¡Hola! ¿Sorprendidos? Esta vez no dejé pasar mucho tiempo xD
Bueno, primero y principal quiero agradecerles a todos por dejarme tan lindos reviews, y su apoyo incondicional ¡Cada vez más personas siguen esta historia! Me pone muy contenta y de muy buen humor que les guste nwn No los voy a retrasar más, pero aclaro que este capítulo anteriormente se llamaría "Konoha bajo ataque. Parte I Rencor y odio." Bueno cambie ese rencor por "dolor", ya van a entender porqué.
¡Gracias por leer y disfruten!
Aclaraciones:
*La guerra no pasó, no existió.
*La Alianza no existe.
*Sasuke no mató a Danzou.
*Verán sucesos que no pasaron.
Advertencias: +16. Lenguaje vulgar. Violencia.
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen pero esta historia si.
Capítulo 10: Konoha bajo ataque.
Parte I Odio y dolor.
..
..
..
Frunció el ceño detrás de su máscara ANBU mientras observaba cómo los hombres vestidos con la ropa de Akatsuki hablaban y, por las señas y miradas que mandaban hacia la Aldea, claramente planeaban atacar en cualquier momento. Ya le había informado al Hokage pero aun así decidió volver al lugar porque no estaba muy seguro de cuándo podrían invadir. Los renegados sacaron sus armas y se colocaron en filas, eran aproximadamente sesenta ninjas.
Se inclinó un poco más hacia delante, su respiración se volvió pausada y su postura la de un depredador. Estaba completamente solo pero eso no significaba que se quedaría de brazos cruzados, claro que no. Ese no era su estilo. Los detendría a la mayoría, haría su mejor esfuerzo para que no pudieran llegar a la Aldea. Porque en el fondo, tenía la intuición de que los hombres frente a él eran un simple señuelo. Algo más grande se aproximaba a Konoha y todos debían estar preparados, concentrados en proteger su hogar y no preocuparse por estos Akatsuki.
- A partir de acá, no darán un paso más. - apareció frente a ellos hablando con voz helada, sorprendiendo a algunos y que todos se coloquen en defensa.
- ¿Eres valiente o muy estúpido?- una mujer dio unos cuantos pasos, mirando de forma burlona al ANBU frente a ellos.- Yo creo que estúpido.-
- El que no dará un paso más eres tú, mocoso.- habló otro.
El peli-negro apretó los labios mientras sacaba dos kunai, uno en cada mano, debía terminar rápido. Calculó velozmente, había cuatro filas de unos quince hombres. Sus músculos se tensaron por unos instantes, al momento siguiente se abalanzó hacia las dos hileras de la izquierda. La compasión no estaba presente en él, no cuando la vida de su hermana y de su madre estaba en juego. Su mente se puso en blanco, concentrándose en su enemigo.
Con su mano derecha, sintió como la filosa arma desgarraba el estómago de un hombre, salpicándolo de sangre. Exhaló el aire de sus pulmones y al segundo, con su mano izquierda le cortó la garganta. Respiró suavemente, y antes que el cuerpo cayera al suelo se aproximó a su siguiente enemigo, clavándole el kunai con la diestra en el tórax, dándole en el corazón dejándolo fuera de combate. Lanzó el arma que le quedaba a uno que estaba al final de la fila, incrustándoselo en medio de la frente. Saltó un metro hacia atrás para tomar distancia.
La mujer soltó el aire que estaba conteniendo y volteó el rostro al escuchar cómo tres cuerpos caían al suelo. Ensanchó los ojos al darse cuenta de la velocidad del ninja de Konoha. En tan sólo un minuto, aquel joven que no parecía tener más de quince años, tal vez un poco menos, había terminado con la vida de sus hombres de una manera fría y calculadora. Observó como el ANBU desaparecía ante sus ojos y retuvo la respiración, dudaba salir con vida de esta pelea.
Sanosuke con su puño derecho cargado de chakra, golpeó a un hombre en el pecho mandándolo a volar varios metros. Apenas lo hizo, escuchó el sonido de las costillas romperse y sin detenerse a siquiera pensar en lo que hacía, capturó a cinco hombres con sus hilos para luego lanzar una técnica de fuego, quemándolos al instante y seguramente matándolos. Se quedó por unos segundos quieto cuando el olor penetró sus fosas nasales mientras que los renegados restantes se dispersaban un poco tomando distancia. El Haruno-Uchiha se abofeteó mentalmente, no debía sentir lástima por unos hombres que ponían en peligro a su familia.
Desenfundó su katana y vio cómo los Akatsuki se preparaban para el siguiente ataque, haciendo que se divierta un poco. Ya le estaba pareciendo un poco aburrido. Saltó cuando una mujer salió desde el suelo tratando de agarrarle las piernas, y dio una voltereta en el aire esquivando un ataque de un hombre. Cuando sus pies apenas rozaron el césped, se abalanzó hasta dos hombres que eran los que estaban más cerca de él matándolos al instante. Sanosuke se dio vuelta al tiempo en que agarraba el kunai con un explosivo que iba hacia él y lo lanzó a un grupo de seis renegados que estaban a su derecha. Apenas escuchó la explosión se acercó con su katana a dos hombres de su izquierda, dándoles una muerte rápida.
Esquivó una espada para luego golpear a su dueño en la cara, clavándole su propia arma en el estómago y deslizarla hacia un costado. Parpadeó varias veces seguidas, dirigió su vista a los que estaban adelante. Las filas se habían disuelto y los que componían a la temible organización mostraban horror en sus rostros, incluso algunos tenían el rostro pálido. Apretó el mando de su katana, cortando y asesinando a sangre fría en menos de un minuto a tres personas. Aún con su arma en la mano, hizo un jutsu de fuego contrarrestando la técnica de agua que le mandaban, provocando vapor en el campo de batalla. No lo meditó, y lanzó varias bolas de fuego acabando con la vida de cuatro ninjas. Inhaló y exhaló tranquilamente.
- Faltan treinta y siete. - murmuró fríamente, haciendo que los que estaban más cerca ensanchen los ojos. Sólo habían pasado aproximadamente cinco minutos.
Los ojos oscuros de Sanosuke se volvieron helados, ¿Por qué mataba con tanta facilidad? Sin tiempo a sentir algo, volvió a atacar. Arrancándoles la existencia a esas personas que eligieron un camino errado, colocando en peligro a personas inocentes. Pero ¿Qué lo hacía diferente a él de ellos? Esos criminales asesinaban por sus propios ideales al igual que lo hacía él. Aunque muy en el fondo, Sanosuke sabía que no mataría a humanos que no se encontraran involucrados en las propias peleas o disputas de ninjas, incluso de Aldeas. Igualmente, su alma se encontraba manchada por la oscuridad y dudaba que se pudiera salvar del infierno.
Observó a los criminales abrir sus bocas, de par en par. No, no pronunciaban palabras para invocar algún tipo de jutsu o técnica secreta. Sanosuke decidió ignorar los gritos de dolor o de súplicas que vociferaban aquellos Akatsuki, pidiendo clemencia y piedad por sus vidas. También, por otra desconocida razón, sentía que miraba el escenario en tercera persona. Una sonrisa vacía se curvó en sus labios mientras que le cortaba la yugular a una mujer. A pesar de su ya casi latente victoria, el sentimiento de derrota se plasmó en su pecho, oprimiéndolo casi con dolor.
Frunció el ceño al darse cuenta que ya había acabado, pero que faltaban dos cuerpos, mejor dicho, un par de renegados se le habían escapado al frente de su nariz. Activó su línea sucesoria por primera vez en toda la batalla, coloreando sus orbes oscuros de rojo sangre. Sus ojos se movieron con rapidez, tratando de captar cualquier movimiento que indicara por dónde se movían los criminales. Crujió la mandíbula, apretándola con fuerza y corriendo velozmente hacia la Aldea al momento en que se oyó una explosión seguida de otras.
..
..
- ¿Dónde se metieron? - pensó en voz alta una vez al llegar al lugar del ataque.
Vio a varios ninjas heridos, y por el camino que hicieron, logró formular una hipótesis con rapidez. El enemigo trataba de romper el muro que rodeaba la Aldea, y logró hacer un agujero en él con los explosivos pero no eran tan estúpidos para entrar a Konoha ellos dos solos y enfrentarse a un centenar de Jonin. Oyó un grito a unos metros, proveniente del bosque para ser más exacto. Corrió a gran velocidad para encontrarse con un panorama no tan agradable, uno de los criminales había atravesado a un Jonin con la mano bañada en chakra mientras que el otro se acercaba a un grupo de Chunin, probablemente el Equipo había vuelto de misión y tuvieron la desgracia de encontrarse a los Akatsuki.
Con velocidad y sin dudar, sacó una cadena de su porta armas y la lanzó hacia el hombre de cabellera azul que estaba cerca de los menores, envolviéndolo para luego tirarlo hacia él con una fuerza descomunal. El renegado aterrizó a un metro de distancia escupiendo sangre en el proceso. El ANBU con su pie, sin respeto alguno, le piso el cuello causando que se oyera un ruido escalofriante. Los presentes contuvieron la respiración mientras que el otro Akatsuki lo miraba con terror.
- ¿Realmente pensaron que no me daría cuenta? – preguntó con voz fría, carente de emoción.
- ¡N-No, espera!- balbuceó el que había herido al maestro, soltándolo y retrocediendo.
En una milésima de segundo, Sanosuke le atravesó el pecho al renegado con su katana para luego cortarle la garganta sacándole una exclamación de sorpresa a los Chunin. Se acercó al Jonin herido que lo miraba un poco aturdido mientras se apretaba la herida de su estómago. Le hizo seña con la mano para que lo dejara ver, para su sorpresa el hombre no opuso resistencia por lo que empezó a emanar un poco de chakra curativo. Después de todo, su madre era Haruno Sakura, la medic-nin más poderosa del mundo ninja, algo tuvo que aprender.
- Ustedes.- volteó a ver a los alumnos luego de unos minutos.- Deben llevarlo al hospital.-
- H-Hai! – asintió el chico de cabellera morada, al parecer fue el primero en poder reaccionar.
- Muchas gracias por su ayuda, ANBU-san. - pronunció el maestro mientras se ponía de pie con la ayuda de su alumno.- ¿Qué está sucediendo?-
- Sus dudas se resolverán cuando se dirija a la oficina del Hokage. - habló tajantemente.
- Que grosero. - murmuró la fémina del Equipo cruzándose de brazos, colocando un poco tensos a sus compañeros y sensei.
- ¡Asuka-chan! – Reprimió el Jonin.- Discúlpela ANBU-san.-
Sanosuke simplemente asintió, realmente no estaba ofendido por el comportamiento de la chica y tampoco le interesaba. Se dio media vuelta dispuesto a irse, el maestro del equipo era cargado por dos de los alumnos de éste pero aun así les costaba poder avanzar. Observó el cielo, pintado de gamas color naranja le indicaba que pronto anochecería y sin duda, no podía dejar aquel equipo desprotegido. Suspiró inaudiblemente, estaba algo cansado y deseaba volver a su casa.
- Los escoltaré hasta la entrada.- informó.
No recibió respuesta alguna y tampoco la esperó. Caminó detrás de ellos, sin poder evitar analizar al trío de chicos que tenía junto a él, o mejor dicho, que compartía un espacio de un metro. El muchacho de cabella morada poseía una postura firme, casi desafiante, mostrando valor a cada paso que daba. Mientras que el otro varón, tenía el pelo de color castaño y por sus ojos dedujo que era un Hyuga. Por último a la fémina, Asuka, cómo la había llamado el Jonin, de larga cabellera escarlata y mirada celeste con toques violeta, volteaba a verlo con el ceño fruncido. A diferencia de sus compañeros, la peli-roja lo miraba con algo que no pudo descifrar.
Las mujeres eran todo un misterio para él.
- Me retiro.- murmuró una vez que llegaron a las grandes puertas de Konoha, sin dejar de caminar pasando de largo al equipo.
- ¡Espere!- el peli-negro detuvo su andar. -¿Podría acompañar a mi alumna hasta su casa? Sé que no es su trabajo, pero estaría más tranquilo si así lo fuera.-
- Sensei yo…- la protesta de la fémina quedó atrapada en su boca al recibir una mirada dura por parte del Jonin.
- Hn. Claro.-
Sanosuke se encogió de hombros y esperó a Asuka, no lo expresó corporalmente pero aquella petición se le hacía un poco extraña. Era normal que los maestros se preocupen de sus estudiantes pero al estar dentro de la Aldea no debía ser tan precavido. Algo no le cuadraba, y decidió averiguar más tarde ya que un presentimiento se instaló en su pecho. La peli-roja llegó a su lado y comenzó a caminar unos centímetros detrás de esta.
- ¿No se supone que deberías andar escondiéndote para que no te vean? - cortó el silencio Asuka mientras se pasaba las manos por su pantalón, mostrándose nerviosa.
- No es necesario. - se limitó a responder.
- ¿Te molesta que mi sensei te haya pedido que me acompañes? Es algo pesado a veces.-
- No.-
- No pareces muy grande, ¿Eres mayor que yo o eres de baja estatura? Tengo trece años. - la peli-roja se mordía el labio con nerviosismo y ansiedad, el ANBU le ponía los pelos de punta.
- Puede ser. - Asuka detuvo su paso al igual que el peli-negro quien la imitó, mostrando curiosidad y diversión en sus ojos. La fémina se dio vuelta para encararlo.
- ¿Siempre eres tan desesperante?- masculló entre dientes.
- A veces.- respondió con una pequeña sonrisa detrás de su máscara.
- Hmp. - la peli-roja nuevamente comenzó a caminar y antes de que Sanosuke le de alcance levantó la mano en señal de que se detuviera. - Mi casa es en este edificio.- señaló la estructura a tres metros de ella.
- De acuerdo.- murmuro a la vez que las luces de las calles se iban encendiendo indicando que ya la noche estaba casi sobre ellos, comenzó a caminar pasando a Asuka ya que su hogar se encontraba a unas cuadras de allí.
- ¡Espera! - el peli-negro sintió cómo le agarraban la mano por lo que observó a la chica de larga cabellera escarlata quién estaba levemente inclinada y sus ojos eran tapados por el flequillo que poseía.- Quería disculparme por haber sido grosera antes, y también agradecerte porque nos ayudaste.- habló quedamente.
- Es mi trabajo. - la mano de ella se tensó al igual que todo su cuerpo y luego lo soltó como si quemara.
- Oh. Gracias igual. -
Sanosuke levantó las cejas ante el comportamiento de la fémina, él no era tonto, sabía que había ofendido a Asuka ante su comportamiento tan arisco pero no podía entender del porqué le había dolido tanto a esta chica. Nunca fue bueno en relacionarse con las personas, sobre todo con la gente de su edad. Él siempre había sido más maduro y serio, incluso su presencia intimidaba a muchos por lo que se apartaban de él. Y ahora esta muchacha, quién presenció cómo asesinaba a sangre fría y que no la traba amablemente, se sentía afectada por su rechazo.
- Hasta luego, Asuka-chan.-
No podía de darse el lujo de relacionarse con alguien tan bueno y hermoso como ella. Desapareció en una nube de humo pero pudo ver, a través de su máscara, cómo en las mejillas de la fémina se coloreaban de rosado. Interesante, dijo mentalmente. Incluso su estómago se retorció de una extraña forma. Se abofeteó mentalmente y se dirigió rápidamente a la oficina del Hokage, en donde Naruto lo recibió con una mirada seria y antes de partir a su hogar, el Kage rubio le ordenó que siga vigilando probablemente ya enterado de su batalla.
..
..
Abrió la puerta de su casa y la cerró detrás de sí, el olor a comida inundó sus fosas nasales pero en lugar de avanzar, se observó en el espero que estaba en el costado de la entrada. Su traje, su piel e incluso su máscara estaban bañados en sangre. Logró sorprenderse al darse cuenta que los ojos de Asuka jamás mostraron terror o repugnancia, si se ponía a pensar, el equipo de la peli-roja se había mostrado alerta en todo momento. Pensó que era por el enemigo pero al final, desconfiaban de él. Se sacó la máscara y observó la sonrisa vacía de su reflejo.
Se acercó lentamente a la cocina, petrificándose ante la escena que había frente a sus ojos. Su madre como siempre, estaba elaborando algún exquisito platillo y Hikari hablaba anonada con su padre. Ambos estaban sentados en las sillas. Sasuke estaba en la cabecera de la mesa mientras que su gemela a un costado. No mostró ninguna emoción, sus ojos se encontraron con los de su progenitor y las féminas se percataron de su presencia.
- Estoy en casa.- habló en voz baja.
- ¡Aniki!- exclamó algo preocupada su hermana.- ¿Estas bien? ¿Qué sucedió?-
- Aa. Iré a bañarme.- informó para luego retirarse.
- Sano-chan.-
- Lo sé, oka-san.- murmuró antes de desaparecer de la vista de todos.
Sanosuke no necesitaba que Sakura le dijera las cosas, sabía perfectamente que la peli-rosada exigía un comportamiento adecuado frente a la menor del hogar, Hikari. La sensación de calidez y diversión que le había dejado la breve compañía de Asuka, fue reemplazado por algo oscuro y yermo, con un sabor agrio en la boca. Sintiendo que su propia familia lo estaba traicionando, subió a su habitación para luego entrar al cuarto de baño. Despojándose de la vestimenta manchada de sangre, no pudo evitar pensar por un instante, que su madre estaba siendo un poco injusta con él. Le pedía que sea amable y cortés con un hombre que había maltratado a su progenitora, un desertor que lo único que le importaba era él mismo y la venganza.
Sus labios formaron una línea recta, negándose a pronunciar alguna palabra o soltar un suspiro de cansancio. Mientras que el agua caliente mojaba su cuerpo, no pudo evitar pensar ¿Él estaba equivocado? ¿Acaso su padre era una persona totalmente diferente a la que había imaginado ser? Comenzó a limpiarse con jabón, tallando sus músculos desarrollados. El peli-negro se negó a pensar y darle vueltas al asunto, Sasuke era un traidor y él no estaba dispuesto a perdonarlo cómo lo hicieron su madre y hermana. Una opresión se instaló en su pecho, Sanosuke no estaba celoso, simplemente le dolía que las féminas de su casa lo hayan aceptado en cuestión de minutos.
Cerró las canillas de la ducha, tomó una toalla y se la ató a la cintura para luego salir del cuarto de baño. Sus ojos se tiñeron de rojo al momento en que mostraba el Megenkyo Sharingan, detuvo su andar. Sentía cómo si sus pulmones inhalaran fuego ardiente y su mente se nublaba, había soportado mucha ira y odio desde que vio por primera vez a Sasuke. Mantuvo su temperamento a raya, mostrándose cómo si nada hubiera pasado. Tensó su mandíbula, haciendo crujir sus dientes mientras que sus orbes no se despegaban del hombre frente a él.
- ¿Qué haces aquí, Sasuke?- el nombrado se tensó por una milésima de segundo.- Es mi habitación.-
- Sakura me pidió que venga por ti.- el azabache entrecerró los ojos sin apartar la mirada del mayor de sus hijos.- La cena ya está lista.-
- De acuerdo.- masculló simplemente. Sin embargo, ninguno se movió de su lugar.
- El Megenkyo se obtiene cuando asesinas o alguien muy importante para ti muere.- Sasuke comenzó a caminar hacia la salida del cuarto pero se detuvo para mirar seriamente al menor.- ¿Cómo lo obtuviste tú, Sanosuke? -
- Eso no te incumbe. - contestó el ANBU indiferente.
- Hn. - el azabache se encogió de hombros y finalmente se retiró, dando por finalizada la conversación.
Escuchó cuando cerró la puerta, y luego de un par de minutos, Sanosuke tiró la toalla con fuerza al piso. Se cambió con rapidez, un pantalón negro algo suelto y arriba una remera con cuello en V del mismo color. Como era de costumbre, no se cepilló el pelo, directamente se lo ató a una media cola y en lugar de bajar a cenar, y aparentar ser una familia feliz, se calzó sus sandalias ninjas y dejando una nota, excusándose de que tenía una misión urgente, salió por la ventana. Lo lamentaba por Hikari, pero no creía ser capaz de controlarse o de soltar comentarios hirientes y sarcásticos sobre la presencia de Sasuke.
No fue al dormitorio de Itachi o al templo Uchiha como habitualmente lo hacía, esta vez se dirigió al Bosque de la Muerte. Saltando por los tejados de las casas y edificios, llegó al frondoso lugar. Golpeó con fuerza el primer árbol con el que se encontró, haciendo que crujiera la madera pero sin llegar a romperlo, no quería llamar la atención. Su respiración se tornó agitada y mostró sus dientes cómo un lobo furioso, apretándolos con enojo y frustración. Volvió a dar otro golpe, y se obligó a calmarse, no tenía que alterarse.
- Mierda. - soltó chasqueando la lengua.
Un sonido llamó su atención y agudizó sus oídos, sus músculos se tensaron al reconocer la presencia de varios ninjas. Por su cabeza cruzó la idea de que eran Jonin o ANBU haciendo guardia pero nuevamente, un ruido extraño se hizo presente y logró comprender la situación. Se trataba de alguien forcejeando. Un grito causó que su cuerpo reaccionara y corrió a gran velocidad hacia el lugar en dónde estaban las personas, dándose cuenta que no había cargado su porta armas y se maldijo por cometer un error de principiante.
- ¡Suéltenme! ¡Déjenme ir! -
- ¡Cállate! -
Su corazón brincó al reconocer la primera voz y poco a poco los ninjas aparecieron frente a sus ojos. Diez ninjas, renegados por sus bandas tachadas, estaban dispersos en la zona mientras que uno de ellos sostenía a una chica por su cabellera escarlata, inmovilizándola. Dejó de respirar cuando un hombre atravesó el vientre de la joven con una filosa katana. No supo exactamente cómo ni porqué, su cuerpo se movió por voluntad propia colocándose frente a Asuka. Golpeó en la quijada al renegado con demasiada fuerza, mandándolo a volar suficientes metros cómo para que desaparezca de la vista de todos.
- ¡Maldita sea! - vociferó un hombre de cabello castaño dando unos pasos al frente. - ¿Quién diablos te crees mocoso? Lo vas a pagar con tu vida por interferir. - amenazó, claramente sin humor de soportar al adolescente frente a él.
- Los mataré. - dijo distante. Sanosuke volteó su rostro para observar por unos segundos a la peli-roja, los ojos zafiros de ésta se iban apagando mientras que surcos de lágrimas marcaban sus mejillas y una delgada línea de sangre salía de su boca entreabierta. – Los mataré. - repitió volviendo su vista al enemigo.
- ¿Quién te crees mocoso? – su voz fue disminuyendo junto con la sonrisa que antes poseía. El castaño sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y sus orbes se ensancharon al ver la mirada del peli-negro. - ¡Ataquen! – ordenó.
- Susanoo. - pronunció Sanosuke, invocando al guerrero espectral de color rojo.
Su ojo comenzó a sangrar, observó cómo los criminales contenían la respiración y sin compasión alguna, atacó a los hombres con las katana de su Susanoo. Sus orbes vacíos contemplaban cómo unos pocos trataban de hacerle daño con jutsus, en dónde estos eran insignificantes ante el espectro escarlata. Sujetaba por las piernas a aquellos que trataban de huir y simplemente, les arrebataba la vida. Parpadeó con fuerza mientras deshacía el Megenkyo Sharingan junto al guerrero, agarró el arma con la que habían herido a Asuka y comenzó a aniquilar a los que quedaban. Esquivando golpes y atacando. Siempre, desde pequeño, sintió cómo una bestia fea y llena de odio crecía en su interior, siempre la ignoró, pero esta vez dejó que saliera, llevándose vidas y derramando sangre.
Con un golpe seco y certero acabó al último de ellos, soltó el arma y comenzó a caminar dando pasos pausados en dirección a la peli-roja que estaba en posición fetal sosteniéndose la herida. Apretó los labios tragando fuerte mientras que se agachaba junto a la fémina, le sacó las manos y comenzó a curarla siendo observado por las gemas de zafiro. El silencio era interrumpido por la suave respiración del peli-negro y por la entrecortada de una peli-roja. El Haruno salió de su trance al sentir cómo la joven colocaba su mano sobre la de él, con la que la sanaba, otorgándole un sentimiento extraño.
- ¿A-ANBU-san? – murmuró la chica con una débil sonrisa.
- Aa. No hables, guarda tu energía.- habló esta vez suavemente, tratando de no alarmarla.
Sanosuke comenzó a sentir cómo la piel de Asuka se tornaba fría por lo que emanó más chakra curativo para reparar el daño con más rapidez. Sus orbes se encontraron con los de la joven por unos segundos, hasta que ella cerró los párpados. Su cuerpo tembló pero no dejó de curarla, una extraña desesperación se instaló en su pecho y el corazón se le estrujó. Abrió la boca pero ningún sonido emitió, su respiración se volvió agitada e inconscientemente el Amaterasu se activó, consumiendo los cadáveres de los renegados y llenando el ambiente de un olor asqueroso.
Nunca se había sentido tan solo. Y luego de tanto tiempo, Sanosuke no lo controló, no lo soportó, un grito lleno de dolor salió de su garganta mientras que desde sus ojos las lágrimas comenzaban a caer.
..
..
..
..
..
..
Bueno, esta capítulo tiene muchos sentimientos, muestra todo lo que guardo Sanosuke en su interior durante su vida, y cómo le afecta ser ANBU. Después de todo, por más que alguien con una personalidad fría hay cosas que no puede soportar, cómo por ejemplo, asesinar personas. Además de que tiene 11 años.
Espero que les haya gustado el capítulo, tiene más de cuatro mil palabras y deseaba hacerlo más largo pero quería que este cap. esté centrado completamente en Sanosuke, lo teníamos un poco olvidado después de todo xD Y por cierto, creo que algunos le afectará el actuar de Sakura pero en el siguiente capítulo se explicarán algunas cosas.
Si lo desean pueden dejar un review (que me dan muchos ánimos n.n), comentando algo que les haya gustado, alguna crítica, algo que les gustaría que ocurriese (ya que lo tomo en cuenta a la hora de escribir) o lo que deseen.
¡Muchas gracias por leer! Nos leemos en la continuación, saludos :$
PD: En este cap, me inspiré con la canción Comatose de Skillet.
