Blight:

Estoy en todo mi derecho de llorar en éste momento. Quizás de montar en cólera y tomar objetos al azar para estrellarlos en los paneles de madera que cubren mi compartimento en el tren del Capitolio. O podría sentarme aquí entumecido, dejando que ola tras ola de shock me circulara por el cuerpo hasta que todo pensamiento y función racional fuese inhibida. Para ser honesto, pienso que después de lo que ha pasado merezco comportarme como se me dé la gana. Sin embargo, ahora estoy demasiado ocupado saltando en mi cama como para pensar demasiado en ello.

He pasado mi vida durmiendo en las piedras al lado del fogón, o en lo alto de un árbol. Una que otra vez me quedaba en los establos a tomar una siesta sobre la paja, aunque rara vez ya que papá podía olerme siempre que hacía esto y me daría una paliza por escapar y no dormir donde debía. Aunque valía la pena sólo por descansar en un lugar tan suave. Por esta razón, jamás imaginé que hubiese algo tan imposiblemente cómodo. El colchón cede bajo mis pies y segundos después toma su forma original para lanzarme en el aire. Las almohadas y edredón me envuelven en un cálido abrazo. No puedo imaginar que siquiera las nubes sean de mejor calidad.

Así que sí. Me he permitido a mi mismo unos momentos de diversión. Desafortunadamente no durará mucho.

¡Blight, cariño! ¿Está todo bien ahí dentro? ¡Se escucha un gran jaleo!

Que los dioses te maldigan Tutti Marble.

De inmediato dejo de saltar y me dejo caer en el colchón, dejando la cabeza enterrada en las almohadas en caso de que entre. Espero hasta que anuncia que es hora de cenar para levantarme, no le respondo nada y pronto escucho sus pasos mientras se aleja rumbo al compartimento de comida. Me estiro unos segundos, después me examino en el espejo. Mojo mi cabello e intento peinarlo con los dedos. Mucho mejor. Lo último que quiero es aparecer en la cena como si hubiera hecho un berrinche. Me doy cuenta que sigo usando la arrugada camisa azul y los pantalones cafés de la Cosecha. En el armario encuentro ropa hecha de materiales que nunca había visto. Escojo pantalones café obscuro y una playera verde bosque. Quiero recordarme a mi mismo al lugar donde siempre me sentí más cómodo, feliz. Pongo un chaleco por encima y me digo que ya estoy presentable.

No sé por qué de pronto me preocupa tanto cómo luzco, puede ser porque me invade el deseo de no verme como el antiguo Blight, el Blight que tenía que soportar el abuso de su padre, hermanos y demás por tantos años. He dejado a ése Blight en el Distrito 7, junto con las caras con las que crecí. El nuevo Blight aún tiene que ir a los Juegos del Hambre, sigue estando increíblemente asustado, sin duda alguna despertará muchas noches, muerto de miedo, con la sensación desagradable de vacío en el estómago de quien anticipa lo peor. Pero si Blight va a participar en el enfermo y perverso espectáculo del Capitolio, lo hará lo mejor posible. Se irá peleando, y su primer objetivo es la peluca de Tutti Marble.

Cuando entro en el carro de comida, todos me esperan. Jules mordisquea lo que parece ser una enorme pierna de pavo. Vera sorbe delicadamente su sopa, su piel blanca contrasta aún más dramáticamente con los ojos violetas, alterados cosméticamente. Eamon está cómodamente sentado en su silla, bebiendo un líquido obscuro de un vaso de cristal, hablando ávidamente con Tutti quien no le quita la vista de encima, ni el cuerpo. Parece estar enredada en él con brazos y piernas. A él parece no molestarle en absoluto, sobretodo porque en su posición puede ver sin obstrucciones el amplio escote que está a punto de reventar su traje verde chillón. Charlie está sentada más cerca de mí y es la primera en verme, me dedica un saludo con la mano y después sigue untando su pan con mantequilla. Tutti la ve y voltea hacia mí. Chasquea la boca con disgusto.

¡Blight! ¡Desvergonzado! ¡Llegas pero que muy tardecito! —Bajo la cabeza consternado.

Puede que llegue tarde Tutti, pero parece ser que tu has sido la víctima de un fallido experimento cosmético, y como resultado te ves como si alguien hubiese puesto un nido de Rastrevíspulas sobre un espárrago gigante. La gente suele olvidar que aunque le tatúes flores a un jabalí, sigue siendo un jabalí. Así que a menos que tengas un traje extra, una peluca que parezca aunque sea un poquito cabello natural y no el hábitat de algo y un set de maquillaje nuevo escondido bajo esas enormes bazumkas, que a juzgar por su tamaño, es posible que así sea, mi problema con la tardanza es el menor de los males de ésta habitación.

Unos segundos de silencio siguieron a mi comentario, en los cuales pude sentarme y comenzar a ponerle mantequilla a mi propio pan. Las manos de Charlie están en su boca y Tutti respira como pez fuera del agua. Jules rompe el silencio con una carcajada.

¡Ja! ¡Bazumkas! Creo que se refiere a tus pechos Tutti.

Sé a lo que se refiere, muchas gracias. —Tutti ha encontrado por fin su voz, aunque ha regresado muchas octavas por encima de la original. Me dedica una mirada que pretende ser asesina, pero más bien parece que alguien le ha puesto orina de caballo a su té— Niñito simple. Soy tu escolta y francamente tu deberías...

Yo soy tu tributo —La interrumpo suavemente— El tributo masculino del Distrito 7. Y si el Capitolio me quiere, entonces me tendrá, con todo y mi bocota. ¿Qué es lo que puedes hacerme? ¿Matarme?

Eso calla a Tutti de inmediato. Eamon sin embargo me mira con una sonrisa casual.

No olvides que tu escolta y tu mentor están ahí para conseguirte patrocinadores. Te conviene mantener con ellos una relación si no cordial, al menos civilizada.

Eso puede ser verdad —Digo con la boca llena de pan— Para los tributos que tienen la posibilidad de durar más de dos minutos en la arena, pero todos sabemos que…

No seas tonto Blight. —Vera es la única que parece no haber prestado atención al intercambio entre Tutti y yo, y continúa dándole pequeños sorbos a su sopa. Su voz extrañamente me recuerda al maullido de un gato—. Todos tienen la misma posibilidad en los Juegos. Jules, Eamon y yo nunca dejamos que la suerte nos dominara, y tampoco deberían ustedes. Antes de que se salgan de control, sugiero que nos concentremos en la excelente, excelente cena para que no discutamos estrategias con el estómago vacío.

Tengo un par de respuestas para esto que considero podrían hacer que la voz de Tutti rompiera las ventanas, pero en cuanto pruebo la sopa dejo de pensar en todo excepto las deliciosas sensaciones que me invaden. La sopa es algo que jamás he probado, roja, picante y llena de sabores. El salchichón, ¿cómo puede alguien que come carne dos veces al año si le va bien, describir lo que es poder meterse a la boca un pedazo que costaría la paga de su vida, y tener más pedazos a la espera, justo frente a él? Pronto estoy agarrando rebanadas de puerco y una pierna de pavo al mismo tiempo y Jules ríe estridentemente.

¡Tómalo con calma chaval, o reventarás!

Charlie muerde una fruta extraña que no he visto jamás y de su boca sale un gemido de placer. Los otros le dicen que es un durazno, recién cosechado del Distrito 11. Me lo avienta, y a pesar de la piel algo peluda, que me da la sensación de que estoy mordiendo un pequeño ratón, el sabor del interior está más allá de lo que puedo describir.

El staff comienza un pequeño juego con nosotros, mandando cualquier delicia que a los de la cocina se les ocurra. Los demás ríen y disfrutan casi tanto como nosotros al ver nuestras caras y no importan mi miedo, agitación o incluso el disgusto que me causan algunos de los otros, tengo que admitir que una parte de mí piensa que vale la pena haber sido "voluntario" sólo por ésta experiencia.

Pero igual que mi pequeña travesura de saltar en la cama, duró muy poco. La comida fue retirada y nos sirvieron tazas con algo que Vera llamó "café". De pronto los cuatro adultos nos miraron duramente, analizándonos. Volteo a ver a Charlie y veo que se ve tan intimidada como yo. Me recargo en la silla, cruzo los brazos e intento mantener sus miradas.

Hay muchas maneras de sobrevivir en la arena, y ninguna es más que la otra. Muchos confían en la fuerza bruta y la superioridad de sus habilidades con las armas. Leyendas como Brutus y Cora son conocidos por la ferocidad con que aseguraron la victoria, pero ésta no es la única manera. Otros Campeones como Betee Wimbleton del Distrito 3 e incluso Haymitch Abernathy del 12 se valieron de su ingenio y habilidades para vencer a sus oponentes. —Inicia Vera.

Otros utilizan sigilo y conocimiento de su entorno —Continua Eamon — Seeder Crue hizo esto más de dos décadas atrás. Ella nunca vio un solo oponente en la arena y ellos no la vieron a ella. Eventualmente los Profesionales se acabaron la comida y pelearon por lo que quedaba, eliminándose unos a otros. Todo lo que Seeder tuvo que hacer fue esperar a que el último sucumbiera ante sus heridas y la corona fue suya.

Encuentren sus puntos fuertes y desarróllenlos —Dice Jules — Ningún tributo es inútil, o sagrado. Todos tienen habilidades y debilidades. Eso va para ustedes y sus oponentes.

Lo primero que vamos a hacer es determinar a sus mentores. —Vera toma la mano de Charlie— Cariño, tu padre me buscó antes de dejar el Municipio y me pidió que cuidara de ti. Si me quieres como tu mentora, sería un honor pelear a tu lado en éstos Juegos.

Una lágrima escapa por la mejilla de Charlie al contestar.

Por supuesto. El honor será mio.

¡Lo que sólo te deja a ti Blight! —Chilla Tutti, que parece desesperada por contribuir en la importante discusión— ¡Puedes elegir entre dos increíbles Campeones, Jules y Eamon! Recuerda que cualquiera que elijas es tu contacto con el exterior y conseguirá patrocin...

Elijo a Jules —Interrumpo el discurso de Tutti— Quiero a Jules si él me quiere a mí. —Pero Jules ya está negando con la cabeza.

Estoy demasiado anciano para todo el revuelo de los Juegos chaval. El viejo Jules se ha ganado unas vacaciones en el Capitolio sin preocupaciones e inconvenientes. El joven Eamon te vendrá bien, marca mis palabras hijo. —Me guiña un ojo— Pero no te ofendas, me agradas muchacho.

Así que somos tu y yo Blight —La voz de Eamon es suave y su expresión insondable.

Eso creo —Respondo. El reloj en el compartimento da unas suaves campanadas. Tutti se levanta y chilla de emoción.

¡Las Cosechas! ¡Las Cosechas! ¡Vamos, arribita todos, no queremos perdérnoslas! —Se levanta llevando a Eamon de la mano. Sigo a mi nuevo mentor, asegurándome de mover las caderas tanto como Tutti al salir. Quizá me equivoque pero podría jurar unas risas ahogadas tras de mi, y cuando volteo para sostener la puerta a los demás parece que Vera intenta suprimir una sonrisa.

El siguiente compartimento es una salita con una televisión enorme. Frente a ella hay un mullido sofá y sillas acojinadas.

Charlie y yo tomamos el lugar de honor en el sofá y los demás se acomodan a nuestro alrededor. Tutti enciende la televisión y de inmediato comienza la Cosecha del Distrito 1, en altísima definición.

La niña ya fue seleccionada, y por la cara de emoción que pone, seguro es una voluntaria. Esto es común en los Distritos 1, 2 y 4, donde entrenan a los más prometedores para que compitan en los Juegos del Hambre por la gloria, fama y riquezas. Como era de esperarse, cuando el pequeño niño de trece años del Distrito 1 es cosechado no parece preocupado en lo más mínimo. Casi al instante un chico de diecisiete años se ofrece. Nadie más lo intenta, lo más probable es que ya todos supieran que él sería el tributo de ése año. Su expresión es de confianza pura cuando sube al escenario. Los comentadores se desviven por lo guapo que es y lo rubio de su cabello. Él y su compañera son seguros contendientes.

El Distrito 2 es mucho de lo mismo, incluso más repulsivo porque dos chicas se pelean por ofrecerse primero. La ganadora sube al estrado, ajusta su top rasgado y le hace un gesto grosero a la otra que está en el suelo. Me cae bien.

El Distrito 3 pasa sin mucha espectacularidad, pero el escolta del Distrito 4 ni siquiera ha acabado de meter la mano en la urna cuando ya tiene al lado a dos sonrientes voluntarios junto a él. La multitud grita sus nombres con fervor y el escolta se encoge de hombros y pregunta si alguien se opone, para acto seguido anunciar a los ganadores de la Cosecha. Ambos agitan los puños como si ya hubiesen ganado toda la cosa. Realmente no entiendo a los Distritos Profesionales.

En contraste, en 5, los agentes de paz tienen que arrancar a la niña de los brazos de su madre, quien es golpeada hasta que la suelta. En el Distrito 6 de igual forma no hay más que gemidos de angustia y lágrimas mientras dos niños asustados suben al estrado donde los espera la sonriente escolta.

Y llegamos a 7. Los comentadores hablan mucho de la belleza de Charlie, y su valentía, lo noble y determinada que se ve. Antes de lo que esperaba, veo a Merrill Mason subiendo las escaleras del escenario y a mi padre gritando entre la multitud. Veo mi cara de profundo terror. Me oigo ofrecerme contra mi voluntad y subir en lugar de Merrill. Los comentadores no saben qué decir por un instante, pero aseguran que técnicamente era válida la forma en que me hice voluntario. Si sólo supieran. Como Tutti, están encantados por los gritos de ¡elfo!, y no se cansan de enfatizar lo bello que es ver a un Distrito que apoye tan firmemente a su tributo. Para mi sorpresa, muestran la parte en la que hablo con Johanna. Y mientras le sonrío, la comentadora suspira.

¡Vean esa sonrisa! Vale un millón de sesterceres. Aquí tenemos a un guapo, fuerte y misterioso tributo con corazón de oro. —Pretendo vomitar sobre el sofá.

Para cuando llegamos al Distrito 8, todos nos hemos dado cuenta de algo que los comentadores han destacado una y otra vez. Las cosechas siempre arrojan uno o dos chicos atractivos, pero éste año todos tienen algo de guapura. La niña del 8 es una exótica belleza pelinegra, de ojos almendrados. El chico del 9 esconde sus nervios tras una sonrisa encantadora de dientes perfectos y la chica mueve su larga melena rojiza al subir al estrado. En 10 pasa algo curioso, pues la niña de trece años tiene cara de ángel, pero los sollozos entristecen la visión. Y el chico es grande, uno de los más grandes de éste año. No sonríe ni muestra otra reacción que meter las manos en los bolsillos.

Apuesto a que es por Lyme —Susurra Vera al comenzar la Cosecha del Distrito 11.

Lyme fue la Campeona del año pasado, del Distrito 2. Era extremadamente competente con las armas que elegía, pero también era fea y torpe en lo demás. Verla echada en el Trono de la Victoria con la gracia de un saco de patatas y haciendo gestos obscenos a la cámara fue uno de los momentos menos aburridos del año pasado. Me pregunto si el Capitolio movió algunos hilos para asegurarse de que gente un poco menos molesta a la vista fuera seleccionada éste año. No me sorprendería ni poquito. Pero también podría ser que comparados con Lyme, todos somos Dioses y Diosas.

Tan pronto como termina la cosecha del Distrito 12 y los dos últimos niños asustados suben al escenario, Tutti apaga la televisión y da una palmada en nuestras caras.

¡A la camita los dos! Mañana va a ser un día súper fantástico y queremos que estén muy descansaditos para que se vean como las dos estrellitas brillantes que son. —Veo que su sonrisa está un poco fingida y sólo mira a Charlie. Eamon levanta una mano.

No aún Tutti. —Dice— La cama puede esperar, la estrategia no.

¡Ooooooh! Amo esta parte. ¡Dime lo que planeas guapo! —Tutti se sienta en las piernas de Eamon, quien le lanza una mirada de exasperación a Jules. Jules se levanta de inmediato.

Vamos "mujercita", veamos si podemos poner nuestras manos en una de ésas excelentes botellas de licor para que los adultos brindemos a gusto al rato. —Tutti lo sigue gustosa y en un momento la puerta se cierra tras ellos.

Lo primero es decidir si quieren ser guiados juntos o separados. —Dice Vera— Como saben cada idea tiene sus ventajas. Así que decidan ahora.

Charlie y yo intercambiamos una mirada.

No tengo nada que esconderte Blight —Comienza ella— He escuchado todo sobre ti, estoy segura que no podemos sorprendernos.

Creo que sería mejor —Digo yo— Que entrenemos separados. —Por un momento Charlie parece dolida. Me acerco a decirle en el oído que es mejor que no nos volvamos muy unidos si podemos evitarlo.

La realidad de que al menos uno de nosotros no regresará a casa en éste tren la invade por un momento y asiente. Vera y ella salen del compartimento al de Charlie, dejándome sólo con Eamon.

En realidad no me interesa si nos entrenaban juntos o separados, porque éste es el momento que he estado esperando. Es el momento de las respuestas. Volteo a ver a Eamon, que está sentado en su silla, piernas cruzadas, manos relajadas en su regazo, el cabello le cae casualmente sobre su cara bonita.

¿No creo que haya ninguna necesidad de seguir fingiendo cierto? —Pregunta.

No, no creo

Bien, entonces supongo que sabes cuál es tu papel en todo esto.

Morir. En la manera más dramática que se pueda. Abel me dijo.

Es tu decisión —Asiente Eamon— Dejarte morir en el Baño de Sangre o luchar por unos días más. No hay diferencia para nosotros.

No recibiré ayuda alguna de tu parte.

No Blight. No lo harás.

Estudio con avidez el patrón del tejido del sofá.

¿Va a decirme alguien por qué?

No es nada personal. —Explica luego de una larga pausa.

Dile eso a mi padre y hermanos.

Para ellos claro que lo es. Eres el recuerdo viviente de la mujer que deshonrró a todo el distrito porque no pudo mantener las piernas juntas cada que pasaba un agente de paz. Pero para mí, digamos que estoy en un aprieto. Verás Blight, es difícil ser un Campeón. Todos tenemos algún método para dejar atrás la arena, y el mío ha sido vivir como me place. Desafortunadamente he adquirido una deuda considerable, por aquello de querer las mejores cosas que la vida puede ofrecer. De manera similar, tu padre y hermano Abel tienen deudas por la bebida y las apuestas. Así que encontramos en ti la solución. Muchos en el distrito y yo hemos juntado todos nuestros fondos de un año y haremos apuestas en ti. En la forma en que morirás, cuánto durarás. Yo las traeré al Capitolio. Con tan sólo una que ganemos será extremadamente lucrativo, y yo creo que ganaremos varias.

Esta revelación me cae como balde de agua fría, anestesiándome hasta los huesos.

¿Y qué si gano?

No vas a ganar Blight —Se ríe Eamon con un ladrido— Yo me encargaré de eso. Nadie ha ganado nunca sin patrocinadores.

Me levanto para salir de inmediato. No soporto más estar en éste lugar con el monstruo sentado frente a mi. Lo odio más que a mi familia. Su odio ha crecido por años, pero para éste hombre, no soy más que un montón de sesterceres que cobrará cuando mi vida acabe.

No tiene que ser así de difícil Blight —Agrega mientras voy saliendo— No puedo darte la victoria, pero puedo mandarte algo para que no sufras cuando mueras. Algo limpio y rápido.

Olvídalo —Le digo con una mueca de desprecio— No necesito nada de un bastardo mutante, hijo de perra, amante del Capitolio como tú.

Se levanta en el acto y me apunta con el dedo.

¡Fíjate cómo me hablas elfo! ¡No te metas conmigo! ¡Soy un Campeón!

Yo también. —Contesto y sin otra palabra salgo del compartimento, cerrando la puerta tras de mí.