CAPÍTULO 11
Naruto estaba en su casa, estaba limpiando ya que viviendo solo debía encargarse de todas y cada una de las tareas del hogar. Todo aquello le hacía recordar su adolescencia viviendo solo entre aquellas cuatro paredes.
Estaba en la cocina, limpiando de jabón el fregadero después de haber lavado los platos. Suspiró mientras escurría el trapo, no pudo evitar recapitular su situación actual.
Tras haber vivido más de una década de matrimonio con Hinata Hyuga había decidido abandonarla tras aceptar que no era feliz con ella, tras aceptar que no la amaba como creía haberlo hecho cuando se casaron.
Se había dado cuenta que ya no era él, que con el pasar de los años se había convertido en otra persona totalmente distinta, se había convertido en alguien triste e incapaz de quererse a si mismo. La persona en la que se había convertido, realmente no era él.
Se había marchado con la idea de cortar su relación con Sakura también. Por mucho que la quisiera y la deseara no iba a hacerle bien convertirse en su segundo plato, convertirse en un reemplazo. Realmente había sentido que necesitaba rehacer completamente su vida.
Sin embargo, al final no pudo hacerlo. Se acabaron mezclando muchos factores, el principal fue todo lo que realmente deseaba estar con ella. Durante incontables años había suspirado cada vez que la veía y tras haber descubierto lo que era estar junto a ella no era algo de lo que pudiera renunciar fácilmente.
Con ella había descubierto una forma completamente nueva de querer y ser querido. En los mejores momentos su autoestima se había disparado y había disfrutado realmente de la compañía y la intimidad que solo una pareja puede darle a alguien.
Algo que quizás no se había permitido tener con la madre de sus hijos.
A ello tenía que sumarle que no pudo decirle que no a Sakura cuando le pidió que no la abandonara, cuando ella le contó todas sus frustraciones y demonios solo pudo sentir una profunda lastima y la necesidad de ser él quien cambiara todo aquello.
Todo fue muy bonito, pero cuando aquella noche acabó de nuevo sintió que estar junto a Sakura no iba a ser lo mejor a largo plazo para él. Pero tampoco podía engañarse de nuevo, sabía que llegado el momento una noche con Sakura valdría toda una vida de arrepentimiento.
Cambió de pensamiento, prefería pensar en el motivo por el cual estaba dejando tan limpia la casa. Tal y como lo había hablado con Hinata aquel día Boruto comería con él en casa y luego pasarían la tarde juntos.
Naruto se había cogido el día libre expresamente para ello.
Himawari se quedaría en casa con su abuelo y su madre, después de todo aún era muy pequeña y no terminaba de entender lo que estaba pasando. Naruto necesitaba que su hijo le perdonara y entendiera que no iba a cambiar nada entre ambos. Que entendiera que incluso iban a poder mejorar su relación.
Sabía que cuando él fuera mayor lo entendería, cuando dejara de ser un niño y se convirtiera en hombre sería capaz de entenderlo por mucho que no le gustara. Pero por ahora no quería esperar tanto, no quería perder a aquello que más quería.
Tenía más o menos planeado lo que iban a hacer, iría a buscarlo al entrenamiento y luego irían a buscar la comida al Ichiraku Ramen, pediría para llevar y así podría comer en casa. Quería que aquel lugar se le hiciera familiar, que sintiera que también podía ser su casa.
Si todo salía como esperaba reformaría un poco aquel piso para preparar una habitación para que sus hijos pudieran quedarse cuando quisieran.
Dejó preparada la mesa, así al volver solo tendría que ponerse a comer y ya. Decidió salir de casa sin su capa de Hokage, sabía perfectamente que para Boruto aquello tenía un significado negativo y prefería evitarlo hoy.
Al salir de casa, de nuevo pudo sentir como todas las miradas se posaban en él. Últimamente la gente ya no le miraba con el mismo respeto de antaño, ahora la gente le miraba de reojo y comentaba a sus espaldas.
Aquello era desagradable, pero no quería seguirles la corriente. Sabía que no ganaría nada tratando de quejarse o mostrar que aquello le molestaba. Era el Maestro Hokage y no podía permitir que los chismorreos le afectaran.
Sin embargo, debía reconocer que le dolía que su vida privada fuera más importante que su vida profesional, aquello solo debía importarle a sus más allegados y parecía haberse vuelto un tema oficial de toda la ciudad.
Negó con la cabeza, tampoco quería pensar en eso. Había quedado con su hijo y prefería centrarse solo en aquello.
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Boruto, Sarada y Mitsuki estaban en el campo de entrenamiento número siete luchando contra Konohamaru Sarutobi, no era la primera vez que luchaban contra él, pero aquel día era distinto.
El combate estaba siendo mucho más complejo, Konohamaru estaba esforzándose más que de costumbre. En breves se examinarían para convertirse en Chunin por lo que no podía combatir como si lo hiciera contra simples Genins.
Boruto trató de atacar a su maestro con un Rasengan, lo detuvo con gran facilidad sujetando su muñeca con fuerza y provocando que la técnica impactara contra el suelo generando una gran polvareda.
Sarada se quedó sorprendida viendo como de entre la nube de polvo salía volando Boruto, que chocó contra el suelo derrotado. Konohamaru salió también, caminando hacia ellos.
- Os falta mucho. – Dijo con bastante soberbia. - ¿Fue más fácil con las campanas?
- ¡Aquella vez te derrotamos! – Dijo Boruto levantándose, estaba enfadado.
- Aquel día luché como lo haría un adulto contra niños. – Mientras decía aquello sacaba dos kunais, uno del porta-kunais de la pierna derecha y otra de la pequeña bolsa que tenía atada en la cintura.
Boruto lanzó varios Shurikens, fueron detenidos fácilmente por su Sensei moviendo con precisión las armas que empuñaba.
- Durante el torneo nadie mostrará clemencia, todos serán vuestros rivales. Si llegáis a la final, incluso vosotros seréis rivales. Nadie se contendrá contra vosotros, debéis mejorar. No quiero que perdáis, no me lo perdonaría.
- ¿Por qué? – Preguntó Sarada extrañada por aquella forma de hablar.
- Porque conozco cual es vuestro talento, sé que podéis llegar a la final fácilmente… y ese es vuestro mayor defecto, que también lo sabéis. Sois confiados y arrogantes… necesitáis que os den una pequeña paliza.
Cerca de media hora después ya habían terminado, el plan de Konohamaru había sido que sus alumnos se tomaran en serio aquel combate y que se dieran cuenta que si luchaban juntos se podrían defender de enemigos más poderosos.
Esta vez se había prometido no dejarse ganar y lo había cumplido, aunque por supuesto que no había luchado totalmente en serio, pero necesitaba enseñarles una lección. Después de todo se había apostado con Hanabi Hyuga que su equipo quedaría en mejor posición que el de ella.
Boruto se encontraba apoyado contra un tronco mientras se vendaba algunos cortes y rasguños que se había hecho durante el combate. Sabía que Sarada podría habérselos curado, pero no quería recurrir siempre a ella cada vez que tuviera un problema.
Debía reconocer que estaba distraído, seguía sin poder quitarse de la cabeza el drama familiar que llevaba viviendo las últimas semanas. Ahora estaba viviendo en la mansión Hyuga, su madre intentaba fingir que todo estaba bien, pero sabía que no era así.
- ¿Qué te pasa? – Preguntaron haciendo que saliera de su trance.
- Sarada… - Dijo Boruto alzando la vista para mirar a quien se había acercado.
La pequeña de la familia Uchiha se sentó a su lado, sabía que últimamente había estado muy mal y por algún motivo necesitaba apoyar a su amigo. Quizás haber vivido su pequeño drama familiar paterno-filial le hacía sentirse más cercana.
- Hoy estabas especialmente ido… no parecía que te lo tomaras en serio.
- No es nada. Konohamaru-Sensei me hizo enfadar. – Respondió Boruto rápidamente.
Sarada sonrió y se quedó mirando a Boruto el suficiente tiempo hasta que se sintiera nervioso por ello.
- ¿Qué pasa? – Preguntó algo sonrojado.
- A mí no me engañas, te conozco muy bien. Si Konohamaru-Sensei te hubiera hecho enfadar habrías luchado veinte veces mejor.
Boruto suspiró, después de todo tenía razón.
- Es que… hoy tengo que ir a comer con mi padre. – Le dijo Boruto mirando hacía el suelo.
- ¿Y eso es malo? – Preguntó Sarada arqueando una ceja.
- Yo, lo siento… no quería…
- No pasa nada. – Respondió ella rápidamente.
- Sé que para ti es diferente… pero sabes que estoy enfadado con él.
- Ya, ya lo sé. Y si, no lo entiendo. Pero eso no significa que no me importe.
- ¿Por qué te importa tanto? – Preguntó Boruto algo molesto, después de todo nunca había tenido una relación muy estrecha con ella.
En la academia Boruto había tenido varios amigos, pero no incluía a Sarada Uchiha en aquella lista. Siempre habían tenido una relación muy distante.
- Se cómo se siente querer y odiar a tu padre al mismo tiempo. – Respondió ella bastante seria mientras miraba hacía el horizonte.
Boruto se sorprendió por esas palabras, siempre había asumido que Sarada tenía una buena relación con su padre, o al menos desde que se reencontraron. Sin embargo, su compañera parecía muy triste al decir aquellas palabras.
- Es que… no puedo entender que le ha llevado a actuar así. – Dijo Boruto sincerándose, era irónico ya que, a pesar de no tenerla en sus pensamientos como una amiga, últimamente era la persona con la que más podía sincerarse.
- Son mayores, creo que solo ellos pueden entenderse.
- ¡Y que lo digas! – Respondió Boruto sonriendo.
- ¿Sabes? A veces me da miedo pensar que cuando seamos mayores haremos las mismas tonterías que hacen ellos.
- Yo creo que no. La vida es muy sencilla. – Dijo Boruto.
- Una vez mi madre me contó que la vida es muy fácil… hasta que te enamoras por primera vez.
Boruto pensó en aquellas palabras, si era el amor lo que volvía en estúpidos a los mayores sin duda lo mejor sería no enamorarse.
- ¿Por qué crees que tu padre se fue de casa? – Preguntó Sarada.
- No lo sé. – Respondió rápidamente Boruto.
- Pues… quizás deberías averiguarlo.
Aquella última frase de Sarada había hecho que Boruto se sintiera un poco estúpido, después de todo en ningún momento se había planteado hablar con su padre sobre todo aquello. Boruto se levantó y luego puso una mano en el hombro de la chica haciendo que se sonrojara.
- Gracias. – Le dijo sonriendo.
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Naruto se encontraba frente a la mansión Hyuga, llamó al timbre y luego se quedó unos segundos esperando. Era por la tarde, ladeó la cabeza y vio a su hijo mirando hacia otro lado.
Al final habían comido directamente en Ichiraku, a Boruto no le hacía gracia la idea de ir a comer al piso que estaba ocupando su padre. Naruto estaba muy decepcionado, pensaba que aquel día iba a servir para estrechar lazos y al final solo habían discutido.
Boruto había terminado reprochando a su padre todo lo sucedido y Naruto no había podido decir nada para defenderse, no había nada que pudiera decir y que su hijo fuera a entender.
Aquella escena le resultaba terrible, aquella iba a ser la primera tarde que iba a poder estar con su hijo y se veía llevándolo a su nueva casa antes de tiempo, se sentía realmente mal.
La puerta principal se abrió, Naruto esperaba que le atendiera alguien del servicio o quizás algunos de los niños de la familia. Sin embargo, la persona que abrió la puerta fue el anciano y líder del clan Hiashi Hyuga, que miró a Naruto de forma seria e inquisitiva.
- No os esperaba hasta dentro de unas horas.
- Ya, bueno… Boruto quiso volver antes. – Respondió Naruto algo triste.
- No le culpo. – Respondió Hiashi tratando de herir lo máximo posible a Naruto.
Hiashi se hizo a un lado y Boruto entró en la mansión Hyuga sin despedirse de su padre. El líder del clan Hyuga parecía que quería acabar aquel encuentro cuanto antes.
- ¿Cómo está Himawari? ¿Se está adaptando bien a los cambios? – Preguntó Naruto preocupado.
- Ella está bien, siempre tiene gente con ella y hay otros niños con los que jugar. – Respondió Hiashi.
- Me alegro. ¿Podría verla un momento?
- No será posible, está comprando con su madre.
- Entiendo. – Respondió Naruto. - ¿Cómo está Hinata?
- Eso ya no es de su incumbencia Hokage-Sama. – Respondió de forma respetuosa.
- Hiashi-Dono no es necesario que me llame de esa forma.
- Recordar que usted es el Hokage es lo único que me permite guardar las formas. – Respondió después de forma tajante.
- Entiendo. – Añadió Naruto más serio.
Hiashi se dio la vuelta y entró de nuevo en la mansión, Naruto se quedó a solas en la calle viendo como anochecía, pensaba que aquel sería un buen día y al final había sido horrible.
Decidió volver a casa.
Cuando iba por el centro de la villa se cruzó con Sakura Haruno, por la hora que era dedujo que seguramente estaba volviendo del hospital. Era extraño cruzársela en aquella situación, después de todo era el primer día que no estaba en la oficina a esas horas.
- Buenas tardes. – Le dijo ella sonriendo, Naruto se fijó en que parecía bastante animada.
- Hola. – Al contrario, él no estaba de buen humor.
- ¿Estás bien? – Preguntó Sakura.
Naruto negó con la cabeza, le explicó por encima lo que había sucedido con su hijo por lo que al recordarlo volvió a deprimirse.
- ¿Te parece si vamos a tomar un café o algo? – Preguntó la pelirrosa queriendo animar a Naruto.
- No se… si será buena idea. – Respondió Naruto mirando hacia los lados.
- Somos amigos desde que tenemos trece años. No creo que a nadie le parezca sospechoso… aunque ahora estés soltero.
El Hokage pensó que tenía razón, quizás estaba siendo demasiado paranoico, se conocían desde la academia y eran amigos desde que se convirtieron en Genins por lo que nadie debería sospechar de verlos juntos por mucho que ahora él estuviera viviendo solo.
Acabaron yendo al local donde solía ir con Ino, le gustaba bastante como preparaban el café en aquel lugar. Se sentaron en una mesa un poco más alejada del centro, así podrían tener algo más de privacidad.
- Es la primera vez que estoy en una tetería. – Dijo Naruto haciendo que Sakura sonriese.
- Entonces déjame pedir por ti. Un café quizás no te venga muy bien a esta hora.
Naruto volvió a asentir por lo que la pelirrosa pidió un café para ella y una infusión para su amigo, Sakura consiguió que Naruto olvidara lo que había pasado aquella tarde dedicándose a contarle cada detalle de lo que había hecho hoy en el hospital.
Parecía aburrido, pero el Hokage agradecía poder pensar en otra cosa.
- Por cierto. – Dijo Sakura. Naruto se fijó en que la pelirrosa se puso mucho más seria, lo que le pareció extraño. – El otro día, cuando Sasuke se fue de la villa… terminé con él.
Naruto se quedó de piedra, no terminaba de asimilar lo que Sakura había dicho de forma tan directa.
- ¿Perdona? – Preguntó Naruto extrañada.
- Pensé en lo que me dijiste y me di cuenta que no podía seguir sosteniendo esa situación.
- Yo no te pedí que dejaras a Sasuke. – Dijo Naruto bajando la voz, no quería que nadie escuchara esa conversación.
- Lo sé, no he insinuado lo contrario. Simplemente pensé en mi… para variar.
- Pero yo… pensaba que… tu…
- Aun pensabas que el otro día te mentí. – Respondió Sakura algo triste, aunque podía entenderlo.
Naruto no supo que decir, después de todo la pelirrosa había acertado. Cuando hablaron el otro día y Sakura le dijo lo importante que era para ella y de nuevo creyó que lo estaba exagerando solo para que no se alejara.
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Naruto estaba tumbado en su cama, Sakura Haruno estaba encima de él terminando los últimos movimientos antes de culminar en un orgasmo. Apoyó las manos en el pecho de Naruto y luego arqueó totalmente la espalda mientras miraba hacia el techo.
Llegado el momento, se quedó totalmente quieta mientras disfrutaba cada estimulo. Naruto la sujetó con fuerza con una mano en la cadera y otra en la cintura, él no había acabado en ese último asalto, pero ello no implicaba que no hubiera sido glorioso.
Al cabo de unos segundos Sakura se apartó levantándose parcialmente y luego se tumbó al lado del rubio, apoyando su cabeza en el pecho de él.
Sakura se quedó mirando el sello que estaba activado desde la puerta de la casa, bloqueando cada sonido que pudiera salir del lugar. Exactamente el mismo que había en el despacho del Hokage.
- ¿Cuándo has aprendido a hacer sellos de alto nivel? – Preguntó Sakura extrañada, quiso preguntarlo cuando vio a Naruto activarlo, pero estaba ocupada.
- No he sido yo, se lo pedí a Kakashi-Sensei. – Respondió Naruto rápidamente.
Sakura se levantó un poco, miró directamente a Naruto a los ojos, aunque él aprovecho unos segundos para mirarle los pechos. Sakura carraspeó la garganta para que el rubio la mirara también.
- ¿Le has contado a Kakashi-Sensei lo nuestro? – Preguntó ella frunciendo el ceño.
Naruto se quedó callado unos segundos, después de todo había prometido que no se lo diría a nadie y reconocer que Kakashi-Sensei le había ayudado a preparar intimidad total en su hogar implicaba que algo le había tenido que contar.
El rubio suspiró.
- Si. – Mientras lo decía miró hacia otro lado.
Sakura se apartó y se quedó también mirando hacía un lado. Naruto pensaba que seguramente se iba a enfadar, pero lo extraño fue que rió.
- Yo se lo conté a Ino. – Confesó Sakura ladeando la cabeza y mirando a Naruto.
Naruto la miró también, le resultó gracioso que ambos hubieran roto aquella promesa y ambos lo hubieran ocultado todo este tiempo. Sin embargo, no podían culparse. Todo lo que estaban callando era algo que necesitaban compartir con un amigo.
- Has roto tu promesa Naruto Uzumaki. – Le dijo Sakura fingiendo estar molesta.
- ¡Tú también! – Se defendió él.
- Si, pero yo no voy por ahí jactándome de no romper mis promesas.
Ante aquel comentario Naruto no pudo evitar sonreír, había tardado en darse cuenta que estaba de broma y al final había sido gracioso. Sin embargo, Naruto se puso serio rápidamente.
- Me preguntas si le conté lo nuestro. Pero, ¿Qué es lo nuestro? – Preguntó Naruto haciendo que Sakura también se pusiera seria.
- ¿Estás seguro que quieres tener esta conversación ahora? – Sakura respondió en forma de pregunta.
- Si. ¿Por qué no?
Sakura suspiró, en realidad aquel sí que era un buen momento. Después de todo lo que había pasado ahora por primera vez ambos estaban libres y sin ataduras. Era justo que Naruto quisiera ponerle nombre a lo que estaba pasando.
La pelirrosa se levantó y se quedó sentada en la cama. Como vio que Naruto se había vuelto a distraer decidió ponerse su camiseta para eliminar los dos focos de atención. El Hokage decidió imitarla, sentándose también sobre el colchón.
Sakura cogió la mano de Naruto.
- Yo estoy… bien contigo. – Dijo Sakura sincerándose. – Y me gustaría decir que las fuerzas que he conseguido para decidir cambiar mi vida han sido solo mías, pero mentiría si no reconociera que ha sido gracias a ti.
- Bueno, supongo que en ese somos dos. – Respondió el rubio.
- Lo sé. Naruto yo… seré sincera contigo. Me gustas… mucho. Y me gusta mucho estar contigo. Y ya sabes todo lo que yo te quiero. Pero, no me veo con fuerzas de contarle a todo el mundo lo nuestro.
Naruto se quedó algo sorprendido, no esperaba escuchar a Sakura decir todo aquello sobre él. No esperaba escucharla decir que le gustaba, que le gustaba estar con él y que le quería.
- Creo que me has malinterpretado. No te estoy diciendo de hacer público lo nuestro, creo que es muy pronto todavía. Solo quiero saber que es lo nuestro o, mejor dicho, solo quiero saber si esto tiene futuro.
Sakura sonrió, a Naruto le pareció bastante tierna. Ella se acercó a él y lo besó.
- Sinceramente… espero que sí. Realmente espero que tenga futuro. – Dijo la pelirrosa al separarse.
Naruto se acercó a ella y la imitó besándola. Luego hizo un poco de fuerza para indicarle que quería que se tumbara, ella no se opuso y luego Naruto se tumbó encima de ella.
- Entonces… ¿Podemos decir que estamos saliendo? Aunque nadie más lo vaya a saber por ahora. – Preguntó el Maestro Hokage.
Sakura sonrió de nuevo.
- Me parece bien.
Naruto volvió a besarla y luego volvieron a acostarse una vez más. Al cabo de unos minutos la pelirrosa estaba vistiéndose, después de todo debía volver a casa para estar con su hija.
- ¿Sarada lo sabe? – Preguntó Naruto con algo de curiosidad. – Lo de Sasuke digo.
La pelirrosa negó con la cabeza.
- No sé cómo decirle algo así. Ella idolatra a su padre y cree que somos una familia feliz. No quiero quitárselo… todavía no.
Naruto lo entendía perfectamente, ver como estaba perdiendo a su hijo era doloroso y sabía que podía pasarle lo mismo a Sakura con su hija.
- Supongo que se lo diré la próxima vez que Sasuke vuelva. Después de todo no quiero seguir ocultándoselo llegados a ese punto.
- Espero que vaya bien.
- Gracias. – Respondió la pelirrosa girándose tras haberse vestido del todo.
El rubio se levantó para despedirse, se dieron un beso y luego la pelirrosa se marchó hacia casa. El día amenazó con ser bastante mediocre y al final había acabado realmente bien. Pensó que debería tomarse días libres más a menudo.
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Naruto estaba en el campo de entrenamiento, estaba junto a Shikamaru viendo como todos los grupos participantes del examen Chunin estaban eligiendo lugar en el que posicionarse.
Las bases eran claras, cada equipo debía elegir una de las posiciones para evitar mancharse de tinta. Aquellos que se mancharan serían descalificados, muchos se quejaron de la aleatoriedad de aquella prueba.
El Hokage no había prestado demasiada atención, pero por lo que sabía ambas posiciones se abrirían y los participantes de precipitarían a un charco de tinta. Entendía el objetivo, los ninjas debían tener la capacidad de reacción suficiente para no caer.
Le parecía una buena prueba, pero sabía que definitivamente la habría suspendido en su época.
- Deberíamos aumentar la seguridad durante el examen. – Le dijo Shikamaru mientras observaba la prueba.
- ¿Crees que puede pasar algo? Los cinco Kages de la Alianza junto a su guardia personal están aquí. No creo que nadie se atreva a atacar. – Respondió Naruto con mucha confianza.
- Hemos recibido un mensaje de Sasuke.
Naruto pareció preocuparse al escuchar ese nombre. Era la primera vez que el Uchiha les contactaba para contar algo. Tampoco era alguien en quien quisiera pensar ahora.
- ¿Qué dice?
- Contactó con dos sujetos, como mínimo uno de ellos es un Ootsuki. – Dijo Shikamaru sin vacilar.
El Hokage se sorprendió ante aquella declaración.
- ¿Crees que es verdad?
- No creo que Sasuke mintiera con algo así. – Respondió Shikamaru. – Luchó con ellos, y al final quedaron en tablas y los perdió de vista.
- ¿Qué te hace creer que van a atacar? – Preguntó Naruto.
- Sasuke cree que buscan el "Chakra" por lo que sería viable que quisieran a Kurama. – Le dijo Shikamaru.
- Entiendo, entonces dobla la seguridad en las fronteras. Avisa a los ANBU. – Contestó Naruto, no por miedo a un combate. Simplemente no quería involucrar a la Villa.
Ambos se quedaron en silencio ya que las trampillas de la prueba se abrieron y todos los participantes empezaron a caer por ellas.
- ¿Y qué pueden hacer nuestros ANBU? Me molesta reconocerlo, pero recuerda a Toneri. Solo Sasuke y tu podéis enfrentaros a un Ootsuki. – Dijo Shikamaru preocupado.
- Entonces dile a los ANBU que su misión es informarme de inmediato si encuentran algo sospecho. Diles que no luchen contra ningún extraño que encuentren por las fronteras. Yo me reuniré con los Kages y les contaré lo sucedido.
- De acuerdo. Pero deberías decirle a Sasuke que vuelva. – Contestó Shikamaru.
Naruto se dio la vuelta y comenzó a caminar alejándose del campo de entrenamiento.
- No será necesario, él vendrá a ver a su hija participar en la final.
Shikamaru se giró y vio como Sarada Uchiha estaba saliendo del agujero junto con Mitsuki y Boruto. Shikamaru asintió, también se alegró al ver a su propio hijo pasar la prueba junto a sus compañeros.
CONTINUARÁ…
