Y una vez más, llegamos a ellos. Conocemos algo más de algunos secretos y caras conocidas llegan.
Quiero agradecer a Dafne por su donativo especial y que ha ayudado a que este capítulo salga antes de tiempo al aire.
¡Muchas gracias mil! Este capítulo es tuyo, amore.
¡Disfruten!
Advertencia: Supongo que ya lo saben y lo esperan por capítulos anteriores pero: muerte de personaje.
Amor vendido
—¿Estás seguro de que tu hermano está listo para ver esto, Itachi?
La voz le retumbó dentro del casco. Femenina y con cierta preocupación bañada en discrepancia hacia la decisión tomada por ambos Uchiha. Itachi le miró desde su posición. Pese a que no podía verle por la máscara, comprendió que estaba estudiándole. Aunque él mismo llevaba una máscara cubriéndole la cara, sus signos vitales aparecían en los datos que Itachi recibía del grupo gracias al traje de combate y como líder de ese escuadrón.
—Podrá hacerlo —dijo finalmente su hermano.
La mujer chasqueó la lengua y suspiró después.
—Luego no me digas que no te advertimos.
La comunicación se cortó con un zumbido contra su oído. Sasuke se tambaleó cuando el furgón pareció pasar por encima de un bache.
—Vas a ver cosas esta noche, Sasuke. Peores de las que probablemente viviste mientras te entrenaban —susurró Itachi—. El matadero es un lugar cruel. Sin embargo, será la última noche que esté en funcionamiento.
Sasuke apretó la mandíbula. No podía mirar a otro lado, con la espalda en tensión. Cerró los ojos e intentó evadirse. Preguntándose si realmente estaba haciendo lo correcto al estar ahí. Recordaba la mirada preocupada de Sakura, su boca abrirse para llamarle antes de que se subiera al furgón.
Dios, deseaba volver a sus brazos. Podrían encerrarse en ese cuarto, echar la llave, desnudarse y…
Tomó aire.
—Cálmate, chaval —indicó el hombre más grande cerca de él—. Tus constantes vitales están ardiendo.
Soltó una risita aguda que le sacó de quicio.
—Kisame, deja al pobre. Todavía tiene que madurar, hn.
—Mira quién fue a hablar, Deidara —intervino la mujer.
El nombrado chirrió los dientes como respuesta. Levantó su mano derecha y mostró la palma, como si con eso recalcase un insulto o algo parecido.
—Hemos llegado —anunció Itachi levantándose—. Sasuke, conmigo.
Sasuke asintió y se levantó, saltando al exterior con el resto.
La primera sensación de su cuerpo fue de encogerse y cubrirse cuando el olor le llegó a través de la máscara. Itachi lo sostuvo del cuello y apretó dos botones junto a la máscara. El aire cambió a uno más fresco y limpio que ayudó a menguar sus nervios. Respiró.
—El olor real del lugar es un asco, sí —concedió Kisame saltando tras él—. Se te pone de mierda el cuerpo.
—El olor es como…
—Sí, el gas que usaban para torturarnos, hn.
Los demás se fueron dispersando. Sasuke se quedó junto a Itachi, observando las grandes instalaciones. Las paredes blancas parecían recién limpiadas, el suelo con arañazos que reconocía. Paredes separando secciones. De algunas de ellas, le llegó el sonido de voces chillando. Súplicas que le torturaron los recuerdos.
Itachi posó una mano sobre su hombro.
—Si me he equivocado, siempre puedes esperar en el furgón.
—No —negó raudo—. He de verlo.
—Será el último día de su existencia, así que puedes pasar de ello.
Sasuke negó.
—Necesito verlo.
Necesitaba ver si las cosas que les contaron eran más como el cuento del hombre del saco o verdades que podrían haberles sucedido en cualquier momento.
Avanzó a pasos cautelosos detrás de su hermano. Pudo ver a uno de ellos inclinado, sin casco y vomitando.
—Deidara —indicó Itachi—. Su dueña lo modificó.
—¿Modificó?
—Sí —afirmó Itachi—. La mujer quería más bocas chupando su cuerpo. Así que le implantó bocas en sus manos. La operación por poco lo mata. Ahora, tiene tres bocas enlazadas a su cuerpo. Todavía le afecta esta mierda. Su valor aumentó por eso y lo prostituyó en contra de las reglas. Pero como era una mujer de suma importancia…
—Lo ignoraron.
—Por supuesto.
Continuaron un poco más, pasando junto a Kisame. El grandullón hablaba con una mujer, que gesticulaba hacia dentro.
—¿Y él?
—¿Kisame? Él es un hombre grande, pero su dueña tenía fantasías con mundos imaginarios y demás. Así que tiñó su piel de azul, operó sus ojos, su boca y hasta demandó que le pusieran branquias de adorno en la cara. Por eso, parece un pez. Por poco la pintura lo mata de toxicidad. Konan, la mujer de antes, salvó a su pareja, Yahiko y a su hermano, Nagato. Huyeron de la ciudad y terminaron con nosotros. Sasori ya le conoces.
Sí. Recordaba su petulancia, la clara soberbia al tocar a Sakura sin permiso.
—Todos tienen vidas de mierdas, un pasado que arrastran y la fortaleza de seguir adelante. Seremos quienes protegen entre las sombras a la futura generación. Nunca lo olvides.
Continuaron caminando. A medida que se adentraban más, los gritos y la sangre aumentaban. Itachi se detuvo en uno de los cubiles e hizo un gesto para que esperase. Se adentró entre las amarillentas cortinas y le escuchó hablar con alguien. La conversación no llegó a sus oídos, pero cuando salió, sacudía la cabeza. Se llevó una mano al casco.
—Hemos perdido al trece.
Los demás maldijeron.
—¿Qué es el trece? —cuestionó.
Itachi dudó.
—Muéstraselo al chaval, Itachi —recomendó Kisame—. Mejor que lo sepa a no. Aunque te recomiendo no vomitar en el casco, Sasuke.
Itachi terminó por ceder.
Apartó las cortinas para encontrarse con una muchacha inclinada sobre un hombre, encogido, delgado y tembloroso. En sus mejores tiempos podría haber sido alguien grande y fuerte. Puede que hasta guapo.
Por un instante, sintió que le conocía. Cuando se inclinó algo más en busca de sus ojos, se percató de que sí. Mantenía un ojo cerrado debido a la enorme cicatriz que le cruzaba la cara. Sus cabellos aplastados contra el cráneo en otro momento fueron grisáceos y ladeados. Su cuerpo estaba lleno de mordeduras. Al principio pensó que eran humanas, pero no. El desgarro, las heridas punzantes que todavía supuraban.
Salió y levantó el casco. Lo poco que había comido se fue directamente al suelo.
Itachi le dio unas palmadas en la espalda.
—Era un buen hombre, pero jamás podrá sanar su cuerpo. Van a sacrificarlo. No puede continuar viviendo.
Luego se llevó una mano al casco para hablar.
—Número 654785, perdido.
—Kakashi…
—¿Qué? —preguntó Itachi inclinándose hacia él.
—Se llamaba Kakashi. Era… mayor que nosotros cuando entramos. Nos protegió muchas veces… fue vendido a una loca de los perros.
Itachi comprendió entonces.
—Y esos perros lo han matado.
—Consuélate pensando que esa puta morirá en la bomba, hn —intervino Deidara—. Los demás están bien. Y hemos recibido del otro furgón que tienen a los que seleccionaron y son amigos de tus conocidos. Recogemos lo que podamos de aquí y marchémonos. ¿O vas a meterlo en las profundidades?
Itachi pareció estudiarle.
—No. Creo que con ver a este hombre ha sido suficiente.
Volvió a colocarse el casco. Temer ese lugar no era una ilusión. Realmente los colgaban como si fueran animales de los pies, de las manos, del estómago. Los sangraban como si fueran cerdos. Los trituraban en vida.
Bastó solo un vistazo para comprender que las teorías y los cuentos de terror eran ciertos.
Se alegraba, profundamente, de que se destruyera.
Subió al furgón con los demás. Tres hombres se mantenían agazapados en un rincón, temblando. Sus manos tenían heridas y sus cuerpos magulladuras que dejarían cicatrices. Cicatrices que siempre les recordarían lo que habían vivido.
—¿Cómo te sientes?
Konan estaba sentada a su lado. Se había quitado el casco y el calor provocaba que su cabello se pegara a sus sienes y nuca. Era de un color agradable, a lavanda, que le recordó el olor de Sakura.
—Bien.
Ella esbozó una sonrisa leve.
—Eso, en el diccionario Uchiha es un claro "no te metas donde no te importa".
Sasuke sintió tensión en la espalda. Ella le dio una suave palmada en el brazo que apenas duró.
—No tienes que tensarte. Tampoco responder ante mí por ser mujer. Somos iguales en esto. No creas que para mí es fácil, mi primera vez fue un caos completo. Todavía tengo pesadillas por cómo se encontraba el hombre al que se suponía debía de salvar. Por suerte, esta es la última vez…
Sasuke apretó los dientes. Sí. Era la última vez que ese lugar existiría. Sin embargo, muchos otros hombres ahí fuera, niños que estaban siendo educados, torturados, continuaban padeciendo las últimas horas de tortura y morirían por la misma injusticia radical.
Kakashi tampoco tuvo libertad ni una oportunidad.
—Esperemos que la corrupción termine ahí —murmuró entre dientes ella—. Akatsuki estamos aquí para proteger y salvar, pero… no descartamos que el odio se ha ido cubriendo por la esperanza y que estalle una revuelta cuando la bomba explote. ¿Estarás preparado para eso, chico?
Dudaba y a la vez, sentía cierto pavor. Si después de la bomba los hombres que hasta ahora habían fingido aceptar la igualdad tomaban las riendas del poder de nuevo. ¿Qué ocurriría? ¿Otro mundo igual, pero a la inversa, donde Sakura sería doblegada a vivir todo lo que él vivió? De tener una hija. ¿Lo mismo?
Se estremecía de solo pensarlo.
—Lo estoy —dijo al final. Miró hacia los otros hombres, acurrucados, mirándolos con miedo—. Hemos de aprender.
Konan suspiró y miró hacia uno de los hombres que hablaba de algo con Kisame. Tampoco llevaba el casco y sus cabellos naranjas brillaban bajo la luz de las luces traseras.
—Eso espero.
Cuando llegaron, las mujeres encargadas de la supervisión de los recién llegados se ocuparon de los nuevos hombres. Otro furgón también abría sus puertas y otros miembros descendían.
—¿Estás bien?
Dio un respingo al escuchar su voz. Sakura estaba a su lado, en bata, mirándole de arriba abajo, pálida.
—¿Qué haces…?
—Sakura.
Sasori interrumpió su pregunta. Hizo una mueca de hastío y Sakura, tras disculparse, corrió a ayudarle. Itachi le puso una mano en el hombro.
—El servicio médico se encarga de tratarlos cuando llegan. Lo mismo que hicieron con vosotros en su momento, sólo que mamá estaba allí —explicó—. Así que tendrá para rato. Date una ducha, intenta relajarte y después, búscala. Necesitas poner en orden tu cabeza.
Sasuke le habría gustado más negarse que obedecer. Pero Sakura había entrado en un trance en el que dejó de prestarle atención para atender las sugerencias de Sasori y de otro médico que parecía superior a ellos dos.
No volvió a verla hasta poco después, cuando salía con una toalla de la ducha, secándose el cabello con otra. Estaba de pie, justo frente a la puerta y las manos en las caderas.
—Más vale que no tengas ninguna herida —indicó.
—No la tengo. No fue peligroso —aseguró—. Estuvimos en el matadero, pero en zona segura.
¿Por qué mierdas le explicaba eso? No quería pensar en ese lugar de nuevo. Pensar en Kakashi destrozado a punto de ser…
Sakura alargó una mano, luego otra y lo empujó dentro de las duchas de nuevo. Cerró la cortina tras ellos y lo acunó contra su hombro. Algo incómodo para su espalda si tenían en cuenta sus estaturas, pero reconfortante.
Se descubrió a sí mismo acomodando la postura, rodeándola con sus brazos y escondiendo su rostro lo más que pudo. Sus delgados dedos acariciaron su nuca.
—Nunca estuve allí —comenzó ella susurrante—, pero sé lo cruel que es, lo que hay… el miedo que os hacen tener para educaros a cuenta de ese lugar.
—Es de verdad —susurró—. Como animales.
Sakura tembló.
—No pienses en ello —murmuró—. Olvídalo. Tú eres libre. Nadie va a hacerte esas cosas. Jamás lo permitirán. Tu madre e Itachi.
Él levantó la cabeza para mirarla.
—Ni yo —aseguró acariciándole los labios con el índice ante su pregunta silenciosa—. Te lo prometo.
Sasuke la apretó más contra sí.
—¿Te quedarás a mi lado?
—Sabes que sí.
Buscar su boca fue irremediable.
La necesitaba de muchas otras formas. No sólo su corazón. Le habían educado para ser alguien sexual y desear a una sola mujer. Eso no iba a cambiar. Ni, aunque pasen los años. El deseo por Sakura siempre existiría.
La asió de la cintura y giró sobre sí mismo hasta encajarla contra la pared. Sakura emitió un quejido de sorpresa y él se separó lo suficiente como para gruñir una pregunta.
—Mi espalda acaba de empaparse —protestó avergonzada.
—La idea es que te empapes en otro lugar —indicó tirando de sus ropas.
Sakura enrojeció maravillosamente, reaccionando a sus palabras. Ella misma tiró de sus ropas a la par y, sin que ninguno le prestara suma atención, todas fueron por cualquier parte que estuviera lejana a sus cuerpos.
Cuando ella gimió, fue como irse al mismo cielo.
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Sus ideales del sexo siempre fueron nulos, curiosos y desde luego, inexpertos. ¿Hacerlo en las duchas de un lugar nuevo? Jamás habría pasado por su cabeza. ¿Que la excitara tanto? Menos todavía. Aunque Sasuke había demostrado que era capaz de hacer con ella millones de cosas.
Sus manos parecían moverse por todas partes de su cuerpo, tocando lugares donde no sabía que podrían excitarla. Besando y chupando, mordiendo y provocándola.
La toalla había caído a sus pies y cuando bajó la mirada para ver qué era, vio algo más llamativo que deseó, como nunca. Se pegó a él, se arqueó y rozó. Cuando la atrapó de las nalgas para levantarla en alto, Sakura se aferró a sus hombros, rodeando con sus piernas su cintura.
—Sasuke —nombró necesitada.
El fuego en su vientre, la humedad que sentía, la tensión en sus senos. El despertar de su cuerpo por completo. Sus ojos se encontraron por un momento.
—Esta vez, no me detendré —le advirtió.
—Por favor…
Él inclinó la cabeza y besó su hombro. La sostuvo contra la pared manteniendo la fuerza de sus hombros y brazo y entrometió una mano entre ellos. Sakura notaba el corazón en la garganta. Expectante. Sintió la punta rozar su centro, su carne ablandar en su dureza contra ella y, finalmente, buscar el punto exacto de su unión.
Cuando Sasuke finalmente estaba dentro de ella fue como si el mundo se detuviera a su alrededor, pero girase en su cabeza. Su interior palpitó, se abrió a él en tirones suaves y marcados que reconoció, tan diferente al consolador en su momento.
Cuando comenzó a moverse, deseaba volver a tenerlo dentro, que rozara el punto exacto donde todo mandaba a volar su cerebro, su cuerpo palpitaba y su boca ahogaba el aliento en sus besos. Sus oídos perdían sentido más que para sus susurros. El placer de escucharle gemir, susurrar su nombre, la calentaba incluso más.
Sus dedos se deslizaron lentamente por su espalda. Sus uñas arañando la suavidad de su piel y cuando bajó lo más que pudo, subió una vez más, aferrándolo de los cabellos, mordiendo sus labios. No estaba segura de por qué, pero sí del por qué no. No tenía por qué controlarse. No había un motivo para frenar y evitar que su cuerpo demostrara lo que sentía.
—Sasuke… ¡Sasuke!
Su voz se ahogó contra su cuello, avergonzada. Hasta ahora, los orgasmos eran algo censurados en su dormitorio y a su soledad. Sasuke le había demostrado que eran más impresionantes entre dos y, en ese momento, estaba resultando incluso más glorioso que los primeros. Sintiéndose llena, completa.
De alguna forma incomprensible.
Jadeó contra su oído y por primera vez en su vida, sintió estremecerse a un hombre dentro de ella. Sasuke buscó su mirada, la pregunta plasmada en sus ojos. Ella tragó antes de responder.
—Todavía no —farfulló—. Más adelante… contigo.
Él gruñó y obedeció.
Sakura sintió que la abandonaba y la sensación de vacío fue dolorosa, como si su cuerpo primitivamente esperase algo que no le daba. Sintió su masculinidad contra ella, rozarse contra su estómago y su semilla bañarla cuando, entre sonidos guturales, Sasuke alcanzó su propio clímax. Se percató de que había mantenido la respiración. Le tomó el rostro entre ambas manos, besándole.
—Gracias por volver a casa.
Él devolvió el beso y la dejó con cuidado sobre el suelo. Después, abrió la duchera y en silencio, la limpió.
—Pensé que ibas a preferirlo a él.
Sakura le observó, mientras acariciaba su vientre para quitar los restos de su semen. Sus manos, grandes, pasando por su nívea piel. Cuando se apartó para coger jabón y echárselo, volvieron a frotarse contra ella.
—¿A quién? —preguntó maldiciendo que eso volviera a despertarla. Tomó una bocanada de aire—. ¿Sasori?
Él cabeceó antes de inclinarse más y llegar a su entrepierna. La miró y con un gesto de sus dedos, la ordenó abrirse para él. Lo hizo, aferrándose a sus hombros. Parpadeó para intentar ubicar a la persona mientras su mente pensaba más en lo que él estaba haciendo ahí abajo para ella.
Siseó cuando sus dedos atraparon en círculos su zona más delicada.
—No, él… —farfulló algo ida—. Ah, esto me gusta. —Se lamió los labios—. Dudo que quiera a una mujer. Después de lo que le hicieron. Él no está preparado para ello.
Suspiró entre dientes, frustrada cuando se apartó para enjuagar. Le sostuvo la mano, invitándolo a que continuara.
Él besó su oído y accedió, sosteniéndola y acariciándola hasta el final. Bajó la mirada para ver su mano oscilar bajo ella, moverse en rápidos movimientos y lentos que la enloquecieron. Sintió sus dedos en su interior, diferentes a la sensación de tenerle a él y pensó que era mejor, hasta el punto de alargar su mano y sostenerle.
—De nuevo —suplicó.
Sasuke obedeció. Sakura estaba segura de que podría haberle pedido que se sentara en el suelo lleno de agua que lo habría hecho gustoso. Sin embargo, fue ella la que cedió cuando la sujetó de las caderas con ternura, la giró de espaldas a él y arqueó su cuerpo para alzar su trasero. Antes de que pudiera preguntar, su miembro estaba en ella.
Sus manos apoyadas contra la pared, la duchera cayendo entre sus piernas, que jadeara en su oído la transportaba al mundo del placer.
Echó una de sus manos hacia atrás, apretó su cadera, bajando por sus nalgas y lo retuvo ahí, mientras el orgasmo la vencía y su mejilla se frotaba contra la húmeda pared.
Sasuke la abandonó poco después y antes siquiera de poder apartarse, eyaculó una vez más.
Jadeante, se volvió para abrazarle, escondiendo sus suspiros contra su piel. Hasta que su reloj sonó en su muñeca. Lo reviso tras parpadear.
—Tengo que irme —indicó, buscando su ropa—. Ay, Dios… toda está empapada.
—Ponte mi chándal —recomendó él—. Remángalo.
Sakura asintió y salió, deteniéndose con la sudadera en las manos.
—¿Y tú? —preguntó.
—Hay más —respondió mientras se enrollaba una vez más otra toalla seca—. Vete.
Ella se vistió en un abrir y cerrar de ojos, poniéndose de puntillas para darle un último beso y echar a correr. Aunque se sentía agotada, de cierta forma, sabía que no podía dejar esa nueva experiencia atrás.
—Espera.
Se detuvo al escuchar la voz. Una mujer caminó hasta ella.
—¿Quién…?
—Soy Izumi —se presentó. Luego extendió hacia ella un reloj rojo—. Este es para ti. Itachi le dará el otro a Sasuke.
—Pero ya tengo uno.
—Este es para las parejas —explicó—. ¿Acaso no estás con el hermano de Itachi? O eso ha dicho él.
La idea de lo que acababan de hacer provocó que se ruborizase.
—Sí —reconoció.
—Bien. Dame el otro. Lo formatearemos para otra persona.
Sakura se lo quitó y entregó, colocándose el nuevo. En la pantalla, aparecían otros datos a parte de los suyos propios.
—Ahora, tú sabrás dónde se encuentra él y él, dónde te encuentras tú, de necesitarlo. Eso te asegurará que sigue vivo. No obstante, un uso indebido de esa información podría llevar a que tengas que responder ante los superiores. No queremos acosos ni control innecesario.
—Lo encuentro lógico.
—Bien, entonces…
Izumi suspiró e hizo ademán de alejarse. Sakura la retuvo del brazo.
—¿Te encuentras bien?
—Sí —respondió dudosa—. Es sólo que…
Su frase se vio interrumpida por un grito de dolor. El reloj en su muñeca emitió una alarma particular. Sakura la sostuvo de los brazos y la arrastró hasta las colchonetas.
—No, no estás bien.
La puerta del vestuario se abrió justo cuando se percató de la humedad.
—Acaba de romper aguas —informó mirando a Itachi—. Hemos de llevarla al servicio médico.
Ambos hombres asintieron y entre Sasuke y Itachi, cargaron a la joven en dirección al mismo lugar donde Sasori les esperaba.
—Es demasiado pronto —jadeó Izumi—. ¡Es demasiado pronto!
Sakura intercambió una mirada con Sasori, quien había borrado de su rostro el ceño fruncido de molestia y ahora mantenía un gesto feroz de preocupación.
—Vamos dentro. Avisaré a Shizune.
Sakura asintió y entró. El corazón le latía rápidamente mientras dejaban atrás a Sasuke, quien inclinó la cabeza, obediente.
.
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—¡Hermana!
Hinata recibió su abrazo y le dio palmaditas en la espalda para tranquilizarla. Hanabi temblaba, como si fuera más pequeña, más delicada. Se imaginó que así debió de verse ella horas antes. Tenía el cabello húmedo y tras mirarla de arriba abajo, el primer nombre escapó de su boca.
Konohamaru.
—Está bien —le aseguró—. A los chicos los llevan a otra sala, pero ahora os reuniréis con ellos —informó.
También lo dijo para Ino, Matsuri y Temari, que la miraban con preocupación. Las cuatro estaban perdidas, solas, separadas de lo que conocían. Y lo más triste es que no habían terminado las noticias que debían de asimilar.
—¿No estáis mareadas ni nada así? —preguntó.
—No —negó Ino—. ¿Qué hay de Sai? No me dirás que…
—No, no —negó.
La puerta se abrió tras que alguien llamase. Cuando dio permiso, Naruto se asomó. Todas frunciendo el ceño al verle.
—Los chicos están listos —informó—. ¿Están ellas listas?
—Sí —respondió acariciándole el hombro—. Vamos a llevarlas con ellos.
Ino y Temari frunciendo el ceño al ver que Naruto se adelantaba, sin esperarlas o caminar detrás de ella. Hinata suspiró. Sí. Había muchas que cambiar, creencias que modificar y costumbres que borrar. Todo debería de llevar un tiempo, el problema es que apenas lo tenían. Los últimos furgones vendrían más tarde y después…
Cerró los ojos y tomó aire.
—¿Dónde estamos exactamente? —preguntó Temari caminando más cerca de ella.
Hinata no supo cómo responder.
—Digamos que un nuevo hogar.
—¿Un nuevo hogar? —preguntó esa vez Ino—. Nos han secuestrado. ¿Lo sabes?
—Sí, sé que visto desde cierto punto de vista no es coherente lo que sucede, pero…
—¿Pero? —inquirió Hanabi, preocupada—. Hinata. Necesitamos respuestas.
—Lo sé, Hanabi, lo sé —aceptó tomándola de la mano—. Las obtendréis. Os pido que, por favor, tengáis la mente abierta.
Ino bufó y Matsuri se pegó más a Temari, temerosa.
Cuando abandonaron los liosos túneles para salir a la parte central, las cuatro mujeres jadearon sorprendidas.
—¡Gaara!
Matsuri fue la primera en echar a correr hacia él. Gaara parpadeó, confundido y permitió que se colgara de su brazo. Junto a él, Shikamaru, Kankuro, Konohamaru y Sai se pusieron en pie al verlas.
—Ya no tenéis que hacer eso —indicó Naruto—. A menos que lo deseéis de verdad.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Temari cruzándose de brazos. Naruto dio un respingo ante el tono autoritario—. Habla.
—Temari —suplicó Hinata—. Todo a su tiempo. Os lo prometo.
—Oye —interrumpió Ino buscando a su alrededor—. ¿Sakura y su hombre…?
—Pues ahora que lo dices… —farfulló al caer en la cuenta que no sabía nada de ella.
—Está atendiendo un parto imprevisto y muy delicado. Se reunirá con vosotras más tarde.
Hinata se volvió hacia la voz. Reconoció a Kushina junto a Shiho, quien bostezaba y se rascaba el vientre mientras caminaba hacia ellos. Al ver a los hombres se detuvo, con la mirada fija en uno de ellos.
Shikamaru.
El chico enarcó una ceja y desvió la mirada enseguida, centrándose en Temari. Una gota de sudor resbaló por su mejilla.
—¿Quién es usted? —inquirió Hanabi—. Se me hace familiar…
—Es mi madre —respondió Naruto. Luego bufó cuando nadie le hizo caso—. Es mi madre —repitió.
Kushina le sonrió y le dio una palmada cariñosa en el hombro.
—Está bien, Naruto. Explicaremos todo. Cada cosa a su tiempo. Necesitan aprender de nuevo.
—¿De qué está hablando? —Hanabi la miró a ella en busca de respuestas.
—Igualdad —le respondió—. De eso está hablando. Algo para lo que no nos educaron y que aquí se imparte como norma.
—¿Igualdad? —repitió Temari pensativa—. Entre hombre y mujer.
Hinata asintió.
—Me gusta la idea —reflexionó mirando a Shikamaru—. ¿Qué hay de ti?
—Es obvio que le gusta la idea de la igualdad.
Todos se volvieron hacia Shiho, quien bufó y se cruzó de hombros pese a haber respondido por otra persona.
—He leído su ficha. Su nivel de inteligencia es muy superior y es capaz de racionar este cambio con suma habilidad.
Temari enarcó una ceja.
—¿Te llamas Shikamaru?
—¡Claro que no! Soy Shiho.
—Entonces, no respondas y respeta su turno de responder —aseveró.
Hinata tuvo que morderse los labios para no sonreír. Igual era un poco venganza por el trato que recibió Sakura por parte de Shiho, pero verla sonrojarse, subir sus gafas nerviosa y retroceder, era un gran punto para Temari.
Shikamaru carraspeó y miró a su alrededor.
—Es aceptable.
Temari asintió y miró a sus hermanos, quienes asintieron.
—Os adaptaréis —prometió Naruto.
—¿Lo hiciste? —preguntó Sai que hasta ahora había permanecido callado.
—Estamos en ello —reconoció Naruto rascándose la nuca—. Además… hay muchos problemas a parte del tema de la igualdad.
—Sí —confirmó ella.
—¿De qué se trata? —cuestionó Hanabi.
—Pues… —comenzó Kushina.
Les relató la misma historia que a ellos. Sin dejarse un ápice de información. Ni siquiera Shiho lo hizo cuando les entregó sus relojes, demorando más de lo necesario en Shikamaru.
—Entonces, mi padre… —farfulló Temari buscando la mirada de sus dos hermanos.
—Y nuestra madre —terció Hanabi—. No. Nuestro padre, nuestro abuelo y nuestro antepasado…
—Sí —confirmó Hinata—. Más tarde os puedo dejar el libro para que comprendan cómo fue.
—¿Y esto es una especie de alianza? —preguntó Matsuri—. Como en Star Wars, ya sabéis.
Todos enarcaron una ceja. Matsuri enrojeció.
—Supongo que no…
—Da igual —desvió Shiho desinteresada—. Ahora, estos hombres son libres de decidir qué hacer. No están obligados a seguir con vosotras. Y pueden encontrar un lugar en su nueva vida. Y vosotras… pues id aprendiendo y aceptando o llamaremos a los Akatsuki para que os devuelvan antes del día D.
—¡Shiho! —aseveró Kushina.
—¿Qué? —protestó—. No tenemos tiempo suficiente. Ellos no son los únicos a los que tenemos que explicarles qué está sucediendo. Mejor no irnos por las ramas y…
—¿Siempre que te sientes atraída por uno de los hombres te comportas como una perra o es de fábrica lo tuyo?
—¡Sakura! —exclamó Ino.
Hinata sonrió al verla.
—¿Ha ido bien el parto? —cuestionó Kushina.
—Sí —confirmó Sakura—. Fue complicado porque es antes de tiempo y ahora necesitará incubadora, pero… ambos están bien. Mikoto ya está con ellos también, así que me pidió que viniera. Especialmente, porque muchas de las que están aquí son mis amigas.
Shiho se hizo a un lado, pero Hinata logró escucharla.
—Claro, cuando la atacan a ella agacha la cabeza, pero cuando atacan a sus amigas saca las garras. Hipócrita.
Las demás la ignoraron.
—Sé que todo esto suena horrible —comenzó Sakura mirándolas a cada una y luego, a los chicos—. Pero se acabó el es mi hombre o haz lo que yo quiera y ordene. Vosotras mismas luchabais por esto a vuestro modo. Por eso fuisteis seleccionadas para venir.
—Sí, eso ha dicho esta señora —puntualizó Hanabi.
—Soy Kushina Uzumaki —se presentó—. Y como dijo Naruto, su madre. Por favor, la próxima que hable hacedle caso. Darle el respeto que se merece.
Las mejillas de las mujeres enrojecieron con culpabilidad. Ino chasqueó la lengua.
—No puedes juzgarnos por la educación que nos dieron.
—Puedo —indicó Kushina firme—. Porque aún así, debisteis de tomar vuestras propias decisiones. ¿Acaso porque vuestra madre dijera que os quedaba mejor el color rosa lo acatabais a rajatabla?
—No —reconoció Hanabi intercambiando una mirada con ella.
—Pues ahí lo tenéis. Estos chicos, a partir de este momento, son libres y con esto, quiere decir que pueden escoger si quieren continuar con vosotras o no.
Matsuri fue la que dio un respingo, preocupada, miró hacia Gaara inquisitiva. Era como un animalillo abandonado. Gaara levantó una mano, posándola sobre su cabeza.
—Yo escogí continuar con Hinata —añadió Naruto mirándola directamente a ella.
Asintió y buscó su mano para enlazarla.
—No fue forzado, por si dudáis — añadió avergonzada.
—Nadie lo duda —aseguró Sakura cruzándose de brazos—. Sasuke ha encontrado aquí a parte de su familia también.
—Y también estáis juntos —dedujo Ino.
—Sí —reconoció enrojeciendo. Luego carraspeó—. Además, podemos seguir un poco con nuestras vidas anteriores. Yo sigo con medicina, por ejemplo. Sasuke ha escogido meterse en Akatsuki, que es como la policía aquí. En cuanto a Hinata y Naruto…
—Quiero ser profesora de historia —explicó—. Escribir la historia hasta ahora. La de verdad. No las que nos han querido contar. Me gustaría poder guiar a futuras generaciones en eso.
Naruto, a su lado, sonrió satisfecho al reconocer su conversación pasada.
—¿Y Naruto? —preguntó sorprendido Sai con curiosidad.
—Educación sexual —respondió finalmente—. Quiero encargarme de todo ese tema.
—Hay un puesto vacante de presidente a cuenta de eso —dejó caer Kushina, sonriendo y guiñándole un ojo.
—Me da que este chico va a necesitar un asesor para eso —indicó Temari, dudosa.
—Yo lo seré.
Todos se volvieron hacia Shikamaru, quien chasqueó la lengua por llamar tanto la atención.
—Suena bien —asintió Temari—. Si es lo que quieres.
—Sí.
Shiho parecía a punto de estallar.
—¡Tenemos laboratorios que habrá que desarrollar en el futuro! Seguro que eso te interesa más.
—No —negó Shikamaru—. Creo que entiendo por qué Naruto quiere encargarse de esa rama. Somos, aparte de los médicos, quienes tenemos más conocimientos de esos temas que las mujeres aquí presentes. Si el resto de generación es así, tendremos que educar mentes abiertas para aceptarlo y no como un tabú. Eso sí, necesitaremos mujeres también.
—¿Por qué? —preguntó Ino entrecerrando los ojos.
—Porque las mujeres tienden a sentirse más cómodas con otras mujeres que con los hombres. Hasta que esto cambie y se adquiera una igualdad en respeto y no en depravación, será necesario —puntualizó también Shikamaru.
Hinata se mordió el labio inferior.
—Yo… hay ciertas cosas que prefiero comentar con mujeres, sí —reconoció—. No por educación, sino por… timidez.
—Exacto. A eso me refiero —confirmó Shikamaru.
—Entonces. ¿Por qué no echáis la solicitud? —propuso Kushina a ambos hombres—. Aunque seguramente, antes querréis ver las instalaciones y vuestras habitaciones.
—Sí, por favor —aceptó Ino—. Siento que la cabeza me va a explotar con tanta información. Necesito poner en orden mis ideas.
Antes de que se alejaran, Shiho detuvo a Shikamaru.
—Por favor. Ten en cuenta que hay otras mujeres.
El muchacho se mostró incómodo y caminó tras los demás rascándose la nuca.
—¿Qué pasa con ella? —preguntó Temari mientras se alejaban—. No tiene pelos en la lengua.
—Ni que lo digas —confirmó Sakura—. Supongo que le ha gustado Shikamaru.
Ino soltó una risilla.
—Su tipo serán los inteligentes.
Kushina sonrió al volverse hacia ellas.
—¿Sabéis? Hace un tiempo atrás las chicas hablaban de esa forma, emocionándose por los chicos, disfrutando y admirando su libertad y no concentrándose sólo en lo que tenían entre sus piernas. Shiho es como es, pero la prueba de que se enamora más del cerebro que del físico no la hace tan diferente a una joven como vosotras.
Sakura se cruzó de brazos.
—Eso no quita que tenga una boca viperina.
—No, eso no lo quita —concedió Kushina sonriendo.
Dejaron a los demás en sus respectivas habitaciones. Hanabi necesitaba poner en orden sus pensamientos.
—¿Y Neji y su mujer? —preguntó Naruto.
—Su camión todavía no ha llegado —respondió Sakura—. Según dijo Itachi, los horarios son disparejos para no llamar la atención.
—Espero que salga todo bien —rezó. No había esperado tanto tiempo para encontrar a su primo y perderlo no le parecía una opción.
Naruto la tomó de la mano y fue como si sus fuerzas se renovaran de alguna forma.
—Estarán bien —prometió él—. Necesitan el mismo tiempo que nosotros. Y hemos tenido poco —reconoció—. ¿Te parece mal lo que quiero hacer?
—No —negó dándole un suave apretón—. Me parece genial. Es algo que se te dará bien. Estoy segura. Y, ahora, no estarás solo. Shikamaru parece estar interesado en ello.
—Podría cambiar de opinión después de ver todo esto. Además, ellos son los últimos antes de…
—Sí —farfulló—. Han llegado justo con el caos.
—Nosotras continuamos en caos —recordó Sakura, carraspeando para hacerse notar—. En fin, iré a ver cómo van las cosas con Sasuke y su familia.
—Ah, Sakura —retuvo antes de que se marchara. Se alejó de Naruto y casi de puntillas, llegó hasta ella—. ¿Cómo van las cosas con Sasuke? ¿Ha decidido?
Sakura enrojeció levemente, carraspeando.
—Bueno… creo que se quedará en Akatsuki. En el futuro. Hará falta más manos. ¿Has mirado las opciones del reloj para el tema de tu decisión?
Hinata negó.
—No he tenido tiempo de hacerlo, pero le preguntaré a Kushina qué debo de hacer. ¿Qué hay de ti?
—Digamos que puedo respetar a Sasori.
Sonrió y la tomó de las manos.
—Se me hace tan extraño que ahora tengamos nuestras vidas separadas. Y me da miedo lo que está por venir. Nos separaremos más.
Sakura se soltó de sus manos para tomarle el rostro. Besó sus labios, su frente y después, la abrazó. Naruto ahogó un gemido de sorpresa detrás de ellas que ignoró. Abrazó a Sakura con la misma ternura.
—Siempre estaré ahí para ti, Hinata. Siempre.
Ojalá tuviera razón.
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Naruto arrugó los labios mientras la observaba hablar con su madre, quien escuchaba con sumo interés su petición y le daba las indicaciones adecuadas. no comprendía bien cómo, pero al terminar la conversación tanto ella como él terminaron con un puesto de trabajo.
Se acomodó sobre la mesa, apoyándose sobre el brazo y la mano, entrecerrando los ojos. Cuando Hinata finalmente le miró percibió que dio un respingo.
—¿Qué ocurre? —preguntó tartamudeando—. ¿No te parece bien que quiera hacer el trabajo del que hablamos?
—No, ese no es el problema —descartó.
Espera. ¿Realmente había un problema?
—¿Entonces?
Hinata le observó en espera. Su rostro brillante, su mirada inocente y esa paciencia infinita que parecía tener hacia él.
—Recuerdas cuando la chica esa de los condones me tocó, ¿verdad?
—Sí, claro —recordó con un deje divertido que se esforzó por ignorar.
—¿Te importó?
Hinata parpadeó. Con esas largas pestañas suyas que se posaban sobre su piel como si fueran pequeñas y casi invisibles motitas.
—¿Por qué debería de importarme? Quiero decir, no hizo nada malo en sí. Y creo que hemos comprendido que ahora eres libre y…
—No quiero que otra mujer me toque —interrumpió—. Eso ya lo sabes.
Hinata enrojeció. Adoraba la rojez de sus mejillas.
—Supongo que esto realmente es algo malo en mí —murmuró estirándose más sobre el mueble—. Pienso que sólo está bien si eres tú. No puede ser ni ninguna otra mujer o hombre… ¿Es porque te amo?
Hinata pareció rumiar con mucha seriedad su pregunta. Aunque sus mejillas enrojecieron y sus manos temblaran.
—Quizás tenga que ver con la facilidad que tienen los hombres para pensar en posesión hacia nosotras —sopesó—. No sabría decirte exactamente. Estás descubriendo sentimientos nuevos y abriendo un nuevo mundo, así que podrían despertar nuevos sentimientos acerca de ello. Pero, ¿por qué lo dices?
—El beso —confesó escondiendo su rostro—. Con Sakura.
Hinata se golpeó la mano.
—¡Oh, eso! —exclamó con total tranquilidad. Él la miró, entre curioso y sorprendido—. Eso lo hacemos desde siempre. Es algo de Sakura y yo. No tiene un sentimiento amoroso o sexual realmente. Bueno, amor sí, pero no como entre un hombre y una mujer, claro. Es decir, no es el mismo significado que si… te besara a ti. —A medida que habló, su voz fue bajando a una más avergonzada, hasta cubrirse el rostro por completo.
—Lo siento, pensaba que… —farfulló golpeándose la cara con ambas mejillas—. ¡Es horrible, ttebayo! —exclamó—. Lo siento, Hinata…
—Está bien —musitó ella asiéndole las manos—. Naruto, tienes que comprender que para mí ya es difícil estar contigo. Imagina estar con otra persona, sería… ¿Naruto?
Se incorporó, tensó.
—¿Soy… difícil?
—No es lo que…
—Lo has dicho.
—Sí, pero no por lo que…
—¿Cómo qué no? ¿De qué otro modo es? La dificultad es dificultad. Sé que soy complicado y difícil de controlar. ¿Amarme es difícil? Dios, estoy repitiendo mil veces la misma palabra. En un párrafo quedaría completamente ridículo.
Se levantó y dio vueltas por la habitación.
—Naruto —nombró ella pausadamente—. ¿Puedes… dejarme hablar?
Se detuvo en el centro para mirarla.
—No lo sé —confesó—. ¿Debo? ¿Es una orden?
—¡Claro que no! —exclamó ella levantándose de golpe—. Pero si no me dejas explicártelo, continuarás pensando cosas que no son.
Se mordió el labio inferior, rascándose la nuca.
—Creo que, aunque me lo explicases con palitos ahora mismo no entendería nada —decidió acercándose a la puerta—. Iré a dar una vuelta. ¿Puedo?
Detuvo la mano en alto, mirándola. Ella suspiró antes de dejarse caer en el sofá.
—Haz lo que quieras. Eres libre, Naruto.
Abrió la puerta y nada más cerrar, suspiró, maldiciéndose.
—¿Problemas en el paraíso?
Levantó la cabeza. Shikamaru estaba apoyado contra la pared, expulsando el humo del cigarrillo al que parecía acabar de darle una buena calada.
—Sí… ser libres es más…
—Difícil.
—Sí —reconoció acercándose y negando la invitación al tabaco de Shikamaru—. Me siento…
—Abrumado.
—Sí… —farfulló frustrado—. Y no sé qué diablos hacer. De repente importa lo que pienso, lo que siento. He de tomar decisiones que se me negaron durante años. Y es como si fuera un hombre hambriento delante de un buffet de toda la comida que le gusta sin poder decidirse.
—Sí—afirmó esa vez Shikamaru—. Es más problemático que llevar la correa. Eso sí, no sólo estamos nosotros confundidos.
Naruto recordó a la severa mujer que era la dueña de Shikamaru.
—¿Cómo se lo ha tomado ella?
—Es inteligente —respondió Shikamaru encogiéndose de hombros—. Sólo necesita meditar todo. Finalmente, sus hermanos son libres. Y ahora, yo puedo decidir.
—¿Qué harás?
—¿Qué haré? —murmuró pensativo—. ¿En qué? Te ayudaré en tu trabajo, si me aceptan.
—¿Y con ella?
Shikamaru chasqueó la lengua y se rascó la nuca.
—Creo que soy el tipo de hombre que no aprende y que una vez escoge un sendero, lo sigue.
Naruto le dio unos golpecitos en el hombro.
—Creo que tienes una forma curiosa de decir que vas a quedarte con ella.
Shikamaru le dio otra calada al cigarrillo y miró en ambas direcciones del pasillo.
—¿Por qué está todo tan movido? Antes han pasado tres carros cargados de medicinas y ropas.
—Ah. Según sé, mañana es lo del día D.
—Ah, sí, también nos lo han contado —recordó chasqueando la lengua—. Esto va a ser una mierda durante estos días.
—Sí… ¿Se podría hacer otra cosa? —preguntó pese a saber la respuesta. La mirada de Shikamaru se lo confirmó—. Ya. Una mierda. Encima, el padre de tu mujer fue uno de los que estaban tras todo esto.
—Sí, pero de qué le sirvió estar ahí si fue despreciado por ser hombre: de nada.
—Logró cosas en favor nuestra.
—¿Menos latigazos? —preguntó sarcástico Nara—. Porque a mí no. Y dolieron como una mierda. Entre otras cosas.
Naruto intentó no recordar esos momentos.
—No, es cierto.
—En realidad, si lo piensas. Es también gracias a ellas que estamos aquí —continuó Shikamaru—. Temari era hija de alguien importante. Sus hermanos, por igual. Los únicos microbios somos su cuñada y yo.
—Ya… —miró hacia la puerta—. Mi madre está aquí, pero si Hinata no hubiera leído el libro de su antepasado, dudo que tuviera la oportunidad de encontrarme en este lugar. Quizás Sasuke sí, pero yo…
—Por lo que sé, eres el descendiente de alguien importante.
—¿Y? Eso no me libro de manguerazos de agua fría —acusó devolviéndole el sarcasmo.
—Touché.
Guardaron un momento de silencio, hasta que la puerta junto a él se abrió. Temari les miró de hito en hito.
—¿Qué hacéis los dos en la puerta como espías?
Naruto tensó la espalda como respuesta, esperando un regaño.
—¿Por qué no estáis dentro? Os van a doler los pies por estar de pie.
Eso le sorprendió. Shikamaru esbozó una sonrisa leve y apagó el cigarrillo contra la pared.
—Sólo fumaba y odias que fume cerca de ti.
—Sólo durante nueve meses lo odiaré.
Naruto parpadeó.
—¿Qué?
Shikamaru se detuvo.
—Ah. Cierto —recordó—. La mujer que la revisó antes dijo que estaba embarazada.
Temari asintió.
—Ya le he dicho que no tiene que quedarse conmigo por el embarazo y es libre de hacer lo que quiera, pero…
—No me iré —zanjó Shikamaru—. Y ella tampoco quiere que me vaya, pero ya sabes, orgullo femenino.
—¡Oye! —aseveró Temari enrojeciendo pese a su mirada feroz. Shikamaru, sin embargo, la miró de una forma que podría jurar que era… ¿amor?
—Bueno, yo os dejo —informó—. Felicidades, por cierto. Esta vez, lo que tengáis, podrá ser libre.
Temari posó una mano sobre su vientre y sonrió.
—Sí, eso sí.
Dejó a la feliz pareja atrás, deteniéndose al casi chocar contra Sakura, que bostezaba frotándose el cuello.
—Ah. ¿Naruto? —preguntó con los ojos casi cerrados—. Perdona, estoy tan agotada que ni puedo ver bien. Yo…
Antes de que terminara la frase su cuerpo se venció hacia delante. Por instinto, extendió sus manos hasta sostenerla. Justo cuando su mejilla pegaba contra su pecho, escuchó los pasos detenerse justo tras ella. Sasuke levantó el mentón, la boca tensa.
—Teme, te juro que no es lo que crees…
Continuará...
