¡FELIZ AÑO NUEVO!
Sí, lo sé, ya estamos a casi medio mes de enero, pero no quería dejar pasar la oportunidad de felicitar a todos mis querido amigos y desearles que este 2016 les traiga muchos éxitos y bendiciones. Ahora sí ¡Mil perdones por tardar tanto con la nueva actualización! Pero en serio, he tenido una rutina de locos y apenas si me dan tiempo de estar frente a la computadora. Espero poder tener más oportunidades con el siguiente capítulo, de lo contrario, perdón.
Sin más por el momento, espero que les guste este capítulo. Besos.
Advertencia: Este capítulo es largo, muy muy largo.
Capítulo 5.
Los alocados propósitos de Rafael no paraban de sonar en las mentes de los menores y del líder del clan Hamato. Ser paciente, atento, cariñoso, expresivo y de mente abierta ¿Cómo diablos iba a hacer todo eso? Se cuestionaba la familia, incluso el mismo temperamental quelonio se lo preguntaba desde que abrió la boca, ya que no tenía la más mínima idea de por dónde empezar.
El ninja de bandana roja se encontraba aún sentado a la mesa de la cocina en completo silencio, meditando sobre qué hacer para ser diferente, cómo sentir de manera correcta, si es que eso se podía hacer. Podría concentrarse en cada una de sus metas y ponerlas en práctica lentamente; quizás si investigaba el significado, si comprendía en qué consistían en realidad…no, eso era estúpido ¿Qué idiota no sabe el significado de tener paciencia? finalizaba Rafa rascándose la cabeza con total frustración ¡¿Por qué hacer lo correcto tenía que ser tan difícil?! Se preguntaba cuándo el sonar de los platos y cacerolas lo trajeron de vuelta a la realidad.
El desayuno había terminado y Mikey ponía orden en la cocina; de un momento a otro Rafael llevaría la charola de la comida a Leo, se había ofrecido a pesar del miedo que le provocaba su indudable rechazo apenas lo viera de pie junto a su cama; cielos ¿Cómo es posible que siempre me meta en estos problemas? Continuaba cuestionándose por décima vez. Gracias a sus ideas erróneas, por querer imponer su forma de pensar, provocó sin desearlo una crisis nerviosa a su hermano mayor; en verdad quería cambiar, de verdad; pero la sola idea de que dos hombres se gusten y se vean de manera lasciva le seguía pareciendo totalmente imposible ¿Cómo lograr la milagrosa transformación si todavía crees que estás en lo correcto? Porque se supone que no debería importarme en realidad, es el consejo de todos; pero la sola idea de que un hombre desee besar o lamer el cuerpo de otro hombre o peor aún, que un sujeto pida ser besado y poseído por otro varón, simplemente es inimaginable. Ok, pero ¿Y ese sueño? Le preguntó una voz en su interior, esa que más de una vez trata de que entres en razón.
¡Aaaaahhhh! ¡NO LO ENTIENDO!— gritó desesperado.
¿No entiendes qué?— preguntó el menor de pie sobre una escalerilla.
Nada, yo…— quiso contarle, pero no se atrevió. — No entenderías.
¿Entender qué?
Ya ves, no entiendes nada. — el menor iba a reclamar, cuando escucharon desde la sala a Splinter.
¡Buenos días Vaudoux-san! Le agradezco que haya venido.
Buenos días Hamato. — saludaba el houngans con una caja de galletas en la mano y dos ramos de flores en la otra. — ¿Cómo se encuentra my Klein (Mi pequeño)?
Dormido, apenas ayer comenzó; Donatello le hace compañía, para que no esté solo o se volverá a cortar como la última vez. — Lázaro aceptó esto último ya que en crisis anteriores, Leo había vuelto a cometer esa terrible conducta.
¿Quiere buscar navajas en sus cajones?— preguntó mientras subían al segundo piso, pero Splinter no pareció estar de acuerdo.
Yo… no quisiera violar su intimidad hurgando entre sus cosas, prefiero tenerlo acompañado las 24 horas del día.
¿Pero eso no será muy pesado para ustedes?
Somos cuatro en esta casa, podremos arreglarlo. — el sacerdote sonrió satisfecho.
Seis, si cuenta a Dabir y a mí; también podemos quedarnos de noche. — Splinter agradeció con una inclinación de cabeza. — Y me imagino que también contaremos con la señorita O'neil. — el roedor estuvo de acuerdo y preguntó al notar que.
No contó al señor Jones.
Leonardo y yo hablamos hace poco por teléfono sobre la llegada de las muñecas que habíamos encargado, ahí fue cuando me contó todo lo ocurrido con el celular.
Fue terrible y vergonzoso a la vez. — confesaba Splinter subiendo las escaleras. — No creí que llegaríamos a vivir una situación como esta. — Lázaro prestó atención interesado. — Y no me refiero al hecho de descubrir que tengo un hijo gay, si no a la reacción de Rafael al saberlo.
No imaginó que lo tomaría así.
De ninguna manera, en realidad creí que por ese lado había educado bien a mis hijos, que habían crecido sin prejuicios.
No se sienta mal, suele suceder que un padre nunca llegue a enterarse de todo lo que hacen y piensan sus retoños. — el roedor estuvo de acuerdo.
¿Usted lo sabía? — Lázaro lo miró. — ¿De la preferencia de mi hijo?
Desde hace tiempo. — admitió apenado al dar el golpe sentimental. — No se lo tome a mal señor Hamato; Leonardo y yo hemos tocado muchos temas mientras viajamos y uno de ellos fue el por qué no estaba yo casado. — Splinter entendió.
Comprendo perfectamente y no culpo a mi hijo por mantenerlo en secreto, aún estábamos a prueba. — haciendo referencia a todos los problemas familiares que se siguen resolviendo. — Y ¿Cuáles fueron los temas que han tratado desde entonces?— el houngans le miró con atención ya en el segundo piso. — Claro, si es posible saberlo. — el hombre de color sonrió.
Es obvio que no le diré el 100% de todas nuestras conversaciones o hazañas; pero la mayoría trataba del cómo yo me acepté como homosexual y si le conté a mi familia. — el anciano sensei se vio interesado. — Le dije que lo había guardado para mí solo pues mis tiempos de juventud no eran tan abiertos como lo son estos.
¿Nunca tuvo a un familiar que lo apoyara?
No. — admitió con tristeza el sacerdote. — Hasta el reencuentro con mi abuela, ella desde el más allá ha sido mi apoyo y ahora que soy mayor y más seguro de mí mismo, no me importa quién se entera y si está de acuerdo o no. — el maestro ninja lo apoyó con una sonrisa. Ambos adultos entraron al cuarto de Leonardo, donde Donatello estaba sentado a un lado de Leo con el control del televisor en sus manos.
Hijo mío. — el muchacho dejó de buscar en la tele. — ¿Cómo se encuentra tu hermano?
Está bien sensei, sigue dormido, le apliqué un IV. — ambos adultos se acercaron a la cama. Lázaro dejó sus presentes en el tocador.
¡O my arme Klein engel! (¡Oh mi pobre angelito!)— y se acercó más a verlo. — Se le ve agotado.
Es parte de la crisis. — explicó Don. — La mayoría de las veces viene acompañada de fatiga crónica.
Entiendo. — aceptó Lázaro para luego ir a arreglar uno de los ramos de flores en un jarrón como presente para su niño. — Atenderé los altares y después me quedaré un rato con él si no hay problema.
Se lo agradecería Vaudoux-san. — y así quedaron.
Así pasaron al menos tres días, todos ocupados entre tareas rutinarias y cambios de turno en la habitación de Leonardo, para el cuarto día el chico había comenzado a hablar de nuevo, al menos con la mayoría, Rafael no fue bienvenido en su recámara; el guerrero de rojo parecía desmoronado a los ojos de los demás, todos conseguían ver al líder unas horas o cruzaban algunas palabras, menos él, este parecía haber sido eliminado de su vida. La familia y amigos le decían que se tranquilizara, que eso jamás iba a pasar; cada miembro del clan hablaba con el mayor en apoyo del segundo para conseguirle una oportunidad, ya que sabían que Leonardo nunca en su vida abandonaría a uno de sus hermanos. Esperanzado con una segunda oportunidad, Rafael fue a la cocina a ver si ya estaba lista la comida y llevarla con Leo; no era un secreto que esto causaba ansiedad en todos nuestros amigos, pero el segundo insistió.
Está bien. — dijo Splinter. — Lleva la comida a tu hermano y pide a Vaudoux-san que baje a comer.
¿No estaba con los altares?
Terminó hace una hora y me relevó. — explicaba el roedor. — Dijo que intentaría convencer a Leonardo de que se diera una ducha. — esto inquietó al de rojo.
¿Qué se duchara…? ¡¿Con él ahí?!— de inmediato todos los miembros del clan Hamato dejaron lo que estaban haciendo para mirar inquisitivamente al atrevido quelonio.
¡¿Ya vas a empezar?!— inició Donatello.
¡No! es solo que...
Rafael. — le llamó la atención Splinter. — creí que ya habías aprendido la lección.
¡Sí lo hice, sí lo hice! Lo siento. — admitió. — Es que yo…—
¿Acaso crees que ambos están haciendo algo en el baño?
Pues…
¿Haciendo qué?— pidió saber el menor, pero.
¡Suficiente!— les llamó la atención su padre.
Lo siento sensei.
Lo siento.
¡¿Haciendo qué?!— insistió el menor sin obtener respuesta alguna.
Quiero que se comporten con respecto a la intimidad de su hermano y el señor Vaudoux. — los muchachos, al menos los que entendían el tema, aceptaron seguir esta orden, muy a pesar de que la idea de la posible existencia de haber intimidad entre el sacerdote y el primogénito les carcomía el cerebro. Y al parecer, Rafael no podía dejar de insistir.
Lo entiendo sensei, es solo que el señor V siempre ha visto a mi hermano con otros ojos y me preguntaba qué…— el ninja rojo guardó silencio al ver la creciente molestia en los ojos de su padre. — Lo siento.
Te exijo que tengas más respeto a tú hermano y a Vaudoux-san. La intimidad de ambos es asunto solo de ellos y no tenemos nada que agregar.
Pero sensei ¿No cree que ellos podrían estar…?
¡Donatello!— el susodicho se irguió en señal de prestar atención. — Lleva la comida a Leonardo, es obvio que Rafael no está listo aún.
Hai sens…
¡No, esperen!— intervino el mayor desesperado. — ¡Lo siento! Lo lamento, en verdad quiero hacer esto. — la familia completa le dedicó una mirada claramente cansada de tanta recaída. — Perdón ¿Puedo llevar la comida de mí hermano? ¿Sí?— era obvio que estaba en la cuerda floja.
Está bien. — accedió el roedor a darle otra oportunidad muy a pesar de que todo su ser gritaba lo contrario. — Llevarás la comida, pedirás a Vaudoux-san que baje a comer y acompañarás a Leonardo hasta ser relevado; si vuelves a comportarte inadecuadamente Rafael, se te castigará como nos lo has pedido. — el chico se inclinó aceptando y agradeciendo la oportunidad, consciente que de volver a fallar no le darían más oportunidades.
El ninja rojo tomó los alimentos y antes de que cambiaran de opinión se dirigió al segundo piso pensando seriamente en lo que había ocurrido en la cocina al saber que el señor V planeaba bañarse con Leo…bañarse con Leo ¡Ni siquiera lo habían dicho así! Se recriminaba a sí mismo ¿Por qué demonios le daba tanto…no sé qué ese asunto? ¿Qué era exactamente lo que tanto le molestaba o preocupaba? ¿Qué su callado hermano tenga interés en el sexo? ¿Qué sea por el sexo opuesto al que debería? ¿O que quizás ya sea activo sexualmente? Esa idea sí que le daba grima, el solo imaginar que alguien se esté dando gusto con él era espeluznante.
Para Rafael el miembro viril es un arma, una especie de honorable espada o pistola; un orgullo que el hombre presume a todos y más si ésta es más grande en tamaño y grosor que la de los demás. Un samurái desenvaina su espada solo cuando va a matar o algo así tenía entendido, la verdad no prestaba mucha atención en las clases.
Bueno, la misma regla aplicaban la mayoría de los hombres acerca de su virilidad, aquellos que se consideraban a sí mismos como verdaderos machos solo sacan su "Arma" para enfundarla profundamente en una dama, pues naturalmente ellas están hechas para ello; así que la sola idea de que otro hombre guste de lo mismo que una mujer, que se rebaje al mismo nivel de una chica y busque ser… ¿Enfundado por otro macho? ¡Oh por dios eso es horrible! Pensaba el quelonio.
Al llegar por fin al frente de la habitación de su hermano, Rafael abrió la puerta para entrar cuando recordó que primero debía tocar, así que lo hizo sin cerrar la puerta y la abrió por completo solo para encontrarse en una habitación vacía; había ruido en el baño, al parecer ambos hechiceros estaban dentro, ocupados ¿Ocupados en qué? Rafael dejó la charola en el tocador y se acercó a la puerta para avisar de su presencia y quién sabe, tal vez también para echar un vistazo al interior del baño y… ¡NO! reaccionó, por ese tipo de cosas es que está metido en tantos líos, por lo que mejor dio media vuelta y se sentó en la cama a pesar de las ganas que tenía de asomarse, al menos esperaba poder escuchar algo desde ahí.
Desgraciadamente el gusto de alcanzar a escuchar algo murió apenas percibió que estaban hablando en africano ¡Demonios! Moría de curiosidad por saber qué estaban haciendo ese par ahí dentro y no podía moverse de su lugar porque tenía que demostrar que estaba cambiando. Yoshi lo miraba con pena desde el umbral del baño, al parecer ese muchacho en verdad que necesitaba más que terapia y castigos para componerse.
¿Hoe voel jy? ¿Hoe om jou val badkamer? ** (¿Cómo te sientes? ¿Qué tal te está cayendo el baño?)**— preguntaba el padrino a su chico sentado afuera de la tina con la regadera de manguera en la mano.
Nie sleg ** (No está mal)**
Maar… ** (Pero…) **
Ek bly dink oor alles wat Rafael het nie verstaan hoekom tree op die manier met my? ** (No dejo de pensar en todo lo que hizo Rafael, no entiendo ¿Por qué se porta así conmigo?)**— al decir esto, varias lágrimas comenzaron a correr de nuevo por sus mejillas. — ¿Hy wou nie hê ek? ** (¿Acaso no me quiere?)**
¡Ag nee my Klein engel! Moenie huil nie, nie as gevolg van 'n dom brat soos hy. ** (¡Oh no mi pequeño angelito! no llores, no por culpa de un mocoso estúpido como él)**
Maar hy is my broer, ek verstaan nie waarom so dram my, het altyd beweer my vir alles, want Ek gee bevel, as die leier, is dit pla my in die klaskamer, op die straat oral! Dit is altyd teen my. ** (Pero es mi hermanito, no entiendo por qué se porta así conmigo, siempre me ha reclamado por todo, porque le doy órdenes, por ser el líder, se molesta conmigo en las clases, en la calle ¡En todos lados! Siempre está en mi contra)**
Ignoreer heuning, dit is net 'n bedorwe kind wat niks van die lewe weet. ** (No hagas caso cariño, es solo un niño caprichoso que no sabe nada de la vida)**
¿Capricious? ¡Maar hy haat my! ** (¿Caprichoso? ¡Pero él me odia!)**
Natuurlik julle nie haat nie! Dit is net 'n bedorwe kind wat wil dinge gedoen soos Hy wil en wanneer dit sal in oorwinnings kom. ** (¡Claro que no te odia! Solo es un niño consentido que quiere que las cosas se hagan como él quiere y a la hora que se le vengan en gana) ** — Leonardo apenas si prestaba atención, por lo que Vaudoux le tomó de la barbilla para que lo viera a los ojos.
Ek het hulle gesien sedert hulle klein was, het ek sy groei getuig, sy bestaan en ek kan jou verseker dat die vier was baie liefde. ** (Yo los he visto desde que eran pequeños, he sido testigo de su crecimiento, de su convivencia y te aseguro que los cuatro se aman mucho) ** — esto alegró un poco al niño. Vaudoux continuó.
Dinge wat van kinders, die lelike dinge wat gekom het om te sê is net 'n deel van die onvolwassenheid , roekeloosheid en onkunde van hul ouderdom. Rafael nie die ondervinding en kennis wat jy het nie; jy moes voor volwasse, jy gedwing word om die regte ding te doen vir hulle om meer natuurlik en gelukkig groei. ** (Las cosas que se hicieron de niños, las cosas feas que se llegaron a decir son solo parte de la inmadurez, la imprudencia e ignorancia propia de su edad. Rafael no tiene la experiencia y conocimiento que tú tienes; tú tuviste que madurar antes, te viste obligado a actuar correctamente para que ellos crecieran de manera más natural y feliz) ** — esto hizo llorar al niño. — Dit is waarom optree as bedorwe. ** (Es por eso que se comporta de manera tan malcriada) ** — Leo pareció comprenderlo.
¿En hoe kan ek anders optree as ek? ¿Hoekom moet my nie haat? ** (¿Y cómo hago para que se porte diferente conmigo? ¿Para qué no me odie?)**
Eerste van alles betaal nie aandag aan jou nonsens, want niks goeds kom uit die oordeel van die onkundige. ** (Antes que nada no le prestes atención a sus tonterías pues nada bueno sale del juicio de los ignorantes) ** — decía al tiempo que abría la regadera y dejaba caer con cuidado el agua sobre el cuerpo del chico. — Dan moet jy laat kyk vir antwoorde om te bepaal of jou uitlos. ** (Después debes permitir que busque las respuestas de la manera que sea para que te deje en paz) ** — el niño no estuvo de acuerdo con esta idea.
Ek het reeds gedoen het en niks het gebeur nie, Rafael steeds kyk na my as abnormaal. ** (Eso ya lo hizo y no pasó nada, Rafael me sigue mirando como a un anormal)**
Dan moet jy hoef te doen is gooi dit op die bed , versprei haar bene en gee 'n spesiale les te leer. ** (Entonces lo que debes hacer es tirarlo en la cama, abrirle las piernas y darle una extraordinaria lección hasta que aprenda) ** — una risita por parte de Yoshi provocó que el mismo Lázaro riera también, en especial al ver que su ahijado tardó en comprender de lo que estaban hablando.
¡Hulle is mal! ** (¡Están locos!)** — susurró causando que las risas se volvieran carcajadas.
¡¿Hoekom?! ** (¡¿Por qué?!)** — preguntó su padrino.
A mí me parece una buena idea. — admitió el espíritu, por lo que Leo les recordó.
Ek hou van mense, nie kinders en bederf crybabies soos hy. ** (A mí me gustan los hombres, no los niños llorones y malcriados como él) ** — las risas no se hicieron esperar de nuevo.
Wel, dan draai ek dit in 'n ware man. ** (Pues entonces conviértelo en un hombre de verdad) ** — opinó el houngans. — In een asem en bid vir meer leer. ** (En uno que jadee y ruegue por más aprendizaje) ** — esto hizo sonreír al niño, en especial cuando su abuelo empezó a hacer ruidos.
¡Aahh sí, Leo! ¡Hazme tuyo! ¡Sii, aahh!— las carcajadas se hicieron más fuertes.
¿Hoekom doen jy? ** (¿Por qué no lo hacen ustedes?) **— preguntó a ambos. — Ek hoop hulle sal 'n goeie werk te doen en behandel hom met liefde. ** (Confío en que harán un buen trabajo y lo trataran con cariño) ** — ambos adultos agradecieron con una sonrisa la confianza.
Jy weet ek dink die vier van julle is baie aantreklik. ** (Sabes que pienso, que ustedes cuatro son muy atractivos) ** comenzó Vaudoux. — Maar vir my het jy altyd my gunsteling was. ** (Pero para mí tú siempre has sido mi favorito) ** — Leo le sonrió con cansancio y agradecimiento.
¿En jy? ** (¿Y tú?) ** — preguntó ahora a su abuelo, quien lo pensó un momento.
Mmm, la verdad, si no se comportara como lo ha hecho hasta ahora. — meditaba. — Sí lo haría. — las risas entre los adultos comenzaron de nuevo sin lograr del todo contagiar al menor. Luego de ayudar a salir de la tina al chico y meterlo en una bata de baño, los tres se encontraron con Rafael sentado en la cama.
¡Vaya!— expresó Yoshi al ver al muchacho. — Hasta parece que nos escuchó. — el comentario fue celebrado por Lázaro con una sonrisa cómplice.
Buenas tardes. — saludó el hechicero al niño.
¡Buenas tardes! Toqué antes de entrar. — avisó. — Traje la comida. — señaló la charola. — Y me pidieron que le dijera que bajara a comer.
Gracias, se ve bueno ¿No crees?— preguntó a su nieto.
No tengo hambre.
¡Ni la miraste!— le llamó la atención su padrino.
Igual no tengo hambre.
Pero tienes que comer, no queremos que te dé un bajón de azúcar. — le aseguró su abuelo.
No me importa, no quiero nada.
Eso no le gustará a Mikey. — aseguraba Rafael tomando la charola para llevarla a la cama, donde su hermano se había sentado. — Preparó pescado con papas, ensalada y agua de manzana. — le mostraba. — Y también puso una rebanada del pastel de fresas que trajo el señor V.
Vamos hijo, come. — pidió Lázaro sentándose al otro lado de la cama. — No le hagas el feo a lo que preparó el pequeño rayito de sol. — el chico se vio apenado por negarse a comer.
¿Me quieres hacer sentir mal?
¡Claro que no! Yo solo quiero que te alivies pronto y eso solo se logrará si comes bien. — Leo miraba la comida sin deseo alguno de tomar un bocado.
Por qué no baja usted a comer. — llamó Rafael al sacerdote. — Yo me quedaré e intentaré que coma algo. — ninguno de los adultos se vio convencido.
Preferiría quedarme con él y ver que coma. — confesaba el sacerdote, pero.
Ve a comer. — pidió el primogénito a su padrino. — No es justo que te quedes hasta tarde por mí.
Yo estaré aquí para ver que se coma todo lo que hay en el plato. — aseguró Rafael, a pesar de la mirada de incredulidad que Lázaro seguro le daba a Yoshi, y no le extrañaría que este le correspondiera. — Al menos lo intentaré. — intentó mostrarse confiado a ambos adultos, aunque no viera nada de uno de ellos.
Yo veré que coma. — garantizó Yoshi tranquilizando al sacerdote.
Está bien, no tardaré. — se levantó y fue rumbo a la puerta. — Cómete todo ¿Sí?— pidió a su niño desde el umbral. — Y no olvides, Leer dat die gat agter dit het meer as een gebruik. ** (Enséñale que el orificio que tiene detrás tiene más de un solo uso) ** — obviamente el chico no lo tomó en serio. Rafael extrañado, al estar solos preguntó.
¿Qué fue lo que dijo?
Nada, ahora vete. — pidió a la vez que se recostaba dándole la espalda al segundo al mando. — No quiero verte más.
Pero le aseguré a tu padrino que vería que te comieras todo.
Y qué importa, igual todos saben que nunca cumples tus promesas. — esto afectó al chico de rojo.
Lo sé, desgraciadamente me he hecho de esa fama. — admitió apenado. — Pero ya no quiero seguir haciéndolo. — con la charola en manos avanzó hasta estar de pie frente a Leo. — Trata de comer, aún está caliente.
No quiero nada. — el abuelo intervino.
Si no te alimentas, no podrás poner a trabajar la página esotérica y no tendremos dinero para la escuela de Donnie. — esto sí que motivo al muchacho, que a pesar de no tener ganas de comer, tomó asiento y arrebató la charola de las manos de Rafael.
Está bien, ahora vete. — obviamente el temperamental guerrero se dio cuenta que no fueron sus palabras las que levantaron a su hermano, pues este prestaba atención a un lado de la ventana.
Dije que me quedaría hasta que…
No comeré nada si te quedas. — amenazó el primogénito obligando así a su hermano a retirarse, pero antes.
¿Quieres que te ponga una película?
No. — respondió el mayor colocando la mesa/charola sobre sus piernas. El segundo insistió.
¿Un concierto o un canal en especial?
No.
¿Quieres algo de música o…?
¡Lárgate ya!— ordenó el mayor al tiempo que la puerta del cuarto se abría de golpe, Rafael no pudo negarse aunque quisiera y se retiró. Apenas se cerró la puerta, Leonardo hizo a un lado la comida.
Dijiste que comerías. — le recordó el abuelo tomando asiento frente a su nieto.
Lo sé, solo necesito un momento. — pedía, llevándose las manos a la cabeza.
¿Estás bien?
Es solo una pequeña jaqueca. — suspiró cansado. — Detesto pelear con mis hermanos.
Tarde o temprano tendrás que hablarle.
Lo sé, pero primero tendríamos que dejar las cosas en claro ¿No crees?— Yoshi no pareció comprender. — Todo este rechazo de su parte, tendríamos que poner reglas o límites para no seguir discutiendo, como no tocar el tema de la atracción sexual mientras estemos juntos o…
Eso me parece poco posible. — le interrumpió el espíritu. — Ellos siempre están dando su opinión sobre las chicas que salen en la TV, sin importar si son películas o comerciales.
Por eso decía de imponer reglas y guardarnos nuestra opinión al respecto.
¡Pero eso es imposible! es algo espontáneo y también debería serlo para ti. — esto entristeció al chico.
Pero ya ves que no puedo; si apenas lo intento se da una guerra. — decía con un nudo en la garganta.
Pero no es justo.
Siempre ha sido así para mí. — aceptaba con tristeza. — Quizás solo deba ser yo el que se guarde sus opiniones otra vez. — resignado tomó un bocado de pescado con el tenedor.
Pero eso significaría volver a aislarse, todos intercambiando sus opiniones y tú en secreto con las tuyas.
¿Qué más puedo hacer?
El abuelo se vio molesto.
No quedarte callado para empezar. — opinó. — Gritar a los cuatro vientos lo que más te gusta todo el santo día hasta que se acostumbre el mundo. — el chico en silencio seguía comiendo. — O de plano enseñarle para qué más sirve ese orificio que tiene por detrás. — finalizó como desahogo. — Así se resolverían las cosas de una vez por todas. — Leonardo apenas si sonrió con su comentario. — Y por cierto. — el ninja azul levantó la vista para escucharlo. — Tú celular está vibrando. — y dicho esto, el abuelo fue al tocador y sacó el aparato del cajón de la ropa para dormir. — Toma. — se lo lanzó. Leonardo atrapó y abrió el aparato, en la pantalla apareció la fotografía de Spock, era de esperarse, pensó; hacía tiempo que no se asomaba por el face ni le respondía a ninguno de sus mensajes. Al parecer su amigo estaba preocupado.
¿No le responderás a tu novio? Ya te ha dejado muchos mensajes de voz.
No tengo ganas de hablar con nadie.
Al menos dile que no estás disponible y que te disculpe, es lo justo. — era cierto, pensó el chico por lo que presionó en el ícono de mensaje para dictar "Ahora no puedo atenderte, disculpa", luego colgó pero Spock insistió.
"¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte en algo?" se escuchó la voz del programa que leía los mensajes a Leonardo. Este tuvo que volver a responder.
"No me siento bien, no quiero hablar con nadie". — al parecer Spock comprendió que se encontraba en una crisis a causa de su enfermedad; hacía tiempo que sabía de esta gracias al mismo Leo.
"Entiendo, pero no quiero que te cierres, acepta mi llamada, hablemos". —Yoshi de inmediato le pidió que aceptara.
¡Vamos, hazlo! ¡Contesta!— Leo aceptó de mala gana.
David.
¡Hola!— le respondió este con cariño. — Estas en tus días ¿Verdad?— dijo para animarlo.
Eso creo. — consiguió que el ninja sonriera.
¿Quién te puso así? ¿Fui yo con lo de las imágenes?
No, fue mi hermano menor.
¿Cuál de todos? ¿Rafael?
Sí.
¿Sigue en desacuerdo con tu sexualidad?
Sí.
¡Increíble! ¿Cómo alguien tan joven en pleno siglo 21 piensa tan estúpidamente?
Si pudiera te lo presentaba, para que lo creyeras de una vez por todas.
Lamentablemente gente así te encontrarás en todos lados Leo, son como una plaga que se niega a morir; lo mejor que puedes hacer es ignorarlos y vivir tu vida como te plazca, especialmente para hacerlos sufrir.
Lo sé, pero ahora no me siento capaz de poder hacerlo.
Es por que ahora estás fatigado, trata de descansar y no te presiones, relájate y verás que en poco tiempo te importará un comino lo que piensen de ti.
Ya no quiero sentirme así, estoy harto. — confesó con la voz quebrada, cosa que no gustó a su novio de internet.
¡No, no llores! No vayas a llorar o lo haré también contigo. — pedía el joven al otro lado del teléfono. — Mejor hablamos de otra cosa ¿De qué te gustaría? ¿De Star trek, de Sherlock Holmes?
No tengo ganas de nada de eso.
Entiendo ¿Qué tal si escuchamos música?— de pronto Leonardo alcanzó a escuchar en la bocina algo de movimiento y después uno de sus temas favoritos de Queen. Leo esbozo una pequeña sonrisa.
Es muy tierno de tu parte.
Solo quiero alegrarte el día. — Leo volvió a sonreír.
Te lo agradezco.
¿Qué tal si ponemos una película? La que tú quieras.
No gracias, no tengo ganas de ver nada.
Está bien, entonces sigamos escuchando música.
Está bien. — dijo con voz queda; y mientras comía con calma su abundante plato, escuchaba por el celular a uno de sus cantantes favoritos.
Ese día ni el que le siguió, Rafael pudo estar cerca de su hermano como lo había planeado desde un principio, ya que éste no deseaba verlo ni escucharlo, mucho menos tenerlo cerca de él, por lo que no le había tocado ningún turno para cuidarlo; el quelonio de rojo se veía desesperado, prácticamente se estaba quedando solo ¿Y si esta vez iba en serio? ¿Y si Leo ya no lo quería volver a ver? ¿Y si por su forma de ser también se alejaban los demás? Para tratar de distraerse Rafael salía seguido a trabajar al taller, pero de nada le ayudaba a ahuyentar sus problemas, pues Casey Jones estaba ahí y su opinión al respecto no había cambiado mucho hasta ahora.
El pelinegro seguía firme en su idea de que seguían siendo familia, que su cariño por el clan Hamato era tan fuerte como siempre lo había sido, "Pero" (había un pero) no le gustaba la idea de estar cerca de "Ese" tipo de chicos, pues temía que estos se le fueran a insinuar de manera obscena o le miraran morbosamente por todos lados. Obviamente a Rafael le molestaba esto último, pues su hermano ni en su más alocada algarabía causada por las pastillas antidepresivas, sería capaz de proponerle algo a ese tarado. Siempre que terminaban los bajones o crisis depresivas, Leo tenía un día o dos de estar extremadamente jubiloso, ahí era capaz de todo.
La penúltima noche de la crisis, Rafael se encontraba en el taller terminando de arreglar un motor para entregar al día siguiente una motocicleta, le interesaba acabar pronto para poder tener dinero en el bolsillo y seguir pagando la deuda del diario o aunque no lo quisiera ver, mandarle con los pequeños quelonios alguna golosina para hacer sentir mejor a Leonardo. De pronto notó a sus espaldas la llegada de su compañero.
¿Ya casi terminas?
Sí. — contestó secamente el quelonio.
¿Cómo está la familia?— preguntó con sincero interés. — Supe que Leonardo cayó en una de sus crisis.
Sí. — respondió el guerrero rojo.
Bien, que se mejore. — finalizó el pelinegro al tiempo que tomaba su mochila y se acercaba a la puerta. — Nos vemos. — se despidió y ahí acabó una charla más entre dos de los más grandes y viejos amigos.
Rafael dejó de lado su trabajo un momento y se quedó largo rato mirando por donde desapareció su antiguo compañero de parrandas. Por lo regular a esa hora uno de los dos esperaba al otro para salir juntos a tomar una cerveza, algo ligero para que Splinter no lo fuera a regañar; pero ahora, apenas si se dirigían la palabra, lo más que hablaban era de los compromisos laborales que estaban por llegar y punto; dejaron de confiarse todos sus secreto y de compartir sus desventuras gracias a la orientación sexual de Leonardo ¿Acaso era para tanto? ¿Jamás se volverían a hablar? Ya llevaba mucho tiempo haciéndose esta y muchas más preguntas, estaba harto.
Un par de horas después llego el guerrero a la casa, primero había pasado a un supermercado para traer algunas cosas que faltaban en la nevera y buscarle algo a Leo para que se animara. Luego de estacionar la camioneta y subir con desgano la escalera rumbo al primer piso, alcanzó a escuchar mucha algarabía por parte de sus hermanos menores en la sala de estar; extrañado fue acercándose y grande fue su sorpresa al encontrarse a los tres guerreros con caparazón situados en el sillón de tres piezas, al parecer los menores habían conseguido sacar al mayor de su habitación ¡Eso era excelente! pues significaba que ya estaba saliendo de su trance depresivo.
Animado y con las bolsas de compras entre sus brazos fue a verlos, conforme se acercaba alcanzaba a escuchar la conversación, estaban preparándose para ver algo en TV y buscaban hacer tiempo con algo divertido.
¿Cuánto falta para que empiece el especial ese?— preguntaba el menor al listo del grupo mientras estaba hincado frente a Leonardo.
Una hora más.
¿Quieres jugar a algo? ¿O ver My Little pony? Tengo muchos capítulos. — se dirigió el pequeño al primogénito que se encontraba sentado en la orilla del sofá con las piernas arriba y una manta cubriéndolas.
Lo que quieras. — permitió con voz tranquila y sonrisa cansada, aún aletargado por su condición.
¡¿En serio?! Podemos jugar Mario bros, Angry birds, Candy crush saga o ver una de las películas de Equestria girls.
Hace mucho que no juego el Candy crush. — se animó a proponer el de azul.
¡¿Es en serio?!— se extrañó Mikey.
¡¿Cómo es eso posible?!— se unió Don. — Si hace una semana me pediste ayuda para desbloquear un nivel.
Y a mí una vida. — agregó el pecoso al sorprendido líder.
No fui yo. — informó el guerrero apenado. — Fue el abuelo Yoshi, hace tiempo que lo viene jugando y ya se hizo adicto a esa cosa.
¡ ¿Es en serio?!— preguntaron al unísono.
Sí, ayer estaba empeñado en conseguir una corona, de no sé qué, ya no me deja jugarlo desde hace tiempo. — los menores estaban impactados.
¡Claro que te dejo jugarlo!— se defendió el espíritu. — Solo debes esperar a que termine mi turno.
Pero tu turno ya lleva varios días. — reclamó el mayor mirando a un punto vacío en su lado derecho.
¿Cómo puede jugar el abuelo…?— preguntó curioso Mikey. — Sí está muerto.
Igual que todos nosotros. — respondió Leo sin comprender bien el porqué de la pregunta si era obvio. — Solo debe formar líneas. — los menores se vieron impresionados.
Ahora entiendo porque insistías en que te diera más vidas. — los tres quelonios se giraron para encontrarse con Rafael. — Ya me parecía extrañó que no me quisieras ver en tu alcoba pero sí me pidieras ayuda en el juego. — Leo giró el rostro sobre su hombro derecho, donde el abuelo desapareció apenado.
Lo siento, no fui yo. — al fin respondió el mayor al ninja rojo desde hace casi una semana. — Cuando sea posible te las devolverá.
No es necesario, me gustó ayudarte. — confesó con gusto el ninja rojo por la pequeña conversación y por haber conseguido que su hermano mayor sonriera agradecido. — Y al menos ¿Consiguió la corona?
Creo que no, porque se la pasaba gritando que le faltó un osito de miel.
Esos también me dan problemas a mí. — apoyó el menor sonriendo. Luego pasaron unos segundos sin decirse nada, cuando.
¿Y qué van a ver?— rompió Rafael el incómodo silencio que se empezaba a formar.
El especial navideño de Sherlock en la BBC. — respondió el ninja morado. — Lo van a pasar esta noche.
¿Puedo acompañarlos?— preguntó esperanzado el de rojo; los menores miraron al mayor.
Si tú quieres. — la tímida respuesta de Leo alegró mucho al segundo al mando.
¡Sí quiero!— gritó con alegría. — Solo dejo esto en la cocina y vuelvo.
Te ayudo. — le siguió el menor también contento.
En poco tiempo la familia Hamato ya estaba reunida frente al televisor para ver el programa, Splinter tomó asiento junto a Leo para servirle de respaldo y apapacharlo, Rafael fue quien ocupó el último puesto en esa pieza de tres; los otros dos menores tomaron los asientos individuales a cada extremo.
Al principio el ambiente era un poco tenso, la cena se dio en la sala y la plática iba desde el día a día en el trabajo de cada Hamato y el comportamiento de Casey en el taller, hasta el entrenamiento y lo que se esperaba ver en el especial de la serie. Leo apenas si opinaba, de lo primero no tenía nada que aportar y con lo último apenas si era compartido.
Por suerte para la familia la aprensión del principio poco a poco fue desapareciendo gracias al programa que estaban viendo, pues más de una vez aunque no fueran fans de hueso colorado el programa les sacó una buena carcajada a nuestros amigos; tanto se relajó el ambiente que Leonardo aceptó la invitación de Rafa para estirar las piernas y descansarlas sobre sus rodillas; al final de la serie, todos se prepararon para ir a descansar.
Ya es noche muchachos, es hora de ir a dormir. — informó el roedor a la vez que se ponía de pie y Leonardo se sentaba correctamente en el sofá.
¡Hai sensei!— respondieron los chicos siguiendo con la mirada al padre rumbo a la cocina.
Gracias. — dijo Leo al segundo por el favor recibido.
No hay problema, nada más no se te vaya a hacer costumbre. — bromeó consiguiendo que Leo le correspondiera con una sonrisa tímida. — Por cierto, te traje algo. — curioso Leo lo vio levantarse rumbo a su cuarto y luego regresar. — Me costó mucho conseguirla, pero es justo que tengas al menos una de estas. — sin comprender de qué estaba hablando, el primogénito tomó la bolsa de papel que le ofrecía, al tocarla supo que se trataba de una revista.
Aún no puedo leer. — le recordó al segundo.
No como nosotros. — le refrescó la memoria el menor. — Pero con esta no necesitas leer nada, te lo aseguro. — esto era raro, pensaba el de azul y cuando sacó la publicación lo comprendió todo. Era una revista porno.
Pero…— una revista para caballeros que gustan de otros caballeros para ser más exactos; la portada mostraba en un fondo blanco a un hombre lampiño de piel clara con los brazos detrás de la cabeza y con una diminuta tanguita que apenas cubría un enorme paquete. Leonardo estaba impresionado.
Espero que te guste.
Pero…— trataba de hablar el primero de los guerreros pero la voz se le había ido.
Yo, no comprendo nada de tu orientación sexual. — confesaba apenado el segundo de los mayores. — Mi idea sobre la atracción, las parejas y el sexo son muy primitivas tú bien lo sabes. — el primogénito en silencio le dio toda la razón. — Pero estos días solo, yo…no quiero perderte. — reveló con la voz quebrada.- Te extrañé mucho hermanito. — las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. — Te, quiero, y en verdad lamento lo que he hecho. — de inmediato Leo lo estrechó entre sus brazos con toda la fuerza que le fue posible.
Yo también te quiero mucho hermanito. — le aseguró.
Lamento, haberte hecho, sentir mal. — decía el de rojo empapando con su llanto el hombro de Leonardo. — Ni cuenta me doy, cuando cometo tantas burradas, no quiero hacerlo en verdad. — aseguraba entre sollozos.
Lo sé. — gracias a la empatía. — Está bien. — le consolaba. — Nada más deja de hacerlo para que no se te vaya a hacer costumbre. — una risita por parte del segundo se alcanzó a escuchar entre lamentos. — Ya no llores.
Perdón. — dijo para luego deshacer el abrazo. — Te mojé la camisa.
No importa; lamento que por mi culpa estés distanciado de Casey.
No quiero estar como él, no quiero alejarme de ustedes como lo ha hecho él. — revelaba Rafa limpiándose la cara con las manos.
No te dejaré hacerlo. — Rafael sonrió.
¿Te gustó tú regalo?— el mayor tomó la revista.
Pues…parece, interesante. — opinó con las mejillas rojas. — ¿Cómo…?
No fue sencillo. — reveló el de rojo avergonzado. — No me atrevía a tomarla del revistero y cuando por fin me animé y la mostré al cajero, este miró la portada y luego me vio de arriba abajo e hizo una mueca de desagrado que no me gustó para nada.
Quizás pensó que eras gay. — se aventuró.
Admito que me disgustó su juicio, y pensé que viniendo de un familiar…
Es peor. — completó el de azul.
Perdóname por favor. — volvió a disculparse. — Rómpeme lo que quieras si lo repito.
Ya lo habíamos propuesto antes, pero está bien, lo haré si lo repites. — esto aterró al atrevido.
¿En serio?
Sí. — le aseguró el mayor poniendo nervioso al ninja rojo.
¡Pero eres un maestro ninja! ¿Abusarías de tu nivel?
Es posible. — la plática se cortó con la llegada de Don y Mikey.
Te toca lavar los platos Raph.
Está bien.
¿Qué es eso?— preguntó curioso el menor al tiempo que tomaba la revista de las manos de Leonardo.
¡Ni se te ocurra abrir la…!— demasiado tarde, el pequeño ya tenía el ejemplar abierto por la mitad y miraba con enormes ojos el poster central.
¿Pero qué…?— intentó preguntar el pequeño. — ¿Qué…?
¿Qué viste?— pidió saber Donatello, respondiendo a su propia pregunta cuando echó un vistazo sobre el hombro del pequeño. — ¡¿De dónde diablos sacaron eso?!— Rafael les arrebató la revista y la entregó a su dueño.
Es de Leo. — informó para que las miradas inquisitivas cayeran sobre el primogénito.
¡Rafa la compró!— las miradas volvieron al segundo.
¡Pero a él le gustan esas cosas!— nuevamente volvieron a ver al joven líder.
¡Pero tú la compraste! Además, los cuatro tenemos uno de esos, no sé de qué se asustan. Los muchachos iban a meditar al respecto, cuando.
Yo…dudo que alguno de nosotros lo tenga de ese tamaño. — se aventuraba a lanzar su deducción el pequeño.
¡Ay Mikey! ¿De dónde sacas tantas tont…?— regañaba el segundo mayor al pecoso, cuando este lo calló colocando la revista completamente abierta frente a sus ojos. — ¡AAARRRGGG MIGUEL ÁNGEL! ¡¿Cómo te atreves a enseñarme semejante…?!— gritaba protegiéndose la vista con los brazos, pero no consiguió evitar la foto. — ¡¿Eso es real?!
Es puro Photoshop. — respondió el más listo. — Al menos eso espero. — echaba otro disimulado vistazo a la revista.
¿Ustedes lo tienen así?— insistía el ninja naranja en saber. — ¿O se pone así con la edad? Y si es así ¿Ustedes ya lo tienen así?— le miraron los tres mayores al mismo tiempo.
¡PERO SI TENEMOS LA MISMA EDAD!— reclamó Rafael.
Y ya te dije que eso es falso. — finalizó Don.
¿Pero cómo sabes si lo tienes grande?— insistía el menor. — ¿Comparando entre nosotros? ¿Quieren comparar?
¡NOOOOOOO!— gritaron dos de los hermanos mayores, que al notar la falta del primogénito en el coro, ambos se giraron a verle solo para quedar impresionados al encontrarlo boquiabierto y con los ojos ligeramente húmedos por la emoción.
¿Dije algo malo?— preguntó el pequeño asustado, hasta qué.
¡Aaaww Mikey!— exclamó Leo al tiempo que estrechaba al pecoso entre sus brazos con mucho cariño. — Eres muy tierno. — al principio ninguno de los tres quelonios entendía bien el porqué de esta reacción, pero no fue difícil para Donatello descubrirlo; era obvio y le dio vergüenza no haber hecho lo mismo que el pequeño de naranja, pues este había demostrado a sus compañeros que estaba 100% seguro de sí mismo y no le importaba abrirse completamente ante nadie, ya sea gay o no.
La hora de ir a la cama llegó y Splinter envió a sus hijos a descansar, Donatello y Leonardo se fueron juntos a la habitación del líder para ver su tratamiento, Miguel Ángel les acompañó un rato para luego entregarles la revista que hábilmente había escondido en su caparazón al llegar su padre; Rafael les siguió unos pasos atrás, iba lento, ocupado con una pregunta nacida después de ver algunas fotos de la reciente publicación, acaso… ¿Los chicos gay la tienen más grande que los heterosexuales? Se preguntaba ¿Leo la tendrá más grande que yo? No creo que haga falta decirles a dónde se desviaba su mirada cuando se hacía esas preguntas.
Quizás fue gracias al ameno momento que el programa dio, el que la familia estuvo unida y los hermanos hicieron las paces que Leonardo tardó solo un día más para salir por completo de su crisis depresiva; aún se veía serio o pensativo, pero al menos ya estaba afuera de su cuarto y aceptaba estar presente en las clases de sus compañeros. Al fin empezaría a trabajar en su página de internet. Esta ya había sido dada de alta, pero las citas para el vídeo chat quedaron pendientes por obvias razones, ahora que el "Magnífico hechicero Raion" estaba de vuelta, las consultas comenzarían de inmediato.
Como era de esperarse los primeros clientes de Raion no fueron muy serios que digamos, bueno, la verdad hubo un poco de todo; la primera en obtener una conversación con Leonardo en su papel de futuro sacerdote vuduista quería que le leyeran la fortuna, nada emocionante para el hechicero. El segundo fue un hombre que quería complacer a su novia al consultar a un brujo para que le dijera si debía aceptar la oferta de trabajo de su futuro suegro o quedarse en la empresa actual. Luego una mujer mayor de 40 años quería saber si podría encontrar el amor y por último un grupo de mocosas de apenas unos 17 años tenían cita esa noche como parte de su fiesta de pijamas, ahora mismo Leonardo se preparaba para consultarlas en su habitación, donde tenía su espacio preparado para trabajar, cuando llegó una visita inesperada.
¿Tienes trabajo esta noche?— preguntaba Rafael al entrar al cuarto de su hermano mayor con un paquete blanco bajo el brazo y encontrarlo abrochándose su larga gabardina negra.
Sí, y tú olvidaste de nuevo tocar antes de entrar.
¡Ups! No me fijé.
Aja, y exactamente ¿Qué quieres preguntarme?— Rafael lo vio impresionado dejando su carga en la cama.
¡Vaya! admito que eso estuvo bueno, yo…vine a hacerte una solemne invitación. — Leo le miró poco interesado.
¿En serio? Espero que sea al cine.
¡Claro que no! que no estaría mal ya que estás ganando dinero.
Apenas llevo muy poco. — prestó atención a la nada. — Solo llevo tres consultas. — finalizó con el dato aportado por Yoshi. — Voy por la cuarta.
Eso lo veremos luego, lo que quiero ahora es tratar tu ingreso al club secreto de los súper héroes de los hermanos Hamato. — Leo que iba por su máscara de demonio al tocador, se giró con ella en las manos para prestar mayor atención al segundo al mando.
¡¿El qué?!
El viejo club secreto de los súper héroes de los hermanos Hamato ¿No lo recuerdas? Lo habíamos formado de niños.
¿Lo habíamos formado? ¿Nosotros?— la mirada que le dedicó al respecto no era del todo amigable.
Cierto, solo nosotros. — admitió apenado. — Por eso propuse volver a formarlo para que ahora los cuatro estemos juntos en él ¿Qué dices? ¿Aceptas la invitación?
¡Por supuesto!
¡¿En serio?!— preguntó animado el quelonio.
¡Claro! Pero antes tú y yo vemos juntos una película porno gay mientras nos pintamos las uñas de rosa y comemos bombones de fresa ¿Qué te parece?
¡ ¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?!
¿No te gustó? Creí que estábamos jugando a decir estupideces. —
¡Claro que no! yo estaba hablando en serio con respecto al club y bueno… ¿Te apuntas?— preguntaba un poco más repuesto de la sorpresa.
No.
¡ ¿Por qué?!
Porque no Rafael. — informaba molesto. — La invitación la quería cuando éramos niños no ahora que solo lo hacen porque me tienen lástima.
¡No lo hacemos por lástima!
¿Entonces por qué lo hacen? ¿Por qué lo reinician ahora que estoy enfermo y no antes que les pedía se quedaran un rato más conmigo en el dojo? ¡Es obvio que lo hacen por compasión!— finalizaba su deducción.
¡No es compasión!— aseguraba el menor. — No lo hicimos antes porque éramos unos egoístas que solo veíamos por nosotros mismos. — tal sinceridad impresionó a Leonardo. — Ahora que nos damos cuenta de nuestros errores, vimos que no fue justo lo que te hicimos de niños; el rechazarte de nuestros juegos y dejarte en manos de Splinter solo porque eras mejor estudiante que nosotros, no fue correcto. — estas palabras formaron un nudo en la garganta de ambos hermanos. — Yo creí que lo correcto era reabrir el club para que vivieras con nosotros lo que fueron nuestros pasatiempos, el estar reunidos vistiendo disfraces, incluso te traje uno. — señaló la caja blanca. — ¿Qué dices?— Leonardo lo miraba seriamente.
Creo que todo tiene su tiempo Rafael. — y dicho esto comenzó a avanzar rumbo al escritorio al lado izquierdo de la puerta de salida.
Te entiendo. — el mayor se frenó y apenas giró para verlo de costado. — Y te doy toda la razón de negarte; yo en tú lugar te habría dicho que te metieras tú estúpido club por el...ya sabes. — se entendía. — Y hasta me daría el gusto de sacarte a golpes de mi habitación, pero…— Leo prestó atención. — En serio quisiera que nos acompañaras; ya no lo veas como el club de nuestra infancia, hasta puedes dejar de lado el disfraz que te conseguí. — el mayor retiró la vista del quelonio. — Solo ven a pasar un rato agradable con nosotros como hermanos ¿Qué dices?— el silencio se hizo por unos segundos.
Apaga la luz antes de salir ¿Quieres?— dijo para luego tomar asiento frente a la pantalla de computadora donde iba a trabajar.
Está bien no hay problema. — alcanzó a escuchar Leonardo a su espalda para luego quedarse solo. No podía negar el primero de los quelonios que le había dado pena negarle algo a sus hermanos, pero francamente ir al dichoso club de su infancia ahora que no lo había solicitado no iba a suceder jamás. Rafael por su parte no se veía desanimado, de hecho, era hora de iniciar el recién nacido plan B.
El resto de la tarde cada uno de nuestros amigos se la pasó ocupado en sus propios negocios. Donatello atendió a un par de clientes que no paraban de hacer preguntas y de pedir cada una de las indicaciones explicadas lentamente y varias veces repetidas, pero que no se vieran reflejadas en el recibo. Miguel Ángel talló un par de tablas con dos de sus más alocados diseños para un patinador conocido en la red, al menos eso decían las muchas repeticiones de sus vídeos en youtube y Rafael salió al taller para recibir su paga por una motocicleta que había dejado lista la noche anterior y también para comprar algunas cosillas.
Ataviado con su indumentaria negra y con un alterador de voz, Leonardo se sentó frente a una cámara de vídeo y un monitor para comenzar con su cita de las 8 de la noche. Luego del vídeo de introducción (Una estrategia por parte de Donatello para comenzar a cobrar desde el principio de este) Aparecieron ante él la imagen de unas cinco jovencitas de entre 17 y 19 años, vestidas con unos coquetos y pequeños pijamas en color pastel.
La apariencia y actitud atrevida de las jovencitas le pareció al hechicero, un auténtico cliché de películas para adolescentes, obviamente estaban de fiesta, algo salvaje y desagradable para su gusto, pues al parecer las chicas estaban desatadas y seguro le darían una mala pasada. Esto será pesado, pensó el joven hechicero con tan solo verlas brincando al frente de la cámara y reír como locas.
¡Miren chicas!— gritó una rubia. — ¡Ya se asomó!— Leo frunció el entrecejo bajo su máscara.
Goeie nag señoritas (Buenas noches señoritas) ¿En qué les puedo ayudar?— saludó con su alterador de voz.
¡¿Qué diablos dijo?!— preguntaba entre risas una morena de cabello lacio a la espalda.
Quizás ya nos está hechizando. —respondió una castaña haciendo reír a sus amigas.
¿Qué es exactamente lo que desean señoritas?— pedía saber Raion comenzando a perder la paciencia.
¿Cumple deseos?
Porque yo quiero un novio guapo. — las risitas del grupo celebraron el comentario de la compañera. Leonardo por su parte ya deseaba cerrar la sesión, pero como le decían sus amigas espirituales, déjalas perder el tiempo, tú ganarás más y aunque no le gustara era cierto; en cambio Yoshi como orgulloso guerrero que es, también deseaba mandarlas al averno.
¿Quieren saber si tendrán novio?— preguntó el hechicero tratando de seguir haciendo tiempo, pero como que no lo tomaban muy en serio.
Yo no. — dijo una.
Yo tengo dos. — reveló otra.
A mí no me faltan pretendientes. — enfatizó su comentario la rubia al mostrar sus curvas frente al monitor. Las risas de las chicas se escucharon de nuevo.
Entonces no necesitan nada. Adiós.
¡No, espera, espera!— Leo esperó antes de cerrar la sesión.
No te enojes.
Ya hicimos enojar al brujo. — se escuchaba al fondo.
No nos vaya a maldecir. — hubo risitas de nuevo.
Yo quiero saber si pasaré mi examen. — levantaba la mano una jovencita con una blusita de tirantes y cabello corto.
Depende de cuánto estudiaste. Goeie nag (Buenas noches)—
¡Oye no te vayas!
Te contratamos para entretenernos, no para que solo te dieras gusto mirándonos el trasero y luego te fueras. — reclamó la rubia y líder del grupo, de nombre Sandy.
Al hacer la cita el contrato dice que tengo derecho de cerrar la sesión cuando lo considere necesario. — les señaló el hechicero. — Y como no me están tomando en serio entonces doy por cerrada la conversación.
¡Noo!
¡Oyee!
¿Alguien leyó el contrato?
¡No te vayas aún! — se alcanzó a entender entre los gritos de las cinco clientas.
¿Entonces qué quieren?— las chicas se preguntaron entre ellas algo entretenido que hacer con el brujo.
¿Cuánto llevamos de tiempo?— preguntó la jovencita de cabello castaño.
15 minutos. — informó una castaña rubia.
¡Esos son como 60 dólares! No te voy a pagar 60 dólares por no hacer nada. — amenazó la rubia con el apoyo del grupo.
Te iría peor si no lo haces. — advirtió Raion ya molesto.
Nos está amenazando. — señaló una de las jovencitas.
Eso no está bien. — opinó otra.
¿Qué te parece si te muestro las tetas a cambio de perdonar la deuda?— preguntó la anfitriona.
No.
¡Es un buen trato!
No.
Otros aceptaron.
Yo no.
Entonces gánate tú dinero.
¡Sí!— gritaron las chicas.
Léenos las cartas o lee mis manos. — exigía Sandy.
No.
Entonces no te vamos a pagar nada. — las risas se escucharon de nuevo por parte del grupo, y lejos de estar furioso, Leonardo solo sonrió dentro de su disfraz.
Lo harás. — sentenció confiado.
No.
Te aseguro que sí.
¿Cómo harás eso?
¿Con un hechizo?— las risas de las chicas no se hicieron esperar.
Enviaré a alguien a cobrarte.
¡Me sigue amenazando chicas!— las risas se escuchaban.
¿Y cuándo vendrá por su dinero?
Estoy enviando a alguien para allá. — reveló Leo al tiempo que señalaba a una de sus muñecas para hacer el trabajo; estás estaban sentadas frente a la ventana, fuera del cuadro de la cámara.
Esas son mentiras, no tienes mi dirección. — se mofó Sandy.
Ese no es un problema para mí. — las risas de tres de las chiquillas no se hicieron esperar, pues gustaban de molestar a extraños en internet; las otras dos se miraban nerviosas, pues de todos los anteriores, éste era el primero en decir que iría directamente por su dinero, los otros solo se limitaban a mentarles la madre.
Haz lo que quieras. — ordenó la joven rubia buscando cerrar la página, cuando la luz de toda la casa se apagó excepto en el monitor de pantalla y la temperatura del cuarto bajó drásticamente.
¡Aaahhh!— gritaron las chicas al mismo tiempo.
¡¿Qué demonios pasó?!— exclamó la rubia.
Te dije que mandaría a cobrar mi dinero. — les recordó Raion. — Y parece que ya llegó.
¡¿Quién llegó?!— preguntó una de las amigas cuando escucharon en el primer piso a los padres de Sandy investigando el porqué del apagón.
¡Somos la única casa sin luz!— decía la madre.
¡Revisaré los fusibles!— de pronto las muchachas escucharon un golpeteo en la ventana.
¡¿Qué fue eso?!— preguntó la de cabello corto. — ¿Oyeron eso?
Yo no quiero saber nada. — alcanzó a escuchar Leo con una sonrisa en su rostro. El ruido de la ventana se intensificó.
¡Oyeron! ¡Ahí está otra vez!
Son golpes. — la cinco jovencitas se miraron unas a otras en busca de una valiente que fuera a revisar y antes de que una "Inocente" fuera elegida, tomaron a la anfitriona y la empujaron rumbo a la ventana de su cuarto.
¡¿Por qué yo?!
¡Porque esta fue tú idea!— reclamó la morena para de inmediato volver a escuchar los golpes en el cristal llamando su atención.
Obviamente la joven rubia no deseaba ir a recorrer la cortina, el cuerpo entero le temblaba como hoja al viento, pero por orgullo ante sus amigas tomó valor y se acercó poco a poco. Ya frente a la ventana a simple vista no se apreciaba nada, quizás era una rama o un pájaro, pensaba; pero al recorrer la rosada tela que servía de cortina se encontró de frente con el rostro descarnado de una mujer vestida de blanco y cabello largo negro enmarañado.
¡AAAAARRRRGGGGG!— gritaron las cinco jovencitas al verla, para de inmediato correr a la puerta del cuarto y escapar corriendo a sus respectivas casas, pero al abrirla se encontraron de frente con la misma mujer que vieron a través del cristal. — ¡AAAAARRRGGGG!— volvieron a gritar al tiempo que cerraron la puerta, o al menos lo intentaron, pues la entidad afuera de la recámara intentó cruzar el umbral y las cinco jovencitas para evitarlo comenzaron a empujar la puerta.
¡MAMÁ, MAMÁ!
¡SEÑORA BROWN, SEÑOR BROWN!
¡AYUDAAA!— gritaron las cinco sin que nadie les respondiera ni las fueran a buscar.
¡CRAACKK! Escucharon las muchachas que la madera de la puerta estaba cediendo.
¡VA A ENTRAR, YA VA A ENTRAR!
Les dije que mandaría a alguien por mi dinero. — alcanzaron a escuchar desde el monitor. — Ahora hagan negocios con ella, yo me despido. — de pronto volvió a sentirse un fuerte golpe en la puerta y una especie de quejido por parte de la muerta.
¡SÁCALA DE AQUÍ!— pidió una de las chicas.
¡POR FAVOR SÁQUELA DE AQUÍ!— corrigieron sus modales.
Saben cómo hacerlo.
¡SANDRA PÁGALE SU DINERO Y QUE NOS DEJE EN PAZ!— la rubia se retiró del grupo y fue a la pantalla.
¡ESTÁ BIEN, ESTÁ BIEN! ¡TE PAGARÉ!
¿Disculpa?
Yo, yo, yo lo siento, lamento haber sido grosera, le pagaré lo que le debo pero por favor ¡SÁQUELA DE AQUÍ SEÑOR, POR FAVOR!— Raion mostró dos dedos. — ¿Qué?
El contrato dice que si te niegas a pagar la primera vez, la segunda será doble.
¿Doble?
¡LE DAREMOS EL TRIPLE SEÑOR, PERO LLÉVESE ESTA COSA DE AQUÍ!— gritaron desde la puerta.
Está bien. — y de inmediato los golpes pararon, la luz volvió al hogar y la temperatura regresó a la normalidad. — Y más les vale no negarse de nuevo o mi amiga volverá acompañada…— las chicas se miraron entre ellas. — Goeie nag señoritas. — la sesión terminó y las chicas se quedaron calladas, sollozando y mirando a su alrededor tratando de comprender si lo que había pasado fue real, pues al volver la luz, la señora de la casa fue a ver si estaban bien y por siempre jurará a quién pregunte que nunca las escuchó pedir ayuda.
Entonces. — preguntó Splinter a sus hijos reunidos en la mesa para la cena. — ¿Cómo les fue el día de hoy?— el primero en responder fue Miguel Ángel frente a su plato de espaguetis.
Yo vendí dos patinetas con diseños originales y protecciones; gané 300 dólares. — la familia festejó la venta.
¡Felicidades Mikey!— gritaron sus hermanos.
Te felicito. — le siguió Splinter. — Donatello ¿Cómo te fue a ti? — este no se vio muy contento.
Tuve dos clientes y apenas gané cerca de 100 dólares.
Algo es algo. — trató de animarlo el quelonio de rojo.
Lo importante es que brindaste un excelente servicio, te felicito. — el niño genio sonrió agradecido, pero no feliz.
Gracias sensei.
¿Y tú Rafael?
Yo entregué una motocicleta y gané 490 dólares. — presumió a la familia con una gran sonrisa.
Excelente Rafael, te felicito; Leonardo. — el mayor fue el centro de atención. — ¿Cómo te fue en tu cita de las 8?— la familia prestó atención al muchacho que picoteaba sus pastas.
Atendí a unas chicas en una pijamada, primero se burlaron de mí y no paraban de jugar conmigo, quise dar por terminada la sesión a los…— miró al abuelo en busca de datos. — 15 minutos y las chicas dijeron que me pagarían el servicio mostrándome sus pechos. — la familia estaba impresionada.
¡Pero qué groseras!— exclamó impactado Donatello.
¿Y se las viste?
¡Rafael!— le llamó la atención su padre.
¿Y qué hiciste?— pidió saber el menor.
Obvio les dije que no y traté de cerrar la sesión, pero insistieron en que querían un servicio, les dije que no y dijeron que no pagarían, así que le pedí a Khan que fuera a cobrarles. — el clan completo se miró confundido.
¿Mandaste a una de tus amigas…?
¿… a cobrar tú dinero?— Rafa finalizó la pregunta que Mikey inició.
¿Cómo fue eso?— preguntó Don.
Fue muy divertido. — expresó sonriendo Leonardo. — Primero llamó su atención por la ventana y luego se les apareció en la puerta de su recámara cuando intentaban huir aterradas ¡Ja, ja, ja!— reía divertido al recordar la escena. — Al final me pagaron…— volvió a ver al abuelo, pues este le llevaba las cuentas. — Me pagaron tres veces lo que me debían. — la familia estaba boquiabierta.
¿Y cuánto fue eso?
Para entonces ya llevábamos 25 minutos.
Entonces te pagaron 288 dólares con 75 centavos. — hizo la cuenta Donatello llamando la atención de todos.
¿Cuánto has ganado hasta ahora?
Leo miró a su abuelo en busca de datos.
Veamos…el abuelo Yoshi dice que van cuatro sesiones, las primeras tres duraron una hora cada una y los tres compraron un amuleto de 10 dólares más lo ganado en esta última. — Don volvió a hacer cuentas.
Llevas ganado hasta ahora 1011 dólares con 75 centavos. — finalizó impactado el niño genio.
¡ ¿1011 dólares y 75 centavos en solo tres horas y 25 minutos?!— gritó Rafael impresionado. — ¡Yo tardé tres días para ganar 490 billetes!— Leo le miró confundido.
¿Significa que te gané?
El segundo al mando no daba crédito a lo que estaba ocurriendo.
¡¿Qué?! ¡No lo puedo creer! ¡Nos ganó con una página esotérica!
¡Increíble!— expresó el menor. — ¿Necesitas ayudante? No doy mucha lata.
Miguel Ángel. — le llamó su padre. — Tú ya tienes trabajo.
Así es. — le apoyó Don. — En ese caso me ofrecería yo, ya que el mío es detestable.
Pues deja de hacerlo. — intervino Rafa. — Ya te habíamos dicho que lo hicieras antes.
¡Lo sé! Es solo que no quería dejar de ayudar en la casa.
Pero igual tendrás que hacerlo. — intervino Leo. — Ya que pronto estudiarás la universidad. — Don sonrió un tanto incrédulo.
Leo, no creo que sea conveniente.
¡¿Por qué no?!
Porque con ese dinero podrías ayudar en la casa como nunca antes lo habías imaginado. — el mayor le miró con ternura.
Donnie; con respecto a la casa yo nunca imagino nada solo hago las cosas. — la familia sonrió. — Y por último, decidí abrir esa página esotérica de la que tanto se burlaron solo para que estudies en la universidad que tanto te gusta. — el joven genio estaba agradecido.
Leo.
Deberías dejar ya ese trabajo que tanto te frustra y enfocarte en tus estudios. — el menor iba a objetar pero de inmediato fue interrumpido. — Y si quieres ayudar a la familia sigue como hasta ahora cuidando de nosotros y divirtiéndote, ya que no sería bueno que tú también te enfermes ¿No crees?— el menor lo estrechó entre sus brazos.
¡Leo!
¿Podrás inscribirte esta noche?
¿Y si este fue solo un golpe de suerte? ¿Y sí no vuelves a tener ventas porque esas chicas te hacen mala publicidad?— Leo le miró incrédulo.
No tengas miedo, te aseguro que esto se pondrá aún mejor.
El chico no se veía muy convencido.
Esperemos una semana ¿Sí? así investigo primero lo que se necesita para la inscripción.
Está bien. — apenas aceptó el mayor. — Pero no intentes darme largas ¿Entendido?
Entendido, yo, no quiero que me mandes a una de tus amigas. — la broma de Donatello hizo reír a todos en la mesa.
De acuerdo. — intervino Splinter. — Ahora terminemos de cenar. — la familia estuvo de acuerdo, no sin antes felicitar al nuevo ganador de la pequeña competencia familiar. Terminada la cena, Splinter se llevó al primogénito para aplicarle su tratamiento mientras los otros tres terminaban de arreglar la cocina.
¿Por qué no te inscribes esta noche Don?— preguntó el menor secando los platos que el genio lavaba. — La página de Leo es un éxito.
No quiero arriesgarme Mikey ¿Qué tal si no vuelve a repetirse y ya estoy inscrito? Pondría demasiado estrés en Leo y apenas va saliendo de la crisis depresiva.
Entiendo, pero nosotros también podríamos ayudar.
Ya lo hacen con los gastos de la casa.
Igual podremos ayudarte con algo del colegio ¿No crees?— preguntó Rafael limpiando la mesa.
Es posible ¿Y cómo vas con el asunto del club?— preguntó el genio para cambiar el tema. — ¿Aceptó la invitación?— el ninja rojo se vio apenado.
No aceptó, de hecho. — ambos hermanos dejaron de lado sus obligaciones para verlo. — Pensó que se reabrió el club por pura lástima. — los menores parecían desanimados.
¡¿Eso significa que no habrá club?!
Es una pena. — opinó Don. — Ya me estaba haciendo a la idea de ir disfrazado.
¡Pero tiene que aceptar nuestra invitación!— casi rogaba el pecoso. — Ya hice muchas compras para todos ¡No me puede hacer eso!
No lo vamos a obligar Miguelón.
Pienso insistir esta noche. — reveló el de rojo.
¿Qué piensas hacer?
¿Quieres que te acompañe?— preguntó Migue. — Puedo llorar para que acepte.
¡Sin chantajes! — exigió Don.
No hace falta que llores ni nada por el estilo. — aclaró el mayor. — Es algo que dijo antes de negarse y que pienso intentar esta noche antes de que se duerma.
Pues tendrías que irte ya, Splinter ya debió aplicarle la medicina y no tardará en darle sueño.
¡Corre!— ordenó el pequeño. — Nosotros nos encargamos de tus labores. — el ninja morado no se vio muy de acuerdo con esto, pero el mayor aceptó.
Ok, entonces nos vemos. — se despidió Rafa rumbo al segundo piso.
¿Qué fue lo que compraste Mikey?— preguntó el joven genio.
Es una sorpresa para cuando estemos en el club. — Don no pudo obtener nada más. Antes de llegar al cuarto de Leonardo, Rafael pasó primero al suyo por su caja blanca y una bolsa de plástico. Al llegar con el primogénito y medio tocar a su puerta, lo encontró al parecer hablando solo y terminando de ponerse su pijama.
¡Pobrecitas!— reía el ninja azul frente a sus muñecas. — No volverán a burlarse de nadie más por mucho tiempo.
Se lo merecían. — opinó Mad.
Yo quería hacerles más cosas. — reveló Khan. —Pero…— miró a Leo.
Con eso fue suficiente, no…— se giró. — ¿Por qué no tocas Rafael?— el muchacho entró a la habitación.
¿Con quién hablabas?
Con las chicas ¿Por qué no tocaste la puerta?
Lo hice, pero no muy fuerte. — el mayor solo alzó la vista al cielo.
¿Qué quieres?
Hacer lo que dijiste. — Leo le miró confundido. — Vamos a ver una película… porno… gay. — tomó aire. — Pintarnos las uñas y comer bombones. — le mostró una caja de dulces y tres botellitas de esmalte que sacó de su bolsa. — Pregunté por esmalte rosa y me mostraron tres tonos diferentes, yo los veo igual pero en fin ¿Cuál quieres tú?— no solo Leonardo, las chicas y el mismo abuelo Yoshi lo miraban boquiabiertos.
¡ ¿Qué quieres hacer qué?!
El de rojo explicó.
Dijiste que irías si primero nos pintábamos las uñas y veíamos una película.
¡Pero eso fue porque pensé que estábamos jugando! Yo sabía que jamás harías esto y por eso lo propuse, así como yo jamás iría a tu estúpido club.
Pero yo si quiero que vayas al estúpido club y los chicos quieren verte también en él; y si es necesario hacer esto para que aceptes nuestra invitación, pues...— trató de agarra valor en una profunda inhalación. — Entonces veré, con mi hermano mayor… una película porno… gay… mientras nos, pintamos las uñas de color. — miró el envase luego de pasar saliva. — Rosa pasión y comeremos bombones de fresa. — Leonardo no daba crédito a lo que estaba ocurriendo, ni los mismos espíritus presentes podían creerlo.
Debes estar bromeando. — finalizó el mayor siguiéndolo con la vista, pues el menor se movía por su habitación.
Pues no; hace frío en esta recámara ¿Deberé usar pijama? No lo creo, no me quedaré mucho tiempo, creo. — se preguntaba y se respondía a la vez que acomodaba lo que había traído bajo la mirada incrédula de Leonardo.
No estás hablando en serio.
¡Claro que estoy hablando en serio! ¿O acaso no te lo está diciendo tú empatía?— el mayor lo pensó un momento. — No sabes lo mucho que luché contra esta idea. — compartía mientras buscaba dentro de la bolsa la película que verían. — ¿Ya viste esta porno?— Leo atrapó el DVD que le lanzaron el cual lucía en su portada a un hombre desnudo sujetando su miembro con la mano derecha.
¿De dónde sacaste esto?
De otra tienda, en serio detesto hacer este tipo de compras, las miradas que te lanza el vendedor; eso jamás me pasó cuando compraba mi pornografía. — Leo estaba impactado. — ¿Y bien? ¿Qué esperas para poner la película?— preguntó el segundo al mando sentado en la cama. — ¿O quieres pintarte primero las uñas?
Esto era algo inaudito para Leonardo ¡¿Qué diablos estaba pensando ese idiota?! ¿Qué esperaba obtener con todo esto? Se preguntaba ¿Ver una película porno gay con tu hermano homosexual, cuando todo esto siempre lo aterró? ¿Acaso era un truco? Quizás Rafael esperaba que este se negara y aceptara todas sus condiciones con tal de que se fuera de su habitación, comenzó a meditar; tal vez ese era su plan desde un principio, ponerlo nervioso sin hacer nada y salirse con la suya, bien, pues no le ganaría esta.
Decidido a seguirle la corriente, Leonardo sonrió con suficiencia y se dirigió a donde el aparato de DVD se encontraba, apenas se puso frente a este, el aparato se encendió y sacó su charola para colocar la película, luego se retiró dejando que el aparato se hiciera cargo del resto.
¡Vaya!— expresó Rafael sentado en la cama. — ¿Ya no necesitas el control remoto?
Ya no. — respondió Leo tomando asiento junto al menor dentro de las colchas, el cual al ver que el disco comenzaba se empezaba a poner nervioso. — ¿Estás listo?— preguntó insinuante el ninja azul al de rojo, quien tragaba saliva con dificultad.
Eso creo.
Si quieres puedes volver a tu habitación, no hay problema.
No. — respondió con la voz temblorosa, pero decidido. — Dale play. — y obediente al mayor la película comenzó.
Como muchas películas de su tipo, y Rafael lo sabía bien; esta comenzó proyectando uno por uno a sus actores luciendo sus atléticos, lampiños y desnudos cuerpos, ya sean solos masturbándose o en pareja con otro atractivo caballero. Leonardo estaba interesado en la filmación y la miraba con absoluto interés, pero Rafael, este trataba de evitar mirar la pantalla fingiendo abrir la caja de bombones o eligiendo el esmalte que usaría en su hermano.
Esos dos son muy guapos ¿No crees?— preguntaba Leonardo con la clara intención de poner nervioso a Rafael. — Mira el tamaño de sus…
¿Cuál de estos tres quieres?— interrumpió el menor. — ¿Rosa pasión, perla o romance?
El más fuerte. — Rafa levantó la vista impactado. — Quiero que tus uñas resalten.
Pero es para ti.
Usaremos el mismo. — tratando de obtener paciencia del aire al respirar profundamente o del cielo al elevar una oración o incluso de la misma botellita que tenía en sus manos, Rafael comenzó a revisar el envase para empezar a trabajar.
¿Cómo se usa esta cosa?
¿Acaso nunca viste cómo lo hace Abril?— tomó la botella de sus manos.
Nunca.
Qué raro, creí que la espiaban en todo momento cuando se hospedó aquí. — la sangre del guerrero rojo se fue hasta el suelo.
¿Acaso tú…lo sabías?
Así es, por eso procuraba mantenerlos ocupados cuando se iba a bañar o a cambiar de ropa.
¿Y por qué no nos dijiste nada?
¿Me habrías hecho caso?— el atrevido quelonio se encogió de hombros. — Esperaba que tuvieran un poco de conciencia y también ya estaba muy cansado de pelear con ustedes. — confesaba mientras abría la botella y tomaba la mano izquierda de Rafa.
Entiendo.
Quizás deberíamos disculparnos con Abril.
¡ ¿QUÉÉÉÉÉ?! ¡ ¿ESTÁS LOCO?!— gritó retirando la mano. — ¡Nos mataría!
A ustedes sí, por mirones. — volvió a tomar su mano. — A mí me reclamaría, tal vez.
¡Ja! No lo dudo, como ya son "Tan amiguis". — esto último lo dijo con voz chillona.
¡Aja! Mejor dime cómo va la película.
¡Mírala tú! Yo te pinto primero las uñas.
Ya estoy en eso. — le mostró el primer dedo que llevaba pintando.
¡Oye! Yo pensaba hacértelo primero. — esta frase provocó una risita burlona en el primogénito.
Tú no me vas a hacer nada primero, y no creas que me harás tonto. — señaló el televisor al tiempo que daba un bostezo. — Mira la película. —
¡Aayy!— se quejó el segundo luego de echar un vistazo al monitor. — ¡Aayy!— seguía como si le estuvieran haciendo algo.
¿Qué ves?
¡Aayy, pueeess! Hay dos, sujetos. — bastante musculosos para ser gays, pensó el ninja rojo. — Uno con barba negra y el otro rasurado que, se están…besando. — dijo al fin con trabajo. — Y parece que se quieren comer el uno al otro. — admitió sorprendido. — ¿Cómo pueden hacer eso?
Son homosexuales y se conocen. — dijo Leo entre bostezos. — Les es natural besarse apasionadamente entre ellos.
Supongo.
¿Y qué sigue?— el segundo se obligó a ver.
¡Oh dios! Se están agarrando sus…sus cosas. — esto hizo reír a Leo.
¡Penes Rafael! Son penes.
El ninja rojo miró a donde estaba su hermano haciendo honor a su bandana.
¡No puedo seguir viendo eso! — luego miró su mano. — ¡¿Todavía no terminas?! ¡Son solo tres dedos!
Es que me caigo de sueño, y creo que necesitas otra capa de esmalte.
No quiero que me dure toda la semana, ahora me toca a mí.
Me falta la otra mano. — resignado Rafa se la entregó. — Mejor dime en qué va la película.
¡Oh vamos, es una porno! ¡¿En qué crees que va?!
Rafa.
Está bien. — miró. — ¡Oh por todos los cielos!— exclamó impactado. — Se la está…el barbón se la está…
¿Chupando?
¡LEO!— el mayor rio a carcajadas.
¡¿Qué?! ¡Así lo dicen todos! ¡¿No?!
Rafael lo miraba impresionado.
¡Pues sí! Solo que, no lo había escuchado viniendo de ti.
El mayor sonrió.
Ya terminé. — dicho esto le entregó la botella de pintura, se acostó y arropó con sus colchas. — Dime qué sigue.
¡Oye! Me toca pintarte las uñas. — le reclamó el segundo.
Mañana temprano, ya es tarde y tengo sueño, mejor dime en qué va. — aceptando esto como un triunfo sobre el primogénito, Rafa permitió que Leo se recostara y continuó relatando la película.
Pues…se siguen, chupando sus, cosas.
¡Mmm, qué rico!— alcanzó a murmurar el mayor bajo las colchas. Rafael lo miró de nuevo.
¿Y tú qué sabes si es rico o no?
Porque lo sé. — el segundo lo vio boquiabierto.
¿Qué dijiste?— retiró un poco la colcha que cubría el rostro del joven líder. — ¿Acaso tú, lo has hecho?
Aja. — Rafael no lo podía creer ¿Le estaría diciendo la verdad o Leo no alcanzaba a escuchar la pregunta por estar medio dormido?
Me estás diciendo ¿Qué has tenido sexo oral?
Aja. — el ninja rojo no daba crédito a lo que le estaban diciendo.
¡ ¿CON QUIÉN DIABLOS LO HICISTE?!— gritó tan fuerte el segundo al mando, que sacó de un salto al primogénito de su sueño.
¡ ¿Qué, Qué ocurre?! ¡ ¿Qué sucede?!
¡ ¿TUVISTE SEXO ORAL?! ¡DIME! ¡ ¿CON QUIÉN?! ¡ ¿CON QUIÉN LO HICISTE?!
¡ ¿Hacer qué?!
¡ ¿ACASO ERES VIRGEN?!
¿Qué?
¡CONTÉSTAME!
El tiempo pareció detenerse en ese preciso momento, ninguno de los dos guerreros dijo nada, ninguno de los dos hacía nada más que mirarse detenidamente en espera de una respuesta por parte del otro; mientras afuera en el pasillo, se escuchaba venir a alguien debido a los gritos de Rafael.
Fin del capítulo 5.
