Antes que nada…
¡Pido millones de disculpas por mi tardanza!
No crean que ya estoy cayendo en mis viejas costumbres de tardar meses y meses en actualizar, no quiero volver a pasar tanto tiempo en subir un nuevo capítulo, pero, sí, hay un pero…pero es que esta vez sí que tuvimos a nivel familiar varias mortificaciones, en las que desgraciadamente aún me encuentro sumergida. Lo siento, en verdad, pero trataré de actualizar lo antes posible.
Mil gracias a todos por el apoyo recibido en sus bellos reviews, espero seguir contando con ustedes y que ésta loca aventura siga siendo de su agrado. Besos y abrazos para todos. Y sin más que decir…
Qué comience el show.
Capítulo 4.
Lo que ocurrió en el segundo piso, esa excitante y embriagadora sensación, no era algo que Leonardo no supiera bien de qué se trataba; por lo que estaba apenado, había llegado a interrumpir a Rafael en un momento muy íntimo. Era la primera vez que le había pasado, el conectarse de esa manera con uno de sus hermanos. Cuando bajaba al primer piso, comenzó a desabrocharse los primeros botones de su nueva gabardina, mientras lo hacía, escuchaba las risitas burlonas de su abuelo a su espalda.
¿Por qué no me dijiste que estaba "ocupado"?— reclamó el ninja al espíritu de su abuelo, el cuál sonreía con picardía.
Porque si te lo decía, no habría sido tan divertido. — el chico lo miró molesto.
¿Divertido? ¡¿Divertido?! ¡¿Fue horrible?! ¡Yo me sentí…!— no hacía falta una explicación. — No tenía idea de que se estaba…
¿Masturbando?— el ninja de azul lo miro todo sonrojado y molesto. — No, no lo estaba, Rafael solo estaba dormido; tenía un sueño húmedo. — aclaró.
¿Un sueño húmedo? ¿Acaso también voy a sentir "Eso" de parte de mis hermanos?
Eso me temo, eres una antena viviente. — le recordó. — Así que sí, puedes sentir todo lo que les pasa a los demás. — Leo le miraba horrorizado.
¡Me voy a volver loco! ¿Qué tal si cada uno tiene un sueño así, cada uno un día diferente del otro?— Yoshi sonrió.
Pues me parece que tendrías una semana estupenda ¡Ja, ja, ja!— a su nieto no le pareció divertido. — ¡Vamos! No te preocupes, ya estamos trabajando para evitar que esto vuelva a pasar.
¡Por dios, qué vergüenza!
Relájate, no pasó nada malo.
¡¿Nada malo?! Sabes cómo ha estado Rafa últimamente ¡Creerá que lo estuve espiando!— lejos de conseguir un poco de apoyo y consuelo, el espíritu volvió a reír a carcajadas. — ¡No te rías!
Leonardo. — le llamó la atención Splinter casi al frente de este; Leo no se había dado cuenta que ya estaba en el último escalón del primer piso. — ¿Qué ocurre?
¿A quién le estás gritando?— preguntaba también Abril mirando a ambos lados del muchacho que estaba solo.
Aahhmm, yo…discutía… con… el abuelo. — revelaba apenado.
¿Por qué?— pedía saber Splinter.
Es que, no se toma nada en serio. — esto extrañó al anciano.
¿Ah sí?— Leo respondió con un movimiento afirmativo de cabeza. — Qué bien, luego me cuentas qué te ha estado haciendo, ahora vamos todos a cenar ¿Ya viene Rafael?
Sí, ya, no tarda.
De acuerdo, toma. — el roedor le entregó unos zapatos negros estilo ninja y unos guantes del mismo color. — Te servirán para tu nueva identidad.
Gracias.
¡Wow!— se escuchó por parte de Migue. — ¡Te verás increíble, Leo!— el susodicho agradeció con una sonrisa.
¿No creen que haga falta una máscara?— preguntó Abril.
¿Una máscara?
¿Por qué lo dices?— preguntaron Splinter y Mikey respectivamente.
Es solo por si la capucha fallara. — respondía al ninja morado.
Es una buena idea.
Recuerdo que en uno de mis baúles había una máscara negra de demonio. — revelaba Yoshi a Leo. — Podrías usarla.
¿En serio?— todos miraron curiosos al mayor de los quelonios. — El abuelo dice que tiene una máscara en un baúl, una de demonio. — Splinter recordó.
Sé dónde está. — y de inmediato se giró para ir a buscarla, pero antes de retirarse pudo ver junto al resto de la familia, cómo su hijo Rafael salía de su habitación envuelto de pies a cabeza, en una bata de tela de toalla blanca y corría hasta el cuarto de Leonardo, pero al no poder abrir su puerta, tuvo que dar media vuelta y bajar por las escaleras al del primer piso, pero de pronto, se congeló unos segundos al verse observado; por lo que en silencio y sin dejar de mirar a nadie, avanzó rumbo al baño y se encerró.
¿Y eso qué fue?
No tengo idea,
Miguelón.
Mientras Rafael tomaba un merecido baño, Splinter trajo el último aditamento que faltaba para la imagen del houngans Raion; una bella máscara de demonio en color negro, con un delicado delineado color dorado y un par de cuernos d centímetros de alto, además de una nariz, digamos normal, ni larga como lápiz ni enorme como albóndiga. La mueca que tenía a modo de sonrisa era la clásica del estilo japonés que dejaba ver sus enormes colmillos y además del característico ceño fruncido.
¡Es hermosa!
La compré en una fiesta que hicieron en el templo. — presumía Yoshi.
Creo que te da estilo. — opinaba Abril.
Deberíamos iniciar con la sesión de fotos. — opinaba Donnie. — Ya estás vestido y en lo que llega Rafa. — todos estuvieron de acuerdo, dando inicio a la sesión fotográfica, cada uno sugiriendo diferentes posturas a Raion, hasta que el pequeño exclamó.
¡Al fin llegas Rafa!— toda la familia vio que Rafael por fin había salido del baño y se unía para el final de la sesión, pero en completo silencio y sin hacer contacto visual con nadie.
¿Desde cuándo te bañas antes de cenar?— molestaba el menor.
¡No te interesa!
Pues a mí me interesa saber. — intervino Splinter. — ¿Por qué intentaste entrar al cuarto de tu hermano?— el roedor bien sabía el por qué, pero igual deseaba una explicación.
Aahhmm yo…—
Sabes perfectamente que tienen prohibido usar ese baño sin permiso ¿Por qué no bajaste de inmediato al tuyo?
Porque…— obviamente no podía decirlo. — Pensé que sería más fácil si iba al otro, no lo volveré a hacer. — Splinter aceptó.
Bien, ahora vamos a cenar.
¡Sííí!— Leo no pudo evitar sentir pena por su hermano, incluso le habría gustado decir que podían usar sus cosas cuando las necesitaran, pero a la larga esa siempre era una mala idea, por lo que mejor guardó silencio.
Al fin la familia tomó asiento en la sala y comenzaron a cenar frente al televisor, mientras se repartían la pizza, charlaban sobre cómo les había ido en el día. Cada uno habló sobre sus respectivos trabajos, las sesiones con el doctor Park, y además la pelirroja, aprovechó para preguntar al mayor.
Y Leo, dime, exactamente ¿Cómo te gustan los chicos?— al escuchar la pregunta, el primogénito escupió el agua que bebía para no ahogarse.
¡¿Qué?!— preguntó con poca voz y con las mejillas rojas.
¡Sí! ¿Cómo son los chicos que más te atraen? ¿Los prefieres altos y musculosos, bajitos y bien cuidados o algo gorditos?— las risas burlonas por parte de los dos ninjas más jóvenes al ver al mayor todo sonrojado y sin saber qué contestar, inundaron la estancia.
¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!
¡Yo, no lo sé!— respondía el de azul con una sonrisa.
¡Claro que sabes!— exclamó Don con el fin de molestar a Leonardo.
Claro que no. — reía divertido.
¡Claro que sí!—les siguió el de naranja. — Ahora dinos cómo te gustan. — Leo comenzó a pensarlo.
Yo, no estoy seguro. — los tres curiosos iban a insistir, cuando.
Eso no es posible.
¡¿Papá?!— ahora el roedor era el centro de todas las miradas; una menos divertida que las otras.
¡¿Qué?! Solo señalé lo obvio, además, yo también quiero saber el tipo de hombres que hacen suspirar a mi primogénito. — estás palabras animaron al mayor a revelar sus gustos, cuando.
¡Aasshh! ¿Podríamos hablar de otra cosa?— interrumpió Rafael claramente incómodo. — No me parece que ese sea un tema apropiado para la cena. — la mayoría guardó silencio.
¡Uuyy, disculpa! ¿De qué le gustaría hablar al señor?— preguntó O'neil en tono burlón, bajo la mirada del resto del clan.
De cualquier otra cosa más agradable. — el silencio se hizo en el lugar.
¿Y qué tenía de malo el tema anterior?- preguntaba el menor sin que le hicieran caso.
Bien. — volvió a tomar la palabra Abril. — Entonces escojamos una película. — todos estuvieron de acuerdo.
¡Una de súper héroes!— gritó Mikey. — Como Batman o el soldado del invierno. —
¿No tienes esa donde sale Wolverine de la cama sin nada puesto?— luego dio un codazo a Leo para que se volviera su cómplice. — Esa nos gusta. — el chico de azul no pudo evitar sonreír ante lo dicho, cuando de nuevo.
Mejor veamos televisión. — interrumpió de nuevo Rafael, volviendo el ambiente pesado e incómodo; era evidente que aún tenía cierta incomodidad hacía el tema homosexual, por lo que Don, para evitar problemas, propuso lo siguiente.
Y… ¿Sí empezamos a elegir las fotos para la página web?— de inmediato encendió su laptop y conectó su cámara digital reconstruida para descargar el material. — Al fin daremos de alta la página y veremos si consigues clientes. — como nadie dijo lo contrario, continuó trabajando bajo la mirada curiosa de Migue y Abril.
Mientras miraban la pantalla de la computadora, Leonardo observaba de reojo a su primer hermano menor, mientras una gama muy variada de sentimientos explotaban en su interior; estaba molesto, triste, decepcionado y avergonzado a la vez con Rafael. El rechazo de hace rato, quería enfrentarlo de nuevo frente a todos y preguntarle el porqué de su actitud, pero al parecer, era en vano, obviamente Rafael no lo iba a aceptar nunca, por una razón u otra siempre estaría peleando con él; por lo que, quizás...
Oye Leo. — le llamaron sin que este prestara atención. — Leo. — le llamaron por cuarta vez. — ¡Leo!— quinta.
¡¿Eh, qué sucede?!
¿Estás bien?
Sí… ¿Por qué?
Porque te estamos hablando desde hace rato y tú no contestas. — Leo vio que todos lo observaban extrañados, pues había iniciado una polémica discusión sobre sus fotografías y él ni siquiera estaba al tanto.
Lo siento ¿Qué sucede?
Hay una mancha de luz en tus fotos.
¿Una qué?
Una mancha de luz, mira. — Abril le mostró las fotos de la sesión al tiempo que le hacía un lugar frente a la laptop. — Tomamos un par extra a ti, a Splinter y a Mikey para ver si la cámara de Donnie tenía el problema, pero no fue así, todos los demás salen bien…excepto tú. — al terminar de explicar, Don mostró a Leo una par de imágenes tomadas hacía unos minutos completamente normales; el maestro Splinter miraba al frente y Mikey hacía lo mismo, solo que este mostraba los dedos en señal de victoria, ambas con perfecta iluminación y en un escenario totalmente normal.
Y las que te tomamos distraído. — señalaba Don. — Salieron igual que las de la página, pero lo curioso es que la luz esa, sale en distintas posiciones, como sobre tú hombro derecho, o a tu lado izquierdo, o casi borrando tú rostro. Leonardo prestó mayor atención a esa iluminación en forma de estrella.
Creo. — exclamó mientras la analizaba. — Creo que es, el abuelo.
¡ ¿Quééééé?!
¡¿Es en serio?!
Sí, creo que se trata del abuelo, él siempre ha estaba a mi lado. — luego el chico miró hacía su costado, en un punto vacío y sonrió. — No sabíamos que podía pasar esto. — luego afirmó algo que solo él pudo escuchar y finalizó. — No sabíamos que saldría en las fotos ¿Debemos repetirlas?— todos estaban impresionados; Don lo pensó un momento.
Aahhmm, no lo creo, yo creo, me parece que aporta algo a la imagen, podríamos dejarlas así ¿Qué opinan?
Estoy de acuerdo. — el resto opinó igual que Mikey.
Qué bueno, porque no tenía ganas de repetir la sesión. — dicho esto se regresó a su asiento y retomó el pedazo de pizza que se suponía estaba cenando. Obviamente lo ocurrido con Rafael había molestado al primogénito, por lo que Donnie y el pequeño pecoso continuaron con la pesada misión de sacar a delante la reunión familiar.
¿Qué tal si vemos Juventud paranormal?— propuso el ninja naranja.
¿El qué?
Juventud paranormal. — respondió el de morado a su amiga. — Es un programa de cinco supuestos investigadores paranormales que ayudan a los que tienen problemas o investigan por su cuenta leyendas urbanas.
Creí que ya no les gustaban ese tipo de series. — señalaba O'neil. — Ya sabe, por culpa de...
¡Son puras mentiras!— opinaba Rafa. — Hay una tipa de cabello de colores en el grupo y se dice psíquica, a cada rato le pregunta a los clientes si al pariente muerto le gustaba esto, si usaba esto otro, si acostumbraba llamarte de esta otra forma ¿Acaso no lo tienes en frente y te está hablando? ¡¿Entonces para qué me preguntas a mí?!— el de rojo consiguió que la familia riera con su crítica. — ¡Por favor! Ok, la chica está buena, no ardiente, aceptable; pero igual es una completa estafa. — este comentario no pasó inadvertido.
Es cierto. — admitió el menor riendo.
Entonces si es fraude ¿Por qué lo ven?
Porque el doctor Park me lo recomendó. — todos miraron extrañados al menor. — Él me dijo que ver series de ese tipo, de terror falso, me ayudaría a quitarme el miedo a lo sobrenatural.
¿Pero cómo haría eso?
Supongo que es como una terapia de shock. — analizaba el de morado. — Ver poco a poco situaciones de miedo en la comodidad de tu casa, sabiendo que en su mayoría es falso, te ayuda a tranquilizarte.
Eso creo.
¿Pero cómo puedes tranquilizarte con escenarios falsos, cuando en casa Leo hace cosas y ve cosas que son reales?— la mirada que puso el menor hacia la pregunta del ninja rojo, dejaba en claro que jamás lo había pensado. — ¿Te sirve de algo ver programas y películas de todos modos?— con el miedo y la duda reflejadas en su pecoso y regordete rostro, el menor respondió.
Ya no lo sé. — las risas al respecto no se hicieron esperar, consiguiendo que el pequeño se tranquilizara, pero a la vez no le quitaron la idea de la cabeza, que esa noche debía ir a dormir con alguien de la familia. Luego de unos minutos comenzó la famosa serie y las burlas sobre sus protagonistas continuaron, logrando así que el ambiente volviera a ser divertido. Al terminar el show, nuestros amigos reiniciaron el tema de la película.
¿Y Casey no va a venir?— preguntaba Don a su compañera de ciencias con dos películas de su propio repertorio como sugerencia.
Dijo que si acababa pronto un no sé qué en el taller, venía al menos para llevarme a casa.
Traduciendo, no va a venir.
Eso parece.
Qué raro que se pierda una noche de películas. — comentaba inocentemente el menor mientras buscaba en su caja de cds algo que ver.
Creo saber el porqué. — las palabras de Rafael consiguieron de nuevo convertirlo en el blanco de todas las miradas, y además, que Leonardo se pusiera de pie y se retirara a su habitación.
¡Leo! ¿A dónde vas?
¡Leo!
¡Rafael!— todos se giraron a ver a Splinter, que ya se había puesto de pie y miraba a su rebelde hijo.- Ven conmigo. — en completo silencio y con las miradas del resto de la familia sobre su caparazón, Rafael caminó detrás de su padre como un condenado a muerte rumbo a la habitación del sensei.
Toma asiento. — pidió ya adentro de su cuarto el roedor, el cual contaba con obviamente su cama, una mesa de noche, un área para meditar, un mueble con todo lo necesario para preparar té y una pequeña mesita para beberlo y en la que acostumbraba reunirse con el líder del grupo y escuchar el reporte de la misión. Rafael obedeció mientras su padre cerraba la puerta y tomaba asiento. — ¿Qué te ocurre? ¿Por qué te has estado comportando de esa manera con tu hermano?
¡¿Qué?! ¡¿Yo qué hice?!— Splinter le miró de manera severa de pie frente al mueble del té. — No fue mi intención.
Pero igual lo has hecho, y varias veces ¿A qué se debe? Asumí que ya habías superado la sexualidad de Leonardo con la plática del doctor Park ¿Acaso necesitas hablar de nuevo con él?— tomó asiento frente a su hijo y le sirvió una taza de té con su nueva tetera eléctrica.
No, yo creo que…no lo sé. — admitió derrotado. — Aún no termino de digerir la noticia. — renegaba. — La sola idea de que le gusten los hombres me tiene, impactado, no sé… ¿Cómo lo haces tú?— Splinter le miró intrigado. — Sé que antes no lo habrías aceptado, antes hasta lo habrías maldecido. — al maestro sintió vergüenza ante esa verdad. — ¿Cómo lograste hacer todo lo contrario?— casi rogaba saber; por lo que el roedor respondió.
Meditación, así he logrado contener esa horrible parte de mí, en lo más profundo de mi mente, y logré aceptar con calma y amor, cualquier dificultad que se presente.
Pero yo no soy…
Lo sé, la meditación no es lo tuyo. — aceptó el sensei. — Lo que tienes que hacer es responderte a ti mismo ¿Por qué?
¿Por que qué?
¿Por qué te molesta tanto la sexualidad de tu hermano? ¿Por qué la de Leonardo y no la de Donatello o la de Miguel Ángel? Porque imagino que a ellos les gustará algo más que a ti no te guste, quizás les gusten las rubias y a ti las morenas ¿Por qué no les has declarado la guerra? ¿O es solo el hecho de que Leonardo se sienta atraído hacía los hombres?— el quelonio no sabía que responder. — ¡Vamos! Dime.
¡No lo sé! Quizás, sí me incomode que le gusten los hombres.
¿Por qué?
¡No lo sé! Yo, aún pienso que es un castigo por lo cruel que he sido con esos chicos, y el imaginar que todas esas… "Cosas" que hacen, ahora también las hará él, que también le gustan a él, me enoja. — decía. — También me siento vigilado. — admitía apenado. — Creo que está espiándonos y nos ve como yo he visto a las chicas en la calle, a pesar de que sé perfectamente que Leonardo no es así, pero ahora con su medicación me parece que es otro y que quizás es por culpa de su tratamiento que Leo dijo que le gustan los hombres; tal vez no sea verdad y...
No es la medicación. — le corrigió su padre soplando su té. — Lo que nos dijo tu hermano es verdad, pude verlo en sus ojos, en realidad gusta de su propio género.
¿Cómo pudiste aceptarlo tan fácilmente?
Porque los quiero, y ya mucho daño les he hecho en el pasado, como para todavía imponer mis preferencias sobre ustedes.
¿Y qué preferencias son esas?
Absoluta castidad. — el ninja rojo abrió los ojos a todo lo que daban. — Obviamente no lo harán; dejaré que cada uno decida lo que es mejor para ustedes mismos, así se equivoquen o no. — Rafael sonrió agradecido.
¿Y cómo hago para pensar igual que tú?
Solo tienes que hacerlo, es simple. — el niño no pensaba lo mismo. — Debes dejar ir todas esas aprensiones; dime ¿Qué tan terrible sería que en verdad te espiara? ¿Qué tendría de malo?
¡Sensei! ¿Cómo que qué tendría de malo? ¡Lo tiene todo!
¿Por qué? Ustedes entando en la calle, de techo en techo seguro han llegado a ver a alguna chica en una ventana ¿No es así?— la cara roja del ninja lo decía todo. — Y supongo que no lo hicieron porque la chica fuera espantosa ¿O sí?
No.
Entonces ¿Qué tiene de malo ser atractivo no solo para las chicas, sino también para los hombres? ¿No significaría que eres doblemente bello?
Supongo. — meditaba el chico. — Jamás lo vi así.
Y si ustedes han espiado a las chicas en la calle ¿Por qué tu hermano no puede hacer lo mismo?
¿Pero con nosotros?
Con quien sea. — el de rojo estaba boquiabierto. — No me mal intérpretes, no estoy autorizando a Leonardo a mirar por las rendijas, y así se lo pidiera él no lo haría, Leonardo nunca ha sido así; pero lo que no es justo es que lo molestes como lo hiciste en la sala. — el chico bajó la mirada. — Cada vez que la señorita O'neil abría el tema tú te encargabas de señalarlo como algo ofensivo, y cuando halagaste a la chica del programa nadie te dijo nada. — el de rojo lo admitió. — Tú y el señor Jones más de una vez se refirieron de manera inadecuada de algún personaje femenino de la televisión, cuando estábamos en la casa de Vaudoux-san; no es que se portaran vulgares, pero se manejaron de una manera que a mí no me gustó, pero como los demás no pensaban como yo, no les mandé callar. Así que no me parece correcto que sigas tachando la sexualidad de Leonardo como algo incorrecto.
Lo lamento.
Lo sé, pero eso no basta. — el chico le miró. — Sabes qué estás haciendo mal y a pesar de reconocerlo y disculparte lo vuelves a repetir, debes parar de una buena vez.
¿Pero cómo lo hago?
No lo sé, tengo entendido que los prejuicios son el resultado de la ignorancia; te sugeriría que consigas más información acerca de la homosexualidad y todo aquello que de esta te cause un conflicto; pero como eso ya lo hiciste y sigues con lo mismo. — lo pensó un momento. — ¿Por qué no hablas con tu hermano?
¿Con cuál?— Splinter lo miró molesto. — ¡¿Con Leonardo?! ¿Quieres que me rompa la cara? ¿Recuerdas que dijo que ya no toleraría más impertinencias, y que la próxima vez…?
La próxima vez les daría a escoger el hueso que les rompa ¿O les daría un golpe? Eso no importa. — el muchacho no opinaba lo mismo. — Creo que te has alejado mucho de tu hermano mayor desde que dijo que es gay ¿Por qué no te acercas de nuevo y hablas con él?
No, yo…
Necesitan acercarse y reconstruir sus lazos.
Eso creo, pero dudo que…
Ve a buscarlo a su habitación.
Quizás mañana…
¡Ahora!— ordenó, consiguiendo que el niño se pusiera de pie. — Y no quiero que le causes un problema médico a causa de un coraje, debes ir con la mente abierta y dispuesto a acabar con todos tus prejuicios, pero sin disgustarlo ¿Entendido?— el chico se veía renuente. — ¿Por qué estás de acuerdo con querer recuperarlo, verdad?
Por supuesto.
Entonces ve y habla con él. — el chico no dijo nada más y se dirigió a la puerta. — ¡Y discúlpate!
Hai sensei. — con paso lento para poder meditar mejor lo hablado con su padre y a la vez pensar en cómo poder acercarse a Leonardo, Rafael fue poco a poco llegando a la sala, para encontrarse el lugar casi vacío, solo estaban los quelonios más jóvenes. — ¿Y los demás?
Sabes bien dónde está Leo. — le reclamó Don.
Y Abril está hablando por teléfono en la cocina con Casey, para saber si siempre sí viene o no.
¿Y la película?
Gracias a ti no habrá película. — le recriminó disgustado el más pequeño, mientras comía con desgano las palomitas que había hecho. — Leo se encerró en su cuarto, Abril ya se quiere ir y nosotros estamos disgustados contigo. — finalizó.
Lo siento.
No te creo.
Mikey en serio, lo lamento, fui grosero e iré a disculparme con Leo ahora mismo. — ambos quelonios se giraron a ver al mayor.
¿En serio?
Sí.
¿Y qué contamos esta vez? ¿Las horas o los días para el siguiente disgusto que le des?— preguntó Don fastidiado.
Ni una ni otra, esta vez será la última. — Don lo miró con desgano.
Ya hemos escuchado eso antes.
Lo sé, pero esta vez quiero que sea la definitiva.
¿Qué no lo querías antes?— apenado, Rafa no pudo responder a su inteligente hermano
¿Por qué diablos te molesta tanto qué a Leo le gusten los chicos?— pidió saber el menor, pero como Rafael tardaba en dar una buena respuesta, Donatello contestó por él.
Porque es un completo imbécil. — Rafa y Mikey lo miraron impactados, uno más disgustado que el otro. — Es la verdad, solo un imbécil se pone en contra de su familia solo por una diferencia en sus gustos sexuales. — el pecoso le dio la razón al más listo; el mayor por su parte, luego de pensarlo un momento, preguntó.
¿Ustedes no tienen miedo?
¿Miedo? ¿De qué?
De eso…
¿De qué?
¿De su orientación?
Yo no. — respondió Migue extrañado.
No veo de qué haya que tener miedo. — le siguió Don. — Es gay, no un monstruo. — Rafa se vio avergonzado por sus preguntas, pero igual continuó.
Sí, pero…si se presentara un chico y les propusiera, algo indecoroso… ¿Lo harían?— ambos guerreros lo pensaron un momento.
No lo sé. — respondió Don.
¿Qué ganaría?— ambos hermanos miraron al pequeño con horror.
¡Miguel Ángel!
¡¿Qué?!
¿Acaso serías capaz de prostituirte?— la comprensión pronto llegó al quelonio más pequeño.
¡Aaahh! ¡¿Te refieres a ese tipo de cosas indecorosas?!
¡Oh, Einstein!
¡Sí Mikey! ¡A ese tipo de cosas nos referimos!— el menor lo pensó un momento.
No lo sé ¿Es Batman?
¡ ¿Quéééé?!
Porque nada se le puede negar a Batman, y dicen que anda con Robín, aunque es su hijo adoptivo. — meditaba seriamente el pecoso, cuando Rafael prefirió dar media vuelta y encaminarse al segundo piso.
¿A dónde vas?— pidió saber Abril saliendo de la cocina.
A ver a Leo ¿Va a venir Casey por ti?
No, me dijo que estaba muy ocupado y que lo disculpara.
No te preocupes, ahora mismo vamos a reiniciar la noche de películas y te quedarás a dormir. — esto extrañó a la pelirroja.
¿En serio?
Sí, disculpa lo grosero que fui hace rato. — Abril aceptó con una sonrisa.
¿Splinter te regañó, verdad?
Me dijo lo que hacía falta. — ambos sonrieron.
Pero faltan Splinter y Leo para decidir qué película veremos.
Iré por Leo si tú vas por sensei.
Está bien. — con la misión de reiniciar la noche familiar, además de disculparse, Rafael se apresuró a llegar a la puerta de Leonardo. — ¡Leo!— llamó y golpeó la puerta a la vez. — ¡Leo!
¡Lárgate!—recibió por respuesta el segundo, siendo escuchada también por todos en el primer piso.
Leo, quiero…
¡Disculparte, lo sé! ¡Y no me interesa, así que lárgate!— esto no pintaba nada bien, la voz del primogénito se escuchaba quebrada y esa no era una buena señal dada su condición, además...las luces, como antes, empezaron a parpadear lentamente.
Ay no. — expresó nervioso el menor mirando a todos lados.
Leo ¿Puedo entrar? Quiero hablar contigo. — insistía Rafa mirando también las lámparas parpadear.
¡Lárgateee!— de pronto la velocidad de las luces parpadeantes aumentó, los aparatos se encendieron y comenzaron a volverse locos; los televisores de todos los cuartos cambiaban de canales, los radios de estación y en las pantallas de las computadoras se abrían varias páginas del historial de favoritos; en la cocina los electrodomésticos trabajaban solos y en la cochera, los motores de los vehículos rugían con furia.
¡Maestro Splinter!— gritaba y corría Migue al encuentro de su padre, quien había salido al ver cómo sus lámparas se encendían y apagaban.
¿Rafael?— preguntó el padre al tiempo que veía a su muchacho en el segundo piso, tratando de abrir una puerta sellada. — ¿Qué ocurrió?
¡No me quiere abrir!— reveló, para luego insistir. — ¡Leo, por favor! ¡Ábreme!— insistía de nuevo el segundo, para luego ser acompañado por su padre.
¡Leonardo, hijo, ábrenos!— pedía sin éxito.
¡Déjenme en paz!— pedía el mayor llorando.
Hijo, por favor. — continuaba Splinter. — Déjame entrar. — pasados unos segundos, al fin la puerta se abrió por sí sola. Con relativa calma, ambos guerreros se asomaron al interior de la habitación, encontrando al chico sentado al centro de la cama, con las piernas dobladas pegadas al pecho y ahogado en llanto. — Hijo mío.
¡Yo no, quería que, entraran!—
¿No, nos abriste?—
El… abuelo…— aprovechó un segundo que su nieto bajó la guardia y los dejó entrar.
Leo. — tomó la palabra Rafael. — Yo…
¡Ya cállate!— exigió el de azul al tiempo que la puerta tras ellos se cerró de golpe al tiempo que todo lo que utiliza electricidad en casa se apagó por completo.
¡Aaahhhh!— exclamaron los menores y Abril ante la sorpresa.
Ya no, quiero… escuchar mentiras. — reveló el primogénito envuelto en completa oscuridad. — Ya no…
En verdad lo siento. — aseguraba el quelonio dando pasos cortos en busca de la cama, acompañado de su padre. Debían ambos admitir que era intimidante estar dentro de una habitación completamente oscura, y peor aún si tenían que avanzar por ella, pero era necesario y no dejarían solo al primogénito. — Yo, no pensé…— ambos escucharon más fuertes los sollozos de Leo, conforme se iban acercando. — Lo lamento.
No… es cierto.
Leonardo. — le llamó su padre al llegar a su lado y tomar asiento junto a su hijo, quien de inmediato aceptó el abrazo que le ofrecían.
¡Papáááá!— se alcanzó a escuchar a pesar de estar pegado a su pecho. — ¡No, sé, qué hacer!
No tienes que hacer nada. —aseguraba Splinter.
No nos llevamos bien. — las lágrimas aumentaron. — Me detesta; siempre está… disgustado conmigo. — el menor de rojo escuchaba y negaba lo dicho.
¡Yo no te detesto!
Mentiroso.
¡No es cierto!
Rafael ha cometido errores, pero él no te detesta.
¿E… entonces, por qué… siempre…?— Rafael no supo qué responder.
Leo, yo…— el guerrero trataba de encontrar las palabras correctas. — No supe cómo actuar al saber que eras gay. — comenzó. — Me porté egoísta e ignorante, y solo pensaba en lo que dirían de mí. — admitió.
¿Te… avergüenzas de mí?
¡NO! yo, sabes que siempre he tenido en mal a los homosexuales, y creía que al asumirte a ti mismo como gay te convertirías en un ser retorcido y ridículo; a pesar de haber leído mucho seguía con esa idea, por eso trataba de evitar que aceptaras por completo tu orientación. — Leonardo no quería escuchar y se ocultó más en los brazos de su padre.
Me… detesta…mi hermano, me detesta. — Rafa se sorprendió al escucharlo.
¡NO ES CIERTO!— le gritó a la vez que lo buscaba entre los brazos de su padre para hablarle frente a frente. — ¡Yo nunca te he odiado! Yo solo, me equivoqué, no… —
Rafael. — el chico miró a dónde suponía estaba sentado su padre, pues la oscuridad era tal que no se podía ver nada. — No te está escuchando, déjalo descansar. — el niño de rojo guardó silencio; al poco rato llegó el resto del clan con una vela cada uno para auxiliarlos. La noche familiar obviamente quedó suspendida indefinidamente. Splinter, Mikey y Don ayudaron a Leonardo a recostarse y con su tratamiento, mientras Abril acompañaba a Rafael. Luego de una hora, se reunieron todos en el pasillo.
¡Por todos los cielos!— expresó Rafael apenado. — Lo volví a arruinar.
Eso nadie te lo discute. — agregó el genio del grupo.
¿Por qué no tenemos luz Donnie?— preguntaba nervioso el menor. — Primero parpadearon y luego se fueron por completo.
Revisaré los fusibles, pero creo que no servirá.
Esto fue causado por Leonardo. — explicaba Splinter. — Quizás cuando despierte todo vuelva a la normalidad. — el de rojo se sintió afligido.
¿Qué voy a hacer maestro Splinter? Le ocasioné una crisis a mi hermano.
Es cierto que tuvieron sus desacuerdos. — explicaba el padre. — Pero estas crisis depresivas nos dijo el doctor Park, que sucederían aún con la medicina.
Tuviste mala suerte de provocarlo justo en la fecha de su crisis. — intentaba ayudarlo el menor.
Querrás decir, que yo le provoqué esa crisis.
No lo creo.
Yo sí. — nadie supo que decirle, pues la mayoría estaba de acuerdo con él. Para cambiar el tema.
¿Quieres que te llevemos a casa Abril?—
No es necesario Donnie, no quiero irme dejándolos así. — todos agradecieron en silencio a la pelirroja. — Puedo quedarme en el sofá.
No es necesario, podemos darte una habitación.
Gracias Don.
Puedes quedarte conmigo Abril. — ofrecía nervioso el pecoso. — Yo no quiero dormir solo.
¿Qué tal si dormimos todos en la sala?— ofrecía el ninja morado. — Como en los viejos tiempos.
¡Excelente idea Don!— felicitaba Abril. — Así estaremos al alcance, en caso de ser necesario. — se refería obvio a Leo, pero en realidad todos tenían miedo y nadie quería estar solo.
¡Perfecto!— todos comenzaron a acondicionar la sala.
No creí que fuera a pasar esto. — opinaba Mikey. — Parecía estar bien.
Leo es experto en fingir que todo está bien. — explicó Don. Mientras movían los menores la mesa del centro, vieron que el mayor seguía triste, pensativo.
¿Te encuentras bien?
Trato de resolver esto, pero no sé cómo.
No sé qué decirte. — admitió Abril.
Ahora no servirá de nada lo que hagas. — opinaba Don. — No te hará caso. — Rafa tuvo que aceptarlo, pues eso siempre pasaba cuando tenía estos días.
Debes estar ahí para él. — opinó el menor sorprendiendo a todos. — Qué vea que no lo dejaste solo, así te creerá lo que digas. — no solo la familia, también Rafael sonrió ante este consejo.
Esa es… una buena idea.
Bien hecho Miguel Ángel. — le felicitó su padre con una caricia en la cabeza del pecoso, consiguiendo no solo que este sonriera satisfecho, sino que también se tranquilizara por la inmensa oscuridad que los rodeaba. — Lo que más necesita Leonardo en este momento es tu total apoyo, no tu arrepentimiento.
Eso haré maestro Splinter. — luego miró al pequeño. — Gracias Mikey.
Cuando quieras bro. — un poco más animado por la idea otorgada, Rafael dijo.
Bien, si me necesitan. — tomó la palabra Splinter. — Estaré en el cuarto de Leonardo.
¿Dormirá con él sensei?
Así es, por si necesitara algo.
Lo dudo sensei. — se escuchó a Donnie. — Le di un calmante y dormirá toda la noche.
De igual manera dormiré con él, buenas noches.
¡Buenas noches!— y seguido de todas las miradas, Splinter desapareció dentro de la habitación de Leonardo.
El más joven del grupo insistía a sus hermanos mayores que bajaran a revisar la caja de fusibles, pero ninguno se atrevió a ir al sótano con semejante oscuridad; este triste y aterrador episodio lo único que consiguió es que Donatello empezara a crear un plan de contingencia, en caso de que este episodio se volviera a repetir. Como no había mucho que hacer, en otro tiempo habrían contado historias de miedo y divertido con las reacciones de los amigos, pero después de la experiencia en la carretera, ya ninguno gozaba con esas historias, no por ahora; así que los muchachos lo único que pudieron hacer fue dormir, o al menos intentarlo.
¿No les parece gracioso?— se escuchó a Rafael, acostado en el piso. — La última vez que hicimos esto, fue cuando regresamos de la granja de Casey.
En realidad. — le siguió Abril. — Fue en mi apartamento, cuando nos escondíamos de "Esa cosa".
Creí que no hablaríamos de nada aterrador. — les recordó nervioso el pequeño, acostado en medio de sus hermanos.
Está bien, está bien, ya nos vamos a callar. — de pronto se escuchó un chirrido lento y escalofriante.
¡¿Qué fue eso?!— exclamó asustado el menor, sentándose de golpe entre Don y Rafa. — ¡¿Qué fue?!
Parece que abrieron una puerta. — señaló la pelirroja.
Ha de ser el maestro Splinter.
Pero no hay nadie en el pasillo de arriba. — todos giraron la vista al segundo piso, la poca luz de las velas que tenían aún encendidas, brindaban muy poca luz en lugares específicos, uno de ellos, la puerta del primogénito y efectivamente, no había nadie fuera del cuarto de Leo.
¿Entonces qué fue?
No lo sé. — trató Rafael de ponerse de pie y mirar a todos lados. — No hay nadie. — pero lo hizo tan rápido que ni siquiera enfocó bien la vista.
¿Será la puerta de la entrada?— opinó Abril.
El maestro las revisó todas antes de irse a dormir.
¿Habrá llegado Casey?
No tiene llave para entrar. — refutaron la teoría de Mikey. De pronto la luz de las velas se hizo más pequeña y se escucharon pasos.
¿Oyeron?— pidió saber Abril, encogida en el sillón y con la sábana hasta la nariz.
Creo que. — escucharon a Don en la penumbra. — Creo que son pasos. — además de los pasos, se escuchó otra cosa.
¡ ¿Y eso?!— pedía saber el menor abrazando al ninja morado.
No tengo idea. — reconoció el genio.
Parecía, cristal. — se aventuró Abril. — ¿Se habrá caído algo en la cocina?
No lo creo. — respondió Don. — Cuando fui a colocar la medicina de Leo en hielo, estaban todos los platos y vasos en orden, no pudieron haberse caído.
¿Entonces?
¡SE ESTÁ REPITIENDO DE NUEVO! ¡TODOS VAMOS A MORIR!
¡TRANQUILÍZATE MIGUEL ÁNGEL!— le gritó y abofeteó alterado el de rojo. — ¡Lo único que harás es ponernos nerviosos!
Se sigue escuchando. — señaló la pelirroja. — Es como si los platos y las tazas rodaran.
¿Sin romperse?— nadie pudo responder al apasionado quelonio, pues no había una respuesta que dar.
La única explicación que pudieron dar a lo que estaba pasando, fue que las habilidades de Leo estaban desatadas y haciendo de las suyas de nuevo, al parecer no bastaba con dejarlos en absoluta oscuridad y completamente incomunicados, pues los celulares estaban también apagados; también estaba moviendo objetos y abriendo y cerrando puertas. Para tratar de conciliar el sueño, cada uno trajo a su memoria un momento agradable
Ve a tu sitio feliz, estoy en mi sitio feliz. — se decía una y otra vez Miguel Ángel, para tratar de conciliar el sueño.
Haciendo caso del consejo de su hermanito, Rafael trató de encontrar en su interior ese lugar agradable que le trajera un tranquilo sueño, curiosamente, lo que vino a su mente, fue ese excitante sueño de hace algunas horas; donde Leonardo entraba a su cuarto y…paró en seco, no lo había pensado ¿Y si se repitiera de nuevo? ¿Y si estando acostado junto a Mikey…? ¡Por todos los cielos! ¡Sería horrible! ¡Vergonzoso! Sus hermanos jamás se la perdonarían ¡Se lo acabarían en burlas!
Con sumo cuidado fue girándose hasta darle la espalda a sus hermanos, incluso recogió las piernas lo más cerca de su cuerpo para lograr ocultar cualquier posible evidencia de erótica actividad nocturna. ¿Habrá sido así para Leonardo cuando dormíamos juntos? Se preguntó curioso, pues jamás pareció molestarle que el enano se metiera a su cama por culpa de una pesadilla ¿Cómo pudo evitar que se le parara al estar dormido con nosotros? Porque supongo que habrá tenido deseos, o algo; quizás algún día quiera contármelo, sí consigo que me perdone.
Al fin, entre espeluznantes ruidos y diversos pensamientos, llenos de errores y vergüenza, la mañana siguiente llegó envuelta en un completo escándalo. Nuestros amigos estaban profundamente dormidos, agotados mentalmente por culpa de las aterradoras criaturas que su imaginación creaba para rondarles a su alrededor; Abril ocupaba el sofá de tres piezas y seguía con las piernas bien pegadas a su cuerpo, pues temía que algún ente se las fuera a jalar. Los chicos dormían a sus pies, usando la improvisada cama de su amiga de cabecera, igual que ella, prácticamente cada uno estaba metido en su caparazón; cuando de pronto la televisión se encendió a todo volumen.
¡BUUUEEEENOSSS DÍÍÍAAAASSSS NUEVA YORK!
¡AAAAHHHHGGGG!— brincaron los cuatro amigos al escuchar la voz del conductor de uno de esos programas basura matutinos.
¡ES UNA BELLA MAÑANA EN LA GRAAAN MANZANA!
¡ ¿Qué es eso?!
¡Quita el volumen, quita el volumen!
¡Apaga eso!
¡No encuentro el control!— el genio consiguió desconectarla.
¡Por todos los cielos!— exclamó cansado Rafael.
¡Al fin es de día!— le siguió Abril.
Y ya tenemos luz. — lamentablemente el optimismo del menor no fue bien recibido. — Iré a preparar el desayuno. — informó.
Te acompaño. — anunció Don. — Voy por el tratamiento de Leo, ya es tarde.
No te preocupes Donatello. — le habló Splinter afuera del cuarto de Leo. — Ya lo apliqué.
¿Cómo está Leo, maestro Splinter?— preguntó la pelirroja.
Sigue dormido, y dudo que quiera levantarse hoy. — esto entristeció a todos.
Tan bien que se veía ayer a esta hora. — la opinión de Mikey hiso sentir culpable a Rafael.
¿Escuchó los mismos ruidos que nosotros sensei?— le interrogó Abril. — ¿Los que parecían pasos y cristales rodando?— el viejo maestro respondió afirmativamente con un movimiento de cabeza.
No solo eso, señorita O'neil, además pude ver a qué se debía semejante escándalo. — tanto sus hijos como la linda pelirroja le vieron entre aterrados y urgidos de información, por lo que el viejo roedor reveló. — Al parecer las amigas de Leonardo…salieron del cuarto blanco y subieron a su habitación.
¡¿Quéééé?!— gritaron los cuatro.
¡¿Sus amigas?!— preguntó Rafael.
¿Cuáles amigas?— le siguió Mikey.
¡¿Se refiere a las muñecas, las muñecas de porcelana?!— finalizó Don.
Así es.
¿Cómo es eso posible?— pidió saber Abril.
No tengo la más mínima idea de cómo fue. — admitió el sensei. — Pero además de escuchar el ruido de la puerta y los pasos, también pude percibir el aroma de hierbas en el ambiente; luego vi que la entrada a la recámara de Leonardo se abría y unas como cosas redondas o siluetas curvas estaban de pie, mirando al interior. — los jóvenes estaban impactados.
¡OH, CIELOS!
¡ ¿ES EN SERIO?!
¡ NO PUEDE SER!
¡ ¿Y qué hizo sensei?!
No negaré que sí estaba asustado, la luz de la vela que tenía conmigo, como película de terror, se estaba apagando, cuando la puerta se abrió y vi las siluetas me quedé a oscuras. — los chicos sintieron un escalofrío al oír esto. — Cuando la volví a encender, las figuras de porcelana ya estaban de pie alrededor de la cama, mirándonos a ambos. — más de uno de los oyentes, expresó su miedo ante la escena, con gritos o lloriqueos, igual Splinter continuó. — Traté de tranquilizarme, les dije que no quería problemas de ningún tipo, que estaba ahí para cuidar de mí hijo y que no lo molestáramos; y supongo que entendieron porque después sentí que Leo se me acurrucaba, les di la espalda para verlo y al girarme de nuevo a buscarlas, todas ya estaban sentadas cerca de la ventana.
¡¿No escuchaste cuando se movieron?!
Debieron ser los tapetes que hay alrededor de la cama que no las escuché moverse, el resto de la noche estuvieron tranquilas; luego la vela se acabó, y escuché el choque de la porcelana. — los oyentes abrieron los ojos a todo lo que daban.
Lo que creí que era cristal ¡¿Era la porcelana?!— preguntaba Abril.
¡¿La porcelana de las muñecas?!— le siguió el menor. — ¡Eso es horrible!
La puerta que escuchamos…
Fue la puerta del cuarto blanco de Leonardo. — finalizaba Don el análisis de Rafa. — Ahí estaban las muñecas.
Y los pasos que escuchamos… — era más que obvio.
Qué bueno que no las vi caminar. — opinaba aterrada Abril. — Igual, creo que ya no podré ver una muñeca como antes. — el resto del clan Hamato estuvo de acuerdo, cuando escucharon que tocaron a la puerta principal, el de rojo fue a abrir.
¡Buenos días!— Casey Jones al fin había llegado. — ¿Qué tal todo?— preguntó alegre al tiempo que entraba y llegaba hasta la sala. — ¿Qué? ¿Hubo pijamada?— cuestionó al ver el tiradero de sábanas. — Qué pena, me la perdí. — bromeó sin que nadie le festejara el chiste.
Te perdiste muchas cosas anoche. — reclamó primero Rafael, pasando por un lado y regresando a su tarea de recoger almohadas.
¿Terminaste lo que tanto te apuraba en el taller?— interrogó Abril con frialdad a su novio.
¡Aammm! Sí…terminé ya tarde y por eso no vine.
Aja. — expresó el menor de los quelonios, obvio nadie le creyó.
Y… ¿Por qué durmieron en la sala?
Es una larga historia. — respondió el maestro, para luego retirarse a la cocina y dejar, a pesar del disgusto de sus hijos, que estos le contaran todo lo ocurrido ayer.
¿Entonces Leonardo ocasionó el apagón?— preguntó el pelinegro sentado a la orilla del respaldo del sillón grande.
Eso parece. — reconoció Don, por ahora. Luego la familia se dividió en dos grupos, Abril y Mikey fueron a reunirse con Splinter en la cocina y los otros tres terminaron de recoger las mantas.
Y ¿Por qué se enojó esta vez tú hermano?— quiso saber Casey.
Por lo mismo de siempre. — respondió Donnie, mirando de reojo a su hermano; el pelinegro rio divertido.
¡Ja, ja, ja, ja! ¿Y ahora qué le hiciste?— el de rojo respondió molesto.
Mejor dinos ¿Por qué no viniste anoche?— sin dar la cara a nadie, Casey respondió.
Tenía trabajo. — ante las tonterías venideras, Don agregó.
Voy al cuarto de Leo. — les entregó su cargamento y comenzó a retirarse. — Estoy seguro que vienen varias tonterías y no estoy de humor para escucharlas. — ambos rebeldes le vieron retirarse; la conversación continuó.
Fue por Leo que no viniste anoche ¿Verdad?— preguntó directo el de rojo al estar a solas con su "Amigo". — ¿Te puso nervioso venir a convivir con él ahora que sabes que es gay?— el chico se vio incómodo.
Sí. — admitió asombrando con su franqueza a su compañero, luego agregó. — Los quiero a todos Rafael, pero sabes bien que no me gusta estar cerca de "Esa gente". — Rafa guardó silencio, mirándole fríamente. — Ni me juzgues ¡Tú pensabas igual que yo!— se defendió. — Si no les hubiera salido Leo con "Esas cosas" seguirías pensando exactamente igual que yo ¡Admítelo!— era verdad.
Es cierto. — reconoció el quelonio apenado. — ¡Y ESO NO ESTA BIEN! Leo jamás ha sido un pervertido, no es correcto que lo tratemos como uno.
No es nuestra culpa que esos sean así.
¿Así cómo? Los otros serán como sea, pero Leo es diferente, tú lo conoces. — el pelinegro parecía estar dividido entre lo dicho por su compañero y sus bizarros conocimientos de la vida. — ¿Crees que solo por ser gay se merece nuestro desprecio?
Obvio que no, pero ahora que admitió que le gusta lo mismo que a esos, temo que se vuelva igual que ellos y nos ande espiando.
¡Eres un imbécil!— reclamó disgustado el de rojo. — Leo jamás nos ha faltado al respeto ni lo hará.
Pero ya no es el mismo Leonardo de antes. — respondió el humano. — ¡Tú mismo lo has pensado! Y puedo jurarlo ante quien tú quieras, que seguro al meterte al baño, miras a todos lados temiendo que te estén observando por alguna rendija. — era cierto, aceptaba avergonzado el de rojo, pero.
Ya no más. — esta simple respuesta no habría impresionado a nadie que conociera la mala fama de Rafael Hamato para cumplir sus promesas, si no fuera por la fuerza y decisión reflejadas tanto en su mirada, como en el tono de su voz.
¿Ya no más qué?
Ya no más estupideces, no más inseguridades ni mentiras. — aseguraba lleno de confianza el quelonio. — No volveré a cometer más errores ni a juzgar a lo tonto, en especial a la gente que más quiero.
¡Qué imbécil eres!— opinaba Jones. — Todos cometemos errores y juzgamos a los que queremos y no, es imposible no hacerlo.
Pues mírame. — dijo y salió del cuarto en el que habían dejado las colchas.
Ambos amigos llegaron separados al primer piso, donde el ambiente que juntos creaban era extremadamente pesado; los compañeros de parrandas ya ni siquiera se miraban, por lo que apenas Abril hubo terminado su desayuno se retiró con Jones, prometiendo que volvería más tarde. El resto del clan Hamato se veían unos a otros extrañados, sin saber exactamente qué decirle al ninja rojo.
Lamento que hayas discutido con tu amigo, Rafael. — expresó su sentir Splinter.- Dale tiempo para que reflexione.
Lo sé, solo me molesta lo cerrado que es. — tanto los menores como el padre se admiraron con la respuesta.
Creí que ambos pensaban igual. — opinó Donatello.
Ya no más. — la sorpresa aumentaba.
Claro.
¡Es verdad!— continuó. — Quiero cambiar por completo mi manera de ser, quiero ser más abierto, y expresivo; más atento con mis hermanos y mi padre, quiero ser cariñoso sin que me importe lo que piensen de mí. — ante su entusiasmo, la familia pronto pasó de la sorpresa al miedo. — Ya no quiero que sigan dando por sentado que Rafael Hamato será la tortuga con la que tendrán problemas, la que seguro cometerá errores, y que será grosero o de poca confianza.
¡Es oficial!— gritó Migue con las manos en alto. — Me estás dando miedo.
Hijo mío. — tomó la palabra el sensei. — Me alegra mucho lo que estoy escuchando, en especial porque de verdad siento que estás decidido a cumplir. — el apasionado guerrero sonrió. — Pero temo que puedas derrumbarte al primer error que hagas.
No puedo permitirme más errores.
Rafael. — el viejo roedor se puso de pie frente a su temperamental retoño y le tomó de los hombros para captar totalmente su atención. — No es malo cometer errores, no debes verlos como algo negativo, pues estos existen para que aprendamos la lección; el problema nace cuando al haber errado, continuas tu camino sin aprender nada y sin importarte las consecuencias de tus recurrentes faltas.
Pero maestro Splinter; siento que si me equivoco de nuevo, si lo permito, volveré a recaer en mis malos hábitos, no puedo permitirme…—
No te empeñes en realizar un punto. — ordenó Don. — No quiero que se te haga una obsesión.
Es cierto. — le apoyó Mikey. — Mírate en el espejo de Leo, no te esfuerces en ser perfecto. — el ninja rojo abrió los ojos a todo lo que le daban. — No queremos que ahora sean dos.
Pero yo…— estaba impactado. — Entonces ¿Qué puedo hacer? No quiero volver a recaer, quiero ser alguien mejor de lo que soy.
Solo selo Rafael, pero sin caer en una enfermiza obsesión. — el guerrero lo pensó un momento.
Yo…— empezó. — Necesitaré de su ayuda. — esto impactó al clan. — Quiero que… me llamen la atención…si recaigo; así como tú sensei, por favor.
¡Aahhh! ¿Qué caso tiene Rafael? Más de una vez te hemos llamada la atención y tú…— Don paró de golpe su reclamo al ver que el segundo mayor de las tortugas se tiró al piso he hizo una reverencia al estilo oriental, en clara solicitud de auxilio. — ¡Por favor!
¡Wow!— expresaron Don y Mikey.
Ahora sí va en serio. — exclamó el menor.
Rafael. — le llamó su padre a la vez que le ayudaba a levantarse. — Será un honor apoyarte en tu rehabilitación. — Don y Mikey sonrieron.
Yo te ayudo hermanito. — le abrazó el ninja naranja.
Yo también. — le siguió Donatello chocando tres con el de rojo. — Diseñaré un programa de castigos para aplicarte en caso de que sufras una recaída. — esto preocupó al temperamental.
Súper…gracias, a todos. — con el apoyo seguro de toda la familia, Rafael se atrevió a preguntar a sus hermanos. — Y…ya que estamos de acuerdo con el apoyo para mi rehabilitación…necesito su ayuda.
¿En qué?— preguntó Don sospechando lo peor.
Me gustaría ir eliminando poco a poco la enorme lista de culpas que tengo para con todos ustedes, en especial con Leo y quisiera que…— respiró hondo y al fin se atrevió. — Quisiera que me ayudaran a reabrir el viejo club de los héroes. — los tres miembros del clan no parecían comprender.
¿De qué cosas hablas?
Del viejo club de súper héroes que teníamos cuando éramos niños ¿Ya lo olvidaron?— una gran sonrisa empezó a crecer en el rostro del menor. — Nunca dejamos entrar a Leo y me gustaría que formara parte ahora.
¿Nunca aceptaron a su hermano?— al fin recordó Splinter. — Pero yo les ordené que lo hicieran. — los tres le miraron apenados.
No hicimos caso. — el roedor les miró molesto.
Pero ahora sí lo haremos. — aseguró Rafael.
Y nos ganaremos de paso una buena patada en el caparazón para salir volando de su cuarto ¡Leo nos matará con tan solo proponerlo!— expresaba Don.
¡Pero es lo correcto!— apoyaba el pecoso. — Estar juntos, como hermanos, usando disfraces, comiendo papitas. — se ilusionaba, cuando.
Ahmm, sin disfraces Mikey. — corrigió el mayor. — No creo que sean necesarios.
¡ ¿QUÉ NO SON NECESARIOS?!— explotó el pecoso. — ¡ ¿Qué clase de club de súper héroes será sin disfraces?!
Uno de hermandad y convivencia. — respondía el de morado con autosuficiencia en apoyo del mayor.
¡NO, NO Y NOOOOOO!
¡Miguel Ángel!— le llamó su padre. — No levantes la voz. — el pequeño aceptó con un movimiento de cabeza y continuó.
¿Reunirnos a hablar en hermandad? ¡Eso lo hacemos en la sobremesa!— eso era cierto. — Nuestro club de súper héroes era precisamente eso, ser héroes, alguien diferente, vestirnos de gala con nuestros uniformes, salvar al mundo. — enumeraba. — Juntarnos solo para hablar, es lo que estamos haciendo ahora mismo ¡Y en el club no se admitían padres!— señalaba el menor al sensei.
Por ese lado tienes razón. — meditaba el de rojo.
Igual yo no quería entrar a su club. — bromeó Splinter ofendido, ganándose un coro de las risas de sus hijos.
Tienes razón Mikey. — iniciaba Rafa. — Leo debe ver lo que se hacía en el original club de súper héroes, con disfraces y todo.
¡Sí!
¡Pero es tonto!
Pues lo siento Don, somos mayoría y tendrás que disfrazarte. — el de morado exhaló un suspiro resignado.
Está bien, pero puedo elegir al personaje que yo quiera ¿Entendido? Sin importar si es de una serie, libro o lo que sea ¿De acuerdo?
¡Por supuesto! ¡Cielos! ¡¿Qué personaje escogeré?!— celebraba el pequeño.
Y ¿Para cuándo planean abrir este famoso club?— pedía saber Splinter.
Para cuándo Leo se sienta mejor. — respondía el genio.
Mientras yo le consigo su traje. — informaba el de rojo.
¿No debe elegirlo Leo?
Creo que le agradará lo que tengo pensado para él. — la familia aceptó con una sonrisa. — Y ¿Cómo amaneció Leo?— Don contestó.
Seguía durmiendo cuando lo vi, no va a ser fácil cuando despierte.
No te preocupes Donnie, haremos todo lo posible para que esta crisis se acabe en un santiamén. — anunciaba animado Rafael. — Lo prometo.
Los menores y su padre se dirigieron miradas llenas de incertidumbres ante el entusiasmo de Rafael; pues lo que se les venía encima no era tan fácil como él lo hacía parecer, incluso tendrían más noches de ruidos extraños y luces parpadeantes como la de anoche. Pero en algo tenía razón, harían lo posible por sacar a Leonardo de su depresión y por hacer que Rafael tuviera éxito en su rehabilitación.
Fin del capítulo.
