Capítulo 6
La contempló con serenidad. Poseía belleza e inocencia, en comparación a él que se sentía sucio. Se había rendido a él tan fácilmente, y lo que al principio fue un sentimiento de triunfo, lentamente se desintegró a un odio a sí mismo. Su pureza era algo que él no debía poseer. ¿Por qué la había traído sabiendo que había sentenciado la caída de ese ángel? Esas cosas que habían sido tan claras para él de repente ya no lo eran a la luz de la mañana. Su mente aletargada vagó y evaluó todo a su alrededor mientras recuperaba el sentido.
Dormida sobre su estómago, y con su cabello en encantador desorden, Kaoru parecía feliz. Enishi acarició su espalda y ella murmuró complacida en sueños. Era extraño, normalmente tomaría una ducha y la despacharía de inmediato, pero aparte del hecho de que sería perjudicial para sus planes hacerle eso, descubrió que no quería hacerlo. Su presencia era confortable. Había dormido sin soñar, y considerando que sus sueños provocaban que no quisiera dormir, el hecho la hacía mucho más preciosa a sus ojos.
Había sido una noche deliciosa. Ella había estado tan dispuesta y enérgica. Si sus compañeros pensaban que había vivido como monje en estos últimos meses, ahora no había manera de que lo acusaran de aquello. Si alguno se hubiera quedado en casa habría escuchado algo. Por suerte esos idiotas no le dirían nada, ya que no estaba de humor para comentarios insolentes. Tampoco quería hablar de Kaoru con ellos, la idea de que la vieran como una cualquiera o un objeto sexual lo irritaba. Enishi acarició su enmarañado cabello negro y ella se movió a un lado. No, Kaoru no era una chica fácil. Según sus investigaciones acerca de los allegados de Himura, supo que de hecho la mujer a su lado había interactuado con unos pocos jóvenes, pero su actitud gélida había hecho que se dieran por vencidos. Había sido devota a Himura. 'Había' era la palabra clave. Ahora era suya y él se vanagloriaba al saberlo.
Kaoru hizo una mueca en sueños. Murmuró algo y se estremeció. Algo la estaba molestando, pero Enishi no podía hacer nada por ella al no saber qué era. Gruñó largamente. Odiaba no poder hacer nada, ya que siempre lo tenía todo bajo control. Hubo momentos en los que estuvo indefenso en el pasado, pero se juró que no volvería a pasar por eso. La rodeó con sus brazos y la presionó contra él. Por un momento, consideró despertarla para ver si estaba dispuesta a ayudarlo a calmar sus hormonas, debido a lo que su acercamiento provocaba en su cuerpo, pero luego decidió que dormir un poco más era preferible. Besó su cabeza y cerró los ojos.
Kaoru abrió los ojos y trató de dilucidar dónde estaba, porque esa no era su habitación y había algo cálido a su lado. Después de recordar rápidamente lo sucedido la noche anterior, se percató de que estaba desnuda y con un brazo rodeándola. Ese brazo le pertenecía a un delgado y apuesto hombre de pelo blanco, y Kaoru sonrió al ver su expresión pacífica. Dormido y sin sus lentes se veía menos temible, incluso un poco triste. Muchos hombres parecían niños cuando dormían, pero ella se preguntaba si él siquiera había tenido la oportunidad de ser un niño pequeño. La tristeza parecía describirlo mejor. Reprimió el deseo de tocarlo, ya que supuso que necesitaba dormir y eso lo despertaría. Salir era la máxima prioridad. Y encontrar sus ropas. Necesitaba levantarse e ir al gimnasio. Por mucho ejercicio que hubiera hecho la noche anterior, no había excusa para no entrenar. Se alejó suavemente de él, para deslizarse de la cama al suelo, y ahí comenzó a buscar. Encontrar sus prendas fue dolorosamente fácil, debido a que la habitación era bastante austera.
Había una cama, un escritorio, un armario y un cesto de basura. Nada más. Ni ropa desparramada, ni siquiera un canasto de ropa a la vista. Todo estaba perfectamente ordenado y estructurado como para que la habitación sea lo más espacioso posible, y todo se veía muy soso. Era como si algo en él fuera intocable, eso era lo que el cuarto le decía, pero hizo a un lado el pensamiento, estaba cansada. Unas horas de práctica de espadas le harían bien. Pero sentía que tenía que dejarle algo a él. Tal vez una nota. Buscó en su bolso y encontró un papel y un bolígrafo, garabateó velozmente y dejó la nota en el inmaculado escritorio. Con una mirada de admiración hacia su dirección mientras él yacía con las mantas hasta las caderas, Kaoru salió de la habitación y cerró al puerta con cuidado. Nadie parecía estar levantado. Mejor para ella, ya que no quería encontrarse con sus compañeros. Con todo el ruido no había manera de que no pudieran saber qué ocurrió, a menos que estuvieran MUY borrachos.
Era poco más del mediodía, y Kaoru se sentía soñolienta y sucia, ya que no se había cepillado los dientes y tenía el cabello enredado. Su camino a casa fue muy frío y raro. Caminó considerando lo que significaba lo que había sucedido. Excepto por un par experiencias con dos novios en el colegio, no había tenido mucha actividad referida al sexo. Lo que sí sabía era que sus novios se habían vuelto unos cerdos después de hacerlo, y esa era la razón por la que no quiso nada con nadie al comenzar la universidad. Luego había conocido a Kenshin, y Kenshin era diferente. Ella confiaba en él. Enishi era diferente, pero no como Kenshin, y también confiaba en él, aunque de distinta manera. Cuando se trataba de Enishi, Kaoru no sabía qué hacer. Se sentía protegida y querida, pero se daba cuenta de que no sabía mucho de él. Mejor no preocuparse ahora. Llegó a la casa, deslizó la llave dentro de la cerradura y entró silbando una alegre melodía.
"¿Qué sucedió contigo anoche, jovencita?" Megumi apagó la televisión. "No volviste anoche y..." Megumi entrecerró los ojos y dio un gritito exagerado. "¡Tuviste SEXO!"
"No lo digas tan fuerte, Megumi, cielos." Kaoru trató de subir las escaleras lo más rápido posible. No necesitaba que su domingo fuera más vergonzoso.
"¡No te escaparás tan fácilmente!" Megumi la siguió escaleras arriba mientras Kaoru entraba a su habitación para cambiarse. "No puedo creer que lo hayas hecho. En serio, apenas lo conoces y ya fuiste a hacer eso con él. Quiero decir..." Farfullaba Megumi. Las posibilidades de Kenshin eran cada vez más escasas con este nuevo desarrollo. Kaoru iba derecho a hacerse daño. Se sentía en la necesidad de hacer algo por su bien. "¿Te forzó?"
"No, Megumi, no me forzó. No fue desagradable, y me sentí perfectamente preparada y en control de mis facultades. No tienes que preocuparte por mí, en serio."
Megumi lo consideró por un minuto o dos antes de sentarse en las escaleras. "Bueno. Entonces, ¿cómo estuvo él?"
"¡MEGUMI!"
"Está bien, está bien, no me culpes por preguntar." Megumi bajaba por las escaleras mientras Kaoru salía con su traje de entrenamiento. Kenshin tenía algunas respuestas que darle. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo había terminado en casa de Enishi después de que Kenshin los vio? Había un montón de variables que no podía ver. Sin embargo, ahora no era el momento para aclararlas. "Que te vaya bien. No te esfuerces demasiado, de seguro estás más adolorida de lo que piensas."
Kaoru se detuvo frente a la puerta y rió. "Megumi, eres de lo peor." No había malicia en sus palabras, sólo un poco de molestia. Abrió la puerta y salió. Mientras la puerta se cerraba, Megumi se dio la vuelta y regresó a su habitación. La cabeza de Kaoru se asomó antes de que la puerta se cerrara del todo. ". Y estuvo GENIAL." La puerta se cerró de forma firme y definitiva, y Megumi rió entre dientes. Al menos era feliz, ¿pero por cuánto tiempo?
El entrenamiento fue gratificante. Le ayudó a concentrarse nada más que en el movimiento y en el hecho de que le dolían partes de su cuerpo que había olvidado que existían. Los movimientos de su espada eran un poco torpes debido a eso, pero lo compensó agregando más fuerza. El sudor brotaba de su cuerpo, y ella esperaba con ansias la ducha que pronto recibiría. Estar limpia sería glorioso. Kaoru guardó sus cosas y se dispuso a salir cuando se topó con Kenshin. Su primera reacción fue sentir extrema culpa. Era como si estuviera cortando todos sus lazos con él, y la noche anterior fue un importante paso para ello. Probablemente estaba aliviado de que ya no lo seguiría como un cachorro. Llevaba un sable y lucía agotado, como si hubiera estado entrenando de manera errática. De hecho, parecía terriblemente ocupado por alguna razón. Sus cejas se fruncieron en una expresión de preocupación y le indicó a Kaoru que lo siguiera.
"Kaoru, creo que deberías tener cuidado. Enishi Yukishiro. Hay algo en él que no está bien." Kaoru podía jurar que sintió algo similar al tono de acusación que Megumi usó esa mañana en la voz de Kenshin. "Por favor, Kaoru, hazme caso, me importas y no quiero verte lastimada."
En otros tiempos, esas palabras hubieran sido suficientes para enviar a Kaoru a la cima de la felicidad, pero ahora era tarde. De repente, ella se dio cuenta de que había seguido adelante. Aún sentía algo por Kenshin, pero ahora era algo secundario dado que había pasado a un compromiso emocional con Enishi. Se preguntó si era esa la razón por la cual inició las actividades de anoche. Quizás había estado buscando la manera de seguir con su vida, pero necesitaba un empujón más. Y ese empujón se había dado la noche anterior. Kenshin había perdido su oportunidad. Si esa pequeña advertencia no eran celos y sí una preocupación amistosa, entonces estaba bien, pero no cambiaba la naturaleza de sus sentimientos por Enishi. Aún si no lo llamara amor, era más que lo que había sentido por Kenshin, hasta superaba esos sentimientos imaginarios hacia el pelirrojo. Y de nuevo, iba terriblemente rápido con Enishi. Al menos tendría que ser un poco cautelosa. Kenshin la miraba divertido. Había estado pensando por un par de minutos y él parecía esperar por una respuesta.
"No te preocupes, Kenshin, creo que sé lo que hago. Si al final salgo lastimada, entonces esto me hará más fuerte y sabia. ¿Verdad?" Kaoru le dedicó una brillante sonrisa.
"Hay cosas que no entiendes, y que no quiero decirlas, pero..."
"Entonces no lo hagas. Ya soy adulta, y tengo que empezar a tomar decisiones como tal. Soy consciente de lo rápido que vamos y me doy cuenta de que todos están preocupados, pero no estaría dispuesta a tomar las oportunidades si no confiara en que mis amigos me apoyarán si las cosas llegan a ir mal. Soy una persona fuerte. Puedo ocuparme de las cosas tal y como están ahora." Kaoru se alejó antes de que Kenshin pudiera decir algo más. Detrás de ella, Kenshin agachó la cabeza y apretó el agarre a su sable. Protegería a Kaoru cuando llegara el momento. Ese hombre sólo la estaba utilizando para llegar a él, pero ella no tenía que saber eso por ahora. No le creería. El hecho de que ella pudiera ser víctima de sus errores pasados lo llenó de ira. Tenía que proteger a Kaoru, tanto por su propio bien como por el de ella. Si algo le sucedía, nunca más sería el mismo.
Kaoru veía a Enishi con bastante regularidad hasta la época de los exámenes finales. Megumi aún gruñía con respecto a eso, pero se mantenía al margen tanto como podía. Las ausencias de Kaoru en las noches de fin de semana no fueron señaladas por Megumi, excepto por alguna que otra analogía entre Kaoru y Enishi y los conejos. Los exámenes eran caóticos, pero una vez que terminaban, todo volvía a la normalidad. Megumi planeaba quedarse en la residencia, pero Kaoru tuvo que volver a la casa de su padre, ya que la Navidad era importante en su entorno. Tenían que reunirse y visitar a algún pariente para mantener las apariencias. Kaoru y su padre eran meros satélites de esa elaborada obra, pero ello no disminuía su responsabilidad. En parte era importante hablar con él y contarle sobre sus progresos académicos. Y eso era lo que Kaoru temía, debido a que nunca parecía suficiente lo bien que le fuera. Tenía que ser la mejor o él se decepcionaría. Era suficiente para volver loco a cualquiera, y a Kaoru le había hecho feliz dejar la casa que compartía con su progenitor. Sabía que él la amaba, pero era un amor tan crítico y remoto que a veces se preguntaba si lo necesitaba. Enishi fue su punto estable hasta que este se fue para su propia casa, ya que tenía responsabilidades similares a las de ella para con su familia. Kaoru estaba feliz con su vida. El pesimismo de sus amigos parecía infundado y las cosas marchaban más que bien. Con todo eso, ella estaba feliz con su vida.
Enishi veía a Kaoru tanto como ella estuviera dispuesta a verlo. Era una chica a la que le gustaba tener su espacio, por lo que trató de no asfixiarla con tanta atención. Al mismo tiempo, notaba que Himura parecía seguirlos como una sombra de vez en cuando. Kaoru probablemente no se había percatado, ya que Himura era bueno en lo que hacía, pero Enishi era muy observador y Himura era muy distintivo, siendo su archienemigo. Kaoru lo llenaba. Empezaba a cuestionarse y no estaba tan seguro de querer que Kaoru supiera de su plan de utilizarla para llegar a Himura. Era la verdad, pero si hubiera alguna forma de chantajear a ese desgraciado asesino pelirrojo sin que Kaoru lo descubriera, sería ideal. Ya el hombrecito estaba preocupado por su propia cabeza, y Enishi estaba seguro de que contaba con la confianza de Kaoru como para hacer que las acusaciones fueran difíciles de creer. Aún queriendo proteger a Kaoru de la conmoción, le preocupaba pensar de esa manera. ¿Estaba perdiendo su ventaja? ¿Estaba perdiendo su odio? Era una probabilidad terrorífica, ya que esta misión definía su vida desde hacía años. Observaba que esa chica lo estaba ablandando. Se encontró a sí mismo queriendo y disfrutando simpatizar con ella. Eran muy parecidos en algunas cosas, y en las que eran distintos ella le parecía adorable. Reía demasiado, mientras que él nunca había tenido una verdadera alegría en su vida. Se centraba sólo en la muerte y en la venganza. Esa chica no era para él, y era desafortunado que estuviera atrapada en su complot. Aprovecharía las vacaciones para estar lejos de ella y reenfocar su propósito. Si quería que su plan funcionara, tendría que jugar con cuidado.
Kaoru regresó de las vacaciones a mediados de Enero con una sensación de tranquilidad. Después de la Navidad, las cosas se tornaron aburridas y ahora volvería a estar con sus amigos. Las clases comenzaban en unos días y tenían tiempo para divertirse. Le había prometido a Yahiko que irían a un festival de cine, y ella y Megumi fueron de compras al día siguiente. Kenshin iba a mostrarle su tesis terminada. Ella había hablado con él durante el receso y el muchacho le había contado lo estresante que fue la edición final y la preparación de su presentación. Pronto lo presentaría al comité y vería si era aceptado. Kaoru sabía que no había manera de que rechazaran a Kenshin. Era brillante, sólo que él parecía no darse cuenta. Kenshin también le contó sobre la competición de esgrima en la que había participado. La había ganado, y estaba sorprendido y feliz por eso, pero de nuevo, no había dudas de que ganaría. Kenshin tenía una velocidad casi divina cuando se movía.
Lo más emocionante de todo, y por lo que Kaoru no podía esperar, era ver a Enishi y entregarle el regalo que había hecho para él. No era una artista, pero tenía buen ojo y había conseguido la pintura más hermosa de un tigre para él. Era de estilo asiático y se veía limpio y de buen diseño. Lo único que hizo Kaoru fue enmarcarlo. Ella tenía suficiente destreza técnica para hacerlo y le había llevado tiempo ajustarlo todo correctamente, pero el marco era simple y fuerte. Él necesitaba algún tipo de decoración en su dormitorio, y de alguna manera, un tigre parecía ir bien con él. Era grande y pesado, pero él encontraría espacio en su cuarto. Con la pintura bajo su brazo fue rumbo a su casa.
Enishi se sentó y se puso a pensar. Kaoru llegaría pronto. Tenía un regalo para él, y él tenía otro para ella. No estaba seguro de qué regalarle, así que le había comprado una joya. Le había costado una fortuna, ya que se trataba de un bonito collar con un zafiro en el centro, pero no le importaba. Tenía dinero para gastar, y hacerle un buen regalo era importante para él, se merecía lo mejor que pudiera darle. Ella ya había tenido suficientes problemas desde su rompimiento con Himura. Enishi sofocó los sentimientos de culpa que eso le generaba. A veces las cosas malas sólo sucedían. Ella lo superaría. Las joyas podían curar muchas heridas, y los pendientes que hacían juego con el collar serían su regalo de despedida después de terminar con ella. Las vacaciones lo habían obligado a volver al ambiente estéril de su familia y renovaron nuevamente su propósito. La vida era venganza, y Kaoru estaba empezando a interponerse en su camino. Comenzaría a distanciarse más. Eso probablemente significaba menos sexo, y su mente protestó de manera automática. Estúpido cuerpo, ya doblegaría sus deseos.
El timbre sonó y su corazón dio un brinco antes de aplastarlo con férrea resolución. Recibió a Kaoru con una sonrisa de serpiente. Ella traía un enorme paquete, y aunque era evidente que era una pintura, estaba envuelto en papel madera para que él no supiera de qué era.
"Pensé que tu habitación podría tener un poco de decoración." Kaoru le sonreía con las mejillas sonrosadas a causa del frío y la caminata. Sus ojos brillaban. Por un momento, Enishi la odió por ser tan ella y ya estaba haciendo tambalear su decisión de alejarla.
"Aquí tienes." Él le extendió una caja. Ambos abrieron sus respectivos regalos. Kaoru dejó salir un gritito ahogado, y miró a Enishi con las cejas levantadas. Ella sabía muy bien que era un regalo costoso, incluso si fuera una piedra semi preciosa. Tendría un ataque al corazón cuando descubriera de qué estaba hecho. Con una sonrisa, Enishi terminó de arrancar el papel de su pintura. Al principio se confundió, pero luego se vio a sí mismo extrañamente conmovido. La imagen era básica y muy viva. El tigre era solitario y predador, y parecía no tener sangre. Si eso era lo que ella veía en él, era más perspicaz de lo que había pensado. De hecho, casi le preocupaba.
"Iré a buscar algunas herramientas para fijar un clavo arriba de la cama. Quedará muy bien allí." Enishi se dirigió hacia otra parte de la casa.
Kaoru se sentó y contempló su regalo. Era increíble. Era hermoso, pero se preguntaba si podía aceptar un presente tan costoso. Era verdad que la pintura fue una buena adquisición, pero había ahorrado mucho al enmarcarla ella misma. No había manera de que él hubiera gastado cinco o seis veces menos que ella. Aún si era rico, esperaba que nunca lo hiciera pensar que ella estaba con él por su dinero. Nunca le había pedido pagar cuando salían, pero eso era más fácil de pasar por alto que esto. Una partida de bolos o una cena cada semana era diferente a esto. Mientras pensaba en devolvérselo, lo tomó y fue al baño a mirárselo puesto en su cuello en el espejo. Era una gargantilla de tamaño perfecto. Al mirarse en el espejo notó algo. La piedra era del mismo color que sus ojos. Si lo había hecho a propósito para hacerlo pasar como una coincidencia, eso resolvía su problema ya que el regaló la había hechizado. Con un suspiro se lo quitó y lo volvió a poner en la caja.
Enishi volvió con un martillo y un par de clavos. No le llevó mucho tiempo llevar a cabo la faena. Ahora su habitación se veía fría y vacía, pero con el agregado de un cuadro. Eso era lo que Kaoru veía. Lo que Enishi veía era un recordatorio de Kaoru colgando sobre su cama. Le gustaba la pintura, pero tenía una sensación incómoda en la boca del estómago. Se dijo a sí mismo que ya pasaría. Sólo eran emociones momentáneas. Tomoe, tenía que recordar a Tomoe siempre. Temía tanto perder a Tomoe, pronto nadie más la recordaría. Como si nunca hubiera existido. Y todo era por culpa de Himura. Una sonrisa malvada rompió con su expresión suave mientras observaba a Kaoru enderezar el cuadro. Se convertiría en el tigre.
Pero un tigre caza y vive solo.
Kaoru se volvió a Enishi con una sonrisa. "Se ve bien, ¿verdad?"
"Es perfecto."
"Bien, entonces creo que debo apresurarme. Megumi dijo que quería ir a la tienda de comestibles y yo también necesito algunas cosas. Así que ya me voy. Siéntete libre de venir a comer a mi casa, si tienes hambre. Estaré allí." Se despidió Kaoru para dirigirse hacia la puerta, con Enishi siguiéndola de cerca. Kaoru le dio un beso rápido. "Me alegra volver, y me alegra más que tú también hayas vuelto. No puedo creer cuánto he llegado a depender de ti en estos últimos dos meses." Y con un guiño, ella desapareció. Enishi bajó la vista mirando a la nada y se sentó en el sofá para fijar la vista en la pared. Las personas como él no estaban destinadas a ser felices, y las personas como ella no deberían estar involucradas con quienes estaban condenados a la destrucción. Necesitaba pensar más. Obviamente, no era capaz de controlar su situación actual.
Y Febrero llegó. Pronto Kenshin haría la presentación de su tesis. Las clases serían más intensas y empantanarían a todos en la rutina otra vez. Eso era lo único en lo que pensaba Kaoru. Bueno, no era del todo cierto, porque algo más rondaba en sus pensamientos: Enishi. Recientemente se había vuelto cada vez más extraño con su comportamiento y maneras. Por lo general, siempre estaba dispuesto a entablar una amable conversación cuando se cruzaban con otras personas, pero por alguna razón, todo lo que decía era falso. Solamente Kaoru podía percatarse de ello, ya que todo el mundo pensaba que era el mismo de siempre. Sus sonrisas eran más frecuentes y grandes, y a veces sus palabras eran mordaces, pero los demás o lo ignoraban o no lo captaban. Lo más alarmante para Kaoru era cómo estaba perdiendo la suavidad en su carácter, que había adquirido desde que estaban juntos. Como si hubiera algo importante que no quisiera decirle. Podría tratarse de su familia, ya que evitaban ese tema de conversación. Podría ser simple malhumor. Y lo que realmente la tenía en estado de alarma era la posibilidad de que ella pudiera ser la causante.
Kaoru era una chica práctica. No le entregaría su corazón a alguien sólo por ser guapo, inteligente o halagador. Había muchas cosas espinosas en lo que respectaba a Enishi y a las que ella no tenía acceso, pero lo aceptaba. A pesar de todo, él siempre estaba con ella. No aparentaban cuando estaban juntos. Era una honestidad personal que ella disfrutaba. Pero últimamente no había sido el caso. Era como si hubiesen dos cómo él, uno era frío y terrible, mientras que el otro era lejano pero gentil. Lo que sea que estaba sucediendo, se estaba agravando. Podría decir algo al respecto, pero temía lo que pudiera llegar a provocar, y estando todo dicho y hecho, estaba segura de que él significaba más para ella que otras personas. Quizás más que cualquier otra persona en su vida. Aquello la asustaba. Pero confiaba en él. Eso era todo lo que podía hacer. Sin riesgo, la vida sería mucho más vacía.
Tal vez por eso, lo que sucedió después fue inevitable.
"Creo que ya no deberíamos vernos más." Enishi tuvo las agallas para mirarla a los ojos al decirlo, incluso cuando las lágrimas se agolparon en ellos. Kaoru permaneció muy quieta. Así que para eso la había llevado a la colina de cuando salieron por primera vez. Allí él se sentía más cómodo, y si ella llegara a reaccionar mal, no sería en público.
"Ya veo." Ella estaba un poco impactada. "¿Y por qué, si se puede saber?" Ella misma pensaba que se lo estaba tomando demasiado bien.
Él apartó la mirada ante eso. "Es complicado, pero esencialmente es porque no deberías estar en mi vida." Hizo una pausa. "Es mejor para los dos, no puedo decirte más que eso. Espero que avances sin mirar atrás."
"Hm." Kaoru tenía la garganta cerrada debido a las lágrimas inminentes, pero fue lo suficientemente fuerte como para retenerlas. Él encendió el motor y condujo de regreso a casa de la chica. Por un momento, ninguno de los dos se movió. Cuando salieron del auto, él hizo un además como si fuese a abrazarla, pero se alejó. Sus ojos se entrecerraron.
"Ódiame si puedes. Será mejor así. Me lo merezco." Espero a que Kaoru reaccionara, pero era como si ella estuviera muerta por dentro. Parecía una muñeca. "Si dentro de unos días sigues sin entenderlo, habla con Himura, él sabrá por qué."
"Adiós." Dijo ella sin tono en la voz. Se dio la vuelta para entrar a su casa, cerrando la puerta sin mirar atrás. Enishi se metió en su auto después de verla irse y se puso en marcha.
Finalmente lo había hecho. Había dejado de usarla, al precio de renunciar a ella, renunciando a su compleja venganza. Sería más desordenado de esa manera, pero ya no le importaba. Himura tenía la culpa otra vez. Si no fuera por él, no se hubiera visto obligado a dejarla. Quizás ahora ella podría encontrar a alguien que la mereciera, alguien que no estuviera contaminado de codicia, odio y de la incesante frialdad que sentía y que siempre poseería su alma. Tomoe no sería vengada. Todo estaba mal. No hubo justicia. Pero lo había hecho para protegerla. No había contado con cometer un gran error que no entró en sus cálculos: simplemente no te puedes enamorar de la herramienta de tu venganza. Ni siquiera había considerado el amor. No había lugar en su vida para ello desde la muerte de Tomoe. Su amor había muerto con ella. Pero en algún lugar de su alma, Kaoru había encontrado una chispa de algo, y cada vez que estaba con ella se sentía feliz y al mismo tiempo asustado de perderla. En lugar de seguir viviendo en la incertidumbre, había elegido esto.
Tenía ganas de lastimar a alguien.
Tenía ganas de destrozar algo.
Se sentía vacío.
Fue por eso que todo lo que hizo al final fue llorar. Por primera vez desde que escuchó sobre la muerte de su hermana, lloró. De algún modo, era peor que si Kaoru hubiera muerto. Ella estaba tan cerca de él, pero al mismo tiempo tan lejos. Él era un tonto. ¿Cómo podía alguien tan maldito como él pensar que tendría felicidad en esta vida? Ciertamente, no fue un feliz San Valentín.
Megumi comenzó a preocuparse por Kaoru después de medio día encerrada en su habitación. A veces se asomaba dentro, pero Kaoru seguía allí, acostada en la cama sin moverse. Era aún más alarmante que no respondiera cada vez que le decía algo. Megumi habló con Sano, pero él no tenía idea de lo que pasaba. Kenshin era igual de despistado que él. No quería hablarle a Enishi, en parte porque todavía no le caía bien, pero también porque estaba segura de que él era la causa. Al día siguiente, dejó comida frente a su puerta. Kaoru bebió el agua y comió unos pocos bocados para luego volver a la cama. Aparte del hecho de que todavía funcionaba, parecía estar en estado de coma. Al final, Megumi trató de irrumpir y hacer que respondiera. Nada. Asustada, llamó a Kenshin y le contó sobre Kaoru y su estado inanimado. Kenshin acudió inmediatamente. Las cosas estaban tan mal como Megumi le había dicho. Kaoru había perdido un día de clases, pero parecía no preocuparse por todo lo que la rodeaba.
"¿Kaoru?" Kenshin se sentó en la cama junto a su forma acurrucada. "No sé qué te hizo, pero lamento no haber tenido la oportunidad de detenerlo. Desearía haber podido advertirte sobre él. Por favor, dime qué te hizo, y tal vez podamos conseguirte ayuda." Kaoru se movió un poco, cubriéndose el rostro. "Por favor, Kaoru, todos estamos preocupados por ti. Yo en especial. Lamento no haberte prestado atención antes. Creo que podría haber evitado esto. Déjame ayudarte, Kaoru." De repente, algo dentro de ella se rompió. Kaoru se sentó y se aferró a Kenshin como si fuera su último vínculo con la vida. Las lágrimas corrían por sus mejillas, y sus ojos rojos estaban hundidos, delatando su insomnio.
"¿Por qué me dejó, Kenshin?" Kaoru temblaba mientras hablaba. "¿Por qué fui tan estúpida como para entregar mi corazón? Él dijo que tú tenías las respuestas, y las necesito."
Kenshin no se había esperado eso. Había subestimado a Enishi.
"Te lo diré, Kaoru. Esto comenzó antes de que te conociera. ¿Recuerdas cuando te hablé sobre Tomoe?" Kaoru asintió. "Enishi es el hermano menor de Tomoe, y la única razón por la que vino a esta universidad es para vengarse de mí, el asesino de su querida hermana. Fuiste parte de su complot." Kaoru se apartó de Kenshin. "Sé que es difícil para ti aceptarlo, pero tengo pruebas, y si vienes conmigo te daré las respuestas que quieras."
Sorprendida e incapaz de pensar en lo que tenía que enfrentar, Kaoru hizo lo que Kenshin le pidió. Tal vez encontraría algo de paz para su mente, pero lo más probable era que su corazón se rompería aún más después de esto. Cualquiera fuera el resultado, no había forma de ignorar la oferta de Kenshin.
