Capítulo 4
Volvió la penosa monotonía de los estudios, pero por lo menos Noviembre parecía más alegre y lleno de proyectos de lo que Kaoru había creído. El lunes fue agotador, pero era lo esperable. Sintió que se despertó muy temprano. No importaba qué hora era, siempre era demasiado temprano para ella. Dirigiéndose a su primera clase, no se sentía con ganas de cursar Latín. Conjugar esto, lo otro. Parecía no tener fin. No era que lo le gustara Latín, no le molestaban las cosas que hacía, pero no había nada que le apasionara, y eso que había probado muchas cosas. Latín era su incursión en el área de idiomas, sumándose a sus intentos multivariados como Matemáticas, y a otras clases no relacionadas entre sí. El año anterior había intentado hacer Historia, Ciencias de la Computación, Inglés, Filosofía, Economía. Y la lista seguía. Ninguna le inspiró. A pesar de que casi ya había terminado con las cursadas requeridas por la universidad, todavía tenía que comenzar una especialización de algún tipo. Lo que a la gente le gustaba, bueno, todos los que ella conocía eran admirables. Megumi tenía Medicina, Sano con su activismo político, Kenshin su Psicología, y Enishi tenía Leyes. ¿Qué tenía Kaoru, excepto un montón de préstamos y uno que otro conocimiento trivial?
Hora del almuerzo, gracias a los cielos, y se dispuso a tomar un café en la cafetería cerca de la universidad. Estaba en una esquina y apoyada contra la pared, pensando en lo que tendría que hacer a continuación. Kenshin, al verla, la saludó y fue a sentarse junto a ella. Le sonrió de manera adorable y le preguntó cómo iba su lunes.
"Es lunes y estoy despierta, ¿no te parece suficiente?" Se quejó Kaoru en respuesta. Kenshin rió. "En cualquier caso, todavía estoy recuperándome. Los exámenes fueron la semana pasada, después de todo. Sigo un poco aturdida."
"Te entiendo. Mi tesis no va tan rápida como me gustaría. A este ritmo, los datos de mi experimento no estarán listos hasta fin de mes." Kenshin parecía un poco nervioso.
"¿Pasaste un buen tiempo con tu amigo Saitou?" Kaoru estaba sorprendida. Que Kenshin mostrara algún tipo de emoción era algo impresionante.
"Bueno, él es tan... él. Siempre sabe con exactitud lo que hace y hacia adónde va. Su convicción es sorprendente." Kenshin miró a lo lejos. "Hablamos de... cosas. ¿Cómo te fue en tu cita?" ¿Por que parecía tan preocupado?, se preguntó Kaoru.
"Fue un poco desastroso, y a la vez un poco divertido. Es difícil de explicar." En realidad, Kaoru no quería explicar nada. Si Kenshin no hubiera sabido de su cita, hubiese sido lo mejor para todos, en lo que respectaba a Kaoru. Con un estallido de energía y distracción, Yahiko se unió a ellos. Parecía que Kaoru no iba a tener un almuerzo tranquilo. Sonreía al muchacho de primer año mientras escuchaba las cosas graciosas que les contaba sobre profesores, aunque en realidad no escuchaba. Hablar con Kenshin sobre Enishi era una perspectiva claramente poco atractiva. Sólo había tenido una cita con Enishi y ya su vida estaba cambiando de nuevas y aterradoras formas. Una parte de ella ya había dejado ir a Kenshin, tanto por la falta de movimiento de él como por la omisión de ella en cuanto a sus sentimientos, mientras que Enishi despertaba nuevas e interesantes emociones. Pero otra parte de ella se sentía muy mal por ser, a su juicio, tan voluble.
El almuerzo pasó y las clases también. Antes de que se diera cuenta, Kaoru ya estaba en su casa resolviendo ejercicios matemáticos y deseando terminarlos. Sus oraciones fueron escuchadas de alguna manera cuando Megumi entró corriendo. Seguramente era sobre algo estúpido que Sano había dicho o hecho. Ella despotricaba sobre su estupidez, su agresividad, el cómo no podía ser normal por cinco segundos. Sucedía cada semana. Kaoru ya casi podía cronometrarlo. Por extraño que pareciera, su vaga sensación de insatisfacción e irrealidad se evaporaron de inmediato ante el ritual semanal de Megumi quejándose de Sano. Eso era vida. Nada había cambiado, así que, ¿por qué hacer tanto alboroto?. Toda esa preocupación era por nada.
Enishi observaba a Kaoru sentada durante el almuerzo mientras él trabajaba con su computadora portátil no muy lejos de allí. Se habían visto la noche anterior y verla tan pronto traicionaba a su desesperación, sin mencionar que parecía que la estaba acosando. Incluso repasando todas las razones para no hacerlo, quería hacerlo. Se veía tan graciosa entrecerrando los ojos a la gente que pasaba, como si fueran a sacarle el asiento. Suspirando, el rostro de la chica se relajó y sacó un sándwich de una caja de plástico que tenía en su bolso. Se alegró cuando Himura se sentó junto a ella, liberándolo de su indecisión de ir con la joven.
De hecho, esto le proporcionaba un nuevo enfoque para su odio. Era curioso el tener que estar agradecido con el bastardo que mató a su hermana. Bajó la vista hacia su mano, y vio que la había apretado tan fuerte que tenía marcas rojas en donde había clavado las uñas. Ese no era lugar para terminar el trabajo. Enishi cerró de golpe su computadora y salió; casi rozándose con el mocoso molesto con el que Kaoru solía hablarse. Odiaba a ese estudiante de primer año, más que nada porque no tenía preocupaciones. Ese chico no tendría que llevar adelante un negocio familiar, o vengarse en nombre de un ser querido. Además, ese chico estaba en camino de ir a hablar con Kaoru. Por qué aquello lo molestaba, Enishi no se atrevía a decirlo.
El día le parecía algo estúpido, así que se saltó sus clases por el resto del día. De todos modos eran fáciles para él, y no era como si los profesores notaran su ausencia. Por lo que se subió a su auto y comenzó a conducir. Sin música. Sin distracciones. Lo único que quería era destruir algo. La ira, generalmente muy bien escondida, hervía en su interior, convirtiéndolo en una persona muy peligrosa. Se dirigió al tranquilo bosquecillo, y una vez allí desenvainó una espada que traía en el maletero de su automóvil. Era enorme, afilada, y él sabía perfectamente cómo usarla. Se había especializado en todo tipo de espadas con el correr de los años, pero le gustaba el sólido golpe de esa hoja que cortaba profundamente. La mayoría de las veces se imaginaba que lo que cortaba era al mismo Himura. El pensamiento le hizo sonreír. Una risa aguda crujió entre los árboles, y se desempeñó con toda la precisión que sabía que tenía. Después de un rato, estaba sudado y cansado. Habían pasado un par de horas. Al final del otoño ya empezaba a oscurecer temprano. No era que le tuviera miedo a la oscuridad. Aunque algo le fastidiaba la mente.
Una vez que se subió al auto, se dio cuenta. Kaoru había perdido su abrigo la noche anterior por culpa de él. Sería caballeroso de su parte devolvérselo. Ciertamente, lo engrandecería aún más a los ojos de la chica. Era un paso calculado ideal. Regresó rápidamente a la escena de su desastrosa cita, sería mejor para todos que no volviera a encontrarse con ese hombre de nuevo. Kaoru no estaba allí para evitar que lo lastimara de verdad. Además se sentía bastante tranquilo, así que no era probable que comenzara una pelea. Lo cual era una lástima, ya que había calentado y se sentía ágil. El boliche estaba abierto y sólo había una mesa ocupada en la esquina; eran unos estudiantes que parecían divertirse. No había señales del sujeto de anoche, ni de su compinche. Mejor así. Enishi se acercó al mostrador y le preguntó al hombre que atendía si tenían un espacio de cosas perdidas y encontradas.
"Supongo que viniste por el abrigo de la dama." No estaba muy feliz de ver a Enishi, pero no iba a alterar a alguien que ya había demostrado ser peligroso.
"Sí, ¿puedo confiar en que todavía lo tienen aquí?" Puso un toque de amenaza en la pregunta mientras entrecerraba los ojos. Intimidar a tontos como él era divertido.
El hombre se aclaró la garganta. "Sí, un momento." Se encaminó hacia el fondo y desapareció por un minuto o dos. Enishi se acomodó los anteojos y observó el mugroso local. Kaoru tenía un concepto muy extraño de diversión. Por un lado, parecía que no tendría que esforzarse mucho para impresionarla, pero el hecho de que a ella le gustaran lugares como ese implicaba que las apariencias no significaban mucho para ella como su contenido. Eso haría las cosas más difíciles a medida que todo progresara. Oh, bueno, confiaba en sus habilidades actorales. El hombre volvió con el abrigo. Lo extendió para que Enishi lo tomara, pero en vez de tocarlo, Enishi simplemente se quedó quieto mirando al hombre. Finalmente, dejó el abrigo frente a Enishi y regresó por donde había venido con el abrigo. Al salir del lugar, Enishi rió por lo bajo. La gente era tan simple. Miró el abrigo para examinarlo y decidió ir a la tintorería antes de que cerraran. A Kaoru le gustaría su consideración, pero también significaba esperar un día para verla. Dejó el estacionamiento con un chirrido de su auto y condujo hacia la tintorería.
Kaoru daba vueltas con un problema matemático. No era difícil, pero no estaba de humor para pensar, y por lo tanto, le estaba tomando más tiempo de lo usual. Sólo eran las siete pero estaba tan oscuro que podía ser medianoche. Aunque cansada, Kaoru decidió que dormir no era la mejor opción. Si lo hacía en ese momento, no dormiría por el resto de la noche. Siempre había sido así. Los ritmos de su cuerpo siempre parecían algo desiguales. Con un suspiro, tomó un sorbo de su botella de jugo y dejó que sus ojos vagaran por la habitación. Algunos afiches colgados aquí y allá para cubrir la falta de color, una cama desordenada, algunas ropas tiradas por ahí, la computadora con su protector de pantalla, libros y papeles apilados por todo el cuarto. No era un gran desastre, pero tampoco estaba limpio. Kaoru se preguntó qué decían las habitaciones de las personas. La suya parecía hablar de alguien con sentido de la limpieza pero sin convicción para limpiar u ordenar. Alguien indeciso. Bah. Era inútil. Recogió un suéter del suelo y una bufanda para salir un rato a dar un paseo.
Probablemente no fue la mejor idea. Estaba sola, estaba oscuro, y todas las advertencias de su padre resonaban en sus oídos, cosas sobre chicas que no se protegían a sí mismas. Aunque sintió una vaga inquietud al pasar por los callejones, no pensaba que pudiera haber algo fuera de su control. Algo que siempre había mantenido su confianza, era que sabía que las cosas saldrían bien. Fe ciega, tal vez, pero podía vivir con eso. Sus pasos la llevaban a una dirección familiar. A menudo hacía ese camino cuando estaba aburrida o pensaba en algún propósito imaginario. Pronto llegaría a la casa de Kenshin y necesitaría una razón para estar allí. Tenía tal vez diez o quince minutos antes de llegar, así que por lo menos tenía tiempo para inventar algo creíble. Pero mientras pensaba, se dio cuanta de que no quería inventarse nada. ¿Por qué habría de tener una razón para ir allí? En ese momento, se sintió muy estúpida e infantil. Como una principiante universitaria. Sólo Kaoru encontraba divertido ese juego de palabras, así que decidió no usarlo en una conversación.
Parada frente a la puerta de su departamento, Kaoru vio cómo su respiración se cristalizaba en el aire y se disipaba. El golpe que dio fue tan fuerte que le lastimó la mano. Las cosas no parecían estar bien. Había una sensación rara en el aire. Sus instintos generalmente eran bastante buenos, pero no podía decir de dónde venía esa energía. Kenshin abrió la puerta y su cansado ceño fruncido fue reemplazado por una sonrisa.
"¡Kaoru! No esperaba verte. Me alegro que hayas venido. Pasa." Adentro estaba tan ordenado y limpio. Kaoru sintió renovada vergüenza por su propia habitación. Naturalmente, Kenshin era perfecto. No debía dudar de aquello.
"¿Cómo va la tesis?"
"Cada vez más tediosa y frustrante, pero pronto la terminaré. Odio editar, nunca puedo encontrar los errores y cuando lo hago son tan evidentes..." Se interrumpió con una sonrisa y se pasó los dedos por su cabello. "Lo siento, no debería quejarme contigo." ¿Se estaba disculpando? A veces ese hombre era irreal. "¿Pasa algo malo?"
Normalmente, Kaoru habría dicho que no y entablaría una pequeña charla. Pero la extraña presión en su mente provocaba una respuesta diferente a su cerebro. La culpa, el deseo, la extraña combinación de admiración y consternación hacían erupción como un volcán inactivo por mucho tiempo. Y que ahora había estallado.
"Kenshin, maldición, creo que te amo, pero estoy dispuesta a darme por vencida si no me quieres. Conocí a alguien que me gusta mucho, pero te he amado por tanto tiempo y... Maldita sea. No sé lo que estoy diciendo." Sus mejillas, rojas debido al calor después de pasar tanto tiempo afuera en el frío, se tornaron de un brillante carmesí mientras sentía que todo su cuerpo entraba en calor. "...Eh..." Los ojos de Kenshin se ensancharon mientras él permanecía congelado en su sitio. "Sólo quería saber si te habías percatado de mis sentimientos. He esperado tanto tiempo para decírtelo, de verdad. No quiero tener que elegir. Si no me quieres." Decir esas palabras dolía demasiado. Se habían acumulado durante mucho tiempo. Había en ellas mucha emoción y expectativa. Kenshin se sentó en una silla cercana y pareció ausente por un momento, con los ojos abiertos y la boca dibujando una línea inexpresiva. Kaoru esperó incómoda. Cuando se dispuso a marcharse, se preguntó si alguna vez obtendría una respuesta. Su mano giró el pomo de la puerta, que estaba sorprendentemente frío.
"Espera." Fue suave, pero contundente. La voz de Kenshin sonaba estrangulada. Kaoru se alejó de la puerta. "Por favor." Kaoru regresó y se sentó. Kenshin seguía sin mirarla. Todavía tenía la vista perdida a lo lejos, y probablemente en algo ocurrido hacía mucho tiempo. Desenfocado y triste, Kenshin comenzó a hablar.
"Era muy joven. Aún soy joven. Pero era menor que tú. Y ella también. Pero eso no importaba para mí. Estar juntos era suficiente. Cuando estaba con ella nada más importaba. No quiero hacerte daño con los detalles de mis emociones que también me lastiman, pero quiero que sepas que realmente la amaba. Su nombre era Tomoe, y yo hubiera dado lo que fuera por ella. Estuvimos juntos por casi un año. Nos conocimos y nos hicimos cercanos de inmediato. Cuando ella sugirió ir de viaje de campamento me pareció una gran idea. Nunca antes había acampado en las montañas. Ella sí, y me aseguró que sabía lo que haríamos. Y como ella lo sabía, todo marchó bien. Fue en el viaje de vuelta, verás. No le había puesto llantas nuevas al auto, y las viejas estaban muy mal. Esa noche, la última nevada fue muy cruda. No tenía cadenas, pero pensé que yendo despacio podíamos llegar. Pero la pendiente era demasiado empinada. Sólo podía intentar no estrellarme, pero ni siquiera pude hacer eso. Rodamos por la montaña antes de que un árbol cercano a la carretera detuviera nuestra caída. El humo salía del motor, pero no había peligro de fuego. Por otro lado, estaba agradecido de que hubiera humo, así la gente sabría dónde estábamos. No había excusa para lo mal preparado que estaba. Las puertas habían sido aplastadas, naturalmente, y estuvimos atascados en nuestros asientos. Las herramientas que tenía en el baúl estaban esparcidas y formaron un sendero que conducía a nuestro choque. Ella estaba tan pálida, y pensé que Tomoe se había golpeado la cabeza con la ventana. Traté de despertarla, pero ella sólo murmuraba que tenía sueño. Le dije que tenía que permanecer despierta para esperar por ayuda. Hacía mucho frío, pero los abrigos estaba alejados del auto y era imposible que los alcanzáramos. Recuerdo haber tirado de la puerta, pero luego ya no pude hacer nada. Me rompí la muñeca cuando golpeé el volante al rodar por la montaña. Fui un inútil." Entonces Kenshin empezó a llorar. "¿Sabes lo que es ser un inútil? Estaba atrapado, junto a la mujer que amaba, y era incapaz de ayudarla. Al final acepté que ambos moriríamos. Habíamos estado allí por muchas horas. El choque había sido por la mañana, pero la ayuda no llegó hasta entrada la oscuridad. Caí dormido antes de que llegaran. Tenía mucho frío, y Tomoe había dejado de hablarme hacía mucho. Traté de envolverla con mis ropas, pero era difícil quitármelas. Pero de alguna manera, me las arreglé. Tal vez ese movimiento fue lo que me salvó la vida. Irónico, ya que el punto era salvar la de ella."
Finalmente, Kenshin miró a Kaoru. "Le fallé, Kaoru. Mi amor murió esa noche, junto a mí, conservando para siempre su belleza juvenil. Qué azul era su piel, y qué negro era su cabello."
Kenshin seguía llorando, pero ignoraba el hecho. "No me quedaba nada, Kaoru. Por más de un año estuve muerto por dentro. Pero tú, Sano y todos mis amigos fueron tan comprensivos. No sabías del accidente. Nunca nadie habló de ello. Al menos, nunca a mí. Fue como si me recuperara. Me sentí humano de nuevo."
"Kenshin." Kaoru estaba lista para llorar también.
"Para responder a tu pregunta, sí, sí tuve alguna idea de que te gustaba. Fue raro al principio, y no estaba seguro de cómo manejarlo. Lo dejé pasar porque no sabía cómo lidiar con ello y porque no lo mencionabas. Pero en algún momento las cosas se confundieron. No sé cómo me siento contigo ahora, Kaoru. Estoy dañado por dentro, pero trato de sanar. Quizás con el tiempo. Pero quería que supieras por qué lo que tú me dijiste no es tan simple como decir 'si, me gustas' o 'no, no me gustas'. ¿Entiendes?"
"Perfectamente." Con los nervios adormecidos, Kaoru se levantó para irse. Fue lo suficientemente fuerte como para salir, y ahora necesitaba desesperadamente irse de allí. Kenshin no la detuvo. Ciertamente, eso no era lo que ella tenía en mente cuando salió a dar un paseo.
Aquello no resolvía nada. En todo caso, Kaoru estaba más confundida que antes. Kenshin tal vez se preocupaba por ella, pero aún seguía traumatizado por la pérdida de su primer amor. Si a él le importaba ella, ¿aún lo querría sabiendo que quizás no sintiese verdadero afecto pero sí gratitud por ser su amiga? Todo era muy confuso y demasiado para la chica. Quería maldecir, llorar, lo que sea que hiciera más controlable ese manojo de emociones. Y luego pensó en Enishi. Eso sólo empeoraba la situación.
Enishi no parecía tener la carga que Kenshin sí tenía y eso era atractivo en ese momento, pero luego sintió como si quisiera usarlo como escape de la terrible confusión que atormentaba su mente. Más allá de eso, Enishi la quería por lo que ella era. Parecía como si su decisión fuese clara. Ella no necesitaba la locura emocional que Kenshin representaba, pero se sintió mala persona por haberlo dejado solo con su dolor. Kenshin le había expresado algo muy significativo para él, y eso alimentaba más la posibilidad de que ella era importante para él, después de todo. Era un terrible dilema, y no parecía haber una solución inmediata.
Era en momentos como ese en que ella realmente necesitaba hablar con Megumi y Sano. Ellos pondrían las cosas en perspectiva. Volvió a su casa tan rápido como pudo y tocó fuertemente la puerta de Megumi, por si acaso. Escuchó que había una discusión entre ellos con una o dos palabrotas, luego la puerta se abrió y Megumi asomó la cabeza con una expresión de mal humor en el rostro. Sin embargo, tan pronto como vio a Kaoru sus ojos se ensancharon y cerró la puerta sólo para volver a abrirla unos pocos minutos después, y una animada Megumi condujo a Kaoru hacia el sofá.
"Habla." Megumi nunca había visto a Kaoru tan angustiada. Era alarmante.
"Fui a ver a Kenshin." Comenzó Kaoru y Megumi levantó una ceja. "Y se lo conté todo." Megumi suspiró y abrazó a su amiga. Era de esperarse. Así que al fin Kenshin la había rechazado. "Él no lo sabe. No lo sabe, oh, Megumi, hay mucho más y ni siquiera puedo hablar..." En ese punto, el estrés derrotó a Kaoru y todo lo que pudo hacer fue balbucear. Megumi no entendía nada, pero Sano, quien escuchaba desde la puerta, pudo hacerse una idea de lo que pasaba. Cuando Kaoru se separó de Megumi para ir a su habitación, Sano apartó a su novia.
"De verdad está quebrada. Pero no sé qué pudo haberle provocado algo así. Ella siempre fue una persona fuerte. Kenshin debió de haber hecho algo muy terrible. Puedes apostar que se las verá conmigo cuando..."
"No le dirás nada a Kenshin. No te involucres." Interrumpió Sano bruscamente y Megumi lo miró sorprendida.
"¿Qué?" Sus ojos se entrecerraron por el tono brusco de su novio. A ella nadie le ordenaba.
"No sabes nada de esta situación, Megumi, y no nos compete. Estamos para confortar a nuestros amigos, pero no podemos ir más allá de eso. Tengo que contarte algunas cosas que descubrí hace algún tiempo sobre Kenshin."
Enishi se sentía satisfecho. El abrigo lucía bien ahora que estaba limpio. Kaoru estaría complacida. Tal vez lo suficientemente complacida como para permitirle algo más que un beso. Era horrible sentir cómo sus hormonas le exigían verla. Era terriblemente ilógico y se le hacía difícil pensar. No obstante, el día estaba fresco y lleno de posibilidades, y hasta él se sentía optimista en el fondo de su fría, calculadora y ponzoñosa alma.
Había tenido un sueño la noche anterior. Fue confuso. Había visto a su hermana, pero como siempre, ella le estaba dando la espalda. Si tan sólo se diera la vuelta y lo recibiera con su rostro sonriente. Anhelaba tanto su amor. Al despertarse y darse cuenta de que su presencia había sido sólo un sueño, se llenó de una ira aterradora. Arrojó su reloj contra la pared y éste se hizo añicos en la alfombra cerca de la puerta. Levantar las piezas una por una había sido fastidioso. Nadie en la casa le preguntó nada. Enishi pagaba por la mayor parte de la casa y la mayoría de sus compañeros sabían que era mejor no interrogar al enigmático y poderoso hombre que vivía con ellos. Después de tirar el reloj y hacer una nota para comprar otro esa tarde, Enishi se animó con la idea de ir a recoger el abrigo de Kaoru. Después de ese sueño, no quería nada más que correr hacia Kaoru para que lo abrazara. Sólo quería que lo abrazaran. Un deseo infantil. Querer semejante cosa a su edad, en ese estado de desarrollo mental, era casi preocupante.
Cuanto más rápido al usara, mejor, esa la única conclusión a la que había llegado con certeza, aún cuando lo llenaba de sentimientos contradictorios.
"Maldita seas, Kaoru," dijo en voz baja mientras frotaba la manga del abrigo de la chica. Pero sabía que no lo decía en serio.
