Capítulo 5
Hacía un frío irracional frente a la casa, pensó Enishi, y también estaba muy oscuro. Una luz en el porche hubiera estado bien. Se frotó las manos para calentarse y esperó a que alguien abriera la puerta. Había esperado pacientemente durante todo el día a que Kaoru estuviera en su casa, no era que no supiera de su horario, pero no quería parecer un acosador. Eso sería una desventaja en sus planes. El abrigo se veía bien, y se aseguró de que no quedara ni una pista de que había sido lavado. Por alguna razón, esperaba que ella se diera cuenta por sí sola. No era muy lógico lo que pensaba, ya que no debería desaprovechar los puntos que obtendría con ello. Hizo de lado el pensamiento mientras la puerta crujía y Kaoru se presentaba ante él.
"Oh, hola." Le dedicó una débil sonrisa y trató de parecer alegre. "Entra, hace frío."
Enishi entró con muchas dudas. Por un lado, Kaoru parecía tan muerta como él a veces se sentía. Tenía una sonrisa plasmada en el rostro, pero de esas que no decían nada de la persona, por lo que uno tenía que mirarla a los ojos. Los suyos estaban, a falta de un término mejor, vacíos. No había nada allí, ni felicidad, ni tristeza, sólo una extraña apatía que lo inquietaba mucho. Algo debió haberle ocurrido el día anterior, algo que la dejó en esas condiciones. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que encontraría a quien le hizo esto y lo mataría de la manera más dolorosa posible. Nadie tenía derecho a dañar lo que era suyo. Todos esos pensamientos no hubieran sido evidentes para Kaoru aún si no estuviera en ese estado; todo lo que vio fue a Enishi caminando hacia la sala de estar.
"¿Qué te trae por aquí esta noche?" A veces Kaoru sólo deseaba morir, y ésa era una de esas veces. Había estado pensando en Kenshin y en Enishi todo el día. A veces en forma de fragmentos, pero otras veces recreaba la conversación con Kenshin y el dolor volvía a su pecho. Ahora se sentía bastante aletargada, lo cual era bueno, ya que así podía terminar su trabajo de la universidad, pero con la aparición de Enishi, las cosas volvieron a complicarse para ella.
Enishi le extendió su abrigo, y éste pudo ver un atisbo de feliz sorpresa antes de desvanecerse como la llama de una vela. La chica colocó el abrigo en el armario junto a la puerta y volvió a la sala. Se quedaron un rato en silencio hasta que Kaoru se ofreció a mostrarle la casa. Le pareció bien, y aunque no estaba particularmente interesado, accedió a verla de todos modos. No les llevó mucho, teniendo en cuenta que sólo Kaoru y Megumi vivían allí, y eso fue agradable considerarlo. Era de una sola planta, con una cocina, una sala de estar, la habitación de Megumi, luego una pequeña escalera que llevaba al baño y al dormitorio de Kaoru. Kaoru se sonrojó cuando llegaron allí, ya que se dio cuenta de lo mal que se veía con todos sus libros en el suelo donde había estado haciendo sus cálculos y la ropa desparramada junto con varios papeles y algunos CDs que no recordaba haber tirado al piso. Enishi lo asimiló bastante bien, y en vez de horrorizarse por el desorden, apreció que su habitación se viera habitada. Era confortable, hasta natural, y parecía apropiado, por lo que cuando ella se disculpó repetidamente por el desastre, no le prestó atención.
Aparentemente, Megumi estaba teniendo alguna clase en el laboratorio, y no volvería en un buen rato. Kaoru le preguntó si quería comer algo, ya que aún no había comido y podía hacer algo para él también. Enishi declinó; había algo de peligrosa tensión entre los dos. Kaoru parecía reprimirse y él no le había preguntado nada todavía. Ella le diría si él necesitaba saberlo. Pero igualmente ardía por preguntarle.
"Bueno." Parecía que Enishi no iba a obtener nada, y Kaoru no sabía qué hacer. Siguió un incómodo silencio.
"Tal vez deba irme. Pareces ocupada." Se dirigió hacia la puerta y Kaoru lo siguió. "La noche-"
"Espera," interrumpió Kaoru suavemente mientras él alcanzaba el pomo de la puerta. Necesitaba un poco de consuelo. Se sentía mal, y cuanto más fingía que estaba bien, más se hundía en la depresión. Enterró su rostro en el pecho de Enishi y comenzó a llorar sintiendo su corazón hecho pedazos. El estrés era demasiado, y sus opciones eran llorar sola o esto. Estaba contenta pero al mismo tiempo avergonzada de que Enishi estuviera allí para ella.
Enishi, por su parte, estaba sorprendido. La gente sumida en llanto era difícil de lidiar cuando no se le tenía empatía. Él no sabía que sucedía, y ni siquiera podía solucionarlo, pero ella estaba allí, derramándose emocionalmente sobre su pecho. Suspirando, hizo lo que pensaba debía hacer, y eso era envolverla entre sus brazos. Permanecieron así por un rato, con Kaoru temblando y llorando en silencio mientras él la observaba con expresión enigmática. Se calmó al cabo de unos minutos. Al separarse del muchacho, él vio que parecía desgastada y a punto de colapsar.
"Estoy exagerando con todo esto." dijo con voz quebrada "Soy una persona fuerte, no hay razón para actuar así, especialmente frente a ti."
"Está bien." No tenía ni idea de cómo consolarla, pero tal vez tampoco tenía que hacerlo. "¿Hay algo que pueda hacer?"
"No, en realidad." Kaoru le sonrió y esta vez sí fue una que alcanzó a sus ojos, hinchados como estaban. "¿Por qué quieres estar cerca de mí, Enishi? Soy un caso perdido."
Él le sonrió de manera tranquilizadora. "Lo que sea que te esté pasando, estoy seguro de que lo resolverás pronto." Le sorprendió que ella estuviera tan vulnerable en ese momento. Podría atacar y hacer que terminara de ser leal a él. Sería miserable de su parte. Incluso era probable que se acostara con él en ese momento si quería. Oh, maldición. Un destello olvidado de algo, tal vez su conciencia, hizo que se estremeciera. Sería demasiado ruin hasta para él. Pero el fin lo justificaba, ¿no? La miró a los ojos y pudo ver a través de ellos su dolor y su creciente admiración hacia él. Dios, sería como abusar de un niño, y simplemente no podía. Se sentía enfermo por dentro; era verdad, ¿por qué quería estar cerca de ella?
"¿Pasa algo?" Su cambiante humor volvió a la tristeza mientras él se debatía en silencio con el ceño fruncido.
"No, no. Es sólo que estoy preocupado por ti." Fue una excusa decente.
"Eres una buena persona." Oh, eso lo hacía sentirse terrible. "Estaré bien."
"¿Te gustaría salir conmigo el sábado? Prometo que esta vez no habrá violencia, podemos hacer algo normal como ir al cine." Tenía que salir de allí antes de que ella hiciera algo que hiciera vacilar su caballerosidad.
"Sí, me encantaría." Enishi asintió y abrió la puerta. "¿Enishi?" Él se volvió, sólo para encontrarse a Kaoru increíblemente cerca de él. "Gracias." Y lo besó lentamente. Sus labios estaban un poco salados por las lágrimas, pero aquello no le quitó valor a la sensualidad del beso. El chico pudo sentir su cuerpo presionándose al suyo, a lo cual reaccionó. Ella deslizó las manos debajo de su camisa y sus uñas rozaron su espalda. Pero cuando él estuvo a punto de perder el control, ella dio por terminado el beso, y con una caricia de despedida, sacó las manos de la camisa para alejarse. Incluso con el cuerpo ardiéndole, pudo sentir con el alejamiento la pérdida de su calor. "Te veo el sábado."
Mientras la puerta se cerraba Enishi sintió ganas de gritarse a sí mismo. Aprovecharse de ella habría puesto en peligro el plan. Sí. Tenía que seguir diciéndose eso o terminaría volviéndose loco. Y maldita sea, la próxima vez iba a aprovechar muy bien a esa pequeña zorra. Nadie que pudiera hacerle eso a su cuerpo podía ser TAN inocente.
Mientras Kaoru volvía a sus tareas de cálculos, emocionalmente mejor que antes, Megumi salía del laboratorio directo hacia la casa de Kenshin. Necesitaba resolver algunas cosas con él. Sano le había explicado mucho, lo cual estaba bien. Sí, sí, todo fue muy lamentable, pero el estar dolido no era razón suficiente para acurrucarse y morir por dentro. Estaba arrastrando a Kaoru con él y ella no iba a tolerar tal cosa. Los dos necesitaban, no, los dos merecían algo mejor que eso. La clave estaba en Kenshin. Dio unos porrazos a la puerta y esperó impaciente a que Kenshin la abriera. Lo hizo con una sonrisa tentativa al ver el rostro de Megumi.
"Megumi, ¿cómo estás? Entra, por favor. No esperaba tener compañía esta noche." Kenshin tomó el abrigo de su amiga y le ofreció un asiento.
"Tengo que hablar contigo, Kenshin. Haz cometido un terrible error." Megumi quería ir directo al punto. "Kaoru ha estado enamorada de ti desde hace más tiempo del que puedo recordar, y todo lo que sé es que anoche llegó a casa completamente quebrada. Está demasiado destruida como para decirme lo que sucedió exactamente, aunque creo que lo sé." Kenshin se puso pálido mientras Megumi le hablaba, pero la sonrisa nunca abandonó su rostro. "No sé qué le dijiste, pero la lastimaste. Quiero saber qué es lo que sientes por ella, para que pueda seguir con su vida. No me gusta ver a mi mejor amiga así." Megumi se sentía mejor ahora. Le gustaba tomar cartas en el asunto, así parecía que las cosas funcionarían.
"Megumi, entiendo tu preocupación por Kaoru, pero no puedo decirte más que lo que le dije a ella. No sé cómo me siento. No es indiferencia, pero tampoco es amor. No sé lo que es y desde hace mucho tiempo que no puedo pensar en volver a tener sentimientos por alguna otra mujer."
"Ésa es una excusa triste, Kenshin Himura, y lo sabes." Megumi no soportaba a las personas que se la pasaban revolcándose en su propio dolor. "Si no tomas las riendas de tu propia vida, te volverás loco con toda esa culpa que tienes. ¡¿Cómo puedes no saberlo, siendo casi psicólogo?! En serio, Kenshin, esto es ridículo. Toma una decisión."
"Puedo ser un psicólogo, Megumi, pero el conocer el funcionamiento de la mente no hace que el dolor se borre automáticamente, y lo que me pides no es sólo difícil, sino también presuntuoso." Kenshin frunció el ceño y se apartó un mechón suelto de la cara. "Además, no quiero arrastrar a Kaoru a mi propia miseria. Sólo sería una carga para ella. Sería muy fácil involucrarme con ella, pero si no estoy emocionalmente comprometido más allá de la amistad, corro el riesgo de realmente lastimarla a la larga."
"Esas son palabras de un cobarde, Kenshin." Dijo suavemente Megumi mientras entrecerraba los ojos. "Si nunca te vas a arriesgar, no sabrás si podrás sanar. Tal vez si le das una oportunidad a Kaoru, las cosas mejorarán. Dijiste que no sentías indiferencia y también dijiste que eres su amigo, ¿pero hay algo más? Si hay un atisbo de algo, entonces valdría la pena intentarlo. Ésa podría ser tu oportunidad de sanar. Kaoru podría ser tu redención. Pero si la rechazas ahora, ya nunca más tendrás otra chance con ella, he visto a ese hombre con el que anda y él no se dará por vencido fácilmente." Megumi se sentía mal por Kenshin, pero si era lo que Kaoru quería, entonces Megumi haría lo que pudiera para gestionarlo. Parecía que podrían ser el uno para el otro una vez que superaran este obstáculo emocional.
"Lo pensaré, Megumi. Tengo que pensar en muchas cosas." Kenshin trató de recuperar su sonrisa perpetua. Qué triste. Megumi de repente se sintió un poco mal por presionarlo tanto.
"No te preocupes, Kenshin, te ayudaré. Nadie está solo en esta vida, sabes. Estoy segura de que Sano también ayudará. Todos estamos contigo. Lo que queremos es que tú y Kaoru sean felices." Megumi se puso de pie y palmeó la mano de Kenshin antes de irse. Se giró hacia un inmóvil Kenshin con un brillo en sus ojos. "Pero no tienes mucho tiempo, así que mejor toma la iniciativa pronto."
Una vez que se fue, Kenshin se sentó y se puso a pensar. No quería perder a Kaoru, ¿verdad? Siempre había estado allí y era una persona amable. Siempre tan atenta, y una vez que se deshizo de las capas de su decidida represión sexual, decidió que también era muy atractiva. ¿Pero era suficiente? ¿Salir con Kaoru era lo que realmente necesitaba para superar a Tomoe? ¿O sería todo una farsa, una especie de terapia entre amigos que luego no funcionaría y la lastimaría cuando Kenshin la diera por terminada? No estaba seguro. Uno no sabía cuáles eran sus propios prejuicios si no era objetivo. La Psicología era mucho más fácil de aplicar en otras personas. Y luego, por supuesto, estaba el asunto de su actual novio. Si es que era su novio. Ellos sólo habían salido unas pocas veces, ya que era reciente, pero eso no significaba que ella no estuviera apegada ya a él. Aquel era otro obstáculo en adición a sus propias objeciones. Debía tratar de conocer a ese otro hombre y así comprender contra qué estaba compitiendo. Esa podría ser una buena idea. Pero no había manera de hacerlo casual. Sería mejor llamar a Megumi mañana y preguntarle cómo podría encontrarse con ese tipo.
Kenshin suspiró y se levantó de la silla. Tenía mucho trabajo con su tesis. No necesitaba este tipo de estrés.
"Entonces, ¿qué película van a ver?" Megumi estaba sentada en el sofá, control remoto en mano, mientras Sano luchaba en la cocina preparando palomitas de maíz. Su falta de habilidad para hacer cualquier cosa parecida a las tareas domésticas era impresionante y su desastrosa ineptitud se extendía a la cocina y todo lo que tuviera que ver con ella. Ya había quemado la primera tanda de palomitas y ahora luchaba con la segunda. Algunas palabrotas suyas llegaron hasta la sala de estar mientras pasaban los comerciales.
Kaoru pensó por un momento. "No lo sé. Creo que veremos cualquiera que esté disponible a partir de las nueve, y luego tal vez vayamos a comer algo. No tengo planes fijos, es más emocionante de esta manera." Se cepilló el cabello y dejó el peine en las escaleras. Lo recogería más tarde. Se recogió el pelo en un moño desordenado y mientras agarraba una bufanda, escuchó que golpeaban la puerta.
"Llegas tarde." Kaoru le sonrió a Enishi.
"Y tú no estás lista." Replicó él. Ella se veía más alegre que la última vez que la había visto. Eso era bueno, ya que pasar la velada con una chica emocionalmente quebrada no sonaba divertido. Pero lo hubiera tolerado.
"Muy bien. Deja que busque mi abrigo y podremos irnos. Creo que deberíamos ir al teatro. Debe de haber algo bueno, siempre es así."
Kaoru salió corriendo con Enishi detrás de ella, Megumi lo escuchó decir algo sobre cómo los artistas torturados no deberían mostrar su 'don del dolor' al público, pero Kaoru sólo rió. Irían al teatro. Tan pronto como Megumi escuchó el motor del auto en marcha, se precipitó sobre el teléfono. Sano apareció con algunas palomitas de maíz, al fin, orgulloso de haberlas hecho cuando escuchó la conversación de Megumi.
"Así que sólo sal y ve a la próxima función y finge que te topaste con ellos por casualidad... No. Sí. No seas tonto... Claro que funcionará. No digas eso, Kenshin. ¡Sólo hazlo! Buena suerte, adiós." Observó la expresión irónica de Sano. "¿Qué?"
"¿Estás segura de querer involucrarte? Esto no tiene nada que ver contigo." Sano era muy escéptico en eso de meterse en la vida personal de las personas, ya que a la larga no beneficiaba a nadie.
"¡Claro que tiene que ver conmigo!" Exclamó Megumi. "Kaoru es mi mejor amiga y quiero que sea feliz. Ella ha querido a Kenshin desde siempre y ahora él está empezando a quererla."
"Pero Kaoru parece estar bien sola, digo, ha conocido a alguien. Tú no eres parte de esto. El lío con Kenshin pasará y ella podrá estar mejor sin él." Sano condujo a Megumi hasta el sofá y empezó a escarbar entre las palomitas.
"Puede que tangas razón." Sano sonrió. "TAL VEZ. Pero seguiré haciendo lo que creo mejor para Kaoru. Si ella se va a rendir con Kenshin, entonces necesita saber que no tiene que hacerlo por hacerlo. Si Enishi es sólo una segunda opción no puedo dejar que se haga eso a sí misma. Además, si quiere a Kenshin será bueno para él también. Él tiene que superar esa carga emocional en algún momento, y cuanto antes, mejor."
"Mmmm." Fue una respuesta evasiva, pero tratándose de Megumi, era la mejor manera de poner fin a una discusión.
"Admite que te gustó." Kaoru bailaba, contenta de salir al aire fresco después de estar encerrada en el sofocante teatro. Los asientos no eran muy cómodos, pero así era en lugares pequeños como ese.
"Si admito mi juicio equivocado, ¿qué obtendré a cambio?" Enishi sonrió ante su actitud enérgica.
"Hmmm. ¡Un centavo!" Rió Kaoru.
"¿Un centavo? No sé si lo vale. Un centavo no es mucho." Parecía que iba a nevar. Enishi esperaba que así fuera. Le gustaba la manera en que todo se cubría de nieve y era uniforme. Se le antojaba confortable.
"Este centavo es mágico. Te concederá un deseo, dentro de lo razonable. Incluso los centavos mágico pueden hacerlo todo, además, éste es nuevo."
"Entonces admito que me gustó." No le importaba admitirlo, ya que no era exactamente una mentira.
"Aquí tiene su centavo, señor, ¿qué pedirás?" Kaoru volvió a reír y arrojó el centavo a la mano de Enishi. Él lo miró por un momento, con una sonrisa formándose en la comisura de los labios. No creía que pudiera resucitar a los muertos. Era un pensamiento morboso el que tenía. Lo dejó de lado rápidamente. Antes de que pudiera responder, una voz familiar atentó contra sus nervios.
"Kaoru, ¿cómo estás?" Himura. Naturalmente. Qué manera de arruinar la noche. La ira hervía en su interior. Por un momento se preguntó si podría pedir de deseo que el pelirrojo muriera lenta y dolorosamente frente a él.
"Estoy bien, Kenshin. ¿Viniste a ver una película?" Empezaron a hablar. Esperó por lo que iba a llegar. Lo sentía tan próximo. No había pasado tiempo suficiente con ella. Necesitaba la menos otro mes o dos. Pero las cosas podían avanzar. Siempre había espacio para el movimiento.
"Kenshin, quiero que conozcas a Enishi." Kaoru finalmente se dio la vuelta y Enishi se encontró mirando directamente los ojos cándidos y violetas del hombre al que tanto quería destruir. "Enishi, éste es mi amigo, Kenshin. ¿Ya se conocían?"
"No hemos tenido el placer de conocernos antes." Enishi esbozó su sonrisa más falsa. "Enishi Yukishiro. Un placer conocerte."
Enishi observaba con glorioso placer a Kenshin, quien seguramente no se había percatado de la semejanza familiar debido a su cabello blanco y sus rasgos masculinos, pero viendo algo de Tomoe en Enishi. El apellido tendría que hacer que se diera cuenta. Debió ser así, porque un ya pálido Kenshin había perdido sus colores y estaba a punto de vomitar. Kaoru no estaba al tanto de lo que sucedía, pero su ánimo estaba desvaneciéndose con las presencias de dos de los aspectos más estresantes de su vida reunidos en el mismo sitio. Se frotó las sienes como si le doliera la cabeza. Pero la sonrisa nunca abandonó su rostro. Estaba siendo divertido para Enishi que todos estuvieran sonriendo, pero estaban tan lejos de sentir alegría, cosa que se le hacía repugnante. En ningún momento Enishi parpadeó mientras miraba fijamente a Kenshin a los ojos. Kaoru fue la primer en romper la tensión diciendo que ya deberían irse si querían comer algo. Se despidió rápidamente antes de darse la vuelta para volver al auto, a lo que Kenshin replicó débilmente.
Enishi se demoró un momento. Se inclinó hacia el oído de Kenshin mientras pasaba a su lado y murmuró: "Tú me robaste a Tomoe, es justo que me quede con Kaoru." Los ojos de Kenshin brillaron con tristeza y luego con ira. "Disfruta de tu tiempo con ella mientras puedas, el futuro es muy incierto, sabes." Perfecto. Ambiguo pero amenazador. Bastante bueno para una amenaza improvisada.
Los ojos de Kenshin los siguieron mientras subían al auto y se alejaban. Así que él era el novio de Kaoru.
Kaoru trató de recuperar el buen humor. Había quedado bastante conmocionada al ver a Kenshin. La cena le había parecido desabrida a causa de su agitado estado, y las pausas en la conversación se le antojaban terribles. Enishi merecía algo mejor. Tal vez una explicación o algo así, pero no quería hablar de ello esa noche. En un mundo ideal jamás tendría esa conversación con él.
"Quiero ver tu casa. No sé con quiénes vives y quiénes son tus amigos. En cambio, tú conociste a los míos." Kaoru pensó que tal vez eso despejaría su mente.
"Aún no es la 1 de la madrugada, así que estoy seguro de que mis compañeros estarán bebiendo. No creo que lleguen a casa hasta que termine su fiesta o queden muertos. Lo que sea." Enishi sabía que Kaoru estaba muy afectada. "En cuanto a amigos, es un poco complicado. No sé si tengo amigos como los tuyos. Todos los que tengo son más bien conocidos con los que comparto intereses y alguna que otra conversación sobre otros conocidos. Debe de sonar muy solitario para ti."
"La verdad que sí. ¿Cómo puedes vivir así?" Kaoru pensaba que se volvería loca si tuviera que enfrentar la vida sola. Al menos, es lo que parecía que estaba diciendo, que él estaba solo. Le sorprendió que él no se entristeciera con eso.
Enishi se encontró a sí mismo dándole una respuesta directa, para su sorpresa. "Al principio era difícil, pero uno se acostumbra. Con el tiempo, piensas que tu aislamiento te diferencia del resto, te hace más independiente y especial. Aunque en realidad, es aburrido y vacío. La gente puede acostumbrarse a casi cualquier cosa." Sintió que estaba hablando mucho. Se detuvo junto a la acera sin decir ni una palabra.
"Estamos en..." Kaoru se sintió extraña de repente, diferente a la incomodidad que sintió antes.
"Mi casa. Dijiste que querías verla. Tú me diste un recorrido por la tuya."
No les llevó mucho verlo todo, pero era una casa tan grande que hasta tenía sótano. Ese lugar en particular era muy oscuro con varios compartimientos que creaban sombras con la luz proveniente de unas bombillas parpadeantes. Enishi saltó sobre ella mientras miraba uno de ellos y se alegró de que sus compañeros no estuvieran en casa, ya que el grito de Kaoru fue ensordecedor. Para empeorar las cosas, su primera reacción después del grito fue darse la vuelta y golpearlo. Sin esperarse el ataque, él sólo desvió el golpe hacia uno de sus costados. Pero incluso un golpe en el riñón era suficiente para que le doliera. Kaoru se arrepintió de inmediato y se disculpó todo el camino de las escaleras hasta la sala de estar mientras Enishi fingía estar herido de muerte. Kaoru se sentó junto a él y le preguntó si podía hacer algo para hacerle sentir bien.
"Bésalo." Dijo en broma, pero se percató de que parecía decirlo en serio. Los labios de ella, la piel de él. De repente ya no estaba de humor para bromear. Toda su energía enfocada como ira hacia Kenshin, hirviendo en su mente, se disipó al redirigirla hacia cosas más placenteras. Kaoru se sonrojó, pero servicialmente levantó su camisa y presionó sus labios contra el costado del chico. "¿Ese centavo mágico sigue siendo bueno?" Preguntó Enishi. Era hora de reclamarla de una manera en la que Kenshin nunca podría, (si éste tuviera algo que decir). Ella asintió, aún sonrojada. "¿Es un deseo razonable?" No quería que ella se sintiera amenazada o forzada.
"Depende." Su lengua humedeció con rapidez sus labios secos, con nerviosismo aparente. "Te diré cuando ya no lo sea." Era todo lo que él necesitaba saber. Se levantó y la llevó hasta su habitación. Kaoru le quitó la camisa a y deslizó las manos sobre su pecho mientras él desabotonaba la de ella en la manera habitual y eficiente con la que hacía todo. El muchacho era todo piel y músculos, sin ser grande y voluminoso, sino del tipo delgado que respondía a sus movimientos. Después de quitarse los zapatos, Kaoru se deshizo de su falda y se acostó en la cama en ropa interior.
Las acciones eran familiares para Enishi. Quitarse la ropa y ponerse el condón, pero la anticipación y la adrenalina que lo hacían temblar eran algo nuevo con lo que tenía que lidiar. ¿Por qué esta chica tenía tanto poder sobre él? Había dormido con muchas mujeres a lo largo de los años, y Kaoru seguramente había estado con un chico o dos. Mejor no pensar en esas cosas, ya que querría partirlos al medio con su espada si se enteraba de quiénes eran. Kaoru era suya. Era un pensamiento primitivo; quizás él no era mejor que un animal. Aún así, se negó a degradar ese momento, ya sea retratándolo como un mero proceso instintivo o como si fuera una más de sus citas. Esto era especial. ¿Y la venganza? Le preguntó una parte de su mente. Eso hizo que se detuviera por un momento mientras descendía sobre Kaoru. Todo era por venganza.
La idea se desvaneció cuando su piel se encontró con la de ella y una de sus manos se enroscó en su cabello, mientras que la otra pasaba las uñas suavemente por su espalda, provocándole escalofríos. Disfrutó el sabor de la piel de su cuello, salada y dulce al mismo tiempo, y sintió una oleada de poder al hacerla gemir suavemente. Su pasión parecía pura, y Enishi se glorificaba en su cuerpo como si fuera el camino a la redención. Él era un sucio, la estaba usando, pero en ese momento no le importaba. Y en medio de ese pensamiento, Kaoru se cansó de divertirse de manera pasiva y tomó el poder quedando sobre él.
"Eres tan hermoso." Susurró Kaoru en su oído antes de bajar la cabeza, y eso fue lo último que dijeron hasta la mañana.
