Gracias por vuestros comentarios, aunque miro las estadísticas y veo que aproximadamente 150 personas están siguiendo la historia siempre se agradece leerlo directamente.

Kikyoni: Se que no hace falta tener una periodicidad exacta, al fin y al cabo puedo subir la historia cuando quiera pero prefiero imponermela ya que muchas semanas no haría nada si no lo hago.

CAPÍTULO 9

La casa de los Uchiha rezumaba una gran vida, mucho más que de costumbre. Normalmente madre e hija compartían el comedor al mediodía, pero aquel era un día especial. El padre había vuelto y hoy eran una familia con todos sus miembros.

Sarada estaba muy contenta, ver a su padre era algo que siempre conseguía sacar lo mejor de ella. Sakura, sin embargo, estaba bastante sería, aunque su hija no pareció darse cuenta, estaba muy ocupada.

- Entonces, ¿Participarás en el examen Chunin? – Preguntó Sasuke que acababa de recibir la noticia.
- ¡Si! Konohamaru-Sensei dice que estamos preparados. – Respondió Sarada orgullosa.
- Nosotros participamos con tu edad. – Le contestó Sasuke mirando a su esposa, que continuaba en silencio.
- ¿Y ascendisteis? – Preguntó Sarada con mucha curiosidad.
- No. – Contestó esta vez Sakura que se dio cuenta que llevaba mucho tiempo callada.
- ¿El Séptimo tampoco? – Preguntó Sarada extrañada.
- El Séptimo menos. – Sasuke suspiró, Sakura no pudo evitar sonreír por aquel comentario.

Se creó un pequeño silencio, Sakura enseguida volvió a quedarse seria. Aquello no pasó desapercibido para Sasuke.

- ¿Te quedarás a verme en el examen? – Preguntó Sarada contenta.
- No puedo… me marcharé en unos días. – Respondió Sasuke haciendo que su hija se deprimiera.
- ¿Volverás… cuando sea el examen? – Sarada empezaba a parecer triste, Sakura no pudo evitar parecerle una escena demasiado triste. No le gustaba escuchar a su hija suplicar por algo de atención del hombre que más debía amarla en el mundo.
- No lo sé… - Dijo Sasuke generando aún más tensión. – Si llegas a la final… intentaré venir a animarte. – Acabó contestando Sasuke en un suspiro.

La pequeña no pareció darse cuenta de que aquella promesa vaga no albergaba demasiadas esperanzas, se centró únicamente en que su padre estuviera allí para animarla.

- ¡Bien! – Contestó Sarada realmente emocionada, ahora más que antes. – Te prometo que llegará a la final.

Sarada acabó de comer, había quedado con los miembros de su equipo para un entrenamiento con Konohamaru por lo que se marchó en seguida, podría seguir hablando con su padre por la noche.

Marido y mujer se quedaron a solas en la casa Uchiha a la que llamaban así a pesar de que el Uchiha solo había estado allí tres veces contando aquella ocasión.

- ¿Cómo han ido las cosas por aquí? – Preguntó Sasuke, la pelirrosa reconoció que aquella pregunta le había pillado de improviso.
- Como siempre. – Respondió Sakura rápidamente. Aunque lo hizo de tal manera que parecía un reproche.

Como madre debía reconocer que ver a su hija suplicando algo de atención le había roto el corazón. Era incapaz de entender como alguien podía no querer pasar más tiempo con su propia hija.

- ¿Cómo es que has vuelto? – Preguntó Sakura extrañada. Después de todo sabía que no era habitual su regreso.

Sasuke se quedó en silencio lo que se hizo algo extraño para Sakura. Ella estaba convencida de que su marido había sido lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que le ocurría algo.

- Quería asegurarme… que todo estaba bien. – Respondió Sasuke, aquello definitivamente la extrañó mucho.
- ¿Por qué creías lo contrario? ¿Por qué ahora? – Preguntó la pelirrosa, creía que su marido podía haberse preocupado hace mucho más tiempo.

Un nuevo silencio, la pelirrosa pensaba que realmente su marido no quería hablar de ello.

- Dejé… de recibir tus cartas. – Explicó Sasuke haciendo que Sakura abriera los ojos como platos. – Pensé que te ocurría algo.

Aquello definitivamente le había descolocado del todo. Literalmente el Uchiha estaba reconociendo que había vuelto a Konoha para asegurarse de que ella estaba bien.

- Realmente… pensaba que ni siquiera te llegaban… o que no las leías… nunca respondiste. – Explicó Sakura. - ¿Para qué iba a seguir?

La pelirrosa sabía perfectamente el motivo por el cual dejó de escribir a su marido. ¿Cómo iba a hacerlo después de haberle engañado? ¿Cómo iba a escribirle que todo estaba bien y que lo echaba de menos si esperaba que no volviera para poder pasar un día más con Naruto?

- ¿Estás bien? – Preguntó Sasuke por fin. Parecía que había estado todo el día queriendo formular esa pregunta.

Sakura no sabía realmente como sentirse, su marido por fin parecía preocuparse un poco por sus sentimientos y resultaba que lo único que tenía que hacer era demostrarle que algo no iba bien.

- Sí, estoy bien. Simplemente… me ha parecido extraño. Me había preocupado pensando que quizás pasaba algo peligroso. – Mintió Sakura, solo quería desviar la conversación.
- No, todo está bien.
- ¿Cómo va tu misión? – Preguntó Sakura fingiendo que no sabía que realmente no estaba en ninguna misión. Aquello era simplemente un viaje personal.
- Bien, aunque no he podido avanzar demasiado.
- Entiendo… - Respondió la pelirrosa.

El ambiente definitivamente era extraño. Ambos querían fingir que no, pero era más que evidente en realidad.

-x-

Habían pasado unos días en Konoha, acababa de amanecer y estaban desayunando en la casa de los Uzumaki para preparar fuerzas para afrontar un nuevo día. Aquel día, al igual que los anteriores, el ambiente era bastante serio ya que Naruto estaba muy callado.

La mayoría de miembros de la familia simplemente pensaba que lo más seguro es que el Hokage tuviera algún problema en mente que no le permitiera disfrutar de su familia.

Nada más lejos de la realidad, Naruto Uzumaki se había evadido de la realidad que le rodeaba porque hacía cinco días que no había visto, hablado o escuchado noticia alguna de Sakura Haruno, su amante.

Había pensado largo y tendido sobre cuáles podrían ser aquellos motivos, pero al final reconocía que solo había uno y nada más.

Su marido había vuelto y ya no lo necesitaba. No ahora al menos.

No era tonto, todo este tiempo había sabido que Sakura y él habían compartido una relación temporal y aunque ambos lo habían disfrutado sabía que lo que impulsaba a Sakura a sus brazos era no estar junto a su marido mientras que lo que le empujaba a él era justamente lo contrario, era estar con su esposa.

Por mucho que lo supiera dolía igual. En su mente estaba claro, Sakura ya no le necesitaba para olvidar que Sasuke no estaba, pero él seguía necesitándola para olvidar que se había casado con Hinata y se había equivocado.

Ahora él era el único que había salido perjudicado y no podía culpar a nadie. Después de todo era algo que sabía que iba a pasar desde el principio, solo que quizás esperaba que pasara algo más de tiempo.

- ¡Naruto! – Escuchó que lo llamaban, saliendo de su trance por fin.

Al dirigir la vista a su esposa supo que ella llevaba rato llamándole y no había sido capaz de escuchar su voz hasta que la alzó lo suficiente.

- Dime, perdona. – Contestó Naruto tratando de centrar toda su atención en su esposa.
- Te estaba preguntando si querías algo especial para comer hoy. – Le dijo Hinata que estaba ya empezando a pensar en la próxima comida.
- ¡Ah! No, no se me ocurre nada. Lo que hagas estará bien.
- De acuerdo. – Dijo Hinata, no parecía muy convencida.

Se creó un pequeño e incómodo silencio, los niños ya se habían ido así que marido y mujer se habían quedado a solas en el comedor. A Naruto aún le quedaban unos minutos para irse al trabajo así que aún no podía utilizar esa excusa.

- Oye, Naruto… - Dijo Hinata con un tono de voz visiblemente más serio.
- ¿Si? – Preguntó Naruto extrañado.

Hinata se sentó en la silla que había frente a él.

- Me he fijado que estos días estas muy serio, mucho más que de costumbre. – Hinata parecía algo triste mientras decía aquello. Naruto no pudo evitar sentirse mal. – Y, bueno, justo coincide con el regreso de Sasuke-Kun.

A Naruto se le hizo un nudo en el estómago, no puedo evitar que lo primero que pasara por su cabeza fue que su esposa lo había descubierto o deducido todo.

- Teniendo en cuenta que la misión de Sasuke-Kun es todo lo relacionado con Kaguya y su familia… no puedo evitar pensar que quizás estamos en peligro. – Naruto se alivió al escuchar aquello. Sintió como toda la tensión acumulaba se liberaba poco a poco, pero sin llegar a desaparecer. Nunca lo hacía.
- No te preocupes. Sasuke no ha vuelto por eso. – Le dijo Naruto rápidamente. – No estamos en peligro.

Naruto no quería que ella estuviera preocupada por la seguridad de los niños y la suya propia. Era lo último que quería en aquel momento. Pero aquello solo podía llevar a otra pregunta.

- Entonces… ¿Qué te pasa? – Hinata hizo la pregunta más obvia, aunque Naruto no la vio venir.

Su mente se puso a trabajar a toda máquina, no necesitó más de un segundo para que una mentira se formara y comenzara a salir por su boca.

- Es por los preparativos de los Exámenes Chunin, me tienen bastante agobiado. Va a ser la primera vez desde que soy Hokage que serán aquí y quiero que salgan perfectos. Shikamaru además no para de agobiarme con los detalles de las pruebas y últimamente no pienso en otra cosa. – Respondió con total normalidad.

Una vez más, de nuevo Naruto había vuelto a mentir como si se tratara de un experto. Toda su vida se había considerado una persona sincera a pesar de sus gamberradas de niño. Sin embargo, últimamente no hacía más que inventar una mentira tras otra.

Había mentido tanto que ya ni recordaba los detalles de la mayoría de ellas. Solo esperaba que Hinata nunca le diera por hacerle una pregunta sobre una mentira que le hubiera contado meses atrás y que ya no recordara lo que le había dicho.

- Ah, entiendo. – Respondió Hinata. Parecía que había sido creíble.

Se fijó en que su esposa le dedicó una pequeña sonrisa, se levantó de la silla y caminó hacia el poniendo una mano en su hombro.

- No te preocupes tanto, seguro que todo saldrá bien. – Le animó de forma sincera.

Hinata se agachó y le dio un beso en los labios a su marido, no fue muy largo así que se separaron rápido. Naruto se sorprendió, desde hacía un tiempo atrás que su esposa había estado muy distante con él así que aquello no lo esperaba.

Lo que no sabía es que últimamente Hinata se sentía más cercana a él debido a su repentino cambio de humor. De forma indirecta y sin darse cuenta el hecho de tener una amante le había convertido en mejor esposo y mejor padre.

Era una ironía tan dolorosa que cuando ya no pudiera sostenerse más destrozaría una familia entera.

Era la hora de marcharse, Naruto debía encarar un día más en la oficina pensando únicamente en que Sakura Haruno le había utilizado y, aunque lo sabía de antemano, ahora solo le afligía a la misma vez que seguía maldiciéndose de traicionar y herir a Hinata quien no merecía nada de aquello.

Definitivamente iba a ser un día horrible. Uno más.

-x-

Aquella tarde el equipo de Konohamaru no tenía ninguna misión así que estaban dedicando a entrenar. Los exámenes Chunin estaban a la vuelta de la esquina y toda preparación parecía poca.

En ese momento Mitsuki estaba entrenando con Konohamaru ya que estaba enseñándole un nuevo Jutsu. Mientras tanto, había pedido a Sarada y Boruto que practicaran Taijutsu ya que, aunque eran sobresalientes en Ninjutsu, debían prepararse para todo tipo de combate.

Especialmente teniendo en cuenta que era probable que el examen se alargara y tarde o temprano se agotaran y no pudieran efectuar más técnicas ninja.

Para ser Genins de trece años se podía considerar que ambos eran realmente buenos, muchos ojos se iban a posar sobre ellos en las fases finales siendo hijos de Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha.

Mucho en la villa les habían apodado rápidamente como genios provocando que más de una vez se lo creyeran demasiado.

Boruto había encontrado cierta determinación últimamente, no había pasado desapercibido por su compañera que estaba viendo como mejoraba cada vez más rápido.

En realidad, en aquel mismo instante ambos tenían una motivación similar ya que había una persona en el mundo a quien querían impresionar, el resto no importaba si no conseguían que sus padres reconocieran su fuerza.

El combate estaba siendo muy intenso, Sarada se valía de su Sharingan para ganar ventaja contra Boruto que, a pesar de no poseer el Byakugan, no dudaba en emular ciertos estilos de combate del clan Hyuga que había heredado de su madre.

Sus movimientos eran más rápidos que los de Sarada por lo que de no ser por el Dojutsu de los Uchiha le habría puesto en un gran problema.

En principio debía ser únicamente un combate con técnicas físicas, pero fueron creciéndose cada vez más y más y no dudaron en comenzar a utilizar todo su arsenal de técnicas, no se podría decir que estaban luchando en serio, pero tampoco era un simple entrenamiento.

Luchando juntos estaban notando como mejoraban minuto a minuto, ambos tenían una meta clara y encontrar alguien con quien darlo todo en un combate amistoso era bastante agradable.

Al final de diez minutos no pudieron continuar luchando. Aunque no tenían heridas de gravedad o preocupantes sí que se habían llenado de arañazos y rasguños que, sumado a un enorme cansancio y agotamiento, provocaba que casi no pudieran moverse.

- Te has hecho más fuerte. – Dijo Sarada mientras seguía tumbada en suelo del campo de entrenamiento.
- No. – Respondió Boruto rápidamente.

Sarada no pudo evitar extrañarse un poco.

- No siento que haya mejorado… debo hacerme mucho más fuerte. – Contestó Boruto sorprendiendo a Sarada.
- Bueno, no dejaré que te escapes. Me haré más fuerte que tu… después de todo yo seré Hokage.
- Ya te lo dije una vez, te dejo eso de ser Hokage a ti. A mí no me interesa. – Respondió Boruto sonriendo.

Se hizo un silencio entre ambos, aunque no fue necesariamente violento ya que estaban muy cansados.

- ¿Por qué quieres ser Hokage? – Preguntó Boruto con curiosidad, nunca había hecho aquella pregunta.

Sarada rememoró el día que tomó aquella decisión. Recordó a Naruto Uzumaki salvando la vida de Chocho Akimichi y la suya misma de Shin Uchiha. Realmente nunca había visto a nadie más increíble que el Hokage aquella tarde en concreto.

- No sabría responderte… simplemente… es lo que quiero.

Boruto frunció el ceño, pensó que era extraño que ella siempre gritara a los cuatro vientos que iba a ser Hokage si tampoco sabía definir por qué lo quería.

- Quiero ser como tu padre. – Respondió algo avergonzada mirando esta vez a Boruto.
- Bah… - Suspiró Boruto no queriendo hablar de ello. No entendía porque Sarada lo idolatraba tanto.

Sarada sabía que Boruto no compartía su visión sobre el Hokage por lo que tampoco quiso darle más importancia. Una vez su amigo le contó que era porque no pasaba tiempo con ellos en casa, aquello hizo que Sarada casi explotara y le diera una buena paliza. Su padre pasaba todas las noches con ellos y podía afirmar que lo veía prácticamente todos los días.

A ella le valdría con poder ver a su padre todos los meses en lugar de haberlo visto dos veces en toda su vida.

- Yo he decido que seguiré mi propio camino. ¿Qué clase de hombre sería si me dedicara seguir los pasos de mi padre? Tú serás Hokage. – Cuando Boruto dijo aquello Sarada se sorprendió, era la primera vez que era otra persona quien lo decía. – Y yo te protegeré para que no te ocurra nada. – Añadió después con una sonrisa haciendo que la Uchiha se sonrojara.

Pensó que definitivamente su compañero había cambiado, algo había pasado que le había llenado de determinación. En ese sentido creía que eran iguales.

- ¿Y tú por qué quieres participar en el examen? – Preguntó Boruto con algo de curiosidad. Después de todo sabía que semanas atrás su compañera no estaba tan eufórica.
- Mi padre me ha prometido que si llego a las finales vendrá a verme. Tengo que hacerlo para que reconozca mi fuerza. – Respondió Sarada contenta.

Boruto se levantó y se puso frente a ella.

- Entonces debemos seguir entrenando, ambos tenemos mucho que demostrar así que tenemos que esforzarnos.

El Uzumaki dijo aquello alargando su brazo y enseñando su puño hacía su compañera, ella sonrió también y correspondió el gesto chocando su puño con el de él. Ahora tocaba seguir entrenando.

-x-

Naruto estaba sentado en su cama, era de noche y estaba leyendo unos pergaminos que se había traído del trabajo para poder volver antes. Ya era prácticamente la hora de ir a dormir, pero quería dejarlo hecho lo antes posible.

Su idea era haber realizado todo aquello nada más llegar a casa, pero al final su hija Himawari había ocupado todo su tiempo y se veía obligado a hacerlo ahora. De haberlo sabido lo habría hecho en media hora en su oficina.

Hinata entró en el cuarto y luego fue directamente hacía el baño. Naruto pensó que debía tener frio, después de todo iba vestido con un camisón bastante cortito.

No pensó mucho más en eso, quería acabar con ese maldito pergamino. Al final iba a acabar proponiendo que Konoha no volviera a ser la sede del examen Chunin para evitar tantísima cantidad de trabajo.

Shikamaru había propuesto diseñar dos pruebas nuevas antes del torneo final para que ningún participante contara con ventaja y Naruto no podía evitar pensar que realmente ya estaba todo inventado y que hacer algo realmente nuevo no iba a ser precisamente fácil.

Tras leer decenas de pruebas anteriores debía reconocer que se había tenido mucha imaginación años atrás.

Probablemente habría podido acabar el trabajo por la tarde, pero aún tenía la cabeza en otro lugar. Habían pasado tres días más y seguía sin tener noticias de Sakura.

Siempre había sabido que no tenían ningún tipo de relación y sabía que no se debían absolutamente nada y a pesar de ello se sentía realmente mal. Desde el principio había tenido bien claro que si Sakura se había acercado a él había sido por la falta de su esposo, pero no había importado hasta el regreso de Sasuke.

Ahora no podía evitar pensar que dolía.

Naruto suspiró, luego se abrió de nuevo la puerta del baño y vio como Hinata estaba volviendo de nuevo a la habitación. Echó un segundo vistazo y le pareció extraño que su esposa vistiera únicamente con un camisón transparente y la ropa interior.

Se fijó en que ella estaba sonriendo, Naruto frunció el ceño por no entender muy bien lo que pasaba y ella fue hacía la cama situándose sentada frente a él. Hinata le despojó del pergamino y lo dejó en la mesa para después agarrar una de las manos de Naruto.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó el Hokage extrañado.
- Estuve pensando en lo que dijiste el otro día. – Al decir aquello Hinata se sonrojó y llevó la mano de Naruto hacía uno de sus pechos, lo que pilló desprevenido a Naruto. – Tienes razón, hace mucho que tú y yo… bueno… ya sabes. Te echo de menos. – Comentó Hinata sonrojada, siempre había sido tímida y formular aquella frase ya parecía mucho para ella.

Naruto tragó saliva y luego retiró su mano del lugar en el que Hinata la había dejado. Ella pareció no entender mucho aquella reacción.

- La verdad… - Naruto se quedó callado. En realidad, no sabía que decir. – Estoy muy cansado… no sé si es un buen día.

Hinata se acercó a él y lo besó, Naruto estaba muy incómodo y ya no sabía cómo hacer que no se notara. La Hyuga terminó separándose extrañada por la pasividad de su esposo.

- ¿Qué te pasa? – Preguntó ella frunciendo el ceño. – Fuiste tú quien se quejó de todo el tiempo que habíamos estado sin hacerlo.

El rubio sabía perfectamente porque no quería. ¿Cómo iba a acostarse con su esposa si se había pasado todo el día pensando en el tiempo que hacía que no estaba con Sakura?

- ¿Qué tiene de malo? – Preguntó ella. – Después de todo soy tu mujer.

Hinata seguía sonriendo, ella estaba todavía convencida de que Naruto solo estaba cansado y en cuanto lo animara pasarían a la acción. Naruto fue a responder, pero luego pensó en aquella última frase de su esposa.

- "¿Por qué no?" – Se preguntó a si mismo al imaginarse a Sakura Haruno y a Sasuke Uchiha haciendo el amor aquella misma noche y todas las anteriores.

Naruto se inclinó hacia adelante volviendo a besar a Hinata y a sujetar uno de sus pechos mientras la tumbaba a ella en la cama. Su mano libre se movió hacia uno de sus muslos y luego subió hacía la ropa interior pensando en despojársela.

Sin embargo, por un segundo su mente se quedó en shock al darse cuenta de que estaba tiñéndole el pelo de rosa y poniéndole lentillas verdes en su imaginación.

Hinata se dio cuenta de que Naruto se había quedado totalmente quieto y aquello ya le pareció realmente extraño. El rubio terminó separándose de ella, se incorporó y le dio la espalda. No podía mirarla a los ojos. ¿Cómo iba a poder hacerlo? Había tomado la decisión de estar con ella solo por puro despecho al no estar con Sakura y, no contento con ello, había terminado pensando en ella mientras la besaba.

- ¿Qué pasa? – Preguntó Hinata con un tono de voz extraña. Parecía triste y enfadada a la vez.

Naruto se quedó callado prácticamente durante diez segundos haciendo que la actitud de ella volviera a cambiar.

- Hinata… - Dijo Naruto con un tono de voz apagado y sombrío.
- ¿Si? – Preguntó ella preocupada por aquella voz con la que le hablaba.
- Tenemos que hablar. – Sentenció ladeando la cabeza y mirándola de nuevo a los ojos.

-x-

Aquella misma noche, también estaban preparándose para dormir Sasuke Uchiha y Sakura Haruno en la habitación de matrimonio que tan pocas veces habían compartido.

Sakura estaba leyendo un libro bajo la tenue luz de una pequeña lámpara en su mesita de noche mientras que Sasuke estaba, literalmente, mirando el techo tumbado a su lado sin poder conciliar el sueño.

Habían pasado varios días desde que Sasuke volvió a la villa y Sakura había tenido que pasar la mayor parte de ellos tratando de convencerle de que no ocurría nada.

El Uchiha estaba acostumbrado a que su esposa siempre le buscara y se interesara por él en aquellas pocas ocasiones en las que habían estado juntos. Sin embargo, aquella vez era diferente y Sakura no parecía demasiado interesada.

Quizás para Sasuke era extraño, pero para Sakura era bastante normal. ¿Por qué iba a mendigar un poco de cariño y atención cuando ya lo tenía a espuertas y sin tener que pedirlo?

Aunque ahora lo echaba de menos, en los últimos cinco días no había tenido ocasión de ver a Naruto. No podía evitar preguntarse si ahora él estaba enfadado con ella. Más de una vez se había visto tentada a abandonar su hogar y hacerle una breve visita, pero sabía que Sasuke era demasiado inteligente como para poder engañarle si se exponía tanto.

Tenía un terrible miedo de que la descubriera y todo se arruinara. Sabía que tarde o temprano Sasuke se iría de la villa y tardaría años en volver. ¿Para qué arruinar una familia aparentemente feliz si solo debía esperar unos días?

Solo debía fingir un poco.

La pelirrosa se sentía especialmente mal cada vez que fingía una sonrisa y le explicaba a su marido que estaba bien. ¿Cómo iba a decirle que tenía ganas de que se marchara para poder volver a los brazos de otro hombre?

¿Cómo podía si quiera mirarle a los ojos sin desmoronarse y contárselo todo? Nunca se había considerado una mala persona y mucho menos una capaz de traicionar a aquellos que les importan y sin embargo en aquel momento todas aquellas afirmaciones se estaban desmoronando una a una.

- "Así que es así como ha estado sintiéndose Naruto estando con Hinata todos los días…" – Pensó Sakura entendiendo un poco mejor las angustias del rubio.

Sin embargo, Sakura no quiso pensar en aquel momento en su amante. En su lugar prefirió dedicar unos instantes a su marido.

Ladeó un poco la cabeza y vio a Sasuke que parecía intentar dormir, había fingido que no se había dado cuenta, pero definitivamente sabía que su marido estaba preocupado.

De una forma u otra era consciente de que si la quería, lo había sabido desde que le pidió que viajara con él hacía ya tantos años y tuvieran así a Sarada. Durante mucho tiempo había aceptado que Sasuke no sabía como demostrarle su amor y siempre lo había soportado. ¿Que más daba como la quisiera si al menos la quería?

Se sentía mal ya que sabía que estaba haciéndole daño, pero no era su problema. No tenía porque serlo al menos. ¿Por qué debía sufrir solo porque el no supiera quererla? ¿Por qué debía sacrificar ella su felicidad?

Sakura estaba frustrada, se había pasado las últimas dos décadas deseando que su marido estuviera en casa, que se preocupara por ella y que demostrara que le importaba y al final resultaba que lo único que tenía que hacer era ignorarle.

Hace unos años, incluso hace unos meses hoy estaría sumamente feliz y no habría permitido que su marido se fuera a dormir de aquella forma.

Hoy ya no, ya era demasiado tarde. Sakura dejó el libro en la mesita de noche y apagó la luz.

- Buenas noches. – Dijo tras estar unos segundos en silencio.

Se tumbó y luego se puso de lado dándole la espalda a Sasuke preparándose para dormir. Sasuke la imitó y se quedaron espalda con espalda.

- Buenas noches. – Respondió él.

CONTINUARÁ…