenta que debía de vivir más con miedo y ahora, estaban tambaleando de nuevo su mundo.

—Mamá te ha dado una charla. ¿Verdad?

Sasuke le miró.

La última vez que le vio, Sasuke era mucho más bajo, más pequeño. Itachi le parecía gigante por aquel entonces y el recuerdo de sus manos manchadas de sangre no ayudaba. Ahora era algo más bajo que él, tenía el cabello igual, recogido en una coleta y marcas más profundas en los ojos. Parecía más ágil y fuerte y también más sabio.

Se había quitado el traje con el que le habían visto y ahora, en vaqueros y una chaqueta con nubes rojas plasmadas, le daba un aspecto más de a pie.

—No sé a qué te refieres con "charla".

Itachi se encogió de hombros.

—Que te ha echado de menos y que quiere darte tu espacio, lo normal. Pero seguramente ha dejado caer que tienes que pensar qué hacer con tu vida en adelante y, especialmente, habrá intentado hacer de cupido con la mujer que te tocó.

Sasuke gruñó como respuesta, casi como si fuera un animal. Itachi levantó lentamente una ceja sin apartar la mirada de él.

—Dime una cosa, Sasuke —dijo acercándose a él—. Eras una clase S. Así que te educaron también en artes marciales. Algo ilógico, si piensan en cómo querían a los hombres.

—Sí, lo hicieron —confirmó—. ¿Y?

Itachi se tomó su tiempo en responder.

—Mamá quiere que seas algo más tranquilo. Profesor, intelectual. A saber qué. Creo que no estás hecho para quedarte encerrado entre paredes. Te asfixian si estas solo. ¿Verdad?

Frunció el ceño.

—No sé lo que es estar encerrado. Estuve a punto de saberlo, claro —explicó—. La ley del primer varón, pero como era un Uchiha, nos permitieron alargarlo. Y eso fue casi una cárcel.

Irónico porque no se le parecía. Sasuke recordaba que su hermano era capaz de salir de su casa. Que no tuvo a un grupo de hombres o mujeres encima desnudándole, poniéndole a cuatro patas y…

Cerró los ojos y los abrió, algo mareado.

No quería recordarlo.

—Imagino lo que sentiste, Sasuke —añadió—. Y te propongo algo. Dado que no tienes ninguna obligación a hacer lo que tu madre considera óptimo para ti y eres libre de escoger.

Sasuke lo estudió con la mirada.

—¿Qué quieres?

—Que te unas a Akatsuki. No a esto, sino al equipo de acción, conmigo. Mamá estará en contra, por supuesto —recalcó—. Pero piénsalo. Aunque antes…

Sasuke no esquivó el primer golpe. El segundo sí. Itachi retrocedió.

—Un poco tosco porque no estás acostumbrado, pero ágil.

Sasuke se miró las manos.

—Artes marciales: con permiso sólo de usarlas para defender a la mujer asignada de otro macho peligroso.

Su hermano suspiró. No exasperado, sino con cierta ternura.

—Los mandamientos os los inculcan bien desde niños. Lo comprendo. Pero aquí hay formas de proteger a esa mujer. Sakura, en este caso. ¿Verdad?

Sasuke levantó la vista hacia él.

—Creo que habrías cateado en tu trabajo de haber continuado en ese lugar —sopesó Itachi—. Me parece que te has enamorado de ella.

Sasuke desvió la mirada, buscando una explicación negativa. Frustrado se dio cuenta de que no la tenía.

—A muchos les pasa, aunque no lo creas. Lo triste es que muchos de ellos terminan en el matadero —explicó Itachi—. Quizás cuando pase el tiempo, conozcas a otras mujeres…

—No —negó volviendo a mirarle—. Tú. ¿Cambiarías a tu mujer?

Itachi apretó los labios.

—Shiho y mamá han hablado demasiado —protestó. Cuando notó que Sasuke esperaba, se rindió—. No. Pero yo he tenido tiempo de conocerla, de entender mejor y escoger. Tú no. Has estado siempre encerrado y rodeado de otras que sólo querían jugar contigo. Aunque creo que ella te usó al final.

Sasuke encogió los hombros.

—Sakura no conoce nada de los hombres.

—Entonces, experimentó contigo —dedujo su hermano.

—Aprendió conmigo —corrigió.

—Ya. Ahora hay más hombres con los que puede experimentar de querer.

—No —gruñó antes de darse cuenta.

Itachi no pudo evitar la sorpresa.

—Quizás estás más pillado de lo que crees en ella, Sasuke. Como sea, piensa en mi oferta. Eres libre de decidir. Ni mamá ni ella pueden marcar ya tu destino. Ahora, eres libre de tomar tus propias decisiones. Si quieres luchar a mi lado, hazlo. Marca el fin de este mundo cruel y veamos el resurgir del nuevo. Si prefieres otra cosa…

Sasuke se tensó, pero la respuesta de Itachi fue demasiado cálida.

—… te apoyaré igual. Tengo contactos, así que será fácil buscarte un puesto.

Itachi estiró el brazo hasta darle un golpe en la frente. Un viejo recuerdo de niñez, cálido, regresó a él.

—No creas que voy a dejarte tirado decidas lo que decidas. No estoy chantajeando ni forzándote a nada. Es tu vida por fin, toma las riendas.

Sasuke se tocó la frente. Todavía lo hacía cuando Itachi se marchó.

.

.

Naruto no podía dormir. Era imposible.

La cama era demasiado cómoda, tenía la sensación perfecta que una cama recién hecha debía de tener. El estómago también estaba repleto de comida. Se sentía limpio y agotado y sin embargo, no conseguía la calma.

Posiblemente era la cama, sí. No estaba acostumbrado a ellas y cuando empezó a tolerarlas estaba con Hinata. Y dormir con ella, pasando por alto su pequeño momento de fuerte de almohadas, Hinata había roto esa barrera y aunque no hubo momentos candentes, le gustaba saber que ella estaba ahí.

Ahora, no había ningún otro cuerpo al otro lado, ni nadie que llenase con suspiros nocturnos el silencio.

Era incómodo.

Abandonó la cama. Se rascó el trasero. Caminó hasta la ventana que no tenía vistas más que noche profunda.

No podía más. No quería. No era como Sasuke que disfrutara de la soledad.

Abandonó la habitación sin meditarlo demasiado. Llamó a la puerta junto a la suya y esperó a que apareciera, con el cabello revuelto, en pijama.

—¿Naruto? —cuestionó preocupada—. ¿Ocurre algo?

Naruto se rascó la nuca. Debía de parecer un niño pequeño.

—No puedo dormir —confesó.

Ella le miró con ternura y se hizo a un lado, invitándolo. Tras entrar, cerró.

La habitación era igual que la suya, con la cama deshecha, un vaso de agua en la mesilla y el libro de Hinata como única diferencia.

—Parece que no soy la única que no puede dejar su mente tranquila —le dijo caminando hasta la cocina. Sirvió otro vaso y se lo ofreció—. Es normal. Han cambiado muchas cosas.

Naruto lo tomó.

—Nos educaron para cambiar a los gustos de amas diferentes, así que no es tan grande.

—Naruto —aseveró Hinata frunciendo el ceño—. Sí lo es. Has recuperado a tu madre, por ejemplo. Comprendido que tu padre fue asesinado por ser un Kage honesto y que fuiste maltratado bajo una fachada que tu antepasada no quería. Además, eres libre.

Naruto dio un sorbo y lo dejó sobre la mesa cercana.

—No me gusta —le dijo avanzando hacia ella—. Si para ello tengo que dormir en otra cama sin ti. O caminar por un sendero establecido de nuevo.

Hinata se había ruborizado un poco con sus palabras. Se acercó, tomándola de la mano.

—Hablé con mi madre un buen rato —continuó—. Ella ve un mundo nuevo para mi, un futuro y recalca una y otra vez que no necesito seguir atado a ti. Incluso que podré ver más mujeres y comprender que hay más donde elegir que la persona que me compró.

Hinata desvió la mirada.

—Es cierto… —dijo a media voz.

—Ella no sabe que tú me salvaste, Hinata.

De nuevo, volvió a mirarle.

—¿Qué?

—El día que entrasteis en la tienda, cuando me compraste, yo te rogué porque lo hicieras. Te lo supliqué. No sé si llegaste a escucharlo, pero lo hice. Yo… pese a ser un S, estaba muy cerca de terminar la paciencia de la vendedora. No me quedaba mucho tiempo allí. Me salvaste.

—Ahora sabemos que, de haber venido aquí, te habrían salvado —recordó Hinata—. Al final no hice nada. No lo digas como si fuera una gran obra de mi parte, por favor.

—No lo entiendes, Hinata —aseguró. Tomó su mano para apoyar la palma sobre su pecho—. Daba igual si luego en el matadero me ayudaban. En ese momento yo te necesité a ti. Ahí. Como ahora.

Hinata soltó aire lentamente y osciló su mirada de sus ojos a su mano. Estaba seguro de que podía sentir los latidos de su corazón. Esperaba que también la verdad.

—Naruto, yo… no sé qué decir —confesó—. Me siento horriblemente mal por comprarte. No sabía cómo iba a poder ayudarte y ocurrió esto. Ellos te dan la oportunidad que yo no puedo. Ahora sí tienes un futuro sin necesidad de mantenerte detrás de mí, sino a mi lado. ¿No te hace feliz?

—No si tengo que separarme de ti.

Ella sonrió. Subió su mano de su pecho a su rostro.

—Naruto, no lo entiendes: no tienes que querer servirme. No necesitas quererme. Ya no.

—No, eres tú la que no lo entiende.

Tiró de su codo para pegarla contra él. Aprovechó su gritito de sorpresa para besarla y profundizar en su boca. La sostuvo de sus caderas cuando su cuerpo se aflojó y la miró a los ojos mientras el rubor derrotaba el tono pálido de su piel.

—Hace tiempo que rebasé ese querer.

Bajó su mano derecha por su espalda hasta la parte trasera de sus rodillas, levantándola. Hinata se aferró a sus hombros, escondiendo su rostro. Estaba tan caliente por la vergüenza que pudo sentir su rubor.

—¿Qué vas a hacer? —cuestionó. Temblaba.

Naruto le beso la sien y se detuvo a los pies de la cama.

—Probarte. Te juré que iba hacerlo.

La dejó con cuidado sobre la orilla. Hinata lo tocó, desde el cuello, los hombros y el pecho, quedándose en ascuas mirándole.

—¿Qué… tengo que hacer? —le preguntó.

Él sonrió. Travieso, pícaro.

—Desearme buen provecho.

Se puso de rodillas, besándole las manos y bajó las suyas hasta sus caderas, buscando una vez más sus labios. Hinata correspondió tímida, preocupada y cuando sintió sus dedos atrapar la cinta del pantalón, dio un respingo.

—Espera. ¿Has de…? —masculló.

Naruto no pudo evitar pensar que era adorable.

—Tengo y quiero —aseguró—. Hinata, me muero por probarte.

Puso su mejor cara de cachorro herido.

—¿No quieres?

Ella se cubrió el rostro, avergonzada.

—Quiero —tartamudeó—. Pero me da vergüenza. Deberíamos de apagar la luz o… ¡Es tan repentino!

—No lo es —negó él sacudiendo la cabeza—. Quiero probarte desde que te vi. Desde que te corriste porque te besé. Desde que me tocaste.

Se tocó a sí mismo para marcar su excitación y con placer, descubrió su mirada sobre él, hambrienta.

—Tu experimentaste conmigo. Deja que te muestre lo que un consolador no puede hacer por mí.

Esa vez, levantó las caderas y le permitió tirar de su ropa. Le mordió el mentón, calmándola, bajó por su cuello en cortos besos y sus manos acariciaron sus rodillas, subiendo por sus muslos en lentas caricias. Sus caderas se abrieron paso y fue bajando lentamente, hasta que, finalmente, lo tuvo frente a sus ojos.

—Es…

—Hermoso —interrumpió desviando su atención un momento para mirarla—. Hinata, eres hermosa.

Besó su vientre, bajó lentamente en cortos besos y traspasó el monte para más. Pasó por encima de los rizos oscuros y encontró los pliegues deseados. Hinata soltó un hipido de sorpresa a la par que su lengua surcaba el botón del placer.

Hinata fue derritiéndose lentamente mientras la probaba, humedeciéndose, aceptando sus caricias, abriendo más sus piernas y hasta se atrevió a aferrar sus cabellos enfatizar en dónde le quería, dónde le gustaba más.

Cuando dos de sus dedos surcaron su interior hasta el punto justo, con su mano curvada, le miró.

—Naruto… ahí es… —No pudo terminarlo. Se arqueó y su boca se abrió por más—. ¡Ahí…! ¡Oh, Dios…!

—Creo que te equivocas de hombre —bromeó.

Ella le miró con ojos brillantes. Su boca tembló y los suspiros escaparon hasta soltar un lánguido gemido.

Se echó hacia atrás, pero él continuó sobre ella y una nueva oleada la atacó, más débil pero jugosa que alargó su nombre como una ensoñación.

—¿Cómo has…? —masculló, jadeante. Su pecho subía y bajaba y sus senos daban una agradable visión de ellos—. Nunca he… de esa forma no. Ni con mis dedos o…

—No es lo mismo. Y, también hay que ser bueno en ello —reconoció—. No todas las mujeres pueden hacer eso con la boca de cualquier hombre.

La acarició un poco más y subió por su muslo.

—Ahora, estarías listas para mí —sopesó con cierta amargura, mirando el brillo entre sus piernas.

Ella le miró, avergonzada.

—Puedes…

—No —negó sacudiendo la cabeza—. No tenemos preservativos —recordó.

Ella chasqueó la lengua y después, se cubrió la boca, avergonzada. Él se rió.

—¿Tantas ganas tenías?

—Cómo tu de probarme —respondió por debajo de sus dedos—. ¿Ha… valido la pena?

Naruto la miró fijamente.

—Cada maldita lamida, ttebayo —aseguró.

Hinata le dio la espalda, soltando un gritito. Él se entretuvo en mirarle las nalgas y hasta llevó una mano a ellas. Hinata dio un respingo, mirándole por encima del hombro. Él se inclinó y besó su hombro, luego su mejilla. Continuó acariciando, apretando entre sus dedos y pegó sus caderas a ella.

—¿Puedo?

Ella le miró con los ojos muy abiertos.

—¿El qué?

Él desvió la mirada, preguntándose si habría algún método para endulzar su pregunta.

—Correrme en tus nalgas.

Hinata abrió mucho la boca.

—¿Cómo vas a…? —exclamó. Cerró la boca. Naruto retrocedió y ella apretó su mano para evitar que se alejara—. Hazlo.

—¿Estás…?

Ella gimió en súplica.

—Si me lo preguntas de nuevo me arrepentiré, por favor…

Él no hizo más. Se movió para bajar sus pantalones y suspiró cuando su sexo rozó la suave piel de sus nalgas. La asió de las caderas, poniéndola boca abajo. Ella reptó hasta aferrarse bien a la cama y su respiración se cortó.

Empezó a moverse contra y sobre ella. Su erección sobre su nivea carne, llegando a adentrarse entre sus nalgas.

Hinata empezó a suspirar. Bajó una mano para meterla entre sus piernas. Ella las separó. Osciló contra sus dedos para buscar su propio placer también. Sus movimientos ayudaron a los suyos propios y, a la vez que ella volvía a experimentar el orgasmo, él también. Cubrió sus nalgas con su semilla y parte de su espalda.

La siguió cuando cayó flácida en la cama y resbaló de su cuerpo para caer boca arriba.

Tardó poco en recuperarse y la miró.

Con la boca abierta para respirar, los ojos cerrados y las mejillas enrojecidas. Alargó una mano y le apartó los cabellos, besándola.

Ella le devolvió el gesto y él lo rompió para ir a por una toalla y limpiarla. La volvió a vestir y luego, se acostó a su lado. Le gustó la sensación del colchón inclinarse, que Hinata respirara cansada a su lado.

Abrazados, ambos se fueron quedando dormidos.

Los relojes en sus muñecas parpadearon.

Continuará...


(1): Ya os dije que los malos serían los buenos y los buenos los malos (?)
(2): Sí, hice de sexo contrario a los Kages. Piensen en ellos como mujeres xD. (Ah, y en malos)


Nota: Pronto estaré añadiendo un extra en facebook =).