¡Perdón, perdón y nuevamente les pido perdón!
No puedo empezar de otra manera que no sea esta, nuevamente les pido perdón por mi exagerada tardanza para actualizar esta historia, pero como muchos que también escriben saben que la vida misma te pone trabas por medio de las labores y rutina diaria que no te dejan mucho tiempo para trabajar en lo que más te gusta.
Espero que este capítulo sea de su agrado, les advierto que tiene contenido adulto y explicito yaoi (O sea, sexo entre hombres) además de palabras, digamos, fuertes; no groserías, pero sí descripciones. Si a alguien no le agrada, lo lamento.
Y por cierto, ya que menciono esto, aquí abajo dejo un review que escribí en respuesta de un mensaje que dejó Realtortufan. Lo subo tal cual lo mandé, pues no sé si lo leyó, así que de esta manera me aseguro de haber hecho lo posible por mandar mi mensaje ya que el chico no tiene a dónde escribirle.
Y sin más por el momento. Ya después del review y de dejar claro que las tortugas ninja son propiedad de sus respectivos dueños y que yo solo escribo de ellas sin fines de lucro. Espero disfruten del capítulo.
Besos.
Review para Realtortufan.
Esto es algo que jamás hubiera imaginado tener que hacer, escribirme a mí misma para poder responderte amigo Realtortufan, pensaba hacerlo en el siguiente capítulo, pero para variar esta aún sin terminar.
Antes que nada te pido por favor no faltes al respeto a las chicas de fanfiction, no es de caballeros educados como presumes ser hablarle así a nadie sin importar si son hombres o mujeres, mucho menos agredir por sus gustos, mismos que también son los míos. No, nadie me hizo cambiar de parecer ni me ha pervertido, lamento decepcionarte pero antes de subir el fic del Verdadero enemigo yo ya tenía otras dos historias publicadas y sin terminar que también tocan el tema yaoi; una es de Harry Potter y la otra de Gatchaman, una serie japonesa que en México conocíamos como Fuerza G.
Si el Verdadero enemigo no contiene yaoi, fue porque el mismo fic no me permitió agregarlo; ya antes he dicho que siempre me dejo llevar por lo que me dicta la historia y si esta me dice que pareja va o no va en la trama, entonces yo obedezco; es por eso que escribí esta secuela, para aclarar varios puntos que me parecían importantes.
La biblia dice muchas cosas y yo no hago caso a los mensajes de odio. Yo creo en un dios de amor y sabiduría; él jamás se equivoca y por lo mismo la homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad y cualquier otra sexualidad que se te venga a la mente es sana y legítima siempre y cuando nadie salga lastimado. Las que sí condeno hasta la muerte son la zoofilia y pedofília, pues ahí obviamente las pobres criaturas no consienten.
Imagino que con lo anterior ya escribí mi nombre en tú lista negra, lo lamento si así fue. Me aconsejan que bloquee los mensajes anónimos, pero creo que no es justo para los demás; pero si desgraciadamente esto se pone peor entonces tendré que hacerlo.
No te haré cambiar de parecer ni tú a mí, sólo te pido respeto para quienes tienen una opinión diferente a la tuya. Hasta luego.
Tú amiga: Haoyoh Asakura.
Capítulo 6.
Ya era muy noche, la extraña "Pijamada" organizada por Rafael había dado resultados favorables para su club de hermanos, pero antes de que esta terminara; Leonardo comentó entre sueños algo que hizo enloquecer al ninja escarlata.
¡CONTÉSTAME!— exigía una respuesta el atrevido guerrero a su hermano, empezándole a sacudirle de los hombros el sueño que le daba la medicina.
¡¿Qué?!— preguntó Leo comenzando a reaccionar. — ¿Qué quieres?
¡QUÉ ME DIGAS LA VERDAD!— insistió soltándole.
¿La verdad, sobre qué?— cuestionaba tallándose los ojos, pero era inútil.
¡QUIERO SABER SI ERES VIR…!
¡RAFAEL!— ambos hermanos se giraron para ver rumbo a la puerta donde estaba Splinter, pues gracias al escándalo que hacía el segundo, tuvo que subir a ver qué estaba ocurriendo. — ¡¿Qué sucede?! ¿Por qué siguen despiertos?— el ninja azul de inmediato se volvió a recostar a causa de la droga, pero el de rojo, aterrado, gritó.
¡SENSEI!— después se giró a ver el televisor, por suerte para él el aparato estaba apagado gracias a Yoshi. — Yo…— estaba pávido. — Cómo fue, qué…
Sabes que tu hermano debe descansar ¿No es así?— el chico dijo sí con un lento movimiento de cabeza. — Entonces ¿Qué haces gritando en su habitación?
Yo…los dos estábamos hablando cuando…— no sabía si debía decirle a su padre. — Cuando…— era demasiado íntimo y mejor se quedó callado. — Cuando se quedó dormido y, no me dijo si, si iría o no al club con nosotros. — mintió.
Eso puedes preguntárselo mañana, ahora ve a tú habitación y descansa o te castigaré mandándote a podar todo el jardín.
¡Todo el jardín! ¡Pero si vivimos en un parque!
Entonces, sabes exactamente todo lo que tendrías que hacer antes del desayuno. — luego de arropar a Leonardo, ambos comenzaron a caminar rumbo a la puerta. — Mañana se pondrán de acuerdo con respecto al club, ahora ve a tu cuarto y… ¿Qué llevas puesto en las manos?— el joven había olvidado el esmalte y trató de ocultarlas, lo cual ya era inútil.
¡Aamm! Es…pintura.
¿Pintura para uñas?
Sí. — el chico estaba rojo ante la mirada escudriñadora de su padre.
¿Rosa?
Aja.
¡Mmm!— expresó el padre con algo de desagrado. — ¿No había un color un poco más…masculino?— preguntaba al más rebelde de sus hijos camino a su habitación.
No la pude elegir. — al fin llegaron al frente de su recámara y antes de entrar, su padre ordenó.
De acuerdo; pero no quiero que llegues con eso a clase mañana ¿Entendido?
Entiendo, solo que… ¿Usted sabe cómo se quita esto?— le mostró los seis dedos pintados de un rosa muy llamativo, este negó con la cabeza.
Pregunta a Donatello temprano, ahora ya está dormido.
Está bien ¡Hasta mañana!
Buenas noches. — luego de despedirse, el padre se retiró dejando a un joven ansioso pensando seriamente en volver a la habitación de su hermano mayor para poder preguntarle sobre lo que había balbuceado mientras dormitaba, pero bien sabía que esto sería inútil y prefirió meterse a la cama y dormir toda la noche.
Pero como era de esperarse Rafael apenas si concilió el sueño gracias a las muchas preguntas que se estuvo formulando acerca de lo que Leonardo había insinuado… ¿En verdad había tenido sexo con alguien? Se preguntaba una y otra vez; ¿Qué fue lo que hizo exactamente? ¿Y con quién lo hizo? ¿Con una mujer o con un hombre? ¿Era humano o mutante? Porque si fue humano eso significaba que quizás fuera reciente y pudo haber sido Vaudoux en alguno de esos viajes que tuvo con el chico o en su propia casa cuando habían ido a trabajar o estudiar.
Pero si fue mutante o alienígena, significaba entonces que quizás había sido cuando viajaron con el fugitoid; seguía pensando. Cuando nos encerraron los Triceratons o… Sonó la alarma del despertador… ¿Sonó la alarma del despertador? ¡¿Sonó la alarma del despertador?! Miraba el quelonio al pequeño y ruidoso aparato trabajando sobre su mesita de noche sin poder dar crédito a la cruda realidad… ¡ ¿NO DORMÍ EN TODA LA NOCHE?!
Sin poder alegar enfermedad o fatiga a su padre para que le perdonaran el entrenamiento, Rafael tuvo que salir de la cama y prepararse para ir al dojo. La noche en vela debió ser una advertencia para el guerrero escarlata de que ese día no le iría nada bien, pues la mañana fue desastrosa; los ojos se le cerraban de sueño, no se pudo quitar el esmalte de las uñas para la clase de Splinter y además tuvo que soportar las risitas burlonas de sus pequeños hermanos cada vez que este dejaba al descubierto sus manos. Y así se siguieron hasta el desayuno.
¡Ji, ji, ji, ji!— comenzaron a reír los menores al ver entrar en la cocina al ninja escarlata.
¡Ya cállense!— lejos de obedecerle, ambos hermanos empezaron a mirarse las uñas de una mano y luego la de la otra presumiendo y comparando entre ellos una inexistente manicura.
¡Ay, mira mis uñas manis!— empezó Miguel Ángel con voz chillona y cantarina.
¡Son basura chica! Mira las mías están divis divis. — le respondió el niño genio para luego reír a carcajadas.
¡YA DÉJENME EN PAZ!— ordenó. — ¡Ya intenté de todo para quitarme esta cosa! ¡Así que ya basta!
¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!— obviamente lo ignoraron.
¿Qué sucede?— los tres quelonios miraron rumbo a la puerta donde estaba Leo. — ¿De qué se ríen?— Rafael al verlo quiso de inmediato sacarle todas las respuestas de la enorme lista mental de preguntas que no lo dejaron dormir anoche, pero antes…
¡Esto es tu culpa!— le reclamó el de rojo a la vez que le mostraba sus seis dedos bellamente decorados con esmalte rosa. — ¡Ya me regañaron en la mañana por ir así al dojo y estos dos tarados no paran de burlarse de mí!— Leo le miraba entre sorprendido y divertido las manos.
¡Wow! Entonces ¿Sí fue cierto?— las tomó para verle bien el esmalte. — Creí que lo había soñado. — lo soltó y sonrió divertido.
¡Claro que no! ¡Nada de haberlo soñado! Ahora nos tienes qué cumplir. — el mayor lo vio con extrañeza.
¿Cumplir? ¿Cumplir qué?
Lo que dijiste ayer querido hermanito. — le sonrió Rafael con suficiencia. — Que vendrías al club si nos pintábamos las uñas y veíamos una película. — la cara del ninja azul palideció.
Yo…
¡Yo ya cumplí!— volvió a mostrar el de rojo sus manos. — Ahora es tu turno. — Leo se vio atrapado, en especial al ver la alegría en la cara de los menores en espera de su absoluta rendición.
¿Mí turno? Exactamente ¿Para qué?
¡Para pintarte las uñas!— ¡Para ir al club!— gritaron y se miraron al mismo tiempo los tres menores.
¿Para pintarte las uñas?— repitió Don.
Lo importante aquí es el club, no tus uñas. — lo apoyó Mikey.
Esperen, ayer quedamos en que ambos nos pintaríamos para que él…— reclamaba el ninja rojo cuando Leo aprovechó.
¡Está bien! De acuerdo, voy y hago lo que quieran siempre y cuando no tenga que pintarme la uñas.
¡Aah no! En eso no quedamos, tú…
¡ ¿HECHO?!
¡¿QUÉÉÉ?!
Entonces nos veremos esta noche a las ocho; arreglaré la alarma de tu celular para que no faltes. — indicó Donatello.
Está bien.
¡¿Hablan en serio?!— seguía Rafael reclamando justicia.
Y usa tu disfraz, Rafa te consiguió uno. — ordenó el pequeño al tiempo que tomaba a su hermano mayor y se iban al refrigerador.
¿Disfraz? ¿Es en serio?
¿Quieres doble capa en tus uñas?
¡Está bien, está bien! Usaré el disfraz.
¡Súper!
¡ESO NO ES JUSTO!— gritó de nuevo el segundo al mando, pero lo ignoraron de nuevo. A pesar de querer cobrar venganza por las uñas no pintadas del líder, había algo más importante que Rafael debía preguntar al más listo de los quelonios; por lo que antes de que se acercara a la repisa de los platos, tomó a Donatello y lo sacó de la cocina sin que los otros dos los vieran. — Ven conmigo.
¿Qué quieres?
¡Qué vengas! Y no hagas escándalo. — ordenó. Ya afuera y sin que le escucharan los otros dos o al menos eso esperaba, preguntó. — Don ¿Puedo hacerte una consulta respecto a la salud de Leo?— esto extrañó al niño de morado.
Ya lo estás haciendo ¿Qué sucede?
¿Crees que el golpe a su cabeza, su "Problema" (El daño cerebral como en verdad se llamaba pero no querían ni tocar su nombre) le haga imaginar cosas que jamás sucedieron?— Donatello se vio confundido.
Es muy probable, han sucedido casos en los que pacientes con un "Problema" parecido al de Leo, crean nuevas memorias para reemplazar las que perdieron, pero no creo que ese sea el caso de nuestro hermano ¿Por qué lo preguntas?— el atrevido se vio pensativo. — Y no me ocultes nada. — ni modo, ya lo había metido en esto.
Es que, anoche me dijo…— le costaba abordar el tema. — Ya casi estaba dormido y lo que estábamos viendo en la tele quizás tuvo mucho que ver pero…
Ya dime.
Anoche me dijo, que ya no era virgen. — Donatello se quedó frío, incluso tardó en entender lo que sus oídos le habían transmitido a su cerebro, su boca se abría y cerraba tratando de decir algo sin voz y sus ojos se abrieron a todo lo que podían dar; quería hablar, quería hacer muchas preguntas, hasta que un minuto o más después se escuchó la más obvia.
¡ ¿QUÉ DIJISTE?!— pero no la hizo él, sino Miguel Ángel, que estaba de pie detrás de sus dos compañeros usando un delantal con enormes flores anaranjadas estampadas y una espátula en la mano derecha. Al verlo pálido y con la misma cara de asombro que tenía Donatello al escuchar la noticia, Rafael lo arrastró fuera del área de la cocina seguido por Don.
¡Maldita sea Miguel Ángel!— azotó el mayor al pequeño contra la pared rumbo al sótano. — ¡¿Qué haces aquí?!
Venía a preguntarles cómo querían sus huevos.
¡Pero si siempre los haces revueltos!— alegaba el de rojo para guardar después silencio ante una señal del más listo.
¡¿Desde cuándo estás aquí?!— pidió saber el genio.
Desde que Rafa mencionó la salud de Leo.
¡¿Y por qué no dijiste nada?!— reclamó Rafa.
¡Porque pensé que si me anunciaba me ocultarían algo importante!— se defendió, pero luego. — ¿Es cierto que Leo no es virgen? ¿Con quién lo hizo? ¿Cómo fue?— pidió saber el más joven demostrando que no era tan inocente como pensaban.
No lo sé. — explicó Rafael a los dos menores. — Anoche entre sueños me dijo que ya había hecho algunas cosas, íntimas con alguien.
¿Con quién?
¿Cuándo?
¡No lo sé! Jamás me lo dijo; Don ¿Podría ser una fantasía de su problema médico?— Donnie guardó silencio un momento, después dijo.
Leo sufre de amnesia. — comenzó a explicar. — Y esta se divide en amnesia anterógrada, que es la alteración del aprendizaje o adquisición de nuevos recuerdos tras la lesión y la amnesia retrógrada que abarca la pérdida de recuerdos antes de la lesión. — Rafa y Mikey acompañaban al más listo hasta este punto. — Pero hasta ahora no había presentado ninguna Paramnesia, un término en desuso para describir una alteración de recuerdos.
¿La amnesia te puede hacer inventar recuerdos?— preguntó el menor.
Al no tener recuerdos la mente trata de llenar esos huecos o lagunas mentales con información sacada de donde sea posible, puede transformar situaciones o experiencias partiendo de un recuerdo real o crear de una confusión una historia completamente falsa. — esto puso nerviosos a los chicos. — Esto podría ser el principio de algo terrible para nuestro hermano mayor o…en verdad tuvo sexo con alguien. — los tres sentían el corazón en la garganta.
Ya no sé qué es peor. — expresó Rafael molestando a los otros dos.
¡¿Hablas en serio?!
¿Prefieres que Leo tenga paramnesia a que sea sexualmente activo?— reclamó Donatello furioso.
Pues…
¡No lo puedo creer!— gritó el de morado.
¡¿En serio prefieres que Leo presente más complicaciones a que se haya divertido con un chico?!
¡No dijo que haya sido con un chico!— alegó el mayor.
¿Fue con una chica?— preguntó Mikey.
No dijo con quién. — admitió el de rojo esperanzado. — Pero puede ser posible ¿No creen?
¡Eres imposible Rafael!— reclamó Don. — ¡¿Sigues sin admitir que le gusten los hombres?!
¡Claro que no!
¿Entonces?— Rafa se tomó unos segundos para responder a Mikey. — Es solo que no me imagino que ya lo haya hecho.
No nos has respondido. — el segundo guardó silencio y bajó la mirada apenado, en cambio Don.
Yo no tengo problema alguno en que Leo haya experimentado algo con un chico. — los otros guerreros le miraron con interés. — Al contrario, tengo mucha curiosidad por saber cómo fue.
Yo también. — apoyó el ninja naranja al tercero en la lista. — Además, no necesitamos a otra tortuga que invente historias locas en esta casa.
¡Cierto! Para eso ya te tenemos a ti. — señaló Don.
¡Exacto!— ambos menores rieron con esto último, menos obviamente Rafael, que no dejaba de verse preocupado con la sola idea de que Leonardo haya ya interactuado sexualmente con otro personaje; y sí, quizás el que este fuera varón era tal vez lo que más le estuviera causando conflicto, pero.
¡Bueno, vámonos ya!— ordenó Mikey. — Seguro Leo ya está disgustado porque lo dejé solo preparando el desayuno.
Pero ¿Qué hay de lo que dijo anoche?— insistió Rafael. — Qué hay de los falsos recuerdos y la verdad ¿Cómo vamos a saber cuál es cuál?— esto era cierto.
No lo sé, tendría que investigar la manera de cómo distinguir una fantasía de una historia real y eso solo podría hacerlo obviamente preguntándole cómo fue su experiencia para empezar.
¿Le preguntarás a Leo si en verdad lo hizo Donnie?— quiso saber el pecoso.
No niego que me muero de curiosidad por saberlo, pero ¡¿Preguntarle a Leo sobre su primera vez?! ¡Yo no lo haré! Jamás hemos tenido ese tipo de pláticas.
Jamás hemos platicado de sexo; no con él, ni demasiado entre nosotros. — agregó el menor algo apenado.
Yo le preguntaré. — no fue extraño para ambos quelonios escuchar esto por parte de Rafael.
¿Cuándo?
¿Y de qué manera lo harás?—pidió saber el menor. — Porque francamente no eres lo que se dice muy…
Sutil. — le ayudó el más listo.
Eso, y por culpa de tu…
Impertinencia. — volvió a ayudar Don.
¡Gracias! Leo se moleste y no venga al club. — finalizó Mikey.
No te preocupes por el dichoso club, Leo ya dijo que vendría.
Entonces ¿A qué hora le preguntarás?— ambos miraron al más atrevido.
En cuanto pueda lo haré.
Y vaya que lo intentó. Pues luego de volver a la cocina y terminar de desayunar, trató de quedarse con Leonardo a solas para hacerle conversación; pero lamentablemente las nuevas ocupaciones de su hermano le impidieron en todas esas ocasiones llegar tan lejos con la charla.
El resto del día nuestros amigos estuvieron muy ocupados. Entrenamientos con el maestro Splinter para los más jóvenes y estudio para Leonardo con Yoshi, ya que deseaban poder salir de nuevo al patrullaje. Después hubo visita a casa de Vaudoux por parte del primogénito para seguir estudiando con él y también tenía que seguir con sus clases de lectura con el profesor Summers.
A las 6 de la tarde Rafa, Don y Migue preparaban una de las habitaciones del tercer piso para ser la base del famoso club de hermanos. Mientras lo limpiaban y llenaban con aparatos y muebles; las preguntas que tanto consumían a los menores bombardearon a Rafael.
Y…— comenzó Don.
¿Y qué?
¿Qué pasó?— le siguió Mikey. — ¿Hablaste con Leo?
¿Le preguntaste sobre con quién lo hizo?
No lo hice. — admitió avergonzado la derrota. — Cada vez que me quedaba solo con él o me acercaba para iniciar el tema ocurría algo como una llamada por parte de su padrino para decirle que ya iba por él o llegaba Splinter para hablarle de no sé qué diseños de sus vasijas japonesas.
Y ¿Ahora qué?
No lo sé. — respondió Don. — La única manera de saber si está sufriendo de paramnesia es corroborando los datos de su historia o esperar a que nos cuente algo que nosotros sepamos que no es verdad. — esto último no era una opción para ninguno de los tres.
Tarde o temprano lo tendremos que averiguar.
La gran pregunta es ¿Cómo?— el silencio se hizo de nuevo; en verdad querían preguntar, pero no sabían cómo abordar un tema tan delicado.
Llegó la hora y Leonardo subía al tercer piso en busca del famoso grupo ya vestido con el disfraz que Rafael le había conseguido; ahora que al fin sabían sus gustos, le habían comprado el traje del capitán Kirk de Star Trek la serie original. Este era lo más detallado posible; llevaba puesta su camisa dorada con las insignias en brazos y pecho, el pantalón negro con las botas ninja a falta de calzado para quelonios en la tienda y además del comunicador que gracias a Donnie al abrirlo hacía un ruidito de activación, llevaba también su arma.
¡¿No está precioso?!— preguntaba animado Leo a su abuelo y amigas mientras caminaba por el oscuro pasillo. — ¡Jamás me aburriré de esto!— decía activando de nuevo el comunicador. — Debo mostrárselo a Spock, seguro me rogará que se lo regale.
Dudo que te quede tiempo cuando salgas de aquí para hablar con tu novio. — opinó Yoshi a un lado de su nieto.
En especial porque planean abordarte con muchas preguntas íntimas. — reveló Evelyn al frente de la comitiva. — Al menos esas parecían ser sus intenciones esta mañana.
Ya me lo imaginaba, los vi hablando varias veces desde la cocina mientras preparaba el desayuno.
¿Permitirás que te interroguen?— preguntó Chris detrás de él.
No podré evitarlo aunque quisiera, ya quedé en venir.
Quizás puedas irte temprano. — opinó Mad al frente de la puerta del club. — Si les das lo que quieren desde un principio.
¡Claro que no! primero se supone que me mostraran de lo que me perdí cuando éramos niños. — se puso de pie frente a la puerta. — Veamos entonces de qué me perdí. — la golpeó.
Ustedes vayan a hacer su ronda. — ordenó Yoshi a las muchachas. — Yo me quedaré con Leonardo y los niños. — las jóvenes guardianas aceptaron la orden, saludaron a su maestro con una respetuosa inclinación de cabeza y desaparecieron a través del muro que va al jardín.
Leonardo volvió a tocar.
¡¿Quién es?!— se escuchó la jovial voz de Miguel Ángel.
¡Soy yo Mikey, abre!
¡Aquí no hay ningún Mikey!— Leo y su abuelo se miraron intrigados. — ¡Y no conozco a ningún "Soy yo"! ¡Así que dame tu nombre!— ambos se miraron curiosos.
¡Soy Leo, Mikey!
¡¿Leo?!
¡Leonardo, tu hermano mayor!— empezaba a perder la paciencia.
¡No estamos esperando a Leonardo!
Ok, me voy, yo ya cumplí con venir. — dijo en voz alta para despedirse, cuando se volvió a escuchar al menor.
¡No espera! Me dijeron que vendría un capitán ¿Tú eres capitán?— ambos guerreros comprendieron mejor de qué se trataba el juego.
¡Aahh, óf deur god! (¡Aahh, sea por dios!)— exclamó en busca de paciencia. — Está bien…— inició. — Mi nombre es James T. Kirk y soy capitán de la Enterprise. — finalizó su presentación, pero…
¿Qué significa la T?— parecía que el interrogatorio no terminaba aún.
Tiberio. — Respondió sin problema alguno recibiendo a cambio una sonora carcajada.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡¿TIBERIO?! ¡QUÉ FEO NOMBRE! ¡JAJAJAJAJAJAAJA TIBERIO!— esto molestó a Leo.
¡Ok, yo ya cumplí, me voy! ¡Y dile a Rafael que me quedo con el traje, yo…!— la puerta comenzó a abrirse acompañada de un rechinido que el mismo Mikey hacía para darle un toque tétrico al ambiente.
¡Crrriiiiiiiiiii!— Leo le miró extrañado. — Bienvenido capitán Tiberio Kirk al club de los súper HH. — el capitán de la Enterprise le miró de arriba abajo para tratar de descifrar su vestimenta, pero le fue imposible.
¿Qué traes puesto bajo esa bata de baño?
Es un secreto.
¿Por qué?
Calma, calma; nuestras identidades le serán reveladas apenas se ponga cómodo capitán ¿Una galleta?— el niño en bata no esperó una respuesta afirmativa y le dejó la golosina entre las manos al mayor. — Tome asiento, la reunión iniciará apenas lleguen mis otros dos compañeros. — Leonardo tomó asiento donde se le indicó, un puesto exactamente frente a otros tres asientos vacíos, dándole la impresión de un juicio y no de una reunión. Cuando Miguel se colocó sobre el almohadón al frente de Leo, este preguntó.
¿Así que habrá una ceremonia?
Así es, como parte de su ingreso al club; ya notó que aquí no somos nosotros mismos, nos gusta vernos como alguien diferente y más extravagante para entretenernos, sería aburrido si nos viéramos como siempre ¿No cree?
Supongo. — Leo quería seguir preguntando, pero la llegada de otras dos figuras vestidas con bata de baño y capuchas llamó poderosamente la atención de ambos. A estas alturas Leo no sabía si echarse a reír o quejarse por la exagerada formalidad; pero bueno, había que darles una oportunidad. Sin importar las capas de ropa que se pusieran encima, Leonardo pudo reconocer quién era quién; el iniciado al club vio que Rafael tomaba asiento a su lado (Izquierdo) y Donatello en el asiento sobrante.
Bienvenido Capitán Kirk. — saludó Rafael. — Nos alegra que haya aceptado la invitación. — Leo solo pudo asentir con la cabeza como respuesta.
Espero que lo estén atendiendo adecuadamente. — Leo trató de seguirles la corriente.
Lo hicieron gracias. — dijo a la vez que les mostraba la galleta. — Y…ahora ¿Pueden decirme quiénes son ustedes?
Por supuesto. — respondió Rafael. — Y será una presentación general, porque nosotros mismos ignoramos las identidades de nuestros otros dos compañeros. — esto interesó a Leo.
Como ya le han explicado capitán. — inició Donatello. — El club es solo para personajes importantes. — esto le brincó a Leonardo, alarmando a la vez a Donnie. — ¡Me… me refiero a los personajes que llevamos puestos, no a los que están inscritos, no vayas a pensar mal por no haberte invitado antes, no…!— se apresuró a aclarar el genio saliendo casi por completo de su personaje y siendo corregido de inmediato por el resto de sus compañeros.
¡Creo que eso ya quedó claro!— reprendió Rafa el más listo.
Lo siento. — finalizó Don con las mejillas rojas.
Él lo entendió ¿Verdad?— preguntó Migue a Leo consiguiendo una sonrisa sincera de su parte.
Bien, como decía mi compañero. — retomó Rafael el tema. — El club es para personajes ficticios pero importantes para nosotros, por eso vestimos sus pieles por una noche; para convertirnos en ellos y salir de nuestra realidad.
Para divertirnos y compartir con los demás todo lo que nos gusta. — agregó Mikey, dejando pensativo al mayor.
¿Compartir lo que nos gusta?— repitió en voz baja para sí mismo. — De acuerdo. — dijo a sus anfitriones un tanto dubitativo. — Entonces ¿Quiénes son ustedes?
A todos ya nos conoces. — empezó Donatello. — En especial a mí ya que vienes del futuro y seguro que mi trabajo es algo muy importante en tu carrera. — dijo fingiendo un extraño tono maduro en su voz y quizás también un acento extranjero. — Soy un famoso físico Judío del siglo XX nacido en Alemania. Mi teoría sobre la relatividad y explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico además de mis contribuciones a la física teórica me consiguieron en 1921 el premio nobel de física; desgraciadamente tuve que dejar mi país cuando los nazis comenzaron su ascenso y llegué a estados unidos donde me nacionalicé. Me consideran el padre de la bomba atómica aunque estuve en contra de esta. — los chicos no parecían dar con su identidad. — Saben quién soy ¿Verdad?
¿Un judío?— respondió el menor molestando al niño genio.
¡Eso ya lo dije!
Eres un físico famoso. — respondió Rafael.
¡Eso lo dije también! ¡¿Pero cuál es mi nombre?!
¿Beakman?
¡¿Quién?!
¡Beakman!— volvió a responder el pecoso. — Del mundo de Beakman.
¡NO SOY BEAKMAN! ¡Soy Albert Einstein!— reveló furioso el chico quitándose la bata y mostrándose vestido con una camisa blanca bajo un suéter tejido gris y un pantalón negro con una peluca blanca muy despeinada y un curioso bigote del mismo color.
¡Aaahhh!— exclamaron los tres.
¡Por todos los cielos!— exclamó el nuevo personaje aún disgustado. — No pueden ser tan tontos ¿O sí?— murmuró más para sí mismo, pero igual los demás lo miraron feo.
Mucho gusto. — saludó Leo sin conseguir que el ofendido científico se tranquilizara. — Un placer conocerle.
Sí claro ¿Quién sigue?— preguntó el mismo Don.
Me presento. — tomó la palabra Rafael. — Como tú, amigo, yo también radico fuera de este mundo ¡Ha, ha, ha! De hecho en mí universo soy un rey, ahí, mi poder no tiene límites y puedo ser lo que yo quiera; convirtiéndome incluso en tú peor pesadilla.
Eso siempre lo has sido. — las risitas burlonas ante la respuesta de Kirk no se hicieron esperar por parte de los otro dos anfitriones, molestando así a Rafael.
Ja, ja, qué gracioso. — dijo para luego quitarse la bata y revelar su identidad, dejando ver en su mano derecha un guantelete de metal con tres largas navajas.
Me lo imaginaba. — confesó Leonardo.
Y creo que te va muy bien. — agregó Donnie. — ya sin la bata todos pudieron apreciar su característico suéter de rayas verdes y rojas con pantalón oscuro.
No creo que haga falta decir mi nombre ¿O sí?— finalizó con voz burlona a la vez que se colocaba su sombrero.
No, no hace falta. — respondió "Jim."— Mucho gusto. — saludó de lejos.
¿No me darás la mano?— preguntó el amo de los sueños extendiendo su mano derecha y el guante con navajas.
Aamm, no lo creo.
¡Ahora es mi turno, mi turno!— gritó feliz Mikey. — Yo tampoco soy de este mundo.
Eso ya lo sabíamos.
Krugger. — le llamó la atención Don, cosa que divirtió a Leo.
Como decía. — continuó el menor. — Mí mundo es mágico y maravilloso, todos en mi villa son mis amigos y corro un sinfín de aventuras con mis amigas; al final siempre procuro organizar una enorme fiesta ¿Saben quién soy?— los muchachos lo pensaron un momento.
¿El rey Carlos II de Inglaterra?— preguntó Donnie consiguiendo que todos lo miraran como si le hubiera brotado una segunda cabeza en ese preciso momento.
¡¿Qué?! A él le gustaban las fiestas e Inglaterra es considerado un lugar mágico, aunque en realidad. — lo pensó mejor. — Él no era muy querido que digamos por todos y no creo que estuviera lleno de amigos.
Entonces. — volvió a tomar la palabra el menor. — ¡¿Quién soy?!— preguntó de nuevo. — ¡Díganme!
Harry Potter. — respondió Rafael.
¿Harry Potter? ¡¿Por qué?!
Porqué dijiste que venías de un mundo mágico.
Y que al final de cada aventura había una fiesta. — apoyó Don al de rojo.
¡Pero no soy Harry Potter!
¡¿Entonces?!— al fin el chico se retiró la bata de baño dejando al descubierto su extravagante vestuario.
¡Santa ciencia que dominas el mundo!— exclamó Donatello mirando a su hermanito de pies a cabeza, ya que venía vestido con un enorme mameluco de peluche color rosa del tono algodón de azúcar.
No inventes.
¡SOY PINKY PIE!— gritó.
¡NO PUEDE SER!— gritó Rafael al verlo metido en semejante traje con dibujos de globos en las caderas y una cola rizada de un color rosa más fuerte, con peluca del mismo tono sobre una capucha tipo cabeza de caballo con ojos movibles azules. — ¡ ¿QUÉ DEMONIOS LLEVAS PUESTO?!
Ya te dije ¡Soy Pinky pie!— volvió a gritar imitando la voz del personaje.
¡Pero dijiste que venías de un mundo mágico!
¡Así es! Vengo de Ponyville.
Y dijiste que había aventuras y fiestas. — preguntó ahora Don.
¡Así es! Las aventuras las tengo con mis amigas pony y la fiesta la organizo yo siempre al final. — los chicos no daban crédito a lo que veían, Leo por su parte estaba que se partía de la risa.
¡JAJAJAAJAJAJA!
¡¿Pero por qué vienes de rosa?!— reclamó Rafael con un tono extraño en su voz, algo entre asombro, incomprensión y horror, pues la apariencia de su hermano estaba entre ridícula y un poco preocupante para su agonizante llama machista.
Así es el personaje. — insistió.
Y ¿No había una pony de un color o apariencia un poco más…masculina, que pudieras vestir para que no te vieras tan…ridículo?— lejos de enfadarse tanto Leo como Donatello soltaron la carcajada al unísono.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
¿Es en serio?— preguntó el menor ya fuera de su personaje y perdiendo la postura.
¡Ay Rafael!— le siguió Don. — ¡No seas estúpido!— el ninja de rojo comprendió que ya estaba empezando de nuevo y se calmó.
Está bien, está bien. — aceptó a pesar de que el mayor seguía divirtiéndose con él.
¡Ja, ja, ja, ja! ¡¿Un pony para hombrecitos?!— repitió Leo. — ¡Qué imbécil eres Rafael! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!
¡Oh, bueno, ya!— ordenó para luego respirar profundamente y decir en un tono más cercano a su personaje. — Bienveni… ¿Eres niño o niña?— las risas volvieron a surgir.
¿Tú qué crees?— preguntó posando para molestia de su compañero. Rafael por respuesta solo gruñó disgustado, respiró profundamente en busca de paciencia y por último respondió.
Mejor, no te digo lo que creo; y sabes qué ¡No me importa lo que seas! Ya siéntate y no molestes.
No me voy a sentar ¡Voy a iniciar una fiesta!— gritó en voz chillona y arrojando confeti sobre sus compañeros sacado de quién sabe dónde.
¡Por todos los cielos!— expresó Rafael juntándose a Leo al ver como su hermanito menor brincaba vestido de rosa por todos lados en busca de sombreros de fiesta y espanta suegras. — Y yo que creí que serías tú el que empezaría a portarse como una loca cuando dijiste que eras gay. — Leo le vio sorprendido.
¡Oye!
Me equivoqué, lo admito. — continuó el de rojo. — EL doctor tenía razón, no todos los gays se portan locas, locas. — Leo celebró su descubrimiento dándole un sonoro manotazo en la cabeza. — ¡Auch!
¡¿Qué creen?!— preguntó Pinkie pie. — ¿Adivinen qué más traje para la fiesta?— los mayores le miraron extrañados, en especial cuando el mismo chico se respondió. — Les traje a cada uno de ustedes un regalo directo de ponyville. — de detrás de un sillón sacó una gran bolsa negra de plástico y la abrió. — les traje… ¡Sus propias alas y pelucas para que sean ponys también!
¡ ¿Quéééé?!
¡Así es! También tengo un traje completo como el mío para todos ustedes de las ponys que considero son las más adecuadas con su personalidad. — los chicos se miraron unos a otros sin alcanzar a comprender.
¡¿Las más adecuadas?! ¿O sea qué son niñas?— Mikey ignoró al espectro de las pesadillas.
Leo este es el tuyo. — le entregó una peluca negra con morado, una diadema con cuerno y alas moradas. — Tú serás Twlight Sparkle. — Leo le miró extrañado.
¿Tú qué?
Twlight Sparkle, la líder que usa magia y da sermones, aunque también pensé en Zecora.
Sí da sermones va contigo. — se burló Rafael, cuando.
Rafaeel.
¡A mí no me metas!— se apartó el guerrero del menor como el mismo diablo se aleja al ver agua bendita.
Tú serás Rainbow Dash. — le entregó una peluca multicolor y unas alas azules. — Porque eres el más impetuoso, competitivo y fanfarrón de todos. — el apasionado le miró molesto.
¿Cómo que fanfarrón?
Y tú Donnie. — el niño genio lo miró intrigado. — Tú fuiste el más difícil de los tres.
No te preocupes por mí, no necesito...— Mikey no le prestó atención.
¡Encajas en varias ponys!— le celebró. — Eres honesto como Apple Jack, tímido y amable como Fluttershy e inteligente como Twlight. — explicaba contento.
Gracias Mikey, pero…— volvieron a ignorarlo.
Pero como Twlight ya está ocupada te traje a Apple Jack, porque ella es fuerte y le hace frente a la misma Rainbow Dash cuando es necesario; así como lo has hecho últimamente cuando Rafa se pone grosero.
¡Oye!— reclamó el ninja rojo. — ¡¿Y quién te dijo que me voy a poner esto?!
Te lo vas a poner, Krugger. — le llamó la atención Leonardo en claro tono de advertencia. — Ya que te lo ha comprado tú hermanito y seguro que esto no debió ser barato.
Sí, lo admito, me gasté todos mis ahorros.
¡¿Todos tus ahorros?!
¡Mikey!— reclamaron los otros dos menores.
¡¿Qué?! Hasta ahora hemos estado bien económicamente por lo que no me pude contener al hacer las compras.
¡¿Compras?!
¿Qué tanto has comprado Mikey?— preguntó Donatello mientras veía su peluca rubia.
Pues quería comprarles trajes completos como este para cada uno. — señaló lo que estaba vistiendo. — Pero no podrían entregarlos hasta el sábado, por lo que los dejé pagados y tuve que buscar algo que darles esta noche y compré las pelucas y las alas en otra página que me garantizó la entrega en unas horas.
¡¿Pero qué necesidad tenías de todo esto?!
¿Y por qué no?— continuaba viendo lo que había comprado para cada hermano. — Quiero que estén conmigo en este fandom. — era por de más el esfuerzo que desperdiciaban los muchachos en tratar de hacerle entender al menor que no aprobaban su despilfarro y menos si el mayor del grupo parecía apoyarlo.
Son muy bonitas Mikey ¡Gracias!— reconoció Leo.
¡Pónganselas!
¡ ¿Qué?!
¡Sí, vamos pónganselas! Para ver cómo les quedan. — los tres quelonios se miraron entre ellos para ver quién sería el primero en calzarse la peluca, y de inmediato Rafael señaló.
¡Anda pues intrépido líder!
¿Eh?
Póntela. — apoyó Don a Rafael. — Al cabo que están "Muy bonitas".
¡Vamos!— ambos hermanos le miraban de manera burlona y con una sonrisa diabólica en sus rostros. Leonardo vio su regalo en sus manos, después vio cómo el pequeño Mikey le miraba ilusionado; susurrando un "Diablos", sin más remedio, comenzó a colocarse la peluca. Los mayores se taparon la boca para no soltar la risotada tan pronto.
Y bien…— dijo con la peluca ya puesta. — ¿Cómo me veo?— a diferencia del ninja naranja que parecía complacido, los otros dos mayores no pudieron más y soltaron la carcajada, contagiando al final al menor.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Ja, ja, qué simpáticos. — les reclamó quitándosela al fin. — Bueno, dejemos esto a un lado y ahora díganme… ¿Qué sigue?— finalizando por fin las risotadas, los menores se miraron entre ellos, pues era claro cuál era en realidad su deseo.
Pues podríamos…— empezó Rafa mirando a Mikey.
¿Platicar?— le siguió el menor cayendo en la tentación, cuando Don gritó.
¡Juguemos vídeo juegos!
¡Bien pensado!— exclamó Rafael aceptando uno de los mandos que el niño genio empezó a repartir, pues no habría sido justo organizar todo el club, solo para interrogarlo y no para divertirse.
¡Ya tengo los juegos!— les siguió Miguel Ángel sacando varios discos de su caja de CD's.
Suena divertido. — accedió Leo tomado el otro control y buscando con el grupo qué video poner.
Así pasaron al menos media hora o más jugando en parejas o individualmente en combates y misiones; era divertido y lo estaban pasando muy bien, pero las dudas continuaban atormentando a los tres más jóvenes. Los chicos miraban al mayor de arriba abajo, jugar y reír con ellos, sin poder adivinar si en verdad había tenido sexo con alguien o no.
Los guerreros estaban tensos y el cerebro no les dejaba pensar con claridad y lo peor es que su intranquilidad se reflejaba en su juego porque a cada rato cometían errores; perdían donde no podía haber forma en que lo hicieran o hacían perder a Leonardo cuando hacían pareja con él. Además que el primogénito podía sentir esa impaciencia de parte de ellos y francamente lo estaban sacando de quicio.
¡Demonios!— exclamó Rafael. — Volví a perder.
Parece que no estás concentrado. — señaló Don lo obvio.
¿Quieren jugar otra cosa?— preguntaba Mikey sacando más discos de su colección, pero.
No. — los tres miraron a Leo con curiosidad. — Mejor déjense de rodeos y díganme ¿Qué es lo que les pasa?
¿A qué te refieres?
No te hagas el loco Rafael. — reclamó el primogénito. — Desde la mañana han estado hablando a mis espaldas y sé que algo los inquieta, así que díganme ¿Qué sucede?— los hermanos se miraron entre apenados y nerviosos.
Es que Rafael nos dijo algo de ti. — empezó Don extrañando a Leo.
¿Qué les dijo?— los chicos se miraron sin saber si debían hablar o no, cuando.
Dijo que ya no eras virgen.
¡MIKEY!— Leo se quedó pasmado.
¡¿Qué yo qué?!
¡Chismoso!— lo señaló Rafael.
¡¿Por qué lo dijiste?!— reclamó Donatello.
¡Lo siento! ¡No lo puede evitar!— la batalla se iba a dar contra el más infantil, cuando Leo interrumpió preguntando.
¡¿Cómo lo supiste?!
¡ ¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?!— gritaron al unísono nuestros amigos.
¿Entonces es en serio?— preguntó Don.
¡¿Cómo lo supiste?!— repitió Leo.
¡Tú lo dijiste, anoche!
¿Anoche?...no lo recuerdo. — esto volvió locos a los tres.
¡No lo puedo creer!— exclamó Mikey mirando al mayor de arriba a abajo. — ¡¿Lo hiciste?! ¡¿En verdad lo hiciste?! ¡¿Con quién?! ¡Cuéntame! Y no omitas ningún detalle ¡¿Sí?! ¡¿Sí, sííííí?!
¡MIKEY!— lo calló el primogénito para luego ir con Rafael. — ¡¿Por qué les dijiste?!
¡Yo solo lo quería hablar con Donnie! El enano escuchó a escondidas. — trató de justificarse.
¡¿Pero por qué solo con Donnie?!
¿Hay algún problema con eso?— trató de ayudar el niño genio.
¡Sí! ¡Por qué no era su secreto, sino el mío! Debió quedarse callado.
Es cierto, pero ¿Hasta cuándo nos lo ibas a seguir ocultando?— pidió saber Don.
¡No lo sé! Esto no es algo que fuera a contar casualmente en una tarde de té ¡Y no me cambien el tema! ¿Por qué lo contaste?— volvió a interrogar al de rojo, ya que sentía que algo más ocultaban.
Es que…— trató de responder Rafael, cuando.
Es que pensó que te lo estabas imaginando todo.
¡MIKEY!
¿Imaginando? ¡¿Y por qué me lo estaría imaginando?!
Porque…— al fin respondió. — No creo que lo hayas hecho en verdad y pensé, que esto podría llegar a ser…
Parte de tú problema…mental. — finalizó Don dejando a Leo estupefacto.
Ustedes creen ¡¿CREEN QUE ME LO ESTOY INVENTANDO TODO Y QUE NI ME DOY CUENTA?! ¡ ¿TAN MAL ME VEN?!— los chicos se vieron apenados, pero.
¿Entonces lo hiciste?— volvió a la carga Miguel Ángel. — Y si lo hiciste ¿Con quién fue? ¿Cómo se sintió? Y ¿Por dónde exactamente lo hiciste?— esto último lo preguntó en un tono más bajo para no sonar tan pervertido, pero igual lo escucharon todos.
¡MIGUEL ÁNGEL!
¡¿Qué?! ¿Acaso ustedes no quieren saberlo también?— todo esto era una locura, pensaba el mayor.
¡No lo puedo creer! Sabía que me iban a preguntar algo íntimo, pero no creí que fuera porque piensan que estoy mal ¿En serio creen, que lo he inventado todo a causa de una enfermedad?— los chicos guardaron silencio. — ¿Cómo se supone que descubrirán qué no estoy enfermo?— Don respondió.
Queríamos que nos contaras cómo fue y ver si…— Leo comprendió.
Y ver si no estoy inventando todo ¿Verdad?
Así es.
Entiendo. — el silencio se hizo un momento en espera de cuál sería el siguiente movimiento del primogénito, y para su sorpresa, Leo dijo. — Está bien.
¡ ¿Eh?!
Les contaré como fue. — los muchachos lo miraban como si se tratara de una aparición.
¿Nos lo vas a contar?
Sí.
¡¿Todo?!
Si ustedes quieren. — los chicos no se quisieron ver ansiosos, pero.
¿Por qué?— quiso saber Rafael.
Porque quiero que quede claro que no estoy loco ni mucho menos estoy inventando cosas. — los muchachos no lo podían creer. Pero antes.
¿Estás enfadado con nosotros?— pidió saber el más pequeño. Leo lo pensó un momento mientras los miraba a cada uno.
Creo que no. — los muchachos le miraban confundidos. — Quiero creer que además del morbo. — ahí estaban atrapados. — También están preocupados por mí. — los tres hermanos sonrieron.
¿Entonces podemos preguntar con libertad?— regresó al tema Rafa.
Así es.
¿Y nos contarás con lujo de detalles?
Si ustedes quieren.
¡Genial!— empezaron. — ¿Cuándo fue?— comenzó el menor.
Hace ya unos años, no lo sé ya. — esto fue impactante para nuestros amigos.
¡ ¿HACE UNOS AÑOS?!— reclamó Rafael. — ¡ ¿Y NO NOS DIJISTE NADA HASTA AHORA?!— las miradas molestas de los tres hermanos lo hicieron callar.
¡Ay, Rafael!— empezó Donnie. — ¡¿En serio crees que hace unos años atrás nos habría podido confiar su secreto?!— el temperamental lo pensó mejor.
No, pues…no.
¡Ay, brother!— exclamó Migue. — Y luego dicen que soy yo el que no piensa ¡Iiiiaaa!— gritó el ninja vestido de rosa alejándose del segundo hermano mayor al ver que su comentario lo había disgustado.
En fin. — finalizó lo anterior Don para continuar con las preguntas. — Y ¿Con quién y dónde lo hiciste?— Leo sonrió ante el agradable recuerdo, cuando.
¿Fue con Karai, verdad?— una vez más las miradas se fueron contra el ninja de garras de acero.
¡Claro que no!— exclamó Leo. — ¡Soy gay, Rafael! Desde pequeño, con Karai solo quería tener una amistad.
¿Entonces?
Fue con Usagi. — sonrió. — Al final del torneo del nexo de batallas. — la sorpresa se dibujó en el rostro de los más pequeños.
¡¿Usagi?!— preguntó Don dubitativo. — ¿El, el conejo blanco…?
Sí.
¡¿El mismo conejo que nos ayudó cuando te atacaron?!— cuestionó Rafael.
Sí.
¿Lo hicieron al final del torneo?— les siguió Mikey.
Así es.
¡¿Por eso te nos perdiste antes de irnos?!
Sí. — el ninja rojo lo miraba molesto. — ¿Qué?
¡Te nos perdiste como por más de dos horas!— gritó. — ¡Creímos que te habían vuelto a atacar!
O que te habían secuestrado. — agregó Don haciendo que Leo riera divertido.
Bueno. — sonrió con picardía. — Secuestrado no, pero sí bien acompañado del guerrero más atractivo que haya conocido en mi vida. — los muchachos no daban crédito a lo que oían, en especial porque su hermano mayor estaba hablando de lo atractivo que le era otro hombre. Al verlos tan impresionados, Leo no pudo evitar reír divertido.
¿Qué te hace tanta gracia?— señalaba Rafael molesto.
Las caras que tienen. — los chicos guardaron silencio un momento para mirarse unos a otros. — ¿En serio tardamos mucho tiempo?— ninguno quiso contestar, por lo que Mikey tomó la palabra.
Quizás no fue mucho, pero eso no importa. — los otros no estaban de acuerdo. — Mejor dinos qué pasó en ese tiempo que estuvieron a solas. — aunque la sola idea de lo que pudo haber pasado le parecía espeluznante al ninja rojo, igual deseaba saber lo ocurrido en ese lapso de tiempo y en silencio prestó atención.
Yo…ya no sé si me atreva a contarles todo. — empezó Leo.
¡¿Pero por qué?!
¡Ay Miguelón, es obvio!— exclamó Don. — Son temas muy íntimos.
¡A mí no me importa si le estalla la cara de vergüenza!— intervino el de rojo. — ¡Yo quiero saber todo y sin omitir nada!— ahora el segundo guerrero se volvió el centro de atención.
¿En serio quieres que no me guarde nada?— preguntó el mayor.
Sí.
¿Sin importar lo mucho que te asustan estos temas?— esta pregunta lo hizo dudar un momento.
Pues…
Está bien. — dijo mostrando un semblante relajado y una actitud dispuesta. — Sí no quieren que me guarde nada así será. — los niños no podían creerlo. — Pero no quiero que esto salga de aquí ¿Entendido? Y mucho menos que le digan todo a papá ¿De acuerdo? Yo me encargaré de ello si llega a ser necesario ¿Entendido?
¡Entendido!
Bien, sigan preguntando.
¿Ese día te fuiste con Usagi a tener sexo?
Sí. — respondió algo apenado.
¿Y lo hicieron todo?— Leo miró extrañado a Migue, pues no comprendía a qué se refería exactamente. — ¿Sólo fueron besos y caricias ardientes o en serio llegaron a lo "Más profundo del asunto"?— tanto Leo como los otros dos mayores vieron al ninja de naranja con cierta preocupación.
¡¿Qué diablos pasa por tú mente?!— preguntó primero Donatello.
¡No lo sé!— le respondió el menor. — Pero admito que me entretengo bastante. — admitió contento.
¡Ya dejen de estar jugando!— gritó Rafael. — Y vamos a hacer preguntas de verdad.
Ya empiezo a arrepentirme de esto. — admitió Leo.
Mejor empieza a contarnos todo desde el principio. — ordenó Rafael a lo que Leonardo obedeció.
Admito que el principio me apena recordarlo, pero igual lo contaré. — los chicos prestaron atención. — Cuando terminó el torneo pedí un momento a Splinter para ir a ver de nuevo las estatuas. — los muchachos ubicaron el lugar, el cual era un enorme salón donde exhibían las efigies de los campeones de épocas pasadas. — Cuando llegué ya estaba junto a la figura de Yoshi y nuestro sensei la de Miguel Ángel. — los chicos se sorprendieron de esto y alegraron a la vez.
¡Wow!
¡¿En serio?!
¡Genial!— expresaron los tres.
Sí. — continuó Leonardo. — No niego que me dio gusto verla, pero también, tristeza. — los chicos guardaron silencio. — Yo, debía ser el primero, me recriminaba, no podía verlo de otra forma; sabía que al llegar a casa Splinter me reclamaría por no haber ganado.
¡Pero te atacaron!— interrumpió Donatello. — ¡Casi moriste envenenado! ¿Cómo podría el sensei reprocharte no haber ganado el torneo si estabas en la enfermería?
¡Lo sé!— respondió Leo. — Una parte de mí estaba consciente de esto y la otra estaba asustada por lo que ocurriría al llegar a casa y también estaba…— lo reconoció. — Furioso.
¿Conmigo?— preguntó preocupado el pequeño pecoso.
¡Claro que no!— le sonrió con sinceridad el mayor. — Estaba molesto conmigo mismo por no haber evitado el ataque del hijo del daimio; por no haber ganado el torneo y por sentirme responsable de ser siempre el que tenga que llegar en primer lugar.
Leo. — exclamó el ninja naranja con tristeza.
Reconozco con vergüenza que, me puse a llorar. — ninguno de los chicos supo qué decirle, incluso llegaron a sentirse mal por pedirle que no se guardara nada, pero quizás al final era bueno que compartiera este tipo de problemas. — Me sentía fatal, yo…— trataba de explicarse.
Yo estaba furioso conmigo y con el mundo. — comenzó. — No era justo que todo mi entrenamiento y esfuerzo fuera en vano a la hora de presentarse el torneo más importante para la familia Hamato; no paraba de reprocharme el no haber evitado que me atacaran por la espalda y no pude contener el llanto al ver la estatua de Mikey y no sentirme completamente feliz por él. — esto último lo seguía avergonzando. — En verdad lo siento. — el menor le sonrió con cariño.
No te preocupes.
Es normal que te sientas así Leo. — agregó Donnie. — Yo también estuve molesto con mi pobre participación en el torneo.
Pero de ti ya esperábamos eso. — se escuchó decir por parte de Rafael, obviamente molestando al genio. — ¡Admítelo! Eres el más débil de los cuatro.
¡No soy el más débil!— objetó. — Sé defenderme bien y soy muy hábil con el bo. — luego admitió. — Sé que no obtengo los primeros lugares en clase, pero es solo porque soy más cerebral que ustedes e invierto toda mi energía en la ciencia, es todo. — se defendió haciendo que sus compañeros rieran un poco.
Y seguro de mí esperaban lo contrario. — continuó Leo.
Es cierto. — reconocieron sus hermanos.
Es por eso que me sentía tan frustrado y no pude contenerme más. — explicaba. — Entonces escuché un ruido detrás de mí y traté de calmarme porque creí que eran ustedes; pero era Usagi que quería despedirse de mí. — Rafael refunfuñó.
Despedirse ¡Ja! sí cómo no. — Don estuvo de acuerdo con él.
Estaba avergonzado por el estado tan patético en el que me encontró y de inmediato traté de hacerme el fuerte y sonreír, pero no era necesario, no con él pues no se burló de mí ni mucho menos, al contrario; me dijo que no tenía nada de qué avergonzarme y me abrazó. — recordaba con cariño.
¡Aaawww! Exclamó Miguel Ángel.
Justo en ese momento…— meditaba. — No me había dado cuenta; que no recordaba cuándo había sido la última vez que me habían consolado. — los muchachos se miraron entre ellos apenados. — Me dijo que no debía darle tanta importancia a lo que sea que me estuviera perturbando y que lo único que importaba era yo.
¿Lo importante eras tú?
¡Así es! me dijo que había sobrevivido a un terrible atentado y eso era lo único que importaba, que yo ahí había demostrado ser un ganador y que ninguna estatua de roca de ningún tamaño podría honrar mi fortaleza. — los chicos estaban impresionados. — Con sus palabras, Usagi me hizo sentir mejor, me estrechó entre sus brazos hasta que dejé de llorar y cuando me calmé e iba a agradecer su ayuda, él no me liberó del abrazo, me acarició la mejilla y… ¡Aahh!— suspiró. — Me besó.
¡ ¿TE DIO UN BESO?!— gritaron los tres al mismo tiempo.
Sí.
¡No inventes!— exclamó emocionado el menor. — ¡¿En la boca?!— Leo dijo sí con un enérgico movimiento de cabeza y una gran sonrisa.
¡Qué desalmado!— reclamó el de rojo.
¡¿Por qué?!
¡Se aprovechó de ti!— respondió Don. — Estabas vulnerable y tomó ventaja.
¡Ay, por favor no sean tontos!— desechó el mismo Mikey a los dos hermanos celosos. — Y ¡¿Qué pasó después?! Dime ¡¿Cómo se sintió?!— Leo sonrió.
¡Increíble!— confesó emocionado y reviviendo a la vez las emociones de ese momento. — Al principio me asusté por la sorpresa, pero no lo rechacé, no pude y es algo que aún no sé por qué.
Yo creo saber. — susurró molesto Rafael, para de inmediato ser mandado callar por Mikey con un codazo. — ¡Auch!
¿Y…?— preguntó Don.
Y como no lo rechacé, él lo tomó como un sí y... — continuó Leo con una sonrisita. — Todo se volvió más intenso desde ahí. — reconoció sonrojado. — En el abrazo, nuestros cuerpos estaban mucho más cerca y pude sentir su…— no se atrevía del todo a decirlo, pero una rápida mirada al punto indicado mientras sus mejillas se ponían más rojas, ayudó a continuar. — Su, ingle; Usagi la pegó a la mía y pude sentir su…-
¡Noooo! ¡No lo digas! ¡No lo hagas!
¡RAFAEL!— reclamaron los menores la interrupción.
¡¿Qué sucede?! ¿Acaso no fuiste tú quién quería todos los detalles?— el de rojo se puso nervioso.
Es que no…bueno sí quiero, pero no…
¡Yo sí quiero oír todos los detalles!— avisó Migue ignorando de nuevo al segundo al mando.
Continúa por favor. — pidió Don.
Pues…— reinició. — Usagi pegó su ingle a la mía y pude sentirlo. — se sonrojó más. — ¡Fue impactante!— sonrió nervioso. — Su…— los chicos comprendieron. — Ya estaba grande, excitado, y Usagi me lo hacía saber con cada roce que me daba entre las piernas; y yo ¡Cielos!— los chicos escuchaban expectantes.
Las sensaciones que me daban sus caricias, el calor de su cuerpo, el sabor de sus labios ¡Estaba fascinado! no quería que terminara, quería sentir más sin importarme nada ni nadie. — esto asombró a los muchachos. — Solo habían pasado quizás pocos minutos o segundos, no lo sé, pero para mí no había tiempo ya.
¡Cielos!— exclamó Mikey igual de sonrojado.
¿Y qué más pasó?— preguntó Don con las mejillas tan encendidas como las del mayor.
El beso había dejado de ser dulce para volverse ardiente y yo, estaba muy excitado también, mí…— no se atrevía a decirlo pero nuevamente una rápida mirada allá abajo les dejaba en claro a los chicos exactamente de lo que estaba hablando. — Ya estaba a punto de salir de mi caparazón; yo traté de evitar que saliera llevando una de mis manos entre nosotros, pero toqué su… miembro y... — sus hermanos le miraban boquiabiertos.
¿Y…?— preguntó Rafael con un hilo de voz.
Todo estalló.
¿Qué ocurrió?
¡¿Tú qué crees que ocurrió?!— gritó Rafael al menor. — ¡Es obvio lo que pasó!
¡Igual lo quiero escuchar directo de él!
Yo también. — admitió Donnie en voz bajita. Leo obedeció.
Ahora las caricias fueron las que nos estaban enloqueciendo. Sobre su ropa pude tocar su miembro y darme una idea entre la tela de qué tan grande lo tendría, él en cambio ¡Cielos! cómo me arrepentí de no usar ropa. — sonrió apenado. — Yo ya estaba expuesto, no pude evitarlo. — se reprochó a sí mismo su inexperiencia.
Usagi tenía mi miembro en su mano y lo acariciaba de una manera y con una fuerza que yo no habría usado estando solo, admito que fue delicioso. — continuaba sin ser interrumpido. — Instintivamente supongo, trataba de retirarme de ahí, pero no me di cuenta de en qué momento estaba contra una pared o una figura de piedra, pues había como un muro atrás a mi espalda y no podía huir de ahí.
¿Y…?— casi suplicó Don.
Y comenzó a masturbarme. — los hermanos se quedaron boquiabiertos.
¿Y tú?
Yo hice lo mismo, dentro de su hakama; aprendo rápido. — se celebró a sí mismo.
¡No inventes!— exclamó emocionado Miguel Ángel.
¡¿ACASO LO HICIERON AHÍ?!— exigió explicaciones Rafael.
¡Claro que no!
Entonces ¿Qué pasó después?
Leo continuó, no sin antes pedir una botella de agua fresca de naranja de la hielera que tenían dispuesta para la fiesta. Mikey lo atendió.
¡Vamos ya!— gritó Rafael. — ¡Continua!
Leo no obedeció hasta no haber satisfecho su sed.
Tranquilo, no me iré hasta no haber satisfecho sus dudas. — siguió bebiendo. — Listo.
¿Qué pasó después?— preguntó Don.
Oímos un ruido. — continuó por fin. — Fue un verdadero milagro que lográramos escucharlo porque ambos estábamos muy concentrados en lo nuestro. — los muchachos entendieron. — Debíamos irnos de ahí, lo sabíamos sin decirnos nada, pero yo no llevaba nada de ropa y estaba demasiado excitado como para lograr devolverlo dentro del caparazón.
¿Y qué hicieron?
Por fin había obtenido un segundo de razonamiento; no podía salir de ahí así como estaba y mucho menos llegar con ustedes en esas condiciones, el miedo nos atacó, el terror estaba por devorarme cuando Usagi me cubrió con su kataginu (Una especie de saco que va sobre el traje samurai) y me dijo que fuera con él.
¿Y lo seguiste?
¡Por supuesto! No podía quedarme ahí así ¿Verdad?
Y ¿A dónde fueron?
A su habitación.
¡NO PUEDE SER!— exclamó Don.
¡NO TE CREO!— gritó Mikey.
¡ ¿CÓMO PUDISTE?!— demandó saber Rafael.
¡¿A dónde más iba a ir en esas condiciones?!— preguntó ahora Leo. — Ninguno de nosotros conocíamos algo más fuera del salón de las estatuas y el área de combates en ese lugar.
Y la enfermería. — agregó Don.
Y ¿Se fueron muy lejos?— le interrogó el menor.
Fuimos a una especie de posada antigua muy bonita dónde se estaba hospedando con otros guerreros. — los muchachos escuchaban atentos. — Su cuarto era para él y alguien más que por suerte no estaba ahí, sus futones estaban recogidos, el piso era de madera, como en las series japonesas animadas.
¿Y…?
Al cerrar la puerta detrás de mí. Una voz en mi interior me decía que no debía estar con él, que debía irme con ustedes de regreso a casa, pero por otro lado. — nuevamente sus mejillas tomaron un tono rojizo. — Ya estando a salvo de cualquier curioso; Usagi se acercó de nuevo a mí con una sonrisa en los labios y yo, sonreí también.
¡POR TODOS LOS CIELOS!— gritó emocionado Miguel Ángel.
¿A caso ahí…?
Sí. — respondió Leo a Donnie. — Lo hicimos ahí.
¡NO LO PUEDO CREER!— gritó el menor emocionado. — ¡¿Y cómo fue?!
¡Maravilloso!
Pero ¡¿Qué hicieron?!— insistió.
Todo. — el pequeño se desesperó.
¡Oh vamos Leo! ¡Cuéntamelo!
¡Pero esto ya es todavía más íntimo!
¡Por favoooorrrrrr! ¡Quedamos en que lo dirías todo!— suplicaba el pequeño sin que los otros dos lo frenaran ya que ellos también deseaban escuchar más al respecto. — ¡Vamoooossss!— Leo sonrió.
De acuerdo. — Ya en su cuarto reiniciamos lo que dejamos en el salón de las estatuas. — continuó. — Si antes los besos y las caricias eran ardientes, ahora el calor era realmente intolerable. — los muchachos escuchaban cada palabra. — Sus labios empezaron a devorar los míos y después recorrieron mi rostro y mi cuello.
¿Y…?
Y continuó bajando hasta llegar a mi pelvis. — los chicos abrieron los ojos y la boca a todo lo que daban.
No es cierto. — susurró Rafael estupefacto.
Usagi se hincó ante mí y tomo mi… pene en su mano. — se sonrojó. — Y luego de… frotarlo…— seguía narrando apenado y pasando saliva. — Se lo metió a la boca. — el cuarto se cubrió de un en silencio sepulcral, lo único que se escuchó por parte de los muchachos fue una especie de jalón de aire con la boca de parte de los oyentes.
¿Te lo…?— trató de preguntar Mikey, pero no se atrevía a terminar la pregunta.
Sí. —
¿Todo completo?
Sí.
¿Todito?
Leo rio divertido y nervioso.
Así es Mikey, se lo metió completo en la boca varias veces. — el aire que habían tragado salió en una tenue exclamación de asombro.
Y ¿Qué se siente?— preguntó Donatello en voz tan baja que solo Yoshi fue capaz de escucharlo, por lo que le hizo saber a Leo la duda del pequeño.
¡Fue maravilloso y aterrador a la vez!— respondió. — Cuando empezó a…"Chuparlo". — no encontró otra forma de describirlo. — El calor de su boca, la humedad, su lengua ¡Cielos chicos! ¡Eso fue impactante! Mi cabeza explotó, no podía pensar en nada más y no me importaba ya nada.
¿Eso fue lo aterrador?— quiso saber Donnie en un volumen normal.
Para mí sí, porque en ese momento no me importaba nada de lo que ustedes llegaran a pensar de mí sí me llegaban a descubrir. — los chicos le miraron impactados. — Las descargas eléctricas que me provocaba eran tan deliciosas, que ya nada más me importaba; no quería dejar de disfrutar de esta, mi sexualidad. — más de uno comprendió y sonrió en señal de apoyo. — ¡Estaba feliz! No quería que ese momento parara y de pronto ¡Dios! Empecé a sentir cómo acariciaba mí ano. — Leo se puso rojo y los muchachos con él a la vez que abrían la boca sorprendidos.
¿Acaso él…?— Leo dijo sí con la cabeza.
Empezó a acariciarme y a meter uno de sus dedos.
Los niños estaban impactados.
¡¿CÓMO PUDISTE PERMITIRLO?!— volvió a cuestionarlo Rafael, pero no le hicieron caso.
¿Te dolió?— pidió saber preocupado Mikey como gran prioridad.
No. — respondió con sinceridad. — Fue molesto al principio y me asustó un poco, pero no me dolió que me metiera un dedo, pues lo hizo poco a poco y la verdad se sintió muy bien. — el pequeño se tranquilizó.
¿Y…?— apuró Don al narrador. — ¿Qué pasó después?
Usagi me daba placer por ambos lados y yo no podía dejar de gemir. — reconoció asombrando con sus palabras a sus hermanos. — Hasta que me vine por completo, en su boca.
¡Oh, cielos!— exclamó el menor.
¡Increíble!— le siguió Don; Rafael estaba mudo.
¿Y…?— volvió a preguntar Don.
Yo estaba muy agitado y el cuarto me daba vueltas, me sostenía de puro milagro contra la pared; cuando mi vista se aclaró, Usagi ya estaba poniéndose de pie y pude ver que en la orilla de su boca había algo de mi…ya saben. — los chicos dijeron sí con un movimiento enérgico de cabeza. — Se limpió con su pulgar y la lamió, luego se acercó a mí y me besó. — los chicos no daban crédito a lo que oían.
¡ ¿ASÍ CON LA BOCA SUCIA?!— gritó horrorizado Rafael.
Así con la boca sucia. — respondió Leo sin darle importancia.
¡IIIIUUUUCCCC!— exclamaron los tres al unísono.
¿No te dio asco?— pidió saber Don con gesto respingado.
No, de hecho, me gustó. —
¡No puede ser!
¡Sabía rico! Algo así como dulzón. — les aseguraba sin poder convencerlos. — Y entre besos y abrazos nos separamos de la pared para ir a recostarnos en uno de los futones, supongo obvio que era el suyo; como pudimos y sin dejar de besarnos, logramos desenrollar la mitad.
Esto ya no me está gustando. — exclamó asustado el ninja rojo.
¿Y entonces…?
Yo era el que estaba sobre el futón y él de pie frente a mí para empezar a quitarse la ropa. Yo hice lo mismo con el kataginu y mis katanas. Ambos nos quitamos todo y ahora era mi turno de darle placer a él.
No puede ser. — susurró Rafael cubriéndose el rostro con las manos. Leo continuó.
Hice lo mismo que él; primero tomé su pene con mi mano y lo masturbé, al parecer lo hice bien porque empezó a disfrutar lo que hacía y yo, admito que me encantó agarrar el miembro de otro chico. — sonrió algo avergonzado, pero gracias a que ya llevaba contando mucho, poco a poco el hablar más abiertamente se le fue facilitando, aunque el rubor parecía ser permanente.
¿Y se lo…?
Sí. — admitió para horror del segundo al mando. — En algún momento antes de esto, me parecía inverosímil el que se pudiera degustar los genitales de un extraño y pasarlo bien, yo pensaba que eso no podía ser bueno; pero cuando empecé a besar y a lamer su miembro, descubrí el por qué lo hacían todos. — sus hermanos le miraron en espera de saber por qué.
¡Es porque se siente asombroso!— confesó. — El contacto tan íntimo con otro chico, su sabor, su virilidad en mi boca y escuchar sus gemidos ¡Cielos! Cómo me excitó. — los tres guerreros no podían creer lo que estaban escuchando.
Después de un rato chupando su pene. — continuó.- Usagi se vino en mi boca. — los hermanos lo miraron asombrado.
¿Y te lo…?— Rafa prestó atención.
Casi fue sin darme cuenta. — respondió la pregunta de Don. — Cuando se vino dentro tenía también mucha saliva y al tragarla. — sonrió y se encogió de hombros. — Me bebí su semen.
No puede ser. — susurró el de rojo.
¿Y te gustó?— preguntó el menor con cara de asco. Leo lo pensó un poco.
Sí. — respondió. — No me supo mal.
¡No inventes!— exclamó Mikey.
¡Es en serio!— le siguió Don.
¡Qué asco!— gritó el de rojo.
¡No es verdad! El semen no sabe mal.
¡Eso no puede ser!— ¡No es cierto!— ¡Qué asco!— no le creían en absoluto.
Mejor termina ya tu relato. — ordenó Rafael.
Bien. — continuó. — Después de que se corrió en mi boca. — nuevamente gesto de asco por parte de los tres. — Nos volvimos a besar y a acariciar con ímpetu, parecía que nos queríamos devorar el uno al otro; de nuevo Usagi metió sus dedos en mi ano y yo le hice lo mismo, lo que provocó que él aumentara la fuerza en sus besos ¡Aaahh!— suspiró. — Fue increíble. En verdad que desearía poder estar ahí otra vez. — los chicos le escuchaban impactados. — En esta parte él tomó el mando y sin obligarme me recostó sobre el futón. — esto no le gustaba a Rafa. — Separó mis piernas y masturbó mi miembro, yo estaba extasiado; jadeaba y gemía con cada caricia y con cada beso que empezó a darme en el ano.
¡ ¿QUÉÉÉÉ?!
¡ ¿TE BESÓ EL ANO?!
No solo lo besó, también lo chupó y le metió la lengua.
¡NO PUEDE SER!
¡ESO NO PUEDE SER CIERTO!
¡Claro que lo es!— declaró orgulloso Leo. — ¡Y las descargas que esto te produce son sensacionales! ¡Una verdadera locura de placer!— los muchachos no lo podían creer.
¡¿Y tú hiciste lo mismo?!
En ese momento no, porque me estaba preparando para algo más grande.
Literalmente. — susurró Donatello, Leo solo lo miró de reojo.
¿Para qué?
¡AY, MIKEY! ¡¿ACASO NO TE LO IMAGINAS?!— gritó entre molesto y ansioso Rafael desde su rincón.
¿Acaso te iba a…?
Así es Mikey. — respondió el mayor acariciándole la cabeza al pequeño.
¿Y cómo fue?— los tres quelonios más jóvenes esperaron en silencio y sin parpadear la respuesta de Leonardo, quién se tomó un momento de nuevo para buscar las palabras correctas que describieran mejor esa primera penetración.
Dolorosa. — empezó.
¡¿Te dolió mucho?!— preguntó preocupado el pequeño pony.
Sí fue doloroso, pero no fue algo que no pudiera soportar. — comenzaba a explicarse. — Usagi fue cuidadoso y me preparó lo suficiente para no lastimarme. — esto como que calmó un poco al pequeño. — Cuando consideró que estaba listo, comenzó a acomodarse entre mis piernas. — los chicos se pusieron nerviosos. — Yo sabía lo que venía y lo quería ya, pero a la vez admito que estaba asustado, porque sería un gran paso en mi vida, digo; lo anterior solo eran caricias y besos ¡Pero esto! Esto era lo más fuerte del acto, lo más emblemático en mi poco conocimiento de la sexualidad entre chicos. Y lo quería probar.
¿Y…?— preguntó Don como un susurro.
Y comenzó a rozar la punta de su pene en mi ano. — los chicos jalaron aire casi al mismo tiempo. — El corazón me latía como un loco, creí que me daría un ataque cardiaco; Usagi comenzó a meterse y ahora era mi cabeza la que comenzaba a latir. — los chicos le escuchaban bien calladitos. — No sé si fue lenta o no su introducción, yo solo podía sentir como me iba penetrando con dudosa facilidad la parte que preparó con sus dedos y después como iba desgarrando en lo profundo hasta que quedó completamente adentro de mí.
¡Aaaggg!— exclamaron los menores como si todo lo anterior hubiera sido la narración de un cuento de terror y al fin ¡Sorpresa! Apareció el monstruo.
No lo puedo creer. — susurró Rafael.
No inventes. — le siguió Don con las manos cubriéndose la boca.
¿Y qué pasó después?— preguntó ahora Miguel Ángel.
No lo había notado antes, pero ambos estábamos gritando y jadeando como locos, además de la transpiración, también tenía varias lágrimas recorriendo mi rostro. Mis sentidos estaban al límite, ahora podía sentir todo lo que me estaba ocurriendo; fui consciente de cómo ese enorme pedazo de carne estaba fuertemente encajado en mi intimidad, cómo el peso de Usagi me impedía alejarme de él y también de cómo sus testículos empezaron a azotarse contra mis nalgas apenas, luego de haberse salido un poco, de inmediato volvía a enterrarse en mí recto. — contaba con más facilidad, la pena ya había sido olvidada por completo.
Usagi empezó a embestirme como un verdadero macho. — continuaba narrando su experiencia. — Entraba y salía de mi cuerpo con tal voracidad que creí que no podría resistirle. El placer que sus dedos me habían dado no eran nada en comparación con lo que me hacía sentir su pene; era sublime, no pude evitar venirme mientras él me invadía, pero eso no lo detuvo, las embestidas continuaron por no sé cuánto tiempo hasta que él se corrió en mi interior.
No puede ser. — chilló Rafael dolido.
Eso fue…— Leo guardó silencio un momento en busca de las palabras adecuadas. — ¡Glorioso! — describió. — Sentí cómo algo caliente me llenaba por dentro, no me había dado cuenta, pero yo también me volví a correr, lo supe cuando vi mojado su abdomen con mi semen. — los chicos estaban pasmados. — Los besos reiniciaron más apasionados que antes, las caricias eran más demandantes. Usagi no se salió de mi cuerpo, no quería hacerlo, me lo dijo al oído y volvió a realizar ese delicioso y tortuoso empalamiento en mi recto. — uno de los chicos quiso volver a preguntar por lo que pasó después, pero ninguno tenía voz ni voluntad para hacerlo.
Antes sabía exactamente cuántas veces Usagi me había hecho suyo, pero ahora ya no las puedo enumerar. — meditó. — Empezamos conmigo acostado y al terminar él me dijo que quería volver a hacerlo y seguimos en esa postura. — los chicos llevaban las cuentas. — Luego siguió mi turno. — esto llamó la atención de los muchachos. — Por así decirlo. — agregó. — Como ambos seguíamos excitados, él aprovechó y se montó sobre mi pelvis, clavándose mi pene dentro de su ano. — los tres menores estaban boquiabiertos.
¡¿Él mismo se…?!
Aja.
¡No inventes!
Yo también me sorprendí por este movimiento, pero obviamente no me molestó que lo hiciera, por el contrario; ahora era yo el que técnicamente lo estaba penetrado a él y eso era increíble de sentir, pues su recto estaba apretado y muy caliente. — las descripciones de Leonardo tenían a los muchachos al límite de sus fuerzas. — Él subía y bajaba disfrutando de mi miembro y el ir y venir que mi pene hacía en su interior era alucinante para mí; ambos jadeábamos y gemíamos, él no paraba de decirme lo mucho que lo estaba gozando, por lo que ahora yo tomé el control y le sujeté las caderas para marcar la fuerza y el ritmo con la que se lo iba a meter. — de los tres, Rafa se vio más interesado en esta parte.
Al fin nos vinimos y el orgasmo fue mágico. Ambos nos quedamos acostados en el poco espacio del futón que habíamos desenrollado. Yo estaba mareado, cansado, me habría encantado quedarme ahí el resto de la noche y dormir a su lado, pero no era posible; aún sin recordar que debía llegar con ustedes pero consciente de que debía irme nos fuimos a bañar.
¡¿No sabías qué hora era?!
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado. — respondió con sinceridad. — Fuimos al baño en toalla, ahí fue como pude percatarme mejor de dónde estaba; la posada era una antigua casona al estilo japonés con pasillos que daban a un jardín y puertas con ventanas de papel que separan el interior del exterior. — explicaba. — Por lo que el baño era también de ese estilo, pero grande, con banquitos para sentarse y bañarse, regaderas de mano y espejos, ustedes saben, Como los que salen en los animes donde al fondo hay una especie de piscina y tienen otra en el exterior con aguas termales.
¿Y…?
Era algo vergonzoso para mí ir a bañarme a un lugar como ese a pesar de haber leído mucho sobre la cultura. El lugar tenía a algunos guerreros duchándose y obviamente no se molestaban por la compañía; habría preferido algo más íntimo pues veníamos de haber tenido relaciones sexuales y sentía que todo en mí lo gritaba, pero nadie nos prestó atención, no de manera burlona como creí que pasaría, por lo que me sentí más tranquilo y comencé a asearme. — los muchachos no lo podían creer, significaba que… ¡¿Se estuvo exhibiendo desnudo ante otros hombres?!
Usagi y yo comenzamos a lavarnos y a vernos la entrepierna otra vez. — sonrió divertido. — Parecíamos niños pequeños haciendo travesuras, mirábamos a los que estaban con nosotros por el espejo y susurrábamos a la vez que tratábamos de acariciarnos de nuevo sin que los demás nos atraparan. — esto no lo podían creer sus hermanos. — Y sí, también decíamos quién de los que estaban ahí estaban guapos o a quién le haríamos una mamada si se presentara la oportunidad. — esto lo sonrojó de nuevo. — Usagi era el más atrevido. — trató de defenderse. — Y sí, admito que su valentía sacaba esa osadía que no sabía que podía tener; jamás antes siquiera hubiera pensado que si tal chico guapo me dijera "Ven" con gusto iría y se la chuparía. — lamentó ser tan atrevido luego de ver la palidez en la cara de sus hermanitos.
Al terminar de quitarnos el jabón nos fuimos a la piscina de agua caliente que estaba ahí mismo. El agua estaba deliciosa, tenía la temperatura correcta y procuré cubrirme con ella por completo, Usagi hizo lo mismo que yo y después nos quedamos sentados juntos, ambos sonreímos y de nuevo me besó en los labios; yo respondí a medias porque temía que los demás nos vieran, pero no había de qué preocuparse, me dijo Usagi, que el que dos guerreros se besaran y tuvieran sexo era algo muy común y natural en el nexo de batalla.
¡ ¿EN SERIO?!— preguntaron los tres al unísono.
¡Sí! Hay algunos que pueden llegar a verlos mal. — todos dirigieron la mirada a donde Rafael estaba sentado.
¿Quéf?— preguntó con la boca llena de papitas.
Pero es prácticamente la minoría. — lo ignoraron. — Igual por respeto antes primero procuran preguntar. — esto divirtió a los chicos.
¿Acaso te preguntan abiertamente si quieres ir a tener sexo con ellos?— cuestionó Don divertido.
Algo así. Primero te invitan a beber algo a un bar y si aceptas, significa que ahí se pueden poner de acuerdo en todo lo que quieran hacer.
¡ ¿QUUUÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?!— gritó Rafael dándoles un susto de muerte a los tres hermanos restantes.
¡¿Qué diablos te sucede?!— reclamó primero Donatello a un Rafael pálido como fantasma.
¡¿Estás seguro que eso es general?!— enfrentó el ninja rojo llegando a donde Leo, pisando las golosinas que habían abierto para escuchar la historia y tomándolo de los hombros para comenzar a sacudirlo.
¡OYEEE!
¡¿Estás hablando en serio?! ¡¿Primero te invitan a un bar?! ¡Contéstame!
¡Ay! ¡¿A qué te refieres?!
¡¿Qué si un guerrero te invita una cerveza es porque en realidad te quiere coger?!
¡¿Y a ti qué te importa si es verdad o no?!— preguntó Donnie extrañado y buscando algo que rescatar entre las envolturas.
¡Dime!— exigió Rafael.
¡Sí, es verdad!— respondió. — La mayoría allá lo saben, si un guerrero te invita a un bar y tú aceptas, es porque estás dispuesto a interactuar con él… ¿Por qué te preocupa tanto?— luego lo pensó mejor. — ¿Acaso tú…aceptaste una invitación de alguien?— el guerrero escarlata enmudeció y las miradas de todos se fueron sobre él.
¡Creo que dijo que sí!— exclamó Miguel Ángel para después soltar una sonora carcajada. — ¡Ja, ja, ja, ja!
¡No lo puedo creer! — exclamó Don.
¡¿Es en serio Rafael?!— pidió saber Leo ya que el atrevido lo había soltado. — ¡¿Aceptaste la invitación para ir a beber con un guerrero?!
Solo era una cerveza. — susurró impresionado y sorprendiendo a todos. — No tenía idea de que en realidad me quería coger.
¿Quién te invitó una cerveza?
El niño tenía la cara roja de vergüenza.
Traximus…él, también había perdido un combate y se acercó a mí cuando Mikey…
Te ganó. — ayudó el mismo ninja naranja ganándose una mirada furiosa. Ahora estaba rojo de ira.
Me dijo que me olvidara del combate y fuéramos a beber una cerveza, no, no tenía idea de que en realidad quería…
Quería beber "Otro tipo" de espuma blanca. — completó Donnie sacando una carcajada general de sus hermanos, bueno, al menos de tres.
¡JA, JA, JA, JA, JA!
¡NO LE ENCUENTRO LA GRACIA!
¡No puedo creer que casi te acuestas con un triceraton por una cerveza!— gritó divertido el menor.
Te dije que la bebida no te iba a llevar a nada bueno.
¡Ay, ya cállate!— paró de lleno el futuro sermón del mayor.
Claro que en este caso…— meditó Leo. — No te habría ido tan mal.
¡Esto no es gracioso!— las carcajadas se volvieron a escuchar. — ¡Ya basta!
No tienes ya de qué enojarte Rafael. — sugería Donatello. — Igual parece que no llegaron a nada ¿O sí?
¡Claro que no!— aclaró. — Gracias a que antes me dijo que Splinter estaba prisionero y me ayudó a rescatarlo, que si no…
¿Qué si no qué?— quiso saber el mayor, pero el segundo mejor cambió el tema.
Quizás en esta ocasión esa regla no aplicaba. — opinó. — Es posible que ni siquiera me fuera a proponer nada y ustedes ya están haciendo un escándalo. — los muchachos volvieron a reír para molestia del guerrero.
Sí, claro.
Seguro.
Es posible.
¡Ya finaliza tú relato!— ordenó. — ¿A qué hora te das cuenta que debías volver?
¡Aaamm!— meditó un poco el primogénito. — No en ese momento. — continuó. — En vista que no importaba que nos vieran, nos volvimos a besar, y a pesar de tener miedo a las miradas indiscretas, fue algo que no me arrepiento de haber hecho.
¿Sólo de eso?— callaron al segundo con un merecido codazo. — ¡Auch!
Como nadie más estaba en la piscina, Usagi llevó su mano a mi entrepierna y comenzó a besarme el cuello. — los chicos le escuchaban atentos. — Yo empecé a disfrutarlo mucho y lo abracé para que pudiera frotar su pene contra el mío. Ya estábamos a punto, ambos queríamos llegar al final, por suerte pude ver que ya no había nadie en el baño y aprovechamos el lugar.
¡No inventes!
¡¿En el baño?!
Sí. solo que está vez cambiamos de postura y me giré para que Usagi se acomodara atrás a mi espalda. — los chicos comprendieron cuál era esa postura. — Yo me incliné, me sostuve sobre el borde y…
¡No digas más!— suplicó Rafael dolido por el desfavorecedor marcador.
Me dolió de nuevo, pero se sintió extraordinario. — narraba a sus compañeros. — Tratábamos de hacer poco ruido pero nos era imposible, había mucho eco ahí y cualquier pequeño gemido se escuchaba fuerte. No creí que fuera posible pero lo habíamos hecho de nuevo y en un lugar abierto, Usagi se vino dentro de mí y yo al borde de la piscina; nos estábamos besando, yo estaba feliz, parecía que había muerto y llegado al cielo; quizás había pasado por culpa del veneno y no me había dado cuenta, pensaba, si esto era estar muerto, no estaba tan mal, pero habría sido triste no ver a mi familia y… ¡MI FAMILIA!
¿Hasta entonces te acordaste de nosotros?
Fue entonces que el tiempo y la consciencia recuperaron su voz y me mostraron de frente la cruda realidad. Me había perdido por horas, tendría que dar explicaciones ¡Y no sabía qué decir! Ambos salimos corriendo en toalla rumbo al cuarto por nuestras cosas y de ahí a buscarlos a ustedes. Usagi no paraba de disculparse conmigo y me juraba que asumiría todas las responsabilidades, pero yo no quería que dijera nada, le pedí que no hablara de lo que hicimos porque no lo verían bien y esto le extrañó.
Supongo que al tener un apellido japonés y saber que Splinter acudía al nexo de batalla; asumió que teníamos sus mismas costumbres. — dedujo Donatello.
Supongo que sí, me preguntó si habíamos hecho algo malo y le dije que no, que no lo sabía, que no le podía decir ahora que tenía que llegar y…
¿Y…?
Y supongo que comprendió al verme tan nervioso. Antes de entrar al edificio donde estaban ustedes, me detuvo y me dijo que yo no tenía nada de qué avergonzarme. Que yo era alguien maravilloso y que lo que habíamos hecho había sido hermoso, que atesoraría cada minuto que estuvo conmigo y que si pudiera ahora mismo me llevaba con él a su mundo.
¡Pero qué desgraciado!— exclamó el de rojo molesto.
¿Te habrías ido con él?— quiso saber el pequeño ninja preocupado.
¡Claro que no! — le aseguró abrazando a su hermanito y sentándolo a su lado. — Y él lo sabía, por eso no me insistió. Agradecí sus palabras de aliento y nos abrazamos por largo tiempo y no solo debía agradecer lo que me dijo, sino también todo lo que hizo por mí.
¡¿En serio debías agradecer todo lo que te hizo?!
No me refiero al sexo. — aclaró. — Me refiero al hecho de haberme enfrentado a lo que era mi verdadera realidad, aquella que por tanto tiempo me había empeñado en mantener olvidada para que nadie se ofendiera y me dejaran vivir en paz. — reflexionaba. — Yo era homosexual, esa era mi naturaleza y a pesar de todos mis esfuerzos en casa con mis entrenamientos y protegiendo a mi familia con diversas acciones, continuaba teniendo problemas con todos ustedes. — los muchachos escuchaban apenados.
Me dejaban de lado, me ignoraban y salía mal constantemente con Splinter sin importar lo mucho que me empeñara en darle gusto, no era justo, yo me negaba a vivir mi vida para hacerles feliz e igual no lo lograba, así que llegando a nuestra dimensión, estaba decidido a hacer muchos cambios a favor mío. — sonrió con tristeza.
¿Y los hiciste?
¿Acaso viste alguno?— devolvió la pregunta a Don, la respuesta era obvia. — Llegamos con ustedes y ya saben qué pasó y todas las explicaciones que nos inventamos. Al llegar a casa nadie preguntó lo que en verdad había hecho todo ese tiempo, por lo que el secreto continuó y la rutina poco a poco me fue devorando de nuevo, dejando mi velada con Usagi como un maravilloso recuerdo. — al fin había terminado y el silencio se hizo en el club. — Bien, ahora saben la verdad. no soy virgen, mi primer beso fue con un hombre y nunca antes hasta ahora se dieron cuenta.
No lo puedo creer. — aceptó Don.
Fue una bella historia. — reconoció Mikey. — Gracias por contárnosla y lamento que no hayas hecho esos cambios que pensabas hacer.
Quizás fue lo mejor, no sé qué habría pasado de haberles dicho toda la verdad.
Yo tengo una idea y no es nada bueno lo que imagino que habría pasado. — admitió Donatello haciendo sonreír al mayor.
Bueno, ahora les toca juzgar a ustedes si fue verdad o no; al final lo que importa es que yo sé que fue cierto y que mi primera vez fue cómo debía ser, punto. — los chicos se miraron un momento. — Ya es muy noche. — cambió el tema. — No sé si piensan hacer algo más, pero yo quisiera ya irme a dormir.
Tienes razón. — le apoyó Donatello. — Ya es tarde también para nosotros.
Pero… ¿Estamos bien?— preguntó preocupado Miguel. — ¿No estás enfadado con nosotros?— Leo le sonrió.
Estamos bien, no te preocupes. — los tres menores sonrieron. — Ahora todos a su cuarto. — ordenó poniéndose de pie. — Ya es tarde, ¡Gracias por la velada! Espero que para la próxima vez sean ustedes los que cuenten algo íntimo también. — los chicos se vieron entre ellos.
Yo no tengo nada como lo que contaste tú. — señaló el menor.
No importa que no sea tan bueno como el mío. — les ayudó mientras tomaba sus regalos y llegaba a la puerta. — Me conformo con un sueño húmedo o alguna fantasía recurrente que desearas cumplir. — le guiñó un ojo al menor haciéndolo sonreír.
¡De acuerdo!— quedó el pecoso levantando su pulgar en señal de aceptación.
Bien ¡Hasta mañana! descansen.
¡Hasta mañana!
¡Hey, por cierto! Le dije a Splinter que yo me encargaría de tu medicina, ahora voy a tú recámara. — le avisó Donatello.
Está bien y por cierto. — le señaló. — Eso de la santa ciencia es blasfemia. — el genio rió divertido.
Cada quién cree en lo que quiere. — ambos rieron para después el mayor retirarse y dejar en silencio un momento a los tres hermanos que no paraban de recordar cada palabra del joven líder.
No puedo creer lo que hemos escuchado. — dijo primero Don.
¡Fue impactante!— exclamó el menor para después bajar un poco el cierre de su traje por el calor que tenía. — Creo que debo ir al baño, a darme una ducha bien fría. — los otros dos lo miraron con asco.
Entonces…— preguntó Rafa al genio.
¿Entonces qué?
¿Crees que sea cierto todo lo que nos contó o que sea parte, de su problema cerebral?— Don lo pensó un momento.
El tiempo en la que se desarrolló la historia encaja perfectamente con las horas en las que se desapareció. — inició su análisis. — Las palabras que usó como "Fantástico, glorioso y maravilloso" me parecieron propias de un cuento, pero…
¿Pero…?— preguntó Mikey interesado.
Pero el sentimiento que me transmitió, la forma tan vívida en la que nos la contó. — meditaba. — Eso no lo pudo fingir. Leo, de los cuatro es el que menos contacto ha tenido con material para adultos, y más aún con películas gay.
Hasta ahora. — agregó Rafael.
Entonces. — tomó la palabra Miguel Ángel. — Jamás sabremos si es verdad.
A menos, que le preguntemos a Usagi.
¡ ¿QUUÉÉÉÉÉÉÉ?!
Fin del capítulo 6.
