¡Hola a todos mis queridos amigos!
Millones de agradecimientos por todos los bellos mensajes que me dejan, mil gracias a todos. Este nuevo capítulo contiene lenguaje obsceno y una escena algo subida de tono, disculpen si a alguien ofende.
En el capítulo anterior hay un nombre de más que no debía "Darla", en realidad es Evelyn, solo que no sé cómo corregirlo y mejor lo explico aquí. Disculpen.
Y sin más por el momento, los dejo leer. Gracias.
Capítulo 3.
La noche había sido pesada para toda la familia Hamato, en especial para Rafael, por lo que Splinter dejó el castigo prometido para temprano en la mañana y permitió que se retiraran a dormir. Todos en sus cuartos descansaban del difícil día excepto el segundo al mando, que curioso por lo tratado con el terapeuta, tomó asiento frente a la computadora y buscó la información ofrecida.
Las páginas recomendadas hablaban de la sexualidad según la ciencia, la religión y la psicología; que así como hasta ahora la ciencia no había podido demostrar cómo el cuerpo químicamente nace heterosexual, tampoco el cómo lo hace de manera bisexual u homosexual. La psicología desde hacía muchos años atrás había dejado de ver a la homosexualidad como una enfermedad y la reconoció como una orientación más de tantas que hay, y por parte de la religión; varios sacerdotes, rabinos y demás expertos en sus doctrinas, aseguraban con pruebas en las manos, que la biblia no condenaba a la homosexualidad como tal, lo que se castigaba en la antigüedad era al acto sexual sólo por adoración divina ¿Qué significa esto? Que en aquellos tiempos, varios hombres de diversos cultos, practicaban el sexo entre ellos con el fin de llegar a su dios, el acto era parte de su ceremonia religiosa. Lo que en sí se castigaba era la adoración a otras deidades, no al sexo entre hombres o entre mujeres.
Estos expertos opinaban que desgraciadamente hoy en día algunos clérigos solo se han dedicado a esparcir la palabra de dios a medias, divulgan solo lo que a sus intereses machistas convienen; condenan lo que no les gusta como la homosexualidad, la libertad sexual y la anticoncepción; en el pasado había sacerdotisas y ahora solo contadas religiones aceptan que las mujeres puedan oficiar misa. Lo que antes en la biblia se consideraba aberrante no era el amor entre miembros de un solo sexo, si no la menstruación femenina entre muchas otras cosas más, ahora se sabe que sin ella no habría concepción; el rebelde estaba tan sumergido en la lectura, que no se había dado cuenta que había recibido un mensaje, este decía.
Casey Jones ha iniciado sesión.
El quelonio de rojo se inquietó al ver que su camarada le invitaba a charlar, había olvidado que tratarían algunos asuntos del taller por chat, pero francamente no se sentía seguro de lo que pudieran escribir sus dedos sobre el teclado; así que decidió declinar la invitación.
Cerrar ventanilla ¡Clik! ¡Listo! Continuó con su investigación.
El siguiente paso en su búsqueda fue youtube, le pareció que quizás ahí habría material sobre el tema y tuvo razón. Había varios vídeos de extraños gritando y renegando como energúmenos contra los homosexuales y sus "Supuestos derechos"; decían que eran prácticamente monstruos, que conscientemente pecaban contra su dios y que al permitirles el derecho al matrimonio y la adopción, acabarían con la sociedad o algo parecido.
¿Es en serio? El adulterio y la violencia doméstica no han acabado con el matrimonio ¿Pero sí lo hará el que dos hombres se casen?— comenzó a hacer preguntas el ninja rojo sin darse cuenta.
Casey Jones ha mandado un mensaje. Se volvió a abrir la ventanilla del chat sorprendiendo a Rafael, incluso esta tenía un. — ¡Hola!— Pero el guerrero la cerró de nuevo.
Luego vio un vídeo donde extraños les reclamaban a unos chicos por estar tomados de la mano en la calle o besándose, inclusive alguien llamó a la policía y esta acudió solo para pedirles que se moderaran.
¡No inventes! He visto parejitas en el parque que casi se encueran sin importar quién las mire ¿Por qué no han mandado a la policía contra ellos?— se atrevió a dejar la pregunta en el buzón de opiniones de bajo de la descripción del vídeo.
Y lo más loco con lo que se topó en el menú, fue con el vídeo de un payaso, no un sujeto que se hace el gracioso, no, sino un verdadero payaso con maquillaje y todo, que luego de un par de estúpidos chistes, daba su opinión sobre la homosexualidad; decía que esta era una creación del hombre y no de dios, que la gente así eran producto de una violación, una malformación o una mutación, que los homosexuales eran casi casi satanás y que se la pasaban reclutando a otros, y que ni los afeminados ni los homosexuales heredarían el reino de los cielos.
¡Ay, por favor! Sí mi hermano tiene el cielo garantizado y no parece que se vaya a retractar de ser gay. — en eso.
Casey Jones ha mandado un mensaje. Insistía el pelinegro ya bastante enfadado de tanto rechazo. — ¡¿Qué sucede quelonio de agua puerca, por qué no contestas?! Me estás obligando a ir para allá. — esto último forzó a Rafael a responderle.
— Lo siento, por ahora no puedo hablar, hasta luego. — con esto los intentos del pelinegro por comunicarse cesaron por esa noche, pero estaba decidido a ir a primera hora en la mañana a casa de los muchachos para averiguar qué demonios había pasado.
Cansado de tanto internet el guerrero rojo dejó en suspensión el aparato y se fue a la cama; quería tratar de descansar, relajar la mente y dormir, pero gracias a toda la información que tenía metida en la cabeza, el sueño parecía rehusarse a acompañarle. Debía admitir que todo lo estudiado tenía algo de razón; estaba de acuerdo en que nadie, ya sea la religión o el gobierno, tenían derecho a decirle a todos cómo deben vivir su vida, y mucho menos que los manipulen con el cielo o la cárcel para que la población haga lo que estos quieran. En eso estaba de acuerdo.
De alguna manera también le agradaba la idea de la variedad, le gustaba que no hubiera reglas a la hora de pasarla bien con el sexo; pero ¿Que los hombres puedan tener intimidad con otros hombres? que se agarren sus…que se metan sus… en sus…eso francamente aún lo perturbaba mucho.
La noche se fue como agua entre los dedos del guerrero, apenas cerró los ojos para tratar de dormir y ya tocaban a su puerta para el entrenamiento de las siete de la mañana ¡No podía ser! ¡No había dormido nada! Con pereza acompañó al grupo al dojo a realizar un exhaustivo entrenamiento y el famoso castigo del día anterior, el cual esta vez se llevó en completa tranquilidad y silencio; bueno, en realidad entre susurros por parte de los más pequeños, que no paraban de comentar la facha que traía su compañero.
Después llegó el desayuno y todo el clan se reunió en la cocina; como era de esperarse, nuevamente fueron acompañados por el pesado silencio de la noche anterior. Nadie dijo mucho mientras se alimentaban, no con él al menos, el segundo al mando estaba tan sumergido en sus pensamientos que la familia prefirió darle su espacio.
De vez en cuando alguno de los muchachos miraba a donde estaba el apasionado guerrero, pero este no correspondía a nadie, la situación era triste para el mayor de los quelonios, pues tal parecía que siempre habría algo que lo alejara de él. Cuando dieron las diez de la mañana en punto, el pelinegro llegó a visitarlos con un par de paquetes bajo el brazo, uno era una especie de bolsa de plástico y el otro una enorme caja de cartón bien sellada; al primero que encontró en el recibidor fue a Leonardo, quien traía una charola con una jarra de cristal, varios platos vacíos y los restos de las flores que usó para arreglar los pequeños altares que tenía dispersos por toda la casa.
¡Buenos días Leo!— saludó el exjugador de hockey dejando su carga en el piso y así anunciando a la vez con su algarabía a todos su visita, en especial a Rafael que desde su cuarto lo alcanzó a escuchar.
¡Buenos días Casey! ¿Qué tal todo?— el ninja rojo se levantó de su cama y fue a la puerta a escuchar.
¡Bien! Traigo el correo y una caja de compras, creo que es tuya. —
¡Genial! Muchas gracias. — el chico dejó su charola en la mesa de la sala y fue a recoger su mercancía.
—¿Qué compraste?—
— En realidad es un regalo que me hizo mi padrino, son para mis amigas. — el pelinegro no lo entendió del todo y francamente no quiso preguntar.
— Oook, y… ¿Todo ha estado bien? Anoche Rafa no me quiso hablar en el chat. — esto alarmó al rebelde quelonio.
— Ayer hubo un inconveniente familiar y Rafa terminó teniendo una larga charla con el terapeuta. — explicaba Leo mientras trataba de abrir su regalo. — Supongo que al final no tendría humor de hablarte. — esto extrañó alpelinegro.
¿Y qué fue lo que pasó para que terminaran con el terapeuta?— Rafael de inmediato trató de abrir su puerta para impedir que le dijeran lo ocurrido.
— Les dije a todos que soy gay. — pero fue demasiado tarde.
¡Espera, no…!— se escuchó desde el segundo piso.
—¿Qué?— preguntó el pelinegro sin entender.
— Sí, ayer. — miró el ninja azul hacía arriba donde estaba su hermano menor. — Rafa me quitó mi celular y vio unas imágenes que según él eran porno, pero te aseguro que no lo son y...— el pelinegro estaba pálido, boquiabierto, miraba hacia arriba para que su compañero desmintiera la noticia, pero este estaba en silencio. — …Les dijo a todos, así que tuve que salir del clóset como dicen popularmente y parece que Rafa no lo tomó muy bien, por eso papá tuvo que pedir una cita de emergencia con el doctor Park ¿Y tú qué tal Casey? ¿Casey?—
— Me, repites de nuevo lo que…— pedía el rebelde aturdido.
¡Hey!— Rafa le llamó desde el barandal.
¿Eh?—
— Bueno. — la voz del primogénito llamó la atención de ambos. — Yo los dejo. — tomó la charola para llevarla a la cocina. — Supongo que tendrán mucho de qué hablar. — y dicho esto se encaminó dejándolos solos y sumergidos en un absoluto y pesado silencio; luego de un par de segundos, Casey preguntó.
— Rafa ¿Qué demonios…?—
— Ven. — ordenó el quelonio para luego dar media vuelta de regreso a su recámara. Al llegar con su amigo y cerrar la puerta tras él, el interrogatorio comenzó.
— Viejo… ¡¿Qué diablos pasó allá abajo?!— exigía saber, alarmado. — Leo…parecía muy seguro de… ¿Estaba hablando en serio?— el de rojo respondió afirmativamente con un lento movimiento de cabeza, sentado al frente de su computador. — ¡¿Él es…?!— Rafa volvió a afirmar con un movimiento de cabeza. — ¡No es cierto!—
— Ayer nos lo dijo a todos. —
¡Estás bromeando!—
— No. —
—¡ ¿Frente a Splinter?!—
— Sí. —
¡No lo puedo creer!— se llevó las manos a la cabeza. — ¡¿Y pidieron la terapia para ti y no para él?!— nuevamente el segundo al mando afirmó lo anterior en silencio. — ¡Viejo, esto es imposible!—
— Ya lo creo. —
—¡¿Cómo demonios pasó?!— Rafa solo pudo encogerse de hombros en completa señal de ignorancia. — ¿Y qué piensan hacer?
— Nada ¿Qué se puede hacer?— el pelinegro tomó asiento en la orilla de la cama para tratar de reflexionar.
¿Ya hablaron con él? Quizás solo sea confusión, parte de su problema psicológico. — se aventuró con esperanza.
No es posible; nació así, o al menos eso dijo el terapeuta. —
¡Eso no es cierto! yo tengo entendido que eso pasa cuándo te falta la figura materna o ¿Es el miedo al sexo opuesto?— trataba de recordar.
¡Eso es absurdo Casey!— le interrumpió su compañero. — Si fuera la falta de madre, los cuatro seríamos gays. —
— Y hasta yo. — admitió el muchacho. — ¿Y el miedo a las mujeres? Quizás no se sienta confiado con ellas y por eso prefiera…— no supo cómo hacerse entender. — ¿No andaba tras Karai?— el ninja rojo exhaló resignado.
¡Aahh! No, lo único que quería con ella era tener una "Linda" amistad. — Casey Jones no daba crédito a lo que escuchaba.
¡Cielos viejo! ¡¿Qué diablos hicieron mal con él?!—
¡No lo sé!— se puso de pie el quelonio escarlata para caminar de un lado a otro y apaciguar su frustración. — Me la pasé leyendo toda la noche un sinfín de páginas que hablaban sobre el tema; incluso por mi parte encontré a otros que decían que los niños más sensibles y que son rechazados de pequeños por los compañeros, los hermanos o el padre, que son inseguros y que se la pasan en soledad, son los que más se inclinan a ser homosexuales porque desarrollan un vacío interior llamado "Hambre de padre". —
— Pues suena coherente ¿No? ¿No decía de qué manera se puede arreglar?—
¡Eso no es posible Casey! No hay forma de arreglarlo y sobre lo anterior la misma regla se aplica a los cuatro, pues de alguna manera, todos hemos sentido el rechazo del padre, el rechazo de la sociedad y supongo que hay algo de sensibilidad en aquel par de enanos. — y en él mismo también aunque no lo admitiera. — Eso nos pondría a todos de nuevo en la lista gay. —
¡Demonios! y ¿Qué hay del señor V?—
¿Qué hay con él?—
¿No recuerdas que le traía unas ganas a tu hermano?— Rafael lo pensó un momento. — Ambos han viajado solos, se han quedado fuera, las cosas que le decía en africano (Y que siguen sin saber qué le decía) ¿Y si ya lo convenció?— Rafael lo vio extrañado.
¿En serio crees que eso pudo haber pasado?—
¿Qué tú no?—
¡Aayy, ya no sé qué pensar!— exclamó cansado el mutante para luego volver a su asiento. — Según internet los homofóbicos inventan todo ese tipo de cosas por miedo y falta de información, que nada de lo que dijiste es verdad. —
¿Acaso buscar una respuesta es miedo e ignorancia? ¡Es lógico que tratemos de ayudar a Leonardo! Tratar de corregir su problema. —
¿Y cómo piensas que se puede hacer eso? Porque según todos, incluido el terapeuta y muchos en internet, los equivocados somos tú y yo por reaccionar y tomar a mal esta cosa de la orientación sexual; Splinter, Don y Mikey están de acuerdo en que es natural y que Leo nació así, que nosotros estamos equivocados por pensar lo contrario. — luego de unos segundos de silencio preguntó. — ¿Qué tal si es verdad?— Jones le miró impresionado. — ¿Qué pasaría si lo que veníamos pensando todo este tiempo estuviera mal?—
¿Estás hablando en serio? ¿Estás de acuerdo en que tu hermano mayor se vuelva un lame-pitos?— el de rojo le miró con una mezcla de sorpresa, horror y rabia. — ¡Ni te enojes conmigo! Sabes que es verdad. —
¡Pero no te puedes referir así de él!— reclamó indignado. — ¡Estás hablando de mi hermano!—
¡Pero eso es lo que hacen los maricas! Lamen vergas, le huelen y chupan el hoyo a otro y…—
¡Más vale que te calles o te rompo el hocico!— advirtió furioso el ninja carmesí a su compañero ya de pie, pero este no se amedrentó.
— Así nos hemos referido a ellos todo este tiempo Rafael. — aclaró en calma el pelinegro, haciendo lo posible por no pelear con su amigo. — ¿Por qué te pones ahora en ese plan?—
¡Por que ahora estamos hablando de mi hermano!— el guerrero del asfalto aceptó.
— Está bien. — admitió y se detuvo. — Lo lamento. — ambos guardaron silencio un par de minutos para que la rabia se disipara. — Creo. — retomó la palabra el exjugador de hockey. — Creo que la culpa de todo esto, la tienen todos esos programas ingleses que ve en la TV; ahí, todos los protagonistas son gays y también los de Star Trek, creo que uno de ellos sí salió con esas mañas. — la tortuga lo miró con cansancio luego de volver a su asiento.
¿Sigues buscando una razón?—
— Tú deberías hacer lo mismo. —
— Me parece imposible. — expresaba al tiempo que se tallaba la cara. — ¿En serio no crees que esto sea natural? ¿Qué nosotros estamos mal con respecto a ellos y que no tienen nada de malo?- preguntaba casi rogando por una respuesta satisfactoria.
— No lo sé. — expresó Jones a la vez que se rascaba la cabeza. — Yo en lo personal no me gustaría compartir los vestidores y mucho menos los baños y las duchas con uno de ellos, digo ¡No voy a permitir que me estén espiando!— este comentario le hizo gracia al quelonio.
¡Ay, por favor! No sé qué tan necesitados estén esos sujetos, pero Leo por su parte no haría eso. —
¡¿En serio?! ¡Viejo! Él es un ninja, es "El" maestro ninja ¿Cómo sabes si no te ha espiado ya varias veces?—
¡Porque estamos hablando de Leonardo! Por eso, porque él jamás haría algo así. —
— Pues sí, pero también debes admitir que ahora que está medicado y está mejor debe tener sus apetitos al 100, quiero decir, ya no son unos adolescentes, pero igual debe estar que arde de curiosidad por ver otros…- señaló con la mirada la parte baja del ninja rojo.- ¡¿Acaso tú no lo hiciste cuando estuvo viviendo Abril con ustedes?!— reclamó el pelinegro como si una respuesta negativa a su pregunta, fuera una afrenta a la masculinidad del quelonio.
¡Claro que lo hice!— admitía Rafa con orgullo. — Y aquel par de mensos también lo hicieron. —
¡¿En serio?!— pedía saber entre divertido y sorprendido a la vez el pelinegro. — ¿Qué pasó?—
— Yo. — sonrió divertido el de rojo. — Llegué a verlos un par de veces rondando por separado cerca del baño cuando...— de pronto algo se encendió en su cerebro. — ¡Por todos los cielos! ¡¿Te diste cuenta de lo mismo que yo?!— el exjugador no entendió.
¿A qué te refieres?—
— A que estamos aprobando y prácticamente celebrando una mala conducta sólo porque se trata de chicos viendo sin permiso a una chica desnuda, pero reprochamos que alguien gay esté en un lugar con gente de su mismo género, solo porque podría estar mirándolos lascivamente, cuando eso ni siquiera podría llegar a suceder. — reconocía. — Estamos celebrando el que espiáramos a Abril ¿Pero castigamos el que Leonardo llegue a hacer lo mismo? No puedes negar que eso es retorcido. —
— Sigo sin comprender tu punto. —
¡Por favor! Te estoy diciendo que la homosexualidad en sí, no está mal ¡Que los malos somos nosotros! Nuestra forma de pensar. —
¿Dices que aceptas que Leo practique…esas cosas?—
— Admito que me sigue disgustando la idea, pero no por eso debe estar mal, por ejemplo, yo quisiera lamerle la concha a una chica, y eso de seguro para ellos es asqueroso ¡Para ellos yo soy el que tiene problemas! ¡Y para mi ellos son los confundidos! ¡¿No es eso loco?!—
— Creo que tú estás loco. —
— Admito que cerebralmente ya no doy más y que el asunto del sexo entre hombres de plano no me entra, pero acepto las diferencias; eso al menos es un gran paso para la reconciliación con mi hermano ¿No te parece?— el pelinegro le miraba extrañado. — No acepto del todo su estilo de vida, pero lo acepto a él, eso es lo que importa ¿No crees?—
— Creo que ya estás loco, y sin duda apoyo eso de recuperar la relación entre hermanos. — Rafael sonrió satisfecho. — Pero…debes admitir que las cosas no van a ser como antes. —
¿Qué quieres decir?—
— Que ya no habrá la misma intimidad con él. — el de rojo lo vio confundido. — Ya no podrás entrar y compartir el baño como antes, ya no podrán vestirse en el mismo cuarto, ya no podrán ir al mingitorio juntos cuando estén en la calle; te expones a que te lo vea si no es que ya te lo vio ¡Y no solo a ti! Quizás también a los demás. — por estos comentarios el segundo al mando le dedicó una mirada de enfado.
— Ya veré que hacer con esos pequeños detalles. — el chico de melena negra no le pareció que la palabra "Pequeños" estuviera bien aplicada. — Por ahora lo que importa es que nos llevemos bien. —
— Cierto. — le dio la razón Jones, a pesar de tener la sensación de querer darle también su más sentido pésame, como si en realidad hubiera perdido a un hermano.
Con la firme idea de que sin importar las enormes diferencias que se presentaban con la ahora orientación sexual de su hermano mayor e ignorando las supuestas verdades que su mejor amigo dijo al respecto de los homosexuales; Rafael salió de su habitación con la firme idea de hacer las paces con Leonardo, pues el que sea gay no lo hacía afeminado ¡Dios! Rogaba con ganas el de rojo para que en el futuro Leo no se volviera amanerado.
Decidido y con una media sonrisa en su tenso rostro, bajó al primer piso seguido de lejos por Casey Jones, para ir a la sala donde escuchaba que estaba toda la familia; al parecer habían visto el contenido de la caja de regalo y también el terminado de la famosa página web.
¡Y listo!— finalizaba la demostración Donnie. — Aquí puedes hacer cita para los vídeos chats y por acá está la galería de productos que vas a vender. —
¡Increíble!— expresaba Splinter mirando sobre el hombro de su niño genio. — Me encanta el fondo negro con pequeñas y brillantes estrellas, junto a los tonos azul celeste con blanco de las letras. —
¡Gracias sensei!—
¿Y lo hiciste todo anoche?— preguntaba el mayor.
¡Sip! Fue muy fácil. —
¡Súper!— opinaba Mikey cuando.
— Leo. — la familia se giró para encontrarse con Rafa y Jones que apenas iba bajando de la escalera detrás de él. — Quiero decirte que yo… ¡¿Qué diablos es eso?!— señalaba rumbo a uno de los sofás individuales.
¡¿No son hermosas?! Mi padrino las compró para mi ¿Te gustan?—
¡¿Qué demonios?!—
¡Cielos santo!— se escuchaba de parte de Casey, que también logró percatarse de las 5 muñecas de porcelana de un metro de alto cada una; nada que ver con las figuras clásicas antiguas tipo niñas, estas tenían ojos grandes y cabello de colores al estilo japonés, era articuladas y vestían de manera gótica.
¡¿Para qué quieres eso?!— exigió saber el segundo.
— Son recipientes para mis espíritus guardianes. — explicaba el mayor. — Así tendrán dónde descansar y quizás mi habitación no esté tan fría, lo dudo, pero con un poco de suerte. — el rebelde quelonio no les quitaba los ojos de encima.
¿Y dónde se quedarán cuando estén dentro o fuera de ellas?—
— En mi recámara ¿Dónde más esperabas que estuvieran?—
¡¿Estás diciendo que tendrás muñecas en tú habitación?!—
¿Hay algún problema con eso Rafael?— preguntó esta vez Splinter, notando claramente que echaba un vistazo a dónde su amigo estaba, como si temiera su juicio.
— Es que yo…— no sabía cómo explicarse que sí lo había, cuando.
¿Querías decirme algo Rafael?— Leonardo le salvó.
— Yo…— luego de unos segundos reaccionó. — Yo quería decirte que, siento haber sido grosero ayer y, que a pesar de no estar de acuerdo con tu decisión. — trataba de explicarse. — Yo, te, quiero y sigues, siendo mi hermano. — las miradas de los quelonios y del roedor iban de uno a otro como si compartieran por ellas sus opiniones.
¿Sabes Rafa?— respondió al fin Leonardo con cariño. — En eso tenemos algo en común. —
¿Eh?—
— Yo tampoco estoy de acuerdo con tu estilo de vida, pero te quiero y sigues siendo mi pequeño hermanito. — Rafael sonrió más tranquilo.
— Lamento lo ocurrido y te prometo que…—
¡NO!— lo frenó de inmediato el mayor, para sorpresa de todos los presentes.
¿Qué sucede?—
— No te atrevas a hacerlo de nuevo Rafael. — ordenaba de manera firme y seria. —Ya no. —
¿Pero de qué…?—
— No permitiré que me hagas otra promesa, ni a mí ni a nadie más. —
— No entiendo. — el mayor tomó al chico de los hombros.
— Rafa, quiero que sepas que yo te amo. —
¡¿Eeeeh?!—
¡Cómo hermano! No te hagas ilusiones. — aclaró para alivio de ese par de machistas. — Hermanito te quiero, pero no puedes cumplir una promesa. —
¡¿Cómo te atreves?!—
— No me lo tomes a mal, sé que no ha sido tu intención haber fallado antes, pero no puedes respetar tu palabra. — todos estaban sorprendidos. — Sé que no lo haces por maldad, de echo culpo por completo a tu juventud. — el chico estaba impresionado. — Eres joven, te comprometes tan a la ligera, que no te importa si al final lo logras o no; admito que quizás haya sido mi culpa por permitir que te salieras con la tuya cada vez que no concluías un acuerdo; lo siento, pero simplemente no estás preparado para comprometerte. —
¡Eso no es cierto!— reclamó indignado el guerrero rojo, hasta que le recordaron.
¿Ya olvidaste lo que me dijiste cuando te quedaste a escuchar mi clase de canto?— Rafael palideció. — Dijiste que harías lo que fuera necesario para ganarte mi confianza y poder revelar todos nuestros secretos sin miedo a nada. — todas las miradas se dirigieron al segundo al mando. — Dijiste que castigarías al que no cumpliera una promesa y que querías que me abriera no solo a nivel musical sino también personal. —
— Leo yo…—
— Y ayer me fallaste de nuevo. — esto último lo dijo con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. — Sé que no fue tu intención y que no quisiste lastimarme. — consiguió controlarse. — Pero no tienes la madurez para cumplir lo que dices, así que por favor no continúes haciéndolo. —
— Pero yo en verdad quiero cumplir lo que prometo. —
¡Y lo harás! Algún día, y cuando así sea estaré muy orgulloso de ti, pero por ahora te pido que te detengas y pienses muy bien si puedes comprometerte o no. —
— Pero Leo…— el viejo roedor llegó por detrás de su segundo hijo.
— Rafael. — el chico se giró para atenderlo. — No tomes a mal lo que te ha dicho tu hermano; es una importante lección para ti, te da la oportunidad de corregirte. —
— Lo comprendo sensei. — interrumpió el menor. — Y en verdad lamento haber vuelto a fallar. — el joven líder estaba muy apenado.
— Rafael yo…—
— No tienes que decirme nada más Leo, lo comprendo. — admitió Rafa avergonzado. — No me di cuenta cómo llegué hasta aquí, en verdad lo lamento, te prome…— se corrigió a tiempo. —Te demostraré que aprendí esta lección. — Leo sonrió con tristeza.
— Gracias. — la tensión que se formó fue demasiado pesada para todos, por lo que Miguel Ángel trató de aminorarla.
— Donnie terminó anoche la página web de Leo ¿Quieren verla?—
— Sí…claro. —aceptaron los dos rebeldes.
Tanto el pelinegro como el ninja de bandana roja prestaron atención al trabajo del niño genio, al menos uno más que el otro; pues Rafael no podía creer lo que había hecho, había fallado de nuevo, ya no habrían más oportunidades con Leonardo; las había agotado todas, se sentía fatal, siempre había sido perdonado ¿Y ahora? ¿Cómo podría reparar su error? No le gustaba la idea de quedar ante los ojos de la familia y ante su propio hermano mayor y líder, como un mocoso irresponsable sin la más mínima idea de lo que es el respeto y el honor. Tenía que demostrar lo contrario y tenía que hacerlo ahora ¿Pero cómo?
Debido a las muchas obligaciones de cada uno, tanto Casey como el resto de la familia Hamato debían regresar a sus propias ocupaciones. Rafael y los muchachos estaban seguros que la primera parada del pelinegro sería el departamento de Abril para contarle todo sobre la noticia que le dio Leo. Lo más probable es que esa misma noche tendrían presente a la pelirroja en su casa. Los quelonios debían tomar algunas clases con Splinter y Leo las propias con su abuelo, a la hora de la comida, la familia trató de recobrar su acostumbrado ritmo de vida.
— Y en esa página de internet ¿Tendrás que dar la cara en vídeo?— preguntaba el roedor a su hijo mayor.
— Pues sí. —
¿Y qué vas a utilizar para ocultar tú identidad?— Leo comenzó a pensarlo.
— Y también ¿Qué nombre usarás?— agregó Mikey a la lista. — Porque al tener ropa nueva deberás tener también otra identidad ¿No es así?— esto se ponía difícil.
— La verdad no creí que fuera a ser tan complicado, no se me ocurre nada. —
¡Yo te busco el nombre!— ofrecía el pequeño de naranja. — Veamos ¿Cuál te pondré?— todos le miraban interesados. — Mmm ¿Qué tal…Merlín? No, ese ya está ocupado ¿Y Gandalf? No, ese también. — y así continuó buscando entre varios alias ya ocupados bajo la mirada escéptica del resto del clan.
— Yo que tú trataba de encontrar algo antes que él. — sugirió Donatello al mayor.
¿Y por qué no utilizas solo algunas letras de tú nombre?— aconsejaba Splinter, pero su hijo no alcanzaba a comprender por culpa de su problema con las letras. — Podrías utilizar una de las mitades, como Leon o Nardo. —
¡¿Nardo?!— cuestionó indignado el ninja rojo. — ¡¿Acaso no es eso una flor?!—
— Ahm…sí ¿Por qué?— respondió Donatello mirándole fijamente.
¡¿Qué por qué?!—
¡Rafael!— le llamó su padre en un tono de advertencia. — Compórtate. — el chico miró a todos lados, dándose cuenta, que era el blanco de severas miradas por parte de todos en la cocina.
— Aahh sí, yo…lo siento. — unos segundos después de tan abrupto incidente, continuó la charla.
— Bien…— tomó la palabra Migue. — Si usáramos "Nardo" y se presentara como mago, entonces se llamaría "Magonardo" ¿Qué les parece?— todos le miraron con horror. — ¿No suena genial?—
¡¿Estás loco?!— le reclamó Rafa.
— Prefiero las primeras cuatro letras del nombre. — opinó Donnie. — Pero con acento "León". —
— Eso ya está mejor. — apoyó el rebelde. — Suena fuerte. — Mikey lo pensó un momento.
— Pero "Magoleón" suena raro ¿No creen?—
¡Iría sin el "Mago"!— le informó el genio.
— Podría ser en japonés. — sugirió el roedor. — "Raion" (León). — el chico de azul lo pensó un momento.
— Raion… ¡Me gusta!— aceptó contento.
¿Y qué llevarías puesto?— trató Rafael de aportar algo a la conversación. — ¿Sólo un traje negro de ninja?—
— Estaba pensando en algo parecido a lo que David Tennat usó en "Noche de miedo" una especie de gabardina negra. — la familia se le quedó viendo con curiosidad.
¿Usarás una gabardina de piel?—
— No necesita ser de piel. — explicaba el mayor al genio. — Podemos usar alguna otra tela más flexible y que luzca bien. —
— Podría incluir una capucha, para que te cubra el rostro. — agregaba Mikey de acuerdo con la idea.- ¡Te verás impresionante!— Leo agradeció con una sonrisa el cumplido.
— Bueno. — intervino Don. — Le pediré a Abril que la consiga para tomarte una foto y subirla a la página junto con el nombre. —
¡Al fin será dada de alta! ¿No es emocionante Leo?— pedía saber el menor.
¡Cielos!— exclamó el mayor un poco nervioso y entusiasmado a la vez. — Sí, es muy emocionante. —
El resto de la tarde estuvo llena de lecciones de japonés e historia del clan Hamato para los más jóvenes y trabajo en el cuarto blanco para Leonardo. Como bien habían dicho, en la noche llegó Abril, Casey le había contado todo lo ocurrido en la mañana, solo algunas cosillas, no iba a divulgar toda su charla con Rafael.
¡Hola! ¡Ya vine!— anunció la pelirroja alrededor de las 8 de la noche, cargando varias bolsas de papel y al menos unas cuatro cajas de pizza.
¡Pizza, pizza, pizza, pizza!— gritaba Miguel Ángel corriendo a toda velocidad a donde estaba su querida amiga y tomando las cajas de comida de sus brazos.
¡Abril, Abril, Abril, Abril!— le respondió la chica fingiendo la misma algarabía. — ¿Cuándo me vas a recibir a mí con ese mismo gusto Mikey?— preguntó divertida.
¡Vamos! Sabes que se te quiere. —
— Lo sé. — en ese momento llegaban Don y Leo.
¡Abril, hola!— saludaba el genio ayudándola con las bolsas.
¡Hola Don! Aquí tienes lo que me pediste. —
— Gracias. —
— Hola Abril. — saludó el mayor con su acostumbrado retraimiento.
¡Leo!— la chica fue a abrazarlo. — ¡Leo! Ya me dijeron. — lo apapachaba. — ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?—
¡Claro que estoy bien! Solo dije que soy gay, no que tenga cáncer. — la joven sonrió apenada.
¡Lo sé! Lo siento, no quise sonar tonta, es solo que supe que hubo quienes, no…no lo tomaron tan bien como debería ser y quería preguntar ¿Cómo te sientes al respecto?— el semblante que puso el niño al respecto lo decía todo.
— Admito que el haberme quedado callado me ha cruzado por la cabeza. —
¡Leo!— exclamó el genio.
¿Por qué?— le apoyó el menor.
— Porque no quería que pasara lo de ayer con Rafael, se puso como loco y aún me mira como si me fuera a transformar en cualquier momento, en algo extraño multicolor y lleno de flores; además. — lo pensó un momento. — Aún tendría una oportunidad de cumplir su palabra conmigo. —
— De eso no tienes la culpa Leo. — opinó Abril dejando en claro que su compañero de ciencias no solo le había hablado de ropa. — Ya es hora de que Rafael aprenda a ser responsable y corrija sus errores. —
— Es cierto. — le apoyó Don. — Ya es hora de que madure. —
— Lo sé, pero ¿Cómo hago para que deje de verme como un bicho raro?—
— Dale tiempo, ya se dará cuenta que está en un error. —
¿No será cierto eso que dicen que los que más miedo o censura tienen a la homosexualidad, son en realidad homosexuales de closet?— la pregunta de Abril fue recibida con varias risas divertidas.
¡Jajajajaja! ¡¿Rafael gay?!— se mofaba el pequeño. — ¡No, no lo creo! Rafa no podría. —
¡Estoy con Mikey!— apoyaba Don. — Tanto él como Casey, presumen mucho su hombría, sí, pero no es una regla escrita en piedra, ellos son heterosexuales. —
— Pues más le vale a Jones salirme hetero, porque yo no soy tapadera de nadie. — los chicos se echaron a reír con el comentario de Abril. — Admito que se vale experimentar, pero eso es cuando eres soltero, no cuando ya estás comprometido. —
¡Es cierto, es cierto!— le apoyaban los quelonios mientras revisaban las bolsas y sacaban de una de ellas, la famosa gabardina con capucha color negro y gran vuelo en la parte inferior.
¡Wow Abril! ¡Es preciosa!— celebraba Leo al tiempo que se la ponía.
— Se parece a la de Neo (The Matrix) solo que esta tiene cuello en V. —
— También la puedes cerrar por completo, tiene esa opción. — presumía la chica demostrando lo dicho al cerrarla sobre el cuerpo de Leo.
— Es hermosa ¡Gracias!—
— Al contrario, gracias a ti, pues tú amuleto navideño me ha traído mucho trabajo. —
¡¿En serio?!—
¡Sí! A cada rato me llegan ventas. —
¡Qué bueno!— celebraba Leo.
— Al menos los amuletos se te venderán bien. — opinaba el niño genio con la clara misión de molestar a su hermano mayor, y lo logró, pues de inmediato Leo lo tomó por la bandana y la hizo girar para dejarle el nudo al frente del rostro. El niño de morado rio divertido.
— Y por cierto ¿En dónde está Rafael?— quería saber la pelirroja mirando a todos lados. — ¿No vendrá a cenar?—
— Debe estar metido en su cuarto tomando una siesta. — informaba Mikey con una rebanada de pizza ya en la mano.
— Parece que no durmió nada anoche. — agregó Don mirando las otras cajas.
— Iré por él. — anunció Leo. — Ustedes llamen a papá, está meditando en el dojo. —
— Está bien. — aceptó Don que de inmediato se fue con Abril, ella caminó rumbo a la cocina por platos y bebidas, mientras su compañero buscaba a su maestro. Ya en el segundo piso, Leonardo llegaba a la habitación de su hermano; estaba encantado con su ropa nueva y quería que Rafa le diera su opinión. Ya frente a su puerta tocó y le llamó varias veces.
¡Toc, toc, toc! ¡Rafa! ¡Rafa, despierta! Abril está aquí y trajo la cena. — al no recibir respuesta el primogénito abrió y entró sin permiso, encontrando el motivo por el que su segundo al mando no le había respondido. Rafael estaba en su cama con los audífonos puestos y juzgando por los fuertes movimientos que se daba él mismo entre las piernas, estaba mirando algo muy intenso en su Tablet; Leonardo llegó hasta el frente de su cama con curiosidad y le llamó. — ¡Rafael!— el susto que se llevó el segundo fue colosal.
¡ ¿QUÉ DIABLOS HACES AQUÍ?!— gritó al tiempo que se tapaba con una almohada. — ¡¿POR QUÉ NO TOCASTE A LA PUERTA?!—
— Si lo hice. — respondió el joven líder sin inmutarse ni avergonzarse del incidente. — Creí que estabas dormido y por eso entré ¿Quieres que te ayude?—
¡ ¿QUÉÉÉÉÉ?!—
¡Sí!— tomó asiento el mayor junto a su hermano. — ¿No quieres probar algo diferente?— comenzó a retirarle la almohada. — Debe ser muy aburrido hacerlo solo siempre; podemos ayudarnos. — Rafael lo impidió.
¿De qué demonios estás hablando?— Leo sonrió.
— Sé que estás cansado de ser virgen, y yo quiero probar a un hombre de verdad; no hace falta que te lo explique ¿O sí?— preguntó de manera insinuante a la vez que metía la mano debajo de la almohada y apresaba con lujuria el miembro de su hermano. — Es grande. — alabó con una pícara sonrisa en su rostro y su mirada. — Creo que me dolerá cuando la metas completa. —
— No estés jugando. — pedía el quelonio escarlata con la cara roja y la voz entrecortada por la excitación.
¡Rafa!— jadeó Leo al tiempo que se agachaba para probar el sabor de su hermano. — ¡Rafa! ¡Rafa! ¡Rafa despierta!— el guerrero carmesí despertó de golpe y mirando a todos los rincones de su habitación, estaba solo. — ¡Rafa!— miró rumbo a la puerta. — ¡La cena ya está lista!—
¡Ya, ya, voy!— apenas pudo contestar lleno de vergüenza, pues cierta parte de su entrepierna le dejaba muy en claro lo bien que se la estaba pasando. — ¡Ya voy!—
¡Está bien!— gritó afuera Leonardo, para luego irse con calma al primer piso; en el camino comenzó a desabrocharse la gabardina, estaba acalorado y con la cara sonrojada. — ¡Cielos! Quizás debería buscar algo menos caluroso. —
Confiado en que esa era la causa de su alta temperatura, el guerrero de añil se retiró en busca del resto del grupo, sin querer saber más de lo ocurrido hacía rato y sin tampoco hacer caso a la sonrisa cómplice de su querido abuelo, que bien sabía que la empatía era una completa desgraciada.
Fin del capítulo 3.
