Aclaraciones:
*La Guerra no pasó, no existió.
*La Alianza no existe.
*Sasuke no mató a Danzou.
*Verán sucesos que no pasaron.
Advertencias: +16. Lenguaje obsceno. Violencia.
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
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Capítulo 4: La oscuridad del corazón.
Dejó caer con un poco de pesadez aquel grueso libro, forrado con cuero de color negro. Se podía decir que en esos momentos se encontraba algo aburrido, había leído varias veces todos los pergaminos y libros que se encontraban en aquella habitación. Muchos de ellos se trataban de técnicas secretas e información sumamente importante de las Naciones Ninjas, y gracias a eso, se encontraban próximos a la invasión a Konoha.
Se levantó del mullido sillón en el que se encontraba y caminó con lentitud hacia la gran ventana para observar cómo se avecinaba una tormenta. Su cabello en esos momentos se encontraba algo largo dándole un aspecto casi salvaje, sus brazos y torso se encontraban al descubierto por lo que se podía apreciar los músculos trabajados pero sin llegar a exagerar.
Se pasó una mano por su cabellera azabache, llevaba bastante tiempo en aquella mansión o "guarida", como muchos de ahí lo llamaban. Se podría decir que se encontraba un poco aislado del mundo ya que muy pocas veces salía, y cuando lo hacía siempre era acompañado. Realmente se encontraba molesto al principio pero de cierta forma se acostumbró a la presencia de los Zetsu, simplemente se dedicaba a ignorarlos. Obito había resultado ser su peor enemigo, lo había amenazado, a él, a Sasuke Uchiha.
En las penumbras se pudo ver la sonrisa sarcástica y casi sádica del hijo de Mikoto. Se colocó una remera azul con el emblema del Clan en la espalda y tomó su querida Chokuto que se encontraba en una esquina de su habitación. Se había acercado la hora, el momento en darle una lección al Uchiha mayor, sobre lo peligroso que puede ser amenazarlo. Y sobre todo, por haberlo encerrado en ese lugar. Su sonrisa se ensanchó, y luego iría a Konoha.
Por Sakura.
Se masajeó el cuello con su mano, en unos momentos saldría de misión con su equipo y se encontraba algo emocionado, y estresado, claro. Como había supuesto, el día anterior había llegado su madre de su misión y pudo tranquilizar a Hikari, en dónde su hermana pudo comprender que los celos eran normales cuando estabas enamorado de alguien. Sonrió levemente al recordar cómo antes de partir, su melliza lo amenazó con que volviera con vida. Muy tierna.
Observó como sus compañeros lo esperaban, asintió con la cabeza dándoles la señal de que se encontraba listo y partieron segundos después. Su misión era fácil, rastrear y asesinar a unos espías que habían sido detectados hace unos días atrás. Y luego debían patrullar los alrededores de Konoha ya que sospechaban una posible invasión.
Fácil, casi aburrida la misión.
Iban a una velocidad bastante rápida, ya que temían que los intrusos se encuentren con sus aliados. Ellos eran cinco y por lo que le informaron, se trataban de tres espías los que se habían infiltrado a la Aldea. No entendía el por qué habían mandado el Equipo completo, al menos que estaba la posibilidad de que fueran más los infiltrados. Y la segunda opción era que se los necesitaba para enfrentarse a otros enemigos, como Akatsuki, por ejemplo.
Unos cuanto minutos después la primera posibilidad se hizo presente, los infiltrados no era tres sino que diez. Bastante variada con la cantidad que le habían informado. El Capitán dio la orden de que se escondieran y oculten sus chakras, por lo que supuso, iban a esperar a los aliados de éstos. Así, acabarían con todos de una vez. Era una muy buena idea, pero su líder había cometido un pequeño y gran error.
Subestimar al enemigo.
Al caer la tarde, unas horas después, llegó su segunda intuición. Akatsuki. Eran dos, ambos se encontraban en el libro Bingo como criminales de rango S y por lo que tenía entendido, la mujer se llamaba Kagura, quién tenía la habilidad de controlar los Jutsus de agua y de viento, y el otro llamado Jiro utilizaba técnicas de rayo y fuego. Entrecerró sus ojos, a veces odiaba tener razón. Los renegados se acercaron a hablar con ellos, la mujer dijo unas palabras y miraron en la dirección dónde sus demás compañeros se encontraban.
Los habían descubierto.
Escuchó como su Capitán daba la orden de atacar a través de los intercomunicadores que llevaba en su oreja. Inmediatamente atacó a Jiro, quién era uno de los más fuertes y poseía técnicas similares a las de él. Cabía la posibilidad de que pudiera acabar con el renegado, sino tendría que tragarse su orgullo y pedir ayuda.
-Eres muy enano para estar en ANBU, o ¿acaso eres un mocoso?- comentó Jiro con fastidio al ver a Sanosuke frente a él.
El rostro del Uchiha menor permaneció pasible tras su máscara. Escuchó como aquel calvo y robusto hombre empezaba a hablar sobre lo frustrado que se encontraba ya que esperaba un poco más de acción. Decidió no hacerlo esperar y lo atacó con un puño cargado de chacra que le dio de lleno en el tórax, quebrándole un par de costillas y seguramente, perforándole algún pulmón. Jiro aún sorprendido escupió un poco de sangre y se colocó en posición de batalla.
- Katon: Gōkakyū no Jutsu!- gritó el hombre robusto al tiempo en que una bola de fuego salía de su boca dirigiéndose al pelinegro.
Sanosuke lo esquivó con facilidad, y lo contraatacó pegándole una patada en el rostro. Pero no perdió tiempo, sus compañeros necesitaban ayuda por lo que desenvainó rápidamente su katana cortándole la cabeza en cuestión de segundos. Se quedó estático un instante, por su mente se le había cruzado la idea de que Jiro esquivaría su movimiento con facilidad. Ese hombre había resultado ser bastante débil.
Escuchó el grito de uno de los hombres de su equipo, no podía creer que les costara tanto acabar con aquellos simples espías. Su vista se dirigió a la mujer, quién peleaba arduamente con su Capitán por lo que decidió ayudar a sus camaradas que eran los que se encontraban en peligro. En ese momento observó como uno de sus compañeros caía por lo que fue a su rescate, atravesando el cuerpo del criminal con el filo de su arma. Un ANBU se distrajo por observarlo con sorpresa lo que hizo que el espía aprovechara la oportunidad para incrustarle un kunai en su cuello.
Sanosuke entrecerró los ojos, aquellos no eran unos débiles infiltradores, tranquilamente podían encontrarse en el libro Bingo. Tensó un poco a mandíbula, sin duda todos ellos habían cometido la equivocación de subestimarlos y ahora pagaban el precio. Soltó la katana y con agilidad sacó unos kunais que instantes después se incrustaron en las cabezas de sus enemigos. Sentía como todos lo miraban pero decidió observar la pelea de su líder por si necesitaba ayuda. Pero Kagura, al observar lo que había ocurrido, había optado por escapar.
Frunció el ceño y siguió a la criminal, no podía dejar que huyera. Por más que se tratase de una mujer, debían matarla. O eso pensó, su Capitán por el intercomunicador le indicaba que la atrape para luego llevarla a un interrogatorio con Ibiki. Por lo tanto, aumentó su velocidad apareciendo delante de la mujer, quién enanchó los ojos con sorpresa, y con un rápido movimiento golpeó su cuello noqueándola al instante. Con un poco de cuidado, la cargó en sus brazos y fue a reunirse con su equipo, quienes en ese momento se encontraban quemando los cuerpos. Pudo percibir cómo lo miraban, más no sabía el por qué y tampoco quería averiguarlo.
-Marchemos a la Aldea.- ordenó el líder del grupo para luego voltear a ver al más pequeño.- No podrás con ella, dásela a alguno de tus compañeros.-
Sanosuke frunció levemente el ceño, odiaba que lo subestimasen pero igualmente asintió con la cabeza y dejó que uno de sus camaradas cargara a la mujer. Partieron hacia Konoha que se encontraba a unos pocos quilómetros, no sin antes guardar los cuerpos en pergaminos. El camino fue silencioso, pero el Uchiha/Haruno se encontraba un poco tenso, algo no estaba encajando del todo bien. Activo el Sharingan y dio un vistazo a su alrededor, al no encontrar nada sospechoso lo desactivó. A lo mejor simplemente era su imaginación, tal vez estaba algo paranoico debido a la misión.
O tal vez no.
Dio un gran salto hacia atrás al momento en que una ráfaga de shuriken's caía sobre sus compañeros menos a su Capitán que había logrado escapar del ataque. Frunció el ceño al ver a todo su equipo eliminado, trató de encontrar algún sobreviviente pero le fue imposible. Un hombre de cabello castaño salió de entre los arbustos y cargó a Kagura para luego huir. Se mordió el labio, no iba a dejar que escapasen por lo que salió tras ellos. La misión era eliminar a todo intruso y él la iba cumplir.
Aumentó un poco su velocidad y cuando los tuvo a unos pocos metros, golpeó el suelo con su puño cargado de chakra. Ante la ruptura del suelo, el castaño de nombre desconocido desapareció en una nube de humo, reapareciendo detrás del pelinegro con un kunai en la mano listo para atacarlo. Sanosuke esquivó el arma con facilidad, dando un giro sobre su propio eje y contraatacó goleándolo con una patada en la cara, tirándolo al suelo.
-¡Maldito chiquillo!- vociferó el hombre al secarse un poco de la sangre de su labio partido mirando con odio al ANBU que permanecía inmóvil frente a él.
El pelinegro divisó a la mujer de cabello azul, Kagura, a unos metros y que seguía inconsciente. Perfecto, solamente necesitaban a uno para el interrogatorio. Concentró chakra en su mano derecha, pronto el hombre abrió los ojos sorprendido y asustado. Conocía esa técnica, muchas veces veía entrenar a Uchiha Sasuke y usaba ese jutsu ¿acaso eran algo? No, había otra persona que realizaba esa técnica y probablemente le haya enseñado. No pudo reaccionar o mejor dicho, sabía que no tenía escapatoria, el chiddori impactó en su pecho atravesándolo. Pero antes de entregarse a la oscuridad pudo observar un destello carmesí a en sus ojos.
Sanosuke lo miró por un momento viendo cómo se pagaba la luz de los ojos del enemigo, pensando en la situación, analizándola. La voz de su Capitán a través de su intercomunicador le avisó que ya había pedido refuerzos y que otro equipo vendría a recoger los cuerpos pero que ellos no se moverían de ahí hasta que llegara los otros ANBU, debían cuidar de los cuerpos. Cerró los ojos por unos segundos, se encontraba algo cansado, suspiró y fue a ver Kagura para asegurarse de que no haya ningún truco. La mujer seguía inconsciente.
¿Le habría pegado muy fuerte?
Frunció el ceño, no, claro que no. Sintió el chakra del equipo ANBU, dándose cuenta lo rápido que pasaba el tiempo, tomó a la renegada y fue hacia su líder que lo estaba esperando. Ambos partieron hacia Konoha a gran velocidad y en el camino, su Capitán le ordenó que la llevaran con Ibiki mientras que él iría a la oficina del Hokage, y obviamente, luego Sanosuke también debía ir a reportarse con el Kage.
No perdieron tiempo, tal vez porque no querían más sorpresas o era por el cansancio. Pero de lo que estaba seguro el pequeño ANBU, era que entrenaría más duro y no descansaría hasta hacerse más fuerte. No pudo salvar a sus compañeros, por más que no haya establecido una buena relación no había sido capaz de protegerlos. Sin el Mangekyō Sharingan no era nada, por lo que debía esforzarse para superarse, no le importaba haber asesinado a los renegados sin su poder ocular, le importaba lo que era capaz de hacer sin él.
Y no pudo ser capaz de salvar a su equipo.
Uchiha Itachi no habría permitido que eso sucediera.
Apretó la mandíbula en señal de frustración y decepción hacia él mismo. Empujó la puerta de la sala de interrogación encontrándose con el hombre que poseía cicatrices de lucha en su rostro, le dio a la mujer con delicadeza y desapareció en silencio. Su papel no era hablar al menos que se le mande a llamar a alguien por orden de su Kage. Apareció en la oficina del rubio arrodillado, en señal de respeto hacia su superior pero Naruto le hizo señal con una mano para que se levantara.
-El Capitán de tu escuadrón me informó lo ocurrido. Buen trabajo.-
A pesar de las palabras del antiguo compañero de su madre, no se las tomó como un alago. No podía tomarse ese privilegio. Asintió con la cabeza tragando lentamente, tenía ganas de objetar pero eso revelaría cómo se sentía en esos momentos. Y lo que menos quería era preocupar al hombre que se había comportado como un padre para él. Un suspiro que emitió el contenedor del zorro llamó su atención.
-Debes dejar de comerte la cabeza Sanosuke-chan. Es un poco frustrante decirlo pero así es la vida del shinobi. Muchos mueren cumpliendo misiones y más los ANBU.- le sonrió un poco- Vete a casa a descansar.-
-Pensé que la misión duraría más Hokage-sama.-
-Digamos que simplificaste un poco las cosas.- sacudió la cabeza soltando una pequeña sonrisa.- Vete que tu madre debe estar preocupada. Te llamaré cuando solucione el tema de tu nuevo equipo.-
-Hai. Con su permiso.- observó de reojo a la nada y desapareció.
-¿Qué opinas al respecto?- preguntó con voz queda, una vez que el pelinegro no estuvo a su vista.
-Que te preocupas demasiado.-
Un hombre de pelo plateado se hizo visible, quién avanzó de manera lenta hasta posicionarse delante del escritorio repleto de papeles. El más joven de mirada celeste suspiró un poco cansado de toda la situación. Ciertamente le inquietaba el comportamiento del hijo de su eterno rival –amigo. Por lo que le había contado hace unos minutos el Capitán del casi extinto equipo, el pelinegro había actuado de manera rápida y profesional, analizando las posibilidades fríamente.
-No lo creo.- frunció el ceño.- Tengo un mal presentimiento con respecto a Sanosuke.-
-Es realmente fuerte a pesar de su edad. Incluso puedo apostar que notó mi presencia.-
-Pero…-
-Sé a lo que te refieres.- lo cortó mientras cerraba su único ojo visible.- Cada día que pasa se vuelve más fuerte pero cada vez se vuelve más oscuro y solitario.-
-Más peligroso.-
-Aa.-
-Cómo Sasuke.- susurró el rubio mientras miraba fijamente a su ex –sensei.- Tal vez necesita algo más para mantenerlo por el buen sendero. Porque creo que su hermana y Sakura no son suficientes, ellas logran apenas mantenerlo a la raya.-
-Había pensado en eso, hubo un tiempo que creí que se enamoraría y la chica lo ayudaría. Pero esa realidad cada vez es más lejana.- Kakashi soltó un suspiro mientras se rascaba su mentón de forma despreocupada.- ¿Te diste cuenta a quién se parece? Y no me refiero a Sasuke.-
-Hai.- lo miró entrecerrando los ojos.- ¿Crees que lo admire?-
-Sus técnicas son casi idénticas, hasta la forma de hablar, actuar y su comportamiento es muy similar a la de él. Aunque puede ser que no lo haga conscientemente a esto último.-
-¿Qué sugieres entonces?-
-Creo que es hora de contarle la verdad sobre Uchiha Itachi y el porqué de su sacrificio.-
Abrió sus orbes negros para observar como todos los kunai habían dado en el blanco, cada uno de ellos. Hace unos momentos había ido a su casa para cambiarse así luego ir al boque a entrenar. Realmente estaba intrigado con respecto a la presencia del peliplata en la oficina del Hokage, sobretodo porque se había ocultado de él. Ciertamente hace un tiempo había notado como el Ninja Copia lo miraba, analizándolo, casi juzgándolo.
Hizo una leve mueca, aún estaba algo triste por la pérdida de sus compañeros. Pero la muerte era algo a lo que uno se enfrentaba día a día en su camino ninja. Estaba de acuerdo con su tío Naruto, solamente nunca había probado el amargo sabor a la pérdida de alguien cercano y no se quería ni imaginar lo que sentiría. Estaba disgustado por lo de sus camaradas y pensar que le pasaría algo a su familia era terrorífico.
Soltó un suspiro y a paso lento se dirigió a las ruinas dónde tiempo atrás, había sido el hogar de un Clan tan legendario y temido. Al caminar por las calles desiertas y un poco destruidas por el paso de los años, se imaginaba cómo hubiesen sido las cosas. Probablemente su padre no habría desertado, hubiera conocido a sus abuelos tanto paternos como maternos. Lamentablemente la masacre del Clan lo había cambiado todo.
Se detuvo frente a la casona más grande y pidiendo permiso junto a disculpas en susurros entró. Recorrió sin prestar mucha atención a los objetos a su alrededor ya que se conocía de memoria cada cosa de las habitación. Cuando era niño, en una de sus tantas investigaciones hacia su Clan había descubierto el barrio y que en esa casa, había tenido lugar la infancia de su padre y de su amado tío. Entró al cuarto del asesino de los Uchiha's y se sentó en la polvorienta cama.
Muchas veces iba a esa habitación para tratar de entender a Itachi, la forma que había tenido de pensar a su corta edad. Pero luego con el tiempo comprendió que la experiencia de su tío era que lo había llevado a pensar y actuar de determinada forma. Por eso siempre sospechó de la matanza del Clan del Sharingan, había algo que no le terminaba de cuadrar. Todos decían que Itachi había guardado odio los Uchiha por años, que los había usado y que como no les servían más para sus propósitos los había matado. Apretó la mandíbula negándose a creer en algo tan absurdo como eso.
Porque él creía en Itachi.
Se levantó de la cama, no podía quedarse un minuto más sin hacer nada al respecto. Debía averiguar que le había pasado al hermano mayor de su padre pero primero debía entrenar y aprender más técnicas. Se dirigió con rapidez al templo de sus antepasados y buscó unos pergaminos, era hora de dejar de pensar tanto. Él requería más poder para defender a su familia, enfrentar a su padre y encontrar a su tío. Y a lo mejor, el gran vació de su corazón desparecería.
Se tronó lo huesos de su cuello mientras cerraba los ojos. El largo entrenamiento que había llevado a cabo por once largos años tenía grandes efectos destructivos y peligrosos. Ideal para cumplir con sus planes. Observó de reojo los cuerpos destrozados y quemados que se encontraban a sus pies, bañando al césped en un color carmesí. Pasó a través de ellos, ignorando las vidas que había tomado. Ninguno le había brindado información importante por lo que se deshizo de ellos con facilidad.
Oyó un leve quejido, levantó una ceja y se acercó al hombre dispuesto a acabar con su vida. El sujeto, un poco mayor que él, poseía grandes cortes y seguramente muchas fracturas. Desenvaino a Chokuto viendo fijamente a su víctima quién abrió los ojos mostrando terror. El hombre en un arrebato de desesperación, agarró el pie de Sasuke.
-¡E-espera!- gritó con dolor, sintiendo cómo su pecho se apretaba debido a sus costillas fracturadas.- T-tengo i-información.- tartamudeó escupiendo un poco de sangre.
-Habla.-
-Haruno S-Sakura.- hizo una pausa al ver el poder ocular del Uchiha, tragó dispuesto a continuar. Él no quería morir y no le importaba traicionar al líder de Akatsuki por una información boba de una simple kunoichi.- Ella está en K-Konoha, es directora d-del hospital y t-tiene dos hijos…-
Abrió los ojos sorprendido ¿Sakura había formado una familia? ¡¿Cómo se habían atrevido a tocarla?! Rechinó los dientes ignorando al moribundo hombre que seguía hablándole sobre otros datos absurdos. Un idiota se había atrevido a tocar algo suyo y sobretodo, le había dado hijos. Sintió un fuego arder con furia en su interior, amenazando con destruirlo todo. Debía planear algo, tenía que escapar o derrotar a Obito e ir a Konoha por su Sakura.
-¿Qué sabes sobre sus hijos?- cortó al ninja.
-B-bueno, que no tienen padre y que...-
Alzó las cejas, eso era interesante.
Iría a Konoha y luego mataría al estúpido de Obito.
-"Voy por ti Sakura"- pensó al momento que le quitaba la vida al informante.
¿Reviews?
¡Lamento muchísimo la tardanza! Sinceramente estoy muy avergonzada al respecto y espero poder compensarlo u.u Quiero agradecer a todos los que se toman la molestia de dejarme un comentario, agregar a la historia a sus favoritos y seguirla, es algo que aprecio y que me dan ánimos de seguir. También trataré de mejorar mi narración, me di cuenta de algunos errores.
Prometo subir pronto la continuación donde se verá algo de... ¡No lo puedo decir! xD Pero creo que estará bueno y que les gustará.
Dejen un comentario y háganme saber su opinion ¡Muchas gracias por leer! :)
