¡Nuevo capítulo!

VegetaBrifs: Me alegra que te esté gustando y te agradezco la oportunidad que le estás dando a la historia! Espero que este capítulo también sea de tu agrado.

FlordePera: Voy a poner todo mi empeño en que las actualizaciones sean rápidas y no tengan que andar esperando tanto. Ya iremos viendo con el pasar de los capítulos de qué va este Kaoru/Enishi. Gracias por el comentario y espero que este capítulo te guste!

Ane himura: ¡Hola querida! Yo también soy más team Kenshin, pero debo admitir que éste es mi shipp culposo, es que hasta en el canon tienen química XD. Aprovecho también para contestarte que "Su único vicio" (de la misma autora de este fic) es un one-shot, por lo que no tiene continuación. Hubiera estado bueno que la tuviera, pues daba para más; imaginate la policía Kaoru enterándose de que su "novio" era mafioso. ¡Hubiera sido una buena historia para explotar! Volviendo a este fic, sí, vemos a Enishi queriendo hacer de las suyas y en este capítulo se aclara qué es lo que quiere y por qué, así que espero que te guste. Muchas gracias por el apoyo!


Capítulo 2

Kenshin estaba, naturalmente, rodeado de mujeres y manteniendo una tranquila conversación con ellas. Se veía adorable, con su cabello rojo empezando a salirse de sus rizos, y con sus ojos violetas muy abiertos e inocentes. El sólo verlo alivió a Kaoru inmensamente. Era algo con lo que estaba familiarizada. El mismo calor radiante que la llenó de cariño disipó al mismo tiempo el impacto que había recibido en compañía de Enishi. Haciéndose gentilmente de espacio al lado de Kenshin, escuchó que continuaba describiendo sus problemas con el tema de la presentación de su tesis. Aunque no era interesante, de alguna manera parecía cómico él en el centro como un tonto que de algún modo logró que todo saliera bien. Kaoru sabía lo que realmente sucedía, ya que detrás del exterior de Kenshin, él ya era alguien que lo había hecho todo bien. Siendo el primero de su clase, destinado a graduarse con honores, y ya teniendo una beca de trabajo de posgrado. No esperaba menos de ese amable hombre de gran mente.

Pero su perfección desesperaba a Kaoru tanto como lo admiraba. Porque ello lo ponía más fuera de su alcance, sin importar lo que Megumi dijera. Él tenía todo a su favor, mientras que ella era sólo una estudiante mediocre de segundo año que no tenía ni idea de qué hacer con su vida. Algo en su interior le decía que se fuera de la fiesta sólo para alejarse de todo. Lo único que quería era ir y practicar sus katas de espada. Las artes marciales eran una manera relajante de pasar el tiempo. Aunque eso no era impresionante comparado a lo que hacía Kenshin, quien practicaba esgrima desde hacía mucho más tiempo. Nada de lo que hacía podía compararse a lo que él había hecho. Se levantó para irse.

"¿Adónde vas, Kaoru?" Kenshin le dedicó una brillante sonrisa. Siempre tan tierno y amigable. Ella suspiró.

"Voy a ver qué está haciendo Megumi." Sintió que debió haber dado una mejor excusa, o al menos más elaborada, pero no tenía ganas.

"Oh, está bien." Agarró su vaso y siguió hablando con las chicas. Kaoru trató de no pensar en lo fácil que él la había despachado. Y eso que ella aún no había bebido nada. Tal vez ahora lo haría. Sentía que necesitaba algo. Al mismo tiempo, en la cocina seguramente estaba Enishi, y no quería emborracharse con él cerca. Tenía todas las de perder. Así que al final terminó yendo en busca de Megumi. Megumi estaba participando en una especie de juego, en el que una persona debía nombrar todas las partes del cerebro, tomar un trago, volver a nombrarlos, tomar un trago, y así hasta que se equivocara o se desmayara. Por un rato le pareció algo divertido de ver, pero claramente Megumi iba a ganar con lo intensa que era con sus conocimientos de Anatomía. Sano la alentaba, por supuesto, ya que estaba a favor de que su novia se involucrara en cualquier tipo de comportamiento irresponsable. Él también estaba con las mejillas coloradas. Y sólo habían estado una hora o dos. Todavía no habían pasado de las 10:30 allí. Con algo de resignación, se encaminó a la cocina. Las botellas cubrían el lugar, y había algo parecido a lodo en una especie de bañera. Evitando ambas cosas, Kaoru volvió a buscar agua. Estaba muy aburrida.

"¿No estás disfrutando de nuestra hospitalidad?" Conocía aquella voz. Jamás olvidaría esa voz. Un escalofrío recorrió su espina dorsal, la puerta de la cocina debió haberse abierto.

"Bueno, debo decir que las cosas están un poco animadas y, ehh, no, no lo estoy. En realidad nunca supe qué hacer en este tipo de fiestas."

"Baila, emborráchate, actúa de manera estúpida. En el orden que quieras, claro. Deberías hacerlo, ya que cuando seamos mayores ya no tendremos excusas para comportarnos así, a excepción de las vacaciones de invierno." Enishi le extendió una botella sin abrir.

"Ehh. Siento decirte que soy muy débil con la bebida. Creo que estoy bien con agua." Normalmente ella habría tomado la bebida. Pero algo en él se le antojaba siniestro. Tal vez su nerviosismo surgió por su desconfianza a los abogados. Sonrió ante su chiste interno. Enishi enarcó una ceja, y Kaoru se dio cuenta de que estaba esperando a que hablara. "Pero gracias, de todos modos."

"Aunque tienes razón. Ahora mismo esta fiesta no es atractiva." Se quitó la capa y la tiró a un rincón. "Tomemos algo de café juntos. Si no vamos a beber como estudiantes universitarios, podemos hacer algo más pretencioso."

Kaoru se preguntó si sería buena idea aceptar su propuesta. Por un lado, no lo conocía y no tenía idea de si era una persona decente, y por el otro, el tiempo que pasaba con él se le hacía tremendamente atractivo. Por esta vez optaría por el peligro, pero se aseguraría de moderarlo.

"Está bien." Se quitó la peluca, mostrando su cabello atado a un moño. "Pero primero me iré a casa y me cambiaré este vestuario grotesco. Conozco un buen lugar a pocas cuadras de aquí." Un entorno conocido, ropas más dóciles, ambas cosas eran claves para sentirse cómoda con un desconocido.

"Te esperaré. No es que fuera a ir a otro lado." Algo de lo que ella dijo lo hizo sonreír. A diferencia de antes, esa sonrisa parecía llegar a sus ojos y los hacía entrecerrase un poco. Kaoru le dirigió una mirada alegre, más que nada por el hecho de que pronto ya no se sentiría incómoda, al menos en lo que a la ropa respectaba. Enishi observaba mientras ella corría hacia la puerta. Se acomodó las gafas y vio cómo Kenshin la miraba intensamente mientras ella se iba. Megumi y Sano estaban demasiado lejos como para percatarse de cualquier cosa, pero ellos no le importaban. La chica era la clave. Tomoe tendría la última palabra, con su ayuda, y finalmente estaría en paz.


Kaoru sorbió su té y trató de no inquietarse. No era probable que el suave líquido calmara sus nervios. Él no se había cambiado de traje, y tampoco se había quitado los dientes falsos cuando ella volvió a su encuentro. Inconscientemente, esperaba, había elegido un atuendo que hacía juego con él. Una pollera con ese clima era ridículo. Especialmente una corta. ¿En qué estaba pensando? La bufanda y la fina chaqueta no compensaban demasiado el hecho de que sus piernas se estaban congelando. Mientras observaba a Enishi ordenar en el mostrador, pensó en cómo la había reconocido de inmediato, siendo que se se veía muy diferente a cuando tenía puesto su disfraz. Quizás era muy observador. Suspiró y se acomodó al cola de caballo que se había atado a las apuradas antes de salir de casa. Él ya estaba viniendo. Oh, Dios. Ella sentía que había perdido 50 puntos de coeficiente intelectual. Por dentro rogaba que no le preguntara nada, ya que se la pasaría babeando. No era que no mereciera que alguien babeara por él, pero ella quería estar a la altura de una conversación.

"Este lugar es muy, hmmm. No sé cómo llamarlo." Enishi le echó un poco de crema a su café y lo revolvió distraídamente.

"¿Estereotipado?" A Kaoru le gustaba ese lugar. Había personas leyendo en una esquina, y había un chico con una laptop tipeando frenéticamente cerca de ellos. Los estudiantes que se servían café parecían aburridos. Tenía un estilo beatnik y al mismo tiempo de clase media alta. No podía definirlo de otra manera.

"Ahora que lo mencionas." Enishi se quitó el abrigo y se recostó en la silla, de manera que la postura rígida y nerviosa de Kaoru se hizo más evidente. "No tienes que temerme, sabes."

"¿De qué hablas?" Kaoru parecía enfadada. "No le tengo miedo a nada. Pruébame."

"¿Serpientes?"

"Las amo."

"¿Arañas, agujas, alturas, espacios cerrados, patos, multitud, muerte, o enfermedad?"

"No, no. ¿Patos?" Kaoru rió y tomó otro sorbo de té. Se sentía bien. Relajó un poco su postura. No era la Inquisición, sólo un momento de café. Su rodilla rozó la pierna de él, y se volvió a poner rígida.

"¿Cómo puedo convencerte de que no voy a hacerte nada? En serio, no me acercaré a ti sin tu permiso. No entiendo por qué estás tan nerviosa." En realidad, tenía en mente una idea bastante buena. Se sentía halagado de que ella lo encontrara tan atractivo, y ella tampoco estaba mal. De hecho, el atisbo de pierna y cuerpo que había visto gracias a ese infame vestido fue muy atrayente para él. No era que fuera el momento de decirle aquello. Tenía que intentar parecer inofensivo. Todo lo que tenía que hacer era pensar como Himura. Su ojo se crispó. No, pensar en él podría no ser una buena idea.

"Simplemente, quiero decir, sin suponer que esto sea una cita, pero eres un hombre desconocido y apuesto que aceptó pasar tiempo conmigo. Es que no tengo mucho marco de referencia, no salgo mucho a menos que sea con mis amigos." Ahora quiso no haber sido tan directa, maldición.

Él levantó una ceja. "Me gustaría que consideraras esto una cita. Aunque he sido negligente y no he pagado tu bebida. Lo compensaré la próxima vez."

Ahora era el turno de Kaoru de levantar una ceja. "¿Próxima vez?"

"Estaba pensando en mañana por la noche, si no estás ocupada." Kaoru repasó mentalmente todo lo que solía hacer durante las noches de los fines de semana. Una cita con Enishi se le presentaba con tanta anticipación que pensaba que sería mejor no alegrarse tanto.

"Seguro. Tengo práctica, pero cualquier momento después de las seis o las siete estará bien."

"¿Práctica?"

"Soy estudiante del Kamiya Kasshin Ryu. Lo hago desde los nueve años. Solía entrenar todos los días, pero desde que empecé la universidad lo reduje a los domingos."

"Yo también practico algo de esgrima, quizás en algún momento podríamos entrenar juntos." Algo le decía que todo lo que hacía Enishi lo hacía bien. Kaoru no iba a aceptar esa oferta a menos que estuviera de humor para una posible humillación. No era como si lo fuera a admitir.

La noche progresó mucho mejor después de que las cosas se pusieran menos ambiguas. Enishi sabía tanto sobre tantas cosas que la conversación no era aburrida. Kaoru tenía mucho conocimiento sobre cine y medios de comunicación, debido a que amaba todo lo moderno. La única debilidad en la base de conocimientos de Enishi y que Kaoru sentía que podía superarlo era todo lo basado sobre cine y espectáculos. Nunca iba al cine o a obras de teatro, más que nada porque no tenía tiempo. De lo contrario, hablar con él hubiera sido bastante desalentador. Era como tratar de hablar con Kenshin, y el solo pensar en su nombre apuñaló su corazón haciendo que sangrara, como si alguien lo hubiera cortado con increíble velocidad y precisión. La noche se suavizó cuando Kenshin insertó su presencia psíquica en la mente de Kaoru. Había pasado tanto tiempo enamorada de Kenshin, que sentía como si casi estuviera engañándolo. Era un momento confuso para ella.

Contra todo su buen juicio, Kaoru dejó que Enishi la acompañara hasta su casa. Debían de ser la de la mañana, pero apenas se sentía cansada. Había niebla por todos lados, y eso lo hacía todo mucho más frío. Estúpida falda. Aunque hacía lo mejor que podía en ocultar sus temblores, cuando el abrigo de Enishi cayó de repente sobre sus hombros, no se sorprendió. ¿Qué veía en ella un hombre como ese? La pregunta vagó por su cerebro mientras la joven trataba de deshacerse de ella. En lo que a ella respectaba, su casa estaba muy cerca y la caminata terminó muy pronto. Mientras se paraba frente a la puerta y buscaba sus llaves, los dos dieron por finalizada su conversación. El silencio, sólo roto por el sonido de las llaves, hizo que ambos se detuvieran. El rostro de Kaoru se tornó rojo. Ahora era el momento si ella iba a hacerlo.

"Yo." Fue todo lo que pudo decir antes de que los labios de Enishi se encontraran con los suyos. O más bien, su boca se encontró con la de ella mientras ésta la tenía abierta para hablar, dándole más que un casto beso. Las manos del muchacho rodeaban su rostro, cálidos en contraste con su piel fría. Había roto su palabra de no tocarla sin su permiso, pero como estaba a punto de dárselo, lo dejó pasar. Ahí fue donde se detuvieron sus facultades mentales.

Él sólo iba a darle un beso en la mano, o tal vez un beso rápido en la mejilla, pero algún impulso canalla lo llevó a hacer aquello. La manera en que la besaba, prácticamente la estaba devorando. Para él era algo nuevo sentir ese tipo de pasión aparte de la ira. Lo intoxicaba. Sus manos se movieron hacia sus cabellos, y Kaoru gimió y se presionó contra él. La niebla que los rodeaba les daba la ilusión de privacidad y ambas personas, generalmente reservadas, se dejaron ir y aceptaron esta nueva pasión. La boca de Enishi se movía por la garganta de Kaoru mientras ella se apoyaba de espaldas a la puerta para evitar que sus piernas se derrumbaran.

De repente, Enishi se apartó de ella como si le hubiese pinchado con algo. Le tomó un momento a Kaoru para recuperarse y volver a mirarlo con aparente gracia. Casi por instinto, llevó una mano sobre su cuello y Enishi hizo una mueca al notar una marca roja en la pálida piel femenina. Esperaba que tuviera la sensatez de ocultarlo. Si las cosas iban rápido, podrían arruinarlo todo. Maldijo el impulso casi irresistible de continuar donde lo habían dejado, pero ignoró las protestas de su cuerpo y se recompuso. Una vez que el peligro pasó, miró a Kaoru, esperando que no estuviese tan desconcertada por lo sucedido entre ellos. Una vez que se convenció de que ella estaba bien, tal vez hasta deseosa de continuar, él supo que TENÍA que irse o pondría todo en peligro.

"Lo pasé muy bien contigo, Kaoru, vendré mañana por ti. ¿Te parece a las siete?"

"Suena bien." Para Kaoru, ésa podría haber sido la manera más feliz y perfecta de terminar la velada, pero el destino no era generoso con ella.

"And I-I-I eeee ayyyeee, will always looove yoooouuuu." La voz ronca, ruidosa y obviamente borracha de un feliz Sano llegó a través de la niebla.

"¡Dije que te callaras! Ayúdame a llevar a este idiota adentro." Megumi sonaba como si estuviera al borde de la resaca, o al menos estaba a punto de desmoronarse.

"Pero él es muy alto, Megumi, y es evidente que yo no lo soy." Ése era Yahiko. La alarma que había provocado que Kaoru casi se echara a correr se desvaneció. No era Kenshin, y quizás no había venido con ellos. Al menos, esperaba eso. Mientras Kaoru estaba distraída, Enishi se acercó a ella, la abrazó, y luego dio la impresión de que iba a besarla cuando él sacudió la cabeza para alejar esa idea.

"Mañana, entonces." le susurró al oído antes de desaparecer en dirección contraria a las voces. Megumi y Yahiko aparecieron poco después con Sano a cuestas. Megumi levantó las cejas ante el hecho de que Kaoru estaba a punto de entrar, pero estaba más preocupada por su desvanecido novio como para exigirle a Kaoru una explicación de por qué se fue de la fiesta. Al entrar a la casa, Kaoru buscó una manta y una almohada para Yahiko quien parecía demasiado cansado como para volver a su dormitorio. A la hora de dormir, estaba demasiado exhausta como para pensar en algo, así que simplemente se cambió y se estrelló sobre la cama.


Cuando Kaoru finalmente despertó, se sintió atontada y pastosa. Era como si algo hubiera muerto en su boca la noche anterior, pero luego recordó que era debido a que no se había lavado los dientes antes de ir a dormir. Miró el reloj y se dio cuenta de que era cerca del mediodía, lo cual le hizo sentirse culpable por no haberse levantado temprano. No había razón para sentirse así, pero igualmente lo hizo. Mientras se vestía con sus ropa de entrenamiento, sintió una sensación de continuidad. Con su cabello atado y cayendo por su espalda, Kaoru tomó su espada de madera y percibió con el tacto cómo había sido pulida y desgastada por el uso y el correr de los años. No estaba deshecha exactamente, pero ya empezaba a astillarse de nuevo. Era como si aún después de mucho tiempo, todavía se viera y sintiera de la misma forma. Por eso amaba los domingos.

El sentir la madera y la tela sólo reforzó la necesidad de estabilidad que había surgido de repente. Hasta la noche anterior las cosas habían sido muy claras para ella. Había clases, pero no tenía que decidirse por ellas debido a que aún no había elegido una especialidad. Estudiar nunca la había molestado, después de todo. Obtenía buenas notas, aunque no excelentes. Luego estaba su vida social, y aquello era un poco más complicado, pero no tanto. Se dirigió hacia el área de entrenamiento del gimnasio, agradecida de haber ido a una universidad con un complejo tan bueno como ese. Se sentó en el piso y empezó estirar a sus músculos para calentarlos.

Todo el asunto de su vida social no era algo que ella hubiera buscado activamente. Junto con Megumi habían sido compañeras de dormitorio desde el primer año y se habían convertido en grandes amigas. Las personas que Megumi conocía llegaban a ser parte del entorno social de Kaoru y se llevaban lo suficientemente bien como para saber que no era sólo por Megumi que ella tenía compañía cuando la necesitaba. En su mayoría, habían sido personas del medio científico al principio, pero Sano le había agregado una nueva dimensión a todo. La adición más dramática, por supuesto, había sido Kenshin. Kenshin Himura era todo lo que Kaoru había idealizado: inteligente, dulce, atento, y afectuoso. Su temperamento era pacífico y todo lo que hacía era ejemplar. También era muy atractivo. Kaoru calmó a esa parte de su mente que siempre quería arrojarse a los brazos del pelirrojo. Parte del problema era que Kenshin era tan asexual en muchos sentidos. Nunca hubo ninguna mujer u hombre por quien estuviera interesado, y nunca participaba en conversaciones sobre sexualidad. A los tres meses de haberlo conocido aún no podía determinar si era homosexual o no, y a veces todavía tenía dudas sobre aquello. Tal vez simplemente no estaba interesado en nada de eso, como si careciera de hormonas o algún otro problema químico. Entonces no sería culpa de Kaoru que no le gustara. Ante ese pensamiento sintió que necesitaba golpear algo, y agarró su espada de madera para hacer precisamente eso.

En cierto modo, era más reconfortante que él no gustara de ninguna mujer, ya que Kaoru podría asumir que no era sólo a ella a quien no quería. Si él terminaba sin nadie, entonces estaba bien para ella. Aun así, cada vez que lo veía reír con otras chicas, quería sacarles los ojos. Algo en su interior se había aferrado a él y quería mantenerlo suyo como si fuese un animal territorial. Golpeó tan fuerte con su espada que sus manos se sacudieron dolorosamente. Mantener esos sentimientos ocultos al mundo era muy importante para ella. Si Kenshin lo supiera, y ella pensaba que podría saberlo ya que era muy agudo de mente, y decidiera no hacer nada, entonces ella podría vivir con ello. Las cosas así estaban bien. Pero la posibilidad de que él no lo supiera, y que al saberlo la mirara de otra manera, era suficiente para ser la angustia de su vida. Suspirar por Kenshin era casi divertido a su manera. Le daba a Kaoru algo en lo que enfocar sus emociones. Si Kenshin no estuviera en su vida, probablemente no tendría dónde enfocarlas, y eso, combinado a su errática vida académica, la deprimiría.

Y ahora Enishi había aparecido para confundirlo todo. Había una situación insatisfactoria pero cómoda en cuanto a Kenshin, en la que ella podía admirarlo y desearlo, pero sin tener que enfrentar nada cercano a la realidad, con lo cual nunca sucedía nada. Su relación con Kenshin era estática. Enishi representaba todo lo que Kenshin no, y prometía mucho más. La manera en que habían interactuado, desde el momento que lo había visto, le dio la idea de que no era un insípido. Era una manera incompleta de describirlo, pero aparentaba tomar todo lo que quisiera sin reparos. De algún modo le recordaba a su padre. No era como si Enishi se pareciera a él, pero en ese aspecto de tomar lo que querían agresivamente eran bastante similares. Su padre era frío, distante, y apenas preocupado por lo que Kaoru hacía. Desde que su madre había muerto cuando Kaoru tenía siete años, se había retirado emocionalmente de su pequeña unidad familiar. Kaoru esperaba que en algún lugar de su corazón la amara, pero no estaba muy segura. A todos los efectos, el amor de su padre había muerto con su esposa.

Al principio, las artes marciales habían llenado el vacío de necesidad de personas e interacción, pero luego, Kaoru empezó lentamente a confiar más en sí misma. Ya se sentía lo suficientemente completa y cómoda con la idea de estar sola. En parte ésa era la razón por la cual no se apuraba con Kenshin. La calidez del pelirrojo, una actitud muy diferente a la que había conocido de la mano de su padre, era el gran motivo de su atracción hacia él. Era un tema complejo. Decidió ya no pensar más en eso. Era mejor seguir adelante y ser feliz con lo que le ofrecía el presente. Tendría una cita en pocas horas y quería sentirse bien. El sudor se formó en su frente cuando dejó de pensar y se concentró en sus movimientos.


Enishi sólo durmió cinco o seis horas. Para él era mucho. No tenía sentido, ya que dormir era una pérdida de tiempo. A menudo se lamentaba de cuán débil era el cuerpo humano por necesitar tanto descanso. Enumeró en su cabeza las cosas que tenía que hacer antes de ir a ver a Kaoru. Tal vez sería prudente hacer una reserva en un restaurante; era necesario si quería ir a algún lugar agradable esa noche. La idea de salir con esa Kaoru Kamiya lo complacía y preocupaba al mismo tiempo. Era como si deseara que las cosas fueran diferentes de alguna manera. Pero eso era ridículo, había pasado años estimulando esa necesidad de venganza y Kaoru era la herramienta perfecta para llevarla a cabo.

Habían pasado como tres años desde que perdió a Tomoe por culpa de Himura. Ese asqueroso asesino la había matado, y ahora ella ya no estaba. Su hermosa y gentil hermana.

Su padre, un abogado corporativo, y su madre, una socialité, habían animado a Tomoe para que no fuera a cualquier universidad una vez que se graduara de la secundaria. Pero Tomoe ya no quería tener ese estilo de vida con la que la habían criado y quería intentar abrirse paso por sí sola. Enishi no estaba sorprendido por lo que su hermana quería, incluso la alentaba porque eso la hacía feliz. Ella tenía en mente escapar de su casa y de la influencia de su poderosa familia. Entre la naturaleza dura y exigente de su padre, junto con su temperamento violento y fría necesidad de eficiencia e imagen perfecta, y la indiferencia calma e indiferente de su madre, la vida era algo parecido a un infierno para Tomoe y Enishi. Al menos Enishi recibía algo de tratamiento preferencial debido al hecho de que se esperaba que siguiera el camino de su progenitor. Todo ya estaba listo, ya que su puesto en el despacho estaba garantizado. Las conexiones se habían establecido años atrás y Enishi sabía en qué tipo de círculos sociales meterse. Estaba preparándose para ello cuando Tomoe murió.

No importaba que fuera un accidente. Que fuera un choque automovilístico y una terrible tragedia no le devolvería a Tomoe . Cuando descubrió que era su novio quien había manejado esa noche, quien había estrellado el auto contra la nieve, y que había dejado que ella se congelara hasta la muerte, su vida tuvo un nuevo objetivo que no era el que su padre tenía preparado para él. Tomoe era la única persona que lo había amado y le había mostrado lo que eran la compasión y la calidez que ahora faltaban en su vida. Su corazón había muerto con ella.

Ya no había anda. Después del accidente, no quiso ir a al colegio por dos semanas. En ese tiempo pensó mucho. En la primera semana estuvo hundido en una profunda depresión. Apenas comía, apenas dormía, deambulaba por la casa en una bruma de tristeza. Nadie se le acercaba después de haber golpeado al mayordomo que su padre había enviado para hacer que el entonces inestable Enishi volviera a la escuela. En la segunda semana, su odio se volcó hacia su asesino. En ese momento decidió rastrear al hombre para destruirlo. Tomaría control de cada parte de la vida de Himura y luego lo aplastaría como a un insecto. Era una sensación gloriosa, un odio ardiente y helado al mismo tiempo, y Enishi reía de pura felicidad al decidir su objetivo. Esa noche comió mucho, y la semana siguiente procedió no sólo a recuperar su tiempo y trabajo de clases, sino que se convirtió en el mejor alumno de su prestigioso y competitivo colegio. Siguió así hasta que se graduó y sorprendió a todos diciendo que iría a la misma universidad que su hermana.

Su padre se lo había prohibido, por supuesto, pero Enishi le aclaró que se graduaría un año y medio antes y que luego iría a cualquier posgrado que su padre quisiera. Aún receloso de la decisión de su hijo, su padre aceptó una vez que Enishi también dejó en claro que cualquier otra cosa resultaría en él yéndose para no volver con la familia. Así que allí estaba, ya había pasado un año y todavía no había tenido la oportunidad de vengarse. Luego se le había ocurrido una idea. Usar a los amigos de Himura era lo ideal. Era tan cursi y de gran corazón que seguro iría a salvarlos si algo andaba mal. Eso era debilidad. Y lo más importante, era utilizable.

Kaoru era perfecta. Él parecía tener algún tipo de relación con ella, pero no sabría decir de qué tipo. Kaoru hacía el trabajo mucho más divertido al ser un paquete muy atractivo. Era lo suficientemente interesante y bastante despreocupada. Había menos ambición en ella que en otras chicas con las que había salido, y su actitud relajada era anormal para él. Por lo general, él pensaba que gente así no era efectiva, y por lo tanto inútil a sus ojos; pero en Kaoru parecían ser rasgos suaves, que para él solían ser duros e inflexibles. Aunque nada en ella podía considerarse realmente suave, tal vez firme.

Sus pensamientos estaban por mal camino. Él no había planeado nada más que utilizarla para sus propósitos, pero ahora se encontraba a sí mismo queriendo verla. Parte de ello era porque la chica era divertida y novedosa, pero otra parte era porque le daba curiosidad sobre cómo alguien como ella pudiera hacerle perder el control. Había salido con mujeres mucho más hermosas y sensuales que sabían lo que querían y cómo conseguirlo. Jugaban, tal y como lo hacía él, estando listo para ello. Encontraba divertido tratar de superarlas. Pero Kaoru lo descolocaba. No había engaño; no había falsedad en ella. Ella decía y hacía lo que quería sin significados ocultos. Cualquier cosa que ella no dijera, él sentía que podía adivinarlo por lo expresiva que era. Sus ojos la delataban, y la manera en que se mordía el labio cuando pensaba qué decir hacía que él sintiera que ella era un poco... ¿adorable? La palabra simplemente había aparecido en su mente. La hizo a un lado y la olvidó.

Una vaga incertidumbre fluyó a través de él mientras intentaba precisar qué era lo que hacía que su cuerpo reaccionara a ella de una manera que ninguna mujer había logrado antes. Ella irradiaba salud y vida, y el amor que le tenía a sus amigos era tan transparente. Él la había estado observando, planeando qué debía hacer para atrapar a Kenshin usándola. La fiesta había sido conveniente para presentarse, pero iba a hacerlo tarde o temprano de todos modos. A veces pensaba un poco en su hermana cuando la miraba, y no de la manera habitual que lo llevó a odiar a Himura. Esos pensamientos eran suaves, comparando un gesto de Kaoru con alguno de Tomoe. Cuando Kaoru estaba quieta y relajada, realmente se parecía a su tranquila hermana, pero cuando empezaba a discutir con Sano o a someterse a las ardides de Megumi, la semejanza se desvanecía.

Todo apuntaba al hecho de que había algo en Kaoru. No sabía qué exactamente, pero había algo especial. Fue a buscar la guía telefónica para hacer esa reserva.