Capítulo 7
Eran las cuatro de la mañana, iba a tener sueño en el trabajo, pero no le importaba demasiado. Había enviado un clon a dormir así que su familia jamás sabría que no había pasado la noche con ellos.
Naruto estaba sentado en el borde de la cama, estaba recostado hacía atrás con las manos apoyadas en el colchón mientras miraba al techo y recuperaba el aliento. Estaba completamente desnudo, en aquel momento tenía calor así que no era molesto precisamente.
Ladeó la cabeza, Sakura estaba tumbada en la cama boca abajo, también estaba desnuda. Naruto dedicó unos segundos a mirarla, por un instante pensó que podría quedarse mirándola durante toda la noche.
- ¿Quieres hablar? – Preguntó Naruto.
Junto a aquellas palabras se dio la vuelta, seguía sentado en la cama, pero esta vez con las piernas cruzadas y mirando hacía la pelirrosa.
- ¿Sobre? – Preguntó Sakura incorporándose un poco y girando la cabeza para mirar a Naruto.
- No lo sé. – Respondió Naruto. Si lo sabía, simplemente no sabía muy bien como decirlo.
A Naruto le preocupa que Sakura volviera a sentirse mal. La anterior noche que pasó aquello ambos parecían sumamente dolidos por lo sucedido, aunque solo al final claro.
- Dijiste que jamás podrías arrepentirte. – Sakura se terminó de levantar, imitó a Naruto sentándose con las piernas cruzadas.
El Hokage ya no pudo seguir mirándola a los ojos.
- Y es verdad. No me arrepiento. – Dijo Naruto, aunque le costó un poco articular bien las palabras.
- Yo tampoco.
Naruto se sorprendió lo suficiente como para volver a fijar sus ojos en los de Sakura. Dudó unos segundos, pero luego se acercó a ella y la besó. Ambos disfrutaron el beso.
- ¿Qué estamos haciendo? – Preguntó Naruto con algo de duda, en ningún caso arrepentimiento.
- Lo que queremos. – Respondió Sakura mirándole a los ojos.
Aquellas palabras hicieron hervir a Naruto. La mujer por la que había suspirado tantos años estaba declarando que lo que quería en aquel momento era estar con él.
De niña pasó toda su vida ignorando a Naruto. De adolescente debía reconocer que más de una vez se fijó en él debido a la profunda admiración que le tenía y la gran relación que habían forjado. Más adelante todo aquello fue opacado por el desmedido amor que sentía hacía Sasuke Uchiha.
Años más tarde, en aquella habitación todo aquello ya no parecía valer y lo único que quería era que Naruto siguiera junto a ella unas horas más. Lo único que deseaba era volver a estar con él, solo deseaba volver a yacer junto a él para sentir la pasión que no había vivido nunca.
Nunca se había sentido así de deseada y nunca había deseado tanto a alguien. Tal y como le dijo a Ino el amor ya no bastaba. Era una mujer y hasta aquel momento se sentía encarcelada en un amor infantil que no la llenaba.
Ahora por fin estaba pudiendo liberar aquellas emociones y dar rienda suelta al fuego que tanto tiempo había guardado en su interior.
La única pega es que no era con su marido. Pero no importaba, ya no.
Naruto estaba de nuevo encima de Sakura dejándose llevar únicamente por sus impulsos. Durante semanas había tratado de convencerse a sí mismo del gran error que cometió engañando a su esposa.
Unos días después estaba junto a la dueña de sus deseos una vez más sintiendo que aquello era lo único correcto. Lo único que debía y podía hacer.
Había tratado de engañarse una y otra vez, había tratado desesperadamente de volver a conectar de nuevo con su esposa, pero era imposible, no era capaz de engañarse a sí mismo. Si en aquel momento le hubieran dejado quedarse en aquel piso para toda la vida junto a Sakura habría dicho que si sin pensarlo en un solo segundo.
Tal y como había dicho Sakura, aquello era lo que quería. Era lo que quería desde lo más profundo de su interior. Lo había tapado y escondido durante una enorme cantidad de tiempo y todo se había desmoronado en instantes.
Verla y sentirla debajo de él era lo más excitante que había hecho nunca, perdió el equilibrio y necesitó apoyarse con sus manos sobre la pared y el cabecero de la cama, sin detenerse ni un momento por supuesto.
Aquella noche no durmieron, definitivamente al día siguiente iban a tener mucho sueño.
-x-
En la casa de la familia Uzumaki estaban todos desayunando en la cocina, Boruto y Himawari no se había dado cuenta, pero sus padres no se habían dirigido la palabra en toda la mañana.
Desde la discusión del otro día todavía no habían hablado por lo que seguían enfadados el uno con el otro, se limitaban a fingir un poco delante de sus hijos.
Aquella noche Naruto había llegado tarde, como siempre, y se había ido a dormir directamente sin decir nada. Hinata estaba dolida por la situación, pero estaba convencida de que no había hecho nada malo y no quería ser ella quien se disculpara.
- ¿Qué tal el entrenamiento de ayer? – Preguntó Hinata mirando a su hijo.
- Normal, al menos Sarada no estaba y entrenamos Konohamaru-Sensei, Mitsuki y yo.
- ¿No te cae bien Sarada? – Preguntó Hinata sonriendo.
- Es una chica, siempre lo estropean todo. – Respondió Boruto cruzándose de brazos.
Hinata no pudo evitar reír un poco por aquella respuesta, después de todo quedaban dos o tres años para que su hijo cambiara fervientemente de opinión respecto a las chicas.
- Deberías aprovechar días como esos para mejorar. – Dijo Naruto interviniendo en la conversación.
- ¿Cómo? – Preguntó algo enfadado. – Konohamaru-Sensei sigue enseñándonos cosas muy simples. ¿Quién quiere aprender a subir un árbol?
Boruto estaba a la defensiva con su padre, después de todo seguía molesto con él por estar tan ausente.
- Esos entrenamientos son importantes. – Respondió Hinata esta vez.
Boruto suspiró.
- Creo que Konohamaru-Sensei debe ser muy débil y por eso no puede enseñarnos más cosas.
- No digas eso. Konohamaru es el nieto del Tercer Hokage, es una suerte que sea tu Sensei. – Respondió Hinata.
- Y yo lo soy del Cuarto, no es para tanto.
El pequeño Uzumaki parecía molesto, pero enseguida se dio cuenta de que se había ganado la mirada de reproche de su padre, por un momento pensó que no le había gustado aquel comentario sobre su abuelo.
- Debes respetar a tu Sensei, Boruto. – Naruto no pudo evitar pensar en Iruka, Kakashi y Jiraiya. – Y los entrenamientos que estás haciendo ahora son la base para lo que aprenderás más adelante.
Boruto no respondió, no estaba de acuerdo con su padre, pero tampoco quería discutir ahora. Además, ya era tarde, debía terminar de vestirse para reunirse con su equipo. Naruto, por su parte, se preparó para ir al trabajo.
El Hokage se despidió de su hija pequeña, después de todo era la única que se había quedado en el comedor. Cuando salió a la calle fue rumbo hacía la torre Hokage, pero luego dio la vuelta en el primer callejón que vio.
Cuando se aseguró que no había nadie cerca dio un pequeño suspiró, después desapareció en una nube de humo.
Después de todo, solo era un clon de sombras.
-x-
Naruto estaba con Sakura en el despacho Hokage, ella estaba dándole la espalda recostada sobre su mesa con la falda subida y la ropa interior a la altura de los muslos. Naruto estaba tras ella, sujetándola y con los pantalones bajados.
No habían pasado ni unas horas y ya habían tenido que volverse a ver. No mintieron al asegurar que no se arrepentían.
El Hokage había tenido la suficiente lucidez como para correr las cortinas por lo que era imposible que les vieran desde fuera. Debía reconocer que hacerlo en el despacho le estaba proporcionando cierto morbo adicional.
- ¡Hokage-Sama! – Especialmente cuando Sakura le llamó de aquella forma.
Naruto tenía las dos manos en la cadera de Sakura, movió una de ellas para sujetarla por el hombro a la vez que se detenía. Le habría gustado aguantar más, simplemente no pudo.
Tras unos segundos se separaron recuperando el aliento. Tratando de respirar con normalidad Naruto se subió los pantalones de nuevo mientras Sakura hizo lo propio con su ropa interior para luego bajarse la falda y tratar de arreglarse lo mejor que pudo.
- ¿Por qué me has llamado Hokage-Sama? – Preguntó Naruto con curiosidad mientras se deshacía del preservativo. Después de todo le había dicho mil veces que no le llamara así.
- No sé. Me apeteció. ¿Le ha molestado… Hokage-Sama? – Preguntó Sakura divertida.
Hubo un pequeño silencio, aunque no fue incómodo.
- No. – Respondió Naruto sonrojado.
Naruto se quedó mirando el sello que había en la puerta, se suponía que estaba pensado para reuniones importantes en las que debían asegurarse que ningún espía pudiera robar información. Insonorizaba completamente la habitación a la vez que bloqueaba la posibilidad de entrar por la puerta o por los ventanales.
Para que alguien hubiera entrado debería haberlo hecho a la fuerza derribando alguno de los muros de la habitación.
- ¿Querrás que quedemos esta noche? – Preguntó Naruto esperando que dijera que sí.
Sakura negó con la cabeza.
- No me gusta dejar a mi hija sola en casa sin decirle nada. Yo no puedo hacer clones que duren toda una noche. – Respondió Sakura. Que estuviera haciendo lo que en aquel momento la hiciera feliz no la iba a convertir tampoco en una mala madre.
- Lo entiendo. – Respondió Naruto. Y realmente lo hacía.
Eso no evitó que dedicara varios segundos a pensar en cómo podría estar con Sakura de nuevo lo antes posible. No lo habían hablado, no había sido necesario tampoco. Sin embargo, ambos sentían que el otro no iba a tener ningún problema en querer repetir.
Se había creado cierta complicidad entre ambos, a diferencia de la otra vez que tuvieron la imperiosa necesidad de hablarlo ahora más bien era todo lo contrario. No hacía falta hablar nada.
Por eso, sin haber tenido que hablar nada ambos ya habían asumido que en aquel momento eran amantes. Y lo serían hasta que uno de los dos ya no lo quisiera.
- ¿Por qué no me asignas una misión? Hoy no. Pero un día de estos digo.
- ¿Cómo? – Preguntó Naruto extrañado.
- Inventa una misión falsa y me la asignas a mí. Luego podemos vernos en algún sitio fuera de la villa. – Propuso Sakura tratando de ser práctica. Decirle a su hija que tenía una misión era mejor que no decir nada y no pasar por casa en toda la noche.
- ¡Claro! – Respondió Naruto sorprendido. – Ser Hokage tiene que tener sus ventajas.
Sakura suspiró fingiendo que aquello le había molestado, aunque en realidad le resultó gracioso.
- Kakashi-Sensei me hablo de los balnearios que había visitado, en el País del Fuego hay uno que tiene baños termales en la propia habitación. – Dijo Naruto recordando las palabras de su Sensei y predecesor.
- Ese, ese suena bien. – Respondió Sakura rápidamente.
Sakura terminó de arreglarse el pelo y se acercó a Naruto. Se quedó a unos centímetros de él, por unos segundos fingió que iba a besarlo, pero no lo hizo.
- Nos vemos luego, Hokage Sama. – Le dijo Sakura con un tono de voz que hizo que a Naruto se le fuera a pasar el día muy lentamente.
Sakura retiró el papel que mantenía el sello de la puerta y se lo devolvió al Hokage, después de todo tenía que volver al hospital lo antes posible y Naruto tenía una villa que dirigir.
-x-
La pelirrosa no tardó demasiado en llegar al hospital, estaba a cinco minutos de la Torre Hokage después de todo. Cuando salió de la oficina de Naruto no pudo evitar estar algo nerviosa. ¿Y si alguien les había visto o escuchado?
En principio el sello que protegía el despacho de Naruto estaba pensado para detener a espías entrenados así que debía ser inverosímil que alguien los hubiera visto.
No pudo evitar preguntarse qué es lo que haría si todo el mundo se enterara. Una cosa es que lo sepa su mejor amiga quien le prometió no contárselo a nadie y otra cosa es que lo supiera su hija, su marido, sus padres o sus amigos.
- ¡Buenos días! – Dijo llegando al hospital.
Se dio cuenta de que todo el mundo se la quedó mirando extrañada. Realmente era extraño, Sakura siempre solía llegar alicaída y cabizbaja al trabajo. Aquel día había llegado con una efusividad inusitada.
Los empleados obviamente respondieron el saludo, era la jefa después de todo. Se sintió algo avergonzada por recibir todas las miradas por lo que se fue rápidamente hacia su despacho. Se sentó en su silla y se apoyó sobre sus propias manos.
- "¿Tan amargada vengo siempre al trabajo que les extraña que esté contenta? – Pensó algo molesta.
Aquella pregunta desencadenó otras en su mente. ¿Por qué estaba contenta hoy? ¿Estaba bien estarlo? No podía evitar preguntarse si en realidad debiera sentirse mal, culpable y arrepentida. Lo que si tenía claro es que no lo hacía, simplemente aquella mañana se sentía bien. Y eso, irónicamente, la hacía sentir mal también.
En parte creía que lo único que había sido seguir el consejo de su mejor amiga. ¿Por qué debía sentirse mal si se había limitado a hacer lo que le apetecía hacer?
Sabía la respuesta, se sentía mal porque sabía que estaba traicionando a su esposo. Aquello provocaba inmediatamente una nueva pregunta. ¿Realmente podía considerar a Sasuke su esposo? ¿Realmente debía sentirse mal por traicionar a una persona que había visto dos veces en los últimos diez años?
Cuando pensaba que Sasuke estaba en una importante misión para proteger la villa y todo el mundo la cosa era más sencilla. Cuando supo que Sasuke eligió por voluntad propia alejarse a pesar de haber finalizado su misión todo se desmoronó, aunque habría mentido de decir que le sorprendía.
Tampoco se sentía con fuerzas de criticarle, sabía que Sasuke era así. Sabía que Sasuke jamás había encajado en Konoha. Simplemente quería soñar que un día lo haría, aunque eso quedó en el pasado.
Una vez le dijeron que lo que el Uchiha necesitaba era alguien que le enseñara lo que era realmente el amor, un día ella deseó ser esa persona con lo más profundo de su ser. Sakura sabía que había sacrificado su felicidad durante los últimos años por esos deseos, ya no tenía fuerzas para seguir así.
Tras meditar un poco se dio cuenta de que el motivo por el cual se sentía peor era por su hija. Ella no lo entendería, no ahora al menos. Quizás cuando fuera mayor sería algo que pudiera contarle. En aquel momento lo único que podía hacer era amarla como siempre y ocultarle aquel terrible secreto.
La pelirrosa suspiró, tenía mucho trabajo por delante después de todo. Tenía que coordinar y dirigir la mayor parte del hospital, atender las urgencias más graves que pudieran presentarse e impartir clases a los nuevos aspirantes. Rezaba para que una dura dosis de trabajo la evadiera un poco de los pensamientos que estaba teniendo.
-x-
Definitivamente había sido un día largo, sin embargo, Naruto había logrado acabar con todo su trabajo pronto y estaba volviendo a casa a las siete mientras que normalmente solía llegar a media noche.
Mientras caminaba por la ciudad cruzó el parque principal donde se encontró con su hijo que estaba hablando con Shikadai e Inojin, aquel día parecía que ninguno tenía asignada una misión. Aunque Naruto ya lo sabía.
Boruto se extrañó de ver allí a su padre, se acercó a hablar con él.
- ¿Dónde vas? – Preguntó Boruto extrañado.
- A casa. – Respondió Naruto rápidamente.
- ¿Tan pronto? ¿Ha pasado algo? – Preguntó su hijo extrañado.
- No, simplemente hoy he acabado el papeleo y he pensado en salir para llegar pronto a casa. – Respondió Naruto sonriendo.
Definitivamente Boruto estaba extrañado, normalmente su padre estaba más alicaído y cansado mientras que aquel día parecía contento y animado. Aunque por un momento se imaginó la sorpresa que se llevaría Himawari y no pudo evitar animarse también.
- ¡Me voy a casa! – Grito Boruto mirando a sus amigos, se despidió con la mano. – ¡Vamos! – Dijo después mirando hacía su padre.
- ¡De acuerdo! Vayamos a comprar algo para el postre. – Le dijo Naruto contento.
Definitivamente le alegraba ver a su hijo aquella tarde, llevaba meses notando que se distanciaban cada vez más y era algo que quería remediar, después de todo junto a Himawari era la persona que más quería en el mundo.
Tal y como dijo Naruto, compraron helado para la cena. Llegaron a casa y pudieron escuchar a Himawari y Hinata hablando en el comedor.
- ¡Onii-Chan! – Gritó la pequeña de los Uzumaki corriendo hacía el comedor. - ¡Papá! – Gritó después mucho más contenta y animada abrazando a su padre.
Naruto correspondió el abrazo mientras que Boruto se quedó mirando la escena, su hermana la gran mayoría de días se iba a dormir antes de ver a su padre y eso la entristecía mucho. Aquella noche iba a estar feliz.
- ¿Naruto? – Preguntó Hinata extrañada llegando al comedor. – Llegas muy pronto.
El Hokage dejó a su hija en el suelo, al mirar a Hinata no pudo evitar tragar saliva. Una cosa era poder asegurar que no se arrepentía de haberle sido infiel y otra era poder mirarla a los ojos sin sentirse mal.
Sobre todo teniendo en cuenta que aún no habían hecho las paces desde que la otra noche discutieran y Naruto acabara en el comedor durmiendo.
- He terminado pronto en el trabajo. Así que he querido volver pronto para ver a los niños. – Respondió Naruto rápidamente.
Hinata sonrió, después de todo sabía que sus hijos lo estaban pasando mal por ver tan poco a su padre así que aquello la animó.
- He traído helado para el postre. – Añadió Naruto levantando la bolsa.
- ¡Bieeen! – Gritó Himawari contenta.
- Bueno, un día es un día. – Añadió Hinata cogiendo la bolsa.
La llevó hacía la cocina para guardarlo en el congelador, no querían que se estropease.
- La cena estará lista en media hora. – Dijo Hinata asomándose por el marco de la puerta.
- Me daré una ducha entonces. ¿Quién quiere acompañarme? – Preguntó Naruto mirando a sus hijos.
- ¡Yooo! – Gritó Himawari emocionada.
- ¿Y tú Boruto? – Pregunto el Hokage viendo que su hijo no decía nada.
- De acuerdo. ¿Por qué no? – Respondió después de pensarlo por unos segundos.
El Hokage y sus hijos fueron hacía el baño para hacer pasar el tiempo hasta la hora de cenar. Naruto y Boruto estaban sentados en la bañera mientras que Himawari había llenado todo el baño de espuma y ahora estaba jugando fuera.
- ¿Qué tal tus primeras misiones? – Preguntó Naruto mirando a su hijo, después de todo hacía muy poco que se había convertido en Genin.
- Aburridas. – Respondió Boruto con gran confianza.
- Es normal. Las primeras misiones siempre son así. Además, sé que tu podrías estar haciendo misiones más difíciles. Te lo dije, se te da bien. – Añadió Naruto tratando de animar a su hijo.
Boruto se quedó en silencio, no sabía muy bien como sentirse con aquel comentario. Por un lado, le hacía sentirse bien pero también sentía que su padre le presionaba a veces para seguir sus pasos.
- ¿Cómo era mi tío? – Preguntó Boruto haciendo que el Hokage se extrañara, aunque era normal. Después de todo un día le dijo que le recordaba a él.
- Tu tío Neji era increíble. Realmente parecía que no había nada que pudiera hacer. – Respondió Naruto recordando el pasado, no pudo evitar ponerse nostálgico.
- Ya, pero… ahora él no está… el abuelo Hokage tampoco está… ni la abuela… - Añadió Boruto triste.
Naruto por un momento creyó entender por un momento un poco más a su hijo.
- ¿Eso es lo que te preocupa de ser ninja? ¿Te preocupa morir? – Preguntó Naruto poniendo una mano sobre la cabeza de su hijo.
- ¡No es eso! – Respondió Boruto triste y enfadado. – No soy tan cobarde. – Añadió tras quitar la mano de Naruto de un golpe.
Se generó un silencio incomodo, Boruto miro hacía un lado por no sostenerle la mirada a su padre.
- Me preocupa perder a la gente que me importa y quedarme solo. – Respondió Boruto sonrojado. – Me preocupa que un día yo ya no esté y eso haga infeliz a los demás.
Naruto se creyó realmente sorprendido. Por un momento pensó que su hijo tenía un entendible miedo a la muerte, después de todo el mundo ninja se prestaba a ello. Él había perdido a muchos seres queridos por ello.
Sin embargo, ahora se daba cuenta que sus dudas eran puras y altruistas. Después de todo, a pesar de ser un niño ya tenía una parte importante de su familia fallecida por la anterior guerra. Seguramente, que Naruto estuviera tan ausente no ayudaba tampoco.
- Eso es algo a lo que siempre estarás expuesto. – Dijo Naruto provocando que su hijo lo mirara de nuevo. – Incluso aunque decidieras no ser ninja siempre existe la posibilidad de perder a alguien querido.
Naruto parecía triste al decir aquello.
- Un verdadero ninja es aquel que está dispuesto a todo para proteger a aquellos que le importan. – Naruto se puso muy serio para decir eso, Boruto no pudo evitar sorprenderse. – Porque un ninja solo es verdaderamente fuerte cuando está luchando para proteger a alguien que quiere.
Boruto empezaba a entender que clase de ninja era su padre.
- Ya te lo dije una vez. Tomes el camino que tomes yo siempre te apoyare. Y siempre estaré orgulloso de ti. – Añadió Naruto respondiendo y haciendo que Boruto mirara hacía abajo algo sonrojado.
- "Yo quiero ser… un ninja capaz de protegeros a Himawari, a mamá y a ti." – Pensó por dentro.
Salieron del baño y fueron a cenar los cuatro en familia. Naruto dedicó un largo rato a jugar con su hija a la que hacía tiempo que no prestaba demasiada atención. De nuevo recordó que su hija era la encarnación de la dulzura.
Aquel día se fueron a dormir pronto, seguro que al día siguiente agradecería no tener que ir muerto de sueño al trabajo. Naruto estaba saliendo del baño y vio que su esposa ya estaba sentada en la cama a punto de tumbarse.
Naruto rodeó la cama y se sentó al otro lado, aunque mirando hacia ella.
- Hinata. – Le llamó haciendo que se girara.
- ¿Si? – Preguntó ella extrañada.
- Quería… pedirte perdón por lo del otro día. – Hizo una pequeña pausa tras ello. – Había bebido mucho y… bueno… no, no es excusa. Simplemente siento… lo que pasó.
Hinata ya se había resignado a pensar que Naruto no se disculparía por su actitud de la otra noche. Aquello la sorprendió un poco. Últimamente su esposo era bastante seco y aquel día parecía más cercano.
- Claro, yo… no quiero que estemos enfadados. Solo fue una discusión, no estoy enfadada. – Respondió Hinata haciendo que Naruto sonriese.
Naruto se acercó a ella y le dio un abrazo con la mano derecha y un beso en la mejilla. Hinata pareció contenta por aquel contacto. Ambos se tumbaron en la cama dispuestos a dormir.
- ¿Sabes? – Preguntó Hinata haciendo que Naruto la mirara. – Creo que no haber trabajado tanto hoy te ha puesto de mejor humor. Te lo he dicho muchas veces, te esfuerzas demasiado.
- Puede ser. – Respondió Naruto serio sabiendo que no era eso. – Buenas noches Hinata.
El ambiente se enfrió un poco, aunque en general parecía bastante más agradable que de costumbre. Naruto se giró hacia el lado exterior de la cama mirando la pared de enfrente.
No pudo evitar pensar en las palabras de su esposa y en lo cruel que era que el hecho de haberse acostado con Sakura durante toda la noche y por la mañana le hiciera parecer mejor padre y esposo simplemente por estar de mejor humor.
Aquella mañana había aceptado con mucha facilidad que ahora Sakura y él eran amantes. Pero ahora, tumbado en la cama con su mujer no parecía tan sencillo. No pudo evitar preguntarse durante cuánto tiempo iba a ser capaz de cargar con una mentira tan grande.
Pero no le quedaba otra, si no guardaba ese secreto le arruinaría la vida a su familia y a la de Sakura. ¿Cómo reaccionaría su hijo que idolatraba a su madre si supiera que le estaba engañando? ¿Cómo lo haría Himawari y Sarada? ¿Cómo lo harían Hinata o Sasuke? ¿Cómo reaccionaría el resto de la villa?
A Naruto se le hizo un nudo en la garganta solo de pensar en que alguien lo descubriera.
CONTINUARÁ…
