Ane himura: En efecto, pronto tendremos la explicación de Kenshin respecto a la tragedia de Tomoe. Y como ya ves y verás en este capítulo, la atracción está haciendo mella en Enishi. Ahora queda ver cómo gestiona Kaoru todo eso con lo que siente por Kenshin. Saludos!
Capítulo 3
Kaoru atravesaba el gimnasio cuando, mientras pasaba por una habitación, vio el atisbo de una cabellera roja. Sólo una persona tenía ese tono distintivo, y obviamente sintió que debía ir a saludar. Era peor que la necesidad de hablar con él. La culpa que sentía por salir a una cita se definía fácilmente por el hecho de que ella lo amaba, pero él no propiciaba ningún tipo de situación romántica con ella. Estaba dispuesta a admitirlo. Se arregló su desordenado y sudoroso cabello; esperaba así verse un poco presentable. Entró silenciosamente al área de entrenamiento y vio a varias personas practicando. Siempre supo que Kenshin practicaba esgrima, pero era la primera vez que lo veía hacerlo. Como siempre, y de acuerdo a lo esperado, ella se sintió inferior a su lado. Se movía de tal manera que para ella era difícil seguirlo, aunque podía ver que su compañero de entrenamiento hacía un trabajo más que decente. Podía ver su cabello desparramado por su espalda fuera del casco protector, en contraste con su vestimenta blanca. La diferencia de habilidades no era evidente para Kaoru. Los hombres se movían con tal gracia, y nada de lo que hacían causaba problemas en el otro. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Kenshin retrocediera e hiciera algo, que Kaoru describió como golpes desde distintos ángulos a la vez, y con eso la práctica terminó.
Ambos hombres salieron del área mientras otras personas iban a ocupar sus puestos. Se quitaron los cascos, y Kenshin también empezó a quitarse lo demás. Ella se acercó para felicitar a los dos muchachos por el entrenamiento. Kenshin la saludó, y Kaoru se preguntó si la había visto verlo practicar. Su espada de madera colgaba de su hombro, se sentía nerviosa por lo fuera de lugar de su aspecto y estilo de lucha en ese lugar. Su potencia bruta y movimientos lentos serían fáciles de superar comparados con la velocidad y precisión que ese deporte ofrecían. Simplemente debería dejar de comparar dos estilos diferentes. Kenshin la abrazó y Kaoru se tensó un poco antes de relajarse, ya que su acción fue totalmente inesperada. Seguramente tenía la adrenalina alta por la lucha, pensaba ella.
"¡Kaoru! Vaya sorpresa, nunca pensé verte por aquí. Un amigo mío vino a visitarme y no pudimos resistirnos a un par de duelos. Oh, sí, deja que te lo presente. Kaoru Kamiya, él es Hajime Saitou." El rostro de Kenshin estaba rojo del cansancio, pero feliz.
"Un placer." La expresión agria de Saitou le dio un tono sarcástico a sus palabras.
"Encantada de conocerte." Kaoru se sentía extraña mientras ambos hombres la miraban en silencio. "Estuvieron geniales. No sé mucho sobre el estilo de esgrima que hacen, pero por lo menos puedo decirles que se diferencian mucho de los demás. ¿Hace cuánto que hacen esto?"
"Conozco a Saitou desde la secundaria, cuando teníamos clases de esgrima juntos. Nuestro profesor era muy intenso y aún recuerdo lo duro que trabajé para tratar de vencerlo. Qué hombre extraño. Si bien recuerdo, también tenía un pequeño problema con la bebida." Kenshin estaba inusualmente hablador; era agradable verlo así.
"Sobrepasamos su talento hace mucho tiempo. Hablar de él es pérdida de tiempo. Eres muy sentimental, Himura." Saitou parecía una persona muy apagada y Kaoru tenía la sensación de ya no querer hablar más con él. Sus ojos dorados y mechones negros que caían sobre su rostro sólo incrementaban más su aire desafectado. Tenía unos ojos asombrosos. Era otro amigo raro de Kenshin. Parecía coleccionarlos.
"¿Siempre es así de serio?" Le preguntó Kaoru a Kenshin en un susurro.
"Me imagino que incluso antes de nacer." Respondió Kenshin con una sonrisa. Saitou arqueó una ceja y los ignoró.
"Iré a cambiarme. Estaré contigo en un momento. Fue bueno conocerte, señorita Kamiya." Señaló Saitou en su dirección para luego dirigirse a los vestuarios.
"¿Entonces, qué harás hoy Kaoru? Te fuiste de la fiesta muy temprano anoche." Así que lo había notado. "Lamento que no haya sido divertido para ti. Sé que no conocías a muchas personas allí."
"Está bien. Había gente con la que hablar." ¿Por qué estaba eludiendo el tema? ¿No debería estar feliz de contarle sobre su buena suerte?
"Bueno, Saitou y yo vamos a salir hoy, tal vez a ver una película o algo por el estilo. Iba a buscar gente para que se uniera a nosotros, pero estoy seguro de que todo el mundo debe de tener resaca. ¿Qué te parece?" Un día. Un día junto a Kenshin y su amigo. Estando feliz y hablador. Todo lo que ella había estado esperando, pero no podría ir. Se regañó mentalmente y le dedicó una sonrisa forzada.
"Lo siento, Kenshin, pero no puedo." Él parecía decepcionado. Maldición.
"¿Por qué, Kaoru?" Sabía que tenía que suceder en algún momento, pero había pensado que podía ocultárselo un poco más. Pero después de todo, él era uno de sus mejores amigos.
"Tengo una cita en un par de horas." Algo se congeló en Kaoru, o tal vez era el ambiente entre los dos. No podía asegurarlo, ya que su corazón latía tan rápido que podría haberla matado. Demasiado estrés. Toda su preparación fue inútil mientras sudaba frío. La expresión de Kenshin vaciló por un instante, pero Kaoru no lo notó. Su sonrisa nunca lo abandonó.
"¡Diviértete! Y cuéntamelo todo cuando vuelvas esta noche. Espero que te trate bien. Sino Sano y yo estaremos encantados de encargarnos de él." Kenshin volvió a darle otro sorpresivo abrazo. "Tengo que irme también. Saitou tiende a irse si lo hacen esperar mucho." Se despidieron y Kaoru volvió a casa mientras Kenshin se reunió con Saitou en los vestuarios.
Saitou se sorprendió de ver a Kenshin tan serio. A menudo tenía esa sonrisa amable y ausente en su rostro. Francamente, era falsa, y eso molestaba a Saitou, quien sabía que sólo era la proyección de una persona que no era Kenshin. Saitou odiaba que la gente fingiera ser lo que no era. Y esa chica Kamiya era extraña. No vio ninguna falsedad en ella. Pudo ver una obvia adoración de ella hacia Himura que trataba de ocultar. Lo que ella presentaba a la gente era lo que en realidad era ella. No era sabio de su parte, pero sí admirable hasta cierto punto. Era apropiado que tal chica inocente y Himura estuvieran juntos. Estaba atando los cordones de sus botas mientras Kenshin entraba.
"¿La chica viene con nosotros?" Saitou sabía que Kenshin la invitaría, no era que le importara, porque si Tokio estuviera libre... hizo a un lado sus pensamientos sobre ella, lo hacían débil. Kenshin se veía visiblemente desinflado, así que algo andaba mal. "¿Qué? ¿Ustedes dos pelearon o algo así?"
"Está ocupada." Hmm. "Ocupada" para él significaba "con otra persona". O tendría una cita, o pasaría el día con otras amistades. Y Himura no estaría así de malhumorado si fuera a salir con otro amigo o amiga.
"Siempre fuiste lento, Himura." Saitou no se sorprendió al ver a Kenshin con una mirada peligrosa en los ojos. El brillo era casi depredador. Era la misma mirada que adoptaba cuando peleaba intensamente y Saitou decidió que era mejor ya no presionarlo más. Era casi gracioso ver al amable hombrecito en un estado de furia, pero no quería tentar a su suerte. Mientras salía a buscar un refresco de la máquina expendedora, se preguntó si las cosas habían sido así de difíciles para Kenshin antes de Tomoe. Pero no mencionaría a Tomoe. Quería pasar un buen día.
Él llegó luciendo endemoniadamente encantador con una camisa de mangas cortas y corbata negra, y pantalones sueltos como los que vestían los hombres maduros. Sólo que Enishi no era un hombre maduro. Se detuvo en el porche mientras ella intentaba no mirarlo. Cuando enarcó una ceja, Kaoru se acercó y lo invitó a entrar mientras ella buscaba un abrigo. Honestamente, no sabía por qué él no se estaba congelando, pero algo le decía que no debería sorprenderse por ello. Él se acomodó los lentes sobre el puente de la nariz y miró a su alrededor de manera crítica, como memorizando su morada y estudiándola al mismo tiempo. Kaoru esperaba estar a la altura de las circunstancias, y trató de hacer a un lado a su voz interior que le decía que debía haber limpiado un poco. Alisó su falda cuadriculada, y agarró un largo abrigo para ver si así no se le congelaban las piernas. Si hubiera pasado un minuto o dos más, ella hubiera estado esperándolo al frente y lista, y esta situación se hubiera evitado.
"Hola, creo que no nos presentaron." Megumi. Naturalmente. Kaoru sofocó un gemido.
"Enishi Yukishiro. Un placer." Kaoru estaba asombrada de que sonara sincero y sarcástico al mismo tiempo.
"Megumi Takani. Kaoru no te mencionó antes." Megumi esbozó una sonrisa maliciosa. "¿Hace cuánto que se conocen?." Kaoru contuvo el instinto de callarla y salir corriendo.
"Tuvimos el placer de conocernos hace un día." A Enishi le gustaba esa chica, la había observado antes y le gustaba su crueldad. Era igual a todas las mujeres con las que había estado en su vida, excluyendo a Tomoe. Encontrarse en terreno familiar calmaba sus nervios en lo referente a Kaoru.
"Ya está oscuro y me gustaría cenar, así que discúlpanos, Megumi." Kaoru rompió la inquietante mirada llena de intención que se dedicaban el uno al otro. Aunque tener la fuerza de sus miradas fijas en ella era incómodo, aún era mejor que prolongar las cosas. Megumi seguramente no la dejaría salir hasta que le contara los detalles. Kaoru suspiró.
"Entonces diviértanse, chicos. Un placer conocerte."
"Igualmente." Enishi rodeó posesivamente los hombros de Kaoru con un brazo mientras se iban. Kaoru se tensó, pero no lo apartó. "Mi auto está un poco alejado. Espero que te guste el lugar adonde te llevaré a cenar. Escuché que es más que decente." Tres estrellas, muy costoso pero no tan lujoso, pero no se lo iba a decir.
Su auto era elegante, negro, y de aspecto caro. Kaoru no sabía mucho de automóviles, pero estaba segura de que aquello valía más que cualquier cosa que ella pudiera llegar a tener en su vida. Sin decir una palabra, él abrió la puerta para que ella entrara en ese interior frío y estéril. ¿Cómo podía un auto estar tan limpio? Le impresionaba teniendo en cuenta la trampa mortal perteneciente a Sano cubierta de polvo y basura. Pero en ese auto se sintió mejor que en éste. La cosa mejoró cuando él lo encendió y las luces lo iluminaron todo. El clima era agradable, aunque sus mejillas estaba rojas del sonrojo que traía desde que dejaron la casa. El viaje tuvo lugar en silencio, pero no fue del todo incómodo. Kaoru realmente no tenía nada que decir y no sabía cómo empezar una conversación casual. Enishi, quien estaba preparado para las conversaciones a las que las damas lo sometían, puso un poco de música para llenar el vacío. Después de encenderlo, Kaoru jugueteó un poco con las estaciones y cuando encontró algo de su gusto, cantó un poco, volvió a cambiar, y se recostó sólo para repetir el proceso mientras empezaban los comerciales. Y allí estaba ella con sus adorables maneras otra vez. No era razonable; él debía encontrar molesto todo aquello. Llegaron al restaurante y se sentaron rápidamente. También ordenaron bastante rápido y fue entonces que finalmente Kaoru se sintió presionada por empezar a hablar.
"Entonces, ¿cómo es ser un estudiante de Leyes? Creo que nunca tomé alguna clase de esas... ¿o sí?" No podía recordar. ¿Semestre? ¿Clases? Su nerviosismo se manifestó en pánico.
"Es aburrido. Estaré feliz cuando termine la cursada de ingreso. Cuando llegue a la escuela de Leyes tal vez las cosas se pongan difíciles. Tal vez. Después de todo, se trata del negocio familiar, me he preparado para esto durante años." ¿Acaso estaba siendo honesto y sincero?¿Qué le sucedía? Necesitaba calmarse. "Te ves muy hermosa. Debo admitir que no suelo disfrutar de compañía tan agradable como la tuya tan a menudo. En mi casa la gente tiende a focalizarse en los estudios o en las fiestas." Eso parecía ayudarlo un poco.
"Gracias. No soy de conocer mucha gente con frecuencia. Y admito que ahora estoy bastante nerviosa." Se detuvo un momento, contenta de haberlo sacado. "¿Negocio familiar?"
"Mi padre es abogado corporativo. Y yo también lo seré, con el tiempo." Sonrió, pero sus ojos lucían vidriosos al decirlo.
"Creo que serías bueno en eso. ¿Pero nunca quisiste ser otra cosa?"
"No." No había lugar para discutir eso con su padre.
"Ya veo, yo no podría hacer eso. Quería ser tantas cosas y luego decidía no hacerlo, que al final creo que no seré nada. Quizá deba ser una vagabunda." Kaoru rió. "Vagar por el país con un auto y pocas ropas. Me lo figuro gracioso. Lástima que no sea muy realista." Ambos tenían en mente la imagen de ella como vagabunda, y de alguna manera le parecía a Enishi que ella podría hacerlo tan bien como ser una dama de sociedad. ¿Por qué no podía clasificarla?
"¿Y tu familia no se especializa en algún tipo de trabajo en particular?" Enishi se alegraba de que el tópico se alejara de su familia y de él mismo.
"Mi padre le vendió su alma al trabajo. Nunca le pregunté qué hacía, sólo sé que es una especie de ejecutivo." Kaoru ya no se veía nerviosa, pero había algo extraño en la manera en la que hablaba.
"¿Para quién trabaja?"
"Te dije que no lo sé." Su respuesta fue lenta y miraba fijamente a la nada. Él tenía que acabar con el interrogatorio antes de que ella se volviera emocionalmente inaccesible.
"La semana pasada, mi profesor nos contó una historia divertida." Entonces ella tampoco quería hablar de su familia. Interesante. Ni que le importara. Enishi sólo quería entretenerla hasta que la comida llegara. Aunque nunca había sido bueno contando chistes, ella reía con su charla. Quizás sólo apreciara sus intentos, pero cuando reía, sus ojos se arrugaban en las esquinas. Era una persona honestamente feliz. El concepto se le antojó algo extraño a Enishi. Nunca diría que era infeliz antes de que Tomoe muriera, pero no había vivido lo que esta chica. Casi le avergonzaba lo que iba a hacer con ella. Pero no había lugar para arrepentimientos cuando se trataba de su venganza.
Comieron, pagaron, se fueron y subieron al auto con una vaga sensación de expectativa. Ya estaba muy oscuro y frío, pero estaba despejado y por ello las estrellas brillaban. Él tuvo el impulso de llevarla a otro lugar, y se le ocurrió que quería mostrarle un lugar que había descubierto hacía no mucho tiempo. Kaoru volvió a manipular la radio, sin prestar atención hacia dónde iban. Pero cuando se percató de que no sólo estaban yendo cuesta arriba, sino que también en dirección contraria a su casa, la curiosidad la embargó. Si fuera Megumi, exigiría saber adónde se estaban dirigiendo y por qué. Probablemente debiera hacer lo mismo. Es decir, no lo conocía, pero no parecía ser alguien que la pudiera llevar a un lugar alejado para hacerle algo inapropiado. Inapropiado. Se negaba a definir lo que implicaba la palabra "inapropiado". No obstante, se estaba alarmando. Observó al expresión intencional de Enishi. No podía decir si estaba feliz o excitado. Era más difícil de descifrar que Kenshin. Era un error pensar en Kenshin. Se preguntó qué podía andar haciendo y cómo había pasado su día con Saitou. Había sido un error comentarle sobre su cita. Oh, Dios, el auto aminoraba la marcha. Había árboles y matorrales, y lo más importante: no había gente alrededor. Oh. Enishi bajó para abrirle la puerta.
"Quiero mostrarte algo." Le indicó que lo siguiera y avanzaron a través de los árboles. Después de un minuto o dos, llegaron a un claro en una colina muy empinada. Podían contemplar buena parte de los suburbios y sus luces que se complementaban con las estrellas de manera muy agradable. Era una bella vista, y Enishi sólo se dedicó a observar sin acercarse a ella ni decir nada. Kaoru se sentía tonta por haberse preocupado. Él no era así, y ella confiaba en su instinto que le decía que él no iba a lastimarla. Después de unos minutos, él se dispuso a volver. No se habían hablado, pero habían compartido un hermoso momento. Una vez en el auto, Enishi se sintió inseguro sobre qué hacer. Solamente eran alrededor de las 10 pm y no era como si pudieran hacer otras cosas. Kaoru, quien estaba contenta de que él haya compartido algo con ella, incluso sin saber la importancia que tenía, decidió que todavía no quería volver a casa. Estar con Enishi era todo lo que ella quería en ese momento.
"Vayamos a jugar al billar." La voz de Kaoru sonaba fuerte en medio del silencio del auto.
"¿Qué?"
"Quiero jugar al billar, conozco una pista de bolos barata. Vamos. A menos que no te guste el billar."
"No. Sólo dime adónde ir." Fue un alivio que él no tuviera que pensar en nada. La mayoría de sus citas habían sido tradicionales: salir a comer, ir al cine, y luego volver. Pero no creía que eso fuera prudente para una primera cita. Kaoru le dio algunas indicaciones, y pronto el viejo boliche se alzó ante ellos. Había poca gente allí, la mayoría clientes de siempre que iban a su juego del domingo. Todas las mesas de billar estaban disponibles y rápidamente se colocaron en una. Kaoru disfrutaba de ello, pero tenía que admitir que así como ella era decente en estos juegos, Enishi era francamente impresionante. ¿Acaso era bueno en todo? A estas alturas de la vida ya debería aceptar el hecho de que las personas con las que andaba eran súper humanos en muchos sentidos. Aunque para ser sinceros, había momentos en los que Enishi parecía inhumano. Se dio cuenta de que él se percató de que lo miraba. Debió haber jugado su turno sin que ella lo notara.
"¿Te gustaría algo? Iré a buscar algo para beber." Enishi se acomodó los lentes con un dedo.
"Me gustaría un poco de agua, gracias." Kaoru trató de no ruborizarse y de concentrarse en su turno.
Enishi se sentía bien respecto a cómo la velada avanzaba, aunque también le parecía algo confuso. ¿Por qué la había llevado donde practicaba artes marciales? Era un lugar en donde a él le gustaba estar solo. Quizás sólo quería hacerla sentirse especial. Las cosas progresarían más de esa manera. Sí. Ésa era la respuesta. Necesitaba confiar más en su intuición. Esperó en la fila para pagar sus botellas de agua y observó a Kaoru ponerse de cuclillas cerca de la mesa mirando las bolas y calculando la geometría de su tiro. Su lengua sobresalía un poco de la boca y sus ojos se encontraban entrecerrados debido a la concentración. Una sonrisa llegó, sin querer, a los labios del muchacho. Rápidamente se desvaneció al ver a un hombre, tal vez en sus treinta, tocándole el hombro a la chica. Enishi observaba mientras ella empezaba a atacar y contenerse de lastimar al hombre. El otro, ajeno al hecho de que casi lo mandaron al hospital, le pasó un brazo por los hombros y la volvió a atraer hacia él. Al menos eso fue lo que vio en su lenguaje corporal. Kaoru, alarmada y furiosa, tenía los ojos crispados. Se liberó, volvió a ser acorralada, y nuevamente se apartó. Parecía hasta gracioso en varios sentidos, y una parte de Enishi lo encontraba divertido.
Y la otra parte sólo quería golpear a esa basura que se atrevía a tocarla.
El encargado, quien había estado esperando pacientemente el pago por las botellas, se aclaró la garganta. Enishi se volvió y le dio el dinero sin apartar los ojos de Kaoru y del hombre que aún intentaba toquetearla. Se acercó con las bebidas en las manos, de manera pausada para ocultar su ira, que dicho sea de paso comenzaba a hervir en su interior. Colocó las botellas a un lado de la mesa y palmeó el hombro del sujeto para captar su atención. Kaoru le dirigió una mirada agradecida.
"No creo que a la dama le guste eso." Enishi volvió a acomodarse las gafas.
Con expresión agria, el hombre se giró y enfrentó la imponente figura de Enishi. "Deja que la dama elija. Estamos hablando, así que vete."
"Creo que deberías apartar las manos de ella."
"Haré lo que quiera, ocúpate de tus propios asuntos." Se volvió a Kaoru. "Vamos, cariño, te haré pasar un buen momento. Iremos de paseo esta noche."
Volviendo a palmear su hombro, Enishi hizo un mayor esfuerzo por controlar su ira. "Apártate de ella antes de que te obligue a hacerlo."
Entrecerrando los ojos, el hombre miró a Enishi de arriba a abajo. Miró hacia atrás e hizo un movimiento con la cabeza. Un hombre muy grande se acercó desde lo lejos, igualaba a Enishi en altura, pero era más voluminoso. No hubo cambio en la expresión o postura de Enishi, pero era consciente de cómo había cambiado la situación. Ahora sí que estaba dispuesto a hacer lo que quería hacer desde el principio.
Enishi suspiró. "Muy bien." Se dio la vuelta y le propinó al colosal hombre un puñetazo en el estómago que lo hizo doblarse, luego usó su codo para golpearlo en la espalda y tirarlo al suelo. Unos violentos golpes al hombre más pequeño rápidamente lo despacharon a un inconsciente viaje al piso. Kaoru estaba agradecida de que ya no la molestaran, pero las cosas se habían desarrollado de manera impresionante. Todo el mundo en el lugar estaba impactado. Por lo general, la gente arreglaba sus asuntos afuera. Pero tampoco era normal que esos asuntos se resolvieran tan rápido como ahora. El hombre grande empezó a levantarse, pero estaba aturdido, por lo que se tomaba su tiempo. Enishi parecía estar dispuesto a esperarlo para terminar la pelea, pero Kaoru entró en acción. Tomó la mano de Enishi y corrieron lo más velozmente posible, abandonando su juego de billar, entre otras cosas. Al menos pudo agarrar su bolso, pero no su abrigo, por lo que quedó atrás. Una vez en el auto, apuró a Enishi para que lo encendiera y se fueran antes de que los otros dos se recuperaran. Cuando se alejaron unas cuantas cuadras, se sintió mejor.
"¡¿Qué fue eso?! ¡Creo que la situación no daba para tomar medidas drásticas!" Los niveles de adrenalina de Kaoru estaban muy altos.
"Bueno, esas medidas se ocuparon de la situación de manera eficiente, ¿no lo crees?" En el fondo, también estaba algo molesto consigo mismo por haber cedido a sus impulsos violentos. Había mostrado falta de autocontrol. No podía permitirse eso. Pero cuando ese hombre la tocó...
"Oh, Dios, apuesto a que ya no recuperaré mi abrigo. ¡No hay manera de que vuelva a ese lugar! Nunca." Ella se removió en su asiento. La noche había sido bastante interesante.
"Lamento que estés disgustada."
Hubo silencio mientras Enishi manejaba. Las cosas habían quedado menos que perfectas desde su propia perspectiva. Pero el daño era reparable. Ella no parecía estar enojada con él, sólo preocupada y muy emocionada. El destello en sus ojos era mejor que esa confusión aburrida y vaga preocupación que había reflejado al salir del restaurante. La forma en que apoyaba las piernas en la puerta se veía un poco indecente con la falda que llevaba puesta, ahora que su postura se había relajado. A regañadientes, él volvió a dirigir su atención al tráfico que tenía delante. Durante el resto del viaje consideró la idea de si debería besarla o no. Kaoru, por su parte, sopesaba si debería sentirse halagada u horrorizada. Después de todo, la había protegido, aunque sus maneras violentas no fueran las ideales.
Cuando llegaron a la casa de la chica, Kaoru salió y rodeó con los brazos su frío cuerpo. De verdad le gustaba ese abrigo. Maldición. Enishi la acompañó hasta la puerta. Kaoru evaluó la cita y trató de llegar a una conclusión. Él no decía nada, aún estando los dos parados frente a la puerta. Eso hizo que Kaoru pensara una última vez, y volvió al recuerdo de cómo se habían besado. Enishi estaba tratando de encontrar las palabras correctas.
"Oh, diablos." Exclamó suavemente Kaoru antes de agarrarlo y atraerlo hacia ella. Tenía que admitir que lo deseaba, y a juzgar por la reacción del chico, él también. Enishi, sorprendido pero definitivamente no molesto, sintió cuán suave era ella y cómo aún temblaba un poco por el frío de la noche. Su boca se le antojaba un poco picante y cálida, lo cual era suficiente para estimular su necesidad. Maldita sea, quería algo de ella, pero no su lengua en la boca de la chica. Kaoru se apartó con una sonrisa mientras él sentía que su control se le escapaba.
"Sólo pensé en darte las buenas noches. Deberíamos repetirlo en algún momento, pero que no incluya jugar al billar." Sonrió perezosamente.
"Mmmmm." Fue todo lo que él pudo responderle.
Se despidió y entró a la casa mientras él volvía a su auto. Parecía aturdido, y era agradable pensar en cómo ella lo había despachado de esa manera. Ella cerró la puerta y al volverse dio un gritito, ya que Megumi le sonreía desde un sillón en la sala de estar. Con los dedos entrelazados y una expresión terriblemente divertida, lucía igual que un zorro diabólico.
"Parecía que te lo estabas por tragar entero. ¿Por qué no lo hiciste pasar? Podría haberme desaparecido." Obviamente Megumi se estaba riendo de ella.
"Fue nuestra primera cita. No soy ASÍ de fácil." Kaoru suspiró y arrojó su cartera al sofá antes de dejarse caer a su lado. "Además, tengo que decirte que esta noche fue estresante, sin necesidad de preocuparse por otras complicaciones."
"¿Estresante?"
"Bueno, todo comenzó cuando le sugerí ir a jugar al billar"
Maldita sea, maldita sea, maldita sea, maldita sea. Lo había vuelto a hacer. Había traspasado la pantalla de emociones que tan finamente había construido, y lo había agarrado de una manera muy instintiva que le había parecido atractiva. Todo ese lado físico de las cosas le parecía tan desordenado y lleno de complicaciones, que no necesitaba tener, pero ella había hecho que él también lo quisiera. Era mejor dejar a un lado eso por ahora. Por el momento, parecía que ella se estaba apegando a él de cierta manera, y había mencionado sobre verse nuevamente. Todo estaba progresando hacia una conclusión exitosa. Estaba seguro de ello. Tomoe obtendría su venganza y Himura pagaría. Con esa seguridad, entró a su casa con su acostumbrada calma y su fría sonrisa. Todo había vuelto a la normalidad.
